2011 septiembre | Tus Relatos Calientes
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Archive for septiembre, 2011

La Quinta (III)

La Quinta (III) (10)

Ya habían pasado cinco meses de esa fiesta en la quinta donde empece mi nueva
vida, después de elegir entre seguir fantaseando que podría ser mujer y ser con
Carlos una pareja, de estas que antes veía como "raras" y cada vez comprendo
más.

Muchas veces hemos hecho el 69 y nos hemos sacudido mutuamente, mis ganas de
ser mujer, todavía perduran, pero le he encontrado el goce de esta relación,
hace dos días nos fuimos a Buenos Aires, juntos, paramos en el departamento del
padre de Carlos,( que estaba de viaje), descansamos esa tarde y nos fuimos a San
Telmo en un club que vimos en Internet, todo era normal.

Una pareja se nos acerco y como esa noche (la primera vez que salimos juntos)
directamente nos invito a una fiesta, otra vez pregunto Carlos y como esa vez,
le dijeron todos contra todos, me miro , asentí y nos fuimos al departamento de
Alberto un petiso de unos 40 años que con su machito joven Marcos (23), eran los
anfitriones.

Ambos prepararon el baño era un Yacuzi para cuatro, después de enjuagarnos y
acariciarnos mutuamente, fuimos al dormitorio , era una cama enorme como las
camas matrimoniales en los hoteles norteamericanos, primeramente hicimos el 69
con Carlos, ambos Alberto y Marcos nos penetraron, primero pusieron vaselina en
ambos orificios introduciendo los dedos, cuando vieron que ambos estaban
dilatados nos sacudieron de tal manera que sentía la pija que penetraba en
Carlos en mi boca y la que entraba en mi culo debería hacer el mismo efecto en
Carlos, no pude contener largar mi leche, tampoco podía avisarle, pero el
éxtasis fue casi al unísono, y todos quedamos extenuados, descansamos un poco y
ellos hicieron el 69 y nosotros los penetramos, poca vaselina hizo falta para
que se les abriera el culo, parecía que nuestra vergas bailarían, pero en mi
caso Alberto cerro las cachas haciendo presión sobre mi pene, con fuerza para
exprimirlo, no acabamos al mismo momento pero igual estuvo bien.

Alberto nos enseño, como introducirse todo el aparato genital dentro del
cuerpo, mientras Marcos lo sacudía como si fuese una vagina, todo iba bien hasta
que se le puso erecto, fue ahí que Marcos se sentó sobre su pene y lo cabalgo,
haciéndome recordar cuando las mujeres hacían eso sobre mi, me gusto ,lo invite
a Carlos a hacerlo, pero el se acostó y palmeando su muslo me decía , es trabajo
tuyo, mi sumisión me indico, me puse en cuclillas y poco a poco entro su cabeza,
moviendo en un entre y saca, me sentía con un goce sensacional, Carlos quería
chupar mi pene pero no alcanzaba por eso lo tomo con su mano pajeandolo, junto
la leche con sus dedos y chupo mi tercer polvo de la noche.

Alberto tenia un tipo de hamaca donde quedaba el agujero anal al aire, un
tipo de arnés enganchados en el techo, dejaban su culo abierto, cuando se lo
acomodé, entró mi verga que es de un tamaño normal bailando, eso me llevo a
hacerle un entre y saca el cerraba su esfínter , en cada instante cerca de
salirse haciendo que quedara adentro, el juego era acompañado por Carlos y
Marcos que al punto de salirse también llevaba el cuerpo de Alberto hacia mi. mi
leche quedo otra vez en sus entrañas.

Subí al aparato, Marcos que no me había penetrado, tenia una maquina infernal
en su tamaño, por lo gruesa y larga, la verdad que mi cara debe haber dejado
traslucir terror, porque puso vaselina con sus dedos mientras Carlos y Alberto
sostenían mis hombros, me fue penetrando, cada centímetro de penetración
dilataban todo mi tubo, no hacia falta cerrar nada porque todo estaba abierto y
ocupado, los chicos hicieron tope hasta que entro totalmente y moviendo despacio
me fue dilatando mi culo que extraña semejante cosa hermosa.

Hicimos un trencito primero yo fui la locomotora, fue ahí que Alberto comento
que entre doce se puede cerrar el circulo, otra vez fue Alberto, ambas las
"niñas" de las parejas, terminamos a la madrugada.

Fue la primera vez que salimos en pareja, el intercambio nos vino bien,
porque aprendimos varias cosas, los celos te carcomen hasta que entiendes que
todo es para pasar un rato.

Carlos cree que nadie sabe que somos pareja, !pobre! no se da cuenta como
caminan las noticias, todavía nuestros padres no nos dicen nada, mi hermano (dos
años mayor), al verme en el baño, creo que se contuvo, espero que la próxima no
me desaproveche, hace poco largue y tengo que recuperar los kilómetros de verga
que he perdido.

Espero que lo haga porque tiene una matraca sensacional.

 

Resumen del relato:
    La quinta ya paso fue el inicio de mis relaciones abiertamente homosexuales, tengo que recuperar el tiempo, !esto es sensacional!.

Orgía familiar

Orgía familiar (10)

En aquel tiempo yo tenía 13 años, era un muchacho de primero de secundaria;
algo en mí me hacía sentir atracción por mis compañeros varones y por mis
maestros, constantemente me distraía tratando de imaginar lo que ocultaban
bajo sus pantalones.

