Regresaba con mi esposa de Santiago
después de haber pasado un día de trabajo, fue cuando mi
vehículo comenzó a presentarme síntomas de un fallo,
como se calentó mucho detuve la marcha y me dispuse a revisar el
vehículo, sin saber dónde buscar dentro de tantos cables
y mangueras, en eso va pasando un joven en una moto, me ve revisando el
vehículo con mi corbata y chaqueta y se detuvo para auxiliarme.
Era un hombre de unos 25 años,
moreno, y muy bien parecido, al parecer tenía ciertos conocimientos
de mecánica, pues después de una breve mirada me señaló
la correa del ventilador y me dijo que era ahí el problema. Me indicó
dónde comprarla y se ofreció a desmontarla y montarla por
lo que a mí me tocó ir a comprarla.
Después de quitarme mi corbata
y la chaqueta, le presenté a mi esposa que estaba dentro del jeep
para no solearse, le dije que el problema era simple y lo que había
coordinado con el aparecido mecánico, luego los dejé sólos.
Compré la correa y regresé,
cuando me aproximaba al jeep vi la puerta izquierda trasera abierta y el
mecánico medio oculto tras ella, me aproximé en silencio
y llegué justo al lado de la puerta.
Tendida boca arriba en el asiento
trasero estaba Jacqueline, mi esposa que así se llama, con la falda
remangada hasta la cintura con las piernas completamente abiertas y con
los ojos cerrados, en la parte baja de su cadera, justamente en su concha
estaba arrodillado el mecánico, dándole una chupada de grandes
ligas en medio de la raja húmeda por los orgasmos y las sensaciones
de gozo que estaba experimentando.
Ninguno de los dos se percata de
mi presencia, di la vuelta al jeep y me paré por la puerta trasera
derecha, mi sombra se posó sobre el cuerpo de ella e hizo que el
mecánico levantara la vista encontrándose con la mía,
por un momento él detuvo la mamada que sobre la concha de mi esposa
aplicaba, yo rápidamente le hice una señal con la mano para
que continuara sin que ella se diera cuenta de mi presencia.
Ella estaba tan concentrada, con
los ojos cerrados, se apretaba con fuerza los pechos, jalándolos
hacia arriba, los tenía más empollados que nunca, parecían
dos toronjas verdes, del ombligo hacia abajo aplicaba unos movimientos
circulares que estrujaban su concha contra la nariz y boca del mecánico
y hacía que la lengua de él la recorriera por todo su interior.
Ella se había olvidado de la existencia, estaba completamente entregada
al placer que le brindaba aquel extraño que casi con violencia la
follaba con su lengua.
Yo estaba ruborizado, mi erección
era sobrenatural, las piernas me temblaban, era la primera vez que veía
mi esposa gozando con otro hombre y cómo gozaba la muy puta, sus
labios apenas se abrían para salir de ellos unos gritos de placer
que me encendían cada vez más, había subido sus pies
a los marcos de la puerta para brindarle una mejor visión de su
concha y por supuesto para que la lamiera más profundo, él
había metido dos dedos en su concha y la follaba lentamente y lamía
los labios bajos.
Yo que conozco bien todos los movimientos
de mi esposa, me di cuenta de que se aproximaba un orgasmo, ella comienza
a decir cosas suaves, luego va subiendo de tono y finalmente termina gritando
a todo pulmón un sin número de palabras fuertes y era precisamente
lo que estaba haciendo, a la vez que estiraba sus piernas y subía
un poco su concha para que la lamiera más fuerte.
El mecánico volvió
a mirarme, esta vez en contando con mi consentimiento, yo le hice seña
para que la lamiera más fuerte, los flujos de ella le corrían
por los labios, esto me excitó más aún, pero ella
volvió a captar nuestra atención, pues los gritos subían
de tono cada vez más.
-Cómeme papi, decía
mientras agarraba la cabeza de él garantizando que no la dejara
en ese momento. -Te voy ahogar con mi leche mi chulo. -Cógeme fuerte,
más fuerte.
Todos esto le gritaba subiendo cada
vez más los tonos de los gritos, ante mi asombro, yo no sabía
que tenía una puta, de ese quilate, el jeep se movía ya de
lado a lado con sus movimientos, el mecánico estaba fuera de control,
ella lo tenía aprisionado entre su raja y con las dos manos lo obligaba
a estrujarle la concha hasta que dio su último grito de guerra.
-Coge leche cabrooooooooo, dijo soltando todo lo que tenía dentro,
aire de los pulmones y semen de su concha y después de permanecer
un rato en equilibrio, se dejó caer pesadamente en el asiento respirando
como si terminara de subir 15 pisos.
Él apartó un poco
la cara de la concha de ella y me miró de nuevo, yo le hice la seña
de que me iba alejar para que ella no me viera y que regresaba en un momento,
así lo hice y pasado unos cinco minutos me aproximé cantando
una canción, para que se dieran cuenta que regresaba. Ella se había
sentado en el asiento delantero, todo estaba en orden, él fue a
la parte delantera del jeep y juntos pusimos las correas, luego nos despedimos
de él, yo aproveché y delante de ella le di una tarjeta y
le dije que cuando fuera a la ciudad que nos visitara.
Reanudamos el viaje de regreso a
la ciudad, en el camino ella me dijo que la noche anterior había
tenido un sueño muy caliente, y que la tenía toda mojada.
-Qué soñaste, le dije
poniendo todo mi mayor interés. -Soñé que me había
quedado dormida en un asiento en el parque, y cuando desperté había
un hombre besándome la concha, tenía una lengua larga, yo
la podía sentir recorriéndome por dentro, y aunque yo quería
resistirme no me podía mover, sin embargo me mojaba mucho y terminé
disfrutándolo muchísimo, el hombre se convertía en
ti y luego en otro hombre, cuando desperté estaba hecha un asco
y no he dejado de fluir, mira como estoy.
Al decir esto me agarró la
mano y la llevó a su concha, estaba bien mojada, lógico que
yo sabía que esos se debía a la tremenda mamada que le había
dado el mecánico, al sacar la mano de la concha me dejan los dedos
bien mojados.
No sé por qué los
sueños son tan buenos, dijo ella recostando el asiento y comenzó
a masturbarse, yo sentía el aliento caliente de aquel hombre entrarme
por la concha y me hacía temblar, en silencio acabé varias
veces en la boca de él y ahora siento como si me estuviera follando,
siento su aliento caliente papi.
Yo la contemplaba masturbarse mientras
me decía todas esas cosas, en un momento los celos se apoderaron
de mí pero logré controlarme, seguí mirando cómo
ella se cogía con dos dedos mientras recordaba la mamada del mecánico,
luego comenzó a gritar, esos gritos que sólo ella sabe dar,
preludio de la descarga seminal que explota dentro de ella.
-Tómala papi, bébetela
toda, chúpamela que toda esa leche es tuya, ayyyyyyyyyy.
Al decir ésto último
tiró su grito final, yo paré el jeep di la vuelta y la pasé
a la parte trasera del jeep y tuvimos una de las mejores folladas que recuerdo,
pero esos detalles serán el producto de otro relato.
Jesús
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