Concierto descontrolado III
Hola. Continúo la historia de Tania en el concierto. Os
remito a los dos primeros relatos (I
y II)
para poneros en situación y saber perfectamente de qué va esta historia. Si os
gustan o tenéis consejos para continuar la historia no dudéis en escribirme a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO. Así que así sigue
el relato de Tania en el concierto con sus tres amigos:
No he podido dormir.
Hace una hora que Alberto ha desaparecido de la tienda, media
desde que la rubia ha dejado solo a Fran y tres cuartos desde que he acabado mi
paja con un orgasmo disfrutado en soledad. Como todas las buenas pajas.
No dejo de sentirme frustrada por la ocasión fallida. Seguro
que vendrán otras oportunidades de que me follen el culo, pero hoy lo deseaba de
veras. Y además me he rebajado hasta lo más bajo para conseguirlo: Abriéndome de
patas, separándome las nalgas y mostrando mi más oscuro interior a Alberto. Y va
y se corre justo antes de entrar…Está claro que, si quiero, el tío lo volvería a
intentar encantado, pero yo quiero a otro… y ahora mismo está un poco alejado de
mí. Y no sólo físicamente. Fran está enfadado conmigo y no sé porqué.
En fin, dentro de dos horas empiezan los conciertos. Creo que
entonces podré intentar aclarar las cosas.
Con este nuevo ánimo me voy a pegar una ducha y prepararme
para la velada musical de la noche.
Vuelvo a la tienda vestida con mis pantalones
super-cortos-apretados y mi camiseta de Chupa-chups. Es guay, de color azul
eléctrico con el logo de la marca de caramelos en color amarillo y rojo. El
final de las mangas también tiene una tira de color amarillo que lo rodea. Me
siento feliz y con ganas de que llegue la noche. Debajo de la camiseta de
Chupa-chups me pongo un sujetador de color azul, completamente liso y que me
gusta mucho. Encima de ellos, una camiseta blanca de tirantes. La camiseta
encima de todo esto. Un tanga a juego con el sujetador y unos vaqueros sobre mis
piernas.
Salgo de la tienda con mi pequeña mochila a la espalda. En
ella, una botella de agua, tabaco, kleenex, la cartera con un poco de dinero y
la documentación y un par de condones. Por si acaso.
En la tienda de enfrente encuentro a Fran y a Jorge ya
preparados para salir. Nos dirigimos al concierto.
Caminamos en silencio. Uno mirando al frente con la mirada
perdida, el otro mirando el culo de las tías que se le cruzan y otra mirando,
sobretodo, a Fran.
-"Por cierto, y Alberto?" - les pregunto realmente
interesada.
-"Ni idea, me lo he cruzado cuando yo salía de las duchas.
Parecía que tenía mucha prisa. Sin ni siquiera mirarme me ha dicho que no lo
esperásemos esta noche para salir, que ya nos veríamos en el concierto. Si
venía. No he podido decirle nada más, ha salido casi corriendo. No sé qué le
pasaría, pero… igual ha ligado y está por ahí con alguna zorrilla"- le dice Fran
a Jorge. Ambos estallan en amplias carcajadas.
Yo callo. No puedo evitar pensar en Alberto con una mezcla de
ternura y compasión. No sólo por su precocidad en el terreno sexual sino también
por su inocencia. Si no cambia su actitud, las tías le harán mucho daño. O el se
hará mucho daño con las tías, mejor dicho. En fin, de momento yo no puedo
ayudarle…
Yo con mis cábalas y, sin darme cuenta, ya hemos llegado al
recinto del concierto. A la entrada me registran la bolsa. El segurata de la
entrada me coge la botella y tira el tapón al suelo. ¿Eso ha sido por joder o
servirá de algo? Sigue buscando por dentro. Saca los dos condones unidos. Los
mira. Me mira. Sonríe y vuelve a meterlos en la bolsa.
Jorge y Fran comentan la jugada. Seguro que Jorge lo utiliza
para confirmar a Fran la historia que le ha explicado de él y yo.
A mi me importa un pito Jorge, pero Fran…
Joder, parezco una niñata de 15 años pensando en su cantante
favorito. Sólo me falta ponerme a gritar y lanzarle mi ropa interior.
Durante un momento me doy asco de mí misma. ¿Dónde está mi
dignidad?. El tío está bueno. Muy bueno. Pero si quiere algo, que se lo curre.
No iré yo a ponerle mi coño en su boca… ¿No? Está claro que no puedo evitar
ponerme "tontorrona" al pensar en Fran.
Empieza la jarana.
El primer grupo sale al escenario.
No matan. No me gustan demasiado.
Al poco rato aparece Alberto. Tiene buena cara. Nos saluda a
todos. Incluso a mí. Como si nada. Mejor, porque para mí no ha pasado nada malo
ni horrendo. Eso está bien, que lo supere. Ya tendrá oportunidad de resarcirse,
aunque no sea conmigo…
Ya vamos por el tercer grupo. Este sí que es una caña.
Bailo como loca.
Veo venir a Jorge cámara en mano, otra vez.
Rápidamente me lo quedo mirando. Cuando veo que va a hacer la
foto extiendo el dedo medio delante de la cámara. Flash. Una foto de puta madre.
Je, je!!
Me giro al escenario otra vez y continúo bailando.
-"Hombre, pero qué sorpresa.!!!! Fran. ¿Qué haces por
aquí?."- Una desconocida voz femenina.
Nos giramos todos.
Es una chica rubia, cogida de la mano de un moreno alto, un
pelín mayor así a primera vista. Pero guapo.
-"¿Por qué no nos has avisado que venías?"- le dice la rubia
a Fran.
Parece que al meterte una buena polla por el culo debes
perder la memoria, porque esta rubia es la que horas antes estaba jadeando a
cuatro patas ante Fran…
Y Fran debe saber perfectamente que está con su novio, porque
le sigue el rollo a la perfección: -" Mira, decisiones de última hora. Por
cierto, os presento. Estos son Jorge y Alberto, y la preciosidad es Tania." Y
luego a nosotros: "Ellos son Isa y Sergio".
