La escena me dio arcadas y por poco casi vomito. A pesar de
que no soy una persona fácil de impresionar, sólo había una cosa que me
aterraba, y era la sangre. ¡Y ahora veía sangre como si fuera una laguna
cubriendo a un cuerpo muerto! La lluvia no se detenía y al parecer, con mi
descubrimiento, aumentó. Casi no me podía mantener de pie. Toda la escena me
daba vuelta y no podía encontrar la salida del local. Mis gritos eran opacados
por la inmensa lluvia y los truenos enojados. Corrí en dirección a la puerta de
cristal y salí gritando del mismo modo. La lluvia me volvió a empapar en dos
segundos, por la fuerza tan intensa con la que caía. No había nadie en las
calles. Parecía una ciudad fantasma, mojada. Palpé mi cintura para encontrar mi
celular pero no lo hallé. ¡Lo había dejado en el auto! El recuerdo de la sangre
seguía fresco en mi mente, y parecía que el agua se había vuelto roja. Me estaba
asfixiando. Sentía como me costaba respirar. El oxígeno se me estaba agotando.
Mi presión bajaba. Ya no podía mantenerme en pie. Estaba perdiendo el
equilibrio. Todo me seguía dando vueltas.
Crucé la calle corriendo y tambaleándome. Ningún auto se veía
por el lugar. La lluvia aumentó su potencia, si es que eso era posible. Parecía
el diluvio. Saqué la llave de mi auto y lo abrí, ingresando a él como pude y
sentándome. Vi el celular en el asiento del acompañante y lo tomé entre mis
manos que temblaban. Marqué como pude el número del celular de Lucas y me lo
puse en la oreja.
- ¿Hola? - respondió la voz de mi amigo, del otro lado.
- Lu... - me costaba muchísimo hablar, y eso era señal de que
me faltaba poco para perder el conocimiento. - Lucas... En el kiosco de Iván...
Tienes que venir...
- ¿Qué pasa, Mariano, por Dios? - preguntó mi amigo,
desesperado.
- Tienes que venir. ¡Ya! - grité, pero de mi boca no salió
ese sonido espeluznante.
Alcancé a apretar el botón rojo de mi teléfono y darle fin a
la comunicación. La cabeza me parecía explotar. La lluvia que caía sobre mi auto
parecían piedras contra mi cerebro. De nuevo una imagen roja. De nuevo la frase
sin sentido que no alcancé a recordar. Todo estaba perdiéndose. Quise abrir los
ojos pero me fue inútil. Me encontraba ciego. De repente... paz. Todo se había
vuelto negro. Ya no escuchaba la lluvia.
*
Regresé en el tiempo. Me encontraba con mi hermano Juan,
mirando una película de terror. La lluvia caía torrencialmente, y los rayos
penetraban por la ventana, como única iluminación a una habitación oscura. Salvo
por la pantalla de la televisión. Pero no sabía que era peor, si ver esa
película en donde había gente muriéndose desangrada o ser iluminado por esos
terribles rayos. Tenía miedo. Abrí un ojo un segundo, arrepintiéndome al
instante, y entonces lo vi: una mujer negra estaba siendo decapitada. En sus
ojos se veía el terror, pero era demasiado tarde para que alguien la ayude. La
muerte le esperaba. Un baño de sangre había en el piso, de un tono rojo intenso.
Entonces las fichas cayeron: Iván, el kiosco, la frase, la sangre.
Estaba volviendo a caer en la realidad. No tenía dudas de que
me encontraba sentado en mi asiento, pero no estaba solo. Alguien estaba a mi
lado observándome. Lo sentía. Sentía la mirada de una persona extraña caer en mi
nuca. ¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Se habría dado cuenta de que fui testigo de la
muerte de Iván? ¿Quién lo había matado? ¿Era una realidad lo que había visto o
todo era parte de un sueño oscuro? Abrí mis ojos y giré hacia el asiento del
acompañante. Lucas me devolvió una mirada de preocupación.
