Noté que sus manos bajaban despacio por mi espalda hasta mis
nalgas desnudas. Sus finos dedos me cosquillearon suavemente la piel, y comenzó
a apretarme contra ella al tiempo que separaba más los muslos. Seguí empujando
con fuerza mi verga dentro de su delicioso chumino. Poco a poco se fue hundiendo
en su húmedo calor hasta algo más de la mitad. Resopló suavemente y detuvo la
presión. También yo me quedé quieto, aunque seguí lamiéndole toda la carne
desnuda que tenía al alcance de mi boca.
-- Sí... claro.
-- Sí... sí... cariño mío... más... más.
Cuando menos me esperaba noté que su vagina comenzaba a
palpitar al mismo tiempo que mi verga. Su respiración se hizo más agitada y la
presión de sus manos sobre mis nalgas más violenta. Poco a poco mi verga fue
hundiéndose en su adorable coñito, que tragó toda la tranca hasta la gruesa
raíz. La sentí suspirar, me mordía suavemente los labios y comprendí que estaba
disfrutándolo tanto o más que yo. Creo que se deleitaba en estarse quieta, con
ella dentro, acariciándola con los músculos de su vagina y deleitándome a mí con
sus contracciones, palpándola entera con las terminaciones nerviosas de su
fabulosa vagina.
Ahora pienso que ella tan sólo tenía veinte años y por muchos
prejuicios morales que tuviera, su cuerpo tenía las mismas necesidades
fisiológicas que todas las mujeres normales y sanamente constituidas tienen a su
edad, y no tardé en darme cuenta de que mi inocente treta no la había engañado
ni por un momento. Quería ser engañada y se dejó engatusar.
-- En nuestro caso no. Si no lo decimos ¿ quien lo sabrá?
-- Por ejemplo Elisa, o Megan o cualquier otra. Siempre están
fisgando.
-- Papá tenía rigurosamente prohibido entrar en esta parte de
la casa por la noche - me hubiera mordido la lengua por idiota.
No se dio cuenta de mi desliz, o si se dio cuenta lo pasó por
alto pensando en que tenía a su disposición una gran verga que podía hacerla
gozar sin preñarla. Sin embargo, dijo:
-- Pero Megan no lo tiene prohibido y no voy a prohibírselo
ahora porque sería peor. Además, cualquier descuido por tu parte... ¿ comprendes
lo que quiero decir?
--¿ Me crees tonto?
-- No, sé que eres muy inteligente, Megan está convencida de
que eres un genio, cariño mío, pero no dejas de ser un niño - y me besó de nuevo
con toda la boca abierta mientras mi verga palpitaba en su coño con violencia.
Hablábamos en susurros, uno al oído del otro, como si
temiéramos ser escuchados por alguien, cuando en realidad estábamos al final del
pasillo y a más de treinta metros de la habitación de Megan.
-- Además, si cerramos con llave tendrían que abrir la puerta
con un hacha ¿ crees tú que Megan haría eso? - pregunté con voz triunfal.
Aquello pareció ser definitivo.
--¿ Tienes ganas de hacerlo otra vez? - preguntó en un
susurro.
-- Unas ganas locas. No la sacaría ni para hacer la mili. Te
estaría jodiendo hasta reventar.
Sofocó la carcajada sobre mis labios, para decirme:
-- No digas esas palabras tan feas, cariño mío. Son
horribles.
--¿ Que quieres que diga?
-- Pues... no sé, que te gusta hacerme el amor siempre, por
ejemplo.
-- Eso, follaremos toda la noche.
-- Eres un inocente, Toni, no podrás aguantarlo. Además, yo
tampoco puedo ¿ Por qué no lo dejamos por hoy?
<<Si podré aguantarlo a no ya lo veremos - pensé para mí
coleto - tu déjame tenerla dentro, que para sacarla tendrás que llamar una grúa.
>>
-- ¿Es que ya no quieres correrte más? – pregunté sacándosela
y metiéndosela despacio.
-- Lo hacemos una vez más ¿ di que si, anda? - dije ansioso,
y la besé en la boca, separándole los labios para meterla la lengua hasta la
garganta.
Abrió los ojos y vi la risa en ellos, me la chupó mientras
contraía su vagina sobre el duro barrote que la penetraba hasta el útero, sabía
que era el cuello del útero al final de la vagina, pues notaba su pico en la
punta de la polla.
-- Bueno, como tu quieras - suspiró cuando le lamí los labios
chupándoselos como un caramelo.
