2012 enero | Tus Relatos Calientes
Posts RSS Comments RSS 4,516 Entradas and 0 Comentarios till now

Archive for enero, 2012

Joed. tor día mas de dominación

Joed. tor día mas de dominación (6)

Antes que nada una disculpa a quienes trataron de escribirme
pues hubo un error en mi dirección de mail, la dirección es
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO y pueden hacerme
llegar dudas, sugerencias órdenes para realizar e incluso si quieres dominarme
con mucho gusto nos pondremos de acuerdo.

Además de la corrección del correo, también incluyo otro día
mas de cuando fui dominado por mi amo, como anteriormente les dije, o conocí en
un chat antes de vernos en vivo, y degustaba compartirme como era su derecho,
con sus amigos.

Sin embargo aunque yo disfrutaba el ser un artículo para que
los invitados d emi amo se divirtieran, también cuando estabamos solos era algo
especial.

Ese día llegué a su casa, tal cual como me lo ordenaba tocaba
eltimbre, y para tener acceso a su departamento debía desvestirme en el pasillo,
así que si algún vecino tenía la idea de salir o ir llegando podría verme pues
estaba totalmente expuesto.

Al abrirme la puerta inmediatamente me puse en cuatro y le
besé los pies, a lo que me ordenó entrar. Como ya les había comentado soy
semivelludo, esto parecía ser algo que mi amo no disfrutaba, al entrar me llevó
hacia su baño, donde llenó la tina con agua fría, y me ordenó meterme,,, me
comenzó a lavar. El sentir sus manos tocando todo mi cuerpo fue algo raro, pero
a lo que me acostumbraría pues las amigas y amigos d emi amo gozaban de hacerlo.

Después de eso, notó mi temblor por el agua, "quieres que te
la caliente un poco?" yo asentí, mi amo entonces se sacó su pene y comenzó a
orinarme encima, al sentir el calor no pude hacer mas que agradecerle.

Me ordenó ponerme de pie y comenzó a afeitarme los huevos y
el ano. Sentía una sensación muy rara, y pese al frío que acababa de tener, mi
pene reaccionó a los estímulos de mi dueño. Mi amo al darse cuenta me dio una
manotada en la verga, me doble un poco, peor aguanté alguna exclamación. Mi amo
siguió con su tarea.

Cuando hubo terminado yo me sentía mas desnudo que nunca,
todavía mi amo se dio el lujo de ponerme alcohol en donde me acaba de afeitar.
Pero no era nda como lo que vendría a continuación.

Me ordenó sentarme en una silla que tenía un dildo, así, sin
lubricante ni nada, una vez que lo hice tras mucho dolor y tiempo, me ató las
manos por atrás del respaldo y los pies a cada una de las patas de la silla.
Entonces me comenzó a chupar y masturbar.

Siempre que él sentía que yo me iba a venir se detenía, de
hecho varias veces eyaculé, pero sin sentir el orgasmo, lo que comenzó a
provocar mucho dolor en mis huevos. Así me tuvo por lo ménos durante una hora,
hasta que me desató y me ordenó estar de pie con las piernas juntas pero con los
huevos y la verga bien hacia delante.

Comenzó entonces a envolverme con papel plástico
transparente, de ese que usan para envolver la comida, primero atrapó mis
brazos, luego mi abdomen, después mi ingle y finalmente las piernas hasta los
tobillos, entonces me empujó y caí de espaldas, el calor y la incapacidad para
moverme era desesperante,y mas aún la sensación de mis genitales con el material
plástico. Mi amo entonces me amordazó, rompió el plástico en donde se encontraba
mi verga y huevos saliendo estos a relucir sobre todo mi cuerpo.

Cuando creí que eso sería todo me sorprendió, no sé que cara
habré puesto que él rió, yo simplemente comencé a mover la cabeza para que no lo
hiciera. Llevaba una vela prendida y la dirigía hacia mi.

Primero dejó caer gotas de cera sobre los empeines de mis
pies, la sensación de quemazón y comezón que duraba un segundo era insoportable,
pero no tanto como fue cuando dejó caer gotas primero sobre mis desnudos
testículos y posteriormente sobre mi glande.

Así estuvo mi amo hasta que mis huevos no eran mas que una
esfera de cera, entonces se acercó a mi cara, quitó la mordaza, se puso en
cuclillas y me ordenó limpiarle el ano. Así lo hice. Después se puso sobre mi y
comenzó a cogerme por la boca, a veces sentía que me ahogaba, pero no le importó
el ritmo era brutal, hastaque se vino en mi garganta.

Después me soltó y me ordenó no masturbarme hasta la
siguiente vez que nos vieramos él decidiría que hacer conmigo ya que pensaba
tener una reunión con sus amistades.

Eso fue todo aquel día. Cualquier cosa no duden en escribirme
a POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO.

 

Resumen del relato:
    Tras una semana del primer encuentro, mi amo se dispone a enseñarme nuevas cosas que jamás imaginé.

Karina

Karina (25)

Los secretos de Karina

El despertar sexual de Karina fue bastante temprano. Todavía
era una chiquilla impuber y la chiquilla ya había descubierto, con asombro y
cierta excitación, lo que hacían las personas adultas y que a veces llamaban
hacer el amor, coger, fornicar o parchar, como decían los chiquillos pelados de
la calle. A la chamaca le inquietaba y le causaba celos ver que su hermana mayor
ya tuviera novio, sobre todo cuando el chico iba a visitar a su hermana en casa
y era enviada inmediatamente a su cuarto a dormir. Karina obedecía maldiciendo
entre dientes y azotando la puerta de su recámara se resignaba a no poder ver
como terminaba su programa favorito en la tele.

–"¿Por qué se comportaba así su hermana Luz?, ¿qué hacían
ellos a solas en la sala de la casa?, ¿por qué no podía estar ella presente
mientras la pareja platicaba?, bueno… si sólo platicaban", pensaba Karina y
buscando respuestas a sus interrogantes desobedeció por primera vez la orden de
no salir de su cuarto. En silencio, sigilosa llegó hasta las cortinas que
separaban la sala del comedor, entonces escuchó algunas voces apagadas, más bien
gemidos, era su hermana, parecía quejarse.

Oir aquello la sobresaltó y temblando de emoción se asomó
entre las cortinas y lo que descubrió la dejó de una pieza, su hermana y su
novio estaban parcialmente desnudos, ambos acostados sobre el sofá, el chico
sobre su hermana acostado entre las piernas abiertas de la chica. Pero algo
hacían, los dos se movían con furia y sus vientres chocaban acompasadamente, los
quejidos de Luz parecían intensificarse, su novio algo le metía entre las
piernas, ahí donde sólo se veía una abundante mata de pelos ensortijados.

Con aliento contenido la chiquilla siguió cada una de las
arremetidas y sus dudas sobre qué era aquello quedaron despejadas cuando el
novio se levantó un poco más de la cuenta y algo largo y grueso salió de la
pepita de su hermana y volvió a sepultarse en seguida, la pareja siguió con
aquellos extraños ejercicios hasta que de pronto ambos se quedaron quietos,
todavía íntimamente unidos, las piernas de Luz entrelazando la cintura desnuda
de su novio. Y cuando se separaron y aquel palo salió del sexo de Luz algo le
escurría y la entrepierna de su hermana estaba muy abierta, tremendamente
abierta, mojada, escurriendo algo blanquecino. Tuvo que retirarse de inmediato,
pues su hermana se había levantado del sillón y se dirigía al baño.

Ya en su cuarto Karina recuperó la respiración y el temblor
que invadía su cuerpo fue desapareciendo. Pero ¿qué había sido aquello?, ¿qué
estaban haciendo aquellos?, ¿por qué su hermana se quejaba si su rostro
reflejaba dicha y felicidad?, ¿por dónde le había metido el hombre aquel su
largo y grueso palote?, ¿por qué su hermana tenía su pepa tan llena de pelos y
por qué estaba así, tan grande y abierta?, se preguntaba una y otra vez la
chiquilla, ella no tenía pelos y su rajita estaba tan chiquita, apenas era una
pequeñita pepita por donde se hacía pis, pero ahora sabía que no sólo servía
para eso, sino que también las mujeres grandes la utilizaban para otras cosas,
además las pepitas crecían, se hacían grandes y se llenaban de vellos.

II

Aquella noche Karina sufrió para conciliar el sueño, las
escenas de su hermana cogiendo con su novio volvían una y otra vez a su mente. A
la mañana siguiente al bañarse trató de averiguar si ella también tendría algún
agujerito similar al de su hermana, por donde el chico le había metido su
pajarote. Puso un pie sobre la bañera y abrió las piernas, con sus manos jaló
los labiecitos de su rajita, lo que vio la defraudó, no miró por donde podría
entrar el pájaro.

Entonces utilizó un espejo. Sentada en la taza de baño se
abrió de piernas y sosteniendo con una mano el espejo con la otra se abrió la
pepa, miró aquella carne sonrosada y dos diminutos pedazos de carnita, más
pequeños, como otros labios extras que se unían ahí donde nacía la rajadita. Más
abajo la carne parecía unirse y formar algo así como la entrada de un canalito.

Ese descubrimiento llenó de emoción a la niña, no se atrevía
a poner el dedo ahí, sintió remordimientos, pero también se sentía emocionada.
Apenas puso la punta del dedo medio en la entrada y sintió dolor, una dolorosa
punzada le llegó de repente, pero también sintió otras cosas, como cosquillas.
También sintió rico, más cuando el dedito recorrió su rajita y tocó algo que
estaba escondido bajo esos pequeños labiecitos. Era un botoncito, algo durito
que al tocarlo le producía ricas sensaciones. Así descubrió Karina los placeres
que escondía su pepita. A partir de entonces la chiquilla se tocaba la
panochita, por las noches o a la hora del baño. Más cuando el novio de Luz iba a
visitarla y ella con aliento contenido miraba como la pareja repetía una y otra
vez sus amorosos ejercicios.

Así descubrió Karina que hacer el amor implicaba numerosas
posiciones, caricias y acciones. A veces Luz se ponía de espaldas a su novio y
él le sepultaba el garrote por atrás, entre las nalgas, otras el apasionado
muchacho le besaba por largo rato la pucha peluda a la muchacha, otras era ella
quien se metía en la boca todo ese largo garrote hasta hacerlo escupir esa cosa
blanca y viscosa. Todas esas visiones provocaban una furiosa excitación que
Karina trataba de apagar bajo las sábanas.

III

Karina siguió con sus exploraciones en el baño. Ahora ya
podía introducir medio dedo en su cuevita sin sentir dolor y meter y sacar el
dedito la llenaba de sabrosas sensaciones. Pero había más cambios, aquella
carnita que parecía sobrarle a su rajita se estaba haciendo más grande y sobre
todo más carnosa, los labios menores le estaban creciendo, algo le estaba
ocurriendo a su cuerpo, además su conejito se estaba haciendo más gordito, como
un curioso montecito de carne, curvado. Semanas después su puchita se empezó a
llenar de pelucita, una delicada e incipiente mata de delgados vellitos empezó a
cubrir su gatita, además sus tetitas empezaron a alzar su vuelo, ya no tenía el
pecho plano como un muchacho, no, ahora las chichitas pequeñas como dos
limoncitos estaban creciendo y llenándose de carne y cuando tuvo por fin su
primera regla Karina confirmó que se estaba convirtiendo en mujer.

Gracias a la escuela Karina tuvo una mejor idea de lo que le
estaba ocurriendo y también supo de los riesgos que tenía hacer aquello que
hacía su hermana con su novio. Luz quedó embarazada, el escándalo familiar y el
tremendo conflicto generado la llenaron de temores, que aumentaron cuando supo
que su hermanita había sido obligada a abortar, pues el novio no había aceptado
casarse con ella.

