2011 junio | Tus Relatos Calientes
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Archive for junio, 2011

Por mirar los pies de una chica

Por mirar los pies de una chica (9)

Me baje del colectivo en un caluroso
dia de noviembre. Iba camino a un negocio de musica a buscar una guitarra
que habia comprado. Siempre me bajo antes para mirar otro negocio de musica
que esta al lado de un gimnasio. Hace unos meses cuando pasaba por el gimnasio
note una chica haciendo ejercicios. Asi que pasaba lo mas seguido que podia
con la esperanza de verla lo mas seguido que podia. Ella tenia un largo
y rubio cabello, hermosos ojos azules, vestia shorts y una remera que le
quedaba a la perfeccion. Tambien usaba unos zoquetes que le llegaban hasta
los tobillos.

Cuando pase ella estaba haciendo
sus ejercicios. Estaba transpirando mucho asi que me decidi a sentarme
y mirar un poco. Ella no me veia ahi (al menos eso pensaba) mientras yo
seguia viendo cada uno de sus movimientos. Yo miraba sus piernas y sus
pies moverse. Yo sabia que sus pies estaban calientes y transpirados adentro
de sus zapatillas. Cuando termino su clase de aerobics yo segui mi camino
hacia el negocio de musica.

Ya de regreso del negocio subi al
colectivo que recien habia llegado. No habia casi ningun lugar para sentarse,
el unico que habia estaba al lado de la chica a la que habia estado mirando
antes. Me sente y note que que habia cambiado sus zapatillas por unas sandalias,
pero todavia tenia puestos sus zoquetes. Ella estaba mirando una revista
y cuando me miro me dio una sonrisa y siguio leyendo su revista. Yo estaba
realmente nervioso. Le miraba lo pies y fantaseaba sobre tenerlos en mi
cara. De repente se paro para bajarse. Yo ya pensaba que nunca mas la iba
a poder ver, pero antes de bajarse me susurro al oido "Si te gusta
lo que estuviste mirando, bajate conmigo.". Yo no sabia que hacer
pero igualmente la segui. No sabia que iba a pasar pero sentia algo excitante
sobre ella y sus hermosos pies.

Apenas me del colectivo la vi a
ella cruzando la calle. Casi sin mirar yo tambien cruce la calle. Yo no
sabia si habia oido mal pero segui caminando atrás de ella. En un
momento me pare en otra parada de colectivos pero ella se dio vuelta y
me sonrio, y con la cabeza me indico que la siguiera. Cuando llego a su
casa dejo sus sandalias tiradas en la entrada y abrio la puerta, dejandola
abierta para mi. Yo entre y tome sus sandalias. Cerre la puerta y cuando
entre al cuarto donde estaba ella me la encontre sentada en una silla revisando
sus emails. Como ignoraba mi presencia me arrodille a su costado. Ella
giro su silla hacia donde estaba yo. Todavia no me hablaba pero me miraba,
despues me dijo que me quedara donde estaba y antes de levantarse me puso
su pie todavia con el zoquete para que lo huela rapidamente. Se levanto
y fue hacia donde estaba el canasto con ropa sucia de donde saco un par
de medias de lycra. Yo no sabia que pensaba hacer pero pronto lo imagine
cuando me ato las manos por atrás.

Despues saco la silla donde habia
estado sentada y me dijo que me acostara debajo de la mesa de la computadora.
Despues ato mis pies y gateo por debajo de la mesa y se sento en mi cara
mientras ataba mis manos a la mesa. Volvio al canasto con ropa suscia y
saco otro zoquete sucio. Me dijo que abriera la boca mientras me ponia
el zoquete completamente en mi boca, dejandome respirar solo por mi nariz.
Me puso la silla por encima mio y se sento mientras seguia chequeando sus
emails. Dejo sus pies sobre mi estomago. Me dijo que habia llegado justo
cuando ella iba a chatear con una amiga que vivia en otra provincia. Nunca
me habia sentido tan impotente y disfrutaba cada minuto.

Mientras chateaba movia sus pies
hacia mi nariz, moviendo sus tibios y transpirados pies por toda mi cara.
Debido al zoquete que tenia en mi boca, estaba obligado a sentir el olor
de sus pies. Ella seguia usando mi cara como un masajeador. Despues de
media hora de esto saco un pie de mi cara, se saco el zoquete y me lo volvio
a poner sobre mi cara. Su pie todavia seguia tibio por los aerobics que
habia hecho. Realmente el olor era hermoso, siguio con sus dos pies ya
sin zoquetes sobre mi cara por otra media hora en la cual lo unico que
podia oler eran sus pies. Despues miro debajo de la mesa, se agacho y me
saco su zoquete de mi boca y dijo que era hora de que le limpie el pie
sin dejar ni un centimetro sucio. Puso su pie sobre mi pecho y el otro
con el talon justo sobre mi boca.

