Eran medianos de los años 60, tiempos difíciles, tiempos de
estrechez económica y sexual. Rondaría yo por los 11 años largos y mi voracidad
por todos los temas sexuales me consumía, leía todo lo que caía en mis manos, y
cualquier fotografía de una mujer semidesnuda era suficiente motivo para una
espléndida paja, éramos todos los chicos iguales, unas simples bragas tendidas
nos hacían alucinar el mejor de los sexos y no importaba si la paja era
solitaria o en comunidad. Mi grupo de amigos era variado de edad, pues habían
chicos que rondaban los 15 años otros no llegaban a los 10, no obstante
participábamos con nuestra paja en la colectividad cuando alguien contaba algo
caliente.
Un viernes por la tarde de una calurosa tarde de Junio, un
amigo me dijo que había una mujer que les había dicho que si querían que les
hiciese una paja a todos los amigos tendrían que pagar 25 pesetas entre todos,
era toda una fortuna en aquella época, me resigné a mi mala suerte pues no tenía
ni un céntimo. Le di vueltas al tema y cada vez veía más cerca el monedero de mi
madre, me atraía la idea de que la mujer que me había dicho mi amigo me pajeara,
nunca antes me habían hecho una paja, sin pensarlo, me tiré encima del monedero
de mi madre y le robé 5 pesetas, salí disparado como una flecha creyendo oir su
voz llamándome que se las devolviese. Mi excitación durante el camino crecía, mi
pequeña polla como un resorte crecía sólo de pensar en la paja de la señora.
Por fin llegué al sitio convenido, era un huerto con una
pequeña acequia de riego seca, dentro estaban cinco amigos y una mujer que no
lograba distinguir, me acerqué nervioso con mi moneda de 5 pesetas exhibiéndola
en la mano a modo de pasaporte, Sancho me vio y se rió al verme acalorado, se
apartó unos metros y distinguí a la mujer, mi sorpresa fue mayúscula, era la
esposa de un sargento retirado, vecina mía, de unos 48 años entradita en carnes,
blanca de piel pero de pelo azabache, de unos pechos considerables y un tremendo
culo, muy grande, no era despreciable la señora pero mi estereotipo de una mujer
no era ese, me decepcionó y estuve muy a punto de marcharme. Un amigo me animó a
quedarme prometiéndome que era de lo mejor haciendo pajas y además enseñaba el
coño, creo que esto último me retuvo, pues nunca había visto uno de cerca ni con
detalle. Nos sentamos todos sobre el lado de la pequeña acequia con las piernas
dentro y la señora Rosario (así se llamaba) se quitó las bragas blancas que
llevaba, y por arriba del sujetador dejó caer dos tremendas tetas blancas como
la leche con unos pezones de color chocolate con leche muy rugosos, se sentó
enfrente nuestro y empezó por abrirse el coño lentamente, luego ya se lo abría
de par en par pasándose el dedo por el medio.
Yo estaba cautivado por la visión, nunca hubiese imaginada
que bajo las faldas de aquella señora se escondiese un coño tan grande y tan
tupido, su pubis era una maraña ensortijada de pelos, sus labios estaban
protegidos por fuera por otros pelos negrísimos pero cuando se dio la vuelta y
se abrió el culo quedé paralizado: un coño color rosa encendido que rodeaba el
ojete del culo de color más pálido rodeado de pelitos negros como una corona. No
salía de mi asombro. Cuando reaccioné me percibí que ella se acercaba hacia mi
colgándole los imponentes pechos, me quitó la mano de mi polla y me la acarició,
¡creí que me moría de gusto de la sensación! Poco a poco fue se hizo dueña de mi
polla, sus pechos golpeaban mis rodillas, su mano subía y bajaba rítmicamente la
piel de mi polla, miré hacia los lados y vi que los otros habían empezado a
masturbarse ya, no resistían la visión, de golpe note que me corría, era
incontrolable, no pude ni aguantar un segundo más, tres o cuatro salpicaduras de
leche impactaron contra la zona del pezón izquierdo, siguió masturbándome hasta
que escurrió mi polla totalmente, me miró guiñándome un ojo y me preguntó ¿te ha
gustado Vicente? No le contesté sólo asentí con la cabeza afirmativamente.,
súbitamente se levantó y se alzó la falda enseñándome el suculento coño, luego
se dirigió al chico del lado para comenzar la paja que le tocaba, me levanté
para no perder detalle de las pajas que hacía, ella me miraba de vez en cuando y
me sonreía delicadamente pues me conocía del barrio y como cliente de su media
tienda de droguería. Todos los chicos mientras les hizo la paja le tocaron las
tetas, me arrepentí de no haberme atrevido a tocárselas todo el resto de la
tarde.