Nos estrechamos las manos o nos besamos según el sexo del
presentado. Al poco ya estamos unidos en un único grupo.
Estoy realmente mosqueada. Parece claro que Fran e Isa ya se
conocían y que esta tarde han revivido experiencias pasadas. El hecho que no
dejen de enviarse miradas furtivas ahora mismo, no hace más que confirmar mis
sospechas.
-"Voy al lavabo, me acompañas?"- me dice Isa como si quisiese
desviarme de mis malos pensamientos.
-"No, gracias. No tengo ganas"- le digo con sequedad y me
vuelvo hacia el escenario.
-"Ya te acompaño yo". El "atento" de Fran que se brinda a
acompañar a la pobrecilla damisela con apuros.
Así que se van, y me quedo yo sola con los tres tíos: mi
"casi-desvirgador-anal", mi "pajero-me quedo-conlasganas" y el cornudo. Menudo
grupo.
Pasan 5 minutos.
10 minutos
Un cuarto de hora y ni rastro de los "meones".
-"Joder si que tardan. Los iré a buscar"- dice Sergio.
-"Nooo." Saltamos los tres casi al unísono. Nos quedamos
mirando. Parece que todos, menos uno, sabemos perfectamente que, si están en el
lavabo, no están meando.
-"Venga. Me parece bien. Te acompaño"- le digo. Alguien tenía
que disimular ante tanto empeño en no ir en su busca. Además, no quería quedarme
sola con esos dos.
-"¿Ahora sí que tienes ganas?- me dice
-"Pues sí, mira."- le digo mientras me voy con él.
Él va primero. Yo detrás. Con la escusa de no perderme, le
cojo de la mano y tira de mí hacia los lavabos. Es un tío alto. Yo mido 1,75m
así que a ojo diría que mide 1.80m aprox. Debe tener unos 30 tacos. Poco más,
pero es unos años mayor que nosotros, y que su novia. Está fondón, pero no
gordo. Tiene el pelo corto, de color negro, aparentemente hecho un lío, pero le
queda muy bien. Es unos de esos "looks" que parecen que tal como se levantan así
se quedan pero que, en el fondo, está mucho más estudiado de lo que parece.
Tiene pinta de ser uno de esos ejecutivos que van todo trajados al trabajo y
cuando salen el fin de semana se sueltan y cambian totalmente. Tiene unos ojos
negros, pequeños. Sus labios son finos. Sus facciones son duras. Es todo un
hombrón. Seguro que es un machista acabado. No sé porqué, pero me da esa
sensación.
Ya hemos llegado a los lavabos.
Una vez en ellos, nos separamos, cada uno, en dirección a su
respectivo sexo. Al entrar me encuentro con una cola enorme. Y no sólo de tías.
Es una mezcla de todo. Tíos, tías, otros que no te atreverías a jugarte nada por
cuál es su sexo. En fin, que queda claro que a estas horas y en estos sitios la
gente no está para respetar los cartelitos de hombre o mujer.
Pasa un rato.
La cosa va lentísima. La gente está de cháchara y como aquí
no hay urinarios, aún peor. Entran de dos en dos, se quedan hablando o haciendo
sus cosas. En fin una eternidad.
Menos mal que yo no tengo ganas de mear. Para que no se note
dejo pasar un tiempo prudencial y salgo en busca del cornudo.
Poco tiempo he dejado pasar. Aún no ha salido.
Miro hacia los lavabos de tíos. Se ven claramente desde donde
estoy, ni mamparas ni nada que evite ver parte del interior de los lavabos.
Sergio está en la primera cola, la más cercana a la puerta, a punto de vaciar su
vejiga.
Ni corta ni perezosa voy en su búsqueda. Realmente me
interesa saber que ambiente hay ahí dentro.
Lo primero que veo es que no hay urinarios colgados, como
pensaba, sino una pared continua forrada de acero inoxidable, de donde gotea un
chorro de agua recogido por un canal en el suelo.
Sergio está el primero de todos. Me pongo a su lado justo
antes del principio del super-urinario y me apoyo en la pared con el hombro, de
cara a él, diciéndole: -"Ya estoy".
Responde con un saltito y un respingo mientras me mira, con
cara como de asustado.
-"Jodeeer tía, que susto. Me has cortado la meada y casi me
mojo los pantalones"- es lo único que puede decir.
La afirmación me hace sonreír. Y también mirar
instintivamente hacia abajo.
Veo sus pantalones abiertos. Los calzoncillos bajados por su
parte delantera y una mano encima de ellos. En la mano, cuando toca con su
cuerpo, se entreven unos pelillos negros rizados. Por el lado contrario algo que
cuelga. Y cuelga. Y cuelga.
¡¡¡Menudo aparato!!!!!
¿He dicho aparato? ¡¡¡¡Monstruo!!!!! Diría.
Sin aparentar trempado, más de la mitad de su polla rebosa de
la mano. Cuelga, por evidentes cuestiones de peso, hacia abajo. Así, a bote
pronto, diría que unos 20cm o más. Yo qué sé me parece una exageración.
-"¿Qué? No puedo mear así". Casi ni le oigo. Tengo la boca
abierta y el sonido de sus palabras debe entrar por mis oídos y escaparse por
ella sin llegar a mi cerebro.
-"Qué pasa. Nunca has visto una polla o qué?" me dice.
Logro cerrar la boca y articular: -"Sí. Sí, pero desde luego
nunca una….".
-"Venga, déjame mear" o algo así me dice. Me retiro
alucinada. Me dirijo hacia la salida sin darme cuenta de la gente que pasa por
mi lado, sólo tengo en mente la polla esa. Nada más. Ahora ya sé porqué a la
rubia esa no le dolía la de Fran. Jodeeer. Llego afuera y me quedo parada con la
mirada perdida y la cabeza llena con la imagen de ese pollón.
Al cabo de poco sale el meón-cornudo-pollón, con su polla
dentro de los pantalones y empieza a dirigirse hacia nuestros amigos.
Rápidamente le planteo un cambio de planes: -"Oye, vamos a
buscar a esos dos por ahí? Igual están tomando algo y a mí me apetecería meterme
algo en la garganta. La tengo muy seca".