Esta fantasía me rondaba dado que yo, preocupado por
saber si lo que me ocurría era normal, ya que tenía un pene de aproximadamente
15 centimetros y muy gordo y cabezón, además de que tenía mi pubis cubierto de
pelos igual que mis testículos que sin ser muy grandes se veían
impresionantes, esta imagen me la devolvía el espejo todo el tiempo que estaba
solo en casa, pues mis padres trabajaban ambos y yo era hijo único. A todo
esto, jamás había tenido una orientación o explicación sobre lo que ocurría
con mi cuerpo, entonces trataba de imaginar si mis maestros o mis compañeros
tenían características similares a la mía. Tenía como vecinos a una familia
muy prolífica: el padre, la madre y 16 hijos, sí DIECISí‰IS, cuyas edades
fluctuaban entre los 22 y los 2 años.

Goyo, uno de ellos que cursaba mi mismo grado, me buscaba para hacer
tareas. Una tarde, solos siempre en mi casa, me dijo que necesitaba ir al
baño…. entró y se tardó. Cuando salió me dijo que se había masturbado, que
andaba muy ganoso. Yo me sorprendí porque no sabía a qué se refería. Me dijo
que se subía y bajaba el pellejo de la verga con muchas fuerzas y que sentía
rico, que luego le salían chorros de "algo"… que luego se sentía mejor. Me
preguntó si yo nunca lo hacía y le dije que no. Entonces me dijo: Sácate la
verga, yo te digo como….. DE pronto, mi pene se puso duro, él se sorprendió
y luego supe que por el tamaño de mi reata…. Empezó a masturbarme, yo sentía
delicioso…. de pronto, salió un chorro de espeso líquido blanco, de olor muy
fuerte, como a cloro y me asusté, pero él, acercó su boca y tomó las gotas que
quedaban…. luego chupó lamiendo delicadamente lo que había sobre mi pecho y
barbilla….

En eso estábamos cuando tocaron a la puerta… asustado, subí el cierre de
mi pantalón y fui a asomarme, sin dejar antes de decirle que se estuviera
quieto. Era Toño, su hermano de 16 años que me preguntó: ¿Qué estaban haciendo
cochinos? ¿Se la estaban jalando?…. Yo quise decirle que no, pero Goyo salió
y le dijo lo que había pasado…. pero también le aclaró que yo tenía una
verga muy grande. Toño dijo: ¿A poco tan grande como ésta?, entonces abrió su
pantalón y lo bajó junto con su calzón hasta las rodillas y mostró una gran
verga, enorme, así la veía yo, muy gruesa y con una cabezota mucho más grande
que la mía…. estaba cubierto de pelos y sus huevos eran enormes, como
aguacates….. tenía chinita la piel de sus piernas…. yo asustado y todo, lo
veía como hipnotizado. Entonces él dijo: "A ver, díganme cómo le estaban
haciendo"…. Me pidió que le subiera y bajara el prepucio…. lo hice con
miedo, pero con una sensación de cosquilleo en la espalda y en mi culito….
no puedo decir qué sentía, porque no es explicable…. mi corazón latía
apresuradamente.

De pronto, soltó no uno sino varios chorros de aquel líquido lechoso que el
llamó mecos, como se llama al semen en México. Dijo que cuando lo fueramos a
hacer lo invitáramos. Algunas tardes después se repitió la escena, pero una de
esas tardes llegó con Beno, como le decíamos a Benito su hermano de 17
años…. Beno era precioso: blanco, nariz afilada, ojos enormes, pestañas de
rizado natural y barba partida… un cromo el cabrón… Dijo que ya sabía que
nos puñeteabamos juntos…. que él quería participar y propuso una puñeta
grupal…. Todos sacamos nuestras vergas y empezamos a menearnos… Toño le
pidió a Goyo que me diera una mamada….. Jamás imaginé que se sintiera tan
rico….. después de un rato solté mis mecos y Goyo bebió la primera parte,
Beno lo retiró y siguió chupando mi verga….. Toño mientras tanto, me tomó
por las nalgas y empezó a chupar mi culo, sentía su lengua áspera y caliente,
pero yo sentía que estaba volando….

Finalmente, seguimos jalando cada uno nuestra respectiva verga y como una
fuente, salieron chorros de mecos hacia el centro de la escena. Esta situación
se repitió hasta que participó Hector, su hermano mayor de 19 años….
Increible que en una familia hubieran varios miembros con las mismas
preferencias. Cuando yo me hacía una puñeta en solitario, pensaba en ellos y
no sabía por cual verga decidirme…… Seguiré contando.

Mientras tanto, si hay comentarios a esta parte, favor de hacerlos a mi
correo: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Todos los hermanos tienen las mismas preferencias, y se montan una buena orgía de jovenes.

El enorme clitoris

El enorme clitoris (1)

Tal vez lo que les voy a relatar es algo fuera de lo común o de poca
relevancia para sus vidas pero con alguien quiero compartirlo:

Soy ginecólogo profesión y ciertamente estoy muy acostumbrado a ver vaginas
de todos tipos y no me escandalizo al verlas bueno resulta que tengo una prima
lejana la cual tengo ya varios años de no verla, siempre fue de vida disipada y
muy liberal cierto día en la tarde ya para cerrar el consultorio fue a verme
tenia un embarazo de 7 meses mi prima es muy guapa de estatura como 1.65 mts de
piel blanca ojos color miel, siempre fue de senos pequeños a pero de amplias
caderas ahora con su embarazo se veía guapa y acentuaban mucho mas sus
características, Le pregunte que había hecho de su vida a lo cual me platico que
se había embarazado que no se había casado pero que era muy feliz y actualmente
estaba trabajando en un banco a lo cual había llegado a ser Gerente de una
sucursal y que ganaba muy bien y que ahora que estaba en esta ciudad deseaba que
yo la atendiera.

