El Culo de Mariam (4)

El Culo de Mariam (4) (13)

Antes de que amaneciera, nos despertamos de nuevo. Estábamos
cachondos perdidos los dos. Yo porque tenía a aquella tía buenísima desnuda en
la misma tienda de campaña, y ella porque había perdido el virgo a lo grande,
por su coñito y por su boquita. Me agarré la polla y le susurré "vamos, nena,
chúpamela un poquito". Esta vez la muy puta no puso pegas. Sonrió golfa y
engulló mi polla, que yo sostenía agarrada por la base. Me la chupó unos
minutos. No llegué a correrme, me dormí y ella se echó a dormir de nuevo hasta
el día siguiente.

El sol traslucía a través de la tela de la tienda. Me
desperté. Me sentía pegajoso, especialmente en mi entrepierna, por los fluidos
de los dos. Había un agradable aroma, mezcla de nuestra carne, sudor y fluidos
corporales. Mariam dormía como un angelito. ¡Pero qué buena estaba! Decidí
dejarla descansar. Asomé la cabeza al exterior. Eran las 10:00 y había ya cierto
movimiento en el camping, aunque nadie madrugaba demasiado. Me volví a meter en
la tienda. Ella estaba ya despierta, de rodillas, mirándome con simpatía y
satisfacción.

- Buenos días…-le dije.
– Buenos días…
– ¿Has descansado bien?
– Sí….

¡Qué demonios! Alargué las manos y cogí aquellas tetazas otra
vez. Me lo pedía el cuerpo. Mariam reaccionó fulminantemente. Abrió su boca en
una mueca de placer y se dejó sobar. La besé en el cuello con ansia. Mi polla se
endureció de nuevo.

– Te voy a dar el desayuno…-le dije, malicioso.

Me agarré la polla y la sacudí frente a su cara. Ella
entendió enseguida lo que yo quería. Yo estaba de pie intentando no pegar con la
cabeza en el techo de la tienda, ella de rodillas tragando de nuevo mi cipote.
Chupó mansamente mientras yo la guiaba, sujetándola con ambas manos.

- Vamos, manona, vamos… que sé que esto te gusta…

Ella soltó un gemido "mmmmm" que parecía significar "sí".
Tras unos minutos de lengueteo, se la saqué y le pregunté:

- Esta vez te vas a tomar la leche, ¿vale?
– Vale…-me contestó con una sonrisa.

Se la volví a meter en la boca y la animé "dale, nena, que ya
viene lo bueno, dale, vamos Mariam…"
Ella me agarró el culo estrechando la mamada más. Enseguida solté los cinco
chorros de rigor, que uno a uno desaparecieron en su garganta. Dejé que me
sorbiera bien la polla para limpiar hasta el ultimo resto de esperma.

- ¿Te ha gustado el desayuno, nena?
– Sabe salado…-dijo, maliciosa.
– ¿Te gustaría que te diera el "biberón" todos los días?

Se rió, vergonzosa, pero contestó con perversa mirada "sí"

- Y eso que no te gustaba -le dije, propinándole un azote en
las macizas nalgas.

"Ahora quiero que desayunes tú…", me dijo, y se tumbó,
abriéndose de piernas y mostrándonme un increíblemente jugoso coño rubio. No
tengo que deciros que me "desayuné" a gusto y a conciencia. Le estuve comiendo
el coño más de 20 minutos, porque sabía que estaba disfrutando como loca. La
pobrecita se corrió al menos 3 veces. Buen desayuno.

Bien desayunados los dos, salimos de la tienda, yo desnudo y
ella con la parte inferior del tanga, que la hacía furiosamente atractiva pues
apenas tapaba su rico pubis y la tira de las nalgas desaparecía del todo entre
las lunas de carne.

