Apuesta

Apuesta (13)

Eran como la una de la mañana.
Regresábamos de una fiesta y nos acompañaba un matrimonio
amigo al cual pasaríamos a dejar a su casa de camino a la nuestra.
Adelante en la camioneta iban mi marido conduciendo y nuestro compadre.
En el asiento posterior íbamos mi comadre y yo. Los cuatro habíamos
bebido bastante más de la cuenta. Ambos matrimonios rondamos los
35 años y 7 de casados.

Durante el camino de regreso íbamos
platicando de todo de manera muy escandalosa y desinhibida debido al alcohol
que habíamos bebido. Cuando pasamos por una zona donde había
un grupo de prostitutas nuestros maridos se detuvieron, bajaron las ventanillas
y les preguntaron que cuánto cobraban y les dijeron las cosas que
harían con ellas lo que nos pareció de mal gusto sobre todo
porque íbamos con ellos. Mi amiga molesta les dijo que eso era de
muy mal gusto y que si les parecería que a nosotras nos dijeran
lo mismo en la calle. Ellos riéndose contestaron que sólo
que fuéramos "Putas" porque sólo así alguien
se fijaría en nosotras. Mi amiga dijo: "qué tal si lo
fuéramos". Ellos soltaron tal carcajada que por poco nos estrellamos
contra la barra de protección de la carretera. Nos dijeron entre
grandes risas que ni siquiera seriamos capaces de vestirnos como ellas
mucho menos pararnos en una esquina y conseguir clientes. Que para eso
se requería estilo y buen cuerpo. Esto nos encendió de coraje
y les contestamos que si quisiéramos podríamos hacerlo en
cualquier momento. Ellos dijeron de manera burlona "Por ejemplo, en
este momento. ¿No?" Yo les contesté que por el momento
no íbamos vestidas de manera apropiada. Ellos tomaron esto como
una confirmación de nuestra actitud de que no seríamos capaces
de hacerlo y envalentonados por el alcohol nos lanzaron un reto. Nos dijeron
que si éramos capaces solamente de vestirnos como ellas y pararnos
en una esquina ellos dejarían todo un año de ver y jugar
fútbol. Ambos son fanáticos de este deporte. Yo me quedé
callada pero la respuesta de mi amiga me dejó sorprendida al aceptar
el reto. Ella es ( o era ) más conservadora que yo al respecto a
cuestiones del sexo. Después de reponerme de la sorpresiva respuesta
le apoyé y les pedí que para probarlo nos llevaran a casa
para vestirnos apropiadamente y que regresaríamos a cumplir el reto.
Ellos se envalentonaron aún más y aceptaron el reto seguros
de que no seríamos capaces de hacer algo así y además
agregaron que si ellos ganaban nosotras les concederíamos libre
una noche de todas las semanas sin que les preguntáramos qué
hacían o a dónde iban. Nosotras aceptamos.

Llegamos a casa. Mientras nuestros
maridos se quedaban en la sala bebiendo, yo tomé una botella de
tequila y subí junto con mi amiga a la habitación para cambiarnos
de ropa. Ambas bebimos un fuerte trago de tequila mientras subíamos.
Mi amiga me pidió le prestara algo apropiado. Le pregunté
que si en verdad lo íbamos a hacer. Ella asintió diciéndome
que ya no me podía echar para atrás o seríamos la
burla de nuestros maridos. Tomé un vestido de licra color rojo muy
corto y ajustado que mi marido me había comprado para usar una noche
especial. Mi amiga es más alta que yo y una talla mayor por lo que
el vestido le quedaba como una segunda piel y apenas le cubría sus
pantaletas, las cuales se marcaban completamente. Al verse al espejo decidió
a quitárselas igual que sus pantimedias. Como no había usado
bra se notaba perfectamente que sólo traía puesto el vestido.
Sus senos y sus pezones erectos así como su entrepierna de marcaban
claramente a través de la tela del vestido por lo que para cubrir
un poco le presté una tanga de hilo dental en color blanco. Complementaba
su vestimenta con las zapatillas de tacón alto negras que traía
puestas.

Yo por mi parte tomé un vestido
de encaje negro que tenía un fondo de tela satín que se podía
desprender. Le quité el fondo por lo cual el vestido quedó
totalmente transparente. Me puse una tanga de hilo dental negra de encaje,
sin bra y un liguero negro con medias del mismo color. Por ultimo cambié
mis zapatillas por unas de color negro de tacón alto.

