Hola cómo están
Espero que bien
Muchas gracias por todos los mensajes que me han enviado y
gracias por escribir, y les reitero, para algunos incrédulos, que todos los
hechos que narro intento que sean lo más cercano a la realidad, pues como todos
sabemos la memoria no es la más fiel de las amigas del ser humano.
En fin, pero volvamos a la situación en la que me encontraba.
Les prometo que este será el último capítulo del la historia
sobre mi viaje a Cartagena, porque además no habrá más que contar sobre este
viaje.
Nos quedamos en mi ingreso al baño luego de la faena con mis
dos amiguitos. La verdad, en ese momento volví a la realidad.
Ustedes saben, cuando uno, luego de la calentura, llega la
razón y la moralidad por detrás.
Las mujeres que lean este relato me entenderán, porque en ese
momento, frente a un espejo uno dice: ¿qué hice? ¿Qué pasaría si se entera mi
familia? ¿Mi esposo? ¿Qué pensarían mis padres, mis hermanos al ver a su hijita
revolcándose como en sodoma con dos hombres que sólo días atrás eran totalmente
desconocidos para ella.
La verdad en ese momento no sabía como iba a vivir con ello.
No sabía como volver a ver a los ojos a mi marido. En fin, me metí a la ducha e
inicie a bañarme.
Estaba distraída bajo el agua, pensando en todo eso cuando
sentí dos manos masajeando mi espalda, era Santi, sólo a tine a sonreírle, y el
siguió. La verdad se sentía bien, el masaje me relajo y me distrajo de esos
pensamientos que me hacían sentir la más callana de las mujeres de esta tierra.
Santi: Cómo te sentiste?
Sonia: Muy bien
Santi: No te noto muy convencida
Sonia: La verdad ahora me siento muy culpable
Santi: Por qué
Sonia: Porque le fui infiel a mi marido con dos hombres
Santi: Pero se lo merecía, no te atiende bien
Sonia: Pero lo amo
Santi: Esto no significa que no lo ames. Esto no es más que
deseo.
Creo que fueron las palabras más sinceras que había escuchado
en mucho tiempo. Me quitó un gran peso de encima y me dejé llevar por sus
caricias en la espalda, así que hice mi cabeza hacia atrás y le dije:
Sonia: Entonces que es lo que tenemos entre nosotros?
Santi: Pues pasión, morbo, vicio, sexo
Sonia: Entonces solo me quieres para comerme?? (ya muy
caliente)
Santi: Si, porque eres una nuestra perrita más querida y más
apetitosa que he tenido en la vida.
Sonia: MMM que rico
Santi: Eres toda una bomba sexual
Le di un beso super caliente (al diablo con la moral, por
esos momentos), y me atreví a preguntarle más.
Sonia: Te gusta compartirme con tu amiguito
Santi: Si, porque un hombre no basta para satisfacerte
Sonia: MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM que rico
Cuando Me decía eso al oído, ya sentía su pene rozándome las
nalgas y sus manos en mis senos, que nuevamente, y para sorpresa mía, estaban
duros y con ganas de más.
Debo decir que cuando era soltera, tuve buen sexo, en algunas
ocasiones varias veces en una noche, pero nada como eso.
¿Habrá algún límite para el placer sexual de una mujer?
No lo sé, pero lo único que sabía era que me volvía a
calentar y que delicia un polvito mañanero, en el clima de Cartagena y debajo de
la ducha.
El, al ser más alto que yo, dobló un poco las rodillas para
colocar su pene entre mis piernas para pasar su cabeza dura en mi ya húmedo
coñito, mientras que sus manos me manoseaban las tetas y me decía morbosidades
al oído.
Santi: Si que eres caliente perrita rica
Sonia: Te parece?
Santi: Quiero volver a follarte
Sonia: Y que esperas?
Me volteó y sin pensarlo dos veces me levanto con sus brazos
y yo contra la padre y me la clavo de un solo empujón. Creo que el gemido no
salió de mi garganta, sino de la boca del estómago.
Fue tan intenso que quedé ronca, de sentirlo tan adentro en
esa posición.
No sé si es por el swing que tienen los negros, pero él
tenía, en esa posición, tomar un ritmo parejo en el entra y sale y a la vez
chuparme los pezones con gran intensidad. Fue la primera vez que me mordían las
tetas, no soy capaz de decirles como era, ni tan duro que doliera intensamente,
ni tan sueva que no sé sintiera que le las mordía.
