Albert, el albañil
Era urgente hacer una construcción en casa... mi mamá me
recomendó unos albañiles que trabajaron unos días en la casa del lado... los
llamé para pedir presupuesto y la persona que vino tenía muy buen aspecto, para
nada se asemejaba a los albañiles que generalmente uno suele ver.
Una persona bien vestida, de buena dicción, inteligente y de
físico agradable. Debía tener cerca de 40 años... me gustó su aspecto y por eso
lo contraté. Mi marido me dijo que ese no es el motivo por el que se contrata a
un albañil, pero a mí me pareció un motivo importante que sea limpio, educado y
de buen físico.
Comenzó y cada día iba sumando virtudes... me enteré que era
casado pero no se llevaba bien con su mujer... todas las mañanas me saludaba con
una gran sonrisa, siempre estaba de muy buen humor y todos los días con un tono
muy cariñoso me preguntaba... ¿ cómo estás?... a mí me encantaba, y por supuesto
tenía unos ojos brillantes y muy expresivos... lo único que no iba muy a mi
gusto eran sus bigotes, pero bueno, no todo puede ser perfecto...
Los días se iniciaban con su llegada, luego le daba un termo
con agua caliente, durante el resto de la mañana me dedicaba a tareas hogareñas,
y al mediodía despedía a mis hijos que se iban al colegio y quedaba libre por el
resto de la tarde. Generalmente iba a curiosear, ver qué estaban haciendo, y
hablar con ellos... él se llamaba Albert y su ayudante Nico, que era un hombre
mayor ya que tenía cerca de 55 años. Eran muy bromistas y me divertía mucho con
ellos.
Un día noté a Albert un tanto callado y serio, le pregunte si
le sucedía algo y me comentó que estaba muy dolorido por una muela... le ofrecí
calmantes y le pedí que se fuera a descansar a su casa hasta que pase el dolor,
pero se negó...
Nico el ayudante vino a los pocos minutos a decirme que
Albert estaba en el techo de mi casa acostado ya que se sentía muy mal. Subí
unas escaleras y le dije que por favor bajara del techo y viniera a acostarse en
una cama... no quiso al principio... pero después aceptó.
Lo acompañé hasta la habitación de mi hijo, le indiqué la
cama y le pedí que se acostara, bajé la cortina y cuando estaba por salir me
llamó. Me di vuelta y me tendió su mano; me acerqué hasta él, se la tomé y le
pregunté si necesitaba algo más; me dio un pequeño empujoncito obligándome a
hacer un paso más quedando al lado de la cama, me miraba dulcemente; me dijo:
-Gracias... yo le contesté que no era nada y cuando quise volver a salir, él me
retuvo fuertemente la mano y no me dejaba ir...dijo que me sentara al borde de
la cama para conversar hasta que cediera el dolor.
Pero cuando me senté comenzó a acariciarme. Instintivamente
cerré los ojos y me dejé llevar por sus caricias... sentía una electricidad que
me recorría el cuerpo; solo deseaba que esas caricias fueran más y más... cada
vez más invasivas e indecentes; supongo que leyó mi pensamiento porque muy
pronto me estaba acariciando los senos... y todo lo que podía. Sólo podía
suspirar, sentir sus manos calientes, fuertes y hasta ásperas tocándome... esa
aspereza me proporcionaba un tipo de placer no conocido... mi marido tiene manos
suaves y esta vez eran otras manos, más grandes, más musculosas, más duras por
el trabajo pesado... una experiencia sensacional, solo deseaba dejarme acariciar
y llevar al vuelo que él me estaba regalando.
Me subí encima de él y me quitó la blusa, le ofrecí mis senos
que chupaba y lamía con gran desesperación; sus bigotes también me
proporcionaban nuevas experiencias ya que nunca había tenido la oportunidad de
estar con un hombre que los tuviera; sentía como se me clavaban en la delicada
piel de los senos, pero lejos de molestarme, me proporcionaban gran placer y
sensaciones no conocidas.
Comencé a sentir su dureza que iba creciendo... me quité el
pantalón para disfrutar al máximo su crecimiento y grandeza... estaba enorme,
duro, musculoso... era un garrote pidiendo entrar en mí... comencé a
humedecerme, se sentía el aroma de mis jugos, que llegaban a mis entrepiernas y
lo mojaban a él; no pude resistir mucho más y me introduje esa espada
maravillosa, mi vagina era la funda perfecta para calmar esa enormidad que había
crecido hasta su punto máximo, daba la sensación que iba a explotar.
Y yo solo deseaba calmarlo y ser calmada... tener esa
sensación dentro, sentirme llena, colmada, y comenzó el dulce y placentero
vaivén, lento, fuerte, arriba, abajo... deteniéndome para proporcionarle esa
incertidumbre y desesperación de cual será el momento que nuevamente se
introducirá hasta el fondo de mi ser... me llegaba hasta el alma, sentía como me
cubría entera y tocaba el fondo... su cuerpo estaba frío pero cubierto de sudor
y su aliento era suave, dulce, su respiración entrecortada... yo jadeaba y mi
interior palpitaba a un ritmo sensacional... él comenzó a gemir de placer
demostrando que estaba a punto de volcar su cálido líquido en mis adentros, me
preparé a recibirlo y a explotar junto a él... comencé a sentir sus espasmos, su
cuerpo tenso, Y el mío cabalgando sobre él... con gemidos, gruñidos me regalo su
descarga de esperma, ese líquido blanco y cálido inundando mi cuerpo me dio la
sensación de alegría, placer y libertad.
Nos quedamos tendidos, poco a poco nuestra respiración se fue
normalizando... cada uno sumido en sus pensamientos, el mío era ahorrar dinero
para seguir construyendo y así seguir disfrutando de la calidez de Albert.