Su vagina empezaba a latir de nuevo. Tenía los ojos
entornados y me miró con media sonrisa. La besé abriéndole la boca con la lengua
y se la volví a meter hasta la garganta. Pareció temblar mientras me la chupaba
con ansia.
De nuevo llegamos al orgasmo casi al mismo tiempo, y de nuevo
sentí su leche derramándose deliciosamente sobre mí congestionado capullo. Sin
poder contenerme comenté:
-- Déjame chuparte el coño, Nere, por favor, déjame que te lo
chupe, anda.
-- No seas guarro, Toni, estoy...
-- Quiero tragarme tu leche, quiero tragarla toda, anda,
déjame.
-- Pero ¿ tú estás loco, qué clase de guarradas son esas? ¿
Quieres morirte, o qué? Que no, te he dicho.
Comenzó a quejarse de que le dolía la espalda. Se la saqué y
me miró la erección con cara de asombro. Pero me deslicé tan rápido que no le di
tiempo a reaccionar, y puse mi boca sobre su sexo rezumante aspirando toda la
leche de su orgasmo y tragándomela enfebrecido de deseo. Tenía el sabor de la
mantequilla salada un poco amarga y era casi tan espesa. Quiso apartarme, pero
no hizo mucha fuerza para lograrlo, de modo que la aspiré toda la de su vagina
hasta que no salió más. Gimió de placer al chuparle el clítoris con fuerza y
acariciarle su dura carne con la lengua. Respingó cuando la caricia se hizo más
violenta, adelantando el coñito, separando los muslos en compás para que pudiera
chuparla a placer. Se corrió aún más rápidamente que antes aferrada a mi cabeza,
hundiéndome toda la cara en su abierta vulva, húmeda y caliente. Paladeé de
nuevo todo su licor espeso y tibio, y esta vez fue tan abundante, que casi me
llenó la boca. Estaba tan excitado que le hubiera comido el coño a pedazos, la
mordí demasiado fuerte en los gordezuelos labios de la vulva, lo que la hizo
gritar.
-- Eres un guarro y, además, me has hecho daño, bruto - se
quejó y volví a meterle la lengua en la boca para calmarla poniendo en la suya
el sabor de su leche mientras le metía la polla hasta la raíz.
-- Pero te gustó, porque te has corrido más que antes. Tu
leche sabe a mantequilla.
-- No sabía yo que... ¿ Sabes que eres un guarro, cariño?
-- Pero ¡ Si tu sexo es más sabroso que las almejas de
Carril, Nere! - exclamé con sinceridad.
--¿Aún te duele? - preguntó, sonriendo ante mi exclamación.
-- Muy poco y me dolerá menos cuando follemos cuatro o cinco
veces más - respondí poniendo otra vez en su boca el sabor de su sexo.
--¡Jesús que ardor! ¿ Tanto te gusta? - contrajo varias veces
la vagina sobre mi verga mientras me miraba sonriendo.
-- Ya te lo he dicho, tanto que pienso chuparte el coño hasta
que no tengas más leche dentro.
--¿ Pero por qué tienes que decir esas palabrotas?
--¿Y como tengo que decirlo?
-- No sé, pero... con más elegancia, digo yo.
-- Bueno, pues te chuparé el sexo hasta que te quedes seca ¿
te gusta más así? - pregunté comenzando un pequeño vaivén de mete y saca.
-- No comprendo como puedes tener ganas todavía.
-- Porque yo te quiero muchísimo, y, además, eres tan hermosa
y estás tan buena, que sólo de pensar que la tengo dentro de tu hermoso coño me
enloquece.
Movió la cabeza con resignación antes de comentar:
-- No tienes remedio, vida mía.
--¿Por estar enamorado de ti?
--Pero, ¿Qué dices? -- exclamó mirándome entre asombrada y
regocijada - ¿ Desde cuando, cariño?
-- Desde que te vi la primera vez... - estuve a punto de
delatarme pero rectifiqué a tiempo - creo que desde que abrí los ojos por
primera vez.
--¡Eres un zalamero, Toni! ¿ Lo sabías? Todo esto de la
visión y del dolor te lo has montado tú para acostarte conmigo. Dime la verdad,
no me enfadaré, te lo juro.
Me miraba fijamente a los ojos y yo sonreí guiñándole un ojo.
Tuve que quitársela porque deseaba levantarse.
-- Lo sabía, eres un granuja, un guapísimo granuja - y me
besó con toda la boca abierta aspirándome el aliento y supe que podría follarla
cuanto quisiera.
