Cuando Lydia encontró a Esperanza
El día ya ha despuntado y la tenue y fresca luz se filtra a
través de los resquicios de las persianas. Lydia, despierta, se revuelve en su
cama hasta quedar boca arriba, con los ojos muy abiertos. No hace frío, en
realidad, casi hace calor, así que se quita las sábanas que la cubren y se queda
sólo con su camisón transparente, que le llega hasta más abajo de la cintura. Se
estira y bosteza aparatosamente, logrando así que su cuerpo luzca en todo su
esplendor. Lydia es menuda, treintañera, de pelo negro ensortijado, ojos oscuros
y boca de labios gruesos. Tiene un buen par de tetas, bastante grandes y bien
formadas. Sus piernas no son perfectas, ya que son un poco gruesas y no están
finamente dibujadas. Lo mismo puede decirse de sus pies. En cuanto a su culo, es
amplio y jugoso, aunque sin llegar tampoco a la perfección. Lydia se cuida, así
que no tiene barriga. Su estómago es casi plano y no le sobra grasa por ninguna
parte.
- Buenos días - se dice a sí misma, con una sonrisa. Luego,
se levanta, poniendo primero tímidamente los desnudos pies en el suelo, para
después erguirse con confianza. Su camisón transparente deja ver sus magníficas
tetas, coronadas por un hermoso par de pezones. Pero sus pechos no son lo único
que deja ver aquella prenda de dormir. Más abajo, las bragas de Lydia aparecen
perfectamente a la vista, unas bragas blancas de encaje.
Lentamente, se encamina hacia la ventana. Levanta la persiana
y saluda al sol del nuevo día con una fuerte inspiración. Se acerca al cristal,
se acerca mucho a cristal…y se quita el camisón. Sus tetas se aplastan contra el
vidrio, mientras sus ojos vagan por la calle que se divisa varios pisos más
abajo. Ve como la gente va de un lado a otro…ya es muy tarde, casi las diez de
la mañana. Ve a parejas, a matrimonios con hijos preparando las cosas para
meterlas en el coche y disfrutar de una salida de la ciudad. Lydia siente como
todo aquello la golpea con la fuerza de un invisible puñetazo en toda su alma.
Porque Lydia está sola y nunca se siente más sola que cuando se levanta por la
mañana un domingo y sabe que no tiene nada que hacer, ni ningún sitio al que ir.
Intenta no dejarse llevar por el desánimo, por la tristeza, pero sabe que no
puede ganar. Nunca gana. Y su vida y sus continuos fracasos pasan ante sus ojos
en un instante, como para recordarle quien es y quien fue y que ya no tiene
posibilidades en este mundo. Las tuvo, las dejó pasar, y ya no las tiene.
Lydia vuelve a inspirar. Se aleja de la ventana, y se sienta
en el borde de la cama, cubierta por las sábanas arrugadas que desprenden el
calor de su cuerpo. Lydia cierra los ojos. Necesita encontrar el amor, pero
también necesita imperiosamente un poco de sexo. Más bien, se dice, un mucho de
sexo. Hace muchísimo tiempo que no folla y cada vez recurre más a la
masturbación. Como esta mañana, por ejemplo. Casi sin pensarlo, se quita
lentamente las bragas, dejando al descubierto su sexo, cubierto por una capa de
pelo negro y rizado. Luego, desnuda, se tumba boca arriba sobre la cama, sin
abrir los ojos y empieza a acariciarse la entrepierna. Sus dedos, hábiles y
experimentados, tocan suavemente los labios exteriores de su sexo siempre
hambriento de caricias. Los labios reaccionan de inmediato y se hinchan
ostensiblemente. Lydia intensifica las caricias y libera su mente de toda
atadura. Imagina una suave y lenta fantasía llena de penes en erección que la
rodean y requieren sus caricias. En su enardecida mente, Lydia se mete una verga
en la boca y la chupa, mientras otra se introduce en su vagina.
-Mmhhh…mmmhh…- gime Lydia, moviéndose despacio a un lado y a
otro, sin abrir los ojos, sin dejar de acariciarse la vulva. En sus
pensamientos, Lydia pide a gritos que la follen bien follada. Entonces,
sintiéndose ya lo suficientemente cachonda, se mete un dedo en el coño y empieza
a masturbarse en profundidad.
-Ahhh…ahhh…- jadea , metiéndose y sacándose el dedo del
conejo una y otra vez y llevándoselo de cuando en cuando a la boca para lamerlo
y degustar el sabor de sus propios jugos. Lydia intensifica el ritmo de su
masturbación. Pronto, nota que está toda mojada. El orgasmo no tardará. Y en
efecto, no lo hace. Instantes más tarde, Lydia se corre, mientras imagina que
una lluvia de semen se derrama imparable sobre su cuerpo.
-Mmhhh… ¡ahhh!...ahhhh…- jadea Lydia, con la boca abierta,
gimiendo de placer, corriéndose lentamente, mojando sus muslos y los pelos de su
entrepierna, empapando sus manos en los jugos del amor.
Lydia jadea entrecortadamente, tumbada boca arriba sobre la
cama. Está desnuda y sus deliciosas y grandes tetas suben y bajan con el ritmo
de su respiración. Lentamente, se está recuperando del orgasmo reciente. Y, como
siempre, se siente perdida, triste, vacía. El orgasmo fue sólo un pasatiempo, un
sustitutivo. Necesita algo más. No puede seguir toda la vida masturbándose una y
otra vez para olvidar su soledad. Con los ojos abiertos y el corazón palpitante,
siente como la tristeza avanza para envolverla en su manto gélido. Pero Lydia no
se rinde sin combatir. Recurre a su fuerza de voluntad, intenta apartar los
pensamientos ominosos y se levanta. Hace un día radiante, la vida, a pesar de
todo, es hermosa, se dice la bella mujer. Y se dirige hacia el baño, dónde,
después de hacer sus más inmediatas necesidades, toma una larga y fortalecedora
ducha.