Bueno sin darnos cuenta ya eran las nueve de la nueve de la noche y la invite
a cenar platicamos de los bueno tiempos ella se sincero ante mi y platico que el
padre de su próximo bebe lo había abandonado después de vivir con él por espacio
de 3 años y que se sentía muy incomprendida, se nos fue el tiempo muy rápido ya
eran las 12 de la noche por lo que me despedí de ella y le dije que la esperaba
al DIA siguiente en mi consultorio, me cuestiono que necesitaba para para que yo
la obscultara a lo que le di las indicaciones de rutina, que se fuera con ropa
ligera para que se pudiera poner la bata de obscultacion y lo que le hice mucho
énfasis fue que se depilara su sexo, sorprendida me pregunto por que. Le
mencione que mi idea era todos los partos fueran por parto normal y que para
poder observar bien si no tenia alguna infección debía estar libre de vello
además que en un parto o cesárea se lo pedirían así que con eso le avanzaríamos
a esa cuestión. A lo que me contesto que yo era el experto.

Cuando se despidió me menciono que iría a las 7 de la tarde ya que a esa hora
se podía despegar de su trabajo a lo que acepte.

Al día siguiente tuve tanto trabajo que no me acorde de mi prima hasta que
llego la hora en que se presento como ya era hora de que se retirara mi
recepcionista ya que estudiaba me quede solo con ella, o sea con mi prima, le
pedí disculpas por que no hubiera quien nos ayudara, me dijo que no había
problema.

Le pedí que se pusiera la bata de auscultación y me cuestiono que para que,
que alcabo estábamos solos y nadien la vería. Me sorprendió su frescura pero
bueno tenia razón. Me empezó a platicar que había tenido algunos problemas en
cuanto a su depilado argumentándome que con tamaña panza le fue muy difícil.

Me reí y le dije que no había problema que me mostrara, se empezó a quitar el
vestido quedando solo en un sostén blanco semi trasparente que dejaba ver dos
pezones puntiagudos, se acompañaba de una pataleta blanca igual semitransparente
que dejaba ver unos mechones de vello.

Le pedí que se bajara las pantaletas y después se acostara en la cama de
exploración, cuando se subió a la cama me hizo una pregunta que me saco de mis
cabales, me cuestionó que cual era el tamaño normal de un clítoris, le conteste
mecánicamente que aproximadamente era de escasos 2 cm, le mencione que había
casos en que era mucho mayor pero yo en mi experiencia de ginecólogo no los
había visto solo en los libros, me hizo prometerle que guardaría bien su
secreto, se acostó y separa sus piernas al acercarme pude ver los ticerazos que
se había dado en su sexo, le pedí que pusiera sus piernas en las monturas de la
cama una vez que las puso me coloque los guantes y empecé a fijar mi vista en su
vagina, cual seria mi Sorpresa que tenia una hermosa entrada de color rosada
pero le sobresalía un clítoris que fácilmente media 7 cm, me empezó a decir que
en algunas ocasiones le era muy vergonzoso eso sobre todo cuando se le ponía
erecto.

Después de que sobrepuse de esa impresión me dijo que si no le causaba asco
para lo cual le dije que no después me di a la tarea de terminar de depilarla y
entre platica y platica la enjabonaba e iba tocando su sexo, rozando cada parte
hasta que quedo totalmente limpia de vello así pude ver en su real dimensión en
hermoso clítoris rozado y lo note que se empezó a poner durito, le pedí de todo
favor que me dejara tocarlo y sentirlo, me dijo que si y empecé a tocarlo y
cobro forma se empezó a ponerse duro y mas grande hasta que alcanzo unos 10 cm
como un pequeño pené, note que cuando lo tocaba ella empezó a gemir, hasta que
en un arranque de desesperación me acerque y me lo metí en la boca o que
Sensación tan agradable, y empecé a notar como se corría eran verdaderos chorros
de liquido vaginal lo que emanaba, me la estuve comiendo por espacio de 20
minutos hasta que me pidió que le metiera la verga que ya no aguantaba yo estaba
a mil por hora por lo que me baje los pantalones y le metí la verga era como
terciopelo baje su sostén y mientras la follaba me dedique a amamantarme de sus
senos fue sencillamente delicioso y nunca había sentido algo tam especial.

 

Después que acabe dentro de ella me baje para observar su precioso clítoris y
pude ver como volvía a la normalidad fue sensacional y aun asta la fecha sigo de
amante de mi prima y saben no me canso de disfrutar ese hermoso clítoris.

Si quiere compartir algo igual estoy
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Resumen del relato:
    Encuentro de un enorme potencial que es el clitoris.

Hija y madre, todo a la vez

Hija y madre, todo a la vez (1)

Me llamo íngela y todo el asunto comenzó cuando cumplí los 14
años. Ante todo, debo decir que mi madre murió al nacer yo, y crecí sola con mi
padre. Mis padres eran hijos únicos, por lo que nunca he tenido más familia que
mi padre. Se casaron muy jovencitos, (de "penalty"), él tenía 17 años y ella 16.
Cuando tenía 13 años a mi padre le destinaron a otra ciudad. Allí no nos conocía
nadie. En lo físico, me parezco a mi madre. Al poco de llegar allí, me vino mi
primera regla y como todavía no había hecho amigas, pues era verano, en plenas
vacaciones, no había empezado al colegio. Estaba sola en casa cuando noté que
manchaba y estaba muy asustada. Al llegar mi padre a casa, nos sentamos en el
sillón, me abrazó fuerte y me explicó todo lo que debía saber. Según me iban
creciendo los pechos, notaba que mi padre me miraba más. Al poco de cumplir los
14 años, un día al regresar a casa, me encontré a mi padre saliendo del baño
desnudo. Estaba lloviendo y yo regresaba a casa empapada. Llevaba una blusa muy
fina y un sujetador bastante transparente, por lo que al estar mojados se me
marcaban mucho los pezones. Nos quedamos mirándonos el uno al otro y me preguntó
si había conocido algún chico en el barrio. Le dije que no. Seguía mirándole
fijamente y a mi padre se le estaba poniendo tiesa. Le pregunté a ver si podía
tocárselo y me dijo que sí, pero que antes me diese un baño y me pusiese ropa
seca para no coger una pulmonía. Antes de ir al baño, al pasar junto a él le
rocé con la mano y le dije:

–¡Qué suave, papá!