--¿Sabes en lo que estoy pensando? - pregunté mientras ella
se sentaba el borde de la cama, para ponerse el camisón
-- No sé, dímelo - dijo, sonriendo mientras cubría la
escultura de su cuerpo maravilloso.
-- Pues pienso casarme contigo cuando sea mayor.
Se tapó la boca con las manos para sofocar las carcajadas y
se inclinó para besarme mientras yo aprovechaba para estrujarle el precioso y
húmedo chumino sin que protestara. Luego, me apartó la mano y se fue al baño. De
nuevo, corrió el agua del bidé. Seguía empalmado como un caballo ante una yegua
en celo. Cuándo volvió se quitó el camisón, acostándose a mi lado.
Monté sobre su cuerpo soberano con mi verga apoyada en su
delicioso chumino. Se la metí poco a poco mientras ella zureaba como una paloma
ante el goce de la penetración. Me detuve con la mitad de la verga dentro de
ella. Comentó risueña siguiendo la conversación en donde la habíamos dejado:
-- No podemos casarnos, somos hermanos, tonto. Pero es muy
halagador que me lo digas.
-- Tu no quieres casarte conmigo, Nere ¿ verdad? No me
quieres como yo a ti.
-- Nunca podrás quererme como yo te quiero, canallita mío -
susurró mimosa adelantando hacia mí sus caderas.
-- Pero no te casarás conmigo.
-- Lo haría, si pudiera. Eres el chico más guapo que he visto
en toda mi vida - y después de una pausa y varias contracciones de su vagina
comentó muy seria - demasiado guapo, sí, demasiado guapo.
-- Eso me lo dicen todas, pero yo no quiero casarme con
todas, sino contigo - dije hundiéndole de un empujón la polla hasta la raíz - tú
no te casarías conmigo ¿ verdad?
-- Antes de que seas mayor te habrás cansado de mí y me
dejarás por otra, cariño mío - musitó besándome suavemente.
-- Eso no ocurrirá nunca, Nere.
De nuevo sentí las contracciones de su vagina sobre mi dura
barra cada vez más rápidas, su precioso culo se movía suavemente, sacando y
metiendo en su coño el gran mástil que la penetraba.
-- Empiezo a correrme, Nere... ya me viene
-- A mí también, cariño, pero espera un poco y métela hasta
el fondo. Así, no te muevas, ahora me vendrá, ya, ya, córrete ahora, vida
míaaaaaaaa
Su leche inundó de placer mi capullo y me corrí con ella
salvajemente. Nos besábamos como locos. Le chupé los duros pezones amasando sus
preciosas tetas con las manos mientras mi verga palpitaba una y otra vez al
compás de las contracciones de su vagina. Se quedó desmadejada sobre la cama. Se
había corrido tres veces abundantemente. De nuevo metí la cabeza entre sus
muslos sin que esta vez protestara.
Era tan agradable que deseaba metérmelo todo en la boca. Se
estremecía cada vez que pasaba mi lengua sobre el botoncito de carne dura. Lo
sorbí con los labios, acariciándolo con la lengua. Inmediatamente sus muslos se
cerraron sobre mis mejillas y sentí sus dedos engarfiándose en mis cabellos.
Me apretaba la cabeza contra su sexo y yo chupaba el botón y
lo acariciaba cada vez a mayor velocidad, mientras mis manos amasaban sus tetas.
Cuando su carne trémula vibró de nuevo bajo mi caricia, jadeaba y gemía
adelantando su coño hacia mi boca, noté que su vientre palpitaba violentamente.
Sentí en la lengua el primer chorro de esperma y abrí la boca para sorberlo
aspirando con fuerza hasta conseguir todo el licor de sus entrañas. Al
deslizarse por el húmedo canal hasta mi boca, su cuerpo se convulsionó y la oí
sollozar de placer. De nuevo me lo tragué todo y todo el que pude aspirar, que
no fue poco. Seguí lamiéndola sintiendo como aleteaba su sexo sobre mi lengua.
Sólo cuando dejó de aletear, que tardó un buen rato, me arrastró encima de ella
para que se la metiera otra vez hasta la raíz.
Me besó, mirándome fijamente y debió de notar en sus labios
el sabor de su leche, porque se pasó disimuladamente la lengua antes de
preguntar:
--¿Quién te ha enseñado a hacer esto?
-- El libro - contesté sin mentir.
-- Dime la verdad ¿ quién te ha enseñado?
-- Es la verdad, Nere, te lo juro, el libro lo explica todo.
--¿Cómo se titula?
-- Corrida de Coños - era la verdad.
