Campaña de Navidad: consigue una sumisa por cero euros (1)
Durante largos meses estuve barajando la fascinante
posibilidad de que algún lejano día en el tiempo consiguiese hacer el amor con
Alma, y cuales serían los motivos que nos conducirían a ello. Hasta hizo poco yo
creía que Alma simplemente veía en mi a una persona simpática, pero nada más,
éramos compañeros de trabajo, nos llevábamos bien... y ahí acababa todo. Ella es
una muchacha, de ideas bastante... ¿cómo lo diría? ¿antiguas? No, un momento, no
debería inventarme excusa tan baratas cada vez que alguien que me es ajeno. Ella
es aparentemente convencional. Eso es.
Pero todo cambió una mañana, y comenzó de la única manera que
comenzaban las cosas buenas en este mundo: por pura casualidad. Alma raramente
llevaba blusas con escote, y las escasas ocasiones en que lo hacía, cuando se
agachaba podía ver parte de unos sostenes que cubrían sus diminutos pechos.
Aunque estábamos en invierno, aunque faltaban unos días para
Navidad, Alma vino con una blusa de verano de cuello cuadrado, una blusa poco
dada a hizo hueco y mostrarme sus pechos. Siempre que Alma venía con esas blusas
yo procuraba ponerme delante de ella, cosa que hice ese día. Cuando se agachó
pude verle el esternón !y parte del pecho izquierdo¡ Me di la vuelta y me fui al
lavabo ocultando una erección instantánea. ¿Había olvidado ponerse la ropa
interior? No... ¿Había visto parte de su pecho izquierdo? ¿Había visto el
comenzaba de un pezón marrón? Bueno, de eso no cabía duda. Bajé la vista y
observé un terrible bulto en mi bragueta. Dios mío... no podía salir con esa
erección. Me contuve unos segundos y salí del lavabo, fue entonces cuando se me
planteó una duda, o intentaba verle durante breves segundos los breves pechos
con riesgo de provocar otra nada breve erección o lo dejaba estar.
-Ricard -dijo ella- ¿un café?
-Si.
Nos dirigimos a la sala de descanso. Entonces se me ocurrió
una solución...
Mientras estábamos tomando un café opté por tomar una
decisión más diplomática.
-Alma, permíteme que diga una cosa y, por favor, no te
ofendas.
-¿Qué ocurre?
-No se como explicarlo.
-Pues no se. Dilo, sencillamente ¿no?
-Alma... no llevas... no llevas -señalo sus pechos.
Ella comenzó a ponerse roja pero no dijo nada.
-Alma -continuo yo- con estaba blusa. Bueno... cuando te
inclinas se te ven...
Alma sonrió y cruzó instintivamente los brazos sobre los
pechos.
-¿Se me ve algo?
-Mas o menos.
-Gracias Ricard.
Inmediatamente se fue al lavabo y volvió con una chaqueta
abotonada.
-Perdona -me dijo con cierto sonrojo- pensaba que no se veía
nada. Estaba mañana he salido sin sostenes porque no encontré unos limpios y no
creía que...
-No pasa nada.
No volvimos a hablar del tema, como si nada hubiese pasado,
pero el día siguiente volvió a suceder algo...
-Buenos días Ricard ¿un café?
En la sala de descanso ella cerró la puerta. Era extraño,
pero no dije nada.
-Quería hablar contigo un momento Ricard.
-Tu dirás.
-Respecto a lo de ayer... querría saber si llegaste a ver
algo.
-¿Por qué lo quieres saber?
-Tu responde.
-Si dije que si te sentirás fatal y si dije que no me sentiré
fatal por decirte una mentira.
-Entendido.
-No vi casi nada, olvídalo. Son cosas que suceden.
Alma volvía a ponerse roja.
-¿Te gustaría haber visto más?
-Naturalmente -mi respuesta había surgido inmediatamente, sin
poder evitarlo.
Ella sonrió.
-Idiota... -dijo sin dejar de reír.
E inmediatamente cambió de tema como si estaba conversación
nunca hubiese existido. El día continuó de la manera mas normal, como cualquier
día de trabajo, discusiones, problemas sin resolver y alguna que otra risa (de
acuerdo, trabajar no es excitante, precisamente) pero a la hora de salir Alma se
acercó a mi.
-Ricard, tengo que hablar contigo, fuera de aquí.
-Vayamos a hacer un café.
-Hay mucha gente.
¿Qué diablos estaba sucediendo? O mejor dicho... ¿estaba
sucediendo algo?
-Si quieres ven a mi piso nuevo –dije sin pensarlo demasiado-
así te lo enseño y hablamos.
-De acuerdo, déjame que llame a mi madre para que se quede un
rato mas con los niños y te sigo.
