Desde el mismo día que su marido le dijo que había pedido
plaza en un pueblo de Galicia, supo que su vida iba a cambiar. No se refería a
un cambio físico, era algo diferente, como un presentimiento que le hacía
golpear el corazón con más fuerza.
Isabel y Rafa, eran un matrimonio de mediana edad, él tenía
cuarenta y cinco años y ella pronto cumpliría los cuarenta. Rafa era profesor de
educación secundaria, sus alumnos adolescentes, muchos de ellos rebeldes y en
algunos casos violentos por culpa de las drogas, estaban acabando con sus
nervios. Por ese motivo Rafa se planteó su vida, o cambiaba de entorno, o
terminaría loco perdido. Su amigo Santiago acababa de ser nombrado director del
colegio del pequeño pueblo de Galicia donde había nacido y solo hacía que
explicarle la tranquilidad que se respiraba y lo calmosos y obedientes que eran
los estudiantes. Y aconsejarle que hiciese como él, que desde que volvió al
pueblo había olvidado lo que eran los tranquilizantes, y dormía cada noche a
pierna tendida.
Isabel, aunque hacía tres meses que estaba en el paro, toda
su vida había trabajado en una fábrica de galletas. Pero este año había hecho
suspensión de pagos dejando a todos los trabajadores en la calle. Al principio,
Isabel después de pasar los últimos meses angustiada por el temido cierre de la
empresa, se tomó el paro como unas vacaciones merecidas. (Tenía dos años largos
para buscar trabajo) pero una vez pasado el primer mes, se le caía la casa
encima y necesitaba algún nuevo aliciente. Por eso cuando Rafa le habló de sus
intenciones recibió la noticia con un gran interés. Ella era de Capital, pero no
le desagradaba la idea de un cambio de ambiente.
Además se irían solos. Su hijo Sergi, estaba terminando la
carrera y no quería cambiar de Universidad. El se quedaría en el piso, y ellos
ocuparían una de las casas que en los pueblo tenían destinadas a los maestros.
Sería como comenzar una nueva vida, y en verdad que lo
estaban necesitando. Se querían, de eso no había duda pero era una sombra de la
pasión que habían sentido de jóvenes. Las relaciones sexuales se fueron
espaciando llegando a un momento que eran totalmente nulas. Ni siquiera
recordaba cuando había sido la última vez, ni el porque dejaron de tenerlas,
monotonía, cansancio, aburrimiento cualquiera de las definiciones sería valida
para reconocer un hecho. Su relación era la de unos amigos, o la de unos
hermanos bien avenidos, pero amantes… hacía mucho tiempo que habían dejado de
serlo.
A Rafa le concedieron plaza, en el pueblecito marítimo de no
más de dos mil habitantes, donde vivía Santiago. Era un cambio drástico salir de
una capital, para meterse en un pueblecito de la Galicia antigua llena de
tradiciones y leyendas, pero precisamente eso era lo que buscaban y en Agosto,
con tiempo suficiente antes de que comenzaran las clases, ya viajaron para
conocer su nuevo destino.
Lo primero que les llamó la atención fue el verdor de los
campos. Grandes explanadas apenas rotas con alguna montaña de poca altura, y en
algunos tramos, los acantilados desde donde se veía el mar bravío golpear con
furia la castigada costa de La Coruña.. Era un hermoso paisaje, totalmente
diferente al que ellos estaban acostumbrados en el centro de Castilla. Si que
conocían el mar, a Isabel le encantaba y cada verano acostumbraban a pasar un
mes en Salou, en la provincia de Tarragona. Pero ese era un mar diferente,
tranquilo, de aguas claras, que no tenían nada que ver con estas oscuras y
furiosas olas que rompían el silencio de la serena tarde.
Llegaron al pueblo y preguntaron a unas mujeres enlutadas,
con las que se cruzaron, por el domicilio del director. No estaba lejos y hacia
él se dirigieron, sabían que Santiago, el director, debía ser conocido aunque de
sus 43 años la mayoría los había pasado en la capital, pero su familia era del
pueblo y se había presentado y ganado las oposiciones, apenas hacía un año y
ahora estaba luchando por modernizar la escuela y de paso la cultura de la
población, habían mantenido correspondencia con él, desde que acabaron el
magisterio y cada uno tomó su camino. Nada mas enterarse de cual era su destino,
les había informado que dispondrían de un pequeño piso situado en el mismo
edificio de la escuela, estaban haciendo obras, pero esperaban haberlas acabado
cuando ellos llegasen.
Santiago estaba en pantalones cortos, regando el jardín de su
casa, su mujer, fue la primera en verlos y salió a recibirlos. Era muy joven no
debía tener mas de 27 años, y amablemente los invitó a entrar. Después de las
presentaciones, se ofreció a preparar cena para los cuatro, mientras su marido
los ponía al tanto de unas complicaciones que habían surgido en las obras de
remodelación del piso.