Sin embargo Karina se sentía feliz al comprobar que cualquier
mujer por si sola tenía en sus manos fuentes inagotables de placer. Sus
ejercicios masturbatorios se hicieron refinados, su cuerpo estaba madurando, y
su sexo también, ahora ya podía introducirse fácilmente todo un dedo y al
moverlo dentro de vagina le llegaban indescriptibles sensaciones que luego supo
se llamaban orgasmos. Sobre todo si a la vez de mover el dedo dentro de su
apretado canalito, frotaba con otro dedo su botoncito del amor, entonces el
placer era indescriptible, así podía venirse dos, tres o más veces.

Al cumplir los 17 Karina comprobó que de su pepita sólo
quedaba el nombre, al revisarse con un espejo descubrió cuanto había cambiado su
gatita, ahora los labios menores sobresalían de su raja. Los mayores eran
gruesos, muy carnosos y los otros labios de tanto frotarselos, pensaba ella,
ahora eran dos grandes extensiones de pellejos, que al jalarlos a los lados de
su panocha formaban algo así como las alas de una mariposa, y sobre todo cuando
se venía a veces expulsaba un líquido sumamente oloroso y blanquecino.

Cuando por fin se atrevió a tener novio, comprobó que las
caricias masculinas intensificaban el placer que a solas ella se procuraba. Supo
lo que significaba fajar o echar caldo, como decían sus amigas de la escuela.
Cuando su noviecito la besaba hasta casi quitarle el aliento y era abrazada con
fuerza por aquel muchacho sintió en su entrepierna como algo duro y grande se
escondía bajo el pantalón y al refregarse contra eso, su pepita palpitaba y toda
ella se sentía arder por dentro, pero el recuerdo de lo ocurrido con su hermana
la llenaba de temores, por eso los fajes con su novio nunca pasaron de agarradas
de tetas, besos interminables de lengua y apretarse contra aquel palote duro que
nunca se atrevió a tocar, a pesar de que su pareja muchas veces se lo pidió.

IV

Ya casi cumplía los 19, cuando Karina sintió que ya era hora
de probar, de sentir dentro de ella el delicioso trajinar de la verga erecta de
un hombre. Si, masturbarse era riquísimo, pero luego de casi matarse a puro
dedo, siempre sentía que le faltaba algo más, suponía que hacer el amor
plenamente, entregarse a un hombre era mucho más gratificante que meterse los
dedos hasta acabar agotaba de tantos orgasmos.

Pero su carácter retraído y los falsos temores al embarazo,
que ella misma había generado en su mente, la bloqueaban tanto que cuando algún
chico se le declaraba, al poco tiempo lo terminaba por miedo a que los escarceos
amorosos terminaran en la cama, como suponía terminaban todas las parejas que se
desean. Claro que ella no era fea, los piropos atrevidos de algunos chicos de la
calle la hacían sonrojar, entonces algo empezó a molestarle. Escuchar a su paso
el clásico "adiós mamacita" era diferente a "ay chiquita te lo mamo como lo
traigas". Aquello la ofendía.

Particularmente el viejo aquel, que atendía una verdulería
donde a veces tenía que comprar frutas y legumbres. La molestaba que le dijera
cosas como "hola Karina, estás como para metertela toda la noche", "mamacita que
ricas nalgas tienes, ¿cómo quisiera meterte la verga por el chiquito", "humm,
chiquita tienes unas tetas tan ricas!, que te las mamaría durante horas", "tu
boca es tan sabrosa que me sobran ganas para meterte la pinga hasta que me
sacaras todos los mocos". Siempre era lo mismo, por ello terminó por no volver a
comprar en esa tienda, pero como esa verdulería le quedaba de paso al mercado
siempre estaba aquel hombre, como esperandola para decirle esas vulgares
palabras.

Sin embargo, cada que aquel hombre le decía todo eso Karina
primero sentía coraje y vergí¼enza, pero después ya bajo las sábanas acordarse de
aquellos vulgares piropos le calentaban tanto la pucha que mientras metía y
sacaba sus dedos de la vagina, casi podía escuchar aquellos "quiero meterte toda
mi verga", "te mamaría la puchita hasta que gritaras de placer". ¿Sería posible
que las palabrotas de ese viejo la calentarán?, pero ¿cómo?, si aquel hombre de
más de 50 años podría ser su padre, no, definitivamente eso debe terminar, se
dijo una noche Karina.

Decidida enfrentó al día siguiente al impertinente hombre:
"mire don Carlos, yo no le he dado motivo para que me diga de groserías, le voy
a pedir que deje de hacerlo, de lo contrario lo voy a denunciar a la policía".

El hombre sorprendido por la reacción de la hermosa joven,
apenas se repuso le contestó: "tienes razón Karina, disculpame, no volveré a
decirte cosas, perdoname, pero quiero que seamos amigos, no te molestaré si te
niegas, pero al menos dejame borrar esa mala imagen que tienes de mi".

A partir de entonces las cosas cambiaron, el tal Don Carlos
se convirtió en una dulzura de hombre, siempre atento, respetuoso, pero Karina
sabía que la mirada de don Carlos la recorría al menor descuido de ella, sobre
todo cuando se volteaba, casi podía sentir sobre sus redondas nalgas la miraba
lasciva del sujeto. Empero aquello le gustaba, la excitaba sentirse deseada por
ese vejete, se decía. Por ello cuando iba de compras a ese lugar prefería llevar
la más pequeña de sus minifaldas y lucirse ante él. Detenerse por largo tiempo
escogiendo agachada la mejor de las lechugas y sentir que el hombre se recreaba
mirándole las piernas y casi las nalgas, hacía que su gatita empezara a mojarse
y cuando salía del negocio contoneando las caderas percibía su entrepierna
chorreando y ardiendo.

Aquellos juegos duraron varias semanas, hasta que el pobre
hombre protestó: "mira Karina, he tratado de portarme bien contigo, ya nunca te
he dicho cosas, pero esa forma en que te vistes cuando vienes a comprar aquí me
hace sufrir, perdoname, pero o dejas de usar esos vestiditos o mejor vete a
comprar a otro lado, ya no quiero que me hagas eso, me dejas como no sabes. De
lo contrario voy a pedirte que me dejes hacerte el amor".

Tratándose de recuperar de aquella inusual declaración la
chiquilla se encaminó a la salida del negocio, pero cuando ya se disponía a irse
para su casa, casi se sorprendió cuando regresando sobre sus pasos le dijo al
hombre: "oiga Don Carlos ¿a qué horas cierra?".

–"A las seis de la tarde, ya sabes Karina chula". "Bueno",
fue lo único que dijo ella.

V

Cuando Karina llegó a su casa estaba decidida, le daría las
nalgas a Don Carlos. De solo pensarlo la pucha le escurría. Cerca de las seis de
la tarde fue a su recámara y se quitó los calzones, se perfumó un poco y pasó
sobre su cabellera el cepillo, ¡ah!, sacó del buró unos condones, regalo de su
hermana y se dirigió a la verdulería.

Don Carlos se sorprendió al verla entrar, ella lo encontró
barriendo el negocio antes de cerrar, como si nada Karina le soltó: "bueno
Carlos he venido a comprobar si eres capaz de hacerme todo eso que me dices,
anda cierra la cortina".

El hombre tardó varios segundos en reaccionar, pero cuando
pudo corriendo fue hacia la cortina metálica y de un solo jalón la cerró. Cuando
volteó a mirar a Karina la encontró semi acostada de bruces sobre los costales
de papas.

Por fin Karina hizo realidad sus fantasías, sintió cuando el
hombre aquel se arrodilló detrás de ella, como si lo hiciera ante el altar de un
santo, sintió como con delicadeza le alzó la falda y su sorpresa al comprobar
que ella no traía pantaletas.

Como en sueños la mujer sintió en las nalgas la gruesa
textura de esas manos de hombre, rudas –llenas de callos por el arduo trabajo–
acariciando los mofletes carnosos con tal ternura que parecía más un acto
religioso que pura calentura sexual. Aquellas manos abrieron los cachetes de las
nalgas y se sintió expuesta, ahora toda su intimidad estaba ante él. Los labios
carnosos de Carlos se prendieron de sus nalgas en caricias delicadas, en besos
succionantes, y cuando la lengua aquella la recorrió entera, por el íntimo
valle, desde la pucha hasta el fin de las nalgas casi gritó de placer.

Carlos la mantenía abierta al máximo, amasando sus nalgas con
fuerza, pero a la vez con ternura, mientras que sus labios y lengua le hacían
estragos en su pucha, se sintió escurrir, su panocha creció y se distendió,
hasta podía sentir dentro de su vagina la ágil lengua del hombre, llevándola al
clímax. En ese momento ya no pudo más, lo pidió, suplicó: "ya…, ya…, por
favor méteme la verga, la quiero, dame tu palo".

Al momento siguiente Karina sintió en la entrada de su vagina
la gruesa protuberancia del erecto miembro y un instante después su pucha se
llenó de carne ajena. Algo largo, duro y grueso la penetró de tal forma que
gimió de dolor, pero al mismo tiempo de placer. Y cuando Carlos aferrado con sus
manos a las nalgas de Karina empezó a meter y sacar con furia loca el largo
miembro, ella sintió venir sobre de si el más increíble y maravilloso orgasmo de
toda su vida. Se vino y se siguió viniendo mientras el hombre continuaba
taladrándola con furia y pasión incontrolable.

De lo que siguió Karina conserva pedazos de recuerdos.
Comprobó después que nunca utilizó con Carlos los condones que había llevado
como protección. Como en trozos de película Karina rememoró haberle mamado la
verga a ese hombre hasta que éste escupió sobre su rostro su semen. Semen que
ella, lujuriosa, recogió ansiosamente con sus labios y lengua del goteante
miembro.

Recordó Karina haberse puesto sobre la tarima que servía para
atender a los clientes, con las piernas muy abiertas, mientras que su amante no
se cansaba de mamarle la distendida pucha, así se vino no supo cuantas veces,
sólo recordaba haber gritado, fuerte, con ganas, pidiendo más "papito chulo,
así, papaíto querido, chupame toda, tu lengua, la quiero toda…".

Y cuando, horas después, ya en su cama trataba de recuperarse
de tan intensa cogida, su adolorido ano le recordó cómo ella solita se abrió las
nalgas para suplicar que el hombre la penetrara por el culo, para luego de
intensas y furiosas embestidas del miembro sentir en su intestino el espasmódico
palpitar de la verga inyectandole de mocos el cuerpo, en tanto que su pucha
transmitía olas de interminable placer a todo su cuerpo.

VI

A la mañana siguiente la fatiga y la culpa hicieron que
Karina no se levantara de la cama. Le dolía todo el cuerpo, las tetas doloridas,
las piernas también y sobre todo la vagina y el ano. Pero a medio día la
providencial llegada de la regla la tranquilizó, al menos no estaba embarazada
del viejo ese. Fue ese el pretexto para que su madre la dejara en paz.

Pero la vergí¼enza era otra cosa, durante días no fue a
comprar a la tienda de don Carlos. Fue él quien la buscó. Por teléfono le
preguntó cómo estaba, quería volver a verla, ella se negó, pero a la semana
siguiente ahí estaba de nuevo suplicándole "anda papito méteme la verga".

Eso duró seis meses, durante los cuales los rumores llegaron
a la madre de Karina: "la chiquilla a veces se mete a la verdulería de don
Carlos y ya sale bastante tarde, ¿quién sabe qué harán?". Su madre le reclamó,
Karina no supo que decir, sólo lloró.

Apuradamente lo que quedaba de la familia de Karina buscó una
salida decente: mandar a la chiquilla a estudiar fuera del país, aprovechando
que unos familiares lejanos ya estaban establecidos en EU. Karina se resignó a
perder la fuente de todas sus fantasías sexuales.

Un año después Karina regresó a México sólo para casarse.
Había enganchado a un gringo para que se casaran. Y cuando antes de su noche de
bodas Karina abría los regalos, descubrió que Carlos le había mandado algo
especial: un completo ajuar de noche de bodas: bata, medias, tanga y brasier de
color negro, todo de lo más excitante.

