- Habrá muchos invitados?.
Preguntó el Pastor Allen.
- No, no habrá ninguno. Mi
futuro marido no tiene familia y la mía vive demasiado lejos para
que pueda venir. Dijo Blanche un tanto acomplejada por la falta de invitados.
- Pero eso no puede ser.
- Por qué?.
- Necesito al menos dos testigos
para que el matrimonio sea válido. Blanche se dio cuenta de que
se enfrentaba a un problema insoluble a menos que, Richard pudiera conseguir
los testigos que el Pastor necesitaba.
- No tendría usted manera
de resolver el problema?.
- Sí, naturalmente que sí,
pero de haberlo sabido hubiera venido ya esta mañana con los testigos.
Conozco a varias personas que estarían dispuestas a ser testigos
de un agradable acontecimiento, sobre todo si se les pagan las molestias
del desplazamiento.
- Cuánto pueden costar los
servicios de esos testigos?.
- No sé, quizá se
conformaran con diez dólares ...
A Blanche le pareció un precio
justo ya que eran dos días de viaje, uno de ida y otro de vuelta,
pero sintió ganas de molestar un poco al Pastor.
También podríamos
pedir a cualquier viajero que nos encontremos cerca de Viento del Norte,
que nos sirva de testigo. Estoy segura que nadie se negaría. De
esa forma nos podríamos ahorrar los desplazamientos. No cree?.
El pastor Allen pareció sentirse
molesto un momento y después añadió.
- Estoy seguro de poder convencer
a dos amigos para que lo hagan por siete.
- Si les dice usted que podrán
disfrutar de buena comida, buena cama y buena compañía durante
unos días a lo mejor llegan a hacerlo por cinco.
- No sé, pero puedo intentarlo.
Dijo finalmente el Pastor encaminando presuroso su famélico caballo
hacia el pueblo. No quería discutir más con Blanche por miedo
a que terminara por pedirle que lo hicieran gratis. Sabía que, naturalmente,
cualquiera lo haría gratis sabiendo, que podría gozar durante
unos días, de comida buena y abundante además, de los privilegios
de ser huésped de una plantación donde había muchos
esclavos.
- ¡Espéreme, regresaré
lo antes posible, me temo que ninguno de los testigos tendrá caballo
para poder darle alcance! Gritó desde lejos, volviendo al pueblo
del que apenas habían terminado de salir.
Blanche le despidió con una
sonrisa y mandó detener las carretas.
Aprobechó la parada para
enviar a Tiara a comprar un abanico, la negra regresó con el encargo
antes de que regresara el pastor Allen con los testigos.
No hubo de esperar mucho. Poco después
el Pastor Allen regresaba con dos hombres. Un joven y un viejo, cuyo aspecto
desharrapado no inspiraron ninguna confianza a Blanche, pero a los que
autorizó a acomodarse en la otra carreta llena de bártulos.
Reiniciaron el camino y de nuevo
el Pastor Allen puso su montura al paso de la carreta para seguir hablando
con Blanche.
- Son de fiar esos hombres Pastor
Allen?.
- Oh sí, son un poco borrachines
pero no harían daño ni a una mosca. Su aspecto no la ofrece
confianza, verdad señorita?
- Si quiere que le sea sincera,
no, más parecen expresidiarios que testigos de una boda.
- Puede que su aspecto no sea muy
agradable y, que les guste la bebida más de lo que sería
de desear, pero son buenas personas, siempre dispuestas a hacer cualquier
servicio. Aseguró el Pastor Allen.
De pronto Blanche se dio cuenta
que estaba emitiendo juicios de unos hombres, a los que hacía un
año hubiera atendido en la taberna de Moisés sin desconfiar
para nada de ellos. Al fin y al cabo, la mayoría de sus clientes
de aquella época no tenían mucho mejor aspecto que ellos.
- Señorita Blanche, Ha hablado
usted de Viento del Norte?.
Preguntó el Pastor interrumpiendo
sus pensamientos.
- Si, así se llama la plantación
de mi prometido.
- No es allí donde vivía
el viejo Benson?.
- Si, allí es donde vivía.
- Era un buen hombre que bajaba
muy pocas veces al pueblo. Desde que murió su mujer, solo venía
a Bigstone dos veces al año, cuando tenía necesidad de suministros.