---Lo siento mucho Rafa. Ya se que te prometí que todo
estaría dispuesto, pero las lluvias retardaron las obras, será cuestión de
quince días---
--- ¿Quince días, y que hacemos mientras tanto?---
--- Te ofrecería mi casa, pero mis suegros llegan mañana.
Suelen pasar con nosotros el mes de Agosto. Pero no te preocupes, ya hablé con
el alcalde y te dejará "La Casona"---
--- ¿La Casona?----
---Si, es un edificio del ayuntamiento, donde se suelen
celebrar reuniones y Fiestas, pero que no suelen alquilar por problemas
burocráticos?---
--- ¿Pero está habitable?----
---Jajaja, mucho mejor que tu piso, ya te contaré la
historia, seguro que a tu mujer le gusta---
Aura, la mujer de Santiago, cogió a Isabel por la mano y
estiró de ella en dirección a la cocina.
---Ven conmigo ---Dijo---No puedes habitar "La Casona" sin
conocer su historia. Te aseguro que no me importaría cambiarme contigo. Me
encantaría pasar quince días en ella para ver si se me aparece Xulio---
--- ¿Xulio?---
---Si, Xulio Mariño, mientras preparamos la cena te lo
explicare todo, acompáñame.---
Entraron en una pequeña cocina blanca, muy limpia y
totalmente equipada y mientras Isabel ayudaba a preparar la ensalada escuchaba
embobada la historia del fantasma local.
"La Casona" era una antiquísima propiedad, que allá por los
años mil ochocientos construyó un antepasado de los Mariño. Era una gran casa de
dos plantas, rodeada de un jardín y cubierta casi en su totalidad de hiedra la
cual le daba un aire de misterio que unida a los acontecimientos ocurridos hacía
ahora veinte años, habían acabado de formar la leyenda. Xulio era el último
descendiente de los Mariño. Era un mujeriego empedernido y no había mujer en el
pueblo, ni soltera ni casada, que no hubiese pasado por su cama con los
consiguientes descontentos de padres y esposos de las mismas.
Un día del mes de Agosto, hacía ahora veinte años,
desapareció sin dejar rastro. En el pueblo se decía que una noche al bañarse en
el mar, como tenía por costumbre, se había ahogado. Pero por lo "bajini" todos
pensaban que algún marido engañado lo había matado deshaciéndose del cuerpo en
algún monte de los alrededores.
Al cabo de siete años volvió a saberse de él. No fue
directamente. Hasta el día de hoy nunca se encontró su cuerpo, pero un abogado
se presentó con un testamento que él le había dejado en depósito (la orden era
abrirlo en caso de que estuviese siete años sin noticias suyas) En el documento
dejaba al ayuntamiento y por consiguiente a toda la población, propietarios de
La Casona y todos los terrenos circundantes. Solo ponía como condición que se
respetase su voluntad y era que nunca, bajo ningún pretexto podría venderse, ni
La Casona, ni ninguno de los enseres que se guardaban en su interior, ni tan
siquiera moverse de su sitio original. Todo debería conservarse igual que estaba
el día de su desaparición. En caso contrario, toda la propiedad pasaría a manos
de la Iglesia. El abogado les dijo que podrían usar el edificio de museo,
utilizarla de albergue para la juventud, organizar fiestas, convenciones....lo
que quisieran, pero una vez al año, sin avisarles de antemano, él pasaría a
comprobar que nada faltaba de su sitio y en caso contrario ejecutaría la orden
de su cliente y entregaría la propiedad a la Iglesia.
De eso ya hacía trece años, y los diferentes alcaldes se
habían ocupado de que la cláusula del testamento fuese cumplida a rajatabla,
primero probaron a poner un albergue pero los jóvenes no respetaban la propiedad
como ellos consideraban conveniente, y por miedo a perderla usaron el primer
piso de museo, y en el segundo se organizaban pequeñas fiestas, siempre
controladas por el mismo ayuntamiento.
Una de las fiestas, quizás la mas famosa se celebraba en el
mes de Marzo..."El día de la mujer trabajadora" Todas las mujeres del pueblo de
menos de cincuenta años querían acudir, era por eso que se hacía un sorteo
riguroso, solo veinticinco asistían y solo una conseguía el premio mayor que
consistía en pasar la noche en la habitación de Xulio. Los hombres del pueblo se
reían de esa fiesta, y respiraban tranquilos pensando que Xulio estaba muerto y
bien muerto. Su fantasma poco daño podría hacer a su ego de machos despechados.
Al día siguiente a la fiesta, la afortunada era la persona mas solicitada en el
pueblo. Todas las mujeres querían que les explicase lo ocurrido, y mentira o no,
cada año las agraciadas con el premio, contaban eróticas historias que iban
creciendo en intensidad con la misma rapidez que corrían de boca en boca. Y a
todas las hacían desear ser las protagonistas el próximo año, y así aumentaba la
leyenda de "La Casona" y el ultimo de sus moradores.