Mientras conducía hasta casa y mirando por el retrovisor
comencé a imaginar mil y una situaciones... y lo mejor (o lo peor) de todo es
que todas las situaciones desembocaban en la inevitable erección. ¿Alma quería
guerra? ¿Alma? ¿Guerra? No, eso era imposible. ¿Alma? !No¡
Subimos a casa y se la enseñé. Ella simplemente dijo que
estaba bien, sin demasiado entusiasmo. Después le pregunté si quería tomar algo
y me dijo que, que prefería sentarse y charlar de un tema que para ella era
importante así que nos sentamos en el sofá y de repente ella me dio un beso en
la mejilla (Alma siempre huele tan bien...) después se levantó, se puso frente a
mi y con una lentitud exasperaste comenzó a desabotonarse la blusa, antes de que
llegara al último botón mi erección era tal que apenas podía disimularlo,
naturalmente ella se había dado cuenta pero hacia caso omiso y seguía
continuando su tarea de la manera mas lenta posible, me daba la impresión que
nadie podía desvestirse de manera mas lenta, quizás si lo intentase iría marcha
atrás y volvería a vestirse, como si Alma obedeciera las ordenes de un mando a
distancia.. Se quitó la blusa y se quedó con unos pequeños sostenes blancos con
dibujos rojos. Verdaderamente tenía un buen cuerpo. Era pequeña y delgada.
Siempre había soñado con ver esos sostenes y ahora la tenía frente a mi
enseñándomelos y riendo avergonzada.
Me levanté sin disimular mi erección y me acerqué a ella,
olía terriblemente bien, le miré a los ojos y ella desvió la mirada, entonces
deslicé mi mano sobre su espalda (tenía la piel suave y caliente) e intenté
desabrochar el sostén pero las manos me temblaban de tal manera que era incapaz.
Ella sonrió y se lo quitó, mientras lo hizo pude ver que no tenía las axilas
depiladas, allí había un abundante vello castaño. Alma se quitó los sostenes.
Sus pechos eran diminutos, coronados con un pequeño pezón marrón nada abultado,
parecía avergonzada, yo bajé la cabeza y le mordí uno de los pezones mientras
ella reía, con la otra mano le magree el otro pecho, su carne era terriblemente
suave.
La lancé sobre el sofá y desabroché sus pantalones, se los
quité, llevaba unas braguitas a juego con los sostenes. Verdaderamente al ser
pequeña tenía un cuerpo delgado aunque algo de estomago y culo, tenía la
cicatriz de la cesara justo al comenzaba del vello castaño que descendía desde
su ombligo hasta el final de sus braguitas, le arranqué las bragas y observé con
curiosidad su abundante vello púbico, ella estaba ruborizada. Pasé mis dedos por
su pubis jugando con su vello, sin llegar a la vagina, ella me miró sin saber
que decir. Al cabo de un rato dejé de jugar y le cogí ambos tobillos (pinchaba
en mis manos, no se había depilado las piernas) y separé todo lo que pude sus
piernas. Su vagina también estaba oculta por el vello pero se podían adivinar
dos rosados y arrugados labios sobresaliendo, me quité el pantalón (la erección
era tal que me dolía terriblemente el pene) y puse la punta de mi polla en su
vagina. Ella ensalivó dos de sus dedos y se frotó los labios vaginales, entonces
cogió mi polla y la encaminó con delicadeza hacia su cueva, la penetré muy, muy
lentamente (apenas costó pues ella estaba muy mojada). Alma se arqueó y me besó
en los labios, un beso dulce, yo cogió sus manos huesudas y las deposité en mis
cojones, comenzamos a hacer el amor y ella se corrió casi inmediatamente. Yo
seguí obsesionado en el vello castaño de sus axilas, y entre eso, el escuchar su
respiración y sentir mi polla en su coño también me corrí mientras le daba un
beso en la boca, un beso largo y nada romántico. Después saque lentamente mi
polla y me dejé caer en el sofá.
Entonces ella hizo algo muy extraño, se metió un dedo en el
coño, lo sacó impregnado de semen y se lo introdujo en la boca.
-Pero que guarra que eres... -dije yo riendo.
-Esto no es nada -dijo mientras se arrodillaba, se metía mi
pene flácido en la boca y comenzaba a chuparlo exageradamente bien, tan bien que
en apenas segundos ya volvía a estar empalmado.
-¿Te gusta? Enséñame a hacerlo...
Le indiqué que lo hiciese suave, con dos dedos alrededor de
la polla como si me masturbase al mismo tiempo y que me tocase los cojones, ella
comenzaba a chupar mientras yo le tocaba los pechos y las piernas, al sentir sus
pantorrillas sin depilar y lo bien que me la estaba mamando no pude resistir y
cogí su cabeza para moverla acompasadamente. Al llevar el pelo corto pude ver
sus labios arriba y abajo. Deslicé mi mano por su pierna y le metí un dedo en el
coño e intenté meterle otro en el culo, pero dejó de chupar y protestó.
-No, en el culo no.