Sergio se para y mira hacia Jorge y Alberto. -"Vale. Veo que
no han vuelto aún. Me parece bien".
"Perfecto. Ya eres mío" pienso para mis adentros.
Llevamos un buen rato "buscando". Vamos de carpa en carpa y
de barra en barra, más que nada para repostar. Sergio ya lleva un buen pedal. Yo
no tanto, porque he bebido menos, aunque también estoy un pelín tocadita.
-"Miramos ahí?" dice Sergio señalando la carpa del Chillout.
-"Miremos" le contesto yo.
Al entrar, el calor me golpea con fuerza. La peña está
sentada, fumando y bebiendo. Las luces parpadean al son de la música. Es música
tranquilita pero está a tope. Desde luego grandes conversaciones no se harán
aquí. Además, en general está bastante oscuro y cuesta ver más allá de uno o dos
metros.
Avanzamos como podemos entre la gente. Sergio sale corriendo
hacia el frente mientras me grita algo que no puedo llegar a escuchar. A unos 6
metros de donde estoy, me parece intuir una pareja que se está levantando.
Sergio ya está ante ellos. El tío ha conseguido sitio. Es un sofá bastante
tocado por la manchas, de bebida supongo, y sucio de los pies que pone la gente
encima.
Nos sentamos.
Estamos al final de todo. A los lados un altavoz y la carpa
nos cobijan. Enfrente una fila de sofás hacen de barrera visual.
Estaremos tranquilos.
Permanecemos un rato callados. Bebiendo y disfrutando de la
música. Sergio se enciende un cigarro. Lo primero que le digo es: -"Uuuuuffff,
qué calor hace aquí" mientras dejo la mochila en el sofá y me quito la camiseta
de Chupa-Chups que tanto me gusta. Al hacerlo mi hombro izquierdo, el más
cercano a Sergio, queda desnudo. El tirante de la camiseta interior ha caído,
casi, hasta mi codo. Parte de la zona superior de mi teta izquierda y la tira
del sujetador quedan al aire.
Como si nada pasase, los dejo donde están.
Sergio me pone una mano en mi brazo y coloca el tirante en su
sitio sin decirme nada. Pero también sin quitarme ojo.
-"uuups, vaya, gracias, no me había dado cuenta" le digo
poniendo cara lo más inocente que puedo. Al mismo tiempo pienso que todo va
viento en popa…
Iniciamos una conversación. No se de qué va, porque me cuesta
mucho oírle. Pego mi oreja a su boca. Así logro oír como me dice que parece que
Isa, su novia, tampoco está ahí.
También noto su lengua rozándome la oreja.
Me separo de él y me paso la mano por la frente. Sacudo la
mano arriba y abajo y le digo: -"Sigo teniendo un calor espantoso".
Él se ríe y, acercándose otra vez a mi oreja, me grita:
-"Pues como no te despelotes, ya no sé que más puedes hacer…"
-"¿Qué no? Tú no sabes el calor que da esto" . Al acabar esta
frase paso mis manos por mi espalda, por dentro de la camiseta, y desabrocho los
corchetes del sujetador. Con la mano derecha pillo el tirante izquierdo, arrugo
el brazo del tirante y lo libero. Con el lado contrario igual. Así saco, en un
santiamén, el sujetador de debajo de la camiseta. Al sacarlos, una mano se
enreda y tira de la camiseta. Saco la mano y la prenda vuelve a su posición,
pero no del todo correctamente. Parte del escote de la prenda se ha encallado en
un pezón. Me doy cuenta, pero disimulo mirando a otro sitio.
Le miro.
-"Oye, no sé qué quieres, pero tengo novia" me suelta el
iluso.
-"No sé de qué me hablas" le digo, otra vez inocentemente.
Él se señala su pecho y me dirige la mirada a mí. Yo miro
hacia abajo. Veo mi pezón izquierdo atrapado por el cuello de la camiseta.
Rápidamente, como si de verdad no lo supiera, me pongo la camiseta bien y aparto
la mirada de Sergio, como avergonzada.
Ahora los pezones están a cubierto pero se me marcan
claramente. Están como piedras. Y no es del frío.
-"Mira, Tania, eres muy guapa, pero recuerda que yo tengo
novia"- vuelve a repetirme.
-"Sí, ya lo sé, y también sé que ahora debe estar follando
con Fran"- le digo enfadada y molesta.
-"Pero qué dices. Tú estás loca. O peor, enferma" me dice
Sergio
Me lo miro. Me da pena. No sé si pasar de él o meterle la
estocada final. La imagen del lavabo vuelve a mi mente.
Lo tengo claro.
-"Mira, yo los he visto esta tarde en la tienda de Fran
follando como leones" - le grito a la cara.
-"Anda yaaaa. Isa ha estado toda la tarde conmigo. Sólo ha
ido un momento a las duchas"- contesta él.
-"Sí claro, si a las duchas debe haber ido, pero se ha
encontrado con Fran y mira.."
-"Queeee no. Sólo nos hemos separado para esa ducha, hemos
dormido y luego…." Entonces Sergio mira al frente y se queda callado. Su cara se
ensombrece. Parece que haya visto fantasmas delante suyo.
Miro donde él.
Nada anormal. Sólo gente sentada y eso. Le miro: -"Y…?" le
pregunto mientras le doy un golpecito en el brazo.
-"La ducha de la tarde…., otra vez" - añade Sergio antes de
caer en otro profundo silencio.
Viendo mi triunfo ante mí le digo: -"Vaya, qué limpia es tu
novia. Se ducha por la tarde, luego duerme y, al levantarse, vuelve a ducharse.
No ves que no se ha duchado la primera vez y luego ha ido a limpiarse lo que
Fran le ha dejado". Lo siento mucho por él, pero una amplia sonrisa aparece en
mi boca. La acabo antes de que él la vea y se enfade conmigo. Es cuestión de
aprovechar la situación, pero aún se puede aprovechar muchísimo más aún.
Lo primero que articula Sergio es: -"me cago en la puta…".
Lo segundo: "Hija de la gran puta".
