Durante una semana me despreocupé de los progresos como puta
de mi vecina porque confié en la labor de Dorinda y además estaba ocupada en la
captación de otra puta para mi incipiente negocio de burdel de calidad.
Había localizado una puta callejera en La Rambla que era muy
atractiva. Asiática, de unos 20 años, y no parecía tener chulo porque, pese a su
seductora figura, no conseguía mucha clientela ya que sus competidoras la
marginaban a lugares poco estratégicos en la calle.
Era la segunda entrevista que tenía con ella y se mostraba
reacia a trabajar en mi proyecto de burdel. Entrevisté a otra, también asiática,
que me ofrecía una banda de tráfico de inmigrantes, pero no me parecía apropiada
para la profesión. Yo quería regentar un burdel multirracial. Ya tenía una
negra, Dorinda, y esperaba incorporar a otra, su sobrina Belha, que pronto
llegaría a Barcelona procedente de Brasil. Así que necesitaba una asiática, pero
la quería de calidad.
Eso me tenía ocupada en el tiempo libre de mis servicios y no
me ocupé en un par de semanas de mi puta caucásica, rolliza, desposada y con
prole que vivía frente a mi puerta y a la que había puesto el nombre de guerra
de Tocino de Cielo, que acabaría reducido a Tocino para la clientela frecuente y
a "Chanchi" para mi, mi plantilla y su clientela fija.
Al cabo de dos semanas de tener trabajando a Chanchi en mi
casa bajo la custodia de Dorinda, una mañana, a eso de la doce, conecté el
ordenador que concentraba las imágenes de todas las cámaras de la casa y
apareció el desierto salón por donde yo había pasado minutos antes, seleccioné
la habitación de trabajo de Tocino y lo que presencié me dejó pasmada.
Tocino estaba sobre la cama erguida y empalada por el culo
por un cliente tendido bajo ella. Otro cliente le sobaba las tetas mientras
Dorinda mamaba la polla a éste.
Dorinda no me había informado de que ya hacían servicios a
dúo y quedé desconcertada mirando la escena. Yo le había instruido a Dorinda
para hacer números lésbicos que animasen a algún cliente si se prestaba la
ocasión. Pero no me imaginé tan pronto a las dos trabajando conjuntamente en la
misma cama. Y menos con dos clientes a la vez.
Mi pasmo llegó al colmo cuando observé cómo el cliente al que
la negra Dorinda mamaba la polla sacó ésta de su boca y en breves segundos la
introdujo en el coño de Tocino sin que el otro cliente sacase su herramienta del
ano. Tocino no solo no rechazó la invasión, sino que, una vez acomodadas y
sincronizado el movimiento de las dos vergas, ella misma avanzaba su pelvis
hacia ellas para proporcionarles una penetración más profunda. No me hubiera
imaginado jamás que, tras solamente dos semanas, la mujercita que hasta entonces
solo había conocido un hombre en su vida, se mostrase tan dispuesta a un
sándwich.
No quedó ahí la cosa, en un momento dado el cliente
sodomizador sacóa su polla del albergue anal para meterla en la vagina junto a
la de su compañero. Allí se corrieron los dos al mismo tiempo que le puta novel.
¿Dónde se ha visto que una puta se corra trabajando?. Pues la mía si.
Y para mayor estupefacción mía, contemplé como los dos se
quitaban el preservativo y lo vaciaban sobre la cara y los pechos de la zorra
mientras ella se extendía el esperma como si fuese una crema cosmética.
Cuando se fueron los clientes y Tocino fue a sus abluciones
en el baño y Dorinda a la ducha, fui a por ésta y la conduje a mi habitación
para que me informase.
El día era de sorpresas:
- Tu puta ama de casa ha recaudado en una semana unos 2900
euros más 600 de propina.
- No jodas. ¿y tú?. ¿Ha habido muchos servicios especiales?
