Como descubrí que mi cuñada Eva es lesbiana
Me llamo Sonia. Os voy a contar una historia que me ha
ocurrido hace unas semanas con mi cuñada. Tengo veintisiete años y estoy casado
con el hermano de Eva, mi cuñada. Hace tres años que nos casamos y aún no
tenemos hijos. Yo estoy muy enamorada de Juan, mi marido y siempre me he llevado
muy bien con Eva, una chica de treinta años, muy independiente y la verdad, muy
mona.
El caso es que un día quedamos las dos para comprarle el
regalo de cumpleaños a Juan. Juan es el pequeño de la casa y Eva siempre se ha
sentido muy unida a él. Se parecen mucho. Eva es rubia y pecosa como él. Muy
pecosos. Mi marido tiene pecas por los brazos, la cara, el cuello...En cuanto le
da el sol le aparecen. Eva es igual. Tiene el pelo rizado en tirabuzones. Es
delgada, muy delgada, y tiene poco pecho. Tiene unas tetitas juveniles. Es más
bien estrecha de caderas y de brazos y piernas esqueléticas. Cada parte del
culito le cabe en una mano. Suele usar ropa muy ancha o quizás es que todo le
queda así por lo delgada que está. Tiene unos labios delgados y cortos y la
nariz recta. Su mandíbula es triangular y sus ojos, grandes, almendrados y
marrones.
Yo la he tenido siempre por una persona muy agradable. Es muy
distinta a mí, pues yo soy morena de pelo. Me oscurezco fácilmente a sol. Soy
algo más alta que Eva, y más ancha de caderas, y tengo más pecho. Tengo unos
labios anchos, sensuales. No estoy gorda, pero al lado de Eva parezco rellenita,
por que mis caderas son una vez y media las suyas y mis muslos, como el doble
que los suyos. Cuando vamos las dos juntas yo siempre me llevo los piropos. Ella
se enfada. Recrimina a los hombres su falta de respeto. Yo finjo ofenderme por
lo que le pueda decir a mi marido, pero en el fondo me pongo muy ufana.
Como os he dicho, ibamos a comprarle un regalo a mi marido y
a la salida de la tienda, nos tropezamos con una chica de nuestra edad, que sé
que es lesbiana por que me lo han dicho muchas veces. Yo nunca había hecho esas
cosas, ni siquiera en mi pubertad. El caso es que se tropezó con Eva y se
saludaron con un beso. Fue un beso muy formal al principio, pero sus caras se
tardaron demasiado en separar. Empezaron a hablar de algunos chicas que no
conocía. Hablaban en una jerga extraña. Que si Pepita está, que si Juanita ya no
está. Hablaron de quedar en un bar "El Armario". Yo no me atreví a preguntar a
Eva, cuando se despidieron pero me dio la sensación de que mi cuñada conocía
esos ambientes.
Aquella cita me impactó y desde esa tarde me intrigó mucho la
manera de pasar el tiempo de Eva. Yo no sabía nada de lesbianas. Nada de nada.
No sabía con quién consultar el tema, con quien desahogarme. Naturalmente, para
mí era una cosa "muy gorda", pero por otro lado, me llamaba la atención, como si
se tratara de una jovencita curiosa.
Una noche tuve un sueño. Estaba en la cama en camisón. Eva
estaba a mi lado y de repente me besó en la boca. No rechacé sus besos sino que
dejé que metiera su lengua. Sentí en sueños la sensación electrizante de sus
labios sobre los míos. Luego sentí su mano sobre mi pecho y después, como se
deslizaba hacia mi sexo... Me desperté sobresaltada. Había tenido un sueño
erótico. La escena lésbica me produjo un poco de repugnancia. Mi marido se
despertó y tuve que decirle que había tenido una pesadilla. Pero al pasar las
horas, a la mañana siguiente, el sueño lo único que hizo es despertar aún más mi
curiosidad.
Tenía un incomprensible deseo de averiguar si Eva era
realmente lesbiana. Tenía un inconfesable deseo de saber en qué consistía eso de
ser lesbiana, cómo se sentía el placer y el amor con una mujer, la sensación de
lo prohibido... No sé. No puedo explicarlo.
Lo primero que hice fue averiguar si el bar ese, "El
Armario". Un bar situado en una céntrica calle de la ciudad, era un bar de
lesbianas...Un bar de ambiente. Una tarde me dirigí hacia allí. Era un bar
cafetería que había visto abierto por las tardes. Yo nunca había visto nada
raro. Incluso he de decir que las personas que había visto entrar me parecían de
lo más normal.
Intenté vestir de la manera más convencional posible. Mi
instinto me dijo que debía buscar ropa ceñida pero no provocativa. Una ropa
elegante que dejara ver mi figura y mi exhuberante figura sin caer en lo
ordinario, en lo hortero. Entré en el bar que estaba adornado de una forma muy
cálida y acogedora. En seguida me atendió una camarera joven, delgada, vestida
con un pantalón ceñido y un corpiño que dejaba desnudos los hombros. Me atendió
correctamente. No veía nada raro. Un par de chicos bebían en la barra un café.
Al rato entró una mujer de unos cuarenta años, rubia, muy
pintada, vestida con unos vaqueros y una cazadora de cuero negra. Tenía unos
botos camperos . Se sentó en la barra y desde ese momento no me quitó los ojos
de encima. Yo no me atrevía a mirarla descaradamente. Hablaba con voz
aguardientosa y más alto de lo necessario. Se quería hacer la graciosa.
Pretendía llamar la atención. Al poco rato comenzó a decir cosas que intuía se
referían a mí.
- ¡Vaya! ¡Hoy no se si decir si el armario está medio lleno o
medio vacío.- Decía esto y llamaba a la chica de la barra. -¡Preciosa!.-
La camarera le puso un whisky con hielo y pro primera vez
pude ver sus ojos rasgados, que se clavaban en mí mientras me saludaba.- Buenas
Tardes.- A lo que yo devolví el saludo con cortesía. Su personalidad me vencía.
Tenía miedo. No me salía la voz del cuerpo.