Aunque nuestro plan inicial era disfrutar de un convencional
día de camping, aprovechando las numerosas actividades que se iban a
desarrollar, la calentura que teníamos los dos nos hizo cambiar rapidamente de
idea. Después de pasear una media hora por el camping nos alejamos de la zona
más transitada y llegamos a una zona verde y arbolada bastante solitaria. íbamos
cogidos de la mano y debo reconocer que ya sentía algo más que deseo por Mariam,
aunque me daba miedo confesárselo. Apoyé mi espalda contra un árbol y la
estreché contra mí.

- Espero no haberte hecho sentir muy violenta ayer…
– En absoluto…
– Es que me pones muy cachondo…
– ¿De verdad?
– No dejo de mirarte y no puedo creerme lo buena que estás…
– Exagerado…
– Es verdad, Mariam, te deseo muchísimo.

Ella me miró con ternura.

Tú también me gustas -me dijo.
– ¿Si?
– La tienes muy grande… -dijo, algo avergonzada.
– ¿Te gustan grandes?

Su mirada lo dijo todo.

- Ponme cachondo. Háblame de eso.
– ¿Qué quieres que te diga? Me da vergí¼enza.
– Venga, díme lo que te gusta…

Después de insistirle un poco, Mariam empezó a conmtarme sus
deseos más picantes. Me demostró que sabía calentarme simplemente hablando.

- Claro que me gustan grandes…, cuanto más mejor…, más
carne dentro…
– Pero te he desvirgado yo…
– Me encanta tu polla…
– Pues la vas a tener todo lo que quieras, nena.
– ¿Y el señor, qué es lo que quiere el señor?
– Tengo muchos planes para tí… Quiero que cuando dejes el camping estés muy,
pero que muy bien follada.
– Eso me gusta…
– Bueno, debo anticiparte que sobre todo me la vas a chupar hasta que te canses.
¿Te gusta chupar, nena?

Mariam me echó una mirada indescriptible. "Oooh…ssiii",
musitó.

- Pues estás de suerte, porque a mí me gusta mucho que me la
chupen. De hecho estaba buscando una puta que me la chupase a conciencia cuando
y como yo le diga. ¿Quieres presentarte a la plaza vacante?
– Sí…- me contestó, llena de morbo.
– Muy bien, putita… ¿Te importa que te llame putita?
– No… me gusta. -dijo con su ya habitual expresión golfilla.
– Vale, porque de ahora en adelante, además de llamarte por tu nombre, te voy a
llamar lo que eres: guarra, zorra, puta, pendón… y tú contestarás sumisamente.
¿De acuerdo?

- Ssssiii…
– Muy bien, guarra… Déjame que vea esas tetas -y la aparté de mí un poco.

Sus soberanas ubres colgaban magníficas. Las sobé con fuerza,
las cogí por los pezones y los estiré hasta hacerle daño. Estaba alucinado.

- Tienes las mejores tetas que he visto en mi vida…
– ¿Qué me vas a hacer? -me preguntó con una mezcla de temor y morbo.
– Tengo tantas cosas en mente que no sé ni por donde empezar.

La apoyé contra el árbol y le chupé las inmensas mamas un
buen rato. Mi polla quería ya coñito de Mariam. Emboqué la vagina con mi
endurecida polla, dispuesto a dar a mi nena lo que se merecía.

- ¿Cómo la quieres, poco a poco o de un tirón, nena?
– De un tirón…-me contestó, llena de morbo.
– Si serás puta…

De un violento movimiento de caderas, la ensarté hasta la
matriz. Mariam profirió un grito mitad dolor mitad placer. Agarré sus nalgas
para sujetarla y bombeé con furia. La polla entraba y salía hasta el fondo de su
mojada vagina con absoluta comodidad. El frotamiento la volvía loca, gemía y
suspiraba como una perra en celo. Yo estaba intentando no correrme enseguida.

-¡Dame, dame!
– ¿Quieres más, puta?
– ¡Ssssiiiii!

