- ¡Diga!.
- ¡Hola, Alex!. Soy Toño. ¿Cómo te va, tío?.
(Toño no llamaba nunca. De modo que, si lo había hecho, es
que quería algo de mí).
- Bien, hombre, como siempre. Y tú, ¿qué tal?.
- Tirando. Oye, te llamaba porque hace mucho que no nos
vemos, y a lo mejor… Verás, este fin de semana hay una fiesta en el chalet de
unos amigos, y he pensado que igual te apetecía…
- ¿Los conozco? -pregunté-.
- No, pero son gente muy maja, ya verás.
(Ahí había gato encerrado, seguro).
- Oye, Toño. Nos conocemos desde la escuela, así que ¡déjate
de chorradas!. ¿Cómo es que me llamas al cabo de?… (ni me acordaba de cuando fue
la última vez que hablamos). Clarito y al grano. ¿Que fiesta es esa, y por qué
me invitas?.
- Tú siempre tan suspicaz. Bueno, por una vez tienes razón.
Verás, es que normalmente coincidimos cuatro parejas en casa de esos amigos. Una
de esas parejas eran Marina y Arturo. Pero resulta que se han tirado los
trastos, a pesar de lo cual Marina se ha empeñado en venir, aunque sólo sea de
mirona…
(Se cortó claramente en ese punto).
- ¿Cómo que de "mirona"? -pregunté-.
- Bueno, déjame que te explique. Es que se trata de una
fiesta muy especial…
- ¿Qué tiene de especial?.
- Bueno, tío, que tú no has nacido ayer -explicó-. ¿Has oído
hablar de "swinging"?.
(Claro que sabía el significado de la palabra. Aquello
empezaba a ponerse interesante).
- Sí, por supuesto.
- Pues va de eso. Cuatro parejas, todos gente agradable, que
nos reunimos unas cuantas veces, sobre todo durante el verano, para pasarlo
bien… Sin complejos ni inhibiciones.
(Se me levantó de inmediato. Uno había oído hablar de esas
cosas, por supuesto. Pero si tuviera pareja, pues no me gustaría un pelo
seguramente ver como se la follaba otro tío. Pero aquello era distinto, porque
ni conocía a la tal Marina, así que… Se me ocurrió de repente una idea que
consiguió que el pene volviera a su estado de reposo).
- Oye, Toño, ¿va de todos con todos, o sólo chico-chica?.
- Bueno, uno de los tíos es bisexual, pero los demás no nos
prestamos, y eso quedó muy claro desde el principio Aunque, como tú eres nuevo,
a lo mejor te hace alguna proposición, ¡je, je!.
- Mira, Toño, será mejor que lo olvides.
- ¡Que no, tío, que no!. Que es broma.
Total, que acabó convenciéndome (no le costó mucho, no).
Había que recoger a Marina, que no tenía coche. No me
importaba, y además me solucionaba otro problema, porque ella sabía donde era el
sitio (un chalet en una zona exclusiva, fuera de la ciudad) pero yo no. Al día
siguiente me llamó Toño de nuevo, y me dijo que la chica me esperaría el viernes
a las 6 p.m. en… (una dirección del centro).
Total, que llegó el viernes. A lo largo de esos días, estuve
varias veces a punto de arrepentirme. Pero luego venía a mi imaginación una
escena de orgía que vi hace tiempo en una peli porno, y me empalmaba sólo con la
imagen mental. Además, es que llevaba ya más de dos meses sin un buen conejo que
se comiera mi nabo. Así que lo dejaba correr.
Cuando vi a la tal Marina, se me "cayeron los palos del
sombrajo". Uno se había imaginado una chica normal tirando a feíta, falta de
sexo, pero nada más lejos de la realidad. Casi tan alta como yo, morena con el
pelo cortito, ojos castaño muy claro, con unas pestañas más largas que mi
hipoteca, una naricilla ligeramente respingona que le daba un aire travieso,
boca llena, unas tetas redondas y altas muy bien puestas, cintura estrecha que
dejaba paso a unas caderas muy apetitosas, a juego con su culito, de esos de
nalgas bien diferenciadas. ¡Y qué muslos!. Llevaba un vestido claro de una
pieza, con la falda cortita, así que pude apreciar lo bien formados que los
tenía. A juego con sus piernas, realzadas por unas sandalias con medio tacón.
Decididamente, su novio merecía un par de ostias, por dejar a una cosa así.
Me quedé tan agilipollado, que ni reaccioné cuando ella me
estrechó formalmente la mano. Luego conseguí salir del trance, le dije alguna
pavada que no recuerdo, y nos sentamos en mi auto.
