EL AMANTE
La sorpresa no fue poca, cuando sin pocas vueltas, me dijiste
que quería que fuera tu amante. En principio dudé un poco, vos sos una mujer
casada de varios años, y sin deseos de separarte o divorciarte, y sin embargo me
habías elegido para que lo fuera.
Grato por cierto, y a pesar que no te conocía demasiado, solo
una líneas por mail o por el chat, nos unió inesperadamente, y estabamos frente
a frente, conociéndonos físicamente. No se si fue casualidad, las vueltas de la
vida o quizás el destino, pero la cuestión que estabamos ahí, estudiándonos,
como dos boxeadores, en el primer round, disputándose algún título. Vos
nerviosa, yo sin saber que hacer, pero en fin, los primeros momentos pasaron, y
se fueron haciendo más armoniosas las palabras y los sentimientos fueron
fluyendo, hasta alcanzar un acercamiento tal, que pudimos conectar también
nuestra piel y nuestros labios con los deseos.
Pero todo quedó allí por el momento, pero la mecha ya estaba
encendida, era solo esperar que la manzana cayera, ya madura. Y no pasó mucho
tiempo, nos volvimos a encontrar, esta vez, botella de champagne de por medio, y
unos deseos locos de fusionarnos, que se trasmitía a través de nuestras miradas
y nuestros cuerpos que saltaban de alegría.
El desenlance fue maravilloso, no alcanzamos a terminar una
copa, cuando ya estabamos entrelazados, besándonos apasionadamente, y todo
corriendo a cien mil pulsaciones por minuto, queriendo disfrutar al máximo esa
porción de tiempo que nos regalaba la vida, quizás más por pasión que por amor,
por deseos contenidos de tener una relación sexual al máximo y profunda, sin
pensar en nada más, solamente sometiéndonos a los más maravillosos deseos de
poder hacer el amor sin prejuicios o tabúes.
Que maravillosa es la vida cuando se la puede vivir con la
intensidad plena de esos momentos juntos, ensamblados en una sola pieza,
confundidos en un abrazo estrecho, y gozando de una relación, que te hizo sentir
viva nuevamente, y a mi lleno de alegría, por el hecho de compartir un momento
tan grato en tu compañía.
Ojalá se vuelva a repetir....y porque no....si vos ya me le
elegiste, tu amante, y no solo por un día.
EL AMANTE II
Volviste como siempre tan sexy y decidida, quizás con mas
confianza y audacia, porque era el que vos querías. Al principio dudabas y no
encontrabas el lugar adecuado, pero a medida que fueron pasando los encuentros,
tu posición era mas firme y atrevida.
Te desnudaste lentamente, mientras yo te observaba, poco a
poco tus prendas iban cayendo al piso, sin querer que te tocara, te gustaba que
te contemple, tan maravillosa y excitante. Tus prendas íntimas dejaban
sobresalir todo aquello que impactaba en mi mirada, no podía dejar de mirarte y
detenerme en cada una de tus bellezas naturales, tu largo pelo lacio, tu mirada
cómplice, tu sonrisa fatal, tu boca carnosa deseándome, un cuello sensual, tus
senos milagrosos, cual dos bellos pomelos redondeados y firmes, tratando de
saltar de tu corpiño breve. Mas abajo, tu cintura de avispa se abría en unas
caderas anchas, que se complementaba con unas nalgas redondeadas y firmes que
muy gustoso deseaba meter mi lengua entre ellas para deleitarme mientras
gemirías de gozo. Y que decir de tu pubis, apenas tapadito por un triangulo
breve de tu tanguita de hilo dental, que apenas te cubría tu conchita divina,
dejando sobresalir un plumerito de pelos recortados que me hacían excitar
pensando en el coñito afeitado, al cual devoraría con mis labios en un beso
vaginal interminable. Y que decir de sus piernas, como dos columnas estaban
frente a mi, probocándome, esperando la caricia que haría deleitar todo su
cuerpo.
Poco a poco nos fuimos acercando, disfrutando visualmente
nuestros cuerpos desnudos, nuestras prendas íntimas fueron dejando nuestros
cuerpos sin darnos cuenta, en un sinfín de caricias, abrazos y besos.
Y allí estabas, hermosa y resplandeciente, esperando con
ansias el jugueteo amoroso de besos indecentes, de penetraciones placenteras, de
lamidas apasionantes, hasta llegar al clímax. Tu vulva hinchada deseaba cada vez
mas mis labios y mi lengua, mientras tu culo dilatado y dispuesto deseaba el
dedo mágico que estuviera adentro para gozar plenamente, en un sinfín de
orgasmos sinfónicos y electrizantes.
Hicimos el amor por varias horas, hasta que las primeras
luces del amanecer nos despertó embriagados de lujuria, en un abrazo sin fin de
amores sin respiro.