Durante unos 20 minutos machaqué sin piedad su coño. La muy
zorra parecía no tener bastante, le diera lo que le diera. Casi me sentí
frustrado por no poder hacerla sentir que estaba a punto de reventar. Entre
respiración cortada y agotada, la obligué a decirme lo que sentía:

- ¿Te gusta mi rabo, guarra?
– ¡Sí, sí, siiiii¡
– ¡Joder, pues dímelo, quiero oírlo!
– Me gusta tu polla, está muy duraaa…
– ¿Te gusta en el coño?
– ¡SSSIIIIIIIIIIIII!. Dame, por favor, dame hasta el final, hasta el final,
llévame hasta el final…
– ¿Hasta el final, puta?
– ¡Ooh, Diossss, sssiiiiii, por favor!
– ¿Te gusta que te llame puta?
– ¡Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí!
– Te voy a llenar de leche…
– ¡Quiero tu gran rabo!
– Joder, puta, qué coño tienes…¡Me corro, tía!
– Suéltala, suéltala, suéltala.

Flossshhh, flossshhh. Solté el lechazo en el interior de su
gruta. Simultaneamente Mariam se estremeció en un relámpago de placer que le
recorrió todo el cuerpo. Se corrió con desesperación, gimiendo de tal manera que
creí que estaba llorando… Resbaló hasta caer sentada en el suelo, casi
asfixiada. Me parecía verla con lágrimas en los ojos.

- ¿Estás bien? -le pregunté, un poco preocupado.

Me miró, sentada, con lágrimas en los ojos y expresión
desencajada…

- No he estado mejor en mi vida… Quiero que me folles todos
los días… Prométemelo, prométemelo -me dijo, gimoteando.
– Te voy a follar todo lo que quieras, te voy a follar tanto que no habrá puta
en el mundo que haya tenido más rabo que el que vas a tener tu…
– Prométemelo…-dijo, gimiendo.
– Te lo prometo.

El fragor de la follada le había deshecho las trenzas. Ahora
estaba con su largo y sedoso pelo rubio cayéndole sobre los hombros, con las
bragas del tanga por las rodillas y su jugoso coño rubio goteando leche. Me
miraba con gratitud. Quién me iba a decir que aquel culazo que había visto en el
tren 3 días atrás acabaría allí sentado en tan "lamentable" y morbosa situación.

- ¿Te ha gustado, eh? -me miró con vicio.
– Quiero que me conviertas en la más puta de todas…
– Por supuesto, zorra, te vas a comer más rabos de los que te hayas imaginado
nunca…
– ¿De verdad?
– Empieza por este… -y le sacudí la polla delante de la cara.

No hace falta que os cuente la mamada que me hizo. No me
corrí en su cara porque quería que aquello fuera algo especial, algo más
preparado. Quizás os estéis preguntando acerca de su culazo… Tenía planes para
él, quería que fuera algo grande. Pero no os preocupéis, antes de que acabara el
camping aquel ojete se llevó todo lo que se tenía que llevar y algo más.

Aquel día descansamos -de sexo- el resto de la jornada. Nos
sentíamos felices. Ambos teníamos la sensación de haber encontrado un tesoro,
una mina de oro, de ser muy afortunados. A pesar de que en nuestros encuentros
sexuales las obscenidades y la provocación abundaban, yo me daba cuenta de que
algo estaba empezando a despertarse dentro de mí acerca de Mariam. La echaba de
menos en cuanto desaparecía un minuto para ducharse, y no ya porque tuviera ya
de nuevo ganas de follármela, sino porque poco a poco aquella niña se había
convertido en algo muy entrañable para mí. Una vez calmadas las ganas de sexo,
Mariam se me aparecía como la amiga, la compañera, alguien a quien quería cuidar
y proteger. Pero al mismo tiempo me sentía como el Dr. Jekill y Mr. Hyde,
bastaba que empezara cualquier escarceo sexual para que quisiera convertirla en
la más sucia de las putas.

Esta dualidad de deseo es frecuente por lo que sé, en muchos
chicos. Lo uno no quita lo otro, diversión y ternura alternándose. Pero, poco a
poco, me dí cuenta de que me había enamorado de aquella chica, de que la quería
con ternura, de que sentía una intensa gratitud, no sólo porque me entregara con
generosidad su inconcebible cuerpo sino por la bellísima mujer que había detrás
de él.