Nos cubrimos cada una con una gabardina
negra, tomamos cada una otro fuerte trago de tequila y bajamos dispuestas
a cumplir el reto. Al bajar observamos que nuestros maridos seguían
bebiendo. Al vernos nos dijeron que si era en serio eso de aceptar el reto.
Dijimos que sólo que se retractaran y aceptaran haber perdido no
lo haríamos. Al vernos muy cubiertas con las gabardinas dijeron
que nos descubriéramos a lo que nos negamos. Ellos pensaron que
simplemente estábamos jugando por lo que nos dirigimos a la camioneta
y salimos rumbo a la zona roja. En el camino nos maquillamos lo más
llamativamente posible, de tal forma que pareciéramos efectivamente
prostitutas.

Al llegar a la zona se acercó
una de las chicas a ofrecer sus servicios. Se quedó sorprendida
al vernos. Le pregunté que quién era la chica que estaba
a cargo de ellas y ella señaló a una señora ya un
poco grande pero muy bien cuidada de su cuerpo. Nos bajamos mi amiga y
yo de la camioneta y nos encaminamos hacia donde estaba la señora.
Mientras nuestros maridos se quedaban con la chica platicando sin pelarnos.
Mientras caminábamos todas las demás chicas se nos quedaban
viendo y uno que otro cliente nos preguntaba el precio por nuestros servicios.
Al llegar con la encargada nos recorrió de arriba hacia abajo. Nos
preguntó qué queríamos. Brevemente le platicamos del
motivo de estar ahí. Nos pidió que abriéramos las
gabardinas. Al vernos vestidas en "traje de carácter"
dijo que no había ningún problema en ayudarnos siempre y
cuando cubriéramos nuestra cuota con ella. La cuota era $500.00
(Quinientos pesos ) por cada una, lo que nos pareció alto pero como
era la condición que había puesto le entregamos dicha cantidad
por cada una. Tomó el dinero y llamó a un par de chicas.
Les dijo que nos ayudaran a volvernos "Putas". Ellas se carcajearon
y dijeron que nos ayudarían. Nos llevaron a una de las esquinas
y dijeron que nos paráramos ahí y que nos quitáramos
las gabardinas. Al ver nuestras vestimentas las chicas nos dijeron "Bueno
la pinta de Putas sí la tienen". Nos paramos donde dijeron
ellas e inmediatamente se rieron y nos dijeron toda clase de improperios.
Nos dijeron que no sólo era pararse en una esquina, que era necesario
pararse con estilo en la que se resaltaran las piernas, las nalgas y los
senos. Nos dieron indicaciones de cómo hacerlo. En eso tenían
razón nuestros maridos, se requiere de cierto estilo.

Al poco rato empezaron a llegar
los clientes a pedir nuestros servicios, todas las cuales rechazamos. Al
principio estábamos nerviosas pero poco a poco fuimos superando
nuestras inhibiciones, al cabo era sólo un juego. Después
de estar un rato así nos regresaríamos a la camioneta e iríamos
a casa a celebrar nuestro triunfo.

Al cabo de un rato de estar jugando
a ser prostitutas llegó un carro nuevo de lujo con chofer y dos
personas en la parte posterior. Se detuvo con la señora encargada
del lugar. Intercambiaron de palabras. La encargada se acercó a
nosotras. Ella nos dijo "Querían volverse Putas, ¿No?
Pues ésta es su oportunidad. Los señores son gente fina que
requiere de sus servicios" Nosotras no supimos qué responder,
una cosa era jugar a ser prostituta y otra muy diferente serlo". La
encargada le hizo señas al chofer del automóvil. Se acercó
el auto hasta donde estábamos. Uno de los caballeros asomó
por una de las ventanillas y nos pidió que nos subiéramos.
Contestamos nerviosas que ni siquiera habían preguntado el precio.
El caballero sonrió y contesto que no importaba cual fuera ya que
lo valíamos y que íbamos a desquitar hasta el último
centavo que cobráramos. Volteamos hacia la camioneta donde estaban
nuestros maridos tratando de que se dieran cuenta de lo que estaba pasando
pensando que seguramente vendrían, armarían un escándalo
y nos rescatarían. Pero al voltear vimos que los muy cabrones de
nuestros maridos se habían subido a la chica con la que estaban
platicando y se la estaban agasajando sin importar que estábamos
ahí. Esto nos enfureció. Mi amiga me dijo "Vamos súbete
al carro". Yo contesté "Por supuesto".