- Pues yo algo más de la media habitual, unos 1800 de tarifas
y 100 de propinas. Tocino me ha pasado algunos clientes que no podía atender. De
servicios especiales no hubo gran cosa, pero hay cola para follarla. Me extraña
que no haya nadie esperando en el salón, por eso estaba trabajando con ella. Lo
que si es cierto es que, para no provocar esperas se los lleva de dos en dos o
de tres en tres. Una mañana se llevó a su habitación a cinco estudiantes y al
día siguiente había otros seis que querían la misma asistencia.
- ¿Pero como caben siete personas en su cama?
- Se deja follar en cualquier postura y en cualquier sitio.
De todas formas, para esos dos servicios usó el salón y mis clientes tuvieron
que esperar en el vestíbulo. Este piso no da de si. Si se incorpora mi sobrina
Belha, habría que buscar otro más grande. Y con mayor razón si quieres hacerte
además con una asiática. Nos vendría bien un chalet.
- Ya, y se paga el alquiler con letras de cambio a cuenta de
los futuros beneficios.
- Pues aquí vas a tener overbooking con solo tres
habitaciones. La Tocino tiene cada vez más clientela, y eso que me pasa algunos
que tienen prisa. Llaman a la puerta. Voy a abrir.
Tras unos minutos regresó Dorinda informándome de que Tocino
tenía otros dos trabajitos. Uno esperaba en el salón. No había querido que lo
atendiese la negra. Me presenté yo por si podía ayudar.
- Buenos días. Me dicen que viene por Tocino.
- Si, me gusta mucho la gordita esa. Yo la llamo mi Chanchi.
Me la recomendó un colega y es efectivamente una magnífica ramera. Muy
profesional pero con un talante maternal que me arrebata.
- Como sabe, ella está ocupada. ¿Podría servirle yo misma?
- No quiero hacerte un feo. Estás buenísima y, en ausencia de
La Chanchi me encantaría echarte un buen polvo pero, si no te ofende, prefiero
esperar a que esté desocupada. Otro día ¿vale?.
Regresé a mi habitación un tanto defraudada, no era normal
que una vulgar y regordeta ama de casa ya algo madurita y parida dos veces fuese
preferida a mi tantas veces alabado cuerpazo de lujo veinteañero. ¡Qué raros son
los hombres!
Me entretuve viendo con Dorinda la maestría de La Chanchi
mamando la polla de su cliente y el ardor que puso durante el convencional polvo
misionero que le soltó su también convencional cliente. No se donde habría
aprendido a colocar el condón con la boca, ya que Dorinda le dijo que eso
gustaba mucho pero no se lo había enseñado a hacer. Una vez terminado el
servicio se tomó la molestia de sentar al cliente sobre el bidet y lavarle la
polla delicadamente con sus regordetos, blancos y suaves dedos.
Atendió después al cliente que me había rechazado, al que
ofreció maternalmente sus pechos simulando amamantarle mientras le hablaba como
si fuese uno de sus niños. El individuo se vació sobre ellos mediante una
soberbia cubana en la que La Chanchi no escatimó ningún esfuerzo.
Otra vez llamaron a la puerta. Esta vez preguntaban por mi
negra y Dorinda se hizo cargo del cliente. Nada más cerrar llamó otro
requiriendo a La Chanchi, pero ella no podía ya atenderle.
- Amor, tengo que ir a buscar a mis niños al colegio. Esta
señora te dará mucho más placer que yo. Es divina. Su culo es como te gusta a
ti, más recogido y prieto que el mío.
Este cliente me aceptó y esa fue la primera vez que presté un
servicio en mi propia casa en lugar de hacerlo a domicilio, hotel o en el burdel
del fin de semana. Pensé que ya era hora de trabajar personalmente en mi propio
negocio. Parecía ir viento en popa.
Mientras meditaba el futuro contemplé por la ventana a La
Chanchi regresando del colegio con sus niños. Percibí que su caminar no era el
habitual, parecía más erguida y satisfecha de si misma. También, pese a su
apariencia de mamá, su ropa era menos recatada que antes y su maquillaje algo
más atrevido.
