COMPRADA II PARTE
Sin sorprenderse por encontrar a su hermana mayor desnuda, la
pequeña adolescente entró en la casa demostrando una seguridad impropia de su
edad. Tras mirarnos detenidamente a ambos, nos dijo:
Vaya, tenía entendido que la estrella de la fiesta era
yo.
Y lo eres – respondió inmediatamente la hermana –
sólo le estaba mostrando al señor como son las hembras de nuestra familia.
¿Cómo te llamas? – interrumpí.
Alma.
Bueno, Alma y Elsa...las dos son las estrellas de la
fiesta. Y yo, el afortunado hombre que disfrutará de la compañía de ustedes.
Unos minutos después el ambiente comenzó a relajarse. Les
pedí a las chicas que pusieran algo de música y me dediqué a preparar una gran
jarra de jugo de naranja con ron y hielo triturado. En realidad, lo que menos
contenía aquella combinación era jugo de naranja.
Esto está fuertísimo – dijo Elsa, carcajeándose.
Así nos pondrá a todos a tono más rápidamente –
respondí.
A mi me gusta – dijo la chiquita, tomándose casi
medio vaso de un golpe.
Los tres nos encontrábamos sentados en la sala, habíamos
cerrado la puerta de la casa para disfrutar de una mayor intimidad y el alcohol
comenzaba a hacer sus efectos. Elsa, sentada en el mismo sofá que yo, estiró la
mano y la colocó sobre mi verga por encima del bañador.
Desde hace rato tengo ganas de ver que se esconde aquí
abajo – dijo, divertida.
¿Y por qué no lo destapas? – intervino la hermana,
riéndose nerviosamente.
Porque nos toca esperar a que nos lo ordenen –
respondió la primera, lanzando una insinuante mirada hacia mí. Y continuó:
El señor es un hombre que sabe como tratar a una mujer...y
sabe dominarla para que sea una perra para él.
¿A ti te gustaría ser una perra? – pregunté,
dirigiéndome a Alma.
No lo sé – respondió ésta, mirándome con timidez.
Tu hermana es una perra. Una perra deliciosa, debo
decir. Y ella va a enseñarte como se comporta una perra ¿no es así, mi perra
puta?.
Lo que mi amo diga – respondió Elsa, rápidamente.
Muéstrale a tu hermana como chupa verga una perra.
Sin esperar a que se lo volviera a decir, Elsa se lanzó
inmediatamente a intentar bajarme el bañador. La ansiedad y la premura que
demostraba la dificultaban la labor.
Espera que yo lo hago – dije, e incorporándome
ligeramente me bajé el bañador hasta la mitad de mis muslos.
Con desesperación, como una perra en celo, la hermosa maestra
de pueblo se abalanzó sobre mi verga como si ésta fuera el más apetitoso de los
manjares.
¿Qué coño haces? – le dije, tomándola por el pelo –
Contrólate y haz las cosas como deben hacerse.
Lo siento amo, perdóneme. Haré lo que me pida.
Quiero que me mames la verga tranquila y pausadamente. Y
quiero que tu hermana vea como lo haces.
Sí señor.
Y tú – dirigiéndome a Alma - ven a sentarte aquí,
a mi lado.
Un minuto después, me encontraba con una preciosa mujer
sentada en el piso entre mis piernas, devorándose mi picha con verdadera pasión;
mientras, a mi costado, se encontraba su joven hermana, medio borracha,
observándola apoyada tiernamente en mi hombro.
¿Te gusta? - le pregunté a la pequeña.
Me gusta...tu cosa.
¿Y no te excita ver como tu hermana se la traga?.
No sé...pero parece que a ella le gusta mucho.
¿A ti te gusta, perra? – dirigiéndome a Elsa.
Me fascina amo.
En ese momento, atraje hacía mí la cara de la chiquita y la
besé tiernamente en los labios. Ella se dejó hacer, pero no sabía besar. Le pedí
que abriera la boca y sacara un poco su lengua. Cuando lo hizo, la tome entre
mis labios y comencé a succionarla suavemente. Después, le mordí los labios
delicadamente e introduje mi lengua en el interior de su boca. Poco a poco, su
cuerpo comenzó a reaccionar y una de sus manos acariciaba mi cabeza y mi cuello
con mayor intensidad cada vez.
Quítate la ropa – le dije.
¿Toda? – preguntó ella en respuesta, tal vez
aludiendo a que su hermana aún mantenía el calzón blanco puesto.
Sí, toda.
Con apenas 15 años, Alma era casi tan alta como su hermana
aunque aún no se había desarrollado totalmente. Sus senos era más pequeños y sus
caderas menos voluptuosas. No obstante, era ya toda una mujer. En realidad,
puede decirse que tenía las medidas de las típicas modelos de pasarela que
llenan las portadas de las revistas de modas en todo el mundo. Al mismo tiempo,
poseía el tipo de belleza exótica que permitiría que destacara entre todas
ellas.
