Vivo en la ciudad de Miami, Florida, en un complejo de dos
torres de apartamentos en Coconut Grove.
Mi esposo y yo vinimos hace como año y medio para establecer
nuestros negocios. Somos una joven pareja de empresarios de la industria del
turismo y el entretenimiento. Nos conocemos desde niños, ya que nuestros padres
han sido socios toda la vida.
Por este motivo, cuando anunciamos nuestro compromiso ambas
familias se regocijaron y nuestros padres ofrecieron entregarnos a cada uno un
gran porcentaje de las acciones de sus empresas. Sin embargo, no aceptamos y, en
su lugar, ellos nos proporcionaron el capital suficiente para independizarnos.
Eso fue hace cuatro años atrás, cuando yo contaba con apenas
24 años (ahora, yo tengo 28 y Alex 33).
Finalmente, escogimos Miami como la ciudad ideal para
establecernos. Tenemos varios restaurantes, dos bares y recientemente adquirimos
una discoteca de moda. Somos muy felices juntos y vivimos a gusto.
Hasta aquí, dirán que mi vida junto a mi esposo es una cama
de rosas. Pero esto solamente hasta que conozcan los acontecimientos que han
nublado mi vida.
Como ya les dije, tengo 28 años. Soy blanca de cabellos
castaños claros (casi rubios), poseo una belleza clásica, rostro ovalado
angelical, hermosos ojos grises (lo que más me gusta de mi misma). Soy muy
blanca y siempre mis mejillas están sonrosadas (es de familia).
Mi cuerpo es voluptuoso, para los cánones de belleza modernos
dirán que soy "gordita", pero muchas de mis amigas flacas me han hecho saber que
envidian mi figura curvilínea y mi vientre plano. Sé que a los hombres lo que
más les llama la atención de mi anatomía son mis senos grandes y mi culo, bien
firme y paradito. Así como también las bien torneadas piernas que lo sostienen.
Mi tragedia empezó hace como cuatro meses un día en que mi
esposo, Alex, tuvo que salir en viaje de negocios hacia Arkansas. Desde ese día
y a petición de mi suegro, Alex, tendría que viajar varias veces al mes para
supervisar unos negocios que mi suegro está montando en ese estado.
En fin...Era miércoles y mi esposo había partido el día
anterior, ese era su tercer o cuarto viaje y yo me encontraba en mi recámara
poniéndome crema antes de dormir. Estaba parada frente al espejo y mi
imaginación voló hacia mi esposo y nuestras travesuras sexuales. Excitándome
mucho.
Todo mi apartamento tiene grandes ventanales y si no corremos
las cortinas se ve desde afuera lo que hacemos.
Sin ser muy consciente de esto empecé a masturbarme frente al
espejo. Con una mano acariciaba mi clítoris y con la otra apretaba mis pezones.
Busqué una película porno de las que Alex y yo tenemos para calentarnos, la puse
y me tendí en la cama con las piernas abiertas. En la pantalla aparecía una
chica rubia comiéndose un pene ENORME. Yo sacaba mi lengua y lamía el aire
mientras me metía un par de dedos en mi húmedo túnel.
En eso estaba cuando sonó el teléfono. Contesté de inmediato
pues estaba segura que era Alex y quería hacerle el amor aunque fuera por
teléfono. Me equivoqué. Otra voz varonil fue la que me habló. Me dijo:
**Gigi, lamento interrumpirte, pero tengo que decirte que he
filmado todo lo que haz hecho y si no sigues mis instrucciones enviaré a tu
marido el vídeo. Pensará que lo he tomado desde tu propia habitación, y que tú
te masturbabas para mí, pues esta cámara tiene un gran alcance.
Mientras él hablaba, pensé que se trataba de una broma de mal
gusto e hice esfuerzos por reconocer su voz. Fue imposible.
Le dije que por favor no le dijera nada a mi esposo, que si
él pensaba que lo engañaba podía matarme (aunque nunca se ha enfurecido conmigo,
he visto como se pone con sus hermanos y tengo que admitir que he llegado a
temerle).
Le dije que yo amaba profundamente a Alex y no quería que
nada ni nadie lo hiriera y que por eso iba a hacer lo que me pidiera.