Pensando en su amado Carlos se puso aquella ropa para su
primer encuentro amoroso con su esposo y cuando el gringo la penetraba
ansiosamente tratando de llegar torpemente a su propio orgasmo, Karina estaba
entre nubes recordando las intensas cogidas de su maduro amante mexicano.

 

Resumen del relato:
    Historia del despertar sexual de una jovencita y su desenfreno al conocer a un maduro amante mucho mayor que ella.

Un día de suerte (I)

Un día de suerte (I) (25)

Tengo una vecinita de escasos 18 años, es morena de 1.50 de
estatura y unos pechitos que empiezan a desarrollarse, un trasero levantadito.
Todo en ella inspira cierto deseo prohibido. Desde que la conozco siempre me
sonríe. Ambos vivimos en un conjunto habitacional que durante la semana está
prácticamente solo, pues la mayoría salimos a trabajar y regresamos por las
noches. Así que los fines de semana tengo la fortuna de verla.

Cierto día martes, la encontré sentada en la escalera para
acceder al edificio donde vivimos, era una mañana soleada, y la mayoría de los
vecinos no estaban. Por casualidad no fui a trabajar y la encontré aburrida.

-Hola ¿qué no fuiste a la escuela?, le pregunte mientras la
miraba con su uniforme de colegiala, una falda a cuadros y su sweater rojo.

-No, y salí al patio para quitarme lo aburrida que estoy, me
contesto con su sonrisa de adolescente.

-¿Por qué no entras a mi casa, y te presto la PC?, le dije
con un tono natural.

Ella acepta inmediatamente y entramos a la casa, la conecté
al Internet y me senté junta a ella para navegar por algunas páginas.

Después de 20 minutos de estar en la PC, me aproximé a ella
para mirar más de cerca su carita, ella volteó a verme y me dijo: -Sabe, mis
amigas a veces se conectan a páginas pornográficas yo siempre he querido
hacerlo, pero en casa mis papas siempre me vigilan.

-No te preocupes te voy a poner una página, y accedí a una
página de relatos eróticos, leímos un par de historias y notaba como se empezaba
a excitar. Especialmente cuando leímos una historia de un hombre que desfloraba
a una joven, y lo grandioso que resulto para ella.

-Te está gustando lo que estamos leyendo o quieres ver fotos?

-Me da pena, nunca he visto un hombre desnudo, bueno sólo en
los libros pero no es igual-

Entonces me atrevía a decirle si conocía los penes y ella me
dijo sólo el de su primo que tiene 15 años.

-No has visto el de un hombre? Ese no es problema- y antes de
continuar me interrumpió diciendo:-Me enseñas el tuyo?

Sonreí y le dije puede que te asustes, a esas alturas mi
“amigo” estaba súper excitado, ella lo noto por que dijo -Se ve que es algo
grande-. Me acerque aún más y tome su mano y la puse sobre mi cierre del
pantalón.

Ella tímidamente acarició mi bulto y dijo -Se siente bonito
parece como si temblara-.

Le di un beso en su mejilla cerca de la boca, -No te molesta
que te bese?, le dije nervioso. Ella me miró y cerró sus ojos ofreciéndome su
labios.

La acerque más y nos dimos un beso con los labios apretados,
lentamente saque mi lengua y la pase por su boca, ella entendió lo que quería
pues despegó sus labios y permitió que metiera mi lengua, la empezó a chupar
como caramelo.

La pasión me tomó y empecé a tocarle sus pechos, ella me dijo
-Nos vamos a tu cuarto?. La tomé de la mano y entremos a mi habitación.
Lentamente la empecé a besar y acariciar ella se estremecía cada que pasaba mis
manos por su cuerpo.

Sentía como temblaba su cuerpo y notaba como se ponía lo más
cerca de mí para notar mi erección, mientras tanto mis manos no se podían
apartar de sus senos, parecían dos medias naranjas, pequeños, pero firmes y a
través del sweater, sobresalían sus pequeños pezones.

Poco a poco, la fui desabotonado el sweater y la blusa que
tenía para notar un corpiño de algodón, el cual le cubría sólo la mitad del
dorso, dejando ver su estomago. Nos separamos lo necesario para quitar su
uniforme y dejarla solo con la falda y el corpiño, sus pezones parecían dos
volcanes en erupción.

La recosté en la cama y metí mi mano por debajo de su
corpiño, ella sólo alcanzó a decir: -Es delicioso-. Con sus manos empezó a
levantarme la playera para sentir nuestros cuerpos. Le ayude y quedé con el
tórax desnudo. Al ver mis vellos del pecho enredó sus dedos y acercó su boca
dándome unos leves besos.

Le quité el corpiño y empecé también a besarle sus senos, los
fui poco a poco saboreando con mi lengua y chupando sus pezones, que por la
excitación tenían una turgencia. Ella se acomodó mejor permitiendo que mis manos
recorrieran sus piernas. Sus muslos temblaban cada que pasaba mi mano, la cual
poco a poco fue ascendiendo hasta alcanzar sus calzones, por instinto abrió un
poco más las piernas para que le tocara su pubis.

Su calzón estaba húmedo mis dedos recorrían su entrepierna,
ella sólo gemía, metí mi mano por sus pantaleta y acaricié su monte de venus, el
cual estaba cubierto por una fina capa de vellos como terciopelo. Le retiré toda
la ropa dejándola desnuda. No podía creer lo que veía su cuerpo era esbelto, sus
senos estaban apenas crecidos coronados por unos pezones de color café oscuro,
su pubis tenía unos vellitos que apenas cubrían sus labios mayores y salía unas
gotas de líquido. Parecía flor con rocío.

Acerque mi boca a su sexo y fui lamiéndolo absorbiendo el
liquido que tenía, sabía a miel. Con cuidado abrí sus labios mayores y sus
labios menores tenían un color coralino, su clítoris estaba cubierto por un
capuchón el cual al sentir mi lengua se hinchaba aún más.

-Desnúdate también- me susurró. Como pude me desprendí de mi
ropa y al verme sin ella, la pequeña niña clavó sus ojos a mi pene, el cual
tenía una erección tremenda, está por de más decir que 18 CMS. eran pocos. En el
glande salía liquido, ella acercó sus manos y lo tocó y sin mediar palabra
alguna empezó a besarlo y a chuparlo.

Después lo introdujo a su boca y lo absorbía como si tratara
de succionarlo hasta su garganta. Me recosté en la cama boca arriba y la puse a
ella sobre mí. Intente hacer un 69 pero la diferencia de estaturas lo impedía,
tome unas almohadas y las coloque sobre mi cabeza. Así logramos dar esa caricia
tan anhelada por todos los buenos amantes.

Cuando note que estaba a punto de eyacular la recosté en una
esquina de la cama con las piernas abiertas, puse mi pene entre sus labios
mayores y recorría toda su rajita, nuestros líquidos se mezclaban y se escuchaba
un sonido húmedo.

-Quiero ver cuando lo metas- Me dijo con un tono de urgencia,
acerqué unos espejos y le di un pequeño espejo de mano para que lo tomara y
pudiera ver ese momento. Una vez preparados volví a acerar mi pene a su pubis.
–Ahora los veo-, dijo. Oprimí mi glande entre sus labios y poco a poco lo fui
introduciendo por su vagina, hasta notar su himen el cual se fue dilatando y
dejando detrás de sí un rastro de sangre, que corría como hilo hasta sus nalgas.
Ella lo resistió todo, solo gemía y una vez que su vagina recibió todo se dejó
caer sobre la cama.

Empezamos a movernos cada vez más rápido hasta lograr que
eyaculara en su interior ella al notar como se inundaba con mi semen apretó más
fuerte su vagina y noté como le llegaba su primer orgasmo.

Permanecimos unidos, mi pene dentro de su estrecha vagina,
sentía como producto de su reciente orgasmo lo apretaba para obtener más semen.
Notaba como por su pubis salía mezcla de sangre y mi eyaculación.

-Te sientes bien?, le pregunté con temor a escuchar alguna
queja. –Ha sido lo más rico que he sentido, la verdad me dolió un poco al
inicio, pero después sentía como iba recorriendo cada parte de mi cuerpo tu
pito, no quiero que lo saques nunca, tenerlo aquí clavado en todo momento.-

Me acosté sobre ella cuidando de no aplastarla, la bese
dulcemente y acariciaba sus senos de niña, pensar que con sólo 18 años, se
había convertido en toda una mujer, mi mujer, la cual tenía para mi solo.
Nuestras bocas se entretenían en besos pasionales y lo más importante, nuestros
sexos permanecían unidos en continuo movimiento. Gire para ponerla sobre de mí,
ella apartó un poco su cuerpo al mío y su vagina dejó entrever la base de mi
pene, ella bajó su cabeza para ver nuestros cuerpos unidos y notar como sus
labios mayores estaban adheridos a mi tranca. Al notar los rastros de sangre
comentó: -Tienes todo mi cuerpo, soy toda tuya, de hoy en adelante seremos
novios, harás conmigo lo que quieras- y se encajó más.

Mis manos acariciaban sus nalgas, acerqué un dedo a su boca y
ella empezó a chuparlo, luego lo acerque con delicadeza a su ano, ella lo notó
pues permitió que lo acariciara y lo introdujera. –Que rico, tu pito en mi
panochita y tu dedo en mi cola al mismo tiempo-. Entonces le propuse que si no
sería mejor que mi pito, conociera su colita. Ella sonrió y se separó de mi.
Note como poco a poco se iba desprendiendo, en una caricia sublime, como sus
labios mayores se cerraban. La acomodé en cuatro patas, veía en la colcha los
rastros de la batalla anterior, nuestros líquidos mezclados; semen, sangre,
fluidos. Acerqué mi pene a su ano, el cual era un orificio rosa con arrugas, al
notarlo apretaba sus nalguitas, el glande tenía suficiente líquido, por lo cual
lubricaba su agujero.

Con un empujón entró apenas una cuarta parte de la cabeza,
ella suspiró y dijo –Mételo, mételo ya que se siente lindo-. Con otro impulso
entró todo el glande, sentía como su cuerpo se contraía por lo que había mayor
resistencia, no importando le di otro empujón hasta meter la mitad.-Ay me duele-
note como se retorcía, para animarla más acaricié su clítoris. Esa fina pelusa
que tenía por vellos estaba empapada, intente meterlo más pero mi pene se
doblaba hacía un la do, lo volví a intentar y con ello logre que estuviera todo
dentro. Por sus muslos escurría liquido y sangre. Ahora la había desvirgado por
atrás, limpié con mis manos los fluidos y empecé a moverme lentamente.

Echando mi cuerpo hacía adelante, acariciaba sus pequeños
senos, los estiraba, apretaba, ella sólo pujaba, cuando sentí que la eyaculación
era inminente, los estiré más. Ella notó como de mi pene salía semen. –dame tus
moquitos, damelos que están calientes-. Después de eyacular por segunda vez,
estaba realmente desfallecido, sudábamos ambos pero permanecíamos enganchados.
Al estar en esta posición, alcanzó a comentar. –Me siento como una perrita, las
vacaciones pasadas vi como dos perritos se unían, tal como estamos ahora. Eres
un perro y yo tu perra-. Y acercó mas su cuerpo, realmente esa chiquilla era
insaciable, deseaba más. Mi miembro cobró una vitalidad inimaginable, no
descendía su tamaño. Cosa que nos agradaba pues continuamos en un lento mete y
saca. Su segundo orgasmo llegó justo cuando, con mi mano abrí sus labios menores
e introduje mi dedo medio, el cual fue aprisionado por su vagina.

Lo saqué impregnado de sus jugos y lo acerqué a su boca el
cual lamió, saboreando sus jugos, -Sabe muy rico-, comentó con un dejo de gusto.
–Es tu orgasmo, es lo que desprendes cada vez que sientes en tu cuerpo ese
estallido, eres la niña más deliciosa-. Le dije una vez que yo también comprobé
que el sabor de su vagina era delicioso.