¿Saben una cosa?...Aún no logro explicarme las razones
para que yo esté aquí con dos mujeres tan hermosas.
¿Y qué explicación necesita? – respondió Elsa
levantando la vista hacia mí- piense que yo hoy soy su puta...y mi
hermana puede ser su hembra por todo el tiempo que usted quiera.
¿Qué quieres decir con eso? – pregunté, convencido de
no haber entendido lo que me decían.
Yo puedo ser suya hoy, mañana, todo el tiempo que usted
permanezca en la finca. Pero mi hermana, si usted lo quiere, puede
irse a la ciudad con usted.
¿A vivir conmigo, quieres decir?.
A vivir donde el hombre que la cuida y la mantiene le
diga.
Por un momento me quedé pensativo, inquieto, sin saber que
decir.
¿Y por qué lo haría? – volví a preguntar de repente.
Porque usted le estaría dando la oportunidad de poder
vivir una mejor vida – siguió Elsa respondiéndome- Además, ayudaría a
mamá y a la familia ahora.
¿Y qué garantía tiene ella de que yo la trate bien? –
continué, refiriéndome a Alma pero dirigiendo la pregunta a su hermana.
Ese es el riesgo que yo también tomé. A veces sale
mal y a veces sale bien. Todo lo que pude obtener fue poder estudiar casi
tres años en un buen colegio.
¿Volverías a hacerlo?.
¿Está proponiendo llevarnos a las dos? – respondió
ella, dejando escapar una gran carcajada.
Todo es posible – me escuché decir de pronto, sin
haber meditado la respuesta.
Elsa me lanzó una insinuadora y sensual mirada antes de tomar
mi verga en sus manos para llevársela a la boca.
Me encanta como me la mamas...y si te llevo a vivir
conmigo vas a estar mamando verga el resto de tu vida.
Sería tu esclava, siempre lista y dispuesta para darte
gusto.
Y tú, mamita ¿estarías también dispuesta a ser mi
esclava? – pregunté a Alma, mientras con un gesto de la mano le pedía
que se acercara a mí.
Tendrás que enseñarme – respondió dulcemente,
sentándose a mi lado y manteniendo la vista fija en el movimiento de la boca
de su hermana sobre mi herramienta.
Tu hermana es una experta y ella te enseñará ¿verdad
Elsita?
Sí amo, la enseñaré a ser toda una putita para que usted
se la goce.
¿Escuchaste muñeca?...¿piensas que te gustaría ser una
putita esclava para mí?
Sí...quiero ser su puta esclava...quiero que me haga todo
lo que usted quiera.
Inmediatamente la atraje hacia mí. La besé intensamente,
mordiéndole los labios. Tomé uno de sus senos en mi mano, lo apreté, lo manoseé
y terminé halándole el pezón con verdadera fuerza. Al principio ella sólo se
dejo hacer, pero pronto su cuerpo comenzó a reaccionar y los gemidos empezaron a
brotar de su garganta.
En ese momento, mis huevos me pedían descargar todo el
contenido que hervía en su interior; sin embargo, decidí controlarme. Quería
disfrutar al máximo de aquellas preciosidades, y quería hacerlo de la forma más
viciosa y animal posible.
Queridas niñas, quiero comprobar que son ustedes el tipo
de putas esclavas que yo aceptaría tener a mi lado...¿Entienden?
Sí – respondieron casi al unísono.
Entonces...todas mis palabras son ordenes, y se
acatan de inmediato. Todos mis deseos se satisfacen, tan pronto los
manifiesto. Y si en algún momento escucho un no, o percibo un gesto de
desagrado ante mis solicitudes...todo se termina y pongo a cualquiera de
ustedes de patitas en la calle...¿Está claro?.
Sí mi señor – respondió Elsa rápidamente, mientras su
hermana afirmaba con un gesto de cabeza.
Bien – dije levantándome – me voy a preparar un
trago. Mientras tanto, quiero que tú, Elsa, te comas a tu hermanita como si
fuera la novia lesbiana que siempre has soñado tener. Y quiero que le
produzcas un orgasmo que la haga gritar de placer ¿OK?.
La orden no resultó nada repulsiva para ninguna de las dos
criaturas; muy por el contrario, ambas parecieron lanzarse miradas cómplices y
en un instante se encontraban en los brazos una de la otra.
Apoyado en la barra del bar, fumando un cigarrillo y
observando la batalla de cuerpos que las hermanas escenificaban, empecé a darme
cuenta de que me sería muy difícil abandonar aquella zona sin llevarme a las
chiquillas conmigo. En verdad, no había razón alguna lo suficientemente fuerte
para obligarme a renunciar al prometedor placer de tener a un par de jóvenes
esclavas viviendo en mi casa. La opinión de los amigos y los vecinos me traía
sin cuidado. La de mi ex-esposa me importaba aún menos. Y sólo la de mi hija, ya
casada y madre de mi nieto, me producía cierta inquietud. Aún así, pensé, si no
me comprende, tendré que hacerla entender que a nadie voy darle explicaciones de
mis actos.
