DIARIO DE UN GIGOLO
I
LILIAN
Me encontraba sumergido en la bañera disfrutando de un baño
caliente y de mi música favorita, las variaciones Golberg de Bach, cuando un
recuerdo se quedó en el microsurco más débil rayando el vinilo con ansia
asesina. El recuerdo forma parte de esa biografía que cuento a veces a mis
clientas más íntimas si es que un gigolo puede hablar así. Especialmente Marta
la conoce muy bien. Marta es mi mejor cliente aunque para mí esa palabra tiene
en este caso curiosamente connotaciones negativas ya que es mucho más que eso,
es mi mejor amiga, mi enamorada si un profesional del sexo puede permitirse esas
expresiones.
Siempre me gustó disfrutar del sexo, no tengo más prejuicios
al respecto que los que podría tener para disfrutar de una buena comida, depende
de la compañía, del lugar, de cómo se consiguen los alimentos, tengo una ética
para andar por casa como cualquier hijo de vecino pero tal vez a algunos
puritanos les parezca un tanto flexible, ellos la flexibilizan por donde les
interesa, que no sean tan remilgados. Uno a veces elige la profesión de la que
va a vivir, otras veces la profesión te elige a ti o al menos aparece justo en
el momento en el que más la necesitas, desperdiciar una ocasión así es de tontos
y yo procuro no serlo mucho.
En aquella época yo estaba intentando cursar una carrera
universitaria, la había elegido por gusto y pensaba disfrutarla todo lo que
pudiera. Estaba en segundo año de psicología y mis posibilidades económicas eran
tan escasas que me veía obligado a trabajar por las noches de camarero en un
pub, en aquel momento echaba una mano a mi amigo Paco durante las horas que me
permitía mi crónica falta de sueño. Antes había trabajado en otras cosas,
siempre profesiones nocturnas, incluso había hecho de matoncito en una
discoteca, donde mataba más el gusanillo del placer de las niñas pijas y de
damas no tan niñas pero con buena cartera de valores, que asustaba a gamberretes
y drogotas o borrachos pasados de rosca. Me encontraba muy a gusto allí aunque a
veces el exceso de ejercicio en camas de hotel me hacía polvo las pocas neuronas
despiertas que me quedaban. Mis estudios se resentían, pero no fue esta la causa
de dejarlo. Hubo problemas con una niña pija y decidí alejarme buscando aires
más saludables, pero esa es otra historia que ya vendrá al microsurco rayado en
su momento.
Paco era un hombre cincuentón de prominente barriga y lisa
calva como suele ser común a estas edades si uno no se cuida y Paco no se había
cuidado nunca. Nos hicimos amigos en un cine porno a donde yo me había metido
una tarde para huir de una fan apasionada y poder echar una cabezadita a gusto
porque me estaba cayendo de sueño. Cuando dejé la discoteca acudí a él y me dio
todas las facilidades del mundo. Ganaba lo suficiente para ir tirando, más mal
que bien, pero al menos podía seguir los estudios como un salteador de caminos
que aparece cuando menos se lo espera. Eso era yo para mis compañeros de
estudios, un salteador de caminos.
Aquella noche no había mucha clientela, el lugar estaba
tranquilo y Paco se había metido en su despachito, detrás de la cabina del
disjockey, para poner en orden sus cuentas que nunca acababan de ordenarse. Ya
había observado a una mujer madurita que no me había quitado el ojo desde que la
serví un cóctel, al entrar me llamó la atención por su modelito descotado y su
línea estilo Joan Collins, muy cuidada, muy retocada por el cirujano plástico y
sobre todo muy, muy llamativa. Perdí el hilo atendiendo a un grupito de jóvenes
que entraron alborotando y con mucha prisa por trasegar algo fuerte por el
gaznate. Cuando logré atenderles y me disponía a contemplar a la Joan Collins
Paco me tocó suavemente en el hombro. Quería hablar conmigo en privado. Le
acompañé a su despachito un tanto mosca y allí cerró la puerta y me ofreció
asiento después de despejar una silla de facturas. Sacó su paquete de rubio y me
ofreció un cigarrillo, él sacó otro que se colocó en la boca con un cierto
nerviosismo. Encendió mi cigarrillo, algo que me puso aún más mosca y por fin se
decidió a hablar.
-¿Has visto a esa mujer?.
-Hasta un ciego podría verla. ¿La conoces?.