Esa noche solo hice dos servicios en un hotel y regresé
pronto a casa con la intención de trabajar en mi propio negocio a la mañana
siguiente.
Lo primero que hice en la mañana fue castigar a La Chanchi.
Debo reconocer que estaba resentida por haber sido rechazada por un cliente en
beneficio suyo, pero había hecho algo que estaba prohibido. Delante de Dorinda
la ordené desnudarse y tomando la pala de ping pong le arreé bien en las cachas
hasta ponérselas totalmente rojas.
- Te he dicho, y supongo que Dorinda te la habrá repetido,
que no puedes meterte la polla de un cliente en el culo y después dejar que te
la meta en el coño. Al revés si. ¿No comprendes lerda que puedes tener una
infección por culpa de las heces?
- Lo siento madame, no volverá a suceder. Agradezco su
disciplina en bien de mi salud. Castígueme más para que no vuelva a olvidarlo.
En ese momento se presentó el primer cliente al que no dudé
en introducir en el salón pese a la escena de La Chanchi apoyada en la mesa
ofreciendo sus apetitosas nalgas totalmente enrojecidas.
- Lo siento, estoy disciplinando a esta puta por guarra.
- Siga, siga. Por mi no se moleste. Estoy dispuesto a pagar
un plus si me deja presenciarlo.
- Con su permiso.
Y seguí azotando a mi puta.
- Disculpe, estoy dispuesto a pagar 300 euros si me deja
azotarla a mi.
- Por supuesto caballero. Faltaría más.
- ¿Puedo hacerlo con la correa de mi pantalón?
- Mientras no la deje marcada. La puta está casada y no
quiero líos con su marido.
- Descuide.
Y el tipo la zurró un tanto para llevársela después a la
habitación. No pude mirar qué servicios le prestó porque llegó otro cliente que
me tuvo ocupada, pero el cliente de La Chanchi dejó sus 300 euros de la zurra y
400 más. Debió hacerle algo bastante especial.
Un tanto contrita por mi rencorosa venganza, le suministré a
mi zorra un ungüento en las mantecosas nalgas y la mandé pasar a su casa por ese
día. La vi por la ventana como acudía a por sus hijos vistiendo una holgada
falda. Sin duda me había excedido. Solo esperaba que su marido no la requiriese
esa noche.
Pude simultanear, aunque seleccionado los clientes entre los
más generosos y agradables, mis atenciones a domicilio y hotel -solo tardes
antes de las 22h- con mi trabajo matinal. También me llevé a mi negocio la
clientela habitual del burdel donde trabajaba los fines de semana.
Me encargué de poner la publicidad en los periódicos y en
Internet:
Joven de lujuria desenfrenada, casadita maternal y negraza
exuberante te proporcionarán placeres desconocidos hasta ahora. Se atiende a
hombres o mujeres indistintamente. Francés, griego profundo, tríos, lésbicos,
sadomaso y todo lo que tu calenturienta mente imagine lo encontrarás en IZA’s.
Discreción y perversión, somos las tres muy cochinotas, pruébanos ... Tel 93...
Por fin recibimos a Belha, la sobrina de Dorinda. No tengo
palabras para expresar lo que era. Como una diosa materializada. Su cara hubiera
sido elegida por cualquier director de cine para expresar la virginidad. De
cabello negro alazán, ojos verdiazules sorprendentes en una mulata y cuerpo que
debiera ser utilizado como modelo universal para el canon de belleza.
Belha tenía un desparpajo increíble para los 18 años que
decía tener. Evidentemente su desconocido padre fue blanco y transmisor del raro
color de sus ojos en una mestiza. Su forma de desnudarse y mostrarme
detalladamente su cuerpo mientras contaba su experiencia en el oficio y sus
especialidades me subyugaron.
