Historia de dos mujeres que se amaron
Lo más lindo fue quizas, la primera vez que la vi.
Ella estaba sentada, como si nada a su alrededor importara
realmente, llevaba puesta una gran sonrisa, mientras leía un libro, que hasta
ese momento no me había interesado.
Al principio, pase por su lado, y me senté en la mesa que me
dejaría frente a ella, para poder verla y aprender de ese magnifico ser.
En el momento que puse mis ojos en su cara, fue difícil
quitarlos, ella me vio y me invito sentarme a su lado.
Me pare con dificultad, ya que los nervios invadieron mi
cuerpo, pero ella no lo noto, era demasiado perfecto el momento para entrar en
detalles.
Al oírla puede descubrir, que sus palabras sonaban como una
sinfonía de Ángeles, era exquisita la manera de expresarse, los sonidos y gestos
que hacia, y su boca.... su boca era el cielo, quise ser la brisa, por un
momento, para pasar a través de ella y poder sentirla.
Cuando me miraba, mi cuerpo se estremecía, mis pensamientos
volaban, como sin limites, el limite era su boca.
Para mi suerte, creo que sintió lo mismo, que ese momento era
especial, y que de alguna forma, debíamos hacerlo perdurar.
Nunca antes había besado a una mujer, ella tampoco, pero fue
como un nuevo camino virgen, pidiendo a gritos ser explorado.
Nos fuimos para su casa, nos sentamos a observarnos, todo fue
místico, fue increíble.
Ella se acerco a mi, sin pensarlo, nunca antes había actuado
tan impulsivamente, con el deseo, el corazón, ahí sentí que el mundo me sonreía.
Me tomo del cuello, y comenzó a besarlo lentamente, sin perderse ninguna parte,
lo acariciaba y lo lamía tiernamente, pasando en mi los pensamientos mas
ardientes.
Luego me acaricio toda cada centímetro de mi cuerpo, lo
recorrió con tal ternura que me sentí única, beso mi vientre, mis manos, mis
brazos, todo, y no supe como responder a tal regalo, mas que de la misma forma.
Besar sus labios me hizo saber, que nunca había probado un
manjar tan exquisito, tan suave, tan cálido, como su cuerpo entero. La besé
hasta que mi boca no podía mas, pedía a gritos sentirme así por siempre.
No sabia como tocarla, mas halla de mi inexperiencia, sino
que tal musa me inspiraba demasiados deseos, tal como un pintor, me volví loca
dibujando mis sentimientos en su cuerpo con nada mas que mis manos y mi lengua.
Ella clamaba por mi, de la misma manera que yo por ella.
Nos quedamos amándonos toda la noche entera, recorrí los mas
desiertos lugares, nunca antes besados por nadie, y su mente también.
La besaba con tantas ganas, que parecía fuera parte de mi
cuerpo.
Lo mas tierno que nadie hizo por mi, ni por ella.
La bese, la toque, la acaricie, con manos suaves de mujer,
pero de mujer totalmente cegada por el deseo.
Cuando llegue a sus piernas, las recorrí enteras, desde el
comienzo hasta el final, tomando un descanso detrás de sus rodillas, tibias y
húmedas.
Cuando llegue al lugar que nadie antes lo había sabido
complacer, simplemente me tome mi tiempo, acaricie con dulzura y ternura,
pasando por recorrerla suavemente con mis labios, y mi lengua, ella gemía a mas
no poder, pero eran mas las ganas mías por besarla que las que ella podría haber
sentido nunca.
Me sentí completa cuando la vi desbordarse de placer, y
quedar tendida como un ángel sobre la cama, abrazada a mi, besándome y
diciéndome lo bien que se había sentido.
Me sentí orgullosa, de haber complacido a tal mujer. Al igual
que ella a mi. Aunque lo había logrado ya, cuando me miro por primera vez, y sus
labios pronunciaron amor.
Al estar las dos acostadas en esa cama, abrazadas dándonos
calor mutuamente, me di cuenta de que nada seria lo mismo, de que no había
vuelta atrás. Lo sucedido había sido único, nunca antes sentí esa conexión con
ninguna persona, ella me amo, y yo la ame por un momento, pero con el alma, mas
allá del cuerpo.
Algo que provenía desde el fondo de mi ser. El placer era
tal, que no podía aguantar el llanto, pero lo hice. Había sentido y dado amor a
un ser espectacular.... al cual hice mío por una noche, por un segundo fuimos
una, por una noche, vivimos en éxtasis, y como lo valió.