Más tarde, esa misma mañana…
Lydia camina lentamente, cimbreando su hermoso cuerpo a cada
paso. Lleva gafas de sol y un bikini azul no muy revelador, pero que de todas
formas, exhibe suficientemente sus rotundos pechos. Sus pies desnudos se
deslizan suavemente sobre la arena mojada de la orilla de la playa. Hace sol y
hay bastante gente, tanto caminando como tumbada sobre la arena, así como
bañándose en el mar.
La brisa marina ha calmado un poco la tristeza de Lydia. Se
siente bien, de momento, pero sabe que no durará mucho. Continúa caminando, con
la loca esperanza de conocer a un desconocido que la haga caer en los brazos del
amor.
"Siempre hay una posibilidad" - se dice a sí misma, pero su
propia voz mental le suena hueca y demasiado triunfante. Poco a poco, va cayendo
en la amargura. Y a ello contribuye, sin lugar a dudas, el ver continuamente a
parejas pasándolo bien, aparentemente al menos. Todo el mundo parece tener a su
lado el amor de su vida, menos ella, Lydia la fracasada. Estos y otros ominosos
pensamientos ocupan la mente de Lydia, que camina cada vez con más desencanto
por la playa soleada y hermosa. Hasta los constantes gritos de los chiquillos
que infestan la orilla la molestan, a ella, que, en general, gusta de los niños.
De pronto, siente la necesidad imperiosa de estar sola, de alejarse, de
desaparecer. El murmullo de aquella multitud que atesta la playa la está
volviendo loca, necesita el máximo silencio posible. Y entonces, localiza, no
muy lejos, una gran peña que sobresale del agua. Hay marea baja y le resulta
fácil alcanzar su objetivo, sin nadar siquiera, a pesar de que el agua le llega
en algún momento hasta la parte baja de sus pechos. Pero al fin, consigue
encaramarse en aquel peñasco solitario, milagrosamente a salvo de los turistas.
Alrededor de la peña, el agua no es muy profunda y Lydia se siente segura.
Sentada al borde del mar, agitando dulcemente los pies en el
agua, mirando al eterno horizonte, parece que está en el principio de la
Creación. Sola, ella y aquella naturaleza hermosa y salvaje que desea ser
admirada. Inspira a fondo y se quita las gafas de sol. El peñasco es duro y sus
nalgas no están del todo cómodas, pero en conjunto, se encuentra mejor que
nunca.
Pasa el tiempo lentamente. Lydia se limita a respirar hondo y
a relajarse, intentando no pensar. Sobre todo, no pensar. Sus pechos generosos
se mueven arriba y abajo con cada inspiración forzada que realiza mientras
cierra los ojos y lanza la cabeza hacia atrás. Después de varias respiraciones,
se recuesta como puede sobre la piedra, sin sacar los pies del agua.
"Que tranquilidad, que paz, que sosiego…ah…que bien me
siento…"- piensa Lydia.
Y de pronto…
-Hola -
Lydia da un respingo. Una voz femenina acaba de saludarla.
Hay alguien junto a ella, ya no está sola…Fastidiada por aquella invasión de su
territorio, Lydia se incorpora para calibrar a la recién llegada que se atreve a
hablarle y a sacarla de su dulce reclusión en aquella peña perdida.
Un instante mas tarde, los ojos de Lydia se encuentran
mirando al fondo de unos bellos y almendrados ojos negros, centro de interés de
una deliciosa , blanca y dulce cara ovalada provista de unos labios no muy
gruesos y una nariz pequeña. La desconocida tiene el pelo negro y ensortijado,
bastante largo y abundante. Es algo más alta que Lydia y aparenta tener un par
de años más que ella. La mirada de Lydia, como a cámara lenta, se desliza hacia
abajo, para proceder a la contemplación de aquel cuerpo de mujer. Es esbelta, de
redondeadas formas, con unos pechos grandes y hermosos apenas embutidos en la
parte superior del bikini negro que lleva. Las piernas son bellas y
perfectamente dibujadas y moldeadas y, por lo que parece, tiene un trasero bien
dimensionado, aunque no necesariamente grande.
La desconocida sonríe. Lydia se demora demasiado en la
contemplación de aquella mujer y no parece darse cuenta de ello. Cuando, al fin,
cae en la cuenta, se sonroja y aparta la mirada del bello cuerpo femenino que
acapara su atención. Lydia está desconcertada. No sabe por qué se ha deleitado
tanto mirando a aquella mujer. Las implicaciones de tal comportamiento intentan
insinuarse débilmente en su cerebro, pero su ágil mente las aparta enseguida.
-Hola - contesta Lydia, apartando rápidamente la mirada para
situarla al frente, en una aparente contemplación arrobada y concentrada del
océano inmenso que llena el horizonte. No quiere darle oportunidad a aquella
mujer de entablar conversación, ya ha sido suficientemente extraño que la haya
interrumpido.
-Veo que también quieres estar sola, lejos de todo ese
barullo, de todos esos chiquillos...No es que no me gusten, pero son tantos...en
fin...la playa ya no es lo que era...No hay tranquilidad...- dice la
desconocida. Lydia escucha su voz y no parece dar crédito. Aún continúa allí,
aún está intentando entablar conversación. Lydia se vuelve para mirarla una vez
más, para desanimarla con algún comentario frío y distante...y entonces, siente
algo extraño en lo más profundo de su ser. Aquella mujer es hermosa, y le está
sonriendo...a ella, a Lydia...realmente, sólo quiere hablar...no hay nada malo
en hablar...Una cálida sensación se apodera del cuerpo de Lydia. "He estado
mucho tiempo sola...no hay nada malo en hablar...parece simpática..."-piensa
Lydia.
