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Como le metí los cuernos a Ricardito
Dominación- 2008-03-07 09:14:57
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Sé que muchos de ustedes me considerarían un hombre especial. Y no solamente porque me guste acostarme con mujeres casada, sino porque la mayoría de las veces lo hago mientras sus maridos observan, e incluso los trato como mis sirvientes.

Todo empezó cuando mi amiga Natalia se casó. Ella era Rubia, voluptuosa y tenía tan solo 23 años. Su marido, en cambio, de 56, era petiso, barrigón, pero con muchísimo, muchísimo dinero.

Natalia se casó buscando seguridad financiera, y la encontró, pero también necesita sexo diario, estaba acostumbrada a tenerlo, y el colesterol y la diabetes de su esposo impedían que la frecuencia fuera mayor que una vez por semana.

Poco a poco Natalia volvió a mí para que la saciara, aunque no tan a menudo como ella quería, para que su esposo no sospechara. Incluso me pagaba para hacerlo, ya que el dinero le sobraba, "Es lo único que el cerdo de mi esposo me da".

Un día leyendo una historia en Internet se me ocurrió una idea.

Natalia le preguntó a su marido si no le gustaría participar en un trío sexual. Él, muy excitado, contestó que si, creyendo que ella iba a invitar a alguna de sus muy apetecibles amigas.

El día convenido Natalia se vistió para mí prácticamente como una prostituta. Llevaba una pollera muy corta, ligas, tacos altos y un solerito que dejaba ver sus pechos y la mayor parte de su espalda.

Cuando el timbre sonó ella mandó a su marido a abrir la puerta, y él al verme casi se desmaya.

Mientras seguía boquiabierto le dí la mano con una sonrisa burlona en mi rostro, y fui a besar a Natalia, que me recibía muy feliz con los brazos abiertos, mientras le decía a su marido: "No es hermoso", y yo toqueteaba todo su cuerpo.

Cuando se recuperó Ricardo, muy cortésmente, llamó a su esposa a la cocina, para hablar en privado.

Ricardo: Querida cuando me hablaste de un trío creí que traerías a otra mujer, no a un hombre, no quiero participar de esto, dile que se vaya.

Natalia: De ninguna manera. Nahuel es un muy violento, no sé que sería capaz de hacer si le digo que se vaya. Ya esta aquí y lo vamos a hacer.

Ricardo (Con voz llorosa): Por favor.

Natalia (Con aire de superioridad): Ricardito desde que nos casamos has sido muy dulce conmigo, siempre respondiste a todos mis caprichos, siempre me obedeciste. Eres para mí como mi mejor amiga, como mi hermana. Pero en la cama eres un desastre, apenas si puedes mantener una erección durante cinco minutos.

Ricardo escuchaba con la cabeza gacha, como un niño que esta siendo castigado, por una travesura de la que sabe que es culpable.

Natalia: Quiero que veas como actúa un hombre real, como me somete, como me hace suya, para que aprendas y lo imites. Solo así tendremos un matrimonio completo, créeme lo hago por tu bien.

Natalia le dio un beso en la frente a Ricardo y salió de la cocina, mientras su marido la seguía dos pasos atrás.

"Bueno Empezamos" le dije yo a Natalia al verla, y ella enseguida me condujo hacia su dormitorio mientras su marido nos perseguia.

Natalia: Hubo un Cambio de planes Nahuel, espero que no te enojes, Ricardito no va a participar, solo nos va a mirar.

"¿Por qué?" pregunté yo simulando estar sorprendido, como si no supiera la verdadera respuesta.

Natalia: Es que el muy tonto pensó que iba a traer otra mujer. Ja,ja,ja, ¿Para qué iba a traer otra mujer si él no puede satisfacer ni siquiera a una? Por favor Nahuel, yo sé que no es lo que acordamos, pero quédate, quédate y enséñale a mi marido a ser un hombre real.