Los dos muchachos sonreían cada vez que aquella mujer soltaba
una ocurrencia. Al final, uno de aquellos chicos de cara y ojos brillantes habló
con una voz demasiado melodiosa.- Hoy la Rubia está dispuesta a todo.-
-Es que Hay veces que el armario está lleno, pero es como si
estuviera vacío...Pero hoy, con la poca gente que estamos, está en su punto.-
el otro chico habló, con una voz que ya no dejaba sospecha
sobre sus tendencias.- ¿No me dirás ahora que vas a sacar a alguien del armario?
Jijiji.- Evidentemente, era yo ese alguien.
-La tarde es larga.- Dijo la mujer mientras se acercaba a mi
mesa con su wisky y apartando la silla que había frente a mí me dijo simplemente
un -¿Puedo?.-
-Si, si...- Le dije temblando.
- ¿Esperas a alguien?.-
- Bueno...he quedado aquí con una amiga... Eva, no se si la
conoces.-
- Aquí suelen venir varias "Evas", aunque la mayoría de las
que vienen no se llaman en realidad así...¿Tu como te llamas?.-
Un segundo en silencio me delataba, pero a la chica, que
decía llamarse Tania, no le importó demasiado.- Me llamo Juana.- Comenzamos a
hablar del tiempo. Una chica entró en el bar y me miró fijamente. Miré al par de
chicos que estaban en la barra. Una mano de uno de ellos se deslizaba por el
trasero del otro. Sus labios entraron en contacto y se separaron lentamente. Un
cosquilleo recorrió mi nuca y de repente sentí una necesidad de escabullirme.
- Tengo que irme.-
-¿Ya te vas?.-
-Se me hace tarde...-
Me levanté y me fui pidiendo rápidamente la cuenta. La mujer
me seguía. La sentí detrás de mí. Sentí su vientre en mi trasero y su pelo en mi
mejilla. Sentí su aliento,
.-¿Vas a volver otro día?:-
- No creo.- Le dije apartándola de mí ligeramente pero con
determinación.
- ¡Otra que sale del "Armario" por la puerta de atrás!.-
Salí andando rápido y con miedo a que me vieran salir. Salí
por que no sabía si sería capaz de decir que no. Sabéis. Yo nunca le digo que no
al sexo. No le soy infiel a mi marido. Pero incluso cuando algún hombre me ha
hecho propuestas, he sentido la necesidad de hacerlo enseguida con mi parido,
pues me he puesto muy cachonda. Me fui a casa con el rabo entre las piernas,
pero al menos había comprobado que el famoso armario, era un bar frecuentado por
chicas y chicos de ambiente "raro".
Por la noche no podía dormir. Estaba muy cachonda. Me había
sucedido, como ya os he dicho, con chicos, pero nunca me había tirado los tejos
una mujer. Me lo intenté curar con una ducha de agua fría, pero no tuvo efecto.
Luego lo intenté con una tila. ¡Yo que sé! Mi mente estaba ocupada en averiguar
cómo hacen el amor las mujeres y empecé a acariciarme con toda la maldad que
podía, los pechos, los muslos, el vientre, el sexo...Imaginaba que era una
mujer, aquella del bar, o tal vez mi cuñada, o mi amiga Rosa, la que tan guapa
me parecía. Ya no era curiosidad lo que sentía, sino la excitación, el fuego en
mi interior. Mi marido dormía. Puse una mano sobre su hombro. Se despertó.
Comencé a comerme su boca y metí la mano en su pijama. Estaba dormida pero no
tardó en despertar.
Mi marido se imaginó que no quería contemplaciones. Se bajó
el pijama y los calzoncillos y yo me deshice del camisón. Se puso el
preservativo. El odiado y necesario preservativo. Lo esperé desnuda con las
piernas abiertas y dejé que me embistiera. Sentía la improrrogable necesidad de
ser penetrada. Necesitaba ser follada. La picha se abrió paso dentro de mí.
Coloqué mis manos en sus nalgas. ¿Cómo serían las nalgas de una mujer? ¿Cómo
sustituiría una mujer el placer de la penetración en su amante?.-
Juan comenzó a agitarse, después de penetrarme lenta pero
inexorablemente. Sentía alguna molestia pero la aguantaba gustosa, deseando que
se moviera dentro de mí. Juan me miraba fijamente. Yo le apartaba la mirada y al
rato me volvía a encontrar con él. Pensé en cómo se parecían ambos hermanos,
Juan y Eva. Miré sus pecho y por un momento imaginé las tetitas blancas de Eva
¿Cómo le colgarían? ¿Tendría pecas hasta los mismos peones? ¿Tendría los pezones
pequeños y definidos...O grandes y difusos?. Agarré los cachetes de mi marido y
los apreté contra mí.
Mi parido, al sentir en sus nalgas mis dedos, comenzó a
moverse más rápido. Es una señal involuntaria que él ya conoce. Mi orgasmo se
aproximaba. Sentí una presión en mi estómago, en la nuca en la superficie y el
interior de mi sexo. Sentí aflojarse mis rodillas, mis hombros, la lucidez de mi
mente...Y de repente, comencé a correrme con la respiración entrecortada,
aprovechando la salida de aire para emitir un placentero lamento de amor detrás
de otro, mientras mi marido se vaciaba en mi interior, respondiendo a mis
gemidos con los suyos propios.
Siempre que he tenido alguna fantasía y he hecho el amor con
mi marido, se me pasa. Pero esta vez, no. Hacer el amor con Juan, aunque de una
forma muy satisfactoria, había enardecido mi curiosidad por saber si Eva era
lesbiana. No comprendía que Eva buscara placer distinto al que un hombro pudiera
proporcionar, especialmente, al que amas. Me sentía atraída por saber las formas
de amar de las lesbianas. No quería exponerme, así que se me ocurrió utilizar el
medio más anónimo que conozco: Internet.
Puse la palabra lesbiana y el buscador me devolvió decenas de
miles de direcciones. Me costó un poco encontrar algunas direcciones gratuitas
de fotos. Las mujeres no somos tan sensibles como los hombres a las fotos y a mí
la mayoría de las fotos porno me parecen ginecológicas. Las chicas eran divinas,
algunas...pero otras eran "vacas viejas". "pencas". Empecé a visionar galerías
de fotos de lesbianas y a ver algunas fotos de una sensualidad que yo no
conocía. Me gustaba ver fotos de chicas besándose. Al verlas se me venía a la
cabeza el sueño con Eva. Aquel muerdo en los labios.