Aura acababa de contarle la historia cuando entró Santiago
sonriente.
--- ¿Qué te ha parecido nuestra leyenda?---
---Muy interesante, si veo al fantasma ya te lo contaré---
Santiago sacó un mantel del cajón y cogiendo unos platos y
los cubiertos salió sonriente de la cocina.
---Los hombres no creen en el fantasma, pero ni te imaginas
las cosas que me contó mi prima Roxana que ganó este año----
Isabel no terminaba de creer la historia, pero le encantaban
las leyendas y el hecho de que todas las mujeres estuviesen pendientes de ella,
la hacía sentirse protagonista de una novela que no sabía como podría acabar.
Cenaron amigablemente. Tanto los hombres como las mujeres
estaban contentísimos de vivir cerca, tres años atrás Aura y santiago se
casaron, lo hicieron en Madrid donde él estaba anteriormente destinado, ellos
habían asistido a la boda y Aura e Isabel habían conectado rápidamente, parecía
que se conocían de siempre. Hablaron, rieron, y aún no había oscurecido del todo
cuando Aura Y Santiago los acompañaron a su nueva y misteriosa casa.
Llegaron a La Casona. Una cuidada cerca de hierro la rodeaba
completamente y una frondosa vegetación de hermosos matorrales y árboles la
ocultaban parcialmente de las curiosas miradas de los transeúntes. Entraron por
un camino de gravilla que crujía bajo sus pies produciendo un sonido suave pero
persistente, casi igual que una cascada de agua, cayendo sobre unas rocas... A
la derecha una gran explanada rodeada de moreras y en el centro una preciosa
pérgola cubierta de rosales. Era todo tan bonito, que Isabel pensó que le iba a
costar mucho dejar esa casa.
Santiago abrió la puerta y entraron a un amplio salón. Al
fondo, una gran escalera de mármol tenía cerrado el acceso por un cordón grueso,
de color granate con un letrero en el centro que ponía "prohibido el paso" Les
estuvieron enseñando toda la parte inferior del edificio, que como ya sabían
estaba destinado a museo, pero era un museo muy peculiar, todo, en realidad
todo, era digno de permanecer guardado en vitrinas, tal era el valor por su
antigüedad y belleza, pero estaba colocado en su sitio habitual. Como si sus
dueños fuesen a aparecer en cualquier momento para tomar un té, en el bello
juego de porcelana, que estaba sobre la mesita, junto al ventanal.
Cuando acabaron la visita casi obligada a las habitaciones
inferiores, Santiago, descorrió el cordón y les señaló la escalera.
---Podéis subir por aquí, pero hay otra escalera en la parte
trasera que lleva directamente al piso superior, es un acceso mucho más cómodo,
y al mismo tiempo más íntimo. El museo, no es que tenga visitas a diario, solo
los fines de semana permanece abierto todo el día. Pero si alguien lo pide se le
enseña, y no es muy agradable salir de casa en zapatillas y batín, y encontrarte
la casa llena de gente.---
Subieron los cuatro y al abrir la puerta Isabel sintió como
si una suave pluma acariciara su rostro.
--- Hay corriente ---dijo Aura, --- parece como si hubiese
una ventana abierta.
Repasaron los grandes ventanales y todos estaban
completamente cerrados, por lo que se dedicaron a curiosear por la casa para
elegir una habitación donde sentirse cómodos. Al fin se decidieron por una muy
grande, de muebles oscuros de madera noble, sus ventanales daban al jardín
delantero, y desde allí se podían ver las hermosas rosas que trepaban por el
enrejado de la pérgola. A Isabel le encantaba la casa, no encontraba nada fuera
de lugar, ni nada que ella hubiese colocado de otra manera, parecía totalmente
diseñada a su gusto y se sentía como si la casa la acogiese, como si en ella se
respirase paz y tenía el presentimiento de que sus problemas con Rafa se
superarían rápidamente.
Aura y Santiago, (alegando que al día siguiente habían de
madrugar pues llegaban los padres de ella.) Después de dejarlos instalados, se
fueron pronto.
Isabel comenzó a deshacer las maletas. Mientras su marido se
entretenía revisando los expedientes de sus futuros alumnos. Santiago se los
tenía preparados tal como él le había solicitado en la ultima conversación
telefónica. Rafa era un profesor muy responsable y quería conocer el nivel
académico de su grupo antes de preparar el Temario para el primer trimestre. A
ella ya no le importaba, tiempo atrás se enfadaba muy a menudo, Isabel sentía
que su marido prestaba más atención a cualquier zarrapastroso que a ella misma o
a su hijo, Jamás la había ayudado con las tareas domesticas, para él su trabajo
era lo primero y le dedicaba todo su tiempo, fuera y dentro del colegio, pero ya
lo había superado. Además, ella había venido a Galicia con el sano propósito de
reanudar sus relaciones sexuales. Aún eran jóvenes, y aunque a veces en
solitario daba satisfacción a su cuerpo con un vibrador que guardaba dentro de
un calcetín. Ella necesitaba sexo, aunque era demasiado orgullosa, o tímida,
para pedirlo y Rafa pasaba de él.
