Los bellos Pies de Mariana
Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am
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MARIANA Y UNA SIMPLE CASUALIDAD
Mi nombre es Fehr y hace no mucho tiempo me sucedió algo muy
curioso. En la empresa en donde trabajaba conocí a una chica de nombre Mariana,
ella tenia 26 años y laboraba como secretaria, era de estatura media, piel
blanca, cabello a medio largo y un cuerpo muy sensual.
En una ocasión un compañero la invitó a comer a lo cual
Mariana se negó rotundamente, de ahí partió la idea de mis compañeros, acerca de
que Mariana era muy tímida y un tanto payasa. A mí sinceramente se me hacia la
chica interesante, de hecho mi relación con ella era simplemente de conocidos de
trabajo, un hola y adiós por mucho.
Un día mi jefe nos mando llamar a Mariana y a mí, esto con la
finalidad de encomendarnos un trabajo acerca de la modificación de redes
informáticas de una de las empresas, la cual se encontraba al oriente de la
ciudad. Obviamente tuvimos que aceptar, al salir de la oficina algo llamo
fuertemente mi atención, note que Mariana caminaba un tanto extraño, recuerdo
que ese día ella llevaba un pantalón negro de vestir un tanto ajustado,
acompañado de unas botas negras de tacón uy alto y una blusa escotada en color
claro.
Yo siempre he sentido una gran atracción por los pies
femeninos, así que de inmediato pregunte que le había sucedido, que por qué
caminaba así. Ella me respondió que al bajar del microbús se había doblado el
pie y probablemente se había lastimado un poco el tobillo, de inmediato sentí
una gran excitación al escuchar ese argumento pues imaginaba que sería mi gran
oportunidad de poder admirar con detalle sus pies, ya que casi siempre utilizaba
zapato cerrado.
Para esto ya casi era la hora de la salida, así que le
propuse llevarla a una clínica de ortopedia para que revisaran su tobillo, ella
curiosamente acepto, diciéndome que sería lo más conveniente ya que tiempo atrás
ella había sufrido una fractura en el mismo tobillo, la cual le ocasiono usar
yeso durante casi tres meses. Conforme transcurría el tiempo notaba que Mariana
caminaba con mayor dificultad.
Por fin llego la hora de la salida, así que me dirigí a la
oficina en donde ella laboraba, al entrar ella estaba sentada sobre el
escritorio, con la pierna cruzada y acariciando levemente su pie, esto con la
bota puesta. Al mirarme me dijo que ya estaba lista. Nos dirigimos a mi auto, en
el transcurso de la oficina a la clínica de ortopedia, mi excitación aumentaba
al pensar que probablemente tendría en mis manos el pie de Mariana, el hecho de
pensarlo me volvía loco. Ella me comentaba acerca de su familia y de su trabajo,
cuando de pronto la interrumpí diciendo: Oye por que no te quitas la bota para
que descanse un poco tu pie, ella me miro y me dijo: No como crees, que pena,
imagínate quitarme la bota aquí en tu auto.
No te preocupes por nada, anda quítate esa bota, te sentirás
mejor. –respondí-.
Mariana accedió a quitarse la bota, obviamente yo estaba muy
atento a cada moviento que ella hacia, ah que hermoso pie se notaba debajo de
ese pequeño calcetín blanco, se notaban muy bien sus dedos, el contorno de su
pie era perfecto, su tobillo tan fino.
Al llegar a la clínica, nos recibió un doctor especialista en
lesiones deportivas, ya en su cubiculo dijo: Permítanme un segundo, mientras
señorita vaya desnudando su pie, el doctor se salió y de inmediato me ofrecí a
ser yo quien desnudara su pie, Mariana sin sospechar mi gran fetiche por los
pies femeninos, agradeció mi gesto, tome con suma delicadeza su pie y comencé a
bajar el cierre de la bota, la cual llegaba cerca de la rodilla, poco a poco
comencé a retirar la bota del pie de Mariana, el aroma que su pie despedía era
maravilloso, sumamente limpio y cálido, después proseguí a retirar ese pequeño
calcetín blanco, su pie era tan hermoso, tan terso, recuerdo que tenía pedicure
francés, las ganas de besar y lamer ese bello pie estaban a cien, pero
únicamente lo pude acariciar, tratando de que se impregnara en mis manos ese
delicioso olor del pie de Mariana, el doctor llego y comenzó a revisar el
tobillo de ella, después de examinarla le receto simplemente una pomada y
aplicación de compresas calientes en el tobillo, diciendo que no era nada grave,
simplemente una ligera torcedura.
Al llegar a su departamento, ella me propuso que me quedara a
cenar, como agradeciendo mis atenciones, era imposible negarse a la invitación
de tan bella mujer, preparó rápidamente la cena y comenzamos a entablar una
deliciosa conversación de mas de dos horas.
Al terminar nuestra agradable charla ofrecí darle un masaje
en su tobillo lastimado, a lo que ella respondió: Siempre eres así de amable, se
nota que eres muy caballero, sonrío y acaricio ligeramente mi mano, ella se
sentó en un sofá y cruzo la pierna, como esclavo ante el amo me arrodille frente
a ella y nuevamente comencé a desnudar ese hermoso pie, ella me miraba y sonreía
de manera muy tierna, me contemplaba con mucha dulzura, tome su otro pie y de
igual forma comencé a desnudarlo, al mismo tiempo le dije: Tienes unos pies muy
hermosos, se nota que eres muy vanidosa con ellos, ella me respondió: Pues si,
quizás es una de las partes de mi cuerpo que más cuido, para mí los pies
expresan mucho, en ellos puedes notar que tanto se cuida la persona.
Mientras tanto yo continuaba deleitándome con sus hermosos
pies, me di cuenta de que ella hacia gestos y murmullos de placer, no lo podía
creer a Mariana le excitaba mucho que le tocaran los pies, de inmediato y sin
pensarlo dos veces, acerque su pie a mi rostro, puse mi nariz debajo de sus
dedos y aspire y aspire, que olor tan excitante, después comencé a pasar mi
lengua a lo largo ancho de ese hermoso par de pies, ella gemía de placer, de
repente ella me dijo chúpame los dedos, yo casi explotaba de excitación.
Jalándome de la corbata me llevo hasta su cuarto, hizo que me arrodillara frente
a ella y comenzó a bajar su pantalón, quito su blusa y se sentó en la orilla de
su cama, ella me ofrecía sus pies para que los besara y lamiera, terminamos
haciendo el amor por largo rato. Desde ese día somos pareja y disfrutamos mucho
la excitación que a ambos nos producen los pies.


