TusRelatosCalientes.com
MENU

  Inicio 
  Relatos  
  Relatos TOP 100  
  Envia tu relato


ESTADISTICAS
Cantidad de relatos: 13968
Usuario(s) en linea: 7

RELATOS POR CATEGORIA

WEBS AMIGAS
  1. Galerias Gratis
  2. Videos de Sexo
  3. Diosas en la red
  4. Sexo Gratis

BUSCADOR

RELATOS MAS LEIDOS
ESTE APARTADO ESTA FUERA DE SERVICIO

El chico y la Madura (Una historia de los años 60)
Sexo con maduras- 2008-03-30 00:05:08
Visitas: 158
0

Eran medianos de los años 60, tiempos difíciles, tiempos de estrechez económica y sexual. Rondaría yo por los 11 años largos y mi voracidad por todos los temas sexuales me consumía, leía todo lo que caía en mis manos, y cualquier fotografía de una mujer semidesnuda era suficiente motivo para una espléndida paja, éramos todos los chicos iguales, unas simples bragas tendidas nos hacían alucinar el mejor de los sexos y no importaba si la paja era solitaria o en comunidad. Mi grupo de amigos era variado de edad, pues habían chicos que rondaban los 15 años otros no llegaban a los 10, no obstante participábamos con nuestra paja en la colectividad cuando alguien contaba algo caliente.

Un viernes por la tarde de una calurosa tarde de Junio, un amigo me dijo que había una mujer que les había dicho que si querían que les hiciese una paja a todos los amigos tendrían que pagar 25 pesetas entre todos, era toda una fortuna en aquella época, me resigné a mi mala suerte pues no tenía ni un céntimo. Le di vueltas al tema y cada vez veía más cerca el monedero de mi madre, me atraía la idea de que la mujer que me había dicho mi amigo me pajeara, nunca antes me habían hecho una paja, sin pensarlo, me tiré encima del monedero de mi madre y le robé 5 pesetas, salí disparado como una flecha creyendo oir su voz llamándome que se las devolviese. Mi excitación durante el camino crecía, mi pequeña polla como un resorte crecía sólo de pensar en la paja de la señora.

Por fin llegué al sitio convenido, era un huerto con una pequeña acequia de riego seca, dentro estaban cinco amigos y una mujer que no lograba distinguir, me acerqué nervioso con mi moneda de 5 pesetas exhibiéndola en la mano a modo de pasaporte, Sancho me vio y se rió al verme acalorado, se apartó unos metros y distinguí a la mujer, mi sorpresa fue mayúscula, era la esposa de un sargento retirado, vecina mía, de unos 48 años entradita en carnes, blanca de piel pero de pelo azabache, de unos pechos considerables y un tremendo culo, muy grande, no era despreciable la señora pero mi estereotipo de una mujer no era ese, me decepcionó y estuve muy a punto de marcharme. Un amigo me animó a quedarme prometiéndome que era de lo mejor haciendo pajas y además enseñaba el coño, creo que esto último me retuvo, pues nunca había visto uno de cerca ni con detalle. Nos sentamos todos sobre el lado de la pequeña acequia con las piernas dentro y la señora Rosario (así se llamaba) se quitó las bragas blancas que llevaba, y por arriba del sujetador dejó caer dos tremendas tetas blancas como la leche con unos pezones de color chocolate con leche muy rugosos, se sentó enfrente nuestro y empezó por abrirse el coño lentamente, luego ya se lo abría de par en par pasándose el dedo por el medio.