Me pareció realmente horrible lo que veía después. Lametones
en el sexo, dedos que se introducían en ambos agujeros, miré dos o tres galerías
y salí de internet con rapidez y angustia, pero eso sólo duró unos minutos. La
segunda vez estaba más preparada. Me acordaba de cuando siendo una chiquilla aún
me dijeron en qué consistían las relaciones entre un hombre y una mujer. La
repugnancia que aquello me produjo y eso me dio ánimos. No es lo mismo verlo que
sentirlo.
Unas galerías más y mi campo de conocimiento se habría por
completo. Vibradores, consoladores, sesenta y nueves... ¿Usaría Eva
consoladores? ¿Haría sesenta y nueves? ¿Amaría o se dejaría amar? ¿Haría el
papel activo o el pasivo? Una página daba la opción de ejecutar unos "movies".
Abrí uno. Se tardó algunos segundo en cargar. Vi diez segundos de amor entre los
mujeres. Una estaba de rodillas sobre una mesa, la otra, detrás, le lamía todo.
Sentí repugnancia y una extraña excitación, una morbosa necesidad de seguir
viendo. Cerré la página y salí de internet. Estaba sóla en casa y no pensaba
esperar a mi marido. Me metí en la ducha y me masturbé mientras el agua caía
sobre mi cabeza.
Decidido. Por el bien de mi cuñada tenía que conseguir
adivinar si era realmente lesbiana y apartarla de tan depravadas costumbres.
Hablaría con ella y le buscaría un novio. Lo importante era, sobre todo, que me
explicara qué sentía, por qué lo hacía, cómo lo hacía, dónde lo hacía,...Me
propuse un plan para dejarla en evidencia y forzarla a declarar sus tendencias
licenciosas y degeneradas. Después la abrazaría, le pediría que me lo contara
todo, que se apoyara en mí. Sentiría su mejilla sobre mi cara, sus pelos, el
olor de su perfume, de su piel. Tal vez sus pechos sobre los míos, sus manos en
mi cintura...
Mi plan era sencillo. La provocaría y ella no podría
contenerse. Yo no podría contenerme si me provocaban. Entonces, Eva tendrá que
contárselo todo. Pero ¿Cómo ligan las lesbianas?. Sólo tenía la corta
experiencia con aquella impetuosa dama del "Armario". También me metí en un chat
de lesbianas pero llegué a la conclusión de que allí habría dos o tres chicas,
todo lo demás eran tíos. Bueno, pues seduciría a Eva con las mismas mañas con
que seduciría a un hombre. La provocaría.
Mi plan era sencillo. Aprovecharía uno de esos viajes que
hacía mi marido para pedir que Eva viniera a casa. Normalmente, yo iba a casa de
mis padres, pero en verano, ellos están en la playa y es más difícil que les
acompañe. Primero le enseñaría mi cuerpo, se lo pasaría por los morros, luego le
daría confianzas, le dejaría que me tocara, que ella decidiera por las dos, y
esas cosas. Luego vendría la fase de calentamiento a tope, buscaría su roce, su
contacto... Y al final seguro que no se aguantaría. Entonces la descubriría y me
tendría que contar todo y prometer que se iba a reformar.
Antes de que mi marido iniciara uno de esos viajes de
negocios a Italia, yo ya comencé a poner en marcha mi plan. Un día la invité a
que viniera de compras conmigo. Empecé por comprarme una pulserita de plata. Le
pedí su opinión. No me la quería dar por que decía que yo hago siempre lo
contrario de lo que ella me dice.
Hice que ella me pusiera la cadenita. Sentí las yemas de sus
dedos en mi muñeca y luego, extendí el brazo para que la viera, pero colocándome
delante de ella, de manera que sentí su vientre en mi trasera y sus pechos en mi
espalda. Son quizás memeces, pero no cuando la finalidad era poner caliente a
Eva, y la verdad es que me sentía terriblemente seductora. Como estas le empecé
a hacer varias y a diario. Compré la pulsera que ella eligió sin rechistar.
Mejor fue cuando decidí comprarme el conjuntito de ropa
interior. Le pedí opinión. Era un conjunto muy picarón. Era el conjunto más
atrevido. Eva se decía extrañada por mi elección, aunque le parecía
fabulosamente sensual. Me lo llevé. Antes de volver a casa tomamos un café. Lo
mismo. Le rozaba los muslos con mi rodilla y me hacía rozar de la misma manera.
Ella no apartó la silla, pero tampoco descubrí ningún tipo de intencionalidad en
su cara. Al llegar a casa, comprobé que Juan no estaba y le pedí que subiera.
Quería que me lo viera puesto. Mientras ella esperaba en el salón, con un wisky
con hielo "Como el de la mujer del Armario" yo me desnudaba y me probaba el
conjuntito. Realmente estaba provocadora. Mis nalgas asomaban redondas,
exhuberantes, mis pechos aparecían deliciosos. Yo, por mi parte, no había
descuidado detalle. Ni las uñas de los pies, ni el vello de mi pubis.... La
llamé
Mi cuñada apareció con el baso en la mano. Estudié cada
expresión de su rostro. Me pareció gratamente sorprendida. Me miró de arriba
abajo. Pensé que e Eva le gustaba "mi mercancía", para luego esbozar una frase
hecha "Lo verás pero no lo catarás". Era la misma frase que me repetía cuando a
veces me tenía que desnudar ante el médico.
Le pedí a Eva que me diera su opinión. Me acerqué a ella
decididamente, casi asaltándola. Eva sonrió benévolamente y me dijo que estaba
espléndida. Di un paso más en mi plan y sin decir nada me quité el sujetador.
Mis pechos salieron libres y comprobé en la cara de Eva la sensación de
sorpresa, no se si grato o más bien de no explicarse lo que hacía. La verdad es
que siempre he tenido mucho cuidado con que las chicas ni los chicos me vieran
los pechos, pero por otro lado, hay mujeres que no le dan tanta importancia. Lo
bueno era que Eva tendría en que pensar esta noche. Cuando fui a bajarme las
bragas, Eva se dio la vuelta con disimulo. Era una tontería, por que me veía por
un espejo, aunque ella bajó la cabeza y salió de la habitación.