-¿Qué si la conozco?. Es la alcahueta de la burguesía
capitalina. Tiene un porrón de dinero y un negocio que debe ser el más boyante
después de alguna multinacional, no todas. No es la primera vez que viene aunque
las otras veces estaba mucho más discreta. Seguro que ni la recuerdas.
-Ahora que lo dices ya me parecía a mí cara conocida.
-Bien, pues te ha echado el ojo, amiguito. Te quiere para su
cuadra de sementales y me ha pedido que te tanteara. Con otro me hubiera negado
pero conociendo tu problema y tu enfoque liberal del sexo me he dicho que tal
vez te pudiera interesar. Puedes probar, si funciona ganarás un montón de pasta
en poco tiempo. Seguro que consigues ahorrar para pagar tus estudios y hasta te
podrías permitir algún capricho, un apartamento, un buen coche, en fin
caprichitos caros ya me entiendes. Cuando tengas bastante lo dejas y a lo tuyo.
Cuando termines tu carrera seguro que puedes montarte un despachito lujoso donde
te visitaran clientes con pasta para superar sus neurosis nacidas de la
vagancia, la madre de todos los vicios. ¿Qué te parece?.
-Hombre, esto es muy repentino, pero me gustaría pensarlo.
-Piénsalo todo lo que quieras, ella está por tus huesos y te
esperará el tiempo que sea necesario. Esta noche quiere que la acompañes a tomar
unas copas y a divertirse un rato. Me ha pedido que te deje libre la noche.
Seguro que quiere probarte. Se amable con ella, nunca se sabe a quién vas a
necesitar. Mi padre me decía que hay que llevarse bien hasta con el diablo.
-¿Sabes que me está gustando la idea?. Háblame un poco de
ella.
-En ciertos ambientes es más conocida que el presidente del
gobierno. Hace años se dedicó a la prostitución, tenía un hermoso cuerpo, ya lo
creo, lo sé no porque la haya catado sino porque apareció en las páginas
interiores de algunas revistas, más bien ligerita de ropa, ya me entiendes. Se
hizo amante de un ricachón y cuando se separaron con el dinero que la dejó se
montó una cuadra de sementales y yeguas calientes. Ella se sabe mover muy bien y
ya tenía algunos contactos, no tardó mucho en hacerse con una buena clientela,
de lo mejorcito. Así se ha hecho de oro, es muy discreta, durante estos años ha
permanecido en la sombra, ni un solo escándalo, ni el menor problema, su negocio
siempre marchó como la seda. Claro que con los clientes que ha tenido y tiene
nadie se atrevería a ponerle la mano encima.
-O sea que es de confianza. Oye, ¿no me veré envuelto en
alguna mafia?.
-No, ella trabaja por libre, solo tiene unos cuantos
guardaespaldas para cuidar de los problemas internos, si la cosa se pone fea
hasta la policía la echaría una mano.
-Bien, por probar que no quede.
-Entonces de acuerdo. Vuelves a la barra como si nada. Ella
te va a pedir otra copa y te invitará a una, te pedirá cháchara, tu se la das y
cuando quiera que la acompañes vienes a hablar conmigo como si me pidieras
permiso. Ella no quería que te dijera nada, solo que te preparara un poco. Si
todo va bien vienes a verme y me lo cuentas.
-¿No te haré trastorno?.
-Ni lo pienses, mañana mismo encuentro a otro pardillo como
tu en la universidad.
Nos reímos con ganas, teníamos muchos recuerdos en común. Me
pidió que volviera de vez en cuando a verle, estaba invitado a cuantas copas
pudiera trasegar. No quería perder a los buenos amigos. Y si quería traer a
alguna clienta, que no me cortara, serían todas de alta bolsa y no vendría mal
que hicieran algún gastillo en su negocio. Nos estrechamos la mano y volví a la
barra mientras él se quedaba haciendo números, tal vez fantaseara con poder
disponer pronto de un contable.
Tan pronto estuve en mi lugar ella me hizo una seña y acudí
como si tal cosa. Me pidió otro cóctel y me dijo que estaba invitado a lo que
quisiera pero con la condición de que charlara un rato con ella, se sentía sola.
Accedí con mi sonrisa más atractiva y allí me senté no sin antes explicarle la
situación a los otros dos camareros, si había mucho trasiego que llamaran a
Paco, él les echaría una mano, en eso habíamos quedado.