Yo estaba cautivado por la visión, nunca hubiese imaginada que bajo las faldas de aquella señora se escondiese un coño tan grande y tan tupido, su pubis era una maraña ensortijada de pelos, sus labios estaban protegidos por fuera por otros pelos negrísimos pero cuando se dio la vuelta y se abrió el culo quedé paralizado: un coño color rosa encendido que rodeaba el ojete del culo de color más pálido rodeado de pelitos negros como una corona. No salía de mi asombro. Cuando reaccioné me percibí que ella se acercaba hacia mi colgándole los imponentes pechos, me quitó la mano de mi polla y me la acarició, ¡creí que me moría de gusto de la sensación! Poco a poco fue se hizo dueña de mi polla, sus pechos golpeaban mis rodillas, su mano subía y bajaba rítmicamente la piel de mi polla, miré hacia los lados y vi que los otros habían empezado a masturbarse ya, no resistían la visión, de golpe note que me corría, era incontrolable, no pude ni aguantar un segundo más, tres o cuatro salpicaduras de leche impactaron contra la zona del pezón izquierdo, siguió masturbándome hasta que escurrió mi polla totalmente, me miró guiñándome un ojo y me preguntó ¿te ha gustado Vicente? No le contesté sólo asentí con la cabeza afirmativamente., súbitamente se levantó y se alzó la falda enseñándome el suculento coño, luego se dirigió al chico del lado para comenzar la paja que le tocaba, me levanté para no perder detalle de las pajas que hacía, ella me miraba de vez en cuando y me sonreía delicadamente pues me conocía del barrio y como cliente de su media tienda de droguería. Todos los chicos mientras les hizo la paja le tocaron las tetas, me arrepentí de no haberme atrevido a tocárselas todo el resto de la tarde.

Pasó una semana después de la paja de Rosario y los amigos volvieron a citarme para lo mismo, pero no fui no pude quitarle a mi madre las 5 pesetas necesarias, me quedé en casa deprimido.

Al día siguiente me madre me encargó que fuese a casa Rosario por 1 litro de lejía, eran las 4 de la tarde, le dije que no quería ir que tendría cerrado, no obstante con su dote de mando me obligó a ir, no sabía si la podría mirar a la cara, los 300 metros que me separaban de su casa fueron un tormento. Cuando llegué vi la puerta entornada, sin llamar entré puesto que estaba ya abierta, al no ver a nadie di una voces para que se me oyera al correcto estilo de la época ¡"Ave Maria! Hay alguien?, nadie me contesto y opté por irme rápidamente, al pasar por la habitación de la entrada oí unos ruidos, me acerqué a la puerta y escuché, eran gemidos y resoplidos, sin pensarlo y sin llamar antes entré, el espectáculo era impactante, la señora Rosario estaba sobre un hombre y en su coño tenía metida toda la enorme polla de aquel tipo que no podía ver, la polla entraba y salía mientras el tipo le abría las nalgas. No se dieron cuenta de mi entrada estaban terminando el polvo, tardaron unos 30 segundos más en correrse ella se incorporó cogiendo la polla con su mano por detrás y la sacó de su coño que chorreaba leche en una especie de goterones, de súbito se volvió y me vió plantado a los pies de la cama, me asusté mucho, pero ella haciendo gala de una sangre fría extraordinaria me sonrió dulcemente y con la mano me instó a salir de la habitación y con otro ademán que me esperase fuera. Salí de la habitación muy nervioso, no sabía que podía pasarme, me pegué un pellizco a la piel de un huevo y se me bajó la erección.

Ella salió a los 3 minutos me cogió del brazo directamente y me entró hasta el final de aquella especie de tienda, mi curiosidad de quien era el tipo que se la había follado se frustró ella me impidió verlo. Me miró con cierta dulzura y me preguntó ¿ahora querrás una pajita gratis por lo que has visto, no? No pude hablar de nuevo, aquella mujer me paralizaba con su sonrisa blanca, volví a asentir con la cabeza de nuevo muy vergonzosamente, me hizo un gesto que la esperase, oí que cerraba la puerta de la calle y volvía, me cogió del brazo, primero fuerte y luego rectificó y me asió más suavemente, entramos al baño donde sólo había un sanitario, un armario, un lavabo y un gran barreño de zinc con asas. Abrió el armario y sacó una palangana de porcelana que depositó sobre el sanitario, la llenó con una jarra de agua se levantó la falda, se quitó la bragas luego estas se las pasó por el medio de la raja del coño pero eliminar restos de la corrida del desconocido tipo, se sentó sobre la palangana y empezó a enjabonarse el peludo coño que hacia abundante espuma, yo estaba atontado con sus movimientos de la mano sobre su coño, se lo lavaba como una maestra, no dejaba zona por limpiar, se metía los dedos, se los sacaba, yo me moría de gusto de ver aquel espectáculo. Su voz me sacó del sueño sublime ¡llena la jarra de agua y vacíala por encima del coño para que se quite el jabón!