En el interior del auto aparte del
chofer estaban dos señores de unos 55 o 60 años. Uno de ellos
era alto, con mucha personalidad y de cuerpo atlético bastante bien
para su edad. Al parecer en su juventud había sido un consumado
atleta. El otro era más bien bajito pero también de cuerpo
atlético aunque también un poco regordete pero con un carácter
más fuerte que el primero. La ropa y los accesorios de ambos eran
muy finos. La persona bajita ordenó al chofer se pusiera en marcha.
Nos sentaron entre ambos señores. Al pasar de la puerta al asiento
el señor alto nos agarró la entrepierna y las nalgas. Por
instinto tratamos de quitar su mano. Él sólo dijo al otro
hombre "Sí, son mujeres". Tan pronto como se alejó
el auto de la zona se nos acercó un auto de color blanco con unas
personas de aspecto rudo. Nos dio algo de miedo. El bajito le hizo una
señal y nos empezaron a seguir. Al parecer eran los guardaespaldas
de alguno o ambos señores.

Nos dirigimos a uno de los moteles
que esta en las afueras de la ciudad. Al llegar el chofer hizo una seña
al portero. En vez de entrar por la puerta principal entramos por una puerta
lateral disimulada con plantas que aquí conocemos como enredaderas.
Por la puerta se entraba a un camino que daba a una casona rodeada de paredes
muy altas y jardines por todos lados. Al llegar a la puerta se estacionó
el carro pero primero bajaron tres tipos del otro carro, entraron a la
casa y al parecer la revisaron. Salieron de ella haciendo una seña
al chofer de que no había problema y el chofer procedió a
estacionar el carro en una pequeña cochera. Los otros tres subieron
al carro blanco y se quedaron como montando guardia. Mi amiga y yo nos
preguntábamos con la mirada en qué clase de problema nos
habíamos metido.

Cada caballero se bajó y
el chofer nos ayudó a bajar a cada una. Entramos a la casa. Esta
tenía un aspecto singular. Era sólo una gran habitación
con una pequeña piscina en el centro rodeada de plantas y paredes
de vidrio. Había también varias camas grandes acomodadas
de tal forma que fácilmente se podía pasar de una a otra
ya que no estaban separadas por nada. Había toda clase de barras
de mármol a diferentes alturas donde una mujer u hombre cabían
perfectamente acomodados. Había también un pedestal con un
tubo al centro y varios sillones de fina piel alrededor del pedestal. En
uno de los extremos había un bar surtido con vinos y licores de
buena marca, vasos y copas de muy buena calidad, refrescos de todas las
marcas en especial agua mineral de importación y en una de las paredes
unas cómodas así como una pantalla de televisión y
equipos modulares perfectamente bien organizados con altavoces distribuidos
de manera profesional. Por ultimo había un par de duchas fabricadas
con vidrio espejo con la parte reflectante hacia la parte interna del baño.
Había en otro extremo dos baños más hechos de mármol
que después conocimos mi amiga y yo. La decoración estaba
muy bien cuidada con replicas de pintores famosos. Dentro de esa casona
había más dinero que en muchas de las casas de nosotros los
simples mundanos. Claramente se veía que era una casa de reuniones
privadas que no sé si habían rentado o pertenecía
a alguno de nuestros acompañantes. El chofer sirvió cuatro
copas de coñac. Tan pronto como entregó las copas se encaminó
hacía la puerta cerrándola al salir. Hasta ese momento debo
decir los señores se habían comportado como todos unos caballeros.
No nos habían hecho sentir como prostitutas lo cual de alguna manera
calmó un poco nuestros nervios. Tomamos todos apresuradamente nuestras
copas. La combinación del tequila que habíamos bebido con
el coñac fue fatal. Desaparecieron todos nuestros temores e inhibiciones
que quedaban. En ese momento dijeron que comience el show.