Tomé un sorbo de mi cerveza y miré su escote con descaro.
Ella que no me había quitado ojo se rió suavemente.
-¿Te gusta mi mercancía?.
-Me gustan tus pechos, mucho, lo que no se es si son
mercancía. Eso es cosa tuya.
-Así me gusta que me hablen. Con respeto pero sin perder el
sentido del humor. ¿No te gustaría encontrar otro trabajo más agradable que
este?.
-¿Dónde tengo que firmar?.
-Creo que tú y yo nos vamos a entender. Me caes muy bien,
pero que muy bien. ¿Tu lo sabes, no?.
-Creo que no te disgusto.
-¿Qué te parecería acompañarme esta noche?. Me haces un poco
de compañía, me das cháchara y yo te doy una buena propina, seguro que no andas
sobrado de parné. ¿Me equivoco?.
-No te equivocas pero te aseguro que te acompañaría encantado
por nada. ¿Sabes que me recuerdas a la Joan Collins?.
-¿En serio?. Es el mejor piropo que he oído en mucho tiempo.
Me gustas, me gustas cada vez más. Cuéntame algo de ti, amor. ¿Tienes padres,
familia?.
-Mis padres y yo no hacemos muy buenas migas. No querían que
viniera a la universidad, somos gente pobre y se necesitaba un sueldo más con
urgencia. Aparte de que mis líos con las mujeres nunca les han hecho mucha
gracia. Tengo dos hermanas, casadas, una se fue al extranjero y se casó con un
alemán. La otra no quiere saber nada de su familia. Se peleó con mis padres por
no sé que tontería y yo tuve la mala idea de defenderles, no me puede ver desde
entonces.
-Vaya, las cosas de familia son así. ¿Y novia, alguna chica
que te haga tilín?.
-Soy hombre de muchas camas y así no es fácil enamorarse.
-Eso está muy bien, pero hay que ser cariñoso con las
mujeres. Nosotras necesitamos mucho cariño. ¿Lo eres?.
-Creo que no encontrará usted hombre más cariñoso.
-Te creo, pero tutéame por favor, amor o me vas a hacer
sentir como tu madre. Llámame Lilian.
-De acuerdo Lilian.
Charlamos un rato y de repente a ella le entró prisa. Me dijo
que no me quitara el uniforme. Me iba a llevar a un sitio muy "chic". Pasé a
hablar con Paco quien me guiñó un ojo y me pagó el mes entero, estábamos a
primeros y me dio una buena propina. Nos estrechamos la mano otra vez y quedé en
pasar una de esas noches para contarle cómo iba todo.
El sitio era chic, el maitre nos miró un poco de través pero
ella debía tener bula allí. Nos llevó a un reservado y ella pidió unas ostras y
una botella de champagne francés. Me guió el ojo. Las ostras son afrodisiacas,
me dijo guiñándome un ojo. Aquella mujer no necesitaba mucho tiempo para coger
confianza. Charlamos. Lilian quería saber más de mí. La conté unas cuantas
trolas, no muchas porque quería mostrarme espontáneo y un poco ingenuo aunque a
aquellas altura de mi vida la ingenuidad había quedado en el cubo de la basura.
Mi experiencia con las mujeres me hacía un hombre un tanto peligroso, pero esa
era una faceta que no me interesaba mostrar, no al menos de momento.
Ella me contó algunas anécdotas divertidas de su vida, lo que
aprovechó para hacerme saber con sutileza a qué se dedicaba. Mi interés sincero
la animó a ser más directa. El que no me escandalizara la alegró tanto que se
levantó y me dio un beso a tornillo metiéndome la lengua hasta el cogote. Creo
que eso selló de alguna manera nuestro pacto. Cogimos un taxi hasta una
discoteca de moda y allí bailamos con estilo. Muchas miradas se quedaron
clavadas en nosotros. Aprovechó un lento para arrimarse y meterme su pecho
erecto, de silicona, hasta hacerme cosquillas en la pajarita. Sus muslos rozaban
con descaro los míos y su mano acariciaba mi trasero. Yo hice lo mismo con el
suyo. La imaginé desnuda y comencé a sentir ese mareo en la nuca que presagia
una noche de sexo desbocado.