Lentamente me separé de mi ninfa de 18 años, y nos
recostamos abrazados, besándonos tiernamente y recorriendo nuestros cuerpos,
ella miró mi miembro, estaba semiflácido, con rastros de su sangre, algo de
excremento y un poco de semen. –Pobrecito, está todo sucio y algo cansado,
verdad?-.-Sí, tiene las huellas de nuestro amor, la verdad creo que nunca había
gozado tanto-.

-Déjame limpiarlo- dijo en un tono de preocupación. Pensé que
tomaría mis calzoncillos para asearlo, pero mi sorpresa fue que acercó su boca y
empezó a lamerlo, eso hizo que nuevamente tuviese otra erección. Sentir su boca
chupando todo mi pene y escuchar esa voz infantil diciendo: -Pobre pitito, estás
muy sucio y eso no está bien, para algo tan lindo como tu-.

Al ver su cuerpo también noté que su vulva y trasero tenían
la misma situación que mi verga, y en un desenfreno la acomodé encima de mí,
realizando otro 69. Ella lo esperaba con ansia, pues tan luego sintió mi boca en
su vagina empezó a soltar sus jugos, los cuales con mi saliva y lengua nos
afanábamos en dejarla aseada. Mientras su boca no se desprendía de mi cuerpo,
lamía no sólo el miembro, también recorría los testículos. Una vez que ambos
aseamos al otro, ella se incorporó volteando a verme, me sonrió y dijo:- Ahora
tengo otra vez ganas de que me metas tu pito- y dicho esto se encajó en mi
cuerpo, cerró sus ojos y empezó a moverse en forma circular.

Haciendo un nuevo esfuerzo me incorporé, sin que ella se
saliera y me puse de pie, cargándola por sus nalgas y como pude me introduje al
baño, ella rodeaba mi cuello y sonreía –Tal parece que podemos vivir así toda la
vida y hacer todo, yo abro las llaves de la regadera- El agua caliente nos
invadió en una lluvia, nuestras bocas se besaban, mis dedos se estiraban para
sentir su ano, ella se acercó mas a mí y tuvo un espasmo provocado por un
orgasmo que llegó de súbito.

Continué con mis movimientos y al alcanzar otra eyaculación
ella se retorció y como anguila se desprendió de mi para hincarse y absorber mis
moquitos, como ella decía al semen.

Era otra mamada de ensoñación, mi pequeña se había convertido
de pronto en una experta amante. Me abrazó incorporándose y yo empecé a lavar su
cuerpo ponía especial énfasis en esos diminutos senos, bajaba mi manos para
tallar ese vientre cubierto por la fina pelusa de sus vellos.

Está de más decir que a sus 18 años, no había reparado en
que pudiera embarazarla, por tanto, pregunté si ya había tenido su regla. Ella
me miró con tristeza y comentó que anhelaba tener su primera menstruación, que
algunas compañeras del colegio se burlaban de ella por no tenerla. La consolé y
le dije que sería mejor que estuviera atenta a su llegada y que cualquier cambio
en su cuerpo me lo comentara. Sonrío y me besó.

Era un verdadero día de suerte, pues tres semanas después, un
sábado que jugaba con su bicicleta, se acercó a mí y me dijo: -ya llegó, esperó
faltar al colegio el próximo viernes, ojalá estés, ya para ese día espero no
estar sangrando y podamos jugar como la otra vez. La mire y me guiñó un ojo
desapareciendo entre los pasillos.

Será otro día de suerte ese viernes, ya tengo todo planeado,
faltan solo 24 horas para volver a disfrutar de ese sexo prohibido. Prometo
contar todos los pormenores.

(Verdad o fantasía eso es lo bello de estos relatos)

Alfil Blanco.

 

Resumen del relato:
    Un encuentro con una adolescente que se prolonga más alla.

Lesbosumisión (I)

Lesbosumisión (I) (6)

Jugando con Eva. Parte I

Hace unos meses me encontré con Eva, una amiga de mi
juventud. Hacía años que no la veía y la verdad es que me alegré mucho de
encontrarme con ella, por que me hizo rejuvenecer, recordar tiempos pasados.

Mi nombre es Lucía. Tengo veintiocho años, casada y con un
hijo de cinco. Felizmente casada, a pesar de lo que puedan pensar al leer esta
historia. Soy morena, de 1,65 de alto y 62 kilos de peso. Mi marido goza de una
buena posición social y ello me ha permitido, una vez que mi hijo está en el
colegio, disfrutar de las mañanas a mi antojo. Al principio me aburría, pero
luego empecé a salir de compras, a tener ideas.

Me encontré con Eva esa mañana. Me pareció reconocerla cuando
giró levemente su cara, aquella nariz pequeña, aquella mandíbula fuerte,
aquellas orejillas coloradas por el frío de enero. Luego aceleré el paso y
recibí una cara de sorpresa al pronunciar con suavidad su nombre en su hombro
con tono interrogativo. Nos saludamos cariñosamente y tras hacernos las
preguntas de rigor nos fuimos a tomar un café juntas.

Nos hicimos muchas preguntas, nos pusimos al tanto de todo.
Eva no se había casado. Al preguntárselo me respondió con una sonrisa burlona.
Ni novios ni nada. Me sorprendió, pues con su porte y su personalidad era
extraño. Pensé en ello durante toda la tarde. Eva era una rubia que seguía
llevando el pelo corto como hacía 12 años. Algunas arrugas surcaban su cara,
pero no había cambiado esa expresión seria, esos ojos gatunos, garzos que te
helaban al mirarte o te hacían derretirse de calor, con sólo entornarlos un
poquito. Me fijé que seguía siendo elegante, delgada, guapa.

Me llamó la atención su forma de vestir. Debajo de un abrigo
carísimo vestía unos pantalones vaqueros muy gastados, deshilachados, unas botas
camperas en idénticas condiciones y un suéter sin camisa debajo. Esta ropa
dejaba adivinar que no parecía tener los problemas que yo ya había superado para
no perder la forma, especialmente después del embarazo. Afortunadamente ahora
tengo mucho tiempo para dedicarme a mí.

Eva me pareció tan cálida que a los pocos días, al tener la
primera discusión con mi marido la llamé para desahogarme. Quedamos en un bar.
Le conté lo sucedido. La verdad es que toda la culpa de lo sucedido se debió a
mí, a mi estado de nervios. Eva me lo explicó con claridad. Mi vida era una vida
sin sentido, sin problemas, sin vivencia. Debería llenarla de alguna manera. Eva
fue comprensiva y cariñosa. Todo el día duró la sensación agradable de su mano
sobre la palma de la mía y su voz dulcificada se me evocaba constantemente junto
a los ojos azules y sus labios que al hablar se arrugaban.

Llamé a Eva para hablar nuevamente con ella. Quería
agradecerle sus consejos y que me siguiera aconsejando. Yo no soy persona de
pertenecer a asociaciones ni nada de eso. Tengo una cultura muy mediocre aunque
ha mejorado mi educación y no tengo mucha inteligencia. Eva en cambio lo poseía
todo. Me dejó helada cuando me dio su punto de vista, ya que además, demostró
ser muy liberal.

-Bueno, Lucía. Las señoras como tú lo que suelen hacer, una
vez que me cuentas que tu marido está siempre ocupadísimo, es echarse un
amante.-

-Eva. Eso es impensable. Soy incapaz de traicionar a mi
marido. No sería capaz.-

-No me negarás que hacer algo prohibido te llenaría. Te
conozco demasiado bien. No creo que tu aburguesamiento haya calado tan hondo en
ti. Siempre has sido una chica de barrio a la que le ha atraído robar en las
tiendas…-

Me avergoncé con sólo pensar en aquel suceso. Era cierto lo
que decía. Aún entonces me intento escabullir de los comercios sin pagar, a
pesar de que me sobra el dinero.

-Pero ¿Qué puedo hacer “prohibido” que no constituya una
traición a mi marido?.-

Eva me miró con ojos acaramelados.- Mira querida. Yo no sé
como lo ves. Nunca has sido fiel a tus novios. Eres fiel a tu marido pues quizás
por el dinero, por la seguridad. Por algo de eso. –

Eva me volvió a mirar con frialdad y estudiaba mis
reacciones. Siguió hablando. – Yo te puedo proponer unas experiencias que
calmarán esos nervios que tienes. Serán unas terapias muy relajantes.- Eva
sonrió con ironía.- Lo que si quiero que comprendas es que si estás dispuesta a
participar, debes por lo menos cooperar de una forma positiva.-

-Pero ¿Qué tipo de experiencias son?.-

- Algunos las catalogan como una forma de sexo. Yo creo que
el sexo es un componente, aunque puede llegar a ser secundario. Evidentemente,
lo que no hay es amor, por lo que no se si tu sentirías que traicionas a tu
marido. Yo creo que no. Es simplemente una terapia psico-somática.-

- No sé, tal como me lo explicas me parece interesante.-

- Lo único que tienes que hacer es ser obediente. Dócil y
obediente.- Miré a Eva y una expresión horriblemente seductora me estremeció.
Sentí un sopor en la nuca y un cosquilleo en los muslos y mi vientre. Eva seguía
convenciéndome.

- Te aseguro, Julia, que será muy gratificante y no te
arrepentirás.-

- ¿Qué son? ¿Masajes?.- Le dije pecando de ingenua.

Eva sortó una carcajada –Sí, bueno, es mas completo. Son
masajes. Y también es como una sesión de aerobics. Yo soy la monitora y te digo
que tienes que hacer esto o lo otro.- Siguió riendo.- ¡Sinceramente, Eva, no se
si serás capaz!.-

Eva sabía que al decir esto le diría inmediatamente que era
capaz de cualquier cosa, como así fue. Ya os digo que no soy muy inteligente, y
sí muy impetuosa y orgullosa. Acepté. Y Eva aprovechó para quedar para una
mañana de un día laborable. Dejaría al niño en el colegio e iríamos a su casa a
iniciar aquellas sesiones que me dejarían “como nueva”.

 

- Primera sesión: La criada desobediente -

Me duché aquella mañana antes de llevar al chico al colegio.
Fui frotando cada parte de mi cuerpo. Mi cuerpo no era el que exhibía en los
vestuarios del instituto hacía doce años. Aquel cuerpo que se turbaba al
pasearse en ropa interior delante de sus compañeras. Aquel cuerpo que se
estremecía al sentirse observado por unos ojos azules que disimulaban cuando la
miraba. Uno de los motivos por los que acudía a la cita era el saber si había
superado esa sensación de mi juventud, pues incomprensiblemente, a pesar de
todo, me sentaba junto a aquella rubia de ojos azules, con cuyos muslos se
rozaban los míos, húmedo spor la ducha, mientras nos vestíamos para ir a la
clase siguiente. Siempre quise aclararme a mí mismo que era lo que había sentido
con Eva durante aquellos años.

Mi cuerpo ahora no es, como digo, el de los dieciséis años.
Estoy más rellenita. Mis pechos se han terminado de desarrollar y a pesar de
tener un hijo, son hermosos. Mi cintura es estrecha y mi vientre es plano. Soy
mucho más mujer. Soy una “hembra sabrosa”, como me repite mi marido mientras me
seduce con sus manos, que me abrazan con fuerza, que recorren mi piel con
seguridad. Mis labios son gordos. Sensuales. Mis ojos son muy oscuros y grandes,
como mis pezones, que ahora estaban arrugados por el agua y excitados mientras
me colocaba aquellas bragas blancas y transparente, escotadas y con encajes en
la zona donde aparecía mi sexo cubierto por mis bellos recortados, con encajes,
que me ponía obedeciendo a no sé que premonición.