Se sentaron en los sillones de piel
junto al pedestal con el tubo, pusieron música y dijeron que ambas
realizáramos un baile sensual sin desvestirnos. Totalmente alcoholizadas
ninguna de nosotras sabíamos cómo hacerlo pero tratamos de
improvisar. En ese momento su actitud cambió. Se transformaron de
un par de caballeros en un par de hombres lo más libidinosos y vulgares
que se puedan imaginar. Se quitaron saco y corbata y nos empezaron a gritar
cosas como "Pelos, pelos, pelos", "Muevan ese culo putas",
"Métanse el dedo en la panocha", "Prepárense
bien que nos las vamos a coger hasta que les gusten nuestras vergas",
y otras cosas por el estilo.

No esperaron mucho. Ambos saltaron
hacía el pedestal y fuimos prácticamente devoradas no por
dos hombres sino por dos bestias sedientas de sexo. A mí me tocó
el chaparrito y a mi amiga la persona alta. Sentía que mi acompañante
tenía muchas manos por la forma que era manoseada. Igual trato estaba
recibiendo mi amiga. Sus besos y aliento recorrieron mi cuerpo desde mi
nuca hasta mis piernas. Sus manos recorrieron y apretujaron encima del
minivestido transparente senos, vientre y entrepierna sobre mi breve tanga.
Me volteó, me recargó en el tubo del pedestal y volvió
a recorrer con sus besos y aliento nuevamente sobre mi minivestido. Se
arrodilló y olió tanto como pudo la tanga. Mis jugos habían
empapado ya la tela de la tanga lo que me imagino lo excitó aún
más. Levantó mi vestido y chupó la humedad de la tela.
Mis pezones se pusieron muy duros. De reojo pude ver el trato que estaba
recibiendo mi amiga. Estaba acostada sobre una de las barras de mármol,
tenía las piernas totalmente abiertas y estaba siendo devorada también
por caricias en todo el cuerpo. Su ropa también había sido
desgarrada. Estaba recibiendo algunas de las palabras más obscenas
que había escuchado en mi vida. Sin embargo también se veía
que ella lo estaba disfrutando por los quejidos de placer que estaba emitiendo
y las palabras también muy obscenas con la que estaba animando a
su amante a que continuara.

Mi amante se detuvo y me rompió
la tanga. Apresuradamente me quitó el vestido rasgándolo
un poco quedando únicamente con mi liguero y mis medias puestas.
Se veía una enorme erección debajo de su pantalón.
Se quitó la ropa de la parte de arriba quedando un torso muy musculoso.
Me hizo arrodillarme y me dijo "Ábreme la bragueta y hazme
la mejor mamada de tu puta vida". Yo le obedecí. Abrí
la bragueta y saltó un trozo de carne muy duro. Lo metí en
mi boca y por primera vez en mi vida comencé a chupar y besar un
pene que no era el de mi marido. Aunque no era muy diferente al de él
el hecho de saber que era de otro hombre me excitaba. Lo recorrí
tantas veces con mi boca y con mi lengua que podría describirlo
perfectamente si alguien me lo pidiera.

Seguí así hasta que
sentí su líquido lubricador comenzaba a salir. Entonces fui
obligada a probarlo. Sabía diferente al de mi marido. Mi amante
me detuvo. Dijo que todavía no quería terminar. Me paró
y me llevó a una de las camas. Me abrió de piernas comenzó
a chupar mi clítoris y vagina. A partir de ese momento fui objeto
de toda clase de posiciones sexuales. Éramos el Kama-Sutra viviente.
Miré de reojo a mi amiga y a su amante. Estaban realizando un 69.
Ella devoraba ansiosamente el pene de él mientras ella le animaba
a seguir sin detenerse.

No aguanté mucho y tuve mi
primer orgasmo de la noche. Él se dio cuenta porque apreté
mucho mis piernas y casi lo ahogo mientras chillaba algo obsceno que no
recuerdo bien.