Lo tercero ya no lo oigo. He decidido estirarme.
Pongo mi cabeza en el regazo de Sergio.
Noto la tensión de Sergio al sentirme apoyada ahí, pero
supongo que debe seguir pensando en novias y duchas y rubios cabrones folladores
de novias.
Tengo mi lado izquierdo de la cabeza en su regazo. Enfrente
sólo veo parte del sofá de delante y, por encima de él, el techo de la carpa.
Empiezo a mover la cabeza. Poco a poco, como sin querer, para ver que encuentro
por ahí. Enseguida noto con mi cabeza que algo se va endureciendo. Algo está
creciendo. "Un monstruo" me digo para mis adentros sin dejar de moverme.
Giro un poco sobre mí, como su estuviese incómoda. Ya no me
apoyo en su paquete, sino un poco más adelante, sobre sus muslos. Ahora le miro
directamente a los ojos. Él me mira a mí también.
Paso una mano por el lado derecho de mi cabeza, donde está su
paquete. Lo rodeo frotándolo con el dorso de mi mano un par de veces.
Sigo mirándole
Él no dice nada.
Sonrío.
Paso una mano sobre el botón de sus pantalones.
Lo desabrocho.
Le miro a ver qué dice. Está mirando a un lado, con la mirada
perdida. Parece que sus ojos están medio llorosos. Ya le alegraré yo la noche.
Le bajo la cremallera de la bragueta. Al irla bajando va
apareciendo el bulto que produce la bestia atrapada ahí adentro. La erección
parece evidente, aunque esté disimulada por los calzoncillos. Resigo el bulto
con mis labios. El bulto se alarga hacia la izquierda. Si la tuviese recta hacia
arriba, le saldría de los calzoncillos. La punta se pierde en la profundidad de
sus pantalones.
Separo la goma de sus calzoncillos y meto la mano entre
ellos. Le agarro la verga.
Está caliente.
Sin verla, me la imagino. La punta de mis dedos no llegan ni
a tocarse al rodearla. Noto los latidos de su corazón en mi mano, cada vez más
rápidos. Debe de tener un diámetro de 5 cm. La fina piel que la envuelve está
completamente ardiendo, y estirada. La bajo un poco. Mi mano forma un bulto
enorme en sus calzoncillos. Un bulto que sube y baja. Al bajar del todo los
calzoncillos siguen a mi mano. Algo grande y rojo asoma por encima de la prenda
interior. Es su capullo. El "monstruo" está coronado por un bulto no menos
monstruoso de tamaño. La raja que lo parte por la mitad me deja ver claramente
su agujero. También abierto a causa del tirón de mi mano. Yo no muevo la mano
pero el capullo sale cada vez más. Él solo. La polla crece aún más entre mi
mano. Las puntas de los dedos se separan un poco más.
Tiro de ella hacia fuera.
Se muestra ante mí en todo su esplendor. Así de cerca, se ve
enorme. Más ancha de lo que me había parecido antes. Sigue está caliente y
palpitante.
La acerco un poco a mi boca.
Le tiro el aliento. Caliente. Responde con una sacudida. Con
la punta de mi lengua la recorro desde los huevos hasta el final del capullo.
Admiro la vena que la cruza. Igual de palpitante. Es gruesa.
Debe bombear un montón de sangre para poder mantener recto al monstruo.
Me quedo embobada viendo como la vena se bifurca en otras más
pequeñitas para llegar a todo el miembro.
Después de eso, miro a Sergio. Ya no mira hacia delante. Me
mira fijamente a los ojos.
Sonríe.
-"Qué puta eres."- me dice con franqueza.
Ante tal afirmación, me animo, sonrío y me separo un poco del
monstruo para poderlo ver mejor. El capullo está a unos centímetros de mis ojos.
En primer término veo la polla, rodeada por mis dedos como desafía la gravedad,
desafiante apuntando al techo. Detrás de ella puedo ver, desenfocado, la cara de
Sergio. Así es como quiero vérsela. No porque sea feo, sino porque lo que me
importa ahora es su polla.
Pero como contradiciendo mis pensamientos, mis ojos se
centran en los suyos. Ahora lo que se desenfoca es la polla, pero sé
perfectamente donde está.
Más bien la noto.
Porque mi lengua la vuelve a tocar en su parte más alta y
sensible. Empiezo a bajar. Después de lo que a mi me parece una eternidad llego
abajo. Vuelvo a tener sus huevos a escasos centímetros de mí. Los resigo con mi
lengua. Cierro los labios. Atrapo parte del escroto y tiro de él. Los huevos
pierden su forma y se adaptan a la posición que le marcan mis labios. Tiro hasta
que la piel no cede más y separo los labios. El escroto se escapa entre mi boca
intentando recuperar la forma original. Se queda un poco deformado, marcando
perfectamente el trozo que ha entrado en mi boca. Vuelvo a hacerlo un vez más.
Paso mi lengua entre los dos huevos. Me dirijo todo lo abajo
que puedo. Los pantalones me lo impiden, pero si pudiese continuaría hasta el
final…
Haciendo esto, mi nariz se hunde entre sus testículos. Huelo.
Es un olor entre sucio y sudado, que viene de más abajo. Olor a sudada
excitación. El solo hecho de oler eso, me pone a mil.
Vuelvo a subir apoyando la lengua en toda su tranca. Después
de otra eternidad llego a la punta. Meto la lengua en el agujero de su capullo.
La muevo, intentándoselo abrir con la punta.
Está mojada. Pongo la boca en "O" y la introduzco, sorbiendo,
chupando todo lo que hay en ella.
Vuelvo a subir, cojo aire por la boca y vuelvo a bajar.
Sus manos se apoyan en mi cabeza, suavemente y empiezan a
jugar con mi pelo.
Vuelvo a subir. Mi mano izquierda sujeta la polla por abajo,
la derecha va en busca de sus huevos. Los empiezo a masajear poco a poco, a
subirlos y bajarlos.
Retorno al enorme capullo, unos 27cm, diría yo, es la
distancia que hay ahora entre mi boca y mi mano derecha. Nunca he tenido alguna
semejante entre mis manos. Y mucho menos en mi boca.