"Hoy te vas a masturbar pensando en mí" pensé mientras me
ponía unas braguitas más discretas y un albornoz. Seguí "enseñándole mi
mercancía". Me senté en el sillón delante de ella mientras me tomaba una lata de
refresco. Hice lo posible por que se me viera todo y mo cuerpo no le pasó
desadvertido a mi cuñada. Lo presentía y aquello me hacía ser aún más
provocativa en mis posturas.
Pero la verdad es que esperaba que Eva se tirara sobre mí y
eso no se produjo. Yo, que había hecho un plan a semanas vistas estaba furiosa
por que a la primera, mi cuñada no se me había declarado. Me enfurecí y hasta
lloré, aunque luego me consolé pensando en lo bien que había empleado el dinero
en comprar aquel conjuntito con el que no pretendía seducir a mi marido en
absoluto, sino a mi cuñada.
Un día quedamos mi marido, yo y su hermana. Me puse muy mona,
un poco provocativa. Mi marido me echó unas indirectas. -¡No me gusta que te
pongas esa minifalda ni ese suéter! ¡te miran mucho los tíos!.- Él ignoraba que
yo buscaba la atención de Eva. Fuímos a un bar y se me ocurrió una idea. Pedí
que Eva me acompañara al servicio. Me recreé mientras me bajaba las bragas y me
subía la falda. Que me mirara con detenimiento., que comprobara mi cuerpo, mis
muslos suaves.
Empecé a percibir el efecto de mi plan en que Eva, que
siempre ha sido muy independiente y nunca se ha podido contar con ella empeó a
quedar más con nosotros. Un día fuímos a la playa los tres. Mi marido se fue a
dar una vuelta por la playa. Era una playa larga, llena de extranjeras
despechugadas. A mi no me dejaba hacer top-less. Yo, que ya tenía premeditado mi
plan, me puse apartada de la gente y cuando mi marido se fue le pedí a Eva que
vigilara por si regresaba y me puse a hacer top-less. Eva me dijo que era una
barbaridad tomar el sol en top-less sin protección. Yo esperaba ese consejo y me
puse a echarme la crema protectora con detenimiento, con toda la malicia y
sensualidad. Luego, como había partes de la espalda a la que no llegaba, le pedí
a ella que me la untara. Y así sentía la yema deminuta y suave de sus dedos
acarciar mi espalda. Al cabo de un rato me di la vuelta y me puse de espaldas al
sol. Me sentía observada.. Pienso que eran tonterías, y que me sentía así para
animarme a seguir. Metí el bañador entre las nalgas para que me diera el sol en
el culo.
Eva no se atrevía pero yo se lo pedí.- ¡Anda! ¡Dame crema en
las nalgas!.- Mi cuñada extendió la crema discretamente. Nada en su actitud la
delataba, pero yo intuía que ella me deseaba cuando me tocaba. No puedo explicar
por que yo avanaba en mi plan. Me sentía tentada por mi cuñada, pro ser
codiciada por ella, aún sin considerarme no entonces ni ahora lesbiana. Me
engañaba diciendo que hacía aquello, que soportaba los roces de Eva para
desenmascar sus tendencias y ayudarla. La realidad es que deseaba sentirme
deseada por ella y me encantaba que em tocara.
La siguiente parte de mi plan era el otorgarle ciertas
confianzas. Ya le daba algunas, como permitir que me tocara en determinadas
situaciones, como cuando me untó la crema. Más bien la obligaba a hacerlo, pues
pienso que de ella nunca saldría. Era más bién yo la que se tomaba la confianza
y la que hacía cosas cada ve más atrevidas. Un día comencé a hablar de sexo con
ella.
Eva esquivaba responderme a las preguntas que le hacía, sobre
si se excitaba si le tocaban el pecho. – Yo me pongo a cién cuando Juan me come
el pecho... comienzo a ponerme mojadita mojadita.-
No tenía mucho éxito, pero a fuerza de cabezonería conseguí
que Eva me comentara diversas experiencias masturbatorias. Le pregunté por los
consoladores, por los vibradores, pero cuando me acercaba al prácticas sexuales
hombre-mujer me decía que sin duda yo tenía más experiencia. Y si hablába de
sesenta y nueves o cosas que pudieran hacer pensar en prácticas lésbicas, se
hacía la loca. Luego hablamos de nuestrso novios. Me dijo, naturalmente que no
tenía novio. Me contó lo de un novio que tuvo que le partió el corazón.
Aproveché para besarle la mejilla. Caminamos largo rato cogidas de la mano por
la playa solitaria.
Después de este día, Eva dejó de llamar. Al repentino
acercamiento le sucedió un alejamiento radical. Yo la entendía. No podía
explicarle a Juan que su hermana no era tan caprichosa commo pensaba, ni estaba
enfadada por nada. Lo que le sucedía es que huía de mi por que estaba a punto de
sucumbir. No estaba dispuesta a quitarle la mujer a su hermano, ni siquiera por
una noche.
Bueno, se acercaba la tercera aprte de mi plan. La
oportunidad del viaje apareció. Mi marido se iba a Italia unos días, a culminar
las firma de importantes contratos de suministro y mis padres estaban lejos, en
la playa. La ciudad, con la gente de vacaciones, estaba medio vacía. Me hice la
miedica y le pedí que llamara a Eva para que viniera a dormir a casa. Eva
respondió si no era mejor que yo fuera a su casa esos días. Acepté. De esta
forma yo metería en la maleta la ropa que me hiciera irresistible, y ella no
podría olvidarse toda la suerte de juguetes: vibradores, consoladores... de los
que me había hablado.
Eva se había esmerado en cuidarse y cuidar la casa. Me dio un
beso en la cara al entrar en su casa y noté que me miraba de reojo. No deseaba
perder el tiempo. Un par de días se pasan corriendo. Así que lo primero que hice
fue "ponerme cómoda y fresquita". Así que me dirijí al dormitorio, el único que
había. Eva tenia un sofá-cama que seguramente pensaba que usaría. Yo de ninguna
manera iba a dormir sola. Dejé el bolso en el dormitorio y me quité la camisa y
el sujetador para ponerme una camiseta vieja, ancha y pasada. Mis pechos se
adivinaban mejor, más sujerentes. Me quité la falda y me coloqué unos
pantaloncitos cortos ajuntados, de una tela fina, que me llegaban un dedo por
debajo de las ingles y se abrían por la parte exterior de los muslos.