Si yo tenía algún reparo en experimentar con ella, en
explorar todas las posibilidades, ella me animaba a hacerlo sin reservas. Así,
la tercera noche, le planteé el tremendo deseo, la febril excitación que me
producía la idea de correrme abundamente en su cara. Ella, lejos de
escandalizarse, me miró con expresión maliciosa -ya había aprendido cómo
calentarme- y me dijo:

-Te gustaria verme llena de semen, ¿eh?
– Buuufff, nena… No sabes cómo me pone…
– Pensé que te satisfacía metérmelo todo dentro…-contestó con falsa
ingenuidad.
– Vamos, Mariam, sabes que me gustaría tenerte como a las japonesas.

"Las japonesas" había sido un tema de conversación que yo le
había sacado previamente.No sé si sabéis que en Japón son muy populares unos
vídeos porno consistentes en faciales multitudinarios sobre alguna joven
japonesa. Si no los conocéis, de veras os lo recomiendo porque es de lo más
morboso que he visto jamás. No se las follan, no se las enculan, pero más de 100
nipones aguardan en cola para descargar su lechazo sobre la cara de alguna joven
y linda japonesa. A todo este increíble proceso se le llama "Bukkake".

Cuando a Mariam le comenté esto, lejos de escandalizarse, se divirtió mucho y
enseguida comprendió, aunque yo no se lo dije, que aquello era una especie de
sueño imposible para mí. Me estrechó en su brazos y me habló, susurrando:

- Te gustaría que fuera una de esas putitas japonesas,
¿verdad?
– Me volverías loco, Mariam…
– Creo que me gustaría sentir tu leche corriendo por mi cara. Mmmmm.

Aquella noche acordamos hacer un ensayo de facial. Yo estaba
tan cachondo que, como un niño que cena deprisa para que los reyes magos le
traigan antes los juguetes, enseguida acabé mi cena. Mariam me miraba divertida,
consciente ya de que tenía poder sobre mí, un poder que ella utilizaba
agradablemente.

Ya dentro de la tienda, Mariam se quitó las bragas y se tumbó
boca arriba. Abrió las piernas enseñando su jugoso coño. Yo estaba erecto y me
incliné sobre ella.

- Fóllame un rato antes de que te la chupe… -me dijo, con
entera confianza.
– Por supuesto, amor…

La penetré después de acariciar su tierno chocho dorado. Ella
era la imagen de la felicidad. La follé despacio, profundamente, mientras
chupaba sus inmensas tetas, sus endurecidos pezones rosados. Durante un cuarto
de hora, la follé con ternura y delicadeza. Ella gemía, transportada a otro
mundo mucho mejor. De vez en cuando me comentaba cosas que me ponían caliente.
En muy poco tiempo había aprendido a hablar sucio y excitante.

- ¿Te gusta mi coño? -me preguntaba con fingida voz infantil.
– Oooh… Me vuelve loco…
– ¿Está rico?
– Sssssiiiiiiii. ¿ verdad?
– ¡Ssiiiiii!

Con mi polla a punto de reventar, la saqué y, a horcajadas,
me senté con cuidado sobre su tetas, de tal manera que ella pudiera chupármela
bien. Ella me miró con malicia. Sacudí la polla sobre su carita y, mientras me
miraba, la introduje, dura y chorreante en su boca. Mariam comenzó a chupar
despacito, con fruición, con sabiduría, sin prisa, sin prisa… De vez en cuando
la sacaba de la boca y pasaba su carnosa lengua en círculos a lo largo de mi
afortunado glande, que parecía a punto de estallar. Lo sorbía ruidosamente, lo
engullía, lo frotaba malévolamente con la boca y no quitaba ojo de mi expresión,
deleitándose con mis gestos de ansia y deseo.

- ¿Le gusta al nene lo que le estoy haciendo? -me decía con
aquella perversa voz infantil.

