Al día siguiente, había una actividad en la que un hombre
elegía a una mujer y se lo montaban delante de todas las demás parejas. En esa
actividad había diez parejas. Yo resulté elegida por el tercer hombre.
Posteriormente, papá y Adrián que estaban en el mismo grupo, eligieron a Laura y
Elena. En ese momento, papá se quedó con Laura y Adrián con Elena.
Mi hermano y Elena habían hablado la víspera y la chica no se
espantó por las cicatrices de mi hermano. Mi pareja era un hombre de 35 años, un
poco entrado en carnes, con perilla, pelo castaño claro y ojos grises llamado
Martín. Lo había visto en nuestro grupo de la víspera que estaba con una mujer
rubia mayor que él. Se eligieron todas las parejas y salió "a escena" la primera
pareja.
Mientras mirábamos, Martín iba calentándome, metiendo los
dedos por el ano, acariciando mi clítoris. A la vez, yo agarré su tronco y
empecé a masturbarlo. Para cuando salimos nosotros, lo tenía totalmente
empalmado. Y un tronco enorme. Si me había quedado impresionada con los penes de
papá y Adrián (ya que Alfonso lo tiene más pequeño), Martín les superaba.
Salimos a la palestra y lo primero que hicimos fue un 69
genial. Sin terminar de descargar su leche, me dio la vuelta, y me la empalmó
por el culito de una sola embestida. Aunque al principio me dolió mucho, ya que
todavía era inexperta y lo tenía enorme, después de unas cuantas embestidas,
terminó de descargar su semen lo que me provocó más inmensos orgasmos.
Recuperamos el aliento unos momentos y lo hice ponerse boca arriba. Me metí su
polla a la boca y cuando volvió a ponerse tieso, me senté sobre ella
incrustándomela en mi empapada cueva mientras sus dedos no dejaban de entrar y
salir de mi ano, hasta que volvimos a corrernos. Luego salimos de la pista para
ver en acción a las demás parejas.
Después de terminar todos, me encontré un momento con papá y
con Adrián a solas y les pregunté qué tal les había ido con sus respectivas
parejas a lo que ellos contestaron que maravillosamente. Papá me dijo bromeando
que no hacía falta que yo les dijera nada, que me habían visto en la cara que
había gozado de lo lindo.
Nos fuimos a almorzar algo y a la hora de la siesta papá se
enrolló con la madre e hija juntas. Los gritos de los tres se oían desde fuera.
Esos gritos nos calentaron a los otros tres ya que Martín había ido solo de
vacaciones a ese lugar y se vino a comer con nosotros. Me agaché, hice ponerse
de pie frente a mí a mi hermano y a Martín y empecé a meterme sus pollas a la
boca. Al poco rato se corrieron comiéndome su rica leche. Después, me
envolvieron como en un sándwich y me penetraron por detrás y por delante. Viendo
esas tremendas pollas, creía que iba a partirme en dos, pero fue delicioso.
A media tarde estaban las actividades de orgías. Yo elegí
primero. Pregunté a Martín, papá y a Adrián si querían hacerlo conmigo. Estaban
encantados. Quería que hubiese uno o dos más, pero no encontramos ese día a mi
hermano pequeño Alfonso. Al llegar a la zona de la orgía, había fuera un
matrimonio con sus hijos mellizos, chico y chica. Preguntaron lo que había y
animaron a su hijo a unirse a nuestro grupo. Tímidamente aceptó. Tenía catorce
años.
Entramos en la zona y lo primero que hice fue tumbarme en el
suelo, coger la polla del chico y metérmelo a la boca. Seguidamente, papá y
Martín se pusieron a chupar y a lamer mis pechos mientras que con mis manos les
masajeaba sus hermosas pollas, ya que Adrián se les había adelantado para
comerme el conejito. Yo estaba como loca. Enseguida, el chaval tuvo su primer
orgasmo lo que en cadena, hizo que yo lo tuviese. Adrián, al comerse mis
juguitos, también se vino y los otros dos, también se corrieron a los pocos
instantes. Me había corrido, pero necesitaba pollas dentro de mí. Agarré al
chico, lo tumbé en el suelo boca arriba y me incrusté su tronco en mi vagina.