"Esta bien me quedare, pero con una condición" dije yo con aire de superioridad. "¿Cuál?" preguntó rápidamente Natalia. "Tu Ricardito me tienes que obedecer en todo, como si fueras mi esclavo". "Esta bien" contestó él con la Cabeza gacha, casi llorando.

"Ricardito, me gustan que los esclavos me llamen Señor". "Esta bien, Señor". "Y Desde hoy, en presencia mía te dirigirás a tu mujer como señora", "Como usted diga Señor".

"Ricardito Arrodíllate" dije frío y soberbio. Ricardo se arrodilló. Ya no me miraba a los ojos, ni a mí, ni a Natalia, ya había asimilado su nueva condición de esclavo, ya había asimilado mi superioridad.

Mientras su mujer lo miraba cada vez con más deprecio, y a mí con más admiración.

Eso sientes cuando sometes a alguien delante de su esposa. Por cada centímetro que ellos se entierran de más en el fango de la humillación, uno asciende uno en el Olimpo de los Dioses.

Y así arrodillado le hice desnudar a su mujer mientras nos rendía culto.

Al terminar tomé a su mujer, la senté arriba mío y le dije mientras la besaba y toqueteaba: "Ahora desnúdate tu".

Ricardito estaba súper-excitado, se notaba que le gustaba que lo humillen, se notaba que era un ser pasivo. Pero aún así no podía mantener su erección y su pene no superaba los 10 cm. "Vez que es como te dije Hernán" dijo Natalia "¿Tu crees que eso puede sacear a una mujer?"

"No claro que no puede" Conteste yo. Y me dirigí a Ricardito que seguía arrodillado y rojo de vergüenza. Tomando su cara la apoye en mi entrepierna y dije consolándolo: "Pobre Ricardito toda la vida intentó e intentó satisfacer a sus mujeres, toda la vida intento e intento ser un hombre real. Pobre Ricardito, ya no vas a tener que fingir con nosotros, yo me ocupare de hacer lo que tu no puedes, solo te pedimos que seas obediente y sumisa".

Antes de que Ricardito pudiera reaccionar, antes de que se diera cuenta siquiera que comenzaba a tratarlo como a otra mujer, di un paso atrás, y arrojé a sus pies un par de bragas de encajes rosas. "Pontéelas" le dije, "A partir de ahora yo soy el único hombre en esta casa", al tiempo de que se oian las risas de Natalia.

Mientras Ricardito azorado, pero muy obediente, aceptaba su destino y se ponía sus bragas, me senté al lado de su mujer, y le ordené a mi nuevo esclavo que me abriera la bragueta, de rodillas, como si fuera la peor de las prostitutas.

Cuando le dije que agarrara mi pene él intento negarse, pero cedió enseguida, cuando lo tomé del pelo y lo amenacé con una golpiza.

"Ponlo en tu boca, se una buena nenita, además si lo lubricas a tu mujer le va a doler menos". " Así me gusta, que seas sumisa". Le decía yo mientras movía su cabeza bruscamente con mis dos manos o acariciaba su pelo como si fuera una adolescente o besaba a su mujer.

Luego de un rato lo hice a un lado y me cogí a Natalia durante un buen rato, mientras él miraba apenado y todavía arrodillado.

Al terminar le hice limpiarnos, y traernos unas bebidas

Se había hecho bien tarde, así me quede a dormir con su mujer, al tiempo de que él yacía postrado al pie de la cama esperando que nosotros, sus AMOS, necesitaramos algo.

Al día siguiente, mientras con Natalia nos besabamos apacionadamente, Ricardito nos trajó el desayuno. Enseguida vi que conservaba sus bragitas de encaje, y enseguida supe que no iba a poder volver a quitarselas, que no iba a poder volver a ser un hombre, su esposa no lo iba a dejar, yo no lo iba a dejar.

Muchas más cosas pasaron con Ricardito, Muchas más cosas pasaron con otros esposos cornudos sumisos. Quizás algún día las cuente.

Si quieren escribanme. POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

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