Asentí y ella siguió comiéndome la polla. Volví a acariciarle
las pantorrillas y al no estar depilada hizo que se me pusiera la polla mas dura
que nunca. Mas dura incluso que cuando me la chupa la puta vieja de la estación
de autobús. Me encanta que me lo hagan con la boca, sobre todo sin preservativo,
es como un símbolo de sumisión. Y ahora Alma era mi esclava y me estaba chupando
la polla. Sin condiciones, sin pedirme nada a cambio, sin mas voluntad que mis
ganas de una mamada.
Deslicé mi mano por su pierna y llegué a su estómago, al
estar a cuatro patas sobre el sofá pude ver que tenía un poco de barriguita y se
la acaricié, noté el comenzaba de su pubis y deslicé mi mano hasta sus pechos,.
Uno de sus pechos cabía en mi mano y me dediqué a magrearlo mientras la otra
mano estaba sobre su cabeza.
Ella me miró como pidiendo un veredicto y yo asentí.
-Vas bien -le dije- siguió así, suave pero rápido.
Alma le estaba poniendo verdadero empeño en el asunto, tanto
que en apenas dos o tres minutos empecé a notar ese cosquilleo previo al
orgasmo. Supuse que debía advertirle por si no quería tragarse mi leche o podría
atragantarse.
-Me voy a correr Alma.
Alma sacó la polla de su boca de diosa.
-Mírame a la cara.
Me corrí y vi como los dos primeros disparos de espeso semen
se estrellaban contra sus labios y sus mejillas, sin dejar de mover mi polla
volvió a introducírsela en la boca y comenzaba a tragar las nuevas oleadas de
corrida mientras yo me estremezco y le cogí de la cabeza. Cuando acabo ella me
miró pero no se la sacó de la boca sino que continuó chupando, pasando su
lengüita por la punta del capullo como si pretendiese limpiarla, finalmente se
quitó el semen de los labios y las mejillas con el dedo índice y luego se lo
metió en la boca con la única pretensión de no dejar ni una gota.
-Eres maravillosa.
-¿Que quieres hacer ahora?
-Me has hecho una mamada de órdago y después hemos follado
¿Qué mas puedo desear?
-Estoy tan excitada que te dejo que me hagas lo que mas
desees.
-Déjame depilarte todo el cuerpo.
Ella sonrió y asintió con la cabeza.
Cuando nos pusimos de pie pude observar que, pese a ser
pequeña tenía un cuerpo estupendamente proporcionado. Yo puse unas toallas
encima de la cama y ella se estiró. Volví del lavabo con unas tijeras, espuma de
afeitar y dos maquinillas.
-¿Por donde empiezo?
-Menos el coño… cuando lo vea Antonio...
-Tranquila, te lo dejare como si lo hubiese hecho
expresamente para el.
Cogí espuma de afeitar y la extendí por su pantorrilla
derecha, se la afeité suavemente y le puse after-shave balsámico. Hice lo mismo
con la otra pierna, luego con los muslos. Cuando hube finalizado con ambas
piernas recorté con la tijera el vello del sobaco y luego le afeité las axilas,
finalmente la abrí de piernas y comencé a recortar los pelos del coño y luego lo
afeité en la parte interior de los muslos dejando un diminuto triángulo en el
pubis, Luego le afeité con sumo cuidado los pelos del culo, cuando le estaba
dando after-shave en el culo le metí un dedo, ella no se quejó ante lo cual
acercó mi polla que estaba empalmada como nunca e intente clavársela pero ella
protestó.
-Será muy suave, te lo prometí.
-No se...
Ante su indecisión comenzaba a penetrarla analmente. Alma no
lo esperaba y protestó pero, a juzgar por lo fácil que ha entrado la punta,
quizás no sea la primera vez que la sodomizaban, comencé a empujar y noté como
las paredes de su culo se abría poco a poco, a golpes, como aquel que intenta
clavar un clavo. Comenzaba a protestar pero yo seguí con mi deliciosa tarea de
restregar toda la superficie de mi polla por las estrechas paredes de su ano
terriblemente estrecho que estaba oprimiéndome el miembro de una manera
maravillosa y eso me daba un placer desconocido. Alma comenzó a llorar, vi que
sus manos estaban apretando con fuerza las sábanas.
-Aguanta... ya acabo.
Busqué con mi índice su clítoris para excitarla y que
olvidase por momentos el dolor pero no lo conseguí ella arqueó la espada y
comenzó a temblar involuntariamente.
-Duele mucho, Ricard.
Cogí su pequeño trasero con ambas manos y continué
embistiendo con fuerza, ahora ya no me importaba que le doliese, el placer que
sentía era tan intenso que nada me importaba. Alma se desplomó sobre las
sábanas, se había desmayado, yo no pude dejar de sodomizarla y continué hasta
que me corrí como nunca antes lo había hecho.
Saqué mi polla y observé el agujero irritado de su culo, fui
a buscar un poco de pomada y se la puse en el culo.
Al cabo de unos segundos se despertó y se quejó de un dolor
en el culo, entonces recordó lo ocurrido y rompió a llorar, intenté consolarla
pero ella no quería saber nada y antes de que pudiese intentar nada había cogido
la ropa y desaparecido.
(continuará)
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