*
- ¿Estás bien? - me preguntó.
Me tomé unos minutos en silencio, tratando de acomodar mis
ideas y recordar donde me encontraba. La lluvia no había dejado de caer, pero
cada segundo de silencio mío era una preocupación mayor para Lucas. Vi su auto
estacionado frente al mío. Supuse que antes de desmayarme, habré dejado la
puerta abierta y por eso ingresó.
- Estoy bien. - dije, tomándome mi tiempo. - Pero Iván, no.
- No me hables de él. - interrumpió mi amigo, mirándome. -
Escucha, sé que debí llamarte. Sé que me porté mal contigo pero quiero que sepas
que las cosas no son como las piensas. Yo realmente te amo. Cuando lo hicimos
aquella mañana del martes y luego llamó Iván, yo había terminado ya mi relación
con él. No sé por qué te dijo que era mi novio, pero no era verdad. - Lucas
interrumpió cuando lo observé detenidamente. No era eso lo que me interesaba en
ese momento, pero lo que me estaba revelando era algo que necesitaba escuchar.
Lucas suspiró y continuó. - Iván estuvo mal en estos días y por eso lo fui a
ver. Pero no para saber como estaba, sino para pedirle que me devolviera mi
anillo. Es de oro y me lo regalaron mis padres, y yo se lo obsequié en una de
las noches de pasión entre nosotros. Pero Iván no se lo quiso quitar y se
apropió de él. Me dijo que le hacía falta mi anillo ya que ayer viajaría a otro
sitio a empezar de nuevo y tratar de olvidarme. Entonces se lo dejé ya que...
- ¿Cuándo viajó? - interrumpí. - ¿Cuándo se fue? ¿O no se fue
todavía?
- Viajó ayer. - confirmó Lucas. - Yo mismo lo vi salir de la
camioneta con sus bolsos. No sé a donde fue ni me importa. Lo importante es que
no interrumpirá más entre nosotros, ¿verdad, mi amor? Ahora no tenemos más
obstrucciones para nuestro amor. Lo que no entiendo es por qué me citaste aquí.
Se te veía preocupado por teléfono. Pareces pálido.
- Lucas... acabo de ver a Iván muerto en su negocio. -
exclamé.
- ¿QUÉ?
- Me citó. - respondí. - Me llamó por la tarde para decirme
que quería hablar de ti y vine, pero al ingresar a su negocio, lo encontré
muerto. - luego sentí que mi respiración se volvía a entrecortar, al recordar la
sangre. - Estaba muerto, empapado en sangre. ¡Lo asesinaron!
Miré desesperadamente a Lucas, buscando en él una señal de
respuesta, pero en cambio mi amigo me estaba dando la espalda y miraba hacia el
otro extremo de la calle. Mis manos seguían temblando. Además todavía no había
comentado la peor parte de todas: "Bien... A un Tiempo Innovador... Sólo tu
Alma". La frase que divagaba en la pared y era la misma que Ludmila, la hermana
de Cris, había encontrado en el pergamino. ¿Acaso lo había asesinado Cris? ¿O su
bandita? ¿Y si esa banda era la misma que intentó matar a Lucas? ¿Acaso Cris
quiso matar a su amigo? ¿A uno de sus mejores amigos?
De pronto recordé las palabras de Cris, hacia por qué
quisieron pegarle a Lucas, en donde me contaba que una de sus posibilidades es
que haya reconocido a uno de los integrantes de la Logia. ¡Dios! Todo estaba
desbaratándose.
Lucas giró y me miró pensativo.
- Sólo dime como es que pudiste ingresar al kiosco si se
encuentra cerrado.