Había terminado de colocar la ropa en los armarios y se
refrescó en la gran bañera que ocupaba gran parte del cuarto de baño. Una vez
fresquita y perfumada, se vistió con una tentación negra y transparente que
había comprado expresamente para esa noche. Estaba bella. Sus grandes pezones se
trasparentaban a través de la gasa, y sus nalgas, aún prietas, y separadas por
la fina tira del tanga, hubiesen causado las delicias de cualquier hombre que no
hubiese estado diez horas conduciendo, con los nervios y la incertidumbre del
que empieza una etapa nueva en su vida. Por eso, cuando así preparada salió al
salón lista para seducir a su marido, se encontró con la sorpresa de que él ya
se había ido a dormir y roncaba como una locomotora vieja.
Decepcionada totalmente, se acostó a su lado... Bueno....al
parecer le esperaba otra de sus muchas noches de insomnio. Hacía años que venían
discutiendo el mismo tema, en su pequeño piso retumbaban las paredes, y él no
quería visitar un médico. Comenzó a darle toquecitos, al moverse de momento
paraba, pero enseguida continuaba con mas fuerza ¡Era imposible dormir a su
lado!
¡¡¡Pero que tonta!!! Pensó, en casa no le quedaba otro
remedio que aguantarlo, eso, o dormir en el incomodísimo sillón de la salita, y
despertar con los huesos agarrotados. Pero aquí... aquí había muchas
habitaciones y lo suficiente apartadas para no escuchar ningún ruido.
Eligió la última habitación, al fondo del pasillo. Era una
habitación grande, de muebles oscuros, delante de la cama un mueble con un gran
espejo colgado de la pared y sobre el mueble, un portarretratos de bronce y en
él, la fotografía de un hombre moreno, ojos negros de mirada penetrante y una
barba recortada, negra como la noche. Isabel lo miró intrigada, seguramente
sería el antiguo dueño de la casa, era lo más probable, aunque aún no había
visto ninguna foto de él.
Se acostó en la cálida cama de colchón de lana, y ya dentro
del lecho volvió a mirar la foto. Parecía que los ojos la seguían.... ¡¡¡Que
tonterías!!! Estaba demasiado influenciada por el relato de Aura...
---.jajaja.... Bueno fantasma, Buenas noches, espero que no
te moleste que use tu cama---
Estaba muy cansada, por eso cuando se acomodó, se durmió
rápidamente...
No sabía que hora debía ser, pero el ruido de una puerta al
cerrarse la había despertado. Por lo visto Rafa se había desvelado y no podía
dormir. Oyó pasos en el pasillo, y la puerta de la habitación abrirse, no
conseguía despejarse del todo, y en un estado de duermevela sintió a alguien
sentarse en la cama.
Ummmmm, un agradable olor a agua de mar inundó sus fosas
nasales. Con el calor que hacía, a ella también le apetecía un baño bajo la luz
de la luna. Sintió una manos frías tocar sus brazos, lo hacía con delicadeza,
suavemente, casi sin dejarse sentir, como en una caricia. Ella estaba
completamente quieta, inmóvil, se dejaba hacer. Notó el suave roce de un pañuelo
deslizarse por su desnudo cuerpo. Primero por sus pechos para luego ir bajando
por sus brazos y enredarse en sus muñecas. A ella le gustaban estos juegos, y se
estaba excitando enormemente con las manipulaciones de Rafa, rápidamente sus
manos quedaron sujetas a la cabecera de la cama, mientras una lengua cálida y
húmeda dibujaba el contorno de sus ojos y boca. Luego bajó por su cuello, muy
despacio sin apenas hacerse notar, pero haciéndole sentir mil sensaciones
diferentes, mordisqueó sus pezones que se ofrecían como frutas maduras en un
banquete, bajaba por su vientre. Isabel levantaba los glúteos esperando ansiosa
la llegada de esa boca ardiente que se iba abriendo camino, introduciéndose en
su gruta del placer y mordisqueando su tesoro. Sentía el cosquilleo como si
miles de hormigas recorrieran su cuerpo con la única misión de causarle placer,
y lo lograban, ¡Vaya si lo lograban!...Su cuerpo se estremecía en un continuo
orgasmo que parecía no acabar nunca.
Cuando al fin se relajó, tras un inmenso suspiro, el hombre
acariciando con un dedo sus labios, se levantó de la cama y salió de la
habitación. Isabel se quedó sola, todavía sintiendo los latidos en su vientre,
sorprendida por lo que había pasado pero satisfecha como no lo había estado en
muchos años. Por lo visto a Rafa le sentaba bien el cambio, lo que no entendía
era porqué se había marchado luego.