Sus manos estaban cada una en una de mis nalgas, y mientras
me seguia enterrando su impresionante y deliciosa verga, me las acariciaba, pero
no de una forma sutil o tierna. Me las manoseaba con fuerza, como si quisiera
arrancármelas, con mucho deseo y más morbo.
Debo decirles también, y creo que eso es por la gran
experiencia que el tenía, que pese a lo poderoso del tamaño de su verga, cada
penetración, a buena velocidad y dureza, la hacía casi dejando salir de mi coño
parte de su cabeza, para nuevamente enterrármela hasta los huevos.
Me dolía la garganta del primer gemido, pero no podía pasar
de hacer sentir lo caliente que me ponía ser comida así como él lo hacía.
Pero el esfuerzo que había hecho él durante la noche y los 15
o 20 minutos que llevábamos follando en el baño se pagan y el se cansó de esa
posición donde los hombres llevan todo el peso. Por eso nos fuimos al inodoro,
donde el se sentó y yo encima. Primero con nuestros rostros frente a frente para
que me siguiera manoseando las nalgas y decierta forma me ayudara a subir y
bajar. Ahí tome un ritmo más lento, pues ahí me entanca sentir como lentamento
va saliendo la verga de mi coño, pero cuando casi toda la cabeza está por fuera,
dejo caer el peso de mi cuerpo totalmente. Es delicioso.
El no dejaba de chupar mis tetas, de admirarlas, de decirme
que eran grandes, ricas y poderosas.
Pronto empecé a sentir como él estaba a punto de estallar y
de manera violenta me sentó en le inodoro y a gran velocidad me empujó su verga
en mi coño, que momento sublime. Yo hize lo que jamás había hecho, tomar con mis
anos mis senos y manoseármelos yo misma, hasta que él la saco y chorrio su leche
en mis tetas.
No era tan espesa, ni tan blanca y ni tanta como su primera
derramada, y aunque me gustó, no me dieron ganas de probarla, así que la
restregué por todos mis senos.
Sentí que era suficiente para mí, que era hora de volver a la
compostura y dejar esa locura en el pasado, pero Eduardo no lo pensaba así. El
también quería repetir banquete en el baño. Cómo poder negarse, de inmediato me
dije a mí que lo haría por él e intentaría hacerlo lo más rápido del mundo.
Cuidado hombres, cuando nosotros nos proponemos eso lo
logramos, pues yo de inmediato empecé a calentarlo más hablándole sucio.
¿Quieres comerme?
Si podrás??
Me puso se pene en mi boca y no solo mame, también sucione su
miembro. Me concentré tanto que en cuestión de minutos él me estaba pidiendo que
parara que se iba a venir (eso era lo que yo quería), entonces le dije que un
poco más.
Ahí segui mamando y con una mano le manoseaba las pelotas y
la otra buscaba su anito para acariciarlo.
Sólo fue colocar la llema de mi dedo en su culito y apretar
un poco, para sentir la leche de Eduardo en mi garganta.
Fue delicioso, lo goce, pero confieso que quería que se
derramara porque era suficiente sexo por ese día.
Mientras se la limpiaba con mi boca, se colocó flacida y me
dijo que me hubiera querido comer por el coño.
Yo le pedí disculpas mintiéndole
Perdona, pero me calienta tanto mamartela que me olvide de
todo.
Veremos que tiempo tenemos para hacerlo.
Era sólo una mentira, ellos salián de viaje esa noche,
después de las charlas.
Lo que hicimos fue bañarnos y me cambie para ir al día final
de las charlas. Ellos antes de irse a sus habitaciones a cambiarse, se
despidieron de mi pengandose a mi, ya vestidos, uno por detrás y otro por
delante, besando a uno y luego a otro, mientras manoseaban mi cuerpo durante
unos minutos.
Fue la verdadera despedida, porque luego delante del público
fue un abrazo y un beso a cada uno.
Intercambiamos e-mails, teléfonos, pero ni yo e ido a
República Dominicana ni ellos han vuelto.
Ese fin de semana me quedé allí, en Cartagena, en el hotel
Almirante, descansando y disfrutando del mar.
Espero que les guste este relato
Y si desean que sigua escribiendo, por favor no duden en
enviarme un e-mail
Me encantaría seguir contándoles mis cosas, pero no sé si lo
hago bien o muy mal.