Sí, sí, siiiiiiiiiiiiiiii – gritaba Alma con total
desenfreno, mientras su hermana mayor le chupaba el coño con evidente furor
y habilidad.
Así, hazla venir a esa perra – exclamé yo.
Segundos después, la piel transpirando, el cuerpo
convulsionándose y un gutural sonido emitido sin control, me confirmaron que la
pequeña cachorra estaba disfrutando de un orgasmo auténticamente intenso.
Imagino que no es la primera vez que lo hacen...¿o sí?
No, no es la primera vez – respondió Elsa, con escaso
aliento – pero nunca Alma había tenido un orgasmo así.
¿Y alguna vez se ha mamado una verga ya?.
Elsa miró hacía su hermana antes de responder.
Nuestro padre la obligó alguna vez, igual que hizo
conmigo.
¿Aún vive con ustedes?
No, mi amá lo botó de la casa porque lo encontró con otra
mujer.
¿Ella sabía lo de tu papá con ustedes?
Sabía al menos que a mí me tocaba. A veces lo hacía casi
delante de ella.
¿Y sólo te tocaba?
No, fue mucho más allá.
¿Qué te hacía?.
Al principio me usaba para que lo hiciera venirse con mi
boca. Después comenzó a gozarme por detrás. Y cuando Don Jacinto me
desvirgó, se dedicó a perseguirme y usarme como le daba la gana. Algunos
días Don Jacinto me hacia llamar, me traían aquí para estar con él toda la
tarde o la noche; y cuando me llevaban devuelta a la casa, el viejo me
estaba esperando para tomarme por las buenas o por las malas. Lo calentaba
que yo le contara como me había cogido Don Jacinto.
¿Te pegaba?
Sí.
¿Te gustaba?
Las primeras veces me asustaba, pero después yo buscaba
que lo hiciera.
Don Jacinto...¿te pegaba también?
Yo busqué que lo hiciera...cuando descubrió lo caliente
que me ponía, mandó a hacer el cuarto.
¿De qué cuarto hablas?
¿No lo conoce?
Sorprendida, Elsa se levantó del piso y me tomó de la mano
pidiéndome que la acompañara. Alma nos seguía inmediatamente detrás. En la que
aparentaba ser la habitación más pequeña de la casa, señaló un inmenso espejo
enmarcado que llegaba al piso. Se acercó a el, toco el marco de una forma
especial y el espejo se transformó en puerta. Al abrirla, mi sorpresa fue
mayúscula. En lo que era un espacio de unos doce metros cuadrados, iluminado por
unas pequeñas claraboyas a la altura del techo, se encontraba una perfectamente
equipada sala de torturas.
Guao!...jamás me imaginé algo así.
Yo pensé que lo conocías, y que por eso habías tomado
esta casa – dijo Elsa.
¿Y tú has usado todo esto, hermanita? – preguntó
Alma.
He disfrutado de casi todo – respondió ésta,
mirándome con gesto insinuante.
Alma, ve a buscar los tragos...y tráete también los
cigarrillos – ordené.
Obedeciendo, aunque no muy feliz de dejarme a solas con su
hermana, Alma salió del pequeño cuarto.
Eres una puta masoca de verdad ¿ah? – dije.
Me gusta que un hombre me maltrate.
Nunca he usado un látigo con una mujer, pero tengo que
aceptar que en este momento me provoca.
Soy tu esclava, tu perra esclava...trátame como tal.
Sin poder resistirme, lance una bestial bofetada que fue a
estrellarse de pleno en la cara de Elsa haciéndosela voltear.
¿Así quieres puta?
Sí, así mi macho, mi amo – respondió, excitada.
Una segunda y una tercera bofetada le cruzaron la cara
nuevamente.
Quítate ese calzón puta perra...y prepárate a mamar.
Sí amo – me decía mientras obedecía.
Mámate la verga de tu amo, perra – le dije, tomándola
del pelo.
En eso estábamos, conmigo de pié y Elsa de rodillas en el
piso, tomándola yo por el pelo, forzándola a chupar mi verga, cuando la hermosa
hermana menor volvió a entrar en la habitación.
Hoy te voy a hacer mujer, muñeca – le dije – pero
primero, voy a partirle el culo a la puta perra de tu hermana.
Sacándose mi verga de la boca, fue Elsa la que reaccionó
inmediatamente.
Sí amo, hágalo, pero primero encadenemos a mi hermana a
la pared...
¿Qué? – alcancé a preguntar.
Déjela probar lo que es estar encadenada sin poder
tocarse, sólo pudiendo mirar como usted me la clava hasta el fondo.
Levanté la vista, miré alrededor y observé los grilletes
colgando en una pared a la que estaban unidos por poderosas cadenas. Mi sorpresa
inicial, pronto se transformó en lujuria incontenible.
Eres un animal salvaje...y me fascina, perra hija de
puta.
CONTINUARA...