Como una centella guardé mi sueño y llené la jarra, nervioso, volví frente a ella, hizo el vientre hacia delante y comencé a derramarle el agua mientras ella se liberaba de la espuma con las dos manos, se puso al revés, con el culo hacia mi y con el cuerpo apoyándose del tubo del agua que bajaba hacia el sanitario y me pidió que le tirase agua sobre aquella inmensidad de culo, obedientemente se la iba derramando mientras ella se abría con una mano las nalgas y se limpiaba el ano de espuma, no pude resistir la tentación y con una mano en la jarra con la otra me atreví a limpiar lo que ella no veía, no dijo nada y se dejó hacer. Eran unas nalgas de terciopelo, pura seda, mi mano se deslizaba casi sola de nalga en nalga, mi atrevimiento llegó a más cuando ella saco su mano para asirse con más fuerza al tubo y mi mano sustituyó la suya entre las nalgas, sobre su ano coronado llegando a su coño durante unos segundos atravesando toda su raja de norte a sur y volviendo al norte, obviamente mi erección era incontrolable y ella lo debió de suponer me dio las gracias por la ayuda y se incorporó, la pasé una pequeña toalla azul cielo y se secó el coño, el culo y la parte interior de los preciosos muslos.

En esos momentos sólo pensaba en hacerme pajas en serie, pero, no me atrevía a sacarme mi pollita después de ver el tamaño que tenía el tipo que se la acababa de follar, pero las ganas de pajearme eran terribles y ella lo notó pronto.

Se terminó de subir las bragas blancas como el jazmín muy hacia arriba, dejando que sus negros pelos del coño se saliesen abundantemente por los lados, luego se miró casi angelicalmente y me dijo ¿dime hombrecito, a que habías venido? -¡pues a por 1 litro de lejía! Contesté -¿y ese bultito de la pollita tiesa no lo quieres resolver? Rápidamente me miré hacia mi pantalón corto y vi que estaba empalmado, callé unos instantes, me armé de valor, sonreí y le dije -¡si me quiere hacer una pajita usted, pero no tengo dinero! Me miró y me contestó -¡no! Te la vas hacer solito delante de mi, tocándome como lo hacías antes mientras me tirabas el agua, ven al sillón!

La seguí emocionado hasta un sillón balancín, se sentó, abrió las piernas y se hizo las bragas a un lado. Volvía a quedar aquel enorme coño ante mi, abrió las piernas y me dejó verlo en su plenitud, su muslos eran suaves sin apenas vellos mis manos se acercaron a ellos y subieron hacia el coño como atraídas por un imán, pase los dedos por el medio para volver a sentir la suavidad de antes, pero todo había cambiado ahora era una suavidad superior, gelatinosa y resbaladiza si casi hacer esfuerzo su vagina se tragaba tres dedos y luego los apretaba como si fuese una tira elástica.

Su manos bajaron hasta el coño y lo abrieron de totalmente mientras dos dedos suyos se paraban sobre un capuchón rosado bajo el pubis y sacaban una especie de campanilla rosada del tamaño de un filtro de cigarrillo (luego me explicó que era el clítoris), se lo comenzó a acariciar mientras me instaba a que me masturbara y con una mano la tocase, me lo dijo con tanta energía que a los pocos segundos ya estaba masturbándome frenéticamente.