Volvimos a la mesa, saludó a algunos conocidos al pasar y
allí me hizo sentarme muy cerquita, tanto que podía poner su mano sobre mis
muslos y acariciar con delicadeza mi bragueta. Charlamos así, nuestras manos muy
cerca de nuestras respectivas partes íntimas. Bebimos un poco de champagne y
regresamos a la pista cuando la música se hizo lenta otra vez. El calor se hacía
cada vez más agobiante. Fue Lilian quien sugirió que la acompañara a su
apartamento para tomar la última copa.
Su apartamento era un palacete en una urbanización de primera
línea. A la puerta un matón con un bulto sospechoso en la sobaquera la saludó
muy respetuoso y aceptó que ella nos presentara y estrechara su mano. Yo iba a
ser un acompañante muy habitual, él debía tomar nota. Y la tomó mirándome de
pies a cabeza, creo que ya nunca se le despintaría mi físico. Una doncella
recibió instrucciones y desapareció en volandas. Me enseñó la casa que admiré
con espontaneidad no fingida y cuando me llevó de la mano a su dormitorio todo
estaba preparado. Una bandeja con sandwiches, fresas y una botella de champagne
en la cubitera con hielo, el salto de cama de mi anfitriona sobre el lecho y una
agradable música de fondo que no pude ver de dónde salía.
Lilian me pidió que la desvistiera, lo que hice encantado,
aprovechando para ir conociendo su cuerpo. Ya desnuda me besó largamente y me
pidió que me desnudara y dejara la ropa en un apartado del armario empotrado que
comprobé estaba lleno de ropa masculina, curiosamente me pareció de mi talla.
Como ella tardara me metí en la cama y la esperé con curiosidad. Volvió a los
pocos minutos con su salto de cama trasparente, la cara limpia y una sonrisa de
oreja a oreja.
-Veo que ya estás dispuesto, mi ratoncito. No tengas prisa,
el sexo necesita mucho tiempo. Levántate y bailaremos y charlaremos, el deseo
debe aumentar hasta la pasión y luego ser retenido para que la explosión no nos
destruya.
Iba a ponerme una bata del armario cuando ella me retuvo.
Contemplaba mi cuerpo con el deleite del aficionado a la pintura que disfruta
sin prisas de una obra maestra. Con el tiempo llegaría a comprender que para
Lilian no existía otra estética que la de un cuerpo desnudo. Mucho tiempo
después me pediría que la iniciara en los secretos de la literatura, la música y
el arte. A pesar de no ser mala alumna en estos temas nunca fueron para ella
otra cosa que puro diletantismo, en cambio la estética del sexo no tenía
secretos para ella.
Sacó una botella de champagne francés del frigorífico y
sirvió dos copas. Me ofreció una y me hizo brindar por el gran regalo de los
dioses: el sexo. Luego se acercó a la pared frente al gran lecho y corrió un
panel. Apareció ante mis ojos un gran hueco donde pude ver una gran caja fuerte
y unas estanterias repletas de álbumes de fotos y un sofisticado equipo de
música en el que manipuló hasta que de los ocultos altavoces del cuarto se
expandió la suave música de una balada que conocía muy bien porque era una de
mis favoritas. Me pregunté si su seguimiento de mi persona habría llegado hasta
el extremo de enterarse de mis gustos musicales. Se acercó hasta mí, desnudo en
medio de la habitación como una estatua griega, y moviendo las caderas con suave
atractivo me ofreció su mano como si deseara que yo se la besara como hacían los
caballeros con sus damas. Lo hice sin que ella se viera precisada a concretar la
orden verbalmente.
-Aprendes rápido, mi ratoncito querido. Serás un buen
profesional del sexo, te lo aseguro, pero aún tienes que recibir unas cuantas
lecciones de tu maestra.
Nos enlazamos por el talle y bailamos muy juntos recorriendo
el alfombrado suelo de la habitación. Lilian manoseaba mi cuerpo con entusiasmo.
En realidad no es el término adecuado, me acariciaba con gran ternura y
delicadeza como si yo fuera su amante favorito, reencontrado después de mucho
tiempo. Sin embargo no podía alejar de mi mente el motivo real que me había
conducido hasta allí esa noche y tenía ganas de terminar cuanto antes. De poseer
aquel hermoso cuerpo de mujer madura, tan bien cuidado y volver a casa para
dormir veinticuatro horas seguidas si eso era posible. Dentro de una semana
tendría exámenes y querìa prepararme a conciencia. Mi trabajo como gigolo solo
tenía ese objetivo, ganar suficiente dinero para acabar los estudios y luego
dejarlo sin necesidad de olvidar los buenos momentos que sin duda iban a venir.