Por la mañana se despertó tarde, la luz entraba por los
ventanales, pero el silencio que reinaba en la casa le hacía saber que estaba
sola.
Entró en la cocina desperezándose y sobre la mesa vio el
periódico, unas pastas y una nota de Rafa que decía: "Volveré a la hora de
comer, estoy con Santiago...Te quiero".
Pasó la mañana curioseando por la casa, y al acercarse a la
puerta trasera, llamaron su atención unas huellas marcadas en el suelo...como si
unos pies descalzos y mojados hubiesen andado por él. Eso confirmaba sus
sospechas, Rafa se había dado un baño nocturno en la playa antes de venir a su
cama.
A las dos llegó Rafa. Se le veía contento, pero no le comentó
nada de la noche anterior. Por eso fue ella quien tomó la palabra.
--- ¿Qué tal anoche, lo pasaste bien?---
---Perdona, pero es que estaba molido, siento mucho haberme
dormido. Seguro que hoy estaré mejor---
¿Dormido? Pensó Isabel.... ¡En años, había estado tan
despierto como anoche! Pero le dejó que creyese que la engañaba, que lo había
soñado. Así era más morboso, esperaría a ver que pasaba esa noche.
Y llegó la noche. Cenaron ligeramente y se sentaron a ver una
película de la televisión. Rafa, enseguida dio síntomas de tener sueño y se fue
a dormir. Ella excitada volvió a la habitación de la noche anterior. Estaba
ansiosa recordando los detalles de su encuentro amoroso, y se humedecía solo de
pensarlo. Pasaban los minutos y Rafa no venía....Vaya...por lo visto esa noche
se había dormido de verdad. Ella estaba demasiado excitada para conciliar el
sueño, necesitaba desahogarse. Introdujo los dedos en su boca, el simple roce en
el paladar, en la lengua... la ponía a mil, su boca era muy sensible y era capaz
de tener un orgasmo aunque solamente se acariciara en ella. Luego bajó por su
cuello, su piel ya estaba lo suficiente sensible para que todo su cuerpo se
estremeciera, sentía un ardor de ansiedad en el sexo y hasta allí acercó su
mano. Pudo comprobar que estaba empapada y sus dedos chapotearon traviesos en su
cuevita.
Oyó un ruido y quedó expectante, si, una puerta se había
abierto. Seguro que era Rafa con su jueguecito de la noche anterior. Vale, pues
si el quería jugar, le seguiría el juego... pensó.... Se abrió la puerta de la
habitación y enseguida sintió el cuerpo a su lado. Frío, húmedo y con el
característico olor a agua de mar. Rafe había cogido por costumbre lo del baño
nocturno. Como la noche anterior dejó que la atase. Cada vez estaba más excitada
incluso el simple roce de los pañuelos le producía una descarga eléctrica, que
se extendía por todo su sistema nervioso. Volvió a sentir la húmeda lengua,
recorrer su cuerpo y apoderarse de su sexo en el mismo momento que las
contracciones de un orgasmo loco dejaban su cuerpo vibrante como las cuerdas de
una guitarra, sorbiendo de sus jugos que se desbordaban aparatosamente entre sus
piernas, sus gemidos atravesaron puertas y paredes y al fin todo estalló
dejándola relajada y sin fuerzas.
Pensaba que la volvería a abandonar como la noche anterior,
pero esta vez notó el roce de su pene en la cara y el característico olor a
macho excitado llenó sus fosas nasales. Isabel movió la cara intentando coger el
sexo entre sus labios, y lo encontró rápidamente, estaba caliente, húmedo y
grueso, muy grueso Rafa tenía una excitación de mil demonios, porque ella no
recordaba haber sentido jamás su boca tan llena, estaba saladito, apetitoso, se
mezclaba el sabor del mar con el suyo propio y la combinación era explosiva.
Isabel disfrutó como nunca, sorbía, chupaba, pasaba la lengua a lo largo del
tronco. La excitación de Rafa era impresionante, se le oía gemir por lo bajo,
pero metido en su papel de hombre misterioso, no le decía las cositas tiernas
que el acostumbraba cuando hacían el amor.
Pero ni falta que le hacían, la estaba volviendo loca con sus
caricias y ella le correspondía de la única forma que podía, porque al estar
atada solo podía usar la boca para darle placer. Y seguro que lo conseguía, sus
gemidos cada vez eran más fuertes y los latidos de su miembro en la boca
anunciaban la inminente explosión. Sacó la polla de la boca justo a tiempo y
sintió el cálido chorro de semen bañar su rostro.
Rafa se tumbó a su lado y acercó el rostro a su pecho. Fue
entonces cuando lo notó......... y un escalofrío recorrió su espalda.....Se
quedó quieta, casi sin respirar de la sorpresa.( No se había dado cuenta hasta
ahora, pero sentía en su piel el cosquilleo de una barba) El hombre al sentir su
envaramiento se levantó y salió de la habitación dejándola aún atada.