Se paró y diciéndome
"Ahora vas a probar lo que es una verga de verdad" me la clavó
hasta el fondo. Yo lancé un quejido de placer. Comenzó a
bombear. Me abrió las piernas lo más que pudo. Sabía
cómo mover su pene ya que en cuestión de minutos me volvió
a poner muy caliente. Ahora era yo la que gritaba obscenidades: "No
te detengas, cógeme, soy tu puta". "Hazme bramar".
A los pocos minutos sentí su semen caliente invadir mis entrañas.
Yo hubiera querido hubiera durado un poco más hasta terminar juntos.
Como me había dejado caliente empecé a frotarme el clítoris
con mi dedo. Se dirigió hacia donde estaba el bar y de uno de los
cajones sacó un vibrador en forma de pene. Me lo entregó
ordenándome: "Toma puta mastúrbate". Dada mi calentura
tomé el vibrador y lo comencé a frotar contra mi clítoris.
Abrí las piernas lo más que pude dándole a mi amante
un buen espectáculo mientras él descansaba sentado tomando
otra copa de coñac. Volteé hacia donde estaba mi amiga. Ella
estaba recibiendo en ese momento la descarga de su amante ya que lo gritó
a todo lo que pudo. Seguramente nuestros gritos eran escuchados afuera
de la casona.

El bajito también se dirigió
hacia uno de los cajones entregándole otro vibrador en forma de
pene pero este de color negro más grande que el que yo tenía.
Frenética no sólo se lo puso en el clítoris también
lo empezó a meter en su vagina. Yo estaba observándola cuando
una mano tomó mi vibrador y sin decir nada lo metió todo
en mi vagina comenzándolo a mover por todos lados mientras me decía
"Aprende de la otra puta. Así se usa un vibrador" mientras
lo subía hasta la velocidad más alta. Era la primera vez
que tenía un vibrador dentro de mi vagina ya que alguna vez lo había
usado pero sólo lo para frotarme el clítoris. Esto era nuevo
pero empecé a tomarle gusto. Mi amiga duró unos 15 minutos,
yo unos minutos más y volvimos a terminar.

Mientras nuestros amantes se acercaron
a nosotras. Nos voltearon es posición de "perrito" y comenzaron
a chupar los jugos que emanaban de nuestras vaginas. Mi vagina y mi ano
eran lamidos por su lengua. Igual trato recibía mi amiga. De pronto
sentí la lengua de mi amante introducirse totalmente en mi ano.
Sentí un temblor en casi todo mi cuerpo. De pronto sacó su
lengua y sentí cómo era penetrada en mi ano totalmente por
el vibrador. Estaba perdiendo la virginidad de mi trasero por un vibrador.
Eso me dolía pero mi amante no me hacía caso. Al cabo de
unos minutos el dolor cedió un poco. Mi amiga había corrido
la misma suerte. Estaba siendo desvirgado su ano por un vibrador.

Así nos tuvieron un rato
hasta que el alto dijo "Estas putas ya están listas" .
En ese momento cambiaron de posición. El que había sido mi
amante se dirigió hacia donde estaba mi amiga y la otra persona
hacia donde estaba yo. Al grito de "una, dos ,tres" sacaron los
vibradores y metieron sus penes erectos en nuestros anos. Nuevamente sentí
dolor y al parecer mi amiga también. Ahora estaban siendo desvirgados
nuestros anos por penes de verdad. El pene era más grande que el
de mi otro amante y el de mi marido. Sentía cómo me llegaba
hasta los intestinos y todos los rincones de mi trasero. Mientras con su
mano metía el vibrador en mi vagina. No sé cuánto
duro. Yo sólo apretaba los dientes para calmar el dolor hasta que
finalmente sentí cómo era inundada en mi trasero por semen
caliente.

Mientras tanto mi amiga y su amante
eran ahora el Kama-Sutra viviente. Le estaba tocando probar toda clase
de posiciones sexuales. Finalmente su amante la volvió a penetrar
por el ano y también la llenó de semen. Cuando terminó
pedimos nos dejaran descansar un poco a lo que uno de ellos contestó
"Aún les falta el tercer agujero" Se refería a
nuestra boca.

No nos dejaron descansar mucho.
Nos obligaron a arrodillarnos y empezamos besar, lamer y mamar indistintamente
ambos penes. Estos al cabo de un rato se endurecieron nuevamente pero no
tanto como antes por lo que tuvimos que masturbarlos con la mano hasta
quedar nuevamente duros. Dado el fragor de la batalla ellos tuvieron que
ayudarse con su mano masturbándose mientras nosotras mamábamos
sus penes. Esto fue más rápido. Ambas fuimos sujetadas por
la cabeza con un pene adentro de nuestras bocas mientras ellos siguieron
masturbándose hasta que recibimos cada una de su amante su descarga
de semen en la boca siendo obligadas a tragarlo entre las palabras más
vulgares. Una vez que tragamos el semen nos obligaron a limpiar con lengua
y boca yo el semen del pene de la persona que había descargado su
semen en mi amiga y ella el de mi amante hasta quedar perfectamente limpios
siendo obligadas nuevamente s tragar los residuos que habíamos limpiado
aunque parte del semen había caído hacia nuestros cuerpos.
Los cuatro nos recostamos en la cama exhaustos y sin decir ninguna palabra.
Estuvimos así unos 20 minutos. Ambas estábamos inundadas
de semen, jugos vaginales y sudor