La maestría de Lilian en las caricias me hizo excitarme
mucho, la fui despojando de su salto de cama con caricias cada vez más
atrevidas. Ella gemía suavemente al tiempo que detenía con dulzura mis acosos.
Cuando ya no pudo controlarme más se desprendió de mí y me ofreció otra copa de
champagne. Me ordenó que me sentara y comiera un sandwich si tenía apetito, la
noche iba a ser muy larga. Ella mientras tanto se acercó al hueco que había
permanecido abierto y cogiendo un álbum de fotos se sentó a la mesa y comenzó a
hojearlo. Cuando notó que yo había terminado con mi sandwich de atún se levantó
y poniendo su trasero en mis muslos –mi pene se encabritó al contacto con su
carne- llamó mi atención sobre las fotos de aquel álbum.
-Vas a conocer a algunos ejemplares de mi selecta cuadra.
Aquí tienes a Venus de fuego, mi mejor chica, una rubia natural de espléndidas
hechuras. Tuve que pulirla un poco, no tenía la menor cultura ni modales. La
encontré en una escuela de modelos y cuando le hablé de lo que ganaría conmigo
no se lo pensó dos veces. Ahora es la preferida de los caballeretes con más
dinero de esta ciudad. Este es Jimmy, un prodigioso semental que puede llevarte
en una noche a visitar tantas veces el paraíso que alguna de sus clientes más
especiales tuvieron que ser reanimadas después de la primera noche que pasaron
con él.
Siguió pasando páginas y dándome datos de su "cuadra" como
ella decía. Tengo que reconocer que alguna de sus chicas eran realmente
espléndidas y sus poses indicaban que habían sido pulidas con todo esmero. Me
dijo que algunas de ellas me darían algunas lecciones gratis, eso formaría parte
de mi preparación. Me relamí pensando en la experiencia. Al pasar a otro
apartado pude ver a una hermosa mujer morena de gran clase, vestida con un
modelo de alta costura que parecía haber perdido la mirada en un horizonte
lejano. Pregunté a Lilian por ella.
-Estas son las mejores clientas que tengo. Las fotos han sido
captadas por una cámara oculta antes de perderse con el semental de turno en la
habitación...No, no te asustes, ratoncito, no hago chantaje, ese no es mi estilo
y es algo demasiado peligroso como para arriesgar mi cuello por unos fajos más.
Tengo bastante dinero, sigo en el negocio porque me gusta y no conozco otra
cosa. Todas ellas tienen fotos en posturas muy comprometedoras, pero están en
otros álbumes ya te las iré enseñando como el resto de los secretos de esta
casa. En cuanto a esta preciosa morena que te ha llamado la atención pronto será
tuya, cundo estés preparado. Quiero que la enamores, que la vuelvas loca.
Necesito pedirle algunos favores y tu serás mi puente hacia su cerrado y triste
corazoncito. Se llama Marta y es la esposa de uno de los hombres más ricos de
este país. ¿La habrás visto en las revistas, nos es así?.
Admití que esa era la razón de haber llamado tan
poderosamente mi atención, entre otras por supuesto. Aquella mujer era capaz de
enloquecer a cualquier hombre y yo me puse el primero de la fila. Lilian
continuó con el album hasta que aprendida la lección por esa noche, lo colocó
sobre la mesa camilla y cogiéndome del cuello me atrajo hacia su rostro. Me besó
largamente, con su lengua buscando todos los rincones de mi boca y haciendo con
la mía cosas que nunca imaginé se pudieran hacer con una lengua.
Bailamos a la suave luz azulada de una lámpara de pie
escondida en un rincón. Lilian estaba encendiendo mi deseo hasta la
exasperación. Ella lo notó y se desprendió suavemente de mi cuerpo.
-Vamos a beber otra copita de champagne y charlaremos un
ratito. No es bueno que el fuego lo quemé todo sin control nada más encenderse.
Las cenizas tienen muy pocos atractivos en el sexo.
Nos volvimos a sentar a la mesa camilla. Mi miembro erecto
resbalaba del respaldo de la silla como un gusano buscando su madriguera
perdida.