La vuelvo a abrir y bajo. La voy mesurando. La punta ya toca
el fondo de mi boca y mi mano izquierda aún está lejos.
Abro la boca todo lo que puedo, igual que lo ojos (como si
sirviera de algo) y hago un esfuerzo apretando todo lo que puedo. Entra un
poquito más, pero una arcada me sorprende.
Me retiro rápidamente, sacándola de golpe de mi boca.
Aspiro hondo. Tengo la sensación de que me han intentado
ahogar. Hasta estoy asustada y todo.
Miro a Sergio. Con mis ojos le digo que no puedo seguir
haciendo eso. Me dedica una sonrisa y, rodeando mi cabeza con sus manos, me
dirige otra vez hacia su verga.
La vuelvo a tener a escasos centímetros. La miro como si
fuera algo que me acaba de intentar matar. No es para tanto me digo. Decido
continuar, pero ahora más tranquila.
La vuelvo a introducir quedándome sólo en el capullo. Lo
rodeo una y otra vez.
Las manos que tengo en mi cabeza no se quedan quietas.
Aprietan hacia abajo, como demostrándome que el resto del cuerpo quiere algo más
que sólo el capullo dentro de mi.
Y sigue empujándome.
Con la polla en mi boca, le miro a los ojos. Con ellos y un
movimiento de cabeza le intento decir que no podré hacerlo.
Él ríe y me dice que esté tranquila. Pero sigue apretando con
las manos.
Vuelvo a notar otra vez la punta al final de mi boca.
Cierro los ojos esperando la aparición de otra arcada, pero
entonces cede la presión sobre mi cogote.
Ahora las manos me sujetan la frente y me inclinan la cabeza
hacia atrás.
Empieza a apretar sus caderas hacia mí… haciendo que la polla
siga su camino hacia adentro.
Mis ojos se abren como platos. La postura en que ha puesto mi
cabeza, permite que entre más. Y más.
Llega a mi garganta.
Aspiro hondo por la nariz. Por la boca ya no puedo.
Continúan sus golpes de cadera. Empiezan a ser rítmicos. He
pasado de ser una "madame dominadora" a ser una muñeca hinchable a la que le
follan la boca. Me ha salido el tiro por la culata. Espero que no me salga por
el cogote. Es que el tío sigue follándome la boca. Mi cabeza ya no se mueve ni
un centímetro entre sus manazas. Sergio aprieta su culo para meterme la polla.
Lo hace rítmicamente y sin parar. Mi boca abierta en forma de "O" no puede hacer
nada más que tragar. Mi cabeza se ha convertido en algo inerte que recibe sin
compasión una follada detrás de la otra. Cada apretón de cadera viene acompañado
de un jadeo profundo de Sergio. Continúa penetrándome y parece que no vaya a
parar nunca. Sus manos me aprietan fuerte y tapan mis oídos. Ya no oigo la
música, sólo lo que pasa dentro de mi cabeza. Mis súplicas ya sólo las oigo yo.
Mientras los movimientos de cadera han dejado de ser violentos y ahora son más
suaves, pero más profundos y duros a la vez. Sergio empieza a notar resistencia
en el fondo de mi boca donde ya ha entrado más de media polla. Empuja con fuerza
pero no consigue pasar más adentro. Se retira un poco y se agarra la polla. La
empieza a sacudir golpeándome con su capullo en la lengua. Rebota contra mis
dientes. Veo que un momento de descanso y me dedico a lamerle la punta a
pensando que se ha acabado el forcejeo, pero nada más lejos de la realidad.
Sergio se la agarra con una mano, dejando de golpearme con
ella y con la otra me sujeta la cabeza por la nuca.
Le miro.
Él me mira también.
Me dedica una sonrisa.
Yo también a él.
Me dispongo a cogerle la polla y volverla a chupar
tranquilamente.
No me deja continuar. Empieza a empujar. Poco a poco, suave,
pero sin detenerse para nada. Aprieta también mi cabeza hacia él.
Viendo otra vez lo que se me viene encima respiro hondo por
mi nariz. Igual es la última vez que lo haga en mi vida, pienso asustada.
El aire entra a mis pulmones hinchándolos a tope. Pero por
poco tiempo.
Algo tapona mi garganta. Sorprendida y asustada, otra vez me
tiro hacia atrás. Pero mi cabeza está atrapada. Mi fuerza hacia atrás es
correspondida por un aumento en el apretón de la mano de mi nuca. Lejos de
alejarse, mi cabeza se acerca más a la ingle de Sergio. La polla me folla la
garganta sin compasión abriendo un camino virgen hasta ahora.
La angustia que siento es enorme. No puedo respirar. Mis ojos
se cierran y en mi cara aparece un rictus de asco. Me pongo roja y, apunto de
vomitar, hago un último esfuerzo. Tiro hacia atrás con todas mi fuerzas.
La mano me suelta y caigo hacia atrás al suelo, de culo.
Una vez libre, aspiro todo el aire que puedo.
Cuando me recupero del susto, empiezo a pensar. El tío este
acaba de desvirgarme la garganta, por llamarlo de alguna forma. Hace un momento
casi me ahogo con ella, en cambio, ahora, me la he metido hasta la garganta. Y
no me ha pasado "nada".
Me doy cuenta que Sergio me acaba de enseñar cómo hacerlo. Un
poco brusco, pero me ha lo ha enseñado. Supongo que debe tener mucha experiencia
en como trabajar con semejante aparato.
Podría estar una hora pensando en lo que acabo de hacer, pero
el gusto que tengo en mi boca me devuelve a la realidad. Es polla. Lo noto en
toda mi boca. Cada vez que aspiro por la nariz se me llena todo con ese olor y
sabor.
Quiero más. Mucho más.
Teniendo en cuenta lo que me ha enseñado, no tardo en estar
en la misma posición de antes.
Cuando necesito aire, vuelvo a subir, liberando mi garganta y
respirando por la nariz. Cuando ya tengo suficiente vuelvo a bajar.
Mi garganta se llena con su capullo.
