Es increíble lo que sucedió, una mañana que empecé mi jornada
laboral en una de las calles del norte de la ciudad. Las casas de este sector
eran muy lujosas pero algunas presentaban esa apariencia campestre de una típica
casa de finca, había por allí también edificios bien modernos, en los balcones
la gente solía tender su ropa. Recuerdo que esa mañana yo bien alegre solo con
mis herramientas de trabajo en la mano, una escoba, un recogedor y una carreta
donde estaba una bolsa, veía que la gente se dirigía a su trabajo, con sus
maletines y en sus autos que acababan de sacar de sus garajes. Eran
aproximadamente las 6:22 a.m. el clima era típico de los lugares donde predomina
el templado, era delicioso estar disfrutando de este ambiente, acompañado del
canto de los pájaros.
Mi obsesión desde hace dos meses se centraba en Libis, era
una mujer madura de muy bello aspecto pero con unos grandes, pero firmes nalgas
que la caracterizaban, siempre que sus hijas se iban, porque venía el chofer
escolar a recogerlas en el auto, ella salía con una bata que cubría su usada
piyama de noche, daba un beso a su hijita y a su otro hijo y luego de unos
minutos y recorrer con sus pantuflas el jardín volvía a entrar en la casa
nuevamente. Pero definitivamente el espectáculo que me ofrecía la seda que
bordeaba su aspecto físico corporal me calentaba de una manera firme por debajo
de mi uniforme de trabajo, pero cuando iba a pensar que ella se fijaría en mi,
aunque la obscenidad aumentaba, porque en mis días pasado veía como bellas
mujeres deseaban meterse en sus cuevas penes de hombres desconocidos, aunque
fueran estos de oficios humildes. Eso era lo que presenciaba yo, en ver ciertas
películas X que se transmitían en un canal brasilero.
Esa mañana me conforme con un leve sueño de varios minutos,
mientras el movimiento de la escoba ya no era tan regular, pues me había
entregado a la fantasía de ver a Libis, haciendo señales al parecer disimuladas
para decirme luego, que en la casa había una rata y que si podía llevarla a
fuera, entre y cuando vi el lujo interior de su morada me excitaba aun más de lo
que ya estaba, pues imaginaba que en esos momento ella se desprendía de la parte
superior de su cuerpo, y solo veía sus sostenes que tenían aprisionado sus
tetas, solo veía la parte superior de estas, pues ella ya se había hincado a
desabrochar mi mugriento traje en la parte de abajo, pero recuerdo que como era
enterizo, solo pudo bajar el cierre que mantenía cautivo un suave pero duro pene
que era surcado por unas venas enormes que eran la fuente de endurecimiento del
miembro.
Ella sollozando y dilatándolo con sus suaves manos observaba
atónita, pues al parecer tenía ratos de no ver una verga, mientras al parecer
pensaba en introducirlo en su boca, sus ojos contemplaban la majestuosidad de su
rey de pasión. Ella me decía don Manuel que gran pene tiene, puedo saborearlo un
poco, yo como sorpresivo, pero manteniendo una mirada de picaron combinándola
con un poco de mirada lujuriosa, le hice asentir que si, yo empecé a observar
como esa carnosa mujer, pero de piel muy suave daba muestras de gran placer,
asintiendo como si dijera si en el movimiento de vaivén de sus labios con mi
glande, era una sensación fantástica sentir la humedad de su lengua en el
interior de su boca con unos pocos líquidos que expulsaba mi semen con los
cuales se establece la lubricación en las penetraciones vaginales.
Ella mantenía su mano izquierda apoyada en mi muslo mientras
que la derecha la utilizaba para agarrar la base de mi pene, esa mano izquierda
ella parecía moverla en el rozar con mis vellos, era algo fantástico que
combinara con la humedad de su lengua en mi pene. Estaba yo solo con la cabeza
apoyada en el espaldar del sofá, y mi cuerpo tendido en aquel acolchonado
recostadero, cuando suavemente empieza a engullir el miembro de una forma
majestuosa de tal manera que yo me sentí en el cielo, era algo que me queda muy
difícil describir, pero sus manos sostenían movimientos circulares sobre mi
muslo, parecía que era muy placentero para ella rozar su palma de la mano contra
mi muslo velludo.
Ella se paró en un instante en que parecía absorber con más
fuerza mi pene al compás de su levantar, mientras esto hacía un hilo de semen se
mostraba entre sus labios y la cabeza de mi miembro que se estiraba de tal
manera que formaba como una apariencia de chicle y de esa forma se iba
adelgazando en un excitante recostar contra su carnoso labio inferior, ya era
hora me dijo, entonces tomo mi falo duro y húmedo, al que también se le notaba
enrojecido, porque debes en cuando cerraba mis ojos para gozar de los
indescriptibles momentos de excitación que sus labios, su lengua y sus dientes
me proporcionaban. Ella tomaba mi miembro por última vez en un momento pues se
dedicaba ahora a despojarse de su ropa de noche inferior y veía unos panties que
parecían querían forzar la liberación de mi semen y ser bañados desde la
distancia.
Su raja con bueno bellos alrededor se notaba húmeda y ella
mientras me encontraba en la misma posición ensuciaba ahora mi cabeza con sus
líquidos vaginales mientras ella apoyada todavía con la palma de su mano derecha
sobre mi muslo dirigía mi pene a la entrada de su sexo. Finalmente sentí una
explosión de humedad y estrechez producto del abandono en la que se encontraba
esa cueva, ella expiro un suspiro profundo y ahogado que le quiso trasmitir a su
macho, como muestra de su entrega, y luego de dos o tres entradas de mi miembro
que se sentía apretado en su vagina, expreso un aullido un poco apagado para no
alterar a la vecindad, el roce de sus muslos carnosos con los míos casi iguales
de volumen parecían ser los cómplices perfectos del efecto de penetración que lo
sentía como nunca antes, era maravilloso y placentero.
En la bajada veía como la humedad de sus vellos se pegaba
alrededor de los vellos de mi miembro formando un clima de unidad nunca antes
visto. De repente vi como ella me tomo por alrededor de mi cabeza para buscar el
apoyo del espaldar del mueble, mientras asentía un arco de su tronco, y veía a
través de un espejo ubicado lateralmente hacia nosotros como era la mecánica de
su movimiento que estremecía todo el sillón. Acelero la marcha de tal forma que
sentí que iba a disparar una carga de semen muy grande, y ella aumentaba sus
aullidos de tal forma que pude ver que sentía que también se acercaba su
torrente que acompañaría un descomunal orgasmo dentro de ella y así fue cuando
se vio caer apoyando el resto de su humanidad contra mí, mi pene en su interior
empezaba a descargar enormes cargas de semen que sentí que se confundían con las
de sus líquidos.
Nos quedamos como unos minutos así mientras mi miembro
permanecía lentamente recobrar su tamaño normal, pero mostrando gran presencia
para una chica repleta de deseo como lo era ella. Vi por ultimo que ella con sus
líquidos en su interior y que goteaban en el suelo se le escapaban en la
entrepierna mientras divisaba el recorrido ejercido por ella hasta el baño,
mientras mostraba unas nalgas que a cualquiera le provocan un desenfreno de
entrega de placer. Yo me vestí y trate de seguir en mi oficio, pero fue en ese
momento cuando desperté, era solo ilusión.
Me sentí muy bien, pero lo raro de todo es que cuando me
disponía a proseguir con mis escobadas afuera, ella salió y se asomo, no sé a
quién buscaba, pero cuando me miró, picaramente me guiño su ojo con el aspecto
que siempre soñé ver en ella.