Para ponerse unas bragas así, evidentemente, una tiene que
estar depilada, con las ingles cuidadas y ya, se pinta una las uñas de los pies,
y las de las manos y se pone una unos pendientes caros, aunque discretos, y esta
pulsera de oro que me regaló mi marido al hacer cinco años y aquel collar.

Me vestí con una falda negra que me llegaba a la rodilla,
algo ajustada y un suéter que se pegaba a mi cuerpo dejando adivinar mis senos
firmes y generosos. Con mi coche me dirigí a dejar al niño al colegio y luego,
directa a casa de Eva, que vivía en un piso décimo de un edificio de quince
plantas. Era un edificio de las afueras, junto a un hipermercado. Un bloque que
parecía haber venido un poco a menos en cuanto a su aspecto y a su vecindario.
El portero automático tenía un ruido de fondo, la entrada estaba sucia y el
ascensor lleno de pintadas. Quizás me había pasado en mi indumentaria.

Eva me esperaba en la puerta. Iba vestida con unos panties,
de esos que llaman culottes, negros y un suéter, como el mío, también negro. Era
como si una capa de ropa cubriera su desnudez, realzada por su delgadez, y
altura. Lo único que rompía la monotonía eran aquellas botas camperas. Me besó
en la cara y me invitó a entrar.

-Bueno, querida. Veo que te has decidido.- Y después de
mirarme un rato prosiguió.- Lo que ocurre es que, como suponía, no vas
correctamente vestida. Anda, ponte esas cosas que te he puesto en el sofá.-

Me dirigí hacia el sofá y vi lo que Eva me ofrecía para
vestirme. Era un culotte como el suyo, pero de colores muy vivos, que
atravesaban mis piernas en sentido horizontal. Me quité los zapatos y metí la
pierna, sin quitarme la falda. Aquella turbación de mi juventud me venía de
nuevo. Eva me miraba, aunque esta vez descaradamente, como si tuviera algún
derecho sobre mí. Aquella forma de mirarme me puso tan nerviosa que no daba pié
con bola y entonces, sentí aquella voz que siendo de Eva, era tan distinta a la
suya habitual.

- Lo mejor es que te quites la falda.-

Era una voz autoritaria, seca, cortante y que no podía dejar
de obedecer. Me dí la vuelta para proteger mi sexo de su mirada, aunque sentía
un frío glacial en mis nalgas que atribuía a su mirada. Los panties entraron al
fin y mis nalgas quedaron a salvo de su mirada.

Eran unos panties que me estaban un poco largos y un poco
estrechos. Debían de ser de ella. Me fui a poner aquel corpiño negro de seda
suave y brillante, pero Eva me dijo que el suéter que llevaba me iba bien.

Eva me extendió un trapo y un bote de cera y me dijo con
aires despóticos.- ¡Tienes que sacar brillo al piso!.-

No me lo podía creer. Me quedé mirando el trapo sin saber que
hacer. Eva volvió a dirigirse a mí, ya sentada en un sillón que era el centro de
un amplio salón vacío de muebles.- Es sencillo. Te pones de rodilla, mojas el
trapo en cera y te pones a restregar el trapo contra el suelo. Tiene dos
funciones. Primero, haces ejercicio, segundo, te rebaja los humos y tercero… No
pensarías que las sesiones son gratis.- Y Eva se rió sonoramente mientras yo me
ponía colorada de vergí¼enza y rabia, pero me puse de rodillas y comencé a frotar
el suelo.

Sentía moverse mi trasero delante de la mirada descarada de
Eva, que relajada en su sillón mantenía las piernas abiertas mientras se bebía
un zumo de esos de 200cl, con una pajita. Era realmente cansino y me tuvo así
tres cuartos de hora. No me atrevía ni a levantar la cabeza.

Eva se puso de pié y se dirigió hacia mi. Puso sus botas
camperas delante de mí y oí como me ordenaba. –Límpialas.-

Me quedé mirándolas y recibí de nuevo sus órdenes.- ¡No me
has oído! ¿A qué coño esperas? ¡Limpialas!.-

Me chocaba mucho todo aquello. Me casé con mi marido por su
educación, entre otras cosas, por la dulzura con que me trataba. Ahora permitía
que aquella lejana amiga me diera órdenes de mala forma y aquello, curiosamente,
me disgustaba y me atraía. Froté las botas de Eva con el trapo embarduñado de
cera.

Al cabo del rato, sentí caer las botas vacías de Eva junto al
sillón y a ella dirigirse hasta mí, descalza lurgo me invitó a hacer algo que
nunca me había planteado hacer.- ¡Vamos! ¡Lámeme los pies!.-

Seguí limpiando sin hacerle caso, aunque sentía la sangre en
mi cabeza. Me volvió a ordenar aunque yo, sin rechistar, no obedeciera. Eva
parecía desistir (qué poco la conocía) y se sentó de nuevo, y yo sentí un gran
alivio.

Pero mi alivio duró poco. AL acabar el salón, sentí a Eva
decirme.-¡ Por hoy no hay más tareas! ¡Ven!.-

Me dirigí a ella un poco desafiante, y Eva se sonrió con
picardía. Luego me dijo con voz inquisidora.-¡Eres un poco chula! ¿No?.-

Eva acercó su boca a la mía peligrosamente. Yo me quedé
helada, pero no supe reaccionar. Me quedé esperando sus tiernos labios e incluso
cerré los labios y abrí mi boca al sentir su aliento cerca de mí. Sentí una mano
alrededor de mi cuello y como me cogía la mía con su otra mano. De repente, toda
la dulzura se volvió brusquedad. De un fuerte tirón a la mano me dio la vuelta y
torció mi brazo. Fui dirigida hacia una pared blanca y vacía, inmovilizada por
el brazo y guiada por la mano que me asía de la nuca.

Sentí la áspera y casi cortante textura del gotelé de la
pared en mi piel. Eva me sostenía con fuerza. Me quitó la mano de la nuca. Yo
intentaba inútilmente separarme de la pared con la otra mano. Se me ocurrió
utilizar las piernas pero Eva me bajó el culotte hasta la altura de las
rodillas. Me sentía atrapada de piernas y mis movimientos me desequilibraban.

Eva supo como cortar cualquier intento de seguir luchando.
Sentí su mano en mi sexo. Me apretaba con fuerza. Aquello hizo que me quedara
quieta, sobre todo cuando la sentí decirme, con los dientes apretados.- ¡Quédate
quieta!.-

La obedecí y me quedé quietecita mientras apartaba su mano de
mi sexo para acariciarme las nalgas. Tiró de mi brazo doblado hacia arriba y mi
vientre rozó con la pared. Entonces sentí un manotazo sobre mis nalgas. Un zasss
que me hizo sentir un dolor intenso en las nalgas. Y luego otro azote. Dejé
escapar un quejido de dolor y otro al tercer azote. Entre azote y azote sentía
mis nalgas calientes. Eva prosiguió azotando hasta que me arrancó un llanto de
dolor. Las lágrimas asomaron en mis mejillas. Finalmente Eva me insinuó que le
pidiera perdón por haberla ofendido. -¡Pídeme perdón por rechazarme!.-

-Perdón.-

-¡Así no! ¡De rodillas!.-

Me resistí a hacerlo, pero un nuevo azote me sacó de dudas y
me puse de rodillas delante de ella. Podía ver frente a mí, si levantaba la
mirada, su vientre, pero miraba hacia abajo.

- ¡Pon la cara en el suelo!.- Obedecí nuevamente a Eva.-¡Y
ahora, bésame los pies!.-

Puse mi boca en el empeine de sus pies y comencé a besarlos.
Tenía las uñas pintadas de color blanco y poco a poco mi boca acabó besando
aquellos deditos. Eva movía el pié y los ponía delante de mi boca según deseara
que le besara un pié u otro y una parte u otra del pié. Sentía el otro pié sobre
mi cabeza y mi cuello, obligándome a mantener mi boca muy pegada a su pié.
Entonces levantó uno de ellos apoyándolo sobre el tacón, y yo, comencé a lamer
la parte de debajo de sus dedos, que ahora me los ofrecía, dando unos
lenguetazos largos.

-¡Métete el gordo en la boca!.- La obedecí y lamí su dedo
gordo como si de un minúsculo pene se tratara durante un minuto.

Eva estaba disfrutando. Con voz triunfadora me dio mi primera
lección. -¡Me lamerás cuando y donde yo te diga! ¿Me oyes? ¡Debes de ser
agradecida!.- Tras decirme esto, me tomó del pelo y me levantó. Me llevó hasta
el sofá cogida del pelo, obligándome a seguirla de medio lado y me ordenó que me
tumbara en el sillón.

-Tienes las nalgas coloradas. ¿Te duele?.- Me dijo mientras
sentía su dedo pasarme como si hubiera tomado el duro sol de agosto.-Un..Un
poco.- Le dije tímidamente.

Empecé a sentir una sensación fresca y agradable en mi
dolorido trasero. Eva me frotaba ahora una crema con suma delicadeza. Sentía
como me reconfortaban las manos que antes me habían producido tanto dolor. Me
metió las bragas entre mis nalgas azotadas tirando de ellas hacia arriba y sentí
sus manos que se deslizaban entre mis muslos. Sentí que el calor de mis nalgas
se mitigaba, pero se extendía otro desde el vientre hacia mis muslos y mi sexo.
Me temía lo peor y me sentía incapaz de reaccionar, incapaz de separar mis
brazos de mis pechos, de darme la vuelta.

Eva acababa de extenderme la crema cuando de nuevo, con
aquella voz triunfadora se dirigió a mí. –Como ves, en realidad, el sexo no
tiene por que ser lo principal en nuestras sesiones, aunque yo creo que te
vendría muy bien. Te veo muy tensa.- Pasó de nuevo sus manos por mis muslos y
mis nalgas, peroesta vez lo hizo de una forma diferente, de una forma que me
excitó mucho.

-No te hagas ilusiones, Lucía.- Me dijo mientras extendía mi
ropa para que me vistiera y me marchara, y tras darse la vuelta me dijo -Hoy no
tendrás sexo conmigo. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!.-

Me sentí avergonzada, humillada y juré mientras salía del
piso sin despedirme de Eva, sin ni siquiera darme la vuelta para mirarla, que no
la volvería a ver, pero esa noche, mientras hacía el amor con mi marido, y él me
acariciaba las nalgas,, me acordaba de Eva y me sentía tremendamente excitada. Y
cuando mantuve el prepucio de mi marido en mis labios durante unos instantes, no
se me apartaba de la memoria la sensación de lamer aquel chupete de dedo gordo
del pié de Eva. La combinación del recuerdo de la experiencia con Eva y hacer el
amor con mi marido fueron una mezcla explosiva.

Me sentía un poco que había traicionado a mi marido y no
entendía por qué, ya que realmente no había habido nada en mi encuentro con Eva
que pudiera tacharse de traición. Tal vez debía de contarle todo a mi marido,
pero después de intentarlo un par de veces, sencillamente no me atreví. Fue
entonces cuando me dío cuenta de que en el fondo me había gustado no
pertenecerle del todo, que me sentía más libre perteneciendo un poco a Eva.

Eva tenía razón. Lo importante de aquellas sesiones no era ni
los sentimientos ni siquiera el sexo. Había habido muy poco sexo en mi primer
encuentro. Lo importante era pertenecer al menos durante un par de horas al día
a otra persona, como forma de no pertenecer a mi esposo. Para mí, aquellas
reuniones con Eva debían de ser algo así como unas sesiones de masajes, como ir
al psicólogo o al gimnasio. Claro, que con un poco de más picante.

Llamé a Eva al cabo de unos días, para preguntarle si había
visto por su casa un pañuelo de seda que llevaba en el cuello el día que fui a
visitarla. Eva no se acordaba de habérmelo visto. Realmente no lo llevaba. Yo lo
sabía de sobra, y Eva también y ambas entendimos que la había llamado para
quedar de nuevo.

-Lo siento cariño, voy a estar ocupada estos días.- Me dijo,
haciéndose la interesante.