--¡Madre mía, menudo título! Válgame Dios. En fin, qué le
vamos a hacer, la culpa no es tuya, si no de quien los dejó allí.
-- Si no fuera por los libros, no sabría hacerte disfrutar
tanto.
-- Supongo que sí. Si le explicas a alguien lo de esta noche,
nunca más volverás a verme porque me encarcelarán por incesto. Porque esto es un
incesto ¿ comprendes bien lo que te digo, cariño mío?
-- Claro, vida mía, lo entiendo muy bien.
--¿Sabes lo que es un incesto?
-- Según el diccionario es el comercio carnal entre
familiares de primer grado. Pero eso a mi no me importa. Lo que a mí me importa,
Nere, es metértelo en el coño cuanto más tiempo mejor.
-- No te lo tomes a broma, Toni, esto es muy serio.
Junté los dedos índices en cruz y los besé.
-- Te lo juro por esta, nadie lo sabrá jamás - dije muy
serio. Era lo que había visto hacer a Elisa cuando la acusaban de algo que no
había hecho.
Permanecimos, abrazos en silencio y sin movernos. Mi miembro
seguía palpitando incontrolable dentro de su caliente estuche. Lo notaba porque
me apretaba la verga todo lo que podía contrayendo los músculos de su vagina y
ordeñándome como se ordeña el tetón de una vaca. Y de pronto noté subiéndome por
las piernas y los muslos esa dulcísima corriente que me hizo estremecer encima
de su cuerpo. Eran oleadas de un incontrolable deleite cada vez más intenso.
Llegaron, por el interior de mis muslos hasta mí endurecido miembro, que saltó
como un muelle dentro de su coño.
-- Estás disfrutando otra vez. ¿Verdad?
-- Si... me corro... me corro, Nere... me corro... mi amor.
Sentí sus manos oprimiéndome las nalgas contra su sexo con
toda su fuerza mientras chupaba una de sus hermosas y duras tetas con todas mis
ansias. Me estremecía de gozo entre sus brazos y perdí la noción del tiempo. Me
desperté respirando a bocanadas y sintiendo las fuertes sacudidas de mi verga
dentro de su divino coño. Poco después ella me comentó al oído.
--¿Te ha gustado?
-- Ha sido maravilloso, Nere. No sé explicártelo, pero creo
que no hay nada más delicioso. Tu no has sentido nada ¿ verdad?
-- Te sentí y esta vez fue realmente prolongado. Disfrutaste
en seco, pero todo llegará algún día. Creí que te desmayabas. Y ahora se te
bajará la excitación y descansaremos.
-- Si tú lo dices...
-- Ya lo verás. Tardará un poco pero se bajará.
Permanecimos en silencio unos minutos. Hundido en su estrecho
y caliente nido mi excitado pájaro comenzó a latir de nuevo.
--¿Qué te pasa?
-- Me está volviendo otra vez.
--¡Madre mía! ¿Tan pronto? Pero si ya has disfruta cuatro
veces y yo otras tantas ¿ y aún quieres más? ¿ Cómo es posible? - pero en su voz
notaba la complacencia de que la deseara tan ardientemente.
No la dejé continuar porque la besé con toda mi fuerza,
apalancándome en sus hombros para hundir mi verga totalmente en su húmedo y
caliente coñito. Me miraba con los ojos entornados otra vez. Noté que empezaba a
mover las nalgas arriba y abajo, era casi un movimiento imperceptible pero que
me sacaba la verga hasta la mitad para volver a hundirlo profundamente con un
golpe seco. Noté en la raíz de mi verga el fuerte aleteo de su sexo sobre el mío
y de nuevo sentí en la punta del capullo la dulcísima caricia de su fuerte
orgasmo. Lo roció de leche tibia y espesa, mientras su sexo palpitaba contra mi
raíz cada vez con mayor fuerza. Su boca me aspiraba el aliento como una ventosa,
y su lengua se enroscaba en la mía con ansia loca. Mi placer, viéndola gozar de
forma tan salvaje y prolongada cuando yo ya había finalizado mi orgasmo, fue
mucho más intenso. Oyéndola gemir bajo el delirio del clímax, me puso la verga
más dura de lo que ya la tenía. Quedó, finalmente, desmadejada sobre la cama
susurrando:
-- Mi niño... mi niño... mi precioso niño... ha sido
delicioso.
Despertó de su orgasmo. Notó mi dureza y abrió los ojos como
platos.
-- Todavía quieres más... ¡No es posible! Yo no... no puedo
más, cariño.
-- Si puedes. No me cansaré nunca de estar dentro de ti.