Pero no crea que viviendo ella venían mucho más, al principio
sí, cuentan que cuando eran jóvenes venían con frecuencia
al pueblo pero, después del accidente de su hijo dejaron de hacerlo,
incluso cuando alguien se acercaba a la plantación, para hacerles
una visita, venía diciendo que notaba en el comportamiento de los
Benson cierta frialdad, frialdad que les hacia entender que no eran bien
recibidos. De esta forma fueron perdiendo las amistades, pero cuando murió
la mujer de Benson la cosa se acrecentó y, el viejo se volvió
huraño, dicen que sólo vivía para su hijo, hasta que
le mataron en Natchez. No sabía nada de su hijo hasta ahora que
ha venido usted.
Cómo dice que se llama el
joven?.
- Richard.
- Es verdad que está muy
inválido?.
Blanche comenzó a sentirse
molesta con las preguntas de Pastor.
- No cree que si tiene un poco de
paciencia podrá usted verlo con sus propios ojos?.
- Si, claro, pero perdone que la
moleste, se siente uno tan impresionado cuando ha oído hablar de
ese joven como un niño y, de pronto le llega alguien con la noticia
de que se casa.
- Es buena persona?, señorita
Blanche.
- Creo que es la mejor persona que
he conocido?.
- Ya, supongo que una vez casada
con él, le hará usted volver al redil de la Iglesia. Verdad?.
- Tenga por seguro que haré
cuanto esté en mi mano. Contestó Blanche divertida por que
el Pastor pudiera pensar en ella como una aliada.
- Reconozco que para él debe
ser difícil hacer este largo recorrido, para asistir a los oficios
dominicales pero, estoy seguro de que si lo desea, podremos ponernos de
acuerdo para que yo venga de vez en cuando a hacerles una visita y ocuparme
de sus almas.
- Los caminos del señor son
inexcrutables, nadie sabe cómo va evolucionar el alma humana, yo
que usted no desesperaría de conseguirlo. Contestó Blanche
divertida.
- Perdone mi indiscreción,
señorita Blanche, Por qué se casa usted con él?.
- Pastor Allen, dijo Blanche dispuesta
a acabar de una vez con un diálogo que cada vez le resultaba más
molesto. Es usted un hombre de iglesia y me sorprende esa pregunta en sus
labios. Que otra cosa me puede guiar hacia él que el amor?.
- Claro, claro, señorita.
No era mi intención importunarla, pero cuando uno a vivido y visto
tanto, a veces se pregunta uno las razones que los demás tienen
para hacer lo que hacen. La voy a decir una cosa, ninguna de las muchachas
casaderas de por aquí hubiera tomado en consideración al
joven ... Cómo dice que se llama?.
- Richard
- Eso. Ninguna hubiera tomado en
consideración al joven Richard, no al menos mientras pudiera elegir
otro hombre.
- Pastor Allen. Por que no deja
usted de molestarme ya respecto a mi prometido? No es suficiente con saber
que le quiero?.
Perdone que sea brusca con usted
pero es que esta noche he dormido mal y me duele mucho la cabeza.
- Claro, es natural, seguramente
la emoción no la habrá dejado dormir.
- Es posible que sea eso. Si no
le importa bajaré la lona a ver si puedo descansar un rato.
- Si, claro, es conveniente descansar,
para una novia eso es importante, así estará más guapa
el día de la boda. Dijo el pastor Allen, comenzando a alejarse de
la carreta de Blanche.
Blanche ordenó a Tiara que
bajara la lona pero no hizo nada por descansar. En lugar de ello prefirió
espiar durante un rato por entre las rendijas de ésta, para ver
si descubría algo anormal en el comportamiento de los testigos de
Pastor Allen mientras Tiara la abanicaba tratando de aliviar el agobiante
calor.
Quizá se alarmaba inútilmente,
pero la idea de llevar a unos desconocidos a Viento del Norte, donde se
encontraba el mayor tesoro que ella jamás había visto, y
que nunca en su vida se había podido imaginar la ponía nerviosa.
Solamente la idea de que Richard
y ella, eran los únicos que conocían su existencia y la forma
de obtener el oro la tranquilizaba en parte.
Sin embargo sabía que el
robo se había intentado ya dos veces y, aunque las trampas habían
funcionado, nada impedía que éstas fallaran o que alguien
con imaginación, fuera capaz de descubrir su funcionamiento.
Se sorprendió a si misma
pensando en defender aquel oro que todavía no la pertenecía.
De que distinta forma hubiera pensado de haber conocido su existencia hacia
un año.
Recordaba como había llegado
a la plantación para obtener los tres mil dólares, que según
ella el viejo Benson la había escamoteado, y como poco a poco, la
forma de ser tratada por Richard, la habían ido cambiando los sentimientos
hasta llegar a quererle y a desear casarse con él, no sólo
por su dinero.