Me pidió calma mientras me ofrecía aquella campanita rosada para que la tocase. La pasé los dedos por encima y dio un suspiro, quitó sus manos del coño y se sacó los dos preciosos pechos, ahora sus pezones no eran rugosos, estaban erectos y grandes, se mojaba los dedos con saliva y luego se los acariciaba, me tenía completamente loco, me miró y me dijo - ¿Quieres chupar un poco? Sin esperar respuesta se incorporó agarrándome la cabeza y acercándosela a su pecho derecho. Primero pasé la lengua para notar el sabor, era diferente, me enloquecía, así que sin poderlo remediar me pusé a mamar como un bebé mientras ella con una mano me arrimaba la cabeza y con la otra se hacía una paja. Me cambió de pecho al momento y seguí chupando ante sus gemidos, yo quería masturbarme y correrme pero no me dejaba, me quitaba la mano de la polla, puse mi cabeza entre sus pechos y por fin los toqué apretándomelos contra mis mejillas, era un sueño lo que me estaba pasando, me hizo bajar la cabeza hacia su vientre mientras lengüeteaba todo lo que encontraba a mi paso, llegué a su ombligo, a su poblado pubis de un aroma delicioso a jabón Heno de Pravia, de pronto mi lengua tropezó con el clítoris, me asusté un poco, pero ella con delicadeza me volvió a arrimar, lo miré con algo de temor, pues temía que fuese una polla (cosas de críos) lentamente lo lamí por encima y posteriormente lo chupé, me encantó hacerlo, parecía un pezón, cada vez me gustaba más aquella pequeña protuberancia, ella mientras gemía y me apretaba la cabeza, su coño se había mojado abundantemente dejando mi barbilla totalmente empapada, me sacó la cabeza de su clítoris y me la puso en el coño, he de reconocer que sus fluidos eran deliciosos, hoy día lo pienso y eran más propios de beber de los Dioses que de los humanos, mi lengua se hundió en aquella cueva resbaladiza, jugaba en su interior, en su exterior, me gustaba lo que hacía, ni me molestaban los pelos que se soltaban e iban a parar a mi lengua, hizo su culo hacia delante del sillón y se lo abrió, me hizo bajar la lengua y realmente bajó más hasta su culo, notaba como éste se contraía furiosamente, le pasaba la lengua plana, sin meterla, me daba un poco de no se qué, aunque estaba muy limpio con olor a jabón, en pocos segundos comenzó a correrse sin control, me agarraba de los pelos y me agitaba la cabeza hacia todos sitios, me la pegaba a su clítoris y la quitaba, eran contorsiones y calambrazos que le daban.

Aquel orgasmo duró cerca de dos minutos intensísimos, yo me asusté bastante y hasta que no me soltó la cabeza no me sentí seguro, mi polla estaba flácida, en su mínima expresión. Cuando recuperó la consciencia me miró y me dio un beso en la nariz me miró la polla y me dijo -¡pobrecito no te he dejado que te hicieras la pajita, mi hombrecito se ha comportado como todo un hombre, lo premiaremos, siéntate tú ahora en el sillón! - ¡Si señora! Exclamé.

Me senté en el sillón y ella se arrodilló frente a mi sobre un cojín, y sin decir palabra se metió mi pollita en su boca, que desapareció toda como por arte de magia, me sentía como un rey, el placer era inmenso, no podría describirlo hoy en día, su boca era como una máquina cálida que no paraba de chupar, su lengua parecía que se enrollase, al nstante se metió mi polla y los huevos, era delicioso sentir el calor de su boca su lengua jugando, mi polla estaba ya muy tiesa a punto sabía que duraría muy poco y ella seguía engulliéndola, mientras se tocaba por abajo el coño, no quería correrme aún y perderme aquel extraordinario placer, intente sacarle la polla de la boca aquellos pequeños 9 cm pero me empezó a chupar los dedos desesperadamente eso me hizo correr más deprisa aún sin poder evitarlo y ella se percató volvió a engullir mi polla hasta que quedó flácida y sin una gota de la poca leche que daba por aquellos tiempos. Al rato me levanté y me vestí, ella se arregló los pechos mientras sonreía y decía ¿ Ya no vayas más con tus amigos, te vienes todas las semanas que te haré esto de hoy gratis! Luego se me acerco al oido y me dijo muy bajito pero con un tono lujurioso -¡chupas el coño como los ángeles, demonio!¿de acuerdo hombrecito? - ¡si señora Rosario! Contesté. Bueno pillín pues ahora vamos a ver esa lejía que quería tu madre! ¿Alfonso o los Tres Ramos?

Quizás continúe el relato más adelante

Inicio  |  Relatos  |  Relatos TOP 100  |  Envia tu relato | Google Sitemap | Yahoo Sitemap   
Copyrigth © 2007-2008 Todos los derechos reservados. * Los derechos sobre los relatos corresponden a sus respectivos autores.
Sexo Gratis | Bellezas de internet | Directorio del Sexo | Diosas en la red | Relatos eroticos | Diosas de Internet | Comunidad Swinger| Videos de Sexo| Goddess Blog | Avisos Eroticos | Escorts | Peliculas porno online | Escorts Vip | Area Sensual