Pasó una semana después de la paja de Rosario y los amigos
volvieron a citarme para lo mismo, pero no fui no pude quitarle a mi madre las 5
pesetas necesarias, me quedé en casa deprimido.
Al día siguiente me madre me encargó que fuese a casa Rosario
por 1 litro de lejía, eran las 4 de la tarde, le dije que no quería ir que
tendría cerrado, no obstante con su dote de mando me obligó a ir, no sabía si la
podría mirar a la cara, los 300 metros que me separaban de su casa fueron un
tormento. Cuando llegué vi la puerta entornada, sin llamar entré puesto que
estaba ya abierta, al no ver a nadie di una voces para que se me oyera al
correcto estilo de la época ¡"Ave Maria! Hay alguien?, nadie me contesto y opté
por irme rápidamente, al pasar por la habitación de la entrada oí unos ruidos,
me acerqué a la puerta y escuché, eran gemidos y resoplidos, sin pensarlo y sin
llamar antes entré, el espectáculo era impactante, la señora Rosario estaba
sobre un hombre y en su coño tenía metida toda la enorme polla de aquel tipo que
no podía ver, la polla entraba y salía mientras el tipo le abría las nalgas. No
se dieron cuenta de mi entrada estaban terminando el polvo, tardaron unos 30
segundos más en correrse ella se incorporó cogiendo la polla con su mano por
detrás y la sacó de su coño que chorreaba leche en una especie de goterones, de
súbito se volvió y me vió plantado a los pies de la cama, me asusté mucho, pero
ella haciendo gala de una sangre fría extraordinaria me sonrió dulcemente y con
la mano me instó a salir de la habitación y con otro ademán que me esperase
fuera. Salí de la habitación muy nervioso, no sabía que podía pasarme, me pegué
un pellizco a la piel de un huevo y se me bajó la erección.
Ella salió a los 3 minutos me cogió del brazo directamente y
me entró hasta el final de aquella especie de tienda, mi curiosidad de quien era
el tipo que se la había follado se frustró ella me impidió verlo. Me miró con
cierta dulzura y me preguntó ¿ahora querrás una pajita gratis por lo que has
visto, no? No pude hablar de nuevo, aquella mujer me paralizaba con su sonrisa
blanca, volví a asentir con la cabeza de nuevo muy vergonzosamente, me hizo un
gesto que la esperase, oí que cerraba la puerta de la calle y volvía, me cogió
del brazo, primero fuerte y luego rectificó y me asió más suavemente, entramos
al baño donde sólo había un sanitario, un armario, un lavabo y un gran barreño
de zinc con asas. Abrió el armario y sacó una palangana de porcelana que
depositó sobre el sanitario, la llenó con una jarra de agua se levantó la falda,
se quitó la bragas luego estas se las pasó por el medio de la raja del coño pero
eliminar restos de la corrida del desconocido tipo, se sentó sobre la palangana
y empezó a enjabonarse el peludo coño que hacia abundante espuma, yo estaba
atontado con sus movimientos de la mano sobre su coño, se lo lavaba como una
maestra, no dejaba zona por limpiar, se metía los dedos, se los sacaba, yo me
moría de gusto de ver aquel espectáculo. Su voz me sacó del sueño sublime ¡llena
la jarra de agua y vacíala por encima del coño para que se quite el jabón!