-Voy a enfriarte un poco, ratoncito. Te voy a preguntar sobre
lo que piensas de esta profesión. Seguro que mientras piensas la respuesta te
vas deshinchando. Me gusta saber lo que piensan mis pupilos cuando practican
sexo. Si lo viven como una degradación procuro cambiar sus ideas o les busco
otro acomodo. Yo estoy en esto por placer y me gusta que todos disfruten igual
que yo.
-Lilian...
-Lily para los amigos.
-Está bien. Lily, yo estoy en esto por dinero. Lo necesito
para mis estudios pero no sufro con el sexo, al contrario disfruto como nunca he
disfrutado con ninguna otra cosa, si exceptuamos a Bach.
-Le he oído nombrar, pero yo no oigo esa música. ¿Podrías
traerme algo la próxima vez?.
-Claro. Sigiuendo con el tema, creo que el sexo puede
degradar tanto como el poder ejercido sin humanidad o el trabajo que se realiza
sin metas ni placer o la relación de pareja cuando se ha degradado y solo queda
la venganza. El sexo debe ser un placer y un placer comunicado sin inhibiciones.
Me gusta saber de mi pareja sexual, que me cuente algo de sí misma, que actúe
con un poco de ternura al menos. Todos los seres humanos necesitan de la ternura
para sobrevivir, el hecho de practicar sexo no tiene porqué hacer olvidar
nuestros sentimientos más humanos.
-Me gusta lo que dices, ratoncito. Creo que deberías buscarte
un nombre de guerra. Es lo que hacen todos. ¿Qué nombre te gustaría?.
-Uno sencillo, anglosajón. ¿Qué te parece John?.
-Me gusta, te da un toque exótico. Pero vamos a la cama, tu
pajarito ha enflaquecido y es necesario volver a engordarlo.
Era cierto. Nada como filosofar para amortiguar el deseo. Me
llevó al gran lecho cogido de la mano y allí me empujó suavemente hasta tenderme
de espaldas. Me besó todo el cuerpo acariciándome sin prisas mientras me hablaba
de sus pupilas, de sus clientas.
Me gustaba lo que estaba haciendo conmigo, jadeé
placenteramente. Fue entonces cuando Lily buscó un contacto mucho más íntimo. Me
cabalgó con tal suavidad que el orgasmo llegó casi de puntillas. Luego se tendió
sobre mi buscando con su boca mi oreja al tiempo que su melena me cosquilleaba
en la nariz.
-Eres un colchón muy mullidito, muy cómodo. Se está muy a
gustito encima de tu cuerpo. Deja que las clientas lo disfruten.
Se levantó a por más champagne. Pude ver cómo sus caderas se
deslizaban en el aire como olas ondulantes buscando la arena de la playa. Era
una mujer extraña, una especia de diosa del amor. Intuí que el sexo era lo único
que no detestaba en su vida, tal vez lo único por lo que seguía siendo humana.
El resto de la noche fue un placentero aprendizaje. Ella me
guiaba dándome instrucciones entre parrafada y parrafada sobre el tipo de ida
que me esperaba. Hermosas mujeres, placeres caros, relaciones elegantes... Un
verdadero paraíso para el hijo que no había visto otra cosa en sus padres que un
constante suspirar por la salud para seguir trabajando como asnos toda su vida.
A la mañana siguiente me despidió para poder dormir a gusto
en su ancho y cómodo lecho. No soportaba dormir al lado de alguien, pero eso
podía cambiar, ratoncito John, me dijo al tiempo que me despedía con un beso.
Uno de sus matones me condujo en uno de sus numerosos coches hasta el
apartamento que seguía compartiendo con otros dos compañeros de universidad.
Ellos estaban acostumbrados a mis extraños horarios. Me ofrecieron un café
preguntándome mientras bostezaban si alguna hermosa mujer había hecho su
aparición en el pub. Les mentí descaradamente.
El timbre del teléfono me sacó de la ensoñación. Habia
olvidado poner el contestador. Aquel era mi día libre. Todas las clientas lo
sabían. ¿De quién podría tratarse?.
Un nombre me vino a la cabeza. Marta... Marta...amor mío,
¡cuánto te hecho de menos!. Intuía que no podía ser otra. Llevaba una larga
temporada sin dar señales de vida. Puse una bata sobre mi piel y me deslicé
hasta el pasillo mojando el suelo alfombrado. Descolgué...y efectivamente, era
ella...
Continuará....