Yo estaba más "cortado" que la leche. Veréis, os lo explico:
uno conoce a una chica que le gusta, y piensa en "llevársela al huerto", si,
pero en un futuro indeterminado, sin plazos. Pero aquello rompía todos mis
esquemas porque, aunque acababa de conocerla ¡íbamos a follar!, y la idea me
produjo una erección imparable.
Ella también estaba un poco violenta, todo hay que decirlo.
Rehusaba mirarme, y tenía que sacarle las palabras con sacacorchos.
De todos modos, se le había subido la falda hasta bastante
más arriba de lo que aconsejaba la decencia, y no había hecho ninguna intención
de cubrirse, con lo que tenía una perspectiva increíble de sus apetecibles
muslos, casi hasta las braguitas. (Si es que las llevaba). Me atraganté sólo de
imaginar que dentro de un rato podría comprobar seguramente si se había puesto o
no ropa interior.
Decidí que lo mejor para romper el hielo, era "coger el toro
por los cuernos":
- Oye, Toño no me ha explicado prácticamente nada. ¿Te
importaría ponerme al corriente?.
Ahora sí me echó una larga mirada. Dudó unos instantes, y
luego se decidió a hablar.
- Pues verás. Somos… éramos -corrigió- cuatro parejas muy
liberales, incluyendo a Toño y Andrea, su novia. No hay apenas reglas, sólo una
higiene estricta, y buen "rollo".
- Perdona… -titubeé unos instantes, luego me decidí-. No me
respondas si no quieres, pero se me hace un poco "cuesta arriba" que una chica
tan bonita como tú…
No iba bien.
- Bueno, quiero decir que yo tenía la imagen de que esto era
cosa de parejas ya maduritas, que se aburren haciéndolo solos, y buscan la
variedad para mantenerse sexualmente activos.
Marina tardó en responderme. Luego pareció decidirse:
- Verás, no fue de golpe y porrazo, sino que la cosa fue
derivando poco a poco. Al principio sólo nos reunimos un par de veces para cenar
o tomar una copa. Llegó el verano, y una noche -sonrió- en la que todos habíamos
bebido algo de más, alguien propuso bañarnos en la piscina. Hacía mucho calor, y
apetecía. Pero claro, solo los dueños de la casa tenían bañador.
- Fue Helena "con hache" -por primera vez oí su risa- (es que
se presenta así ella misma, explicó) la primera que dijo que no le importaba
bañarse en ropa interior, si nadie se fijaba mucho. Al final resultó que sólo
llevaba unas braguitas muy pequeñas debajo del vestido, pero parece que no le
importaron las miradas de todos los hombres, y se metió en el agua. Aquello fue
como la señal. Todos los hombres se las arreglaron para convencer a sus parejas,
y el próximo recuerdo que tengo es que estaba nadando sólo con sujetador y
tanga. Cuando se me pasó un poco la borrachera por efecto del agua fría, me
avergoncé un tanto, pero ¡se estaba tan a gusto!.
- Cuando salí fuera de la piscina, me quedé de piedra: Piluca
y Juan (los anfitriones) completamente desnudos, me ofrecieron una toalla. Yo no
sabía que hacer, pero ellos actuaban con mucha naturalidad, y enseguida se
apartaron para atender a otros. Otra vez fue Helena Con Hache la más decidida.
Después de secarse ligeramente, dijo que le molestaba la humedad de las
braguitas, y se las quitó. Y poco a poco, todos fueron siguiendo su ejemplo.
Se echó a reír de nuevo.
- Yo estuve un buen rato tapándome los pechos con un brazo, y
con la mano en… -carraspeó-. Bueno, finalmente, dos copas más, todo el mundo
estaba desnudo, total, que se me fue pasando poco a poco el pudor.
- Aquella noche no sucedió nada más -continuó-. Pero el fin
de semana siguiente volvimos. Nos habían citado a las 7, como hoy, o sea que era
de día. Me extrañó que Piluca y Juan llevaran albornoces, porque hacía calor.
Pero cuando hubimos llegado todos, se los quitaron, y estaban desnudos, como la
otra noche. Luego Juan hizo un discursito hablando de nudismo, de que total, ya
nos habíamos visto todos así… En unos minutos estábamos todos en pelotas de
nuevo. Otra vez me dio algo de vergüenza, porque la vez anterior, mal que bien,
la oscuridad me hacía sentirme más oculta, pero mi novio me animó, y me daba
reparo ser yo la única vestida, total que me desnudé también.