Como una centella guardé mi sueño y llené la jarra, nervioso,
volví frente a ella, hizo el vientre hacia delante y comencé a derramarle el
agua mientras ella se liberaba de la espuma con las dos manos, se puso al revés,
con el culo hacia mi y con el cuerpo apoyándose del tubo del agua que bajaba
hacia el sanitario y me pidió que le tirase agua sobre aquella inmensidad de
culo, obedientemente se la iba derramando mientras ella se abría con una mano
las nalgas y se limpiaba el ano de espuma, no pude resistir la tentación y con
una mano en la jarra con la otra me atreví a limpiar lo que ella no veía, no
dijo nada y se dejó hacer. Eran unas nalgas de terciopelo, pura seda, mi mano se
deslizaba casi sola de nalga en nalga, mi atrevimiento llegó a más cuando ella
saco su mano para asirse con más fuerza al tubo y mi mano sustituyó la suya
entre las nalgas, sobre su ano coronado llegando a su coño durante unos segundos
atravesando toda su raja de norte a sur y volviendo al norte, obviamente mi
erección era incontrolable y ella lo debió de suponer me dio las gracias por la
ayuda y se incorporó, la pasé una pequeña toalla azul cielo y se secó el coño,
el culo y la parte interior de los preciosos muslos.
En esos momentos sólo pensaba en hacerme pajas en serie,
pero, no me atrevía a sacarme mi pollita después de ver el tamaño que tenía el
tipo que se la acababa de follar, pero las ganas de pajearme eran terribles y
ella lo notó pronto.
Se terminó de subir las bragas blancas como el jazmín muy
hacia arriba, dejando que sus negros pelos del coño se saliesen abundantemente
por los lados, luego se miró casi angelicalmente y me dijo ¿dime hombrecito, a
que habías venido? -¡pues a por 1 litro de lejía! Contesté -¿y ese bultito de la
pollita tiesa no lo quieres resolver? Rápidamente me miré hacia mi pantalón
corto y vi que estaba empalmado, callé unos instantes, me armé de valor, sonreí
y le dije -¡si me quiere hacer una pajita usted, pero no tengo dinero! Me miró y
me contestó -¡no! Te la vas hacer solito delante de mi, tocándome como lo hacías
antes mientras me tirabas el agua, ven al sillón!
La seguí emocionado hasta un sillón balancín, se sentó, abrió
las piernas y se hizo las bragas a un lado. Volvía a quedar aquel enorme coño
ante mi, abrió las piernas y me dejó verlo en su plenitud, su muslos eran suaves
sin apenas vellos mis manos se acercaron a ellos y subieron hacia el coño como
atraídas por un imán, pase los dedos por el medio para volver a sentir la
suavidad de antes, pero todo había cambiado ahora era una suavidad superior,
gelatinosa y resbaladiza si casi hacer esfuerzo su vagina se tragaba tres dedos
y luego los apretaba como si fuese una tira elástica.
Su manos bajaron hasta el coño y lo abrieron de totalmente
mientras dos dedos suyos se paraban sobre un capuchón rosado bajo el pubis y
sacaban una especie de campanilla rosada del tamaño de un filtro de cigarrillo
(luego me explicó que era el clítoris), se lo comenzó a acariciar mientras me
instaba a que me masturbara y con una mano la tocase, me lo dijo con tanta
energía que a los pocos segundos ya estaba masturbándome frenéticamente.