í‰l me retiró la mano y me dijo que lo dejara para luego.
Entré en la bañera, y a los pocos minutos entró mi padre preguntándome se quería
que me frotara la espalda. De niña me lo había hecho muchas veces, aunque al ir
creciendo dejó de hacerlo. Le dije que sí, que me gustaba. Se puso detrás, se
echó un poco de gel en la mano y comenzó a frotarme suavemente la espalda, los
hombros. Luego me hizo ponerme de pie y siguió frotándome el culo, las piernas,
Volví a sentarme en la bañera y siguió sus manos por mis clavículas, llegaron a
mis pechos y ahí se quedaron unos momentos, mientras con uno de sus dedos
masajeaba suavemente mis pezones. í‰stos se iban poniendo cada vez más duros y
notaba un ardor en mi sexo. Le dije a mi padre y me contestó que enseguida me lo
calmaría. Seguidamente bajó su mano por mi estómago hasta llegar a mi sexo.
Pegué un bote y me dijo que estuviese muy tranquila, que no me iba a hacer daño
y que esas caricias me encantarían. Mientras su mano seguía allí, uno de sus
curiosos dedos, encontró el botoncito erótico y empezó a masajeármelo. Yo estaba
estremecida y empecé a gemir y a jadear de placer. Al poco papá me dijo que me
había corrido por primera vez. Que había anhelado hacer esto hacía bastante
tiempo. Salí de la bañera y me sequé rápidamente.

Papá me esperaba en su habitación. Me sentí cohibida y me
abrazó fuertemente, diciéndome palabras cariñosas. Me tumbó en la cama y me
besó. Sentir sus labios pegados a los míos, su lengua suave jugueteando con la
mía, me volvió a excitar. Bajé mis manos por su torso y agarré su pene. Era tan
suave, y estaba tan grande, y tan dura que al principio me asusté al pensar que
al penetrarme me iba a partir en dos.

Papá me tranquilizó diciéndome que mamá también se había
asustado la primera vez, pero que luego le pedía continuamente que se lo
volviese a meter. Eso me tranquilizó. Se tumbó a mi lado y me preguntó si quería
saborearle. Le dije que sí y me metió su hermosa polla en la boca. Le fui
lamiendo poco a poco y notaba como se iba hinchado más hasta que explotó dentro
de mi boca. Me tragué su semen y me gustó. Luego me volvió a tumbar en la cama
boca arriba y se puso encima y empezó a bajar sus labios por mi cuello, hasta
llegar a mis pechos. Me los chupó, lamió y saboreó todo lo que quiso y siguió
bajando sus labios por mi estómago hasta llegar a mi sexo. Me dijo que si con la
mano me había dado placer, con la boca iba a disfrutar más. Estaba muy caliente
y según noté su lengua por mi sexo, entrando en mi vagina, exploté.
Instintivamente apretaba con las manos la cabeza de papá contra mí cuerpo. Veía
mis jugos en su cara, en su boca. í‰l volvía a estar totalmente empalmado. Se
colocó entre mis piernas yse metió de un golpe. Grité de dolor, pero me calmó
con suaves caricias y palabras cariñosas. Empezó a moverse lentamente al
principio, para ir sacando y metiendo con más fuerza cada vez. Me gritó que se
iba a correr y en cuanto sentí su semen fluir por mi cuerpo exploté. Nos
quedamos tumbados, sin aliento, durante un rato mientras recuperábamos la
respiración, él todavía con su pene dentro de mí, sudorosos, mientras nos
besábamos suavemente. Al rato, se volvió a empalmar y entonces me penetró por
detrás, mientras que sus dedos jugaban con mi clítoris. Fue fantástico.
Posteriormente, me enseñó muchas posturas y maneras de hacer.

De esa primera vez, me quedé embarazada. Como al poco de
llegar a la nueva ciudad alquilamos un pequeño apartamento en un barrio que
según le dijeron a papá en la empresa, no era muy aconsejable para mí, nos
cambiamos de barrio. Allí nadie sabía nada de si éramos padre e hija o éramos
pareja, no nos importó que yo estuviese embarazada. En la calle le llamaba por
su nombre. Tuvimos tres hijos y una hija a cada cual maravillosos.

Han pasado varios años y en la vecindad ha cambiado bastante
gente. Tengo ahora 42 años y papá aunque era joven todavía murió tras una larga
enfermedad. Hará cosa de un par de años más o menos, vi a una pareja, él tiene 4
años más que yo y ella, una jovencita, besándose apasionadamente en el portal.
No le di importancia pero a los pocos días sin querer, ya que las paredes de las
dos casas están pegadas, oí que ella le llamaba papá.