-Pero…-

-Es que verás, Lucía. Si no estás dispuesta a cooperar y a
seguir todas mis indicaciones….Es decir, si no estás dispuesta a obedecer, no me
merece la pena. ¿Comprendes?.-

-Es que estaría dispuesta a obedecer.-

-¿Seguro?.-

Pensé un poco antes de responder. La verdad es que en ese
momento no estaba segura de estar dispuesta, pero necesitaba verla, así que le
respondí de la manera más convincente que pude. -¡Seguro!.-

- segunda sesión: Derritiendo un polo -

Mientras me dirigía a casa de Eva, después de dejar al chico
en el colegio recordaba que Eva siempre había sido muy pegona, en realidad. Si
aprobabas un examen, siempre venía Eva a darte un azotito en el culo. Si
gastabas una broma, si contabas un chiste…¡Toma! ¡Un azote en el culo!. Jamás
sospeche que las auténticas razones de esos azotes cariñosos escondían un deseo
por señorearse de mis nalgas, de enrojecerlas y de luego cubrirlas con crema
balsámica.

Eva me esperaba en la puerta, como el día anterior. Iba
vestida con unos pantalones vaqueros ajustados, muy ajustados, sus botas
vaqueras y una camiseta debajo de la cual no llevaba nada. Estaba desarreglada,
es decir, ni pintada, ni peinada. Al llegar frente a la puerta me besó en la
cara, pero tras cerrar la puerta, su hospitalidad cambió bruscamente y
aparecieron nuevas exigencias. -¡Dame un beso!.-

La besé en el carrillo. No pareció conforme. -¡Ahí no! ¡En la
boca!.-

Eva se dio cuenta, como creo que sospechaba, de que aquel
“obedecer sin condiciones” sí tenía condiciones. -¡Dame tu abrigo! ¡Anda!.-

Me fui a quitar el abrigo, convencida de que quería colgarlo
en la percha, pero cuando sacaba ambas manos por las mangas, la vi hacer un
movimiento brusco, y girando la cintura, recibí en el carrillo de mi cara una
bofetada sonora. No pude reprimir un quejido.- ¡Ay!.-

La miré a la cara, primero sorprendida y luego llena de odio.
Encontré su mirada gélida y luego, mirándome con unos ojos que me derretían
abrió de nuevo su boca –Da-me-un-be-so.- Me dijo despacio, mientras mantenía mi
barbilla en su mano, apretándome con los dedos..

Fue ella la que vino hacia mí, y fueron sus labios los que se
fundieron con los míos. Los encontré tiernos, cálidos, suaves. Abrí mi boca y
sentí como me introducía su lengua y extendí mi lengua para establecer una
simbiosis. Eva introducía su lengua cuanto podía y sentía mi boca penetrada por
aquel cuerpo extraño. Entonces la sentí golpear de nuevo mis nalgas, como en el
día anterior, pero con mucha menos fuerza, sin dolerme, simplemente para
recordarme que ella había azotado mis nalgas una vez que podría hacerlo de nuevo
si le antojaba, y finalmente sus manos se pararon y subiendo poco a poco mi
falda, empezaron a recorrer mi piel, disputándose el espacio con la tela de mis
bragas, que se retiraban derrotadas ante la avidez de aquellas manos frías y
suaves, y me hacían recordar que aparte de causarme dolor, aquellas manos eran
capaz de mitigármelo, e incluso de causarme placer.

Eva dejó de besarme para lamer las marcas coloradas que sus
dedos habían dejado en mis mejillas y después volvió a besarme apasionadamente.

Yo ya no deseaba separarme de aquella boca, aunque me costara
respirar. Pero Eva tenía ya un plan preconcebido para aquel día. –Cariño, hoy no
te vas a poner pantis, pero ahí tienes unos calentadores. Quítate la falda y el
suéter y ponte esto.- Me dijo extendiendo un corpiño tan escotado y ajustado que
de hecho, el sujetador se me veía por en medio y realmente se me hacía
innecesario.

Aquellos calentadores eran como unas mangas de unos panties.
Eran unos tubos de lana que se metían en cada pierna y que llegaban un poco más
arriba de las rodillas. Desde mi ombligo hasta los muslos, la única ropa que
llevaba eran unas bragas lisas, blancas, algo escotadas. Eva me miraba mientras
me vestía y al fin me dijo. –Cariño, esas braguitas que llevas no te favorecen.
Deberías ir más moderna. Bueno, ya solucionaremos eso.-

Me llevó hasta la cocina. Allí había una pila de platos que
lavar. Los lavé mientras ella se sentaba en una silla detrás de mí, mirándome.
Cuando acabé, me dí la y simplemente dije -¡Ya está!.-

-¡Muy bien! Veo que no has perdido la práctica a pesar de
tener chica de servicio. Ahora, veremos a ver que tal se te da la ropa.-

Eva me trajo un barreño con seis bragas. –Lávalas.-

Llené el barreño de agua y cogí un poco de jabón. Aquello me
parecía ridículo, pues justo estaba lavando su ropa interior encima de la
lavadora. Pero el hecho de estar tan cerca de sus bragas me hacían sentir cerca
de su intimidad, de su sexo. No se por que me excitaba aquello. Me gustaba
restregar especialmente la zona destinada a cubrir su sexo. Me parecía percibir
el olor almizclado de su sexo.

Eva se dirigió a la nevera y sacó un polo. Desde luego, no
era fecha para polos. Era un polo de naranja. Se puso a lamerlo y chupetearlo, y
después de un rato la sentí a mi espalda invitándome a probarlo.-¿Quieres?.-

-Bueno.- Soy persona que de primeras siempre dice “Bueno”.
Eva introdujo el polo en mi boca sin soltarlo del palito. Yo lo lamí. Miraba el
polo y miraba a Eva, para saber hasta qué punto quería que lo lamiera. Entonces
Eva empezó con la parafernalia intelectual.-¿Sabes? ¿Te acuerdas de aquel libro
que nos mandó leer el profe de psicología? ¿Era “El Mono Desnudo”? ¿De Desmond
Morris? ¿Te acuerdas de aquella foto en la que aparecía una prostituta chupando
un polo probando hasta que punto un símbolo fálico era un reclamo sexual?.-

Me acordaba y me daba cuenta de que me había tendido una
trampa. Eva apartó el polo de mi boca y me dio una nueva orden. -¡Anda! ¡Quítate
el sujetatetas!.-

Esa me parecía la forma más despreciable de llamar a un
sostén y me avergonzaba que viniera de una mujer aquel comentario, pero no
quería recibir un nuevo bofetón. Me lo quité como nosotras sabemos hacerlo.
Solté el broche de atrás, encogí un hombro por aquí, otro por allí y dejé el
sostén junto al barreño de bragas en remojo. Eva entre tanto había sacado unos
cubitos de hielo que había dejado en un plato.

Eva se acercó a mí y sacó un pañuelo de seda azul del
bolsillo de su vaquero. -¿Era este tu pañuelo? ¿EL pañuelo que buscabas el otro
día?.-

- No. Creo que no.-

- Bueno, no te preocupes.- Me dijo mientras me tomaba ambas
manos y me las ponía en la espalda. Eva estaba rozándose conmigo mientras
sostenía mis manos detrás y entonces empecé a sentir la suave sensación de la
seda alrededor de mis muñecas. Puse inconscientemente la mejilla sobre su
hombro, sintiendo que me ataba y que estaba a su merced. Eva me ataba las
muñecas con fuerza y cruzaba el pañuelo entre ambas para darle mayor
consistencia a mi atadura. Luego se separó un poco de mí y me tomó la barbilla
entre sus dedos. Me besó en la boca, aunque más que besarme, sus labios
mordieron los míos como queriéndoselos llevar en su retirada.

Eva volvió a coger el polo y me lo dio a probar de nuevo. Lo
chupé con los ojos cerrados, moviendo la cabeza lentamente a un lado y otro y
abriendo mis ojos con lentitud para encontrarme con los suyos, azules,
calculadores.

Eva entonces sacó el polo de mi boca y lo deslizó lentamente
por mi barbilla y por un lado de mi cuello, manteniéndolo un rato en la base,
produciéndome unos escalofríos que recorrían mi columna vertebral. Bajó el polo
por el canal de mi pecho y lo metió en el corsé. El frío del polo sobre la suave
piel de mis pechos me hacía tiritar. Eva manipulaba el polo dentro del corsé y
sentía el frío glaciar en uno y otro pezón, arrugado por el dolor que me
producía la fría sensación. Entonces Eva se dio cuenta de que el polo estaba a
punto de chorrear .

Eva puso el polo en mi espalda y lo limpió en ella. Unas
gotas frías recorrían mi columna vertebral, haciendo que mi espalda se tensara.
Entonces Eva me desnudó un hombro y más aún, desnudó uno de mis pechos y tras
frotarlo con el polo, ví su boca dirigirse directa a mi pezón.

Mi respiración se aceleró pero la verdad es que sentí un
alivio al sentir sus labios relativamente calientes en mis pezones. Sus labios
jugaban con ellos, compartiendo su rugosa textura y con su lengua, y los unos y
la otra se disputaban el honor de restregar, de pellizcar de estirar de mis
pezones.

Fue entonces, después de disfrutar de mi pecho, cuando Eva
cogió los cubitos de hielo del plato y los colocó en mi corsé, disputándose con
mis pechos el estrecho espacio y trasmitiéndome de forma permanente una frialdad
que me provocaba un suave dolor, que sólo podía mitigar arqueando los hombros
hacia delante para hacer espacio.

Eva entonces me dio la vuelta y me colocó mirando al barreño
con sus bragas a medio limpiar. Sentí sus manos deslizarse por mis caderas desde
la cintura hacia mis muslos, y llevarse con ella mis bragas. Sentí bajar sus
manos por mis muslos hasta las rodillas y luego hasta los tobillos. –Así
evitaremos que me des alguna coz.- Dijo al fín , mientras yo sentía mis piernas
trabadas por las bragas a la altura de los tobillos.

Eva entonces me bajó los calentadores que cubrían mis piernas
e introdujo el polo entre los muslos. Frotaba alternativamente un lado y otro,
reservando la zona de en medio, la cubierta por pelo. Lo hizo repetidas veces y
después sentí la particular dureza cuadrada del cubito de hielo que sostenido
entre sus dedos me rozaba la parte baja de las nalgas. Sentí su frío cortante
adentrarse entre ambos muslos y por fín, recorrer la piel de los labios
exteriores de mi sexo, empapando el pelo que lo cubría, deslizándose hacia mi
clítoris que salía entre mis labios por la presión de la mano de Eva, y sentía
tropezar el hielo una y otras vez con mi crestita, enfriando superficialmente lo
que más a dentro hervía de placer.

Eva tiró de su mano hacia ella y el cubito de hielo realizó
un camino de retroceso, pero por la parte más corta. Lo sentí surcar mi sexo
lentamente, introducirse levemente en mi interior, volver a salirse de mí para
volver a introducirse. Aquel frío me hacía olvidarme de la sensación helada de
mis pezones. Eva jugaba cruelmente con mi sexo y el hielo.

AL cabo de un rato, sentí el hielo deslizarse hacia detrás.
Pensé que aquel iceberg había surcado todos los mares posibles pero me
equivocaba, pues fue a hundirse entre mis nalgas. Pegué un respingo al sentirme
profanada donde ni mi marido había osado llegar. Eva no se conformaba con
mantener el hielo incrustado entre mis nalgas, sino que parecía querer ir más
alla y hundirlo en el Hades. Al fín parecó desistir, por suerte o por desgracia.

Tras unos segundos de descanso, empecé a sentir de nuevo, y
entre las nalgas, el polo. Eva, ayudada con el palo utilizaba el polo como una
espada, como un pene que luchaba por hacerse paso entre mis nalgas. No pude
resistir más y le supliqué.- ¡Eva! ¡Por favor! ¡No más!.-

Eva al sentirme desfallecer apretó un poco dándome a entender
que cediera de verdad. Relajé mi esfinter y Eva introdujo el polo. Creo que sólo
fueron un par de dedos.

