El placer de una joven fogosa

El placer de una joven fogosa (13)

Me había mudado a un pisito en un pueblo de la costa, toda mi
vida había vivido en Madrid y ahora me mudaba allí, aunque salía a estudiar
todos los días a la ciudad.

Echando unas vistas al edificio en que vivía me di cuenta de
que había mucha gente joven, la mayoría familias jóvenes con hijos en edad
infantil.

Un día volvía de la ciudad y estaba aparcando el coche cuando
vi a una mujercita realmente bella, con una forma de vestir y moverse que me
volvía loco, morena, pelo rizado, ojos oscuros y un cuerpecito del que no se
podía desperdiciar nada y me sorprendió cuando la vi entrar al edificio, pocos
segundos después entraba yo detrás.

Con una sonrisa me preguntó:


¿Entras?

Claro, voy al tercero ¿y tú?

Yo me quedo en el cuarto

Eh, vale


Fue lo único que hablamos y con un hasta luego nos
despedimos.

Era una preciosidad, pero no me obsesioné, no me suelo
obsesionar con esas cosas.

Se me estropeó el frigorífico y aquello no podía estar así,
así que me decidí a sacarlo del piso y cuando me quise dar cuenta el ascensor no
funcionaba, mi enfado no era más grande, me acerqué a la casa de un vecino y le
pregunté por el piso en el que vivía la presidenta y cuando llegué y me abrieron
la puerta, mi sorpresa si que fue grande, aquella preciosidad vivía allí, se
sintió un poco avergonzada al abrirme con aquellos minúsculos pantalones y
aquella camiseta sin sujetador, así que dijo de llamar a su madre y desapareció.

Al día siguiente mientras mis colegas y yo traíamos las cosas
para la fiesta que íbamos, vi salir a sus padres y encontré una excusa para
llegarme a su casa.

Pegué un par de veces y me abrió con cara sorprendida y antes
de que yo hablase me dijo: “mis padres no están”, le contesté: “ya, yo venía a
hablar contigo” y entonces me dijo que pasase adentro. Le dije que si sabía de
alguien que me pudiese vender alguna bellota y tal, porque además la vi alguna
noche en algún bareto, y sus amigos no fumaban tabaco sólo respectivamente y me
dijo que no, que me podía dar el número de algún amigo y que ellos sabrían a
quien encomendarm, me dio el número de uno de ellos y le dije que teníamos una
fiesta en casa y que si se aburría sola se podía llegar, que nosotros no íbamos
a salir en todo el fin de semana, después de aquello me fui.

La fiesta iba genial, y aunque la música no nos dejaba oír
bien los ruidos del exterior, aprecié que alguien tocaba el timbre, y ya lo
supuse todo. Abrí la puerta y allí me la encontré, sonrojada un poco (supongo
que le dio vergí¼enza, puesto que era muy tímida) y la dejé pasar adentro. Se la
presenté a mis colegas y mis colegas estaban medio flipando con aquella nena.

Todo iba perfectamente, mis colegas ya estaban desfasados de
más, en una habitación se habían montado una orgía de las buenas y yo seguía
hablando con Iratze, que así era como se llamaba ella. No aguantaba más,
necesitaba tocarla, porque esa mirada me estaba volviendo loco, entonces empecé
a tocarle la pierna suavemente y quise adentrar mis manos en su minifalda y ella
estaba dispuesta, pero al oído me dijo que había demasiada gente y que no le
gustaba dar el espectáculo en público. La conduje a mi habitación entre besos,
se moría, notaba su respiración acelerada, era una jovencita bastante fogosa, yo
era y soy un joven bastante fogoso también, y de aquella mezcla podían saltar
chispas. Me dejó claro que debajo de esa timidez se escondían un morbo y ansias
increíbles, me tumbó en la cama, y encima de mí comenzó a quitarse la ropa, la
camiseta, la falda… hasta quedarse con su pequeño tanga y recorriéndome con la
lengua todo el cuerpo, me quito la ropa, yo la besaba y acariciaba como mejor
sabía y a ella le encantaba. Sin ningún descaro, después de aquellos besos y
caricias, dirigió su mano a mis calzoncillos y me la sacó, dura, con ganas de
jugar, y ella jugó conmigo, empezó a chupármela, y de que manera, era extraño
con su cara de niña buena y su voz dulce imaginar en que clase de mujer
seductora y desinhibida podía llegar a convertirse.