- Si...la verdad...tienes razón...- contesta - Por suerte,
encontré esta peña solitaria...y tú también, por lo que veo...
-Oh...no quería molestarte, si quieres, me voy...-
-No, no quería decir eso...lo siento...- repone Lydia,
estupefacta al comprobar que está haciendo esfuerzos para que aquella mujer que
no conoce de nada no se vaya y siga allí, hablando con ella.
La desconocida no responde. Durante unos instantes, Lydia
contempla el cuerpo de aquella mujer, centrando su atención en sus pechos,
grandes y jugosos. Cuándo se percata de que le está mirando maleducadamente la
parte superior del cuerpo a una completa desconocida, Lydia vuelve a sonrojarse
y aparta la mirada.
-Me llamo Esperanza- dice la desconocida. Lydia la mira y
ambas sonríen.
-Yo me llamo Lydia-
-Lydia...es un bonito nombre- susurra casi Esperanza.
-Esperanza también.
De nuevo un tiempo muerto, un ángel que pasa sobre dos
solitarias y bellas mujeres.
-Sé que es duro estar sola - dice Esperanza.- Yo lo estoy y
sé que tú lo estás...Te he visto mientras paseabas arriba y abajo por la arena
de la orilla. En realidad, prácticamente te he seguido hasta aquí...espero que
no creas que soy una loca asesina ni nada de eso…
Esperanza deja en el aire las últimas palabras, mientras mira
de reojo a Lydia y ensaya una hermosa sonrisa. Para afianzarse aún más, cruza
eróticamente sus bellas piernas desnudas, con lo cual atrae la atención de la
desconcertada Lydia, cuyo cuerpo parece atender a razones que su mente no
entiende.
-No…no creo eso…- balbuce Lydia, sonriendo, sin dejar de
mirar las piernas de su interlocutora. Se siente sofocada, ardiente por dentro.
El corazón le palpita cada vez con más fuerza y la respiración se le hace
entrecortada. Retirándose a sus últimas bases, la mente de Lydia le grita a su
cuerpo que deje de admirar a aquella mujer, que no está bien eso de excitarse
mirando a otra mujer…Porque Lydia sabe, aunque no lo reconozca, que se siente
excitada por aquella hembra. Para intentar detener dicha excitación, Lydia se
obliga a hablar, de cualquier cosa. Tiene que hablar…
- Así que me has estado siguiendo…- dice Lydia, fingiendo
desenvoltura -…y muy bien, porque no te había visto…- y como para afirmarse a sí
misma frente a la otra mujer, cruza también las piernas, inclinando hacia
delante los pies. Esperanza lanza una mirada de aprobación a las piernas de su
nueva amiga.
-Me seguías…- continúa Lydia-… ¿Por qué me seguías… a mí?
Esperanza mira hacia abajo antes de contestar. Cuándo lo
hace, sus ojos se levantan y atraviesan suave y amorosamente los ojos de Lydia.
-Te seguía…porque…porque me parece que eres una persona…con
la cual puedo congeniar…tener una amistad…ya sabes…la verdad es que estoy
sola….muy sola…y me pareces una solitaria…y me caes bien…en fin…no tienes porqué
aguantarme, lo sé…me iré si quieres…no te quiero molestar.- Esperanza habla de
carrerilla, un poco avergonzada. Lydia baja la mirada y luego la levanta,
dirigiéndose al horizonte. Sin mirar a Esperanza, habla sinceramente…:
- No hace falta que te vayas…no me molestas…es más, estoy
sola, como muy bien dices, y me vendría bien una amiga.- ahora, Lydia mira a
Esperanza y las miradas de ambas se encuentran y se acarician a través del aire
que las separa.
Esperanza tarda en contestar. En vez de hacerlo, se sienta
más cerca de Lydia y ésta, sin poderse contener, pierde la mirada en el profundo
valle que separa los pechos de su recién adquirida amistad. Comprendiendo que
está mirando demasiado aquellos senos magníficos, Lydia desvía la mirada, con lo
cual sólo consigue cambiar de objetivo: sus ojos se fijan ahora en las hermosas
piernas de Esperanza, desnudas y cruzadas la una sobre la otra. El corazón de
Lydia late más deprisa y siente como en lo más hondo de su sexo, algo despierta
de manera irrevocable.
-No me iré…no quiero irme…me gusta hablar contigo. Tienes una
voz preciosa.- dice Esperanza, sonriendo, mirando fijamente a los ojos a Lydia.-
No me iré…así que… ¿qué te parece si nos damos un baño? Hace calor, estamos en
una hermosa playa…el agua debe estar buenísima… ¿qué contestas?
Lydia no sabe qué contestar. Mira hacia otro lado, intentando
ordenar sus pensamientos, pero Esperanza no le da tregua y se tira al agua,
zambulléndose como una sirena. Lydia la observa, admirando sus movimientos
cimbreantes bajo las cristalinas aguas, hasta que sale a la superficie.
-¡¡Ahh!!¡Está más que buena, Lydia…! ¡Ven, tírate al agua,
está rica!- exclama Esperanza, llamando a Lydia desde pocos metros de distancia.
Lydia no hace sino mirar a Esperanza, que está toda mojada, con los pezones
transparentándose a través del ligero tejido de su bikini, con los chorros de
agua corriendo implacables por todo su cuerpo esbelto y neumático. En lo más
profundo de su ser, Lydia reconoce que está excitada sexualmente, pero su mente
se niega a admitirlo. Así que duda en tirarse al agua. Esperanza, sin embargo,
se acerca a ella y empieza a mojarla, lanzándole agua con las manos mientras ríe
sin cesar. Lydia no puede evitar contagiarse de aquella sincera risa y también
se une a la fiesta, a la alegría.