La boca parece que se me vaya a partir por la comisura de los
labios. Nunca la había tenido que abrir tanto para que entrase una polla. Mi
saliva resbala por ella sin detenerse en mi lengua. Enseguida empieza a salir de
mi boca resbalando polla abajo. No puedo evitarlo, no tengo manera de retenerla.
Pero eso facilita que entre en mi boca.
Mi garganta vuelve a liberarse. Decido volver a lamer en el
método "normal". La cojo con fuerza y aprieto mis labios contra su capullo. El
pliegue de debajo del capullo pasa cada vez más deprisa entre ellos. Me encanta
eso.
Me cuesta explicar qué siento. Tengo la boca completamente
abierta, forzada por una polla que nunca me había imaginado. Él sigue moviendo
las caderas. Veo cómo se está excitando. Eso me pone más a tope aún. Tengo el
chocho como si me fuera a explotar. Algún punto de ahí dentro se pone al rojo
vivo. Parece que no va a parar nunca. El calor parece que se convierte en vapor.
Enseguida noto como se lubrica él solo. Aprieto las piernas intentando calmarlo.
Mis labios vaginales resbalan uno con el otro a causa de lo mojados que están.
Bajo una mano y empiezo a rozarme levemente. Hay que apagar eso como sea.
Una mano me coge fuertemente de la muñeca y me separa de mi
concha. Separo ligeramente las piernas, esperando que continúe él con el
trabajo.
Una vez más, me equivoco. Sergio me reúne las dos manos
alrededor de su polla. Con sus manos vuelve a ponerme la cabeza en posición.
La polla no tarda mucho en volver a penetrarme la garganta.
Otra vez sin compasión.
Le pongo una mano en su barriga, intentando que pare. Le doy
varios golpecitos.
Parece que se lo piensa y para. Eso o ha tenido miedo de que
lo detengan por asesinato.
Veo que tengo que pasar yo a mandar sino, este tío me hará
daño. Aunque sea sin querer.
Me pongo de rodillas ante él.
No le suplico nada. Simplemente vuelvo a tragar. Y tragar.
Noto el capullo abriéndose camino en mi ,hasta hace poco,
virgen garganta. Llega un punto que parece el máximo.
Le agarro por el culo.
Tiro hacia mí y abro la boca todo lo que puedo y más.
Entra unos centímetros más.
Algo me presiona la garganta por fuera. Levanto la mirada y
veo que una mano de Sergio sale de mi campo de visión. Tiene dos dedos en mi
cuello.
Extrañada pienso qué hace.
Sergio sonríe.
-"Muy bien, tía, muy bien."- me dice
Ja!!! Está mirando hasta dónde llego a tragar.
-"Eres un pozo sin fondo mi profunda zorrita"- me dedica
entre otra sonrisa y aprieta un poco con sus dedos.
-"Jodeeer puedo notar perfectamente la polla ahí dentro. Si
alguien te viera pensaría que eres un tío. Te llega casi a la mitad del cuello".
Me retiro un poco dejando libre mi garganta. Nunca me han
dicho que parezco un tío. No me gusta. Y mucho menos permitiré que me insulte
éste. Por mucha polla que tenga.
-"Es que tienes una cacho nuez en tu cuello, que no veas".
Dice Sergio.
Me entra la risa, no puedo evitarlo. Era eso!!!!. Salvado por
la campana. Soy capaz de pegarle un muerdo si lo dice en serio…
Vuelvo a retirarme y mi cabeza sube y baja con el pollón como
guía. Mi pelo, completamente suelto, cuelga a los lados de mi cara y tapa lo que
entra en mi boca. Pero ni eso puede evitar que si alguien nos ve, no sepa
perfectamente qué le estoy haciendo. La mitad de la verga entra y sale de mis
labios con rapidez y ritmo. Cada vez más mojada, resbala ente mis labios y
rebota en mi paladar.
Muevo la lengua.
La saliva abunda en mi boca. Evidentemente no puedo tragarla,
así que no tarda en superar su capacidad y gotear hacia el suelo. Empapo toda su
polla., sus huevos y parte de sus calzoncillos. Con una mano le friego mi saliva
sin dejar de mamar. Todo el duro y ancho tronco de la polla es recorrido con mi
mano derecha. Le pajeo y se la chupo a la vez, como he visto hacer en alguna
peli porno. Antes nunca lo había podido hacer. O me quedaba sin polla que chupar
porque se quedaba dentro de la mano o no quedaba suficiente fuera para meterse
en la boca. Eehh, Perdón, volvamos a esta polla: Con la izquierda le masajeo
otra vez los huevos, esparciendo mi saliva por ellos. Meto la mano más al fondo,
intentando llegar a su culo. No puedo, los pantalones me lo impiden.
Su enorme capullo queda enredado una y otra vez en mi lengua.
Vuelvo a meter la punta en su agujero. Noto como un poco de líquido sale de él y
pasa a mí. El sabor salado y agrio del líquido preseminal es intenso.
Estoy completamente fuera de mí.
Cabeceo con fuerza. La dureza y longitud de la verga me lo
permite. Me encanta mamar pollas grandes. Para otra cosa no, pero para chupar,
me encantan. Y como esta nunca había tenido ninguna. Estoy disfrutando como una
perra en celo.
Sergio también. Ahora ya me deja hacer. Sus manos se apoyan
en sus muslos y dejan mi cabeza en paz. Sus ojos enfocan al techo. Me parece que
hasta se ponen en blanco por algunos instantes.
Al verlo aumento la velocidad de mamada. Es genial notar como
la polla entra en mi boca. Cómo se mueve dentro de ella. Cómo su sabor me llena,
cómo su tamaño deja mi cabeza pequeña.
Me encantaría verme desde fuera.
Me encantaría que alguien nos viera y se acercase a mí por
detrás. Que me agarrase las tetas con fuerza. Que me bajase los pantalones. Que
me rompiese el tanga y me la metiese hasta el fondo. Cuando se corriese, me
gustaría que se apuntase otro y me follase también. O me la metiese en mi culito
de una vez.
Me gustaría, pero por nada del mundo dejaría de chupar ahora
mismo esta enorme tranca.