Yo era incapaz de responder. Al cabo de unos minutos de este
sucio juego, que dudo que una profesional hubiera hecho mejor, Mariam empezó a
mamar con creciente fuerza. No me quitaba el ojo de encima, controlando mi
expresión para acelerar o decelerar, para oprimir o relajar. ¡Dios, qué mamada!
Al cabo de unos minutos Mariam movía su rubia cabecita como un pistón,
succionando como una auténtica puta, frenéticamente, sin concesiones. Yo la
agarré por la cabeza con las dos manos, dispuesto a no dejarla hasta que todo se
consumara. Sobrepasado por las sensaciones, la puse de guarra para arriba,
estando ya fuera de todo control:

- ¡Diooosssss, sigueeeee, sigueeee, no pares, no pareeesss,
vamos putaaaaa, zorra, sigue hasta el final, hasta el final! Mama, mama,
mamammam, mama.

La obligaba con ambas manos a engullir la totalidad de la
polla, que no era pequeña. El tronco desaparecía completamente en su garganta
una y otra vez, una y otra vez… Sentí el calor que precede a la explosión y
saqué la polla de su boca de improviso, haciendo sonar un excitante plops.

La sensación en mis huevos era la que precede a un fortísimo
disparo de semen. Le sujeté con firmeza la cabeza con ambas manos, acomodándola
para que el chorrazo cayera en su totalidad en su cara. Sin que yo le dijera
nada, Mariam abrió la boca y sacó toda la lengua, mirándome expectante. Afirmé
la posición de la cabeza y estallé…

El primer chorro le cruzó la cara, desde la barbilla hasta la
frente, dejando una viscosa huella; el segundo empapó su nariz hasta casi
cubrirla; el tercero y cuarto cubrieron sus mejillas; el quinto casi en su
totalidad acabó en su hábil lengua. Desparramé dos nuevas espesas descargas
sobre la gordezuela cara de la rubita. La cantidad era ya importante. Mariam
permaneció tumbada boca arriba, obediente, dejándome hacer. Revolvía el semen
sobre la cara, lo estiraba, lo reunía, lo restregaba, hasta que su cara era
irreconocible. Las risitas de Mariam descomponían el cuadro, dándole nuevas
formas. Las burbujas explotaban, nacían, se rompían de nuevo. Tiraba de un grumo
hacia arriba y lo lanzaba sobre la cara de nuevo.

Mariam abría la boca de par en par, intentando estar a la altura de las
calientes circunstancias. Desde luego no parecía tener reparo alguno en
mancharse con el esperma. Cuando se dio cuenta de que había terminado, cerró la
boca, tragándose lo que había caído en ella y sonriéndome ampliamente. Su cara
era un poema: reguerones de denso esperma la cruzaban, obligándola a mantener el
ojo izquierdo cerrado, lo cual no era obice para que una satisfecha sonrisa de
golfilla animara su cara.

– ¿Te has corrido en mi cara, eh? -me dijo, maliciosa, y comenzó a relamerse
tanto como pudo.

Blandí mi polla y restregué por su gordezuela cara todo el viscoso líquido,
hasta que no hubo una parte de su carita que no estuviera pegajosa y llena de
semen. "Haz espuma con la boca", le dije. Mariam se rió y babeó un poquito hasta
conseguir formar un espeso grumo de leche y saliva derramándose por su barbilla.
Le volví a meter la polla en la boca. Ella mamó con vicio mientras no me quitaba
el ojo de encima para ver mi cara ansiosa.

Durante un buen rato mamó y mamó, así que enseguida tuve la polla lista para
darle lo suyo otra vez. Llevaba días babeando como un imbécil por su enorme
culo, de hecho era su trasero lo que me había empujado hasta allí. Hasta ese
momento no veía la hora de zumbármelo de una vez por todas. Ya hacía tiempo que
deseaba obsesivamente encularla, y decidí que aquel era el momento.

- Date la vuelta, te voy a dar por el culo, nena…

Continuara…

 

Resumen del relato:
    Comienza la perversion maxima de Mariam en la cuarta entrega de esta historia.

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