- Creo que Piluca y Juan lo tenían todo planeado. Después de
la cena, pusieron música suave, y salieron a bailar, animándonos a que los
imitáramos. Ya estábamos todos más o menos acostumbrados a estar sin ropa, pero
bailar desnudos, bueno, todos nos fuimos excitando poco a poco. Y cuando vimos a
Juan y Piluca haciendo el amor sin ningún reparo, abrazados sobre el césped…
bueno, el paso siguiente fue más fácil, y al cabo de unos segundos estábamos mi
novio y yo imitando a los anfitriones, como todo el mundo.
Se detuvo unos segundos antes de continuar.
- El paso siguiente vino rodado. Dos semanas después, ya nos
pareció a todos de lo más natural desnudarnos nada más llegar. Todo se
desarrolló lo mismo, hasta que a la hora del baile, en lugar de hacerlo con su
mujer, Juan se acercó a Andrea y la sacó a bailar. La chica lo dudó un poco,
miró a su pareja como pidiéndole permiso, pero luego se decidió. Y al final,
terminamos bailando todas con todos, alternativamente. En un momento determinado
estaba yo bailando con Toño, que por cierto estaba bastante… excitado. Yo
trataba de mantenerme a distancia, pero su "cosa" me rozaba continuamente, y me
fui excitando sin querer. Quise apartarme, pensando que a mi novio igual no le
parecía bien, pero entonces le ví bailando con Helena, y no solo estaba bien
pegadito a ella, sino que tenía una mano metida entre sus piernas. Así que un
poco por rabia de ver lo que estaba haciendo mi novio, un poco también porque a
esas alturas yo estaba ya bien calentita, no sólo le permití a Toño que se me
pegara como una lapa, sino que siquiera le aparté la mano cuando empezó a
acariciarme los pechos.
- Cuando me quise dar cuenta, éramos los únicos bailando.
Piluca estaba cabalgando como una posesa encima de Pepe, la pareja de Helena.
Arturo, mi novio, estaba entre las piernas de Helena, y Juan tenía a Andrea
sobre él, moviéndose como una condenada. Casi sin pensarlo, me encontré tumbada
en la hierba con Toño, y…
(A estas alturas, el relato de la chica me había puesto ya "a
mil". Me estaba imaginando la escena, cuando rompió el encanto la voz de
Marina).
- Tienes que dejar la autopista en la próxima salida. Luego
ya te indicaré.
- Entonces -pregunté- ¿la cosa va de que cada quién se
empareje con quién quiera?.
(Yo no había visto a las otras, pero tenía muy claro con
quién quería aparearme).
- Bueno, con el tiempo, fuimos introduciendo juegos y
variaciones, no sólo para la asignación de compañero, sino para hacerlo más
interesante. También hubo un par de parejas más, pero después de unas cuantas
fiestas, no volvieron.
- ¿Juegos? -inquirí extrañado-.
- Sí, verás. Hay uno por ejemplo, la "botella femenina".
¿Sabes eso de que se pone una botella en la mesa, se hace girar, y el elegido o
elegida es aquél al que apunte la boca cuando se detiene?. Pues Juan hizo
construir una mesa que tiene encima una plataforma redonda, que gira sobre
ruedas en un carril. Entonces, se ponen todos los varones alrededor, y las
chicas nos vamos subiendo una a una a la plataforma, con las piernas encogidas y
los brazos alrededor de las pantorrillas.
(La idea de una chica en posición fetal, mostrando de seguro
la vulva entre sus piernas, me estaba provocando sofocos).
- Alguien la hace girar, -prosiguió-, y lo mismo que con la
botella. Te toca con el tío que quede más cerca de tu cabeza.
- Otro juego es el de la oscuridad, pero hay que jugarlo en
una habitación vacía, para que nadie se lastime. Apagan las luces, con todos
alrededor de las paredes. Entonces Juan da una palmada, y todos paseamos por la
habitación, andando muy despacio. De vez en cuando tropiezas con alguien.
Compruebas si es varón, y entonces él te mete mano, y tú a él, a tientas, sin
saber de quién se trata.
Otra vez se echó a reír con ganas.
- Una de las veces a alguien se le ocurrió encender la luz, y
pillamos a Helena y Piluca muy abrazaditas, aunque debió ser un error, porque no
te imagines que hay sexo homosexual; sólo hombres con mujeres.
- Bueno -concluyó-. Cuando ya estamos todos "a tono", una
nueva palmada de Juan, y entonces… bueno, digamos que te tumbas en la alfombra
con quién estés en ese momento.
(Tuve que colocarme el pene dentro del pantalón, porque
estaba dolorosamente oprimido. Hacer eso conduciendo no puede ser disimulado,
así que Marina lo advirtió, y me miró con cara de picardía. Estuve a punto de
pedirle que se callara, pero ella, sonriendo irónicamente, continuó).