Ejercía la prostitución, actuaciones en espectáculos de sexo
en vivo e intervenciones en cine porno desde los 13 años. Nos quiso mostrar su
"book" que llevaba en un cd rom y se componía de escenas de sus películas que
utilizaba para animar a los clientes.
No podía dar crédito a mis ojos al ver a aquel ángel
emblemático de la virginidad practicando las más duras habilidades genitales,
incluyendo el mamado de una polla de caballo hasta ducharse de semen o su
introducción en el recto. Y muchas escenas de orgías con gran cantidad de
hombres, mujeres y perros.
Como era de esperar ante la falta de habitaciones, decidí que
esa noche Belha durmiera en mi cama. Más que nada para irla conociendo. Y bien
que la conocí -carnalmente, claro-.
La necesidad de buscar un piso o chalet con más habitaciones
se hizo imperiosa. Me lancé a la búsqueda con poca fortuna. Una tarde, al
regresar a casa e ir a abrir la puerta me chistaron del piso de enfrente. Me
giré creyendo que era La Chanchi, pero ante mi sorpresa era su marido.
- Disculpe señorita. Soy Manolón, su vecino.
- ¿Manolón?
- Bueno, así me conocen. Ya sabe como es la gente. De pequeño
era mu grande y así me colgaron con el mote. Quería preguntarle algo mu privado
si no es indiscreción.
Angustiada por lo que esperaba le dije que preguntase, que ya
diferenciaría yo si era una pregunta indiscreta.
- Verá usté, la cosa es delicá. El caso es que mi señora hace
unas semanas que parece cambiá. ¿No ha notado usté visitas raras en mi casa?. Pa
ser sinsero anque me duela. Se m’a metío en la cabesa, o mehó, me está saliendo,
que mi muhé me pone la cornamenta.
Aliviada momentáneamente le dije:
- Pues no hombre. No he notado nada. Pero es que yo llevo
viviendo aquí poco tiempo y no conozco los hábitos de su esposa.
- ¿Hábitos?. Eso es lo que le boy a poné como m’entere de que
tengo cuennos.
- Hombre, si quiere que le diga, yo la he visto muy formal y
circunspecta llevando los niños al colegio solamente. Claro que como soy
enfermera y he tenido últimamente turno de noche en el hospital, no sé nada de
lo que hace por las mañanas. Y por las tardes ya está usted ¿no?.
- Si, pero me preocupan las mañanas. Tengo enfilao al portero
de dos manzanas más allá que un día la echó un piropo. Claro que ese pelanas no
tiene ande caerse muerto y menos comprarle cosas a mi mujer y a mis hijos.
- ¿Comprarle cosas?
- Si. Mi mujer cree que yo no me fijo en ná. Pero me dao
cuenta de que tiene ropa nueva y los niños también. Y hasta tiene una sortija
nueva y perjúmenes y maquillajes y cosas de mujeres y no m’a pedío dineros.
- Puede que haya buscado un trabajo o que le haya tocado un
pellizco de la lotería.
- Buá. No sabe hacer ná más que follar, como va a encontrar
curro. Si l’a tocao la lotería y no m’a dicho ná, la deslomo. Ademá se pinta las
uñas como una furcia, que no l’había hecho nunca. Y usa guantes pa fregá, como
una señoritinga. Y lo peó, hace tres semanas me dijo que tenía q’afeitarse el
coño por una infección que yo l´había contagiao por ir de putas. Y eso del coño
pelao me tiene mosca.
- Bueno hombre, no se ponga así. No se preocupe, seguro que
son regalos de alguna amiga que ha decidido cambiar su vestuario. Todo tendrá su
explicación. Ahora tengo turno de tarde y las mañanas libres y si veo algún
hombre visitarla le informo. Me repugnan las esposas adúlteras.
- Muchas gracias, señorita. Y si se le ofrece algo, na más
que pedí, pa eso estamos los vecinos. M’han dicho los vecinos que usté y su
amiga negra deben ser mu simpáticas porque reciben mucha visita. Claro que hay
otras malas lenguas que n’hay q’hacer caso.