Me quité los zapatos y me puse unas chanclas. Había observado
que Eva miiraba mucho a los pies de las chicas , y también los míos.
Me dejé las pulseritas de las muñecas, y la del tobillo, esa
de plata que Eva me ayudó a elegir. Me hice una coleta con el pelo. Todo estaba
estudiado para causarle a mi cuñada el mayor impacto posible. Cuando salí del
cuarto por poco se le cae la taza que tenía en la mano. - ¿Tu no te pones
fresquita?.- Le dije sonriendo.
Le pedí a Eva que me enseñara de nuevo, las fotos de su
niñez, con Juan y mis suegros. Estuvimos las dos sentadas. Yo sentía rozar mis
muslos con los suyos. Yo sugerí a Eva que me sirviera un cubalibre de ginebra.
Luego otro. Ella me acompañaba. Yo necesitaba reunir valor para hacerle una
proposición que significaba un paso adelante en mi plan .- ¿Por qué no me
enseñas los juguetitos que tienes por ahí? ¡Si! ¡Los vibradores y los
consoladores!.-
Tuve que pedirselo varias veces.-¡Anda! ¡Por fa!.- Al final
aceptó. Comenzó por los vibradores. Me los hizo sentir en la palma de la mano, y
en la parte interior del codo. Me enseñó dos vibradores y lugo dos consoladores,
más largos, más ortopédicos,- más adecuados para...- Eva acabó la frase con un
silencio que en mi interior sabía lo que contenía "Más adecuado para meterselo a
las amantes..." Estuve viéndolos un rato y Eva, como si se tratara de un tesoro
o un arma o algo entre peligroso y apreciado, tenía prisa por guardarlo. Me los
cogió de la mano con suavidad y los guardó en uno de los cajones de la cómoda de
su dormitorio.
Después de comer me fui a dormir la siesta. Yo esperaba que
Eva me siguiera. Ella. Como una buena anfitriona se quedó durmiendo en el sofá.
Yo esperaba que se portara como una buena anfitriona de verdad y me hiciera
gozar como yo presumía que ella sabía. Cuando desperté, Eva dormía. Estuve un
rato aburrida y se me ocurrió probar de verdad los juguetes de Eva. Cogí un
vibrador del cajón y me quité los pantalones y lass bragas. Lo encendí y me lo
acerqué. Era un placer distinto, artificial pero muy efectivo. Lo posé sobre mi
sexo e hice que buscara mi clítoris.. Era electriante. Lo separé y lo puse sobre
los pezones.Los sentí erizarse, levantarse.
Miré intuyendo actividad. Eva me miraba. No sabía si estaba
enfadada. -¿Qué haces? .- Me dijo
-Perdón, quería ver que se sentía.-
-No, no importa...prueba.- Y diciendo esto se dio la media
vuelta. Eva era una roca de hielo contra la que me estrellaba.
- ¡Es que... Es que no sé...No me atrevo....¿No me puedes
ayudar?.-
- ¿Ayudar? ¡Pero si es muy fácil!.-
-¡Ya! ...pero yo soy mmuy inútil...¡Anda! ¡cógelo tú!.-
Eva titubeó, pero al final, su carácter complaciente la
venció y se acercó. –Túmbate en la cama con las piernas abiertas.- La obedecí y
Eva encendió el aparato y lo colocó en la parte interior de mi muslo, encima de
la rodilla.
-Tienes que hacer que vaya avanzando lentamente hacia tu
coñito.- Al decri esto, Eva se aclaró la garganta. Estaba nerviosa, excitada.
Conocía el oficio y pronto, lo que para mí era un cosquilleo insoportable, se
convirtió en el más placentero estímulo. Metí la mano dentro de la camiseta y
mis dedos pellizcaron miis pezones. Mi otras mano separaba los labios de mi sexo
y dejaba al descubierto mi crestita que pronto comencé a estimular por mi
cuenta. El cosquilleo me subía por el muslo y pronto lo sentí en la parte baja
de mis nalgas y luego, sobre uno de los labios, dirigirse al clítoris.
Recibí las vibraciones con expectación. Sentí los pechos
robustecidos, exultantes por el roce del vibrador. Mi sexo estaba húmedo. Yo
confiaba en Eva y no me decepcioonó. Pronto el vibrador esstaba entre ambos
labios. El instrumento se hundía en mi vagina como tres dedos. Las vibraciones
se hundían en mi vientre y no tardé en comenzar a correrme. En un moomento de
lucide, busqué algún tipo de contacto con ella que sabía sería incapaz de
negasrme en esos momentos. Coloqué mi mano sobre su muslo, mal tapado por la
falda que había quedado desordenada al sentarse sobre la cama. Eva movía el
vibrador con suma delicadeza, a pesar de lo que el cosquilleo consiguió hacer
que me corriera.
Fue un orgasmo increíble. Deseé que Eva me hundiera el
vibrador hasta el fondo, pero ella seguro que reservaba eso para sus amantes. Se
agachó sobre mí. Le ofrecñi mi boca, pero se contentó con darme un fraternal
beso en la frente y la mejilla. Me decepcioné de nuevo.
Miraba a Eva de reojo, pensando en cuál sería la causa de que
me rechazara. Estaba seguro de que le gustaba. ¿Sería por respeto hacia mi
marido, su hermano? De cualquier forma yo ya me había propuesto llegar hasta el
final, sobre todo al compbrobar el placer que me podía proporcionar mi cuñada y
el no sentir tantos remordimientos como yo pensaba por haberlo hecho con una
mujer. Al revés, he de confesar que me resultó excitante.
El caso es que Eva no me hacía todo el caso que yo quería.
Llegó la hora de dormir y apenas si me miró cuando aparecí en el dormitorio
procedente del cuarto de baño vestida con aquel conjuntito de ropa interior que
ella me había ayudado a comprar. Me acosté en la cama, a su lado. Un hombre
hubiera entendido la indirecta, pero Eva se dio media vuelta. Destapé un poco la
sábana para ver como iba vestida y me dí cuenta de que sólo llevaba las bragas,
sin pijama ni camisón, así que yo también me deshice del sujetador, que me
estorba un montón para dormir y ya de paso, me quité delante de ella el camisón,
para quedarme como ella, sólo con las bragas.
