El Robo (III y final).
¿Y si...? Claro... pensé, y si hago que esta cosita mas
pequeñita también tenga una gozada, no estaría nada de mal. Feliz de la vida me
iría de esta casa, con $2.000.000 más una gozada con 2 muchachitas, vírgenes,
que de paso aprenderían de pequeñitas a ser una gran mujer cuando fuesen grande.
Me acerqué a la cama en donde Paola, dormía plácidamente.
Tenía unas facciones mas suaves que Magdalena. Sin menospreciar a Magdalena, las
tetitas de Paola, eran un poquito mas grandes. No se notaba para nada que ella
tuviera 18 años y Magda 20.
Toqué muy suavemente sus tetitas, tratando de no despertarla.
Eran duritas. Sus pezones eso si eran más pequeñitos. Realmente esa noche estaba
excitado a más no poder.
La felicidad por tener esa cantidad de dinero y estas dos
muchachitas a mi disposición eran más de lo que yo hubiese pedido.
Me levanté y me dirigí a la pieza de Julia en donde se
encontraba Magda.
Magda, le dije, ¿qué te parece que hagamos participar a tu
hermanita con nosotros?
Me miro extrañada. ¿Y también le enseñaras lo que mis padres
te dijeron, y me has hecho a mí?
Pero por supuesto, mi amor, y así gozaremos los tres.
¡Realmente no sé! - ¡A lo mejor mis papas se enojan!
No tontita, si tus padres lo que más desean es ustedes
aprendan todas estas cosas. ¿Hagámoslo? - Insistiéndole para que aceptara y no
dudara de mi propuesta.
¿Y tenemos que ir a la pieza nuestra? - Me respondió.
No. Tú te quedas aquí y yo la iré a buscar.
¡Pero ella no te conoce, y a lo mejor se pone a llorar!
No te preocupes, ya veré la forma de traerla y no se dará
cuenta. En mis pensamientos ya había manipulado el cloroformo del baño.
(¡Bendito cloroformo!)
Salí del dormitorio y me encaminé al baño. Nuevamente unté un
pañuelo con el cloroformo y me dirigí hacia el dormitorio de las niñas, en donde
se encontraba Paola.
Acerque el pañuelo a sus narices, y lo retuve por algunos
breves minutos. La llamé en voz alta y no respondió.
Era tiempo ya. La tomé en mis brazos y me encaminé hacia el
dormitorio de Julia.
La dejé en medio de la cama. Magda me miraba.
Ahora Magda, sácale la camisa de dormir.
¿Y si despierta?
No lo hará, te lo aseguro.
Tomándola de aquí y de allá, al fin sacó su camisa y la dejó
totalmente desnuda.
Era un primor, una cosita difícil de explicar o describirla.
Era sencillamente hermosa.
Su pelo al igual que Magda era castaño. Alcanzaba hasta sus
hombros. Su piel era blanca, suave. Su sexo totalmente lampiño, pero
levantadito. Era en realidad una copia de Magda solo que 2 años menor.
Con la vista de esta otra damita, mi excitación ya estaba en
su máximo apogeo.
Mi miembro lo único que deseaba era comerse esa conchita
virgen, igual como lo había hecho con Magda.
Magda sentada a un costado de la cama, miraba como pasaba mis
manos por los suaves senitos de su hermana. Ora uno, ora otro. Para luego
acariciar su delicioso monte de Venus juvenil.
Ahora querida Magda, le haré a tu hermanita lo mismo que a
ti. Voy a poseerla ahora que está durmiendo, antes que despierte.
¿También me lo hiciste a mí cuando yo estaba dormida?
Por supuesto mi amor. Y te juro que fuiste muy rica.
¡Entonces por eso es que me dolía mi chorito antes que me lo
metieras? - Trataba de adivinar.
Pero no puedes negar que ello ayudó a que después no te
doliera más... ¿Cierto?
¡Siii... dubitativamente me respondió!
Ahora quiero que veas como fue tu penetración, mirando como
se lo hago a tu hermanita.
Haciendo que se pusiera, por encima de la cabeza de Paola, la
hice sujetar sus brazos hacia arriba. Mientras tanto yo abría sus piernas, y me
colocaba entre ellas.
Como había traído el pote de vaselina, me unté el miembro, y
la entrada de su vagina, bien adentro con mi dedo, hasta tocar la membrana de su
himen.
Luego coloqué unos almohadones bajo sus caderas, quedando a
la altura de mi miembro, la abertura de su vagina.
Abrí los labios de su vagina, y me di a pasar de arriba hacia
abajo mi pene, hasta colocarlo justo a la entrada de su vagina. Empecé a empujar
muy suavemente, hasta que la punta de mi pene tocó su himen. Sabía que en ese
momento Paola podía gritar, entonces le dije a Magda que besara a su hermana.