La voz me dijo:
**Entonces pon atención: Quiero que continúes masturbándote
para mí, he llamado a varios amigos y quiero que te vean también. Además, deja
la línea abierta y pon el speaker phone para que podamos escucharte gemir y tú
puedas oír mis órdenes.
Yo continuaba desnuda, estaba de rodillas sobre la cama con
el teléfono en mi oreja tratando de adivinar desde cual ventana me estaban
observando.
**Gigi, estoy listo. Baila para mí.
Mi corazón latía a mil, no sabía que hacer, hasta que me
gritó:
**GIGI, OBEDECE!!
Como una autómata puse el speaker phone y empecé a contonear
mis caderas y a acariciar mi cuerpo. Desde el otro lado, él me decía qué hacer:
**Gírate, queremos ver tu culo, no dejes de bailar.
**Ahora abre las piernas y dobla tu torso. Pon las manos en
tus nalgas y ábretelas, voy a filmar tu ojete.
**Desde adelante introdúcete un dedo en tu vagina y mueve las
caderas.
**Me tienes demasiado excitado.
Yo hacía todo lo que él me decía y la verdad, aunque no
quisiera, me había excitado al máximo. Bailaba y me acariciaba sensualmente.
Estaba a punto de venirme cuando me ordenó lo siguiente:
**Sigue bailando a tu gusto, pero escúchame bien. Dentro de 2
minutos sonará el timbre de tu apartamento.
** Cuando eso suceda ponte la bata corta roja que sueles usar
cuando quieres que Alex te coja (esto me indicó que no era la primera vez
que me espiaba y, por lo tanto que me filmaba a mí, sola o con mi esposo).
Y abres la puerta a mi amigo, quiero verlos jugar juntos.
Yo estaba atónita, pero seguía bailando. Torcía mis rosados
pezones, los halaba y apretaba.
No había terminado de decirlo cuando sonó el timbre. Busqué
la bata en mi armario y me cubrí con ella. Dudé al abrir, pero un grito en el
teléfono me hizo recapacitar.
**ABRE, ZORRA, SI NO QUIERES QUE TU MARIDO VEA EL VIDEO!!
Abrí, la puerta y apareció ante mí un hombre muy apuesto
(temí que fuera un repugnante). Pero, no, era alto, con piel muy bronceada por
el sol, cuerpo atlético y cabellos chocolates. El típico chico que cuando no
está en el gimnasio es porque está en la playa.
No dijo nada, sólo entró y me condujo a mi propia habitación.
Me detuvo en el centro de la misma, justo en el medio del ventanal. Me puso de
espaladas a él. Mi culo quedaba justo abajo de su pene, ya que el era mucho más
alto que yo, así es que se agachó un poco para frotarse contra mis nalgas.
Mientras deslizó su mano por mis muslos hasta adentrarse en
mi bata para apretar mi clítoris a la vez que movía su mano en círculos. Con la
otra mano me abrió la bata para dejar que sus amigos , del otro lado de la
ventana, apreciaran una vez más mi cuerpo desnudo.
Continuó masturbándome sin introducir los dedos en mi vagina,
hasta que la voz en el teléfono me ordenó:
**Chúpale la verga.
El hombre me viró de cara hacia él y me deslicé hasta quedar
de rodillas, acaricié su miembro sobre el pantalón. Él se desabrochó el jean y
yo le bajé el zipper (bragueta). Le bajé el pantalón y el calzoncillo hasta las
rodillas.
Su verga era impresionante. Siempre había pensado que los
hombres muy musculosos tenían el pene pequeño, pero veo que me equivoqué. El
pene que tenía frente a mí era, no sólo largo si no muy grueso.
Recorrí su verga con mi mano antes de empezar a mamársela.
Luego me bebí con un beso la gota de líquido preseminal que tenía en la punta,
le dí un par de besos más y empecé a mamarla como loca.
Esta tan excitada que había perdido la cabeza. Dejaba que su
verga dura y caliente se introdujera hasta mi garganta y la volvía a sacar. A la
vez, le sobaba los huevos. Estaban cargados de leche. Su verga entraba y salía
de mi boca y él lo disfrutaba. Fue entonces cuando la voz ordenó:
**Abre las piernas, PUTA, y mastúrbate mientras se lo mamas.
No dejes que se corra en tu boca. Aún quiero más.