- Está también el de "todos contra una". Todas las chicas,
por turno, nos tumbamos en una mesa… este… bueno, abiertas de piernas. Los
hombres van pasando uno a uno, y te… lo hacen, exactamente quince segundos,
cronometrados por los demás mediante un reloj de pared. Esto dura hasta que la
chica se corre. Entonces se baja, y otra ocupa su puesto. Los tíos suelen
aguantar bastante, porque tienen quince segundos de actividad, seguidos de
cuarenta y cinco de descanso. De vez en cuando, uno de ellos no se puede
controlar, y termina dentro de la chica que está en la mesa. Piluca me dijo una
vez, cuando acabó el juego, que ella se había venido seis veces.
(Estuve tentado de preguntarle cual era su "score", pero me
callé, no fuera a mosquearse).
Marina continuó:
- Está también "el día de las chicas". Sacamos de una bolsa
un número, del uno al cuatro. Y por el orden de los números que hemos sacado,
escogemos a nuestra pareja para esa noche.
Se quedó pensativa.
- Eso fue parte del problema con Arturo, mi novio. Andrea
tiene una suerte increíble, y casi siempre le escogía a él. Se debieron
aficionar demasiado, porque un día llegué pronto a casa, y me los encontré en la
cama. Luego supe que llevaban viéndose a solas varias semanas… Total, que
tuvimos una discusión, y rompimos.
(No pude por menos de sonreír ante lo que me parecía una
inconsecuencia. O sea, que Andrea y Arturo habrían follado veinte veces delante
de ella, pero que lo hicieran ellos solos… eso no, era infidelidad).
- Luego hacemos concursos y exhibiciones, aunque últimamente
no, porque ya son previsibles los ganadores.
No hubo tiempo de que me explicara lo de los "concursos y
exhibiciones". Se interrumpió cuando parecía que iba a continuar:
- ¡Ahí, es esa casa de la izquierda!.
Alguien debería estar al tanto de nuestra llegada, porque la
puerta cochera se deslizó silenciosamente sobre un carril. Aquello no era una
casa, era una mansión. Seguro que la mía cabría entera en la décima parte de una
de sus dos plantas. Y rodeada toda de un tupido seto, impenetrable a la vista.
Muy conveniente. Estacioné el coche bajo una cubierta, donde ya había otros dos,
y nos bajamos. No se veía un alma, y yo no sabía qué hacer. Pero Marina, muy
decidida, se encaminó hacia la parte trasera, rodeando la construcción.
Cuando terminamos de dar la vuelta y vimos a los invitados
alrededor de una enorme piscina, para mi desilusión, advertí que todos estaban
completamente vestidos. Bueno, esto hay que matizarlo. Piluca (luego supe que se
trataba de la anfitriona que, por cierto, llevaba muy bien sus cuarenta y dos
años) vestía una falda negra larga hasta los pies, pero en la parte superior,
sólo una blusita finísima sin nada debajo, que dejaba admirar sus pechos como si
no la llevara. Yo siempre había pensado, cuando veía transparencias como aquella
en un desfile de moda, que ninguna mujer se atrevería a ponerse algo así, pero
estaba equivocado al parecer.
Helena Con Hache había elegido una blusa con escote muy
amplio y abierto, por el que se asomaba de vez en cuando uno de sus pechos, de
pezones erectos, que no se molestaba lo más mínimo en volver a cubrir. Por
debajo, una falda hasta las rodillas, que se abría en un costado hasta la
cintura, dejando ver casi permanentemente un muslo muy tostado y bien hecho.
Y Andrea llevaba una minifalda vertiginosa, que mostraba en
cuanto se movía lo más mínimo el inicio de sus nalgas, cuando estaba de
espaldas, o su pubis cubierto por una braguita roja, cuando estaba de frente. En
la parte superior, una blusa sin espalda anudada flojito al cuello y nada
debajo, porque sus pechos eran claramente visibles cuando te ponías a su
costado.
En cuanto a los hombres, sólo un pantalón corto -Juan, según
supe después- y un par de torsos desnudos, incluido el del anfitrión. (Y es que
en esto de la moda masculina hay menos imaginación, y nadie diseña pantalones
abiertos por los que asome la polla, por ejemplo).
Todas las mujeres, preciosas, y todos los hombres "bien
hechos". Pensé que aquel conjunto de "cuerpos Danone" no se había reunido por
casualidad, sino que había sido fruto de una cuidadosa selección (después
confirmaría que, efectivamente, Juan y Piluca había elegido a las parejas entre
sus amistades o conocidos).
(No tenía planeado hacer una serie, pero es que me han salido
cinco páginas de Word con los preliminares. De forma que lo dejaré aquí, y otro
día seguiré con lo que pasó después. No os lo perdáis).
A.V. 18-08-2003.
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