Hola a todos, hace unos meses mi mujer y yo decidimos dar
rienda suelta a nuestras fantasías. Desde entonces el tamaño de mis cuernos ha
crecido un poco, pero es algo que me excita tremendamente. Os contaré algunas de
las aventuras de ella con otros hombres desde entonces. Aquí va la primera de
todas. Espero que os guste. Podéis escribirnos tanto a mí (xavialonso5@hotmail.com)
como a mi mujer (POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO).
Estaremos encantados de conocer vuestras opiniones.
El verano pasado mi mujer y yo decidimos pasar un par de
semanas en las islas Cíes, disfrutando del sol, la playa y un ambiente relajado.
Dado el lugar al que íbamos, pronto empezamos a bromear sobre los ideales
hippies: haz el amor y no la guerra, el amor libre y todas esas cosas.
Seguimos bromeando sobre el tema, sobre montárnoslo con otras
personas y pronto la broma pasó a ser una idea loca. De todas formas, hasta el
viaje no empezó a tomar la cosa apariencia de apuesta. Ella me comentó que no me
veía a mí aceptando los cuernos con facilidad, que no sería capaz de verla con
otro hombre. Y dicho y hecho, le aseguré que no solo estaba dispuesto a verla
acostarse con otro, sino que la idea me excitaba tremendamente. Y la verdad es
que así era.
Una vez instalados en el camping, mi mujer no tardó en
aprovechar la libertad que le daba. El segundo día se cogió la toalla y se
marchó a tomar el sol desnuda en la playa. La seguí y me senté cerca de ella,
aunque a una distancia prudente.
No pasó ni media hora cuando se le acercó un hombre, de unos
veinte años (italiano según me enteré luego) y evidentemente un machaca del
gimnasio (con exceso de esteroides diría yo) que también practicaba el nudismo.
Y bien que lo lucia el tío, mostrando musculatura y con una buena herramienta
colgando entre las piernas.
Estuvieron hablando un rato, tomándose confianza el uno al
otro. En aquel momento mi mujer todavía pensaba que yo no sería capaz de
aguantar y lo provocó pidiéndole que le pusiese crema por la espalda.
Evidentemente, el muchacho no solo le restregó la crema por la espalda, sino por
sus nalgas y sus muslos, creando en él (y en mí) un estado de excitación
evidente.
Estuvieron allí un rato más, pero finalmente se levantaron y
tras ponerse algo de ropa por encima (mi mujer únicamente el pareo), se
marcharon de la playa y se dirigieron a un camino que bordeaba la costa. Los
seguí y vi con tremenda excitación que se dirigían a una cala más apartada.
Cuando llegué hasta un punto del camino en que era visible la
cala, pude comprobar que era más íntima que la que habíamos estado, aunque había
otros bañistas. En concreto tres más sobre la arena y un par más tomando unas
copas en un yate cercano.
De todas formas, eso no pareció importarle a mi mujer. Ellos
estaban un poco apartados, tras unas rocas que poco ocultaban a la vista de los
demás. Y dándose un buen lote. Los dos estaban de nuevo desnudos, él detrás de
ella, acariciándole las tetas mientras la lengua subía y bajaba por su cuello.
La parte del camino desde la que yo observaba no estaba a más
de veinte metros de donde estaban ellos, por lo que podía ver perfectamente como
las manos de él recorrían todos los puntos excitable de mi mujer... y como la
mano de ella acariciaba la tremenda verga de aquel muchacho.
Se fueron animando más y más, mi mujer me había visto de
mirón y creo que eso aceleró las cosas. De los manoseos se pasó a los lametazos.
Realmente nunca se me olvidará cuando la vi agacharse y meterse el falo aquel en
la boca.
Estaba muy excitado contemplando a mi mujer follando con
aquel tipo mientras no solo yo la contemplaba sino los tres de la playa y la
pareja del yate, que también parecía estar animándose.
Y además, para cuando él hundió su cara entre los muslos de
ella, ya había tres personas a mi lado, contemplándolo todo desde el mismo
ángulo que yo. Y fue una pena, porque de haber estado solo me hubiese masturbado
allí mismo, sobretodo escuchando los gemidos de mi mujer.
Gemidos que fueron a más cuando él se incorporó sobre su
cuerpo y empezó a penetrarla con su polla mientras la besaba y sobaba por todo
el cuerpo. Apenas si podía contener mi mano, me acariciaba el paquete por encima
del bañador. Y no era el único, más de uno no paraba de arreglarse la
entrepierna, y eso que cada vez éramos más.
Además, no solo yo la veía a ella follando sino que a veces
ella miraba hacia nosotros, contemplándonos a mí y a mis compañeros de lugar. Al
final, entre jadeos y gemidos de los dos, nos juntamos en el camino unos diez
mirones excitados.
Fue increíble ver y escuchar como se corría. Ver como era
otro el que la arrastraba hacia el orgasmo y ver como era otro el que se corría
sobre su vientre y sus tetas.
Evidentemente, el resto de vacaciones dieron mucho de sí,
tanto con este mismo hombre como con otros que le apetecieron, pero bueno, como
se suele decir... eso es otra historia.
Vero y Xavi
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO
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