Por unos momentos reparó
en la similitud de pensamientos expresados por el Pastor Allen y la vieja
Derim.
Los dos la habían preguntado
por que deseaba casarse con él inválido Richard Benson?
- ¡Quizá las mentes
de todos los brujos piensan igual!, se dijo, con una sonrisa en los labios.
El resto del día discurrió
tranquilo. Hicieron una corta parada para comer y Blanche se disculpó
de nuevo pretextando un agudo dolor de cabeza que la impedía reunirse
con sus acompañantes. Desde la carreta les vio comer y beber, quizá
un poco más de la cuenta, pero nada en su comportamiento indicaba
que los temores de Blanche fueran fundados. Richard la esperaba impaciente
y después de recibir al Pastor y a los que iban a ser los testigos
de la boda, expresó su alegría ofreciéndoles a todos,
una magnífica cena que las esclavas de la cocina habían preparado
en su ausencia.
Aquella noche, la última
que Blanche esperaba pasar de soltera, ordenó a Tiara ir a dormir
ante la puerta que conducía a la bodega, con la orden de alborotar
toda la casa, si alguno de los hombres recién llegados intentaba
descender a ella.
Sin embargo en ningún momento
la asalto la duda que a cualquier otra joven en sus circunstancias la hubiera
asaltado?
Cómo sería su primera
noche de casada? cómo se las apañaría para que Richard
no descubriera, que su virginidad, se había perdido hacía
ya muchos años.
Era un problema resuelto, al menos
en parte, por la experiencia de otras mujeres que como ella se habían
dedicado largos años a la más antigua profesión del
mundo. Blanche sabía lo que tenía que hacer cuando llegara
el momento. Estaba segura que Richard no la sometería a reconocimientos
o palpaciones como las que sufrían las negras y negros antes de
ser comprados.
Despertó temprano, casi al
amanecer, se sentía inquieta y alborozada. Las esclavas bajo las
ordenes de Lama hacía ya rato que habían empezado las tareas
domésticas de preparación para la ceremonia y se sintió
reconfortada ante la idea de no tener que ocuparse de nada, sabía
por referencias, lo ajetreados que resultan para una novia, los días
anteriores a la ceremonia y agradeció no tener que ocuparse de nada,
ni siquiera de atender a los invitados ya que no los había. Estaba
el reverendo Allen y los testigos pero, a esa hora estaba segura, que dormirían
todavía plácidamente.
Sin nada que hacer, decidió
dar un largo paseo por los campos cercanos a la casa. Fue en busca de Tiara
y la encontró durmiendo atravesada en la puerta de la bodega, tal
y como ella la había ordenado la noche anterior.
Blanche esbozó una sonrisa
de satisfacción al ver a la muchachita cumpliendo tan a rajatabla
sus ordenes.
Cautelosamente se acercó
a ella y poniendo un pie bajo su barbilla la movió el rostro.
Tiara se despertó sobresaltada,
pero al darse cuenta de que quien la despertaba era su ama, se apresuró
a besar repetidamente el calzado de Blanche.
- Ven, Vamos a dar un paseo.
La joven negra se levantó
presurosa y, restregándose los ojos, siguió a su ama.
A aquella hora de la mañana,
los campos despertaban frescos y acogedores, antes de ser recalentados
por el sol y daba gusto caminar por entre los frondosos árboles
que rodeaban la casa.
Lentamente se fue alejando en dirección
a los barracones de los negros. También para ellos era fiesta y
no dudaba que se preparaban para celebrarlo a su manera ruidosa y poco
entendible para los blancos.
A medida que se fue acercando comenzó
a molestarla el olor que emanaba aquel lugar. El estercolero próximo
no tardaría en apestar bajo los rayos del sol.
Tratando de escapar del olor subió
por una suave colina cubierta de árboles, desde donde se divisaba
completamente los barracones de los negros. Allí sentada al fresco,
permaneció un buen rato observando los movimientos habituales de
los negros, que a esas horas salían de sus chozas, para aliviar
sus vejigas llenas de toda la noche.
Ni ella ni Tiara perdían
detalle de como los machos, sacaban sus miembros erectos al aire antes
de impulsar su fuerte chorro delante mismo de los barracones. Blanche observo
de reojo a Tiara para ver si aquellas visiones alteraban el estado de animo
de una hembra jóven.
Pero Tiara no parecia mostrar el
menor interes en ver a los negros orinando.
Las hembras por el contrario se
alejaban de las chozas y buscaban un lugar más o menos recóndito
para satisfacer sus necesidades.