Mi dulce torturadora tiró de mis caderas hacia ella. Estaba
de rodillas detrás de mí, así que mi culo se abrió y sin miramientos, Eva hundió
su cara entre mis nalgas. Agradecí su calor y suavidad, pero entonces sentí un
cosquilleo húmedo y caliente en mi ano. Era la lengua de Eva que lamía los
restos anaranjados del polo y de paso me procuraba una sensación desconocida
para mí. Y mientras mordía mis nalgas y jugaba con mi ojete, no perdió el tiempo
y tomó de nuevo el polo que colocó en mi raja. Justo en medio y al igual que
había hecho en mi culo, hincó el falo glacial en mi sexo.

Sentía el hielo en mis pezones y dentro de mi vientre, dos o
tres dedos tal vez, pero lo suficiente. Y por otra parte, el calor de su lengua
en mis nalgas. Eva me follaba con el polo, sacándolo y metiéndolo mientras me
comía el polo. Al fín, Eva soltó el polo y me dijo con voz autoritaria.- ¡Vamos
a dejarnos de polos! ¡Ahora te voy a comer el coño! ¡Muñeca!.-

Aquella manera de decir las cosas, he de confesar que me
ponía a cien. Yo debía de transmitirlo muy bien. No sé como. Quizás el polo
entrara y saliera de mí con más facilidad, por que lo cierto es que Eva se dio
cuenta de aquello.- ¿Ah sí? ¿Es que nunca te ha jodido una chica, no? ¡Pues
ahora vas a ver como se come un buen coñito como el tuyo con todos sus
pelitos!.-

Y cogiéndome de uno de los brazos, que tenía amarrado al otro
por el pañuelo azul, y dando trompicones hasta que las bragas salieron de mis
tobillos, me llevó hasta su dormitorio. Frente a mí estaba una enorme cama de
matrimonio. Yo parecí entender que ese era nuestro destino, pero Eva entendió lo
que pensaba y me dio un tirón del brazo. -¡Quieta, Calentorra! ¡Ese sitio es
demasiado para ti! ¡Las zorritas no merecen otro sitio que este!.-

Eva me señaló una esterilla que tenía junto a la cama.

Me arrodillé primero en la esterilla y luego, después de
sentarme en ella, me tumbé como pude, pues tenía las manos atadas con el
pañuelo. Aún sentía el frío cortante del hielo junto a mi pecho en el corsé. Eva
se puso frente a mí y acercó su cara a mi sexo, después de separarme las piernas
bruscamente. Sentí como me separaba los labios de mi sexo y luego, us labios
sobre mi clítoris, lamerlo primero despacio, y luego, dándole golpes con la
lengua. Rozaba mi clítoris una y otra vez hasta que de pronto, lo sentí
aprisionado entre sus labios. Eva estiraba con suavidad y lo meneaba a un lado y
otro

Mi sexo entraba en calor. Se humedecía y mis flujos se
mezclaban con el resto del polo de naranja. Eva hincó la cara entre mis muslos
como antes lo había hecho entre mis nalgas. Sentí sus carrillos calientes entre
mis muslos y su barbilla aprisionarme la parte posterior del sexo. Y su lengua
caliente intentando penetrar en mi interior, lamiendo los rastros fríos del
polo.

Entonces Eva puso sus manos a ambos lados de mis hombros,
estirando sus brazos. Intentó bajarme el corpiño desnudando mis hombros y
tirando de la prenda hacia ella pero no salía bien. Mis pechos se lo impedían.
Eva dio un fuerte tirón y desgarró el corpiño. Fue para mi una liberación, pues
dejé de sentir los hielos que rodaron por mis hombros y mis costillas, pero en
su lugar encontré los dedos largos y elegantes de Eva, que me acariciaban los
pezones y me los pellizcaban, deleitándose con el tacto rugoso producido por la
sensación gélida de los hielos.

Sentir sus dedos pellizcarme los pezones mientras su lengua
me lamía el sexo fue superior a todo intento de desinhibirme. Mi piernas, ahora
flexionadas comenzaron a cerrarse y abrirse lentamente, acariciando las mejillas
de Eva, intentando reprimir mi orgasmo pero finalmente, arqueé la espalda y
después de varios suspiros, comencé a gemir placenteramente mientras Eva
separaba mis labios para que su lengua me penetrara aún más. Mientras sentía a
mi cuerpo elevarse lentamente como impulsada por el aleteo lento y armónico de
mis piernas

No me besó ni la besé. Quise hacerlo pero me lo prohibió. –No
sería propio.- Me dijo. No debía sentir hacia ella amor. Simplemente debía
obedecer y sentir agradecimiento. Había sido una sesión muy completa. Era mi
primer día en muchos aspectos. El primer muerdo con una mujer, la primera vez
que me habían comido el culo, la primera vez que me habían atado, la primera vez
que una mujer me comía el sexo, y desde luego, nunca antes como ella, la primera
bofetada aguantada estoicamente y desde luego, la primera en muchos años.

Mientras iba a casa, recogía al chico del colegio y llegaba
mi marido, me pasó algo parecido a la primera vez, en el sentido de que mis
remordimientos pronto se convirtieron en una gran satisfacción y aquella noche
hice el amor con mi marido de una manera especial. No sé. Hay veces que una hace
el amor y otras folla, por que le da más importancia al placer físico propio que
a los sentimientos. Esa noche, yo por lo menos, lo que hice es follar como una
loca.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Lucía es seducida por la proposición de un antigua compañera de clase que la invita a ser su objeto sexual.

Remedio contra las flatulencias

Remedio contra las flatulencias (5)

Se trata de un matrimonio donde el marido tiene la
desagradable costumbre de tirarse unos pedos increíbles por la mañana al
despertarse antes de salir de la cama. Esta costumbre irrita muchísimo a su
esposa, entre otras cosas porque estos pedos son tan bestias que tiran las
mantas fuera de la cama. La víspera de día de acción de gracias cuando sonó el
despertador, el marido despertó y se tiró una de sus "yufas de campeonato".

- Mariano, estos pedos tuyos no son nada normal -le dijo la
mujer-. Yo creo que debes tener algún problema con tus intestinos: Estarán
débiles o algo así, seguro que algún día acabas expulsándolos con el gas.

- ¡Pero qué dices, mujer…!.

Al día siguiente, la esposa se despertó una hora antes y fue
a la cocina a destripar el pavo. Recogió todas las entrañas y fue con ellas al
dormitorio, sigilosamente. Su marido estaba durmiendo boca abajo, ¡genial!. Le
dejó todas las tripas encima del culo y volvió a la cocina a esperar.

Al cabo de un rato, sonó el despertador, que pronto dejaría
de oírse: debido primero al resonar de un trueno intestinal y luego a un agudo
chillido de terror. Entonces oyó a su marido levantarse y dirigirse al cuarto de
baño.

- ¿Mariano, qué ha pasado? -preguntó la esposa acercándose a
la puerta del servicio e intentando contener la risa.

- Nada… cuando salga te lo cuento…

Pasados unos minutos, salió el marido, todavía pálido, pero
con una inesperada expresión de alivio en su cara.

- Mariano, ¿qué ha pasado? -insistió la mujer.

- Oye, qué susto he pasado: Como me dijiste ayer, al tirarme
un pedo esta mañana se me han salido las tripas por el culo. Pero no importa,
porque las he podido volver a meter todas.

 

Resumen del relato:
    Este hombre se tira unos pedos que no son normales…

Con dos putas

Con dos putas (16)

Una noche inolvidable

Este relato es totalmente verídico y ocurrió de una manera
diría casi casual pero de hecho una de las fantasías que más me estremecía.

Resulta que era un día de verano y tenia ganas de tirarme un
buen polvo con una chica de la calle para lo cual me aloje en uno de los mejores
hoteles de Lima y decidí llamar a las chicas que se promocionan como
kinesiólogas o masajistas en el Diario El Comercio, es así que llame a varios
números indagando precios y las formas de las señoritas hasta que decidí por una
agencia de nombre Sabrina que prometió una chica algo llenita pero sin barriga y
de excelente trato, resulta que uno impaciente comenzó a mirar el reloj y los
minutos pasaban y la chica no llegaba por lo cual decidí llamar a la agencia y
cancelar a la chica.

Acto seguido agarre el Comercio y escogí otro anuncio el cual
decía señoritas blanquitas hacen tu fantasía realidad, cuyo nombre era Abigail,
pedí una chica jovencita y me metí al jacuzzi que en ese momento ya hervía sin
haber sido utilizado.

Transcurrieron como veinte minutos desde la última llamada y
llaman desde la recepción del hotel para comunicarme que la señorita Juliana
había llegado, acto seguido pedí que la dejaran pasar. Una vez en la habitación
me pude percatar que no era una chica jovencita sino mas bien parecía tener
entre 25 y 27 años, a lo cual yo le pregunte quien la mandaba y me dijo que
Sabrina por lo cual yo le dije que se podía retirar porque yo ya había anulado
el servicio

a lo cual ella me dijo te gusta el sexo oral.

Claro le respondí

Entonces déjame darte una muestra y si después de esto no
estas conforme me voy sin cobrarte nada

La mire y dije en verdad tiene buenas tetas pero nada mas
pero un buena mamada no el viene mal a nadie por lo que le dije que podía
proceder a convencerme.

Me bajo el pantalón y me comenzó a realizar una de las
mejores mamadas que he tenido en mi vida por lo cual el dije que se quedara pero
a los cinco minutos cuando ya habíamos empezado a utilizar el jacuzzi llamaron a
la recepción para decir que Sandra había llegado por lo que le dije a Juliana
que me diera un minuto que la botaba ante lo que me dijo:

No te gustaría hacerlo con las dos.

Podría ser pero a mi me gustaría ver un poco de lesbianismo
le dije

Entonces Juliana me dijo tendrás que ver como le comeré la
almejita y como se estremecerá para saber lo que es bueno.

Yo le dije eso me excita y recibí un mordisco en mis bolas
que me estremeció, acto seguido se volvió a tragar mi polla y me dijo déjala
entrar que la vamos a convencer.

A los pocos segundos Sandra tocaba la puerta del cuarto la
cual procedí a abrir, una vez adentro pude apreciar una chica de tez clara de
160 de estatura de muy buen busto y que a lo mucho debería llegar a los 20 años
se le veía de mucha mas clase social que Juliana.

Hola como te llamas le dijo Juliana

Sandra y tu contesto ella

Yo soy Juliana

Veo que están acompañados Serra mejor que me des para mi taxi
y me voy dijo Sandra

Pero porque te vas a ir, te puedes quedar y jugaremos juntas
y además todos experimentaremos cosas nuevas dijo Juliana

Eso tiene una tarifa especial y además eso nunca lo he hecho
dijo Sandra medio desconcertada…..

Mira le dijo Juliana tu empieza a hacerlo con el y yo me
introduzco en el juego te parece si te incomoda paro a lo cual ella asintió ya
que el dinero que iba a recibir no era poco.

Acto seguido le pide a Sandra que quedara tal como vino al
mundo y pudimos ver Juliana y yo que la anatomía de Sandra era casi perfecta, a
lo cual comenzamos con los besos y luego las caricias hasta que terminamos
haciendo un 69 en el mismo piso.

Luego entramos los tres al jacuzzi y es allí donde Juliana
comenzó a mordisquear los lóbulos de las orejas de Sandra para luego empezar a
chupar su tetas, mientras yo la bombeaba con todas mis fuerzas y Sandra no puso
objeción hasta que tuve el primer orgasmo dentro de las entrañas de Sandra
mientras me comía sus tetas y Juliana se comía su ano.