Verte disfrutar y gemir mientras te estoy follando es lo que más me gusta.
-- Pero... ¿cómo puedes disfrutar tantas veces?
-- Porque te quiero mucho, Nere, muchísimo
-- Sabes una cosa, Toni, es la primera vez en mi vida que
tengo tantos orgasmos y no lo entiendo, también es la primera... bueno ya sabes.
-- No - dije intencionadamente - no sé.
-- Sí, cariño. Es la primera vez que... no te hagas el tonto,
caray.
-- Si no te explicas mejor... - mentí haciéndome el inocente.
-- Pues que es la primera vez que... practico el sexo oral.
--¿Y te gusta?
-- Si, pero sólo porque eres tú - y yo me sentí muy halagado,
aunque en el fondo, allá muy al fondo, una duda comenzó a germinar en mi cerebro
de la que no me di cuenta hasta mucho más adelante.
-- Pero esto ya te lo habían hecho ¿ verdad? - pregunté
sacando y metiendo la polla varias veces.
Me miró fugazmente para fijar la vista en el techo antes de
responder escuetamente:
-- Sí.
--¿Quién fue?
-- Era muy joven. Sólo tenía doce años.
-- Quien fue, Nere.
-- Eduardo.
-- Quien es Eduardo.
-- Un novio que tuve en La Habana.
Giró la cabeza para mirar el reloj de la mesita. Eran las
doce y media. Podemos seguir follando dos o tres horas más, le dije. Se rió,
metiéndome la lengua en la boca mientras me besaba.
-- Tenemos que dormir, si no mañana nos despertaremos
demasiado tarde y las criadas pueden sospechar algo y esto no puede saberlo
nadie ¿ comprendes?
-- Si lo comprendo, pero sólo una vez más, ¿ quieres?
-- Sí, tesoro, una vez más. No consigo entender como es
posible que sigas con la misma erección después de haber disfrutado tantas
veces. No lo entiendo.
-- Porque estás tan buena y cachonda que no puedo dejar de
follarte. Te quiero tanto, Nere, que me hace daño tanto quererte.
-- Mi niño bonito y precioso, pero que labia más fina te ha
dado Dios.
-- Sólo tengo ganas de hacerte el amor. Estaría dentro de ti
día y noche. ¿ Verdad que me dejarás follarte todas las noches?
-- Pero tendrás que ser muy precavido y hacer todo lo que yo
te diga sin protestar. Y no me aprietes tanto el sexo que me hace daño.
-- Perdona, ¿ te la meto otra vez?
Me miró y suspiró mientras se estiraba en la bañera. Me hizo
pasar las piernas por debajo de las suyas y me atrajo hacia ella dirigiendo mi
enhiesta lanza hasta la entrada de su vagina. Comenzó a entrar pero sólo logré
penetrarla hasta la mitad. Entonces deslizó el culo hacia mí, sosteniéndome por
las nalgas y me clavé en ella hasta la raíz. Jugué con sus preciosos globos
lamiendo los pezones de nuevo. Parecía tener en ellos tanta sensibilidad como en
el clítoris, pues se ponía cachonda nada más empezar a mamárselos. Tampoco yo
entendía que pudiera disfrutar tantas veces seguidas y tardé mucho tiempo en
entenderlo.
Dormíamos juntos todas las noches, esperando yo en mi
habitación durante una hora antes de irme a la habitación de mi hermana con el
fin de darle tiempo a Megan para que se durmiera. Jodíamos a placer noche tras
noche, incansablemente, amándonos cada día más. Estaba tan enamorado de Nere,
deseaba tan ardientemente su cuerpo desnudo, terso y suave como los pétalos de
las flores, que mi ansia de ella resultaba insaciable y creo que a ella le
pasaba lo mismo. Me acunaba, me acariciaba y se dejaba comer el coño sin
protestar ni una sola vez. Nunca desfallecía en mis ansias de follarla, pues me
bastaba hundir mi cabeza entre sus portentosos muslos, mordisquearle y lamerle
las ingles, chuparle los gordezuelos labios de la vulva y sorberle el clítoris,
tragarme la leche de sus orgasmos, para que mi verga estuviera siempre dispuesta
y berroqueña, y yo encantado de metérsela hasta la raíz.
Y así acabó el año, sintiéndome plenamente feliz por gozar
noche tras noche de la mujer con la que había soñado tanto tiempo. Al principio
creí que el licor orgásmico de Nere era para mí un poderoso afrodisíaco que me
mantenía ansioso de ella constantemente y me permitía disfrutarla horas y horas
sin cansarme, pero no, no era eso.