Amándose

Amándose (2)

Eran las 5 de la madrugada, acababa de llegar de fiesta, su
cuerpo iba de un lado de las escaleras hacía el otro, se le hicieron eternas,
pero al final llego a su puerta, la abrió como pudo, la maldita cerradura
parecía no parar de moverse de sitio.

Por fin en casa, se descalzó y tiro las botas por el salón,
mientras que intentaba quitarse aquel horrible top que le aprisionaba los
pechos, olía a humo, bueno, toda ella era una mezcla de olores, sudor, alcohol,
tabaco, perfume…necesitaba una ducha rápida, de camino al lavabo, se desabrocho
los botones del jean, estiro de ellos hacía abajo, los tenía apegados a la piel
por causa de la sudor, pero al final pudo quitárselos y dejarlos en medio del
pasillo hechos un rebujillo.

Entro en el baño, dios mío, estaba para hacerle una foto y
enviarla por e-mail a mastercard, aquella imagen no tenía precio. Su larga
melena de color castaño oscuro, estaba enredada, sus ojos verdosos, se
encontraban en medio de un maquillaje desdibujado, sus carnosos labios, ahora
mismo resecos. Las únicas cosas que seguían en su sitio sin degradarse, eran sus
pechos de un tamaño normal, firmes y duros, con aquellos pezones de color
canela, que descarados se erguían hacía el techo, su vientre plano por el
deporte, sus piernas largas, duras, bien formadas y el vello de su sexo, bien
cuidado, en forma de triángulo.

Extendió una mano hacía la manecilla del agua caliente y dejó
caer el chorro de agua, hasta que realmente saliera caliente, paso sus dedos
entre el chorro, jugando con está, para notar su temperatura, y poco a poco se
fue introduciendo debajo del agua, sintió como resbalaba por su cuerpo,
acariciando cada centímetro de esté, sin dejar ninguna zona sin humedecer, cerro
los ojos y empezó a enjabonarse lentamente la cabeza. La espuma se deslizaba por
su piel, devolviéndole su suavidad y olor.

Bajo sus manos cubiertas de jabón hacía su pecho, lo acaricio
en forma de círculos, enjabonándolo, con una dulzura extrema, de tal forma que
sus pezones no tardaron en reaccionar, mostrándose duros, excitados, bajo sus
manos por su vientre, el cual acaricio tiernamente hasta llegar a su sexo, el
cual también enjabono delicadamente, con suavidad, sintiendo su forma, sus
pliegues, jugueteando con sus vellos, recreándose en él un tiempo, para
continuar bajando hasta acariciar sus muslos, sus nalgas, sus rodillas, sus
pantorrillas y finalmente sus pies.

Una vez acabo de enjabonarse, volvió debajo del chorro para
aclarase, para desprenderse de la espuma que vestía su cuerpo, salió de la ducha
en busca de una toalla. El vaho inundaba el cuarto de baño, las gotas de agua
resbalaban por su cuerpo, marcando un recorrido, hasta llegar al piso, con una
mano intento desempañar el espejo, pero tras unos segundos volvió a empañarse,
descalza con una toalla alrededor de su cuerpo y otra en su cabello, se dirigió
a su habitación, se desmaquillo, se desenredo la melena, y volvió a mirarse en
el espejo, mmmmm, ahora sí, estaba como nueva, el mareo se le había pasado, ya
se encontraba mejor.

Mirándose al espejo se quito la toalla que envolvía su
cuerpo, se observo detenidamente, se sentía excitada, tenía ganas de seguir con
las caricias que había empezado en la ducha y sin demorarse más, sus manos
acariciaron sus pechos, en busca de sus pezones, para entrelazarlos con sus
dedos y pellizcarlos con suavidad, recreándose en cada caricia, para poder
sentir en la yema de sus dedos la dureza de sus pezones, duros, firmes,
descarados, cerro los ojos, y un suspiro entreabrió sus los labios, los cuales
acabo por morder.

Acerco uno de sus dedos a sus labios y mirándose fijamente al
espejo, con una mirada lasciva, lo paso entre estos, humedeciéndolos con la
punta de su lengua, para después bajarlos hasta la aureola de su pezón y
acariciarla en forma de círculos, mientras que su otra mano había bajado por el
canalillo en dirección a su sexo.

Paso la palma de su mano por encima de esté y sintió la
textura de sus vellos, enredándolos en sus dedos fue bajando poco a poco hasta
notar la humedad de su vagina e impulsivamente paso dos de sus dedos por está,
estaba totalmente húmeda, aquello la excito más y volvió a pasar sus dedos por
su sexo, a la vez que separo sus piernas, y como un flash recordó la promesa que
le hizo a Pedro.

Pedro le había enviado un cassette donde se había grabado, su
cálida voz, tan sensual, tan varonil, llenaba el silencio de su habitación,
hacía 6 meses que se había ido a trabajar al extranjero, y después de varias
sesiones de cibersexo, se les ocurrió la idea de grabarse en cinta mientras se
masturbaran. Pedro ya lo había hecho, ahora le tocaba a ella, mientras oía su
voz que la excitaba sobre manera, y más todavía si esta era entrecortada e
incluía gemidos. Pulso el botón de grabar, mientras se sentaba en el borde de la
cama e iba relatándole a él, que hacía en cada momento.

Estoy completamente desnuda ante el espejo, son casi las seis
de la mañana y estoy muy cachonda, me siento en el borde de la cama, con las
piernas bien abiertas, para que puedas ver lo mojada que estoy, una de mis manos
esta acariciando mis pezones, si cielo, esos que tan malo te ponen, imagino que
me lo succionas con tus labios, que ahora mismo son las yemas de mis dedos
estirando de ellos, los tengo super duros. Mi otra mano esta en mi sexo, paso
dos de mis dedos separando mis pliegues y sintiendo el calor que desprende,
mmmmm, introduzco uno de mis dedos, pero lo vuelvo a sacar, mientras me muerdo
los labios, ojalá estuvieras aquí, estoy muy caliente, mmmmmm, meto dos de mis
dedos en mi coño, estoy mojadísima, los saco y los vuelvo a meter, ahhhmm,
empiezo un lento mete saca, imaginándome que es tu polla, mientras que con la
otra mano masajeo mis tetas…

Su excitación era tanta que dejo de hablar, para poder gemir
de placer, y estirarse en la cama, mientras su respiración se entrecortaba y su
pecho subía y baja a un ritmo acelerado, sus movimientos se hicieron cada vez
más rápidos en busca de un orgasmo, los dos dedos que entraban y salían fueron
sustituidos por tres, arqueo su cuerpo en busca de más placer, pero hasta
después de una serie de caricias en su clítoris, no sintió aquella serie de
pequeñas contracciones que iban en aumento, y que le advertían de su orgasmo
tras un largo gemido, quedándose dormida en el más placido y profundo de los
sueños.

 

Resumen del relato:
    Para que quedarte con las ganas de algo, si tu misma también lo puedes hacer.

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