Pasé muy triste después de que Eduardo me dejó. Me había
dejado con muchos problemas: tuve que conseguirme un departamento, una manera de
conseguir dinero, y mas que nada, me había dejado muy muy solita. Quiso
compensarme, dejándome algunas de sus cosas, como la tele, su dvd y sus
películas porno. Estas eran mi única compañía en mis noches solitarias.
Conseguí un apartamento en la zona turística de mi ciudad,
tenía algunos ahorros en el banco y de eso estaba viviendo. El dueño del
apartamento, José Luis, me pareció simpático. Lo vi como me miraba y como me
desnudaba mentalmente, pero sabía que no debía estar con él... aún no.
Una noche salí a caminar de noche. Iba vestida de negro, como
si estuviera de luto. Tenía una mini negra, un top negro, zapatos altos negros,
y eso sí un poquito de lápiz labial rojo pasión. Caminaba por las aceras de mi
cuadra, pensando en como había cambiado mi vida, y de lo sola que me sentía.
De repente, apareció él. Un chico de cabello claro de unos 25
años me veía. Se acercó y me preguntó porque estaba tan sola. Se llamaba
Alejandro, nos pusimos a conversar un rato, y me cayó bastante bien. Caminamos
por un par de horas, hasta que decidió llevarme a su apartamento. Apenas
entramos estuve segura de sus intenciones, me tomó de la mano y me empezó a
besar. Me llevó a su sofá, me sentó y dejó salir mis tetas al aire, las besó
como loco. Nuestros penes empezaron a erguirse, los dos lo sentíamos, y al menos
a mi, me volvió loca.
Metió su mano por debajo de mi falda, empezó a tocármelo.
Intentó bajar mi tanguita, yo lo ayudé. Metió su cabeza entre mis piernas.
Empezó a chupar, a lamer, a pasársela por toda su cara. Bajó y empezó a chupar
mi ano. –Alejandro no aguanto, dámela por favor, dámela. Él abrió su cierre y lo
sacó, una belleza de verga. La lamí con pasión, estaba realmente muy exitada. Se
puso de rodillas mientras yo estaba sentada en el filo del sofá. La puso entre
mis nalgas y empujó lentamente. Yo gemí. Siguió metiéndola hasta que la entro
toda. Empezó a bombearme, su verga entraba y salía de mi una y otra vez, cada
vez mas y mas rápido. Mis tetas y mi pene saltaban en el aire, yo agarraba mis
tetas, luego pasaba mis manos por la cintura de alejo y lo acercaba para que me
bese.
Luego me puso en cuatro y me montó. Yo me mordía un brazo
para no gritar, alejo era realmente genial. Mientras me metía, ahora besaba mi
cuello y acariciaba mi pene tiernamente. Me puse boca arriba y el metió su pene
en mi boca, le pedí un sesenta y nueve. Mi pene entró en su boca y el suyo en la
mía, yo estaba abajo. Luego de un rato de estar así, chupando nuestros penes y
acariciando todo nuestro cuerpo, él se corrió en mi boca. Me la tragué todita, y
le pedí que me diera su culo para yo tambien llegar al clímax. El sonrío, y su
puso en cuatro. Lo penetré durante unos 10 minutos mas, lo hacía despacio,
disfrutándolo. Finalmente llené su culo de semen. Se lo lamí.
Nos acostamos sobre el sofá, nos abrazamos. Estábamos muy
cansados. Y simplemente quedamos dormidos. Al día siguiente, Alejandro me hizo
una propuesta que cambiaría toda mi vida....
En la próxima entrega les cuento cual fue la proposición de
Alejandro. Además vendrá el acuerdo con José Luis, mi casero, para poder pagarle
la renta.
Un beso.
Tere