Obedientemente, Magda besa a Paola en la mejilla.
¡No! Así no, le dije... en la boca, tal como nos besábamos
nosotros.
¡Pero es que ella es mi hermana...!
No importa le dije... debes hacerlo para que a ella no le
duela cuando se lo meta igual que a ti.
Con cierto recelo, acercó sus labios a los de Paola, y la
besó.
¡Métele la lenguita! Le dije. Y manténla ahí hasta que yo te
diga.
Así lo hizo. Y mientras le decía que apretara más sus labios
a los de Paola, más iba hundiendo mi pene en la estrecha cavidad de Paola. Los
labios de su vagina se abrían a medida que pasaba más adentro.
Hasta que ya no pudiendo más, empuje con toda mis fuerzas y
se lo metí hasta que mis testículos tocaron sus nalgas. Hizo un gemido gutural,
atenuado por los labios de su hermanita.
Al vaivén de mis caderas sobre esta dulce criatura, le pedí a
Magda, que se pusiera con las piernas abiertas, sobre la cabeza de Paola. Y así,
mientras mi miembro estaba hundido, entrando y saliendo de Paola, me dedique a
pasar mi lengua por la conchita de Magda.
Era fabuloso. Tenía a los dos hermanitas bajo mis manos. Una
comiéndose mi pene por su vagina y la otra dándome de comer su conchita.
Magda, al parecer ya había aprendido y comenzó a sentirse
excitada. Movía sus caderas al ritmo del paso de mi lengua, que entraba y salía
de su vagina. Le chupaba su clítoris. Su esfínter hacía pucheritos por el goce.
¡Tomate los senitos! - ¡Acaríciatelos! - ¡Tomate los pezones
y aprétalos suavecito!
Asiiii... goza mi amor... goza como yo estoy gozando con tu
hermanita... metete un dedito en tu chorito...asiiii... aaaahhh... que cosita
más rica... tu hermanita es tan apretadita... es como tu mi amor... la voy a
llenar de semen como a ti... esoooo... metete otra vez el dedito... pásalo por
tu clítoris... uuuuuhhhhhhmmmm... que riiiiiiicccccooooo!!!!!!!!!...
Con una de mis manos comencé a acariciar la vagina de Magda,
para luego meterle mi dedo medio hasta la raíz... estaba como una loca
gozando...
De pronto los dos al unísono, explotamos... métemelo, me
pedía... méteme tu dedo más adentro... por ahí... por ahiiiiiiiii...
ahiiiiiii... más... más... más... aaaahhh... aaaahhh... ahora... ahora...
aaaaaaaahhhhhhhhhggggggggg!!!!!!! - y su orgasmo explotó en mi mano.
Mientras tanto mi miembro hundido a más no poder, con las
piernas de Paola ahora sobre mis hombros, tomándola de la cintura la acercaba
cada vez más hacia mí... ya no daba más... oooohhhh... tan riiiiiicaaaaaa...
aaaaaahhhhhhgggggggg... no puedo más... ahora... Magda tu hermanita es tan
rica... ahora se comerá todo mi pene... se tomara todo mi semen...
aaaahhhhggg... Magda rica, Paola es tan riiiiiicccccaaaaaa... ahora... ahora...
ahora se lo doy... ahora... uuuuuhhhhhhhmmmmmmmmmmmmm!!!!!!!!... y dejando
escapar mi semen inundo la pequeña matriz de Paola. También llevara la marca del
hombre que las hizo mujer a las dos.
Con todo lo que ocurría ya no daba más, y lo único que
deseaba era descansar. Con mi mujer cuando mucho había durado dos o tres veces,
pero ahora con estas dos ninfas, me creía un superdotado. Creo que ya estaba
bueno.
Las llevé a su cama, dejando ordenada la cama de Julia, para
luego decirle a Magda que sus padres nada me habían dicho de lo que les debía
enseñar, y que en realidad era yo el que les quería enseñar todo aquello.
¡Pero si tu quieres, te llamo por teléfono para que nos
juntemos y hagamos estas cositas ricas los dos solitos! - ¿Quieres?
¡No sé si deba! - Me respondió.
Pero mi amor si solo tu decides, un día que no tengas clases
me dices y salimos los dos a un motel para gozar así como lo hemos hecho ahora.
Cuando te llame me dices el día que no tengas clases para que nos juntemos.
La besé profundamente, metiéndole un dedo en su vagina, y me
despedí de ellas, aunque Paola nunca supo lo sucedido. Le dije a Magda que nada
le dijera.
Y salí de aquella casa. Con dinero, y con una felicidad
inmensa de haber gozado como loco de dos hermosas ninfas que quedaron llenitas
de mi semen.
Seguramente llamaría a Magda, para que me dijera cuando no
tendría clases, y entonces iríamos a un motel para hacer un montón de cosas
ricas.
FIN