Esperé inútilmente su seducción. Esstaba muy caliente y
desengañada, pero de repente me acordé que a mi marido bastaba con ponerle la
mano en el hombro para que entendiera lo que deseaba. Eva parecía dormir. Me
ofrecía unna espalda desnuda en la que se marcaba la columna y los músculos en
su delgada silueta. Pasé mi mano por su espalda y luego se la puse en el hombro.
Pareció despertar.
- ¿Eva?-
- ¿Si?-
-No me puedo dormir.-
-¿Por qué?-
- Estoy muy caliente.... lo de los "mete-saca" esos me ha
puesto muy cachonda... No se cómo bajarme el calentón. ¿Tú Podrías...?
- ¿Podría qué?.-
- Pues hacermelo.-
Eva se dio la vuelta, me miró extrañadísima y entonces
comenzó con una retaila, hablando bajo pero visiblemente enfadada.- ¡Mira! ¡Yo
no sé que te has creído! ¡Llevas semanas provocándome! ¡Que si la cremita en la
espalda, que si la manita por la playa...! ¿Se puede saber que coño quieres?.-
Eva me miraba con los ojos brillantes, enfurecida. Yo no
sabía que deecirle. No era momento de contradecirle. Se enfadaría y perdería mi
oportunidad de saber si era lesbiana. Yo ni me pensé lo que le decía.- Es
que...es que creo...que me he enamoorado de ti.-
Eva se cayó y se me quedó mirando. Luego hizo un gesto
despectivo. -¡Venga hombre!¡No me vengas con pamplinas!.- Se levantó de la cama
pero no fue lejos. Se puso de pié junto a la cama y me miró de arriba abajo.
Parecía pensarselo, quizás sucumbir a la tentación hasta que finalmente
susurró.-¡Esta bien!¡Tú lo has querido!.-
Eva se tumbó sobre uno de mis lados. Sentí su pecho caer
suave sobre el mío. Tenía uno pecho diminuto, juvenil, Las pequtas de las que os
hablé casi le llegaban a los pezones. Unos peones pequeños, bien definidos y
puntiagudos. Los sentí ardeersobre mi propio pecho, y luego su boca, que se posó
sobre la mía y se fundieron sus labios con los míos. Me entregué a un beso como
no me lo daban desde que era una jovencita del instituto. Sus labios eran
deliciosos, dulces. La miré a los ojos mientras nos besábamos. Fue una mirada en
la que ambas abrimos y cerramos los párpados al mismo tiempo, lentamente. La
imagen de su cara se me retuvo en la retina mientras empecé a sentir sus dedos
suaves sobre mi pecho, apretarlo lentamente, suavemente, moviendo su palma de la
mano y arrastrándo mi seno con ella.
-Eres una mujer muy bonita. Mi hermano tiene mucha suerte.-
Aquellas palabras me llenaron de satisfacción. Ya no pensaba en reprenderla por
sus inclinaciones sexuales, sino en ser iniciada pro ella esa misma noche.
-¡Hazme tuya!.- Le respondí.
Eva colocó su muslo entre mis piernas y comenzó a besarme
sensualmente el cuello y los lóbulos de la oreja, hasta que de repente, sentí
cómo su lengua se hundía en el agujero de las orejas. Un cosquilleo recorrió mi
nuca. Se agachó un poco y sentí sus labios en mis clavículas mientras su mano
bajaba lentamente por mi vientre. Su pequeña mano me daba seguridad. Nunca había
valorado la longitud y estrechez de sus dedos. Me parecían unas manos hermonas.
Pegué un pequeño brinco al notar que las manos sobrepasaban
la línea de mis bragas. Noté que ponía sus dedos sobre mi sexo, encima de mi
prenda íntima y sentí el esstímulo de sus dedos sobre mi clítoris a través de la
delgada tela, mientras me mordía el cuello.
Eva tomó mis bragas desde delante y tiró de ellas hacia
arriba. Sentí cómo la tela se me clavaba en la raja. Me miraba fijamente y yo no
podía ocultar mi excitación. No la oculté. Chillé en voz baja y moví mis
caderas. No tardó en soltar las bragas, pero me quedaron descolocadas, pues Eva
comenzó a estimular de nuevo mi sexo con sus dedos, pero esta vez sin el estorbo
de las bragas. Sentí la yema de sus dedos, suave, delicada, rozarme casi sin
apretar, mientras su boca se separaba de mi cuello y se dirigía hacia mi pecho.
Estuve a punto de rogarle que me soltara, que no lo hiciera,
pero pudo más el morboso deseo que la decencia inculcada durante decenas de
años. Su lengua apretaba la piél de mi pecho, hasta alcanzar mis pezones,
empeñándose en contrarrestar hundiendo, lo que el deseo se empeñaba en hacer
repuntar. De repente sentí cómo abriendo su boca se emgullía todo mi pezón y lo
apretaba entre los labios. Me retorcía de placer y musitaba.
Parecía que aquella era la señal conveenida y cuando mayor
sensación sentía en el pecho, Eva comenó a hundir sus dedos dentro de mí. Sentí
la palma de su mano apretar mi crestita y las yemitas de sus dedos introducirse,
y luego, girar a un lado y otro mientras los metía y los sacaba. Cada vez los
hundia más hasta que yo no pude más y el placer que comenzó en el interior de mi
vientre como un vacío qque había que llenar, se transformó en un volcán de deseo
ardiente.
Comencé a moverme contra su mano. Me hincaba ssus dedos y yo
deseaba que me penetraran más. Eva no soltó mi pecho a pesar de mi movimiento.
Al revés. Se echó sobre mí para evitar que me moviera mucho y apretó mi peón
entre los labios. A la excitación del bocado se unía la sensación de estirazón
de mi pecho. Me sentía tan mojada que me parecía sentir mis nalgas mojadas por
mis flujos.
Cuando Eva notó que me corrí, se puso sobre mí y tomó unas de
mis piernas. Me pareció indicar quie la mantuviera ligeramente doblada. Eva me
tomó las manos y las puso sobre mis hombros y sin soltarme comenzó a moverse
encima mío, como una loca, frotándo su cuerpo contra el mío y buscando que mi
muslo le rozara su sexo. Yo apreté el muslo corta ella y sentí su mata de pelos
pincharme y luego cómo se me humedecía la piel por sus fluídos. Sus tetitas me
rozaban y sentí su rodilla entre mis muslos. Busqué su contacto hasdta sentir
que se me clavaba ligeramente en el sexo. Al cabo de un rato, Eva se corrió,
terminando de humedecer mi muslo y de mezclar en nuestros cuerpos, nuestro
sudor.