Al poco un conductor borracho la atropelló y la mató. El
padre quedó desconsolado y un día según subíamos en el ascensor empezamos a
hablar. Le pregunté si quería tomar una copa en mi casa a lo que accedió.
Comenzamos a hablar y entre sollozos, me confesó que había mantenido relaciones
con su hija durante años y que ahora no sabía qué hacer. Yo le confesé lo mío
con mi padre. Después de eso, empezamos a mantener una amistad que ha ido
convirtiéndose en amor. í‰l no había tenido hijos con su hija. Les comenté a mis
hijos y me contestaron que adelante, que yo era muy joven para vivir el resto de
mi vida sola, y además mi hija me dijo que incluso era joven para tener más
hijos.

Los cuatro me confesaron que ya sabían que su padre era a la
vez su abuelo, que él les había confesado todo antes de morir. Se lo dije a
Ernesto que es el vecino en cuestión y me dijo que estaba encantado, que siempre
había querido tener hijos. No nos hemos casado, aunque vivimos juntos. Estamos a
punto de tener gemelos, dos chicos. Estamos encantados. Y en la cama… Aunque
distinto de mi padre, Ernesto es fantástico. He aprendido algunas cosas con él
que nunca había hecho con papá.

Espero que os guste la historia.

 

Resumen del relato:
    Todo empezó a los 14 años, cuando mi padre me enseñó todo lo referente al sexo.

Aprendiendo de los que saben

Aprendiendo de los que saben (13)

Mi relato que les voy a contar, paso a finales de este verano:

Soy un currante de la hosteleria, camarero para más señas y trabajo en un
local de turistas especialmente ingleses, tengo 23 años. Este verano me ligue
una dieciochoañera, nos lo pasábamos pipa yendo de discotecas por la zona, y
divirtiéndonos y de paso sea dicho follandomela. Ella era rubita sobre un
metro setenta y delgadita la verdad tenia un polvo. En eso que un colega mio
de treinta y tantos un dia me dijo: que tal la chavala, hostia si me la
dejaras te enseñaria como tratarla. Yo la verdad le dije que por mi me daba
igual y estas inglesas ya se sabe.

El tio siempre me decia que follaba y que un dia tenia que ver como lo
hacia que no le hacia ningun corte que lo mirara, en eso que quedamos que
iriamos de juerga con la jovencita que le gustaba, pero no le aseguraba nada
que ella se quisiera ir con el.

Fuimos a cenar a un restaurante, después fuimos a bares de copas, y empece
a ver como los dos se caian bien. Entre copa y copa iban riendo y vi que el le
empezaba a poner el brazo encima de sus hombros, al cabo de una hora ya le
estaba dando el primer morreo, en eso que el tio me dijo a ver si nos ibamos
con el auto a su piso.

En el auto el tio le estaba dando lenguetazos y ella correspondia, le
tocaba las tetas y le sobaba la oreja, yo me excitaba viéndolo.

Al llegar a su piso volvimos a beber, en eso que el tio y ella se
enzarzaron en morreos y tocamientos, ella me miraba recelosa y el colega me
dijo que me pusiera comodo en el otro sofa.

Y empezo la escena: el tio empezo a despelotarla por los vaqueros y la
descalzo y alli mismo empezo a chuparle los dedos de los pies mientras ella
empezo riendo y poco a poco veia como le daba placer, yo en mi vida habia
visto eso. Después el tio alargo la mano al mismo tiempo que le sobaba los
dedos de los pies y le introdujo un dedo en el coño,ella ya estaba
excitadísima, movia de arriba abajo el dedo igual que si la follara con el
dedo, la tia gemia al mismo tiempo, al rato el tio se mojo el dedo gordo y
acto seguido se lo introdujo en el culo, la tia se partia de placer. El tio me
miro y dijo: ahora veras una buena escena.

El colega se quito la ropa y la tia se despojo de su jersey de verano y del
sostén. En eso que el colega de pie y ella sentada se le acerco con la verga
empinada, ella empezo a mamarle el pijote de arriba abajo pero el le quito la
verga de su boca y coloco sus huevos encima de la boca de la tia para gue se
los mamara, empezo a rugir de placer, no contento con la mamada de huevos aun
le hizo que le lamiera el mismisimo ano, yo alucinaba.

Ya a punto los dos con ella tendida en la misma alfombra el se coloco
encima y empezo a montarla haciendole un metesaca de esos buenos. Ella gemia
de placer y los dos se hiban a correr que en eso el tio me dice:

A esta no la he desvirgado yo, pero el culo si que sere el primero, llevame
un bote de vaselina del baño.Asi lo hice y acto seguido el tio le unta todo el
culo, penetrándola primero con un dedo después con dos y acto seguido la
embistio con la polla. La tia se nota que era la primera vez y hacia muecas de
dolor pero al rato se le veia placer, en eso que la enculada iba cada vez mas
rapido, en eso que se levanta y la tumba boca abajo y empieza a follarle la
boca hasta que se corrio. Me quede sin palabras fue brutal. En eso que
acompañamos la tia hasta su hotel, viéndola caminando cualquiera diria que iba
escocida. No era para menos.

Y aquí termina mi relato de una de las mejores folladas que he presenciado.

 

Resumen del relato:
    En las vacaciones de verano, un amigo le da una lección sobre como follarse a las turistas.

Conocí a Javier ya hace casi 10 años

Conocí a Javier ya hace casi 10 años (28)

Conocí a Javier ya hace casi diez
años, en una cena a la que fuimos con amigos comunes. Me acuerdo muy
bien de la impresión que me dio nada más conocerle: me pareció
guapísimo -ay, esos ojos…- inteligente, divertido… vamos, que me
sedujo a primera vista. Después de ese primer contacto, salimos juntos
alguna vez, pero sin mucho éxito. Así que estuvimos algún
tiempo sin vernos.