Me pidió calma mientras me ofrecía aquella campanita rosada
para que la tocase. La pasé los dedos por encima y dio un suspiro, quitó sus
manos del coño y se sacó los dos preciosos pechos, ahora sus pezones no eran
rugosos, estaban erectos y grandes, se mojaba los dedos con saliva y luego se
los acariciaba, me tenía completamente loco, me miró y me dijo - ¿Quieres chupar
un poco? Sin esperar respuesta se incorporó agarrándome la cabeza y
acercándosela a su pecho derecho. Primero pasé la lengua para notar el sabor,
era diferente, me enloquecía, así que sin poderlo remediar me pusé a mamar como
un bebé mientras ella con una mano me arrimaba la cabeza y con la otra se hacía
una paja. Me cambió de pecho al momento y seguí chupando ante sus gemidos, yo
quería masturbarme y correrme pero no me dejaba, me quitaba la mano de la polla,
puse mi cabeza entre sus pechos y por fin los toqué apretándomelos contra mis
mejillas, era un sueño lo que me estaba pasando, me hizo bajar la cabeza hacia
su vientre mientras lengüeteaba todo lo que encontraba a mi paso, llegué a su
ombligo, a su poblado pubis de un aroma delicioso a jabón Heno de Pravia, de
pronto mi lengua tropezó con el clítoris, me asusté un poco, pero ella con
delicadeza me volvió a arrimar, lo miré con algo de temor, pues temía que fuese
una polla (cosas de críos) lentamente lo lamí por encima y posteriormente lo
chupé, me encantó hacerlo, parecía un pezón, cada vez me gustaba más aquella
pequeña protuberancia, ella mientras gemía y me apretaba la cabeza, su coño se
había mojado abundantemente dejando mi barbilla totalmente empapada, me sacó la
cabeza de su clítoris y me la puso en el coño, he de reconocer que sus fluidos
eran deliciosos, hoy día lo pienso y eran más propios de beber de los Dioses que
de los humanos, mi lengua se hundió en aquella cueva resbaladiza, jugaba en su
interior, en su exterior, me gustaba lo que hacía, ni me molestaban los pelos
que se soltaban e iban a parar a mi lengua, hizo su culo hacia delante del
sillón y se lo abrió, me hizo bajar la lengua y realmente bajó más hasta su
culo, notaba como éste se contraía furiosamente, le pasaba la lengua plana, sin
meterla, me daba un poco de no se qué, aunque estaba muy limpio con olor a
jabón, en pocos segundos comenzó a correrse sin control, me agarraba de los
pelos y me agitaba la cabeza hacia todos sitios, me la pegaba a su clítoris y la
quitaba, eran contorsiones y calambrazos que le daban.
Aquel orgasmo duró cerca de dos minutos intensísimos, yo me
asusté bastante y hasta que no me soltó la cabeza no me sentí seguro, mi polla
estaba flácida, en su mínima expresión. Cuando recuperó la consciencia me miró y
me dio un beso en la nariz me miró la polla y me dijo -¡pobrecito no te he
dejado que te hicieras la pajita, mi hombrecito se ha comportado como todo un
hombre, lo premiaremos, siéntate tú ahora en el sillón! - ¡Si señora! Exclamé.
Me senté en el sillón y ella se arrodilló frente a mi sobre
un cojín, y sin decir palabra se metió mi pollita en su boca, que desapareció
toda como por arte de magia, me sentía como un rey, el placer era inmenso, no
podría describirlo hoy en día, su boca era como una máquina cálida que no paraba
de chupar, su lengua parecía que se enrollase, al nstante se metió mi polla y
los huevos, era delicioso sentir el calor de su boca su lengua jugando, mi polla
estaba ya muy tiesa a punto sabía que duraría muy poco y ella seguía
engulliéndola, mientras se tocaba por abajo el coño, no quería correrme aún y
perderme aquel extraordinario placer, intente sacarle la polla de la boca
aquellos pequeños 9 cm pero me empezó a chupar los dedos desesperadamente eso me
hizo correr más deprisa aún sin poder evitarlo y ella se percató volvió a
engullir mi polla hasta que quedó flácida y sin una gota de la poca leche que
daba por aquellos tiempos. Al rato me levanté y me vestí, ella se arregló los
pechos mientras sonreía y decía ¿ Ya no vayas más con tus amigos, te vienes
todas las semanas que te haré esto de hoy gratis! Luego se me acerco al oido y
me dijo muy bajito pero con un tono lujurioso -¡chupas el coño como los ángeles,
demonio!¿de acuerdo hombrecito? - ¡si señora Rosario! Contesté. Bueno pillín
pues ahora vamos a ver esa lejía que quería tu madre! ¿Alfonso o los Tres Ramos?
Quizás continúe el relato más adelante