Quedamos tumbadas.. Ya me podía dormir. No tardé en cerrar
los ojos y no me desperté hasta el día siguiente. Me pareció que oía llover en
la calle. Recuperé la conciencia. No mecreía lo que había hecho. Anoche me había
acostado con mi cuñada. La lluvia que oía era la de la ducha. Posiblemente Eva
se estaba duchando.
A las mujeres nos gusta más el sexo de noche. Eso dicen. Yo,
por mi parte, esta mañana me debatía entre salri de casa de mi cuñada sin
desedirme a entrar en el baño. De cualquier manera, mis bragas estaban sucias
por los restos de los flujos de la noche. Me las quité. Después, fue mucho más
fácil decidir. Entré en el baño comoo despistada, preguntando por mi maleta. Eva
me miró incrédula. Se preguntaría, detrás de la manpara de la ducha cuál era
ahora mi opinión sobre el sexo entre mujeres. Abrí la mampara y me metí en la
ducha con ella mientras ella me miraba sonriendo pícaramente.
Bajo la ducha, Eva me parecía aún más delgada y menuda. El
pelo mojado achataba su figura. Su piel brillaba. Su vientre era plano y los
hombros y los huesos de las caderas se le notaban mucho, pero sus pechos me
atrían y me acerqué a ella para acariciarlos.
Me las quise dar de seductora y me metí sin contemplaciones.
Me puse al lado de ella, recibiendo el agua templada en mi cuerpo. Estaba
excitada por la proximidaad de su cuerpo menudo. Cogí el bote de gel y lo eché
sobre mi mano y me atreví a hacerle una proposición- ¿Te froto la espalda?.-
No esperé que me contestara. El hecho de volverse y ofrecerme
la espalda era suficiente. Eva apartó su peo del cuello. En su nuca despuntaba
alguna vértebra. Comencé a acariciar su espalda por la ona de los pulmones, pero
pronto estaba recorriendo sus riñones y no pude evitar, al ver sus nalgas
redondas, diminutas, respingonas, frotarlas, acariciarlas, estrujarlas mientras
posaba mi boca sobre su cuello.
Le cogi de los pechos y me la traje contra mí. Eran suaves,
pequeños, deliciosos y dulces. Sus nalgas se me clavaron en mii vientre y le
mordí la oreja, como ella había hecho la nohe anterior. Respondió a mi estímulo
dándose la vuelta y abrazándome a mí. Nos besamos mientras el agua resbalaba por
nuestro cuerpos. Nuestros pechos se pegaban para poder recibir ambas el chorrito
agradable de la ducha.
Eva puso mi manos sobre mis hombros y me invitó a agacharme.
Yo acepté su sugerencia, doblando ligeramente las piernas y posando mia labios
sobre sus pezones. Nunca había probado el pecho de una mujer. Su calor, la
textura y suavidad. Me sentía enormemente excitada de saber que aquello pondría
a Eva aún más excitada que lo que yo estaba, y cuanto más me excitaba yo más me
empeñaba en excitarla a ella. Eva continuó empujándome hacia abajo. Comprendí lo
que deseaba. Nunca lo había hecho. Me daba un poco de repelús, pero cuando vi
asomar su crestita entre los dedos de su mano, que se separaba los labios de su
sexo, que se me ofrecía entre sus piernas, que se esforzaba en abrir colocándo
una de ellas sobre el borde de la bañera, me pareció un pastel exquisito, y una
justa recompensa al placer que me había proporcionado la noce anterior.
No se me ocurría otra manera de hacer que pasar mi lengua
despacio, una y otra vez por su rajita, sintiendo en mi punta las depresiones y
la cresta de su coñito, que sin estar totalmente depilado, sí estaba muy
afeitado y cuidado. Empecé a notar un olor penetrante, a pesar del agua, y un
saborcito agrio. Luego sentí la melosa sensación de sus flujos, mientras ella
comenzaba un suave balanceo. Abrí los ojos y miré hacia arriba. Me miraba
fijamente mientras se magreaba el pecho. Estuve unos instantes mirándola
mientras apretaba con mi lengua su clítoris. Luego me volví a concentrar en mis
lamidas cuando seme ocurrió meter ligeramente uno de mis dedos índices en su
rajita mojada.
Eva comenzó a agitarse. Sentí su mano sobre mi cabeza,
apretarme contra su sexo, mientras ella cada vez se corría más violentamente y
comenzaba a respirar aceleradamente, corriéndose silenciosamente, sin escándalo.
Estaba muy orgullosa de mi mismo y me dejé sacar de la ducha
por mi cuñada, que me llevaba de la mano hacia su cama. Puso una toalla sobre el
colchón y me tendió en la cama, de manera que mis piernas quedaban colgando.
Sacó de la mesilla de la cómoda uno de sus juguetes, un consolador de color rosa
intenso que puso a su lada, mientras se ponía de rodillas frente a mi sexo.
- ¿Qué vas a hacer con eso?.- La pregunté
-Ya lo verás.-
Eva puso mis piernas sobre sus hombros estrechos. Mis muslos
ocupaban bien su espalda y veía asomar su cara por encima de mi vientre .-Te vot
a enseñar como hay que comer los coños.- Me dijo, y dicho esto, comenzó a lamer
mi sexo con fuera, como empeñada en arrancarme el clítoris a lametones. Eva me
separaba los labios con sus dedos y yo comprendía por qué se empeñaba en
frotarse los pechos en la ducha. Es como si existiera un nervio que conecta el
clítoris con el pezón. Sentí la necesidad de tocarla y enredé mis dedos entre
sus pelos mojados.
Eva hundía su lengua dentro de mí. La sentía en la parte
interior de mis labios, de una forma excitante. No se concentraba sólo en mi
clítoris. La parte de detrás de mi sexo parecía que era uno de sus lugares
favoritos. Sentí hincar sus dientes en la parte baja de mis nalgas y en el
interior de mis muslos, al lado de mi vientre, y de nuevo, sus labios en mi
clítoris. Lo atrapó con decisión y estiró de él con los labios apretados. Gemí
de placer.