Me imagino de rodillas, entre sus piernas, moviendo la
cabeza, que se ve pequeña en comparación al tamaño del miembro que entre y sale
de ella.
Con estos pensamientos mi almeja vuelve a reaccionar. Empieza
a gotear. Lo noto. Mi tanga debe estar empezando a calarse.
Paso una mano entre mis piernas. Me aprieto con fuerza a
través de los tejanos. Me gusta mucho hacer eso, pero no es suficiente. Me
desabrocho un par de botones.
Meto la mano dentro. Ahora Sergio no me lo impide, está
demasiado ocupado en su placer. Se ha olvidado de mí.
Volviendo a mi tanga, mojado es poco. Lo que encuentro supera
mis expectativas. Seguro que hay una mancha con la forma de mi rajita.
Ayudándome de la humedad del lugar, introduzco un dedo entre mis labios
inferiores. Entra rápidamente, y casi no noto nada. Lo saco y lo vuelvo a meter
acompañado de otro dedo. Ahora mejor. No los meto a lo largo de la rajita, sino
perpendicular. Contra mis dedos noto las paredes de mi vagina que ofrecen
resistencia. El contacto es total. Cada vez que introduzco la polla en mi boca,
también meto mis dedos. La sensación va en aumento. Y parece que no vaya a parar
nunca. Pero yo sé que sí lo hará. De un momento a otro, lo hará.
Vuelvo a imaginar que alguien nos sorprende. Alguien que se
acerca a mí por detrás pensando que soy una puta insaciable. Saco la mano de mi
coño y agarro la cinta del tanga. Tiro de él pensando que alguien está detrás de
mí haciéndolo. Con fuerza la tira se clava entre los labios de mi chocho. La
muevo a los lados. El clítoris siente el contacto y responde hinchándose. Suelto
la tira y meto dos de mis dedos otra vez dentro de mí pero, esta vez, con la
cinta entre ellos. Los muevo. Me imagino que ahora el que tengo atrás empieza a
follarme. Me encanta la idea que alguien que ni siquiera he visto me este
follando. Se ha acercado furtivamente por detrás y ha aprovechado mi excitación
para penetrarme con fuerza mi húmedo chochito. Mis dedos imitan el movimiento de
esa polla imaginaria. Cada vez me follan (me follo) más rápido. El clítoris
quiere contacto. Más que querer, lo necesita. El calor se concentra en él.
Parece que vaya a explotar. Quiero que explote. Que me lleve a dónde sólo él me
sabe llevar. Me toco el clítoris con un dedo libre. Ahora me imagino frotándolo
mientras me folla el desconocido. Me siento una actriz porno total. Una polla
descomunal en mi boca, un tío (aunque sea imaginario) follándome por detrás y
yo, insaciable de mí, frotándome el clítoris.
El estallido me coge por sorpresa. Mil placenteras agujas me
cruzan el cuerpo desde mi coño hasta mi nuca. Los pelos se me erizan. Dejo salir
un jadeo, ahogado por el miembro que me tapona la boca. Mis ojos se cierran.
Todo mi cuerpo se contrae y se estira al mismo tiempo. Mi boca se cierra
instintivamente. La polla queda atrapada entre mis labios. Casi me había
olvidado de ella.
Paro a disfrutar del orgasmo que acabo de tener. Ya volveré a
pensar en ella dentro de un momento.
Sergio se debe haber dado cuenta, pero no está para ostias.
Vuelve a mover las caderas. La polla penetra a través de mis labios, que no
pueden retenerla.
Yo sigo con los ojos cerrados.
La polla ya vuelve a estar en la boca de mi garganta. Y
sigue.
Mis dedos siguen en mi coño. Bien adentro. Moviéndose
lentamente, como intentando recoger los restos del orgasmo que acabo de tener.
Pero la polla sigue entrando.
Logro abrir los ojos. Aspiro por la nariz. De un momento a
otro no podré hacerlo durante un rato.
La polla vuelve a cruzar mi garganta.
Abro la boca todo lo que puedo, hasta hacerme daño en las
comisuras y bajo. Pero ya no entra nada más.
Saco la mano de mi coñito.
La subo. Poco a poco.
La sitúo ante donde creo que está la cara de Sergio. Digo
creo porqué no puedo verlo. Toco a "ciegas" y noto su barbilla. Subo un poco más
y toco sus labios. La dejo ahí.
-"Dios, que olor más bueno"- es lo que se le ocurre decir a
Sergio que, acto seguido, se traga mis dedos. Tres de ellos ya están dentro de
la boca de mi follador de garganta. Mojados como están, resbalan como si fueran
de gelatina. La lengua de Sergio los resigue, como hacía yo con su polla hace un
momento.
Aprieto con fuerza hacia dentro. No podré metérselos en la
garganta, pero quiero que sepa qué siento yo, y que lo haga con el aroma que he
dejado en mis dedos.
La polla de Sergio se retira un poco de mi garganta. Al salir
noto como su piel se arruga entre mis dientes.
Me sorprende que justo ahora se retire.
Le miro y veo que sigue enfocando al techo, pero ahora con
los ojos cerrados. Sus manos se separan de sus piernas.
Me rodean la cabeza.
Sigo mirándole. Veo que volveré a notar como ese enorme
chorizo penetra en mi garganta.
Sergio baja la cabeza y me mira. Me dedica una media sonrisa
mientras sigue con mis dedos en su boca.
Las manos tiran hacia él y da un golpe de cadera. Lanza un
gran gemido que sólo puedo escuchar yo.
La verga entra sin dificultades. Mi garganta ya se ha
acostumbrado a su tamaño. Aunque no a su longitud. Sólo le quedan unos pocos
centímetros fuera de mi cabeza, casi toco su bello púbico con mi nariz.
Me muerde los dedos.
La verga tiembla.
No soy tonta. Sé lo que viene y, rápidamente, me separo de
él.
No soy tonta, pero él tampoco. Me tiene agarrada con fuerza.
Me impide la retirada.
