DIEZ (una nueva carta de amor)
Diez veces lo diría y diez veces seria malinterpretado. Diez
veces subiría por tus tersos muslos de color miel en busca de tu roja boca y
diez veces me perdería en la jungla de tu sexo. Y ahora te pongo sobreaviso que
no quiero que envíes a nadie para que me rescate.
Déjame solo ahí abajo, perdido en tu jungla. Yo soy también
animal que ruge en la noche. Diez veces metería mi pene en tu boca y diez veces
lo volvería a sacar para diez veces mas volverlo a meter. Sin dejar de mirarte a
los ojos mientras me regalas diez sonrisas y así hasta el fin de los días. Diez
años seguidos te haría el amor cada noche y diez años serian pocos. Diez veces
deslizaría diez tangas diferente por esos muslos y diez veces miraría ese vello
espeso que cubre tu monte para diez minutos comerlo día tras día. Vuelvo a ser
el animal perdido en la jungla.
Te he repetido mil veces que no me rescates. Déjame en paz.
Cierra los ojos y disfruta. Diez besos, que digo diez, cien besos de diez en
diez. Diez veces te miraría a los ojos para diez veces seguidas perderme en la
imposibilidad de tu mirada. Diez significados le daría a esa mirada errando diez
veces el diagnostico. Podría pensar en cualquier cosa y cualquier cosa sería
siempre otra cosa. Quizás por mi modestia. Quizás por tu mirada. Pero este
camino plagado de piedras seguiría siendo igual de apasionante. Coleccionando
piedras y dudas de diez en diez. Recogiendo tus besos de diez en diez. El
coleccionista de besos. De tus besos. Diez veces te abrazaría y serian diez
abrazos diferentes, oliendo tu pelo y tu nuca. Sintiendo tus pechos oprimiéndose
contra mí pecho.
Diez cafés nos tomaríamos juntos bajo el toldo de una terraza
mientras vemos llover sabedores de que a la noche no podríamos dormir. Bendita
cafeína multiplicada por diez. Dos insomnes que ya no miran al techo en camas
separadas. Las diez de la noche. Las diez de la mañana. Diez años sin un solo
reproche. Ahora mismo ese es el sueño del insomne. Diez veces te pregunte por tu
edad y diez veces me negaste la respuestas con diez respectivos besos en los
labios. "Te lo diré cuando te lo merezcas". Sabes que tu edad me importa tanto
como te importa a ti la mía. Absolutamente nada.
Pero mi malsana curiosidad me mueve a preguntarte de diez en
diez. Prefiero no merecer tu edad pero conseguir tus noches. Diez vestidos te
pruebas y ninguno te gusta. Diez veces miro esos diez vestidos y cien veces me
apasiono contigo dentro de ellos. Las escalas van del cero al diez. ¿Por qué el
diez? ¿Por los diez lunares que recuerdo de tu cuerpo? ¿Por las diez veces que
he querido ir corriendo a tus brazos y seiscientos kilómetros me lo han
impedido? Yo nací en los años sesenta. Sesenta multiplicado por diez da como
resultado seiscientos que es precisamente el número de kilómetros que ahora nos
separan. Al final resultará que en la vida todo se puede explicar con números.
Incluso los sentimientos más evidentes como lo que ahora siento por ti. Según la
numerología el diez es el número de la suerte. ¿Tenemos suerte? Yo nunca saque
un diez en la escuela.
Tampoco nunca lo busque. Sabes que era demasiado vago para
estudiar. Ahora curiosamente he conseguido un diez. Finalmente mi padre (tu
futuro suegro) estaría orgulloso. Finalmente matricula de honor. Cuando los
niños sacan un diez sus padres les recompensan.
Tú eres mi recompensa. Diez es el primer número formado a su
vez de la unión de dos números. Nosotros somos dos personas que quieren ser una
sola. Lo intentamos día tras día pero esos seiscientos kilómetros nos impiden
pasar del nueve. Nueve veces admití haberme enamorado y ya creía que nunca te
iba a encontrar cuando volviste a mi. O quizás fui yo quien volvió a ti. ¿Qué
importa eso amor mío? Ahora eres la definitiva. Simplemente tu. La mujer diez.
En todos los sentidos.