Apartó mi juguete de su boca y empezó a frotarse con él, me
iba a hacer estallar, aquella combinación entre sus roces y mis caricias y besos
acabarían con los dos. Me incorporé y la hice tumbarse ahora sobre la cama, le
bajé su tanguita con la boca a la vez que recorría mi lengua cada uno de los
lugares de su cuerpo por los que la prenda bajaba, desde su dulce mojado, hasta
sus hermosos pies. Tiré el tanga al suelo y con mi boca recorrí su dulce
milímetro a milímetro, sin dejarme un rincón y ella arqueaba la espalda como
motivo de placer y lujuria, veía venir que pronto estallaría y se correría de lo
lindo, pero como quería hacer esperar aquel momento, no seguí y simplemente nos
dedicamos a seguir jugando sin manos, fue espectacular sentir sus hermosos
pechos sobre mi ealda mientras me besaba por detrás y fue espectacular explorar
cada parte de su cuerpo sin mis manos.

Hicimos la postura del 69 y gozamos increíblemente y después
de aquello creímos (sin decir nada) que ya era hora de dar un paso más adelante,
o mejor dicho, un movimiento más adelante. Fue un momento salvaje, pues
salvajemente la agarré por detrás y se la metí y ella gritó de placer, ah,
notaba su dulce bien caliente, crujiente, mojado, quise congelar aquel momento,
entonces empecé a embestirla sin piedad, mientras ella me mordía en el brazo por
aquella enorme ola de placer. Sin pensárselo me paró y haciéndome tumbarme en la
cama me cabalgó como una amazonas, la arañé y mordí todo lo que pude y más, y
aquella mezcla de sadomasoquismo nos excitaba mogollón.

Pensé en unas esposas que había comprado una vez para mis
fantasías y la esposé a la cama, le mordí sus pezones, su barriga, sus hombros,
su cuello y le hice el sexo oral como nadie se lo podría haber hecho nunca,
estaba sometida a mí, y después de eso, se la metí bien profunda, que el gemido
que lanzó hizo que mis colegas viniesen a ver lo que pasaba, pero tan pronto
como vieron aquella escena se largaron. La follé con todas mis ganas y ella me
arañó tan fuerte que me hizo sangrar, pero tan pronto como la desesposé lamió
toda mi sangre.

Nos relajamos y quise introducirle algún dedo en el ano, y
sin previo aviso lo hice, y mordió la almohada en signo de que aquello le
encantaba, no la quise encular porque pensé que a pesar de todo, era demasiado
pronto y seguramente le dolería, así que sólo jugamos con nuestros dedos, para
seguidamente volver a follarnos como locos y no sólo en mi habitación, también
en el baño, en la habitación en la que estudiaba y en la cocina sobre la
lavadora cuando la mitad de la gente se hubo ido.

Aquella noche durmió conmigo, sus padres no estaban en casa y
al día siguente además de la orgía que se montaron mis colegas con unas
extranjeras, la anécdota más comentada fue la noche de lujuria que tuvimos
Iratze y yo. No fue la primera desde luego, seis meses estuvimos en contacto
carnal, hasta que yo me distancié un poco del pueblo y empecé a salir por otros
sitios… De todas formas, aún sigue viviendo un planta más arriba y si quiero
un buen derrame, sólo tengo que decírselo.

 

Resumen del relato:
    Una chica joven, salvaje y ardiente que me hizo enloquecer en toda una noche.

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