No entendí lo que me dijo. Giré mi vista hacia el local de
donde había salido y me horroricé. Ninguna luz en su interior se hallaba
prendida. Todo estaba oscuro y no se lograba divisar nada en el interior. ¿Qué
es lo que estaba pasando? ¿Me estaba volviendo loco? Un escalofrío me recorrió
por la espalda al pensar que tal vez realmente esté perdiendo la cordura. ¿Cómo
es posible que la luz no esté encendida? ¿Eso significaba que el asesino aún
estaba en el kiosco cuando yo ingresé? Lucas me seguí observando sin decirme
nada. Yo no aguantaba más tanta presión. Sentí nauseas pero me contuve. Había
una explicación lógica a todo, lo sé.
- Llamaré a Felipe. - exclamó Lucas, agarrando el teléfono.
Felipe era el amigo de Lucas, que hace poco se había recibido
de inspector. No sabía si era una buena idea, pero no tuve fuerzas ni
fundamentos para oponerme. Después de todo, era mejor si había más personas con
nosotros.
*
La torrencial lluvia se había convertido únicamente en
llovizna. Refrescaba, pero a pesar de que me encontraba muy desabrigado no me
importó. Los minutos de espera con Lucas fueron silenciosos. Por un lado, no me
animaba a hablarle por miedo a que pensara que estaba loco, pero por otro lado,
aún seguía enfadado con él, aunque debería agradecerle el haber ido a ayudarme.
En ese tiempo hubo dos llamados. Uno era el de Juan, y
lógicamente para mí, preguntándome a que hora sería mi retorno. Tuve que
guardarme lo que sentía y fingir que todo estaba en orden, prometiendo volver
antes de la una de la madrugada. El segundo llamado fue para Lucas, y no era
nada más ni nada menos que su pequeño y querido hermano, preguntando lo mismo
que el mío. Lucas dijo que me acompañaría a casa y se quedaría a pasar la noche
allí, pero que antes tendría que ir a buscar algo de la suya. Bautista dijo que
nos esperaría despierto, para saber como nos encontrábamos, pero Lucas insistió
en que era demasiado tarde y tendría que ir a dormir.
Felipe llegó en su auto, poco tiempo después. Ambos bajamos
del mío y nos dirigimos a él. En breves palabras le conté lo que había visto y
como se dieron las cosas. Felipe se cruzó la calle y trató de ingresar al
kiosco, pero la puerta se hallaba bajo llave. Lucas insistía con la teoría de
que Iván se debería encontrar en otra ciudad, y como a simple vista no se veía
nada, Felipe pediría una orden de allanamiento o trataría de localizar a Iván.
Me sentía un poco mejor, pero no me hallaba calmo. Todavía
tenía las imágenes vivas en mi mente. Pero ya no estaba seguro de que fueran
reales.
*
Lucas decidió que me llevaría en mi auto. Le pedimos a Felipe
que se haga responsable del carro de Lucas, cosa que decidió pedirle a un amigo
venir a buscarlo. Me hizo acordar a lo que hizo Cris con su novia. Yo no me
encontraba estable para manejar y Lucas, lo único que estaba haciendo, era
devolverme el mismo favor que le hice el domingo anterior.
Estábamos llegando a su casa, cuando estacionó, pero no
descendió a buscar lo que había dicho.
- ¿Te encuentras bien? - me preguntó.
- Sí. - contesté. - Me encuentro mejor. Sufrí un desmayo y
hay posibilidades de que tal vez haya sido un sueño muy real el que tuve.
- Posiblemente. - respondió Lucas. - Sólo quiero que sepas
que nada esta mal. Vivimos una vida normal y rutinaria. Lo que hiciste esta
noche realmente me sorprendió y te juro que casi pienso que de verdad Iván
estaba muerto.
- Pero aún así está el llamado. - repuse. - ¿Para qué me citó
si no iba a estar?
- ¿Y si eso también fue parte de tu imaginación?
- No. Tenía de testigo a mi hermano. - contesté.
- Entonces, tal vez, no era Iván el que te llamó.