Martín me la metió por mi culito, mientras me metía el pene de papá en la boca.
¡¡¡Diosssss!!! ¡Era increíble! El chico sería novato, pero follaba divinamente.
Y teniendo a Martín detrás...
Luego, sin apenas recuperar el aliento después de este
increíble orgasmo, papá me clavó su lanza en la vagina mientras que mi hermano
me la clavaba por el culo. El chico en ese momento no participó. Estaba casi
grogui, como nos quedamos los demás cuando terminamos. Cuando íbamos a salir,
Martín preguntó al chaval qué le había parecido la experiencia.
--Genial. Estoy deseando repetir la cosa.
Esa noche, después de cenar, al ir hacia nuestras
habitaciones, vimos cómo en una de sus habitaciones, el chaval que se lo montó
con nosotros y su padre, follaban como locos a la madre. Al llegar nosotros a la
nuestra, Alfonso ya estaba allí. También estaba cansado, pero me apetecía
hacerlo con él, aunque fuese rápidamente. Le dije que me apetecía hacerlo con él
ya que no nos habíamos visto en todo el día. Hicimos un 69 rápido para
calentarnos, luego me clavó su estaca tanto por la vagina como por el ano y así
terminó el día.
En una de las actividades que no participamos, para nada, ni
siquiera Martín, fue en el de sadomasoquismo. Martín lo había probado alguna vez
y no le gustó. Yo pasaba de ese rollo. Así, entre folladas con unos y con otros,
porque aparte de mi familia, Martín y el chaval, pude follar con otros tres
hombres.
Terminaron las vacaciones y nos volvimos a nuestra ciudad.
Martín vivía en una ciudad bastante cercana a nosotros. Nos llamábamos, nos
veíamos de vez en cuando y a los meses, consiguió trabajo en nuestra ciudad. En
la suya ya la tenía pues era abogado, pero la firma en la que entró que era más
importante, tenía sucursales en varias ciudades y se vino a vivir a la nuestra.
Papá, Adrián, Laura y Elena, también siguieron con sus relaciones, ya que estas
sí vivían anteriormente en nuestra ciudad y además, muy cerca de nuestra casa.
Al poco de venirse a vivir a nuestra ciudad, me quedé
embarazada. También coincidió con los embarazos de las dos mujeres ya que Laura
todavía ni había cumplido los cuarenta años y era joven y decidimos formar
matrimonios aunque luego siguiésemos las relaciones como hasta ahora, ya que
estas dos también habían follado con Martín. Yo me casé con Martín, papá con
Laura y Adrián con Elena.
Martín tenía muchos antecedentes en su familia de mellizos o
gemelos. Él había sido gemelo de otro aunque su hermano había muerto siendo
chiquitín. También comentó papá, que por parte de nuestra madre, también
existían antecedentes de gemelos. Por lo que no fue ninguna sorpresa, que las
tres tuviésemos gemelos. Yo tuve dos niños Juan y Roberto; Laura dos niñas,
Blanca y Cristina y Elena, la parejita, Javier y Lucía. Papá y Martín,
acariciando a las niñas, se pidieron a sí mismos, no ser demasiado viejos y
estar en plena forma para cuando las niñas tuviesen edad de disfrutar del sexo,
lo mismo que nosotras, pedíamos poder estar en forma para enseñar a los niños
los placeres del sexo. Juan y Javier son clavados a mi hermano Adrián, aunque
Javier también tiene algo de Alfonso. Roberto, Lucía y Blanca se parecen a
Martín mientras que Cristina es la única que se parece a papá.