Eso hice y cuando el hombre estaba por venirse, se lo hice
saber a la voz.
Entonces le dijo a él:
**Túmbala en el sofá (tengo un love seat en mi recámara), y
ábrele las piernas. Cómele el coño. Se lo merece por el buen trabajo que te ha
hecho. Pero hazlo de forma que sus piernas abiertas den hacia la ventana.
Al oír sus palabras sentí como se humedeció aún más mi
vagina.
Así lo hicimos, él terminó de desnudarse y yo me tumbé en el
sofá, me senté en el borde del mismo y abrí mis piernas lo más que pude. Él se
arrodilló en el suelo y acarició la parte interna de mis muslos, puso su mano en
mi coño y me masturbó un poco más. Sacó su lengua y me lamió los labios , pasó
su lengua por mi clítoris. Bajó a mi ano y lo llenó de su saliva.
Luego de un rato introdujo su lengua en mi vagina, mientras
con un sus dedos tocaba mi clítoris. Cuando estaba casi por llegar al orgasmo,
sentí uno de sus dedos tratando de penetrar mi agujero trasero. Al fin lo logró.
Yo gemía y me apretaba las tetas, estaba a punto de llegar.
Tenía su lengua penetrándome la vagina, sus dedos aprisionando mi clítoris y dos
de sus dedos dentro de mi ojete. MMM, qué placer. Por un momento me olvidé del
chantajista y me dejé llevar. Alcancé uno de los orgasmos más grandes de mi
vida.
Pasaron unos segundos en los cuales la voz no dijo nada,
pensé que había colgado, pero luego, por los gemidos y gruñidos que pude
percibir, me di cuenta que se estaba masturbando y que se había venido... casi a
la vez que yo.
Al cabo de unos segundos la voz dijo:
**Cójanse, quiero verlos cojiéndose. Háganlo YA!!
Aprovechando que el hombre (del cual lo único que había
escuchado eran sus gemidos) estaba sentado en el sofá; lo rodeé con mis piernas
y me senté, sin muchos miramientos, encima de él. Clavándome su enorme pinga de
una vez por todas.
Qué más dada, después de todo lo que me habían hecho hacer,
me lo iba a coger con gusto. Estaba decidida a disfrutarlo.
Saltaba encima de él y sentía su pinga entrar y salir de mi
vagina. Él mamaba mis tetas y yo me movía como una desesperada encima de él. La
voz dijo:
**Me encanta ver cómo la verga de ese macho entra y sale de
tu vagina...entra y sale. Gírate, quiero filmar como bailan tus tetas cuando
brincas encima de su pinga.
Entonces me detuve e hice lo que la voz me ordenó. Empecé a
clavarme la pinga de frente a la ventana. El hombre acompañaba con sus manos el
movimiento de mis caderas y....otra vez..........................OTRO ORGASMO.
Él no dejó que me detuviera siguió meneando con sus manos mis
caderas y yo comprendí. Me movía más y más rápido para que él pudiera terminar.
Cuando se vació dentro mío sentí parte de su leche caliente
deslizarse por mis piernas y entonces me paré.
Fue entonces cuando la voz anunció:
**Basta por hoy, ya me he corrido cuatro veces.
**Ahora, busca tu cartera y dale al chico $500.00. Al igual
que tú, él ha hecho bien su trabajo.
Comprendí, que el hombre que me había cogido, masturbado y
que me había comido el coño al igual que yo su verga, era un "prostituto" y que
probablemente no tenía nada que ver con la voz en el teléfono.
Mientras él se vestía yo busqué el dinero y así, desnuda, lo
acompañé hasta la puerta donde me regaló una comida de coño, pues me dijo que le
había encantado coger conmigo.
Cuando él se fue corrí las cortinas, me metí al jacuzzi y
lloré por todo lo que había pasado. Al salir, me tendí desnuda en la cama y
seguí llorando. Había traicionado a mi esposo y nuestro juramento de eterna
fidelidad.