Al cabo de unos meses, le llamé por teléfono. Javier tiene un
puesto de responsabilidad en unas oficinas, y le pedí que me asesorara
en un asunto profesional. Tras eso, tuvimos algún contacto esporádico
y nos llamábamos de vez en cuando.

Al cabo de un tiempo, me comentó que se había ido a vivir con
una chica, con la que después se casaría. Yo seguía soltera,
y la verdad es que no era muy consciente de estar haciendo algo indebido al
seguir llamándole, pero me sentía tan atraída por él
que no era capaz de dejarlo.

El caso es que algo después yo también empecé a salir con
un chico. Un día, en el que casualmente yo había discutido con
mi novio, Javier me llamó. "¿Me invitas a un café
en tu casa?". Como si yo no supiera lo que venía después
del café… El caso es que, después de dudarlo un poco, acepté,
pensando decirle que tenía novio y que no íbamos a vernos más
en privado, pero el caso es que cuando le tuve al lado me olvidé de todo:
abrimos el sofá cama del comedor y allí mismo hicimos el amor.

Desde ese día nos convertimos en amantes. Por esa época yo vivía
sola, y aunque salía con mi novio, tenía los horarios suficientemente
organizados como para que no hubiera riesgo de que nos encontraran. Solía
venir a mi casa, una vez al mes más o menos, al principio con la excusa
del café, y después ya directamente, al cerrar la puerta de la
calle, me abrazaba y me daba un beso, y qué besos daba, sólo con
eso ya me ponía toda mojada, parecía como si me quisiera comer,
su lengua y la mía se acariciaban y entrelazaban como un preludio de
lo que vendría después… Luego nos íbamos a la cama, y
allí me hacía tumbarme (a mí me gustaba que llevara la
voz cantante) y, si teníamos tiempo, me desnudaba lentamente, aún
con las bragas me ponía la mano entre las piernas para notar el calor
y la humedad que me provocaba, y luego, ya desnuda, me lamía los pezones,
me acariciaba y apretaba los pechos con las manos, me recorría toda con
manos y boca, y luego se ponía encima de mí, aún con el
calzoncillo puesto, para que notara en mi cuerpo la dureza de su miembro ya
erguido y dispuesto para el combate. Yo terminaba de desnudarle y me esmeraba
en darle placer, le lamía el sexo, me lo metía en la boca (hasta
donde podía, porque era de buen tamaño) me ponía sobre
él para acariciarle con mi cuerpo y con mis labios, en fin, lo que se
me ocurría, intentando descubrir todos los espacios posibles del placer,
porque de él aprendí todo lo que sé. Y por fin, me penetraba,
al principio con un poco de dificultad (la primera vez que nos acostamos, yo
era virgen) pero progresivamente nos adaptamos como una mano a un guante, y
cuando tenía dentro su pene creía estar en el cielo, y gozaba
como una loca con sus movimientos, hasta que nos corríamos y nos quedábamos
exhaustos y húmedos de sudor y de nuestros jugos.

Esto duró unos seis meses, hasta que yo me casé, y unos días
antes hicimos el amor, suponíamos que por última vez, y nos despedimos
con un abrazo, cuídate y todo eso. Pero, cuando volví de mi viaje
de novios, me acerqué a su trabajo a saludarle, ya que no quería
perder su amistad, pero me encontré con la sorpresa de que me proponía
que siguiéramos viéndonos, ya que por entonces estaba temporalmente
viviendo solo. Loca de mí, acepté. A fin de cuentas, siempre lo
planteábamos como algo que un día se terminaría y supuse
que no duraría mucho más.

A partir de entonces seguimos encontrándonos de vez en cuando, en su
casa mientras pudimos, y en otros varios sitios después, aunque recuerdo
con especial agrado las tardes que pasábamos en unos despachos anexos
a su trabajo, de los que sólo él tenía llave, y donde solíamos
hacer el amor en el suelo, sobre la moqueta, o bien me tumbaba sobre una gran
mesa de reuniones y él me penetraba de pie, mientras veía cómo
mis tetas se bamboleaban, cosa que según me decía era una de las
cosas que más le excitaban. En otra ocasión fuimos hasta el lavabo
y me penetró de pie, desde atrás, mientras nos veíamos
en el espejo del baño. Otras veces lo hacíamos de pie, contra
la pared. También le gustaba que le masturbara y correrse encima de mi
pecho, y luego me limpiaba suavemente.

Esta situación ya duraba mucho tiempo, pero, lejos de aburrirnos, cada
día teníamos más ganas de estar juntos y recurríamos
a tretas cada vez más arriesgadas. En una ocasión, estuve en su
oficina por la mañana, en hora de trabajo; me acababa de enterar de que
estaba embarazada de mi primer hijo, y estaba algo hinchada y con los pechos
grandes y doloridos. Con la excusa de acompañarme al baño, me
llevó hasta un despacho vacío, y allí mismo, arriesgándonos
a que entrara alguien y nos viera, me subió el vestido hasta el cuello,
me sacó las tetas del sostén y me las comió, mientras metía
su mano dentro de mis bragas y abría su pantalón y sacaba su pene.
Otras veces quedábamos a tomar un café a media mañana,
y entonces nos conformábamos con escondernos en cualquier portal y darnos
uno de esos besos que me dejaban temblando y con ganas de más.

Aprovechábamos cualquier ocasión y cualquier sitio a nuestra disposición,
aunque lo mejor fue cuando pudimos disponer del piso que le prestaba un amigo.
Allí podíamos pasar largas tardes, podíamos hacer el amor
despacio, casi siempre varias veces; me gustaba, por ejemplo, empezar a acariciarnos
aún vestidos, que me tocara todo el cuerpo sobre la ropa, de espaldas
a él, ver sus grandes manos sobre mis pechos y luego subiéndome
la falda para tocar mi sexo y notarlo ya completamente húmedo… de hecho
me bastaba, y me basta, pensar en él para encontrarme empapada.