Temblando todavía, se agito hasta conseguir desatarse,
encendió la luz, y reparó en las pisadas húmedas marcadas en el suelo, las
siguió y vio que salían por la puerta trasera de la vivienda. Abrió la
habitación donde descansaba su marido, y roncaba que daba gusto oírlo. Se quedó
pensativa......Ella no creía en fantasmas, pero empezaba a creer que había
follado con uno de ellos. Ya no se sintió capaz de volver a la habitación, se
tumbó en el sofá y estuvo pensativa durante horas hasta que el cansancio y el
sueño la rindieron.
A la mañana siguiente al despertarse, estaba nuevamente sola.
Su marido había cogido por costumbre reunirse con Santiago todas las mañanas. En
el pueblo había una especie de Casino, o local de reunión donde los hombres
solían encontrarse, y en Agosto, al estar casi todos de vacaciones la tertulia
era diaria.
Isabel necesitaba contar su experiencia a alguien, y pensó
que Aura la podría aconsejar. Se vistió y se acercó a casa de su amiga. La
encontró en el jardín, ella también estaba sola pues su esposo como la mayoría
de los que disfrutaban de las vacaciones estaba en el casino, y sus padres
habían salido temprano de excursión. Cuando Isabel comenzó a explicarle la
historia, Aura creía que bromeaba. Ninguna mujer del pueblo había estado dos
noches seguidas con el fantasma, y ninguna había conseguido sentir su cara, ni
el vello de su barba, todas explicaban versiones diferentes, pero en una cosa
todas estaban de acuerdo. El era lo suficiente experto, como para hacerlas gozar
sin que ellas le tocasen en ningún momento. Su lengua era mágica, y sus manos,
autenticas herramientas de dar placer, y su aparato.....Ufffffff... en sus
medidas tampoco se ponían de acuerdo, las versiones eran muy dispares, pero
todas aseguraban que era impresionante y las hacía sentir satisfechas y
saciadas.
Estaban en el jardín, tumbadas al sol Aura miraba a
Isabel....
---No me extraña que repitiera, te tiene a mano y eres muy
bonita---
---Si quieres que te sea sincera, no siento miedo---dijo
Isabel---al contrario, me excito solo de pensarlo---
--- ¿Qué vas a hacer esta noche?---
---Esperarlo, necesito sexo y Rafa no está por el
asunto.....jajajaja, ¿eso no es ser infiel verdad? Si tu amante no esta vivo, no
se puede decir que sea infidelidad----
---jajajaja, pues tienes razón, ¿Se lo vas a contar a
Rafa?---
--- ¿QUÉ DICES? ¡NI SOÑARLO! Déjalo que duerma, si él tiene
sueño, a mi no me puede prohibir soñar. No le cuentes esto a nadie, pero creo
que si el fantasma vuelve esta noche, yo voy a seguir disfrutando---
Isabel volvió a casa y mientras se guisaba la comida, entró
en la habitación a observar el retrato que estaba sobre la cómoda. Le parecía
imposible que algo así le estuviese pasando a ella, pero no era la única, muchas
mujeres del pueblo aseguraban haber pasado por la misma experiencia.
Puso la mesa, y cuando Rafa llegó todo estaba preparado.
Mientras comían se entretuvo en observar a su marido. Decía que estaba muy
cansado pero a ella le parecía que el ambiente del pueblo le gustaba y le
relajaba, solo llevaban dos días y se le veía risueño. Hasta le había subido una
rosa que cortó del jardín. Pero de sexo nada, ella empezaba a pensar que quizás
Rafa tuviese algún problema y no se atreviese a contárselo.... Pero bueno....en
estos momentos ella estaba supersatisfecha y no podía pensar en otra cosa que en
la llegada de la noche. Ahora estaría más atenta y sabría de cierto si su amante
era un fantasma.
Isabel y Rafa pasaron la tarde juntos, vieron la tele,
pasearon por el jardín, incluso, sentados en la fresca y perfumada pérgola,
jugaron una partida de ajedrez a la que Rafa era tan aficionado. En fin, una
tarde memorable, perfecta, solo que al volver al piso, Rafa se quejó de un
fuerte dolor de cabeza y sin cenar siquiera se fue a dormir.
Esa noche, a Isabel no le importaba que su marido la dejase
sola, estaba ansiosa por sentir en su cuerpo las fantasmales manos de Xulio,
solo de pensarlo ya se humedecía y con un libro bajo el brazo, entró en la
habitación. Esa noche no pensaba dejarse atar, quería tocarlo, pasar las manos
por todo su cuerpo y descubrir si su apasionado amante era real o efectivamente
era un ser fantasmagórico venido del "más allá" para satisfacer sus deseos
sexuales.