Estaba a punto de levantarse para
regresar a la casa, cuando vio que por el camino que conducía a
los barracones de los esclavos caminaban, con precauciones, el reverendo
Allen y los dos hombres. Alarmada ante la idea de que intentaran alguna
fechoría, se llevó precipitadamente la mano al lugar donde
debía haber estado el revolver, quedando momentáneamente
desconcertada al no hallarlo.
- Que se propondrán?. Pensó
Blanche viéndolos progresar por el camino.
Llegaron a la desviación
que subía a la colina donde se encontraba y pasaron adelante dejándola
a un lado.
Blanche se tranquilizó un
poco. O no la buscaban a ella o habían perdido su pista.
De pronto, los tres hombres corrieron
a esconderse detrás de unos matorrales, al oír que alguien
se acercaba por el camino.
Efectivamente un negro pasó
poco después muy cerca de ellos sin percatarse de su presencia.
Una vez que el negro se hubo alejado,
Blanche los vio moverse de nuevo detrás de los matorrales, pero
no salieron otra vez al camino. Poco después una joven hembra avanzaba
hacia ellos sin saber que estaba siendo observada.
Llegó a la altura de los
matorrales y Blanche vio como el reverendo Allen salía interceptándola
el paso.
No pudo saber que hablaba el reverendo
con la negra, pero vio a ésta como intentaba retroceder alejándose
de él, negando con la cabeza.
Antes de que la negra tuviera tiempo
de nada los otros dos hombres la asaltaron por detrás, sujetándola
por los brazos. Rápidamente la sacaron del camino y atravesando
los matorrales y arboles que lo bordeaban la llevaron hasta un claro relativamente
cerca al observatorio de Blanche.
Allí la arrancaron la harapienta
saya que cubría su desnudo cuerpo y después de forcejear
un rato con ella la tumbaron sobre la reseca tierra.
Fue necesario que cada uno de los
hombres la sujetara una pierna para que el reverendo atinara por fin, a
introducir su miembro en las entrañas de la negra.
El reverendo fue rápido,
en pocos minutos debió regar a la hembra con su semen, ya que no
tardó en ponerse en pie cediendo su lugar al más viejo de
los hombres.
Este por el contrario, fue excesivamente
lento y Blanche desde su observatorio, vio como se hundía y salía
del sexo de la negra cientos de veces antes de que diera por concluida
su faena.
El joven optó por hacer que
la negra se arrodillara ante él y le chupara el sexo durante un
buen rato antes de descargar la semilla en su boca.
Concluido el incidente los tres
hombres salieron de nuevo al camino olvidándose de la negra.
Blanche los vio encaminarse de nuevo
a la casa, mientras la negra apoyada contra un árbol, vomitaba como
si deseara arrojar de su cuerpo por este método, cuanto aquellos
hombres habían introducido en él. Al principio Blanche se
sintió perpleja, había quedado claro que aquellos hombres
no tenían ninguna gana de hacer daño a nadie, tan solo de
divertirse un poco con alguna negra. Esto era lógico, pero el hecho
de que la esclava no perteneciera a ninguno de los tres, hacía que
su acción no fuera tan honorable como parecía.
Finalmente se sintió divertida,
posiblemente ella había sido la causante, en parte, de su acción,
ella debía haber previsto la noche anterior, que aquellos hombres
necesitaban compañía y, haber destinado una hembra a cada
uno de ellos, en lugar de obligarles a usar los tres la misma. Seguramente
distraída por sus propios pensamientos no había respetado
las más elementales normas de hospitalidad.
Ya de regreso a casa, tras los pasos
de los hombres, se preguntó si no habrían pedido permiso
a Richard para montar a la negra?.
Estas cosas se resuelven mejor entre
hombres pensó, pero se dio cuenta de que ésto no podía
ser, ya que Richard les hubiera atendido como debió hacerlo ella,
nunca les mandaría a buscar una negra por los caminos. En la casa
había suficientes como para poder atenderles convenientemente.
Durante el desayuno, ni Blanche
ni ninguno de los tres hombres hicieron la menor mención del incidente.
Todos comieron en abundancia y los testigos bebieron hasta que el reverendo
les hizo una seña enérgica de que no debían beber
más.
El resto de la mañana Blanche
lo pasó supervisando las labores de las esclavas y dando los últimos
toques a su atuendo ya que la ceremonia estaba prevista para media tarde.
Poco antes de comer, Lama vino acompañada
de una negra a la que Blanche no conocía, pero que por sus modales
asustadizos parecía tener algo importante que decir.
Continuará...
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