El monstruo empieza a escupir. La primera y violenta sacudida
se aloja en el centro de mi garganta que, instintivamente, se cierra para evitar
más intrusiones. La segunda corrida sigue el destino de la primera. Ha sido
igual de violenta y fuerte. Definitivamente mi garganta queda cerrada atrapando
al monstruo. Al hacerlo, noto como la polla toca con todo lo que hay en mi boca.
Vuelve una arcada.
La presión en mi cabeza cesa un poco y me permite la retirada
parcial.
La verga sigue escupiendo dentro de mí. La cantidad de semen
que emana la polla es tremendo.
Aparece la tos.
Las manos me han dejado separarme un poco, pero no liberarme
del todo.
Como os he dicho, las siguientes corridas son más
abundantes.. Mi boca llena y abierta, con la polla cruzándola, empieza a ser
superada. El semen empieza a gotear por el pequeño espacio libre que deja la
polla en mi boca. El semen resbala por mi lengua hacia fuera. Noto mi barbilla
húmeda. Goteando Boca abierta y garganta cerrada. Igual que mis ojos.
Sigue sin dejarme.
Me está forzando a tragar.
Y trago.
O eso o mi vida. Parte de lo que tengo en mi boca empuja
garganta abajo, en dirección a mi estómago.
Las manos de Sergio caen a los lados, dejando mi cabeza
completamente libre.
Me separo del todo.
Ante mí, Sergio se recuesta contra el sofá, con su miembro
goteante aún escupiendo un poco de semen.
Muy poco, porque la amplia mayoría está en mi garganta. En mi
boca. En mis labios. En mi barbilla.
Yo sigo de rodillas, mirando al suelo y tosiendo. Escupiendo.
El suelo ante mí, no tarda en estar manchado. Estoy
escupiendo lo que puedo. Si no lo hago no podré respirar. Apoyando las manos en
el suelo, sigo tosiendo y respirando a la vez.
Mala combinación.
La mancha del suelo es tanto de mi saliva como del semen que
Sergio no ha conseguido que me trague.
Empiezo a recuperarme.
Ya respiro mejor. Hondo y entrecortado, pero mejor.
Me paso una mano por mis labios recogiendo lo que hay en
ellos. Lo tiro al suelo y vuelvo a escupir.
Paso un dedo recorriendo todo el contorno que forma mi
barbilla. Lo miro. Completamente empapado y goteante. Lo sacudo lanzando al
suelo el semen que había en él. Me acabo limpiando con un papel que había tirado
por ahí.
Todo lo limpita que puedo, al menos eso creo, me incorporo y
me siento al lado de Sergio. Éste sigue con los pantalones desabrochados y la
polla medio morcillota aún al aire. Digo morcillota porque no está dura como
antes, pero aún sigue siendo más larga que cualquier otra polla que haya visto
jamás.
-"Joder, tía. Muchas gracias. Ha sido genial. Menuda mam….- y
se calla sin acabar la frase, me pilla por la cabeza y me tira hacia abajo. Me
la vuelve a poner ante su polla.
El glande me toca la mejilla izquierda. Resbala sobre ella
dejando pequeños rastros.
Intento ofrecer resistencia. Mola un poco el rollo de
dominar, pero no hay que pasarse, y le grito: -"¡Qué haces!!!! Suéltame."
-"No tía, no. Acaba de entrar Isa con ese amigo tuyo"- dice
mientras intenta guardar el miembro entre sus pantalones. Cuando lo consigue
continúa con los botones de su pantalón.
Menudo gilipollas. Su novia se la está pegando en su cara y a
él le importa que no le vean haciendo lo mismo. Me parece una soberana tontería
pero, de momento, me mantengo en su regazo, notando aún el bulto de su polla.
Al poco oigo que Sergio dice: "¡¡¡Sshhhh!!! Aunque parezca
mentira, esta se ha quedado sobada"
Una voz femenina, que supongo que es Isa, añade: -"Joder,
menudo pedo debe llevar. Con el follón que hay aquí dentro".
-"Sí, ya ves. Por cierto, ¿dónde habéis estado?" pregunta a
los dos recién llegados.
-"Por ahí."- sueltan los dos. -"Al salir de los lavabos no os
hemos encontrado y pensamos que habíais ido a dar una vuelta" añade Fran.
Las manos ya no me sujetan la cabeza.
-"Bueno, despierta a la bella durmiente. Va a empezar lo
mejor de la noche."- le manda Isa a Sergio.
-"Hombre. Lo mejor, lo mejor creo que ya ha pasado" añade
Sergio ante la extraña mirada de Isa. Sin darle tiempo a preguntar nada, Sergio
me zarandea cuidadosamente la cabeza.
Abro los ojos poco a poco. Miro a los lados como si no
supiese dónde estoy. Miro a la pareja. Me incorporo bostezando y estirando los
brazos. Desde luego, Sergio no se podrá quejar que no le sigo el juego.
Después del ritual, saludo a la parejita.
Isabel me mira fijamente. Está muy oscuro, sobretodo donde
estamos nosotros. Cierra un poco los ojos, como si intentase enfocarme mejor.
Entonces añade: -"Vaya si has dormido bien, hasta se te ha caído la baba y
todo".
Me vuelvo a Sergio como no entendiendo nada. Él me mira
fijamente las tetas. Su mirada es de auténtico terror.
Sigo su mirada.
Una mancha recorre, justo debajo del escote, la distancia que
separa mis dos tetas (que no es mucho). Es una mancha de dimensiones
considerables a lo ancho. Es espesa. En este ambiente se ve algo oscuro y sin
forma definida pero, tanto Sergio como yo, sabemos qué es.
Todos quietos y callados mirando mi escote. El silencio es
sepulcral. La tensión se palpa claramente.
Mirando fijamente a Isa, estiro un dedo. Aprieto contra la
camiseta y, usándole dedo a modo de cuchara, recojo todo lo que hay en mi
camisetita. Lo levanto impregnado de lo que su novio ha dejado en mí.
Así de cerca puedo observarlo mejor. No hay duda de qué es.
Dedicándole la mejor sonrisa que puedo a Isabel..
lo introduzco en mi boca, lo rodeo con mi lengua dejándolo
completamente limpio y …..
…trago, trago, y vuelvo a tragar.