No deseaba correrme hasta no sentirme ensartada por el
consolador que me aguardaba al lado de las rodillas de mi cuñada, pero Eva
parecía decidida a hacer que me corriera. Estaba ya más que caliente, aguantando
cuando de repente puso su cara entre mis muslos y me separó todo lo que pudo los
labios. Sentí como no había sentido hasta ahora mi humedad. Entonces sacó la
lengua todo cuanto pudo y comenzó a mover la cara a un lado y otro con
velocidad. Aquello fue paraa mí irresistible y me corría mientras ella
continueba con su movimiento alocado.
De sobra hacía minutos que comprendía que eva me follaría con
el consolador después de correrme. Yo le pedí que me dejara. Le confesé mis
temores de novata, pero Eva ni me contestó. Colocó el consolador entre mis
piernas que me esforzaba en separar, hasta ayudándome con las manos, y presionó
contra m i sexo abierto por sus dedos y los míos.
Sentí la cabecita penetrarme. Abrirse paso dentro de mí sin
dificultad, por la lubricación de mi sexo durante mi orgasmo. Eva comenzó a
mover el consolador dentro de mí. Sentía toda mi vagina rozarse y recibir ese
placer mientras yo misma me relajaba y me abandonaba a Eva. Eché la cabea hacia
detrás y me dediqué a acariciar la cabeza de Eva, entrelazando su pelo con mis
dedos mientras yo misma me pellizcaba los pezones. De repente, empecé a notar
que el cuello de Eva y su cabeza se movían a la misma velocidad y a la vez que
sentía meterse y sacarse el consolador de mi sexo. Miré hacia mi sexo y me dí
cuenta de que Eva me estaba follando con la boca. Tenía el consolador entre los
dientes y con ellos me metía y sacaba el aparato.
Puse mis manos en mis piernas pero Eva me las cogió y tiraba
de ellas, de mis brazos y de todo mi cuerpo hacia ella, hacia su boca y la
estaca que sostenía entre sus labios y yo me sentía totalmente ensartada,
penetrada. Sentía la dureza del consolador recorrer mi sexo y la dulzura de lsus
labios estrellarse entre mis muslos. Sentí un nuevo orgasmo, esta vez profundo,
intenso, fuerte y duradero. Volví a sentir derramarse mis flujos por la parte
baja de mis nalgas. Una gota se deslizaba viscosa hacia la sábana mientras
jadeaba y apretaba las manos de eva entre las mías. Comencé a dar chilliditos
mientras hacía lo posible por sumergir el consodalor en mi sexo, buscando el
momento en que Eva apretaba el aparato contra mí para estrellar mi sexo contre
su boca y mis nalgas contra su barbilla mientras arqueaba la espalda y sentía
fuego en mi vientre, en mi vagina y en todo mi cuerpo, que comenzó a sudar
copiosamente.
Cuando Eva soltó el consolador, yo me había corrido. Le pedí
que lo sacara de mi sexo, pero se negó. Seguíamos agarradas de las manos y yo
pretendía sacarme el instrumento de mi interior, pero no me dejaba. Me
besuqueaba los pechos y me lamía todo el cuerpo, provocándome un cosquilleo
profundo, insoportable, que conseguía hacerme retorcer de placer. Finalmente,
ella misma, volvió a poner su boca frente a mi sexo y tiró del consolador fuera
de mí. Sentí un gran alivio y me concentré en el momento, en la sensación de
estar totalmente saciada, de descanso después de la tormenta, de corredor que se
ha corrido media maratón y ahora descansa en la meta.
No sabía como justificarme por lo que acababa de ocurrir.
Aquella mujer que estaba tumbada detrás mía y que me acariciaba la espalda era
mi cuñada. Me había acostado con ella. ¿Cómo íbamos a cenar juntos en Navidad?.
-De manera que realmente eres lesbiana.- Le dije haciéndome
de nuevas, y en unn tono de reproche.
-Hombre, no sé. ¿Tú que dirías?.-
Me quedé pensando.-Pues que deberías buscarte un hombre.-
-¿Ah si? ¿Un hombre?.- Eva cayó y luego me respondió
.-¿Cariño? ¿Eres tonta o qué? ¡Me has estado calentando durante meses, me has
pedido que te masturbe, te he follado como a una gata en celo...Y me reprochas
que sea lesbiana!.-
-¡Es que me da pena!-
-¡Pues yo me lo paso muy bien...Y a mí me parece que tú no te
lo has pasado nada mal.-
Me quedé callada. Eva comenzó a cogerme del pelo y a
atusármelo. Entonces se levantó de pronto. Yo estaba un poco ensimismada y no me
dí cuenta de lo que sacaba de un cajón de la cómoda. No tardó ni medio minuto,
cuando la miré, Eva se había puesto una faja en la que le colgaba un consolador
comoel que me acababa de meter. Eva empezó a hablar melosamente,
suavemente.-¿Sabes? No eres la única que se ha dedicado a hacer
aveiguaciones...Yo también he preguntado sobre ti. Juan me cuenta muchas
cosas... como que te gusta hacerlo como los perros.-
Al verla así, armada, venir hacia mí con su figua tan menuda,
femenina, diciéndo aquello, sentí mi cuerpo estremecerse. Me cogió de la coleta
que cuidadosamente había estado haciéndome y tiró de mí hacia ella. Me puse
sobre la cama a cuatro patas. Eva avanzó de rodillos sobre el colchón hasta
hacerme sentir entre mis muslos la punta del nuevo instrumento
Pasé un par de días junto a mi cuñada en los que me sentí
saciada totalmente. Probé todas las prácticas sexuales que Eva quiso hacerme
probar y poco a poco aprendí a proporcionarle yo a ella placer. Eva me
proporcionó una vivencia exquisita, aplicando con sensualidad la información que
le había sonsacado a mi marido. Cuando Juan volvió, hicimos el amor de una
manera desbocada, pero la verdad es que eché en falta esa dulzura y valentía con
la que Eva me hace el amor y he pensado que lo ideal sería sentirme como un
emparedado entre los dos, ser suya a la ve. Bueno, esa es una fantasía a la que
no renuncio. Por otra parte, espero ansiosa el próximo viajes de negocios de mi
marido.
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