-¡No, no hagas eso!- grita Lydia -¡No me mojes…no! ¡Te lo
dije…ahhh!- Lydia se ríe como no recuerda haberlo hecho desde hace meses, quizá
años…Esperanza sigue mojándola, tentándola a tirarse al agua. Y al fin, Lydia
cede y se lanza, no muy brillantemente, pero se lanza. Una vez que su cuerpo
recorre bajo el agua la distancia que la separa de Esperanza, surge de entre la
aguas junto a su nueva amiga, muy junto a ella a decir verdad, tan junto a ella
que los cuerpos se rozan. Lydia siente el roce de los pechos de Esperanza,
siente el roce de sus muslos, siente el aliento de aquella mujer contra su boca.
Las sonrisas se hielan, los ojos se taladran mutuamente. Esperanza alza una mano
y suavemente, acaricia como por descuido el trasero de Lydia. Ésta siente como
si una corriente eléctrica la hubiese atravesado. Está tentada de responder a la
caricia; por un momento, contempla la posibilidad de acariciar a su vez el
trasero de Esperanza…pero en lugar de eso se aparta, desvía la mirada y continúa
riendo, como si nada hubiera pasado.
-Mira, Esperanza - dice - me he lanzado, al fin.
-Si, lo has hecho Lydia. Y me alegro.
Y las dos hermosas y mojadas mujeres se quedan en pie, una
frente a la otra, durante unos minutos. Luego, Esperanza se lanza al agua y se
pone a nadar, mientras grita:
-¡Vamos, Lydia…vamos a nadar!-
Lydia no contesta y se lanza en pos de Esperanza.
Las dos mujeres nadan raudas a través de las tranquilas
aguas, dejando una visible estela doble, pues ambas están casi empatadas.
Después de varios minutos, Esperanza se detiene, se zambulle y vuelve a salir, y
cuando lo hace, una de sus hermosas tetas se sale casi por completo de la
protección de la parte superior de su bikini. Lydia, que también se ha detenido,
admira extasiada aquella deliciosa teta desnuda. Puede verle el pezón, amplio y
bello, al completo. Sólo una pequeña parte de la teta está protegida por la
mojada tela del bikini. Sin poderlo remediar, Lydia siente como su clítoris se
pone en erección y un relámpago de deseo y de placer atraviesa su sexo. Su
mente, aterrada, le dice que mire hacia otro lado, que haga algo para evitar
sentirse atraída por la teta desnuda de otra mujer…pero es inútil. Sus ojos
permanecen fijos en aquella hermosura, en aquella gran teta semidesnuda.
Esperanza, aparentemente ignorante del desliz de su teta, salta sin parar de
reír, incitando a Lydia a que venga a por ella…
-¡Vamos, no te rindas…sígueme...vamos…soy más rápida que tú!-
exclama, alegre, Esperanza. Sus grandes y bellas tetas se mueven al unísono,
arriba y abajo, arriba y abajo…La teta que está casi fuera, se sale del todo con
tanto meneo. La teta desnuda salta a un lado y a otro, arriba y abajo. Lydia
tiene que esforzarse para no lanzarse sobre su nueva amiga y…Por suerte, al fin,
Esperanza se percata de que tiene una teta al aire y, sonrojándose ligeramente,
se la guarda, no sin antes echar un vistazo a Lydia. Lo que ve parece gustarle,
puesto que se ríe socarronamente…
- Lo siento - dice Esperanza - se me ha…ejem…salido…espero
que no te hayas disgustado…
-No…no te preocupes…a cualquiera se le puede salir una
teta…digo, un pecho…qué cosas digo…je, je…vas a pensar que soy una vulgar y una
maleducada.- Lydia no sabe ni lo que dice. Apenas sus palabras salen de su boca,
ya está arrepintiéndose de haberlo dicho. Esperanza no deja de reír suavemente,
ni de mirarla con ojos fijos y taladradores.
-Ah, tranquila…no me parece mal que las llames así…Son tetas.
Tetas. Se me ha salido una teta y tú la estabas mirando.
-¡Yo no la miraba, te miraba a ti, yo no…! ¡Yo no miraba tu
teta!- protesta Lydia, enfadada y ofuscada.
- Perdóname, perdóname…No quería decir eso. Vamos, la
mirabas, pero no la mirabas…es lógico, mirabas hacia mí, se me salió la teta y,
por fuerza, tuviste que verla. Nada más.
-Eso- asiente Lydia, no muy convencida.
-¿Y te gustó mi teta, Lydia?- pregunta Esperanza, como quien
no quiere la cosa, casi sin mirar a Lydia.
- Yo…si, está bien, bastante bien…pero yo no entiendo de
eso…ya sabes, las tetas de otra mujer, no son…mi especialidad…je, je,je…
Después de aquella pequeña discusión, ambas mujeres
permanecen de pie, en el agua, mirándose la una a la otra. Al fin, Esperanza
toma una decisión.
-¿Adónde vas?- pregunta Lydia, al ver que Esperanza se dirige
a la orilla.
-A la arena…me vendrá bien un paseo…si sigo aquí mucho
tiempo, me voy a arrugar…¿vienes, Lydia? Me gustaría mucho pasear contigo.
-Si, si, a mí también me gustaría pasear…me sentará bien ese
paseo…¡oh, mis gafas! Me he dejado las gafas de sol en la peña…tengo que volver
a buscarlas.
- De acuerdo, te acompaño.
Y Lydia y Esperanza avanzaron de nuevo mar adentro, hacia la
peña. Cuándo llegaron, la marea había crecido un poco y a Lydia le costaba
encaramarse a la roca.
-No te preocupes - dijo Esperanza - Yo te ayudo.