- ¿Malas lenguas?
- Ná, señorita, ni caso. Hay mucha vieja cotilla y venenosa.
Hasta otro día. Y no se olvide de decirme si ve algo raro de mi gordi.
Entré en casa maldiciendo. La muy estúpida había caído en el
error del ladrón. Mostrar su dinero antes de tiempo o de ocasión.
A la mañana siguiente La Chanchi apareció con un moratón en
la cara, resultado sin duda de la disciplina marital, que la impediría trabajar
al menos por una semana. La solté una bronca monumental porque su imprudente y
necia conducta estaba poniendo en peligro el negocio y su integridad física.
Prometió no volver a dar muestras de tener pasta, pero me fui con ella para
abrirle una cuenta corriente condicionada donde ingresarle su parte de los
beneficios pero de la que solo podría sacar dinero con mi autorización.
Además, en castigo, y antes de devolverla a su hogar, la tuve
media hora con las tetas atadas fuertemente y plomadas colgadas de pinzas
metálicas aprisionando los pezones y el clítoris.
Entre los juguetes que la había mandado comprar en el sex
shop había unas gruesas bolas chinas que albergaban en su interior unos
dispositivos electrónicos alimentados con unas baterías de 9 voltios. Cuando se
metían en la vagina dejaban asomando al exterior una antena por medio de la cual
se controlaba por radio con un mando a distancia la actividad de las bolas.
Según el ajuste del mando, la actividad de las bolas podía ser muy placentera o,
por el contrario, francamente desagradable. Yo iba a elegir esta última opción
para mi indiscreta puta bajo la amenaza de enseñar a su marido los videos de sus
servicios si se las sacaba de su coño.
Seguramente esa tarde saldría de visita por largo tiempo para
escapar del radio de acción del mando, lo que precisaba para solucionar de una
sola tacada el problema de la falta de espacio en mi casa y la disponibilidad
completa de La Chanchi.
Efectivamente, poco después de la hora de comer contemplé
como mi puta se iba a la calle acompañada de los niños. Pasé a su casa y llamé
al timbre.
- Buenas tardes, Manolón.
- Buenas. No me diga que a pillao a mi mujé con algún
pringao.
- No, no es eso. Mejor pasamos dentro y le explico. Quiero
proponerle un negocio muy beneficioso para ambos.
No es menester contar como me le comí el coco y la polla al
Manolón desarrollando todas mis artes de seducción que, aunque esté mal que yo
lo diga, deben ser históricamente de la categoría de las de Cleopatra. Delicado
en extremo fue comunicarle que su esposa se prostituía en sus propias narices.
El caso fue que llegamos al siguiente acuerdo:
Manolón aceptaba ser marido de una puta y no poner objeción a
su trabajo. A cambio se quedaría con la mitad de los ingresos de ella, es decir,
el 20% de la tarificación. Las propinas serían para ella íntegramente. Además él
recibiría de la empresa IZA’s 1000 euros mensuales en concepto de encargado de
la seguridad de las putas y 850 por el alquiler de su piso, que abandonaría para
ocuparlo yo con mi negocio. Asimismo Manolón tendría derecho a usar gratis a una
de las putas, incluida yo, todos los lunes, que era el día de descanso.
Los niños se irían a vivir con sus abuelos maternos a
Albacete con la disculpa de que él había quedado en paro y su mujer tenía un
trabajo que la obligaba a viajar frecuentemente y la impedía ocuparse
debidamente de ellos.
Dos días más tarde partían La Chanchi y los niños para
Albacete, ella estaría allí una semana para dar tiempo al desalojo de los
muebles de su piso, hacer algunas reformas para adecuarlo a su función de casa
de lenocinio, comunicarlo con mi piso, pintarlo y redecorarlo.