Luego dejamos de poder ir al piso de su amigo, pero no perdíamos la oportunidad
de hacerlo en su coche, o en casa de algún familiar ausente, o en su
casa o la mía en una escapada durante las horas de trabajo, deprisa y
corriendo por si aparecía alguien; incluso una vez, en el cuarto de servicio
de su trabajo, sobre el suelo y a toda prisa, un par de embestidas y poco más.
Además las ocasiones eran cada vez más difíciles, porque
yo tuve dos niños, y tenía que dejarlos con su padre para poder
ver a Javier, lo cual de por sí ya me parecía muy fuerte. Sorprendentemente,
en todos esos años no nos descubrieron nunca, aunque a punto estuvimos
un par de veces de que nos pusieran en evidencia.

Y, hoy por hoy, nos resulta muy difícil encontrar un resquicio para encontrarnos.
Pero yo sé que para mí Javier siempre va a ser mi amante.

Aunque no sepa cuándo voy a poder volver a verle.

 

Resumen del relato:
    Poco a poco mediante contactos fueron llegando a ser amantes debido a la mutua atracción que sentian.

Un paseo por el ajusco

Un paseo por el ajusco (23)

Al escribir estas líneas
escurren por mis piernas, delgadas gotas de dulce esperma que mi amante
depositó momentos antes en mí.

Tan sólo me cubre una batita
ligera que me llega arriba de las rodillas. Mis medias preferidas terminaron
hechas jirones por sus garras. Ya antes me habían advertido al respecto
que le pusiera unas calcetas o algo que lo impidiera, mas es en vano, pues
por no atárselas con cinta adhesiva, cosa que se me hace muy cruel,
al final logra quitárselas.

La verdad me encanta sentirlo al
natural, tal y como es. Me encanta el roce de su pelaje, sentir en mi piel
desnuda sus “manitas”, sujetándome con ése instinto bestial
que lo caracteriza. Siento que me transmite parte de su deseo, de su desesperación,
de sus ganas de disfrutar esos instantes íntimos, solo míos
y de él. De nadie más. Varias veces me ha dejado arañadas
las nalgas, los muslos y las piernas. Me doy cuenta al otro día,
cuando me arden un poquito en la ducha.

Me acostumbré al sabor dulzón
de su esperma. Cuando jugueteando me llevo los dedos entre los vellos púbicos,
luego saboreo con verdadero placer lo que quedó después de
ésos momentos en que me pierdo, en que no sé de mí.
Me podría atrever a decir que nada ni nadie me había llevado
a esos lugares, no sé si tan elevados o tan profundos, pero lo que
sí sé con seguridad es que el siempre está dispuesto
a prodigármelos una y otra vez, sin remilgos, sin reproches.

Este fin de semana salimos a dar
la vuelta a las faldas del Ajusco, un pintoresco cerro a las orillas de
la ciudad, lleno de paisajes libres y eternos, que siempre han estado ahí.
Sabe muy bien cuando vamos a salir, pues apenas me ve que alisto el carro,
un viejo VW sedán color indefinido, según el mecánico
“de cabecera”, entre perla y rosa pálido. Le saco el asiento del
acompañante para que viaje más cómodo, y según
hasta donde sé, no está permitido llevar perros de regular
tamaño en carretera. El caso es que si no le saco el asiento no
se puede echar a gusto en el piso, y si se sube en el asiento trasero se
inquieta bastante, por eso le hago espacio, aunque luego se me encime para
poder sacar la cabeza por mi ventanilla.

Tan pronto como llegamos a cierta
planicie, le abro la puerta y sale disparado a correr lo que no puede en
el departamento, ya que el jardín es muy reducido. Se entretiene
comiendo hierba, u olisqueando no sé que cosa en el piso. Luego
corre tan rápido que ni me esfuerzo en tratar de alcanzarlo. Cuando
parece que ya no se ve más, se oye el tin-tin de su collar que le
pongo cuando lo saco, y ahí viene de regreso. Me deja atrás
nuevamente, esta vez en sentido contrario, pero ahora yo corro agitando
las manos y silbándole, sabe entonces que el juego comenzó.
Se me acerca cautelosamente, ahora de un lado, ahora del otro, hasta que
me tumbo en el pasto y se abalanza sobre mí. Me lame la cara, el
cuello, su preciosa cola se mueve rápidamente de un lado a otro,
y aunque trato de sujetarlo por el cuello o por el torso, es casi imposible
detener el ataque de este enorme pastor alemán. No es de raza pura,
pero su pelo es suave al tacto y brilla muy bonito cuando lo cepillo, y
sus patas son enormes.

Después del primer ataque
se aleja un poco, corre y regresa, esta vez para tratar de meter su hocico
en medio de mis piernas. Me hace jalar aire, como cuando te enchilas, e
inmediatamente mis pezones se ponen duritos. Puedo sentir el algodón
de la blusa que me roza y verlos cómo sobresalen, como botoncitos.

Ahí tumbada boca arriba,
con el cielo pardo de las seis de la tarde, doblo mis piernas y las abro,
y el se dedica a husmear mis pantys. Se detiene a jadear un poco, parece
que la carrera lo dejó sin aliento. Esta vez su baba es abundante,
pues los perros transpiran por el hocico, y es muy húmedo y tibio.
A veces su respiración se condensa, exhalando bocanadas que parecen
como de humo. Ya empiezan a salir las primeras estrellas, y su lengua sigue
buscando la manera de llegar a mi carnita rosada, abundante en ese olor
que le recuerda a las hembras de su especie cuando están en celo.