Uno de ellos dijo son casi las seis
de la mañana mi chofer las llevará a donde le indiquen. Habían
nuevamente recuperado su actitud caballerosa. En nada se parecían
a las bestias sexuales que habían devorado nuestro cuerpo. Nos paramos.
Mi amiga y yo sólo nos cubrimos con las gabardinas. Nuestra ropa
estaba bastante maltrecha y rota. Ni caso tenía recogerla. Pasamos
a los baños a lavarnos la cara un poco.

Al terminar recibimos cada una un
sobre cerrado. Sin decir palabra salimos y el chofer tenía ya el
auto listo. Nos ayudó a subir. Y preguntó hacia dónde
nos dirigíamos. Yo le indiqué la dirección de una
calle que está cerca del fraccionamiento donde vivimos mi marido
y yo. De camino a casa pasamos por la zona donde había comenzado
nuestra aventura. Ahí estaba todavía la camioneta con nuestros
maridos. Ambos estaban bien dormidos. Ya no estaba ninguna de las chicas
que ahí trabajan. No nos detuvimos seguimos hasta el punto donde
había indicado al chofer. Al llegar ahí pedí se detuviera
y nos consiguiera un taxi. Él no preguntó nada sólo
consiguió el taxi y lo pagó indicándole que sin hacer
ninguna pregunta nos llevara a donde le indicáramos y esperara hasta
que entráramos. Él mostró al taxista una credencial
metálica. El chofer se quedó mudo y nos llevó hasta
mi casa sin decir nada. Tan pronto como nos vio entrar a casa se alejó
rápidamente. A ambas nos escurría por todos lados el semen
de nuestros amantes. Subimos a la habitación totalmente agotadas.
Entramos al baño y nos duchamos íntimamente para limpiar
el semen. Le presté un camisón a mi amiga y nos acostamos.
Abrimos los sobres. Lo que vimos nos dejó boquiabiertas. Habíamos
recibido cada una 20,000 pesos por cuatro horas de trabajo. La ganancia
había sido muy alta pero también el riesgo. Afortunadamente
no fuimos embarazadas ni fuimos contagiadas de ninguna enfermedad.

Con respecto a nuestros maridos,
estos llegaron a casa como a las 10 de la mañana y se quedaron dormidos
en la sala. Mi amiga y yo dormimos hasta cerca de las cuatro de la tarde.
Al bajar ellos ya estaban despiertos. Con una cara descompuesta por los
estragos de la borrachera nos preguntaron qué había pasado.
Nos dijeron que de momento ya no nos vieron, que dónde nos habíamos
metido. Nosotras no les dijimos la verdad. Les contamos que nos habían
ganado ellos. Que no nos habíamos atrevido a ser prostitutas. Que
simplemente nos adentramos en la zona y cuando volvimos estaban profundamente
dormidos lo que nos enojó muchísimo por el riesgo que estábamos
corriendo. Que habíamos tomado un taxi de regreso a casa y que nos
habíamos quedado dormidas esperándolos. Ellos se burlaron
de nosotras diciendo que ya sabían que éramos incapaces de
hacer algo así. Al parecer no se habían dado cuenta de nada.

Ahora ellos salen todos los jueves
por la noche y llegan hasta el amanecer oliendo a alcohol y perfume de
mujer barato. Nosotras aprovechamos también esa noche para divertirnos
y ganar un poco de dinero, sólo que ahora tomamos las precauciones
necesarias para no correr tanto riesgo finalmente tenemos derecho ya que
nosotras ganamos la apuesta.

 

Resumen del relato:
    Dos matrimonios vuelven de una fiesta. Por el camino se cruzan una fuerte apuesta: ¿serán ellas capaces de hacerse pasar por putas?.

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