Recostada sobre varios almohadones, comenzó a leer el libro
que había cogido al azar "Castillos de cartón" era un libro de la escritora
Almudena Grandes, en el se tocaba el tema de los tríos, eran tres amigos, dos
chicos y una chica, que en su juventud formaban un trío en el que unos
compensaban las carencias de los otros, y ella pensó que sería divertido que
Rafa se despertase y se uniese a la fiesta. Entretenida con el libro, no se dio
cuenta de que las horas iban pasando, y el libro cayó de sus manos al quedar
profundamente dormida.
Se despertó sintiendo un cuerpo húmedo que la abrazaba, el
acostumbrado olor a mar, que ya se estaba haciendo habitual en sus encuentros
amorosos y que tanto la excitaba. Recordaba perfectamente haberse acostado
vestida con su camisón, pero sentía el cuerpo totalmente pegado al suyo...
¡estaba desnuda! ¿Como podía ser que no se hubiese dado cuenta? Quiso mover sus
manos para tocar a la persona que la estaba acariciando, y se dio cuenta que
estaba nuevamente atada a la cama
--- ¿quién eres? Le preguntó---
Por respuesta solo obtuvo silencio, sintió el cuerpo húmedo
que se deslizaba hasta su sexo, y la boca ávida que sorbía de sus abundantes
jugos. Ella era curiosa y siguió insistiendo para saber quien era su experto
amante, pero entonces sintió el hormigueo recorrer su espalda, sus músculos
tensarse y todo su sistema nervioso a punto de explotar en un orgasmo brutal. Se
olvidó de su marido, de que estaba atada, de su fantasma...Se olvidó de todo...
porque lo único que podía hacer era sentir, gozar como una loca de todas las
sensaciones que disfrutaba en su cuerpo, muchas conocidas, pero otras las
experimentaba por primera vez, era feliz y se sentía incapaz de parar a su
fantasmal amante. Como las noches anteriores, cuando estuvo saciada, su
visitante nocturno la abandonó y ella continuó con su sueño relajado y feliz.
Fueron pasando los días y salvo por una tarde que Rafa había
bebido un poquito y acabaron haciendo el amor, todo seguía igual. El era feliz,
se notaba. Por lo visto para él el sexo no era necesario, pero Isabel no podía
vivir sin él, lo necesitaba, y como ahora estaba satisfecha la relación entre
ambos era más agradable. Cada noche el fantasma visitaba a Isabel y cada noche
los encuentros eran más tórridos y gratificantes.
Una tarde estaban sentados bajo la fresca pérgola, cuando
vieron llegar a sus amigos...
--- ¡Sorpresa!--- dijo Santiago, mientras sacudía unas
llaves en el aire---Vuestro piso ya esta listo, mañana mismo os podréis
instalar----
---Ya era hora, --- contestó Rafa sonriente---- aunque
ya empezaba a sentirme a gusto en esta casa... ¿y tú cariño? Dijo tomando a
Isabel por la mano---
Isabel se había quedado blanca. ¿Instalarse? ¿Cambiarse de
casa? ¿Pero de que hablaba? ¡¡¡Ni soñarlo! ella estaba muy bien aquí y no quería
otra casa, hablaría con quien fuese pero ella quería seguir viviendo en La
Casona. Su protesta tan excitada sorprendió a los hombres, pero Aura, que estaba
en el secreto le sonrió comprensiva y dijo…
---Lo se, yo tampoco quisiera mudarme si viviese en una casa
tan agradable---
---No creo que pueda ser---dijo Santiago---este piso
nunca se alquila, con vosotros se hizo una excepción dadas las circunstancias,
pero el piso es del pueblo, y para "uso y disfrute del pueblo" se tendría que
convocar una reunión con las diferentes entidades.
---Lo intentaremos---dijo Rafa---
Habían pasado tres días, cada noche Isabel gozaba de su
fantasma como si fuese la última noche, las negociaciones no iban por buen
camino. Por más que lo habían intentado, el ayuntamiento se negaba a alquilar
"La Casona" indefinidamente. La casa del maestro ya estaba lista y ellos
tendrían que instalarse al final de la semana, o sea, en dos días. Isabel estaba
recogiendo las cosas, se encontraba desasosegada, hacía años que
no sentía el placer de estos últimos días, se sentía otra vez
como cuando tenía veinte años, como cuando al principio de casados, Rafa
complacía todas sus fantasías. Su fantasma la hacía gozar como una loca ¿Cómo se
las iba a arreglar sin él?
Tenía la maleta sobre la cama y pieza por pieza, con desgana,
iba sacando la ropa de los armarios y colocándola cuidadosamente. Al sacar las
camisas del cajón, un sobre marrón, bastante grande cayó al suelo, lo recogió y
lo puso en la maleta, tal como estaba, entre las camisas. De momento no le
prestó más atención, continuó guardando la ropa y una vez hubo acabado cerró la
maleta y la puso al lado de la puerta para que Rafa la retirase.
Solamente quedaba recoger el despacho. Rafa se había ocupado
de casi todo, encima de la mesa había una caja aún por cerrar, dentro estaban
los expedientes de los alumnos que durante esos días Rafa había estudiado
detalladamente, veinte y tres sobres, grandes, marrones, todos iguales y del
mismo tamaño y color que el sobre que ella había guardado en la maleta.