Es parte del juego jalarme las pantys
por la parte de arriba, de manera que se meta en mi hendidura y sobresalgan
los labios superiores, mientras él lame y lame. Al tercer orgasmo,
con mano temblorosa me las saco, y por fin mi vulva queda expuesta a su
merced. Me remango la mini de mezclilla para que ambos podamos tener acceso
a mis labios, para abrirlos y poder disfrutar de su golosa lengua, que
casi siempre trata de ir cada vez más adentro.

Es excitante admirar el cielo estrellado
y sentir el viento que se cuela entre las copas de los árboles,
y a la vez la llegada de otro orgasmo que me pone la piel de gallina y
me hace entrecerrar los ojos, acariciando con mis manos la cabeza de ese
experto haciendo su trabajo.

Esta vez no habrá cópula,
pues si bien me excita el peligro de hacerlo al aire libre, no estoy del
todo segura, y la llegada de algún intruso no sería nada
agradable.

Lo tumbo en el piso, tomándolo
de sus patas y empujándolo con mi hombro. Levanta su patita y procedo
a chuparle la puntita de su pene. A veces me interrumpe lamiéndose
él mismo, no sé si lo hace para asearse o para ayudarme a
excitarlo. Ya sale más, casi la mitad, y continúo succionando
y luego bajándole la gruesa piel que lo cubre. Parece quejarse cuando,
con dificultad, saco la bola de su estuche, pero una vez afuera la tarea
es más fácil.

Esta vez voy a abusar del hoyito
que tiene en la puntita de su pene, pues la hora no es propicia para que
una chica de mi edad, sola con su perro, ande por esos lugares tan solitarios,
y ya casi es momento de irnos. Urge que se corra lo antes posible.

A veces tengo que sacarlo de mi
boca, pues me encanta sentir en la cara y en el cuello las cosquillas que
me hacen los chisguetitos que arroja de vez en cuando. Ya casi está
alcanzando su máximo tamaño.

Tomo entre mi mano su enorme bola,
para poder acomodarme mejor en mi riquísima tarea. Por fin se queda
quietecito, y mi boca se llena de esa leche calientita y abundante, me
atraganto, se me sale por la comisura de los labios, se desborda, y el
segundo disparo ahora me moja parte del pelo, las mejillas y la cara, me
entra en los ojos y me limpio enseguida pues arde un poco.

El tercero es ya sin mucha fuerza,
se desparrama en el piso pues no me da tiempo de nada. Trato de succionárselo
después de esto, para aprovechar sus últimos juguitos, pero
se empieza a hacer flácido, pierde la forma que tenía aunque
aún está durito. Se para y su pene está escurriendo.
Me excita en cierta forma verlo así. Yo fui, en parte, la responsable
de esa sabrosa venida, y es un honor verlo jadear rápidamente, verlo
asearse, esta vez, con su lengua, lamiéndose su rojo pene por largo
rato. Se sienta y sigue aseándose. Me paro y me retiro, sabe que
yo lo espero en el coche.

Me fumo un marlboro light -vicio
que por más que trato no puedo dejar. Me sorprende una vez más
al verlo llegar con mis pantys en el hocico. Buen chico, he?, buen chico…
Salta dentro del carro, por mi ventanilla, lo abrazo y lo acaricio, le
palmeteo la espaldita y se enrosca en donde a veces esta el asiento. Le
procuré un viejo tapete para que disfrute cómodamente del
accidentado viaje.

Ya casi al llegar al departamento,
y me acuerdo que había cena de gala, y yo bien campante en el Ajusco…
Como fui tan tonta para olvidarme por completo?….Mmmm, bueno, creo que
esta vez hubo un buen pretexto.

Así que tan pronto como entro,
le pido de favor al Poli de la entrada que me pida un taxi (-Si güerita,
me contesta, y se despabila estirando los ojos para poder mirarme las piernas,
la mini arrugada hasta arriba) meto el vocho en su cajón y entro
corriendo, me medio peino, me enfundo en un vestido negro escotado, largo
y abierto de una pierna, haaaa, y no podían faltar mis medias favoritas,
las medias negras. Mis zapatillas están intactas… pero las únicas
pantis que tenía limpias no están… digamos…disponibles,
y de aquí a que las lavo…y se secan… se me hace más tarde…
además se transparentarían…y que pensaría de mí
la fina concurrencia…

Tomo un manojo de cosméticos
y me llevo la bolsa chiquita, el celular no cabe, pero al fin y al cabo
no sirve de mucho (Send: El-número-que-marcó-no-se-encuentra-disponible-o-está-fuera-del-área-de…
Chingada madre¡…End.)

Total que la cena estuvo muy pinchi,
y aunque un perito de la compañía me estaba haciendo ojitos
-creo que cuando metió la mano adivinó que no traía
nada debajo- los güisquitos y las nalgas paraditas de mi jefe me convencieron
más que su bultito que traía en medio de las piernas, y como
ya tenía rato que no retozábamos, acabamos en un hotelito
de Polanco. Para variar me dejó con ganitas, eso sí, no se
salvó de que hiciéramos un sesenta y nueve, cosa que le ruboriza
como a un colegial, y como que no le entraba con mucha fe que digamos.

Cuando llegué por fin a mi
depto., como a eso de las tres, tres y media, vino a recibirme muy solícito
mi Darky, agitando amistosamente su colita y con ese brillo característico
en sus ojos…

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Una nueva experiencia con su fiel pastor alemán Darky.

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