Y vaya si la ayudó. Coloca ambas manos extendidas sobre las
nalgas de Lydia y la empuja con fuerza hacia arriba. Lydia, al sentir en
contacto de aquellas manos sobre su culo, nota como la excitación se le sube a
la cabeza. Pero no dice nada. No lo evita . Hace como que no pasa nada. Y
Esperanza continúa tocándole el culo hasta que llega a la cima de la roca.
Luego, con fingida dignidad, recoge las gafas de sol y vuelve al agua , donde se
reúne con Esperanza. Ambas mujeres emprenden ahora su vuelta a la orilla, sin
hablarse. Solo se miran la una a la otra de vez en cuando, en silencio.
Y las dos mujeres salen del agua. Mientras lo hacen, Lydia
camina ligeramente detrás de Esperanza y se entretiene mirándole el culo.
Esperanza tiene un buen culo, redondeado y bien modelado, y el bikini no lo tapa
mucho, a decir verdad. Gran parte de sus amplias nalgas quedan al descubierto y
Lydia se aprovecha de eso para mirar a gusto. La mente de Lydia le grita que
deje de mirar aquel culo, que se trata del culo de otra mujer y que eso no está
bien, pero el cuerpo de Lydia está ganando la batalla y sus ojos continúan
mirando ávidamente.
Cuándo llegan a la arena, Esperanza mira a Lydia directamente
a los ojos. Lydia sostiene su mirada y sonríe. Esperanza le devuelve la sonrisa
y comienzan a pasear por la húmeda arena, cerca de la orilla, dejando que las
mansas olas mojen de vez en cuando sus pies desnudos.
-Vengo siempre a ésta playa - dice Esperanza - Me gusta,
siempre me ha gustado, aunque últimamente hay demasiada gente, demasiado
bullicio. Antes, en los viejos tiempos, era todo mucho mejor, no había tanto
musculito haciendo pases de modelo por ahí.
-Bueno, ver a un musculito de cuándo en cuándo a mí me gusta,
que quieres que te diga…- sostiene Lydia, sonriendo francamente. Esperanza
también se ríe y las dos mujeres continúan caminando juntas, a decir verdad,
cada vez más juntas, tanto, que cuándo quieren de pronto evitar a un niño
haciendo el típico castillito, tropiezan la una contra la otra .
-¡Oh, perdón…yo!- dice Lydia, respirando entrecortadamente.
Los pechos de Esperanza se han aplastado contra los suyos durante un breve lapso
de tiempo y eso la ha excitado más de lo que está dispuesta a admitir.
-Tranquila, no ha sido nada…ese chiquillo tenía que haberse
puesto a construir su castillo más lejos del paso peatonal.
Lydia vuelve a reír. Luego, continúan caminando, haciendo de
cuándo en cuando algún que otro comentario sobre el tiempo o sobre la gente que
invade la otrora tranquila playa. En un momento determinado, Lydia sorprende a
Esperanza admirando fijamente a una bella mujer que lleva las tetas al aire. Eso
la confunde y reafirma sus sospechas. "Si - piensa Lydia - Esperanza debe ser
lesbiana…y yo estoy caminando junto a ella y riéndome con ella…¿qué me
ocurre?¡No la conozco de nada! Y es evidente que quiere ligar conmigo…y la estoy
dejando…cuando tendría que pararle los pies."
Pero eso es más difícil de hacer que de pensar. Y Lydia sigue
caminando junto a Esperanza, como dos viejas amigas. El sol acaricia sus cuerpos
y la luminosidad de la gran playa llena sus ojos y sus sentidos. Lydia dedica
una mirada furtiva tras otra a admirar el cuerpo de Esperanza, cuando cree que
ella no la está mirando. Se avergüenza de hacerlo, puesto que se dice que eso es
de lesbianas y ella no lo es, o al menos, cree que no lo es.
-Ya hemos llegado - dice de pronto Esperanza. - Estas son mis
cosas ; no son muchas, vivo aquí cerca, en ese edificio de ahí.
Y al hablar, señala con un gesto de la cabeza un alto
edificio de apartamentos que se recorta contra el sol que baña la playa.
Esperanza recoge sus pocas cosas, - una toalla, un pequeño neceser- y sigue
caminando. Lydia continúa a su lado, pero ahora la dirige hacia dónde se
encuentran sus propias cosas. En realidad, no están muy lejos y Lydia se
pregunta si aquella mujer la ha seguido todo el tiempo, desde que llegó a la
playa, o incluso antes. Para su asombro , siente que esa posibilidad no la
asusta, sino que la halaga. Significa que Esperanza se siente atraída por ella,
y eso le gusta.
Una vez que las dos mujeres tienen a buen recaudo sus
pertenencias, se retiran hacia una parte sombreada de la playa, cerca del paseo
y se sientan sobre un banco de piedra. Mientras se sacude los pies llenos de
arena, Esperanza mira a Lydia y le hace la pregunta del millón:
-¿Quieres subir a mi casa? Ya te dije que vivo cerca, aquí al
lado. Puedes subir, tomar algo, un café, lo que quieras, incluso puedes darte
una ducha, si te apetece…
Lydia finge estar muy ocupada limpiándose los pies. Antes de
contestar, un aluvión de sensaciones y miedos y deseos apenas expresados en
forma de pensamientos reconocibles asaltan su mente indefensa. Luego, casi sin
pensar, dejándose llevar por las olas de la vida, contesta , suave, pero
firmemente:
-Sí…me gustaría mucho subir y tomar algo, si no te molesta ,
claro.-
Esperanza sonríe. Y Lydia, más segura de lo que se ha sentido
últimamente, añade:
-Incluso puede que te tome la palabra y me dé una ducha…esta
sal se pega al cuerpo.