--- ¡Vaya!--- Seguramente lo llevó a la cama para estudiarlo,
y allí se quedó---pensó ---Lo mejor sería ponerlo con los demás antes de que se
perdiese.
Volvió a abrir la maleta y buscó entre las camisas, si, allí
estaba, pero ahora mirándolo detenidamente no parecía igual, los otros tenían el
membrete del colegio y este, estaba en blanco. Ya picada su curiosidad se
decidió a abrirlo, levantó la lengüeta y contra todo pronostico, dentro no había
papeles. No lo entendía, ¿Qué harían esos cabellos dentro de un sobre? Los sacó,
y como si una luz se hubiese encendido en su cerebro, de pronto lo entendió
todo. Colocó con cuidado el montón de pelos sobre la cama y no se sorprendió al
ver la perfecta forma de una barba corta y negra.
Las piernas no la aguantaban, tomó asiento en la silla que
había junto a la cama y sin quitar la vista de la barba, esperó paciente la
llegada de su marido.
Rafa había pasado toda la mañana hablando con su amigo.
Estaba preocupado por como reaccionaría Isabel cuando se lo contase todo, pero
tenía que hacerlo, de nada sirvieron los argumentos de su amigo, lo primero era
su matrimonio. Santiago fue quién le dio la idea, cuando le explicó la historia
de "La Casona" y lo que solían hacer los hombres del pueblo para satisfacer a
sus mujeres, Santiago le había dicho que las mujeres del pueblo estaban locas
por pasar una noche con el fantasma, y los hombres cada año se disfrazaban para
complacerlas. Ellas no lo sabían, ese era el secreto mejor guardado del pueblo,
solo los interesados cuando su pareja ganaba el concurso, solo en ese momento
preciso se enteraban y le obligaban a hacer un juramento de que nunca, bajo
ningún pretexto lo contarían a nadie. Rafa pensó que Isabel necesitaba un gran
estimulo para recuperar el deseo sexual, él no creía en fantasmas, pero si hacía
falta se convertiría en uno si así era capaz de satisfacer una fantasía de su
mujer, quizás así podría recuperar a la ardiente Isabel de los primeros años.
La idea era asumir el papel un par de días, pero… ¡Era tan
morboso! Veía a Isabel disfrutar tanto, y él gozaba tanto al verla así, loquita
y apasionada como nunca.
Había perdido la oportunidad y ahora no sabía como decírselo.
Seguro que Isabel lo abandonaría al conocer su engaño.
Ensimismado con sus pensamientos, casi sin darse cuenta había
llegado a casa. Todo estaba en silencio y la mesa no estaba puesta.
--- ¡Isabel!--- llamó mientras la buscaba por las
habitaciones, ---
Silencio, solo el silencio parecía ocupar la casa, preocupado
entró en la habitación… Allí estaba, sentada, la mirada perdida y sobre la cama,
como si se riese de él, la barba, bien colocada como si se hubiese entretenido
en peinar cada uno de sus pelos para que quedase perfecta. Isabel le oyó entrar
y en un susurro le dijo.
---Me has engañado, te has burlado de mí---
---No mi amor, solo quería que fueses feliz, quería recuperar
a mi chica apasionada---
--- ¿Cómo has podido hacerme esto? Lloraba mansamente
Isabel---
---Mi vida, déjame que te explique—dijo Rafa
abrazándola---
Y así, abrazados, le fue explicando la verdadera historia de
Xulio, el famoso fantasma del pueblo. Poco a poco ella se iba calmando, en el
fondo pensaba que era un alivio saber que no perdería a su amante apasionado,
que lo tendría para siempre además no era ella sola la engañada, todas las
mujeres del pueblo lo estaban y no sería ella quien lo descubriese todo…..
¡Claro que no! Sabía que todas la envidiaban y le gustaba esa sensación, en el
mercado la miraban de reojo, nadie como ella había disfrutado casi un mes del
fantasma. No, ella no contaría nada, dejaría que cada año Xulio se reencarnase
en cualquiera de los hombres del pueblo para hacer feliz a sus parejas y
conociendo el secreto ella lo disfrutaría doblemente. Se apartó de su marido que
continuaba abrazándola.
---Bueno, pero por las noches te pondrás la barba----
---Si mi vida, me pondré la barba, me la dejare crecer si tu
quieres y hasta me la teñiré de negro, todo con tal de recuperar a mi chica
fogosa, todo por seguir viviendo esta fantasía que tan felices nos ha hecho---
Se abrazaron y casi sin darse cuenta comenzaron los juegos
amorosos, ahora a la luz del día, sin fantasmas ni barba, solo ellos dos
amándose con la pasión que habían recuperado por medio de un engaño, pero que
ambos procurarían no volver a perder nunca.