Nos tiramos los tres juntos a ver Mtv en la cama y después de
treinta minutos Juliana comenzó a comerse el monte de venus de Sandra quien
comenzó a jadear, esta escena hizo que mi polla vuelva a tomar vida y dentro de
unos minutos comencé a meterle el dedo por el ano a Sandra quien comenzó a decir
que no primero pero conforme pasaron los minutos comenzó a jadear de la locura
de lamida que le metía Juliana y el masaje al ano que le aplicaba yo, cuando
estuvo dilatada decidí meterle la pinga por atrás y cuan grande fue mi sorpresa
cuando Juliana me dijo que quería hacerme sexo oral después de que me follara el
culo de Sandra.

Así fue una vez terminado el mete y saca Juliana me retiro el
condón y se tomo los borbotones de leche que brotaban de mi polla, para acto
seguido darle un beso en la boca a Sandra e intercambiar mis fluidos.

Como quiera que no podíamos terminar así nos metimos en el
inmenso jacuzzi y seguimos fantaseando hasta que Sandra dijo si se podía hacer
en el sauna a lo cual Juliana asintió

Sandra ingreso primero al sauna y Juliana me dijo tienes que
ayudarme a que me haga sexo oral me vuelve loca esa chiquilla.

Encantado te ayudo le respondí.

Sandra ahora te toca complacernos le dije, deberás chuparle
su almeja a Juliana, primero dudo pero después pareció toda una profesional

Te gusta así juliana mas arriba o mas abajo decía Sandra
mientras yo observaba el panorama.

Después de eso las chicas tuvieron que retirarse porque se
habían excedido del tiempo contratado pero sin duda alguna fue una experiencia
inolvidable que algún día pienso repetir.

 

Resumen del relato:
    Una tarde de sexo se convierte en un tema recontra alegre.

La nueva vida con mi prima (1)

La nueva vida con mi prima (1) (1)

Como ya les comente anteriormente, mi prima y yo tuvimos sexo
por vez primera hace ya mucho tiempo, lo hacíamos en cualquier lugar, su casa,
la mía, el carro, un parque, en el cine, en fin cualquier lugar era bueno para
nuestro amor.

Ahora les contare de mi divorcio, aclaro que ella nada tuvo
que ver, mi mujer y yo nos separamos por cuestiones de mi trabajo y de falta de
comunicación entre ambos, así que un buen día decidimos hacer cada quien su vida
por su lado y ella se fue de la casa que por casi 4 años fue de ella, al
principio como es lógico yo andaba algo triste, no asistía a fiestas y si
llegaba a estar con mi prima no estaba yo concentrado al 100%, pero esto pronto
paso y volví a mi vida de antes, con la diferencia de que ahora podía estar con
mi prima a diario sin tener que dar excusas a nadie, todo iba bien hasta que un
viernes que iríamos a bailar llegue por ella y me dijeron mis tíos que estaba
castigada no se por que cosa y que no saldría, ella estaba como diablo del
coraje, le dije que se calmara y nos quedamos a cenar en su casa, ahí me dijeron
mis tíos que últimamente tenían muchos problemas con ella, y que seguido los
amenazaba con irse de la casa, yo me ofrecí a darle posada en mi casa,
argumentando que ahí se tendría que valer sola ya que la casa estaba todo el día
sola y ella tendría que lavarse, plancharse etc, me dijeron que lo pensarían y
seguimos platicando de otras cosas hasta pasada la medianoche, me retire a mi
casa y al lunes siguiente me llamo mi tío que habían meditado mucho la situación
y que mi prima ya tenia todas sus cosas para irse conmigo, le dije que pasaría
por la noche a recogerla y así fue, en punto de las 8 de la noche estaba yo en
su puerta con la camioneta lista para llevar sus cosas, solo se llevaría su
ropa, zapatos, discos y otros artículos personales, echamos todo a la camioneta,
se despidió y se subió al carro, antes de subirme yo mis tíos me dijeron que me
encargaban a su niña que esperaban que yo le quitara lo rebelde, les dije que no
se preocuparan que fuera de su casa la mía seria lo mas parecido.

Llegamos a mi casa y bajamos todas sus cosas, pedimos algo de
cenar y abrimos una botella de vino, yo le entregue un regalo que un día antes
había comprado para esta ocasión, lo destapo y abrió mucho los ojos, era un baby
doll de encaje azul transparente y una tanga del mismo tipo muy chiquita y con
una abertura al frente, se sonrojo un poco y me dijo "subiré a ponérmelo ahora
mismo", cuando bajo, el que se sorprendió fui yo, no se si el traje tenia mal la
talla o mi prima había crecido en los últimos días, pero sus pechos casi se
salían del baby y la tanga apenas tapaba el arrea de su bello, se sentó en el
sofá a mi lado seguimos cenando y tomando, hasta que en un momento le dije que
si me dejaba tomarle unas fotos vestida así como estaba, ella acepto y subí por
mis cámaras, le tome fotos en todas posiciones y poco a poco le pedí que se
fuera quitando toda la ropa, al principio se negó por el momento del revelado de
las fotos, le explique que era una cámara digital y solo ella y yo veríamos las
fotos, después de esto acepto de inmediato, se fue despojando del baby doll poco
a poco y yo tomando un sinnúmero de fotos, estaba excitadísimo y ella lo notaba,
se recostaba en el sillón y abría sus piernas enseñándome su vagina que para
este momento y gracias a las caricias que ella misma se daba estaba súper
húmeda, yo seguía tomando fotos y en un momento le dije "que linda y jugosa
parece una fruta" solo me dijo, "pues que esperas para comértela" sin mas deje
la cámara de lado y me arrodille a besar esa rica y jugosa vagina, metía mi
lengua dentro de ella y ella gemía y gritaba de placer, le acariciaba sus
piernas y sus pechos, ella se levanto y me quito el pantalón para poder chupar
mi pene que en estos momentos estaba listo para ella, lo chupo casi media hora
hasta que me vine en su cara y pechos, lo siguió chupando para que recuperara su
dureza y cuando lo consiguió se tumbo de espaldas en el sillón y abriéndose ella
misma las piernas me invitaba a penetrarla, yo me acomode para poder meterle su
dulce preferido y así lo hice, cuando estaba completamente dentro de ella,
comenzamos a movernos y a disfrutar de las delicias del sexo, ella había
aprendido a moverse muy cachondamente y ambos gozábamos con las cogidas que nos
dábamos, estábamos en pleno agasajo cuando sonó el teléfono, conteste y era mi
tía que quería hablar con su hija, le pase la bocina y comenzaron a platicar, yo
continué con mis movimientos de meter y sacar mi pene de ella, mientras hablaba
con su madre, me hacia señas e que me detuviera pero yo no hacia caso, y aun
mejor, me movía mas rápido y la cogía mas fuerte, me excitaba ver como trataba
de contener sus gritos y gemidos, se mordía los labios y casi no decía nada,
hasta que por fin termino de hablar y colgó, estaba como loca y se movía muy
rico, decía que mientras hablaba por teléfono había tenido dos orgasmos
fenomenales, estaba completamente escurriendo líquidos vaginales, mismos que se
iban hasta su ano, en uno de sus movimientos mi pene se salió y quedo justo a la
altura de su ano, ella al sentirlo me dijo "quiero que me cojas por ahí, quiero
que me lo metas por todos lados, quiero ser tu puta" primero le subí un poco mas
sus piernas hasta que ella se las acomodo, quedando sus pies a la altura de su
cabeza y completamente abierta, comencé a meterle un dedo en su ano y moverlo en
círculos para que se abriera al placer, después de un ratito le puse la punta de
mi pene y empuje muy despacio, me detuve un segundo y volvía a empujar, así fue
hasta que tenia todo mi pene dentro de su ano, comencé a moverme al principio
despacio y mas fuerte cada vez, ella me gritaba que se sentía muy rico que no me
detuviera, sus palabras me excitaban cada vez mas, hasta que de momento, se
llevo sus dos manos a la vagina y se la abrió, se tocaba muy fuerte y comenzó a
meterse y sacarse tres dedos en ella, yo sentía en mi pene sus dedos y eso me
éxito al máximo, después de poco tiempo ella tuvo así tres orgasmos y para el
cuarto lo tuvimos juntos, le llene sus intestinos con mi leche, nos recostamos y
nos quedamos dormidos hasta el día siguiente en el sillón.

Al día siguiente por la tarde fuimos a la tienda de muebles,
porque compraríamos la que seria nuestra cama por algún tiempo, aun no decidía
que tiempo viviría conmigo, lo que si estaba decidido era que dormiríamos juntos
todas las noches y la cama seria a su gusto, la llevaron ese mismo día y
lógicamente no esperamos mucho para estrenarla.

La cama que escogió era de cabecera y pies tubulares, así que
esa misma noche se le ocurrió amarrarme de pies y manos a la cama estando yo
completamente desnudo y ella vestida, tenia puesta ropa mas de lo necesario pero
pronto averiguaría para que, llevaba, una falda larga negra, una blusa blanca,
zapatos de tacón alto, medias, liguero y un abrigo.

Me amarro y se coloco frente a la cama, primeramente se quito
el abrigo y comenzó a tocarse las piernas y los pechos, subió un pie a la cama y
se tocaba las piernas al tiempo que subía su falda y me permitía ver sus muslos
y parte de su liguero, es por demás decir que mi pene estaba en todo lo alto con
este espectáculo.

Se desabrocho la blusa y comenzaba a jugar con sus senos, se
quito el bra pero se dejo la blusa, siguió su baile candente y se despojo de su
falda y cual fue mi sorpresa al descubrir que no usaba panty ese día, siguió de
tocar sus senos a abrirse las piernas y tocarse su vagina que ya se veía
lubricada, yo ya estaba en un estado de desesperación total por no poder
moverme, ella se subió a la cama y me ponía sus senos muy cerca de la boca, solo
podía darle escasos lengí¼etazos ya que los retiraba, comenzó a besar mi pecho ,
mi estomago hasta que llego a mi pene, se lo metió todo de golpe en la boca y
comenzó a darme una buenísima mamada, gracias al calentamiento previo no dure
mucho tiempo antes e entregarle mi semen en su boca traviesa, pero eso a ella no
le importo y seguía chupandolo, siguió así hasta que de nuevo me tuvo listo y
duro, se acomodo de rodillas sobre mi y empezó a meterse ella misma mi pene,
cuando sintió que lo tenia completamente adentro, comenzó a moverse en todas
direcciones y a gritar y gemir de placer, ella controlaba toda la acción y eso
me mantenía excitado y a la vez desesperado, después de casi 40 o 45 minutos se
levanto y saco mi pene de su vagina, pero solo fue por un momento ya que me puso
su mano en mi boca para que le diera saliva, misma que se unto en el ano, se
volvió a sentar en mi pene pero esta ocasión encontré una entrada diferente,
estaba yo metiendoselo por el ano, es fabuloso hacérselo así, tiene un ano único
y muy muy apretado, le costo un poco de trabajo meterlo todo esta vez pero
después de un rato lo consiguió, estaba sentada con las piernas abiertas y mi
pene cogiendole su ano, quiso moverse igual que antes pero se detuvo y lo hacia
lento al principio, pero después de un rato ya se metía y se sacaba mi pene muy
fácil y daba gritos como perra en celo, así lo hicimos casi media hora mas hasta
que se levanto y comenzó a moverme el pene con su mano, muy fuerte de arriba
abajo hasta que nuevamente me vine en su mano y en mi estomago, pero ella con su
lengua me limpio el cuerpo comiéndose todo mi semen, después me desato y nos
quedamos dormidos.

Como esta noche fueron muchas, ya que según su visita seria a
lo mas por tres meses y se quedo poco mas de dos años hasta que su madre enfermo
y decidió regresarse a su casa, con esta nueva mudanza algo cambio pero eso se
los contare en otra ocasión.

 

Resumen del relato:
    Como lo que aparentaba ser un favor era un plan para tener la vagina y el ano de mi prima a diario y en mi casa.

Next »