-¡Por supuesto que no me molesta, Lydia!- contesta Esperanza,
henchida de alegría, con los ojos brillantes y a punto de abrazar a Lydia y de
comérsela a besos.-¡Vamos, no te preocupes más por tus pies, están perfectamente
limpios…!
Y las dos mujeres rozan sus cuerpos al levantarse al unísono.
Luego, caminan juntas un trecho hasta llegar al paseo propiamente dicho, en
dónde se calzan unas sencillas sandalias playeras de tiras. Sin ponerse nada
más, en bikini, caminan un tiempo por el paseo , mirándose la una a la otra a
hurtadillas. Esperanza sonríe y parece contenta y a punto de estallar de
alegría. Lydia, por su parte, es presa de encontradas emociones. No hablan casi
nada y cuándo Esperanza se detiene ante un portón plateado, en el edificio dónde
tiene su apartamento, Lydia siente que el corazón va a salírsele del pecho.
-Bueno, aquí es…subamos.- dice Esperanza, abriendo la puerta
con su llave. Lydia la sigue, sin poder apartar su mirada del bamboleante culo
de su nueva amiga, que abre la marca subiendo las escaleras. Dos pisos después,
Esperanza abre una puerta y penetran en su apartamento.
-Bien…¿qué te parece? Mi humilde guarida…- dice Esperanza,
exhibiendo una amplia sonrisa mientras cierra la puerta tras ella.
Lydia emite un sonido de aprobación. El apartamento no parece
muy grande, pero está bien amueblado y es muy luminoso. El pequeño vestíbulo en
el que se encuentran da paso a un salón de medianas dimensiones , en el que
destaca un amplio ventanal con vistas a la playa y un gran y mullido sofá,
aparte, claro está, del televisor y los aparatos de DVD y vídeo. Más allá, se
insinúa un pequeño pasillo. A un lado, una puerta entreabierta deja ver una
cocina coqueta y bien vestida.
-Es muy bonito, Esperanza, de verdad. Me gusta mucho - dice
Lydia.
Esperanza agradece con su mejor sonrisa el cumplido y acto
seguido se quita las sandalias, invitando a Lydia a hacer lo propio.
-Me gusta estar descalza - explica Esperanza - Y me gusta que
tú lo estés…tienes unos pies muy bonitos.
Lydia se ruboriza mientras se quita las sandalias. Luego, a
una señal de su amiga, se sienta en el sofá, mientras Esperanza se va a la
cocina a preparar unos cafés.
-De verdad, Esperanza, deja que te ayude a prepararlos…- se
ofrece Lydia, solícita.
-Nada de eso, eres mi invitada, y enseguida estarán.
Mientras Esperanza hace el café, Lydia se dedica a pensar. Le
parece una locura estar dónde está ahora, en el apartamento de una desconocida
que acaba de conocer en la playa. Pero lo peor es que tiene que reconocer que se
siente extrañamente atraída por Esperanza, y que a su pesar, oscuramente desea
que el sexo se desate entre ambas. Su mente , sin embargo, niega estas verdades
y la empuja a escapar, a huir de allí antes de que sea demasiado tarde. Lydia,
dividida, no sabe qué hacer. Solo sabe que anhela que ocurra algo, algo que ella
no va a provocar, pero que sin duda, sabe que no impedirá. Lydia tiembla de
deseo y nota como en su entrepierna la excitación va en aumento.
-Aquí están…recién hechos.- dice Esperanza, depositando ante
Lydia una bandeja con dos tazas de café humeante. Las dos mujeres se sirven y
paladean la excitante bebida. Luego, con las tazas nuevamente en la bandeja,
ambas miran aparentemente interesadas la luz que penetra por el ventanal. No se
hablan.
-Un café muy bueno, Esperanza, pero me tengo que marchar.-
dice Lydia, dónde al fin su mente parece haber ganado la partida. Su cuerpo le
pide quedarse, pero su razón le dicta que debe irse, que quedarse es peligroso
para su identidad sexual. Temblorosa, Lydia empieza a levantarse. Entonces,
Esperanza se acerca , la abraza, la atrae hacia ella y la besa en la boca.
-¡Mmmmmhhhppfff!- gime Lydia , sorprendida. Mantiene los ojos
asombrados y abiertos, mientras Esperanza la besa con los ojos cerrados. La
lengua de Esperanza penetra con decisión en la boca de Lydia y le lame la
lengua. Lydia intenta débilmente rechazar el asalto, pero pronto la calidez de
aquel cuerpo femenino la vence. Siente el muslo de Esperanza contra su muslo,
siente las tetas de Esperanza aplastarse contra la suyas, siente el cuerpo
entero de aquella mujer contra el suyo. Lydia se abandona y cierra los ojos.
Ahora, usa la lengua y responde cálidamente al beso de Esperanza.
Las bocas se separan. Esperanza abre los ojos y ve como Lydia
también los abre. Las dos mujeres sonríen suavemente. Lydia deja caer los
brazos, que había mantenido en tensión contra el cuerpo de Esperanza , y
entreabre la boca de nuevo, invitando a Esperanza a un nuevo beso. Ésta no
desaprovecha la oportunidad y vuelve a besar en la boca a Lydia, esta vez más
apasionadamente que antes, penetrando con su lengua hasta el último rincón. Y no
contenta con eso, aprovecha la lasitud de Lydia para desabrocharle la parte
superior del bikini, que cae al suelo con un sonido suave.
Lydia se deja besar. Disfruta del beso. Se siente
sobreexcitada, se siente caliente, cachonda. Cuándo Esperanza la despoja de la
parte superior de su bikini no hace nada pare evitarlo. Lo único que hace es
corresponder al beso de su nueva amiga, lamiéndole la lengua lo mejor que puede
y sabe. Y cuándo las bocas se separan de nuevo y Esperanza se retira un poco,
sonríe satisfecha. Porque ahora, Lydia está desnuda de cintura para arriba , con
sus hermosas tetas al aire.