Me quedé meditando en mis propios pensamientos. Lucas
descendió del auto y volvió cinco minutos más tarde, trayendo consigo unas cajas
de películas. No hice preguntas, pero si él pensaba en mirar películas en esa
noche, realmente no me sentía de ánimo.
Lucas puso las películas en la parte de atrás del auto, y ya
estábamos listos para partir hasta mi casa, pero no arrancó. Como tenía la
mirada perdida no me di cuenta cuando puso su mano sobre mi pierna izquierda, y
comenzó a hacer un leve movimiento. Lo miré desconcertado, y no me dio tiempo
para reaccionar. Lucas se acercó a mí y comenzó a darme pequeños besitos en el
cuello, no pudiendo resistirme. Lo miré y nos dimos un tremendo beso. Aunque la
posición era algo incómoda, nos arreglamos. La pasión y el deseo de olvidarme de
todo lo vivido esa trágica noche, se estaban potenciando en ese beso. Dejé los
problemas de lado y me entregué.
Nuestras manos agarraban las caras y las atraían unas con
otras. Bajé mi mano hasta su bulto y comencé a tocarlo, torpemente. Lucas me
soltó y se desabrochó el jeans, dejando salir al aire a una hermosa verga, gorda
y apetitosa. Me incliné un poco, para que mi cabeza no chocara contra el
volante, y mi boca se dirigió directamente hacia esa cabeza rosada que
sobresalía de la oscuridad del asiento. La tragué y comencé mis movimientos
rítmicos de mete y saca. Lucas, presa de excitación, me agarraba los cabellos y
los tiraba, como dominando cada movimiento que hacía. Gemía, y eso me ponía más
caliente. Un bello y hermoso hombre me estaba cediendo su verga y mi boca la
estaba probando. Nunca me sentí tan a gusto con algo, a pesar de estar incómodo.
El jeans tapaba los huevos, por lo que no pude metérmelos en la boca, así que
simplemente dejé que el aroma de su verga me invada completamente.
¡Plaf!
Algo chocó contra el vidrio de la ventana de Lucas,
sobresaltándonos a ambos. Miré hacia la ventana y casi se me salen los ojos al
ver que Bautista nos miraba. Se lo veía enojado. Furioso. Desilusionado.
Lloraba. Hizo un movimiento de negación con la cabeza y corrió hacia el interior
de su casa.
Lucas se apresuró a ajustarse los botones de su jeans, bajó
del auto sin decirme nada, y salió corriendo hacia el interior de su casa. ¡Esto
no podría estar bien! Lo único bueno de todo es que los padres de Lucas ya no se
encontraban viviendo allí, por lo que deduje que Bautista no se lo podría contar
a nadie, por lo menos por esa noche. Me fui pensando en todo eso, mientras
arrancaba mi auto y me dirigía a mi casa, sin Lucas.
*
La noche se había vuelto repentinamente muy larga, y eso que
sólo habían pasado dos horas y cuarenta minutos desde que salí. Estacioné mi
auto y bajé para mezclarme con un clima seco, pero muy húmedo. Entré en mi casa
y me encontré a Juan, parado, mirándome con unos ojos terribles de asesino.
Me asusté al verlo así. Se me acercaba a paso agigantado. No
tuve tiempo de reaccionar o decir algo cuando ya me había pegado una trompada y
yo me encontré en el piso de mi casa. Juan me miraba, respirado con dificultad,
y lleno de ira.
- ¡ERES UN HIJO DE PUTA! - gritó. - ¡¿CÓMO PUDISTE?!
- ¿De qué... de qué me hablas? - pregunté, asustado por su
reacción.
- ¡DEL VIDEO QUE ENCONTRÉ! DE ESO HABLO. ¿O ACASO NO ERES TÚ
EL QUE VIOLÓ A ESE NIÑO?
*
CONTINUARÁ....