La Chanchi regresó hecha un mar de lágrimas por el abandono
de los niños. Para no producirle más dolor, la alojé en la parte de mi piso
junto con Belha. Dorinda se alojó en el piso de enfrente junto con Thais, la
asiática que yo quería lograr y que aceptó trabajar para mi cuando los chulos de
sus competidoras intentaron desplazarla de La Rambla al Raval.
Aún tenía espacio para dos fulanas más, ya que el antiguo
piso de La Chanchi tenía cuatro habitaciones en lugar de tres como el mío. No
obstante les dejé bien claro que no tenían derecho absoluto sobre las
habitaciones asignadas y que su uso podría ser modificado en función de las
necesidades de los servicios.
Al final decidí instalar en una de las habitaciones libres un
gabinete SM para explotar las dotes de Chanchi en tal sentido. Los servicios SM
se pagaban muy caros pero aún así eran muy demandados. La productividad de mi
puta casada aumentó casi en un 100%.
Para equilibrar la tendencia maso de Chanchi, convencí a
Dorinda de emplearse más en el sado y contraté otra fulana más, una polaca
preciosa y escultural muy dotada para el sexo en grupo.
Una tarde, acompañadas por Manolón llevé a mis nuevas rameras
al ginecólogo para un examen rutinario. Chanchi, dejándose llevar por la
costumbre, se agarró del brazo de su marido y así paseó por la calle sin que a
éste le importara ir del brazo de una puta.
Después del examen médico las llevé a un gabinete de tatuaje
y piercing con objeto de tatuarles el anagrama de IZA’s en lo alto del pecho
izquierdo y sobre el pubis. Las otras dos putas ya tenían perforaciones en los
pezones y los labios vaginales para decorarlas con diversos herrajes, pero
Chanchi no tenía, así que mientras tatuaban a las otras dos, Manolón, Chanchi y
yo fuimos a un sex shop a comprarle a la puta los anillos para las perforaciones
que le iban a practicar. Mandé perforarle los pezones y el capuchón del clítoris
y los anillos dorados quedaban preciosos destacando entre sus blancas y suaves
carnes.
Mi negocio iba viento en popa. En mi 24 cumpleaños pude decir
que mi vida ya estaba encauzada y asentada y mi futuro bien atado. Era una
empresaria de éxito sin sometimiento a las veleidades de los mercados
financieros. En la negociación anual de condiciones con mi personal accedí a que
IZA’s corriese con los gastos de preservativos y de lavado de sábanas y toallas.
También les prometí, si la productividad se mantenía, estudiar la posibilidad de
afiliarlas a la Seguridad Social como azafatas de congreso.
Un buen día, Belha sugirió la posibilidad de adquirir un
perro y lucirse ante los clientes en coyunda con él. Eso lo hacía en Brasil y
daba buenos ingresos. Inmediatamente, puestos a sugerir, Manolón indicó que un
amigo suyo, que era experto en audiovisuales e informática y nos había
confeccionado una página web para nuestra empresa, podía filmar videos porno y
colgarlos de pago en la red.
Manolón era un buen hombre, no desaprovechaba ocasión de
hacernos publicidad y enviarnos clientes, sobre todo para su esposa. Pero no era
nada agarrado. Cada dos semanas él y su mujer viajaban a Albacete a ver a los
niños, por supuesto en lunes –día de descanso de todas- y martes –día flojo en
clientela-, y aportaban a los abuelos buen dinero para la manutención y
educación de los chicos.
Hubo una época mala de Manolón cuando un pijo se encoñó con
su mujer y pretendía que se divorciase y se casase con él. Advertí que Manolón
tuvo celos. Qué tierno. Pese a que podía elegir cada lunes la puta que quisiera,
normalmente elegía a su mujer. Qué tendría La Chanchi que atraía a todos. No era
la puta más guapa, pero debo reconocer que cuando yo estaba necesitada de cariño
o de ser reconfortada la llamaba a ella para que viniera a mi cama.
FIN