-Tienes unas tetas preciosas , Lydia - susurra Esperanza,
acercándose otra vez a Lydia. Ésta la espera ansiosa, con la boca entreabierta ,
relamiéndose ostensiblemente, con los ojos entornados, totalmente entregada,
excitada y cachonda. Esperanza acaricia las tetas de su nueva amiga.
-¡Ahhh…!- gime Lydia, retorciéndose de placer. Esperanza
continúa hacia abajo con sus caricias, hasta llegar al borde de la parte baja
del bikini de Lydia. Ésta abre los ojos , brillantes. El corazón le palpita a
mil por hora, está ansiosa de que pase lo que sabe que va a pasar. Esperanza
agarra la tela del bikini, tira de él hacia abajo y lo sitúa a la altura de las
rodillas de Lydia. El frondoso valle de la entrepierna de Lydia queda al
descubierto y Esperanza se siente más cachonda que nunca. Espera unos segundos.
Lydia no hace ningún ademán de protesta o rechazo. Y un instante después,
Esperanza agarra nuevamente el bikini, tira de él hacia abajo y se lo quita a
Lydia definitivamente, lanzándolo lejos, hacia atrás.
Ahora, Lydia está desnuda.
Lydia sabe que su mente ha perdido la batalla. Son su cuerpo
y su corazón los que mandan. Y se siente tan excitada, tan cachonda, que se abre
de piernas completamente y le muestra a Esperanza la hermosa desnudez de su coño
húmedo y rojizo, con sus pliegues henchidos y su clítoris en erección. Esperanza
devora con los ojos la hermosa raja de Lydia. Y empieza a desnudarse. Lydia gime
de placer cuándo las grandes tetas de Esperanza quedan al descubierto. Y sin
poder evitarlo , empieza a acariciarse el coño. Y cuándo Esperanza se lo quita
todo por fin y se queda desnuda frente a ella, Lydia da un paso más y empieza a
masturbarse sin pudor alguno, metiéndose un dedo en el coño.
-Ahhh…mmmmhhh…ahhh…- gime Lydia, mirando excitada a la
desnuda Esperanza, masturbándose lenta y suavemente, metiéndose y sacándose un
dedo de su mojado coño. Lydia tiene los ojos casi cerrados, vidriosos, con una
expresión de intenso deseo. Su boca entreabierta y la lengua prácticamente
fuera, completan una imagen de absoluta e inequívoca cachondez. Y es que el ver
a Esperanza desnuda la ha puesto a cien ; aquella Esperanza , con sus grandes y
hermosas tetas derramándose imponentes a ambos lados de su cuerpo, con sus
perfectas piernas y su monte de Venus tapizado de un vello púbico perfectamente
recortado y cuidado, hace las delicias de Lydia.
Esperanza se arrodilla, avanza gateando y se sitúa entre los
abiertos muslos de Lydia. Lydia gime con más intensidad, con el corazón
desbocado. Esperanza aparta suavemente la mano con la que Lydia se masturba.
Ahora, el coño de Lydia está al alcance de Esperanza, la cual mira a su nueva
amiga a los ojos, sonriente. Lydia le devuelve la mirada y no dice nada.
Esperanza , interpretando aquel silencio como aquiescencia, introduce la cabeza
entre las piernas de Lydia y empieza a lamerle el coño.
-¡¡MMMHHHH….AAHHHH….!!- gime Lydia, lanzando la cabeza hacia
atrás y cerrando los ojos. Esperanza aspira a fondo el aroma delicioso del
conejo de Lydia , mientras le mete la lengua en profundidad. Una vez tiene la
lengua bien introducida en el aromático sexo de Lydia , empieza a subir , hasta
alcanzar el clítoris erecto. Lo lame lentamente, dándole mil y una vueltas con
su lengua. Para intensificar el placer de Lydia, le mete un dedo en el coño,
penetrándola así doblemente.
Lydia saca la lengua y se relame , con los ojos ahora
abiertos , mientras con ambas manos empuja la cabeza de Esperanza hacia ella.
Lydia gime y jadea, totalmente cachonda, pletórica de placer.
-AAhhhh…ahhh…mmmhhh…- jadea Lydia, mordiéndose los labios ,
henchida de pasión. Esperanza saca el dedo mojado con el que estaba penetrando a
Lydia y se lo mete a ésta por el agujero del culo. Lydia alcanza el éxtasis.
Temblando de placer, con el cuerpo en movimiento continuo, no puede resistir la
invasión de su agujero anal y se corre abundantemente , de forma incontrolada,
sobre la cara de Esperanza.
-¡¡AAHHHH…AHHHHH….AAAAAHHHMMMMMHH!!- los gemidos de placer de
Lydia alcanzan el paroxismo mientras se corre sin remedio. Esperanza retira el
dedo del culo de su amiga y asimismo, también retira la cabeza de entre sus
muslos. Con la cara mojada, Esperanza se sienta junto a la gimiente Lydia, que
exhibe una cara de total satisfacción.
-Lo…lo siento, Esperanza. Me he corrido demasiado pronto, lo
sé…pero es que no he podido evitarlo…lo hacías tan bien…estaba tan
cachonda…nunca había sentido un placer igual, tan intenso, tan…prohibido,
tan…excitante.- susurra Lydia, acomodando la cabeza suavemente contra el hombro
desnudo de Esperanza y mirando a los ojos de su nueva amiga con expresión de
corderita ingenua y anhelante.
