Espero ansiosa a que llegue ese amanecer que no veré pues
contigo correré cuando el sol se divise surgiendo del mar hacía lo más profundo
de la cueva más agreste, inhabitable, mohosa, tétrica y llena de espantosas
criaturas que asustan a los viajeros en la noche, allí nos ocultaremos ya que
nadie cogerá las antorchas y se introducirá en un lugar como ese por miedo a lo
que no conocen, a lo que no comprenden, tu y yo, vampiros de esta sociedad
iluminada falsamente por luces de neón que ciegan a los que buscan una verdad
inalterada durante el tiempo pero camuflada por engaños y rumores.
Sólo nos guiaremos por la luz de nuestros corazones, suena
cursi lo sé, pero no quepo en mi de gozo al saberte mío en la oscuridad,
agarrado de mi mano para no caer, agazapado casi subiéndote sobre mí para no
darte, tú tan tranquilo que estabas en el campo de trigo tumbado bajo la falsa
verdad tuviste que buscar como ansioso a la criatura que se mueve como en su
casa por comarcas lúgubres y macabras, yo, esa de los ojos grandes, la piel
pálida y que tan sólo de noche se atreve a vagabundear por la ciudad.
La vida simple no gusta a las criaturas como yo y tuve que ir
a complicar la tuya, fue sin querer que prendí fuego a las antorchas del pueblo,
fue sin querer que te arrastre a la profunda oscuridad de la que soy hija,
madre, amante tardía en el sueño de los que no sueñan por que han perdido las
esperanzas. Perdón te pediría pero no me dejarías, además tú viniste sin ofrecer
resistencia alguna y sabes que siempre tendrás la puerta abierta, mas por que no
hay puerta en esta gruta.
Plantaremos un rosal en lo más profundo, en el hueco más
impenetrable, allí donde no alcanzarán a llegar las ratas y donde el aire se
hace irrespirable, las raíces se abrirán paso por entre el mármol y rayarán el
diamante, lo regaremos con la sangre que ya no cae y con las lagrimas que ya no
brotan y con la esencia que no dejo que de tu cuerpo se me escape, con todo eso
la planta crecerá cada día más y más y mayor será cada día que pase sin ver la
luz de ese sol tramposo y mentiroso pues su calor será el de nuestros cuerpos
siempre en contacto. Las espinas no serán problema pues acabarán con las
alimañas y hasta resultará que las espinas son buenas por vez primera y espero
que no ultima, el olor será tan fuerte y a la vez tan dulce que inundará toda la
cueva y respirar será un lujo, esencia de oro y plata por supuesto, los pétalos
tan delicados que la seda sentirá envidia y no nos permitirá que la llevemos
encima, con un simple pétalo erizare tu vello, relajare tu piel y te haré gozar
como sólo otras te han hecho gozar mostrándote todas las bestialidades de las
que son capaces, las rosas iluminarán nuestra cueva, el ejemplo ideal de la
verdad que otros ocultan, el modelo que nadie sigue por costumbre, dejadez y
sórdida pereza.
Mi rostro, tu rostro se desfigura, se trasforma, sí, soy un
monstruo, tú también, no, es amor, felicidad, una sensación desconocida hasta
hoy y que sólo puedo ser eso ya que hasta hoy no estuvimos juntos, no llegamos a
nada con nadie más y sólo nosotros hemos encontrado el norte en las brújulas que
muestran el sur, las que todo el mundo tiene. Me abrazo a ti, no quiero dejarte
escapar pero en realidad no es el miedo a perderte, a que te vayas de mi lado lo
que me invade sino el que no puedas protegerme, el que dejes de quererme, puedo
soportar la distancia, siempre lo he hecho pero no podría soportar el saber que
me desprecias, que no soy nada para ti, eso no.
Insultos, agresiones, heridas en el cuerpo, los palos y las
piedras no hacen daño, tampoco los gargajos en mi cara, lo que hace daño son los
vacíos, el no sonreír y mirar para otro lado, las palabras que no se pronuncian
y las cartas que no se escriben. Te cojo firmemente la cara y estampo mis labios
sobre los tuyos como si fueran sellos, como si hubiera cemento, nuestros cuerpos
se unen creando una única criatura amorfa, una aberración para los de fuera, soy
yo el parásito que se une a ti y te hace cargar con peso muerto, mis caderas se
unen a las tuyas de tantos embistes acaban siendo una, nuestras pieles se funden
y el frío se convierte en calor mas se oye un grito desgarrado que rompe toda la
atmósfera, tú sales fuera, vas corriendo hacía el canto de una sirena varada
dejándome a mi tirada en el suelo, cubriéndome con un trozo de trapo, con una
túnica destrozada, el cacho de una sábana, cayendo de ti sin cuidado alguno.
Buscas y encuentras, esa sirena no es otra cosa que una puta
rubia, puta ya sea morena, castaña o pelirroja, llevará mechas o una peluca
azul, en realidad todas lo somos pero no tienes derecho alguno a decirlo tú, yo
si. Esta tirada en el suelo, en una pequeña cala a orillas del mar, bajo el
acantilado que protege nuestra gruta, la ves ahí tendida, ensangrentada por la
caída y corres a socorrerla, yo miro sin hacer nada y ya sé que te pierdo, ya sé
que no volverás a subir, le doy una patada a una piedra y cae sobre ella, me rió
aunque no tengo ganas de reír. No tengo ni idea de cómo eres capaz de bajar y no
caerte pero la cosa es que bajas y no te caes, llegas a ella y la socorres, la
miras, me miras.
Adiós, simplemente eso, adiós. No un hasta luego ni hasta
nunca, con el adiós no espero volver a verte pero si al ardiente metal que
provoca los tatuajes que llevo, marcas inigualables, irrepetibles que son todo
yo, símbolos en mi, significativas marcas.
Vuelvo al interior, jamás la verdad había sido tan fría, tan
cruda, tan dolorosa, me abraza y casi me abrasa, me pierdo pero es que jamás me
encontré. ¿Qué voy a hacer ahora? Nada. Nada por que no puedo, por que casi que
no quiero.