-No tienes por qué sentir nada, Lydia. Te he chupado el coño
y te ha gustado tanto que no has tardado en correrte…Además, me parece que nunca
antes habías practicado el sexo con otra mujer…¿me equivoco?-
-No, no te equivocas…nunca antes me había sentido atraída por
otra mujer…En realidad, ni siquiera ahora creo ser una …una lesbiana, a pesar de
que me he dejado desnudar por ti, y que, sobre todo, he dejado que me chuparas
…que me chuparas el…coño.
Esperanza sonríe. Está más que cachonda y desea con todas sus
fuerzas que Lydia se recupere para disfrutar de una auténtica sesión de sexo
entre mujeres con aquella menuda y hermosa belleza que tanto le gustaba y le
atraía.
-Lydia…¿te ha gustado? Es decir, además de correrte….¿has
disfrutado viéndome desnuda, has disfrutado dejando que te desnudara, has
disfrutado con mis caricias?- pregunta Esperanza, acariciándole el pelo a Lydia.
Ésta se toma su tiempo para contestar y , mientras piensa, se dedica a
acariciarle una teta a Esperanza.
-Si…me ha gustado mucho…Desde que te vi. en la playa supe que
había algo en ti que me atraía…Te deseaba ya allí, sobre la peña…y te deseo
ahora, aquí, en tu casa….Necesito que me hagas el amor, Esperanza. Ahora lo sé.
Esperanza cierra los ojos y gime, excitada, deleitándose con
el placer que le producen las caricias que Lydia dedica a su teta.
-Lydia…no importa que seas o no lesbiana…Lo importante es que
disfrutes. Y con tu disfrute no haces daño a nadie, no lo olvides. Te harías
daño a ti misma si te empeñaras en negarlo…ahhh…A propósito, acaricias muy
bien…me estás poniendo más que caliente.
Lydia sonríe. Abre la boca y engulle la teta de Esperanza,
lamiéndole a fondo el enorme pezón sonrosado y duro.
Lydia se saca la teta de la boca y , durante algunos
segundos, lame el estómago de Esperanza. Su nueva amiga gime , con los ojos
entrecerrados y la lengua fuera. A Lydia le gusta saber que está causando placer
a Esperanza, así que se decide. Se pone de rodillas ante Esperanza e introduce
su cabeza entre los muslo de ésta.
-Ohhh…siii…Lydia, por favor…hazlo…hazlo…te lo
suplico…chúpame…ahhhh- gime Esperanza. Lydia sonríe. Luego, saca la lengua y,
lentamente, lame de abajo a arriba los labios exteriores de Esperanza, para,
acto seguido, lamer los jugosos y salidos labios interiores. Esperanza, al
sentir el contacto de la lengua de Lydia con sus labios vaginales, no puede
reprimir y hondo y profundo gemido de placer, mientras acaricia el pelo de su
amiga. Lydia está un poco desconcertada. Nunca antes ha lamido el sexo de otra
mujer, pero aquel olor, aquella textura, la ponen tan caliente como nunca antes
recuerda haber estado. Aspira a pleno pulmón el aroma del coño de Esperanza y,
nuevamente, le da otra lamida. Ahora, se siente realmente cachonda. Y eso a
pesar de que hace muy poco que se ha corrido.
"¡Qué bien sabe el sexo de otra mujer!"-piensa Lydia , y, sin
más preámbulos, se lanza al ataque y penetra a Esperanza con la
lengua,metiéndosela hasta el fondo.
-¡¡Aahhhh….siii…qué bien lo hacer…mmmhhh!!- gime la jadeante
Esperanza, acariciando el pelo de Lydia. Ésta, por su parte, saborea a placer el
coño de su nueva amiga, deleitándose en aquellos nuevos y excitantes sabores
femeninos. La lengua de Lydia folla a Esperanza, saliendo y entrando de su
conejo una y otra vez.
-¡AAAhhh…!- gimotea Esperanza, a punto de correrse. Lydia
saca la lengua, espera un segundo y acto seguido, le dedica un profundo lametón
al clítoris de su amiga. Pronto, Esperanza se corre violentamente en la boca de
Lydia, dejándola totalmente manchada con sus jugos humeantes y viscosos.
Pasan unos segundos…Lydia se incorpora y se sienta junto a
Esperanza , que aún jadea estrepitosamente. Las dos mujeres se miran y se besan
suavemente, posando los labios la una sobre la otra, con los ojos sonrientes y
brillantes.
-Lydia…- dice Esperanza -¿ te ha gustado…chupármelo?-
Lydia le pasa un brazo por encima del hombro a su nueva
amiga, acariciándola con calidez. Luego, se inclina hacia abajo un poco y le
lame una teta.
-Ohhh…Lydiaaaa….ahhhh…siii….- gime Esperanza. Lydia se lleva
el pezón de su amiga a la boca y lo chupa lenta y untuosamente, antes de
soltarlo e incorporarse de nuevo. Sólo entonces, contesta la pregunta.
-Si, Esperanza…me ha gustado mucho chupártelo…me ha gustado
mucho su sabor…nunca había chupado un …un…coño….y el tuyo me ha desarmado por
completo. Creo que estoy en tu poder, Esperanza.
- Y yo lo estoy en el tuyo, Lydia…te deseo como nunca he
deseado a otra mujer.
Nuevamente, las dos mujeres juntan sus labios y se besan
apasionadamente. Cuando se separan, Esperanza, sonriente, le dice a Lydia:
-Bueno…¿qué tal si nos damos esa ducha…las dos juntas?-
-¡Será fantástico ducharnos juntas!- asiente, arrobada,
Lydia, que se excita con sólo imaginar la escena.- Enjabonándonos la una a la
otra…ahhh….mmmhhh…siii…vamos allá.
-Vamos- dice Esperanza y se levanta. Lydia sigue a su desnuda
amiga por la habitación, en dirección al baño.(CONTINUARÁ)