Mientras movia su pie, queria que
le limpiara el talon hasta que ella dijera que estaba limpio. Le limpie
el pie desde el talon hasta los dedos, cuando llegue a los dedos me dijo
que dejara totalmente limpio entre cada uno de sus dedos. Despues de un
tiempo de haber lamido cada centimetro de su pie, me puso su otro pie en
la cara para que le hiciera lo mismo. Una vez que termine de limpiarle
los dos pies ella termino de chatear. Y me dijo que porque fui un buen
chico e hice todo lo que me pidio, me tenia un regalo especial para mi.
Me desato las manos de la mesa y me llevo hasta la mitad del cuarto. Se
paro en mi pecho y me dijo que el regalo que me tenia consistia en chuparle
la concha hasta llevarla al orgasmo. Se saco sus shorts para mostrarme
su cuerpo bien formado. Se bajo de mi y se agacho para decirme que primero
tenia que chuparle el culo hasta dejarlo limpio. Yo me impresione porque
nunca habia hecho nada asi pero no queria que esto terminara. Empezo a
bajar hasta que se sento justo sobre mi boca. Ya con su culo sobre mi cara
la unica opcion que tenia era limpiarselo. Me ordeno que le metiera mi
lengua mas profundo. A ella le estaba encantando esto y seguia moviendo
su culo por mi cara.

Despues se dio vuelta y puso su
conchita sobre mi boca mientras me decia que se la lamiera hasta que ella
dijera basta. Se empezo a mover constantemente pero igual yo se la seguia
lamiendo. Dejo escapar unos gritos y unos gemidos y yo sabia que habia
llegado al orgasmo. Se sento sobre mi, luego se paro, me desato las piernas
sin decir nada. Me desato las manos y me ayudo a pararme. Cuando quise
hablarle me puso su dedo en boca y me dijo que escribiera mi nombre y telefono
en un papel. Agarro sus dos zoquetes que habia usado, los puso en mi bolsillo
y me guio hacia la salida. Cuando estaba en la vereda, me cerro la puerta,
y yo todavia sigo esperando a que me llame… (CONTINUARA)

Si a alguien de Argentina le gusto
mi historia y esta dispuesto a usarme de esta manera, me pueden escribir
a: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Unos pies de mujer, calientes y sudorosos después de una enérgica sesión de aeróbic, ¿pueden ser supereróticos? Por qué no. Para el protagonista de nuestro relato, desde luego lo son. Y cumplirá su fantasia con una chica de excelente y cuidado físico.

Mil manos por mis rincones

Mil manos por mis rincones (9)

Hola me llamo Susana, soy una chica
de 22 años, rubia, de ojos azules, culo respingón, tetas
firmes y redondas, las cuales no necesitan para nada del sujetador, piernas
firmes y torneadas, por todo esto me gusta vestir de forma cómoda
pero a la vez sexy, ya que me encanta que se noten a la perfección
mis curvas, ya que me excita sentir las miradas de los hombres en mi cuerpo,
y como me devoran con la mirada como queriendo desnudarme y follarme con
la mirada, así pues visto la mayoría de las veces con vestidos
cortos y delgados para el verano, los cuales incluso son tan vaporosos
que se percibe mi ropa interior a través de la tela, siempre me
ha gustado utilizar tangas de las más pequeñas, ya que me
gusta sentir como se encajan en mis rajas, tanto en el culo como en mi
cuca, la cual siempre me he depilado totalmente, ya que el bello púbico
no me agrada en lo absoluto, siempre he tenido que viajar en transporte
público y por esto me encanta calentar a los hombres, ya que si
me toca ir sentada, procuro situarme frente a algún hombre de no
mal ver, para de esta forma mostrarle mi escasa ropa intima, ya que finjo
no darme cuenta y entreabro mis piernas, para que el afortunado tenga buena
visión de mi tanga y de mi parte intima, en el caso de ir de pie,
suelo situarme cerca de el hombro de algún chico y disimuladamente
recargarme, frotando mi sexo con su hombro, haciendo pequeños círculos
con mi pubis, en varias ocasiones se ponen detrás mío algún
tentón de esos que gracias a dios abundan, los cuales de inmediato
comienzan a palpar mis firmes glúteos, a la mayoría de ellos
les gusta delinear la forma de mi tanga por los bordes de la piel y la
tela, ya cuando se encuentran excitados, algunos se aventuran bajo mi mini
falda, sobando mis nalgas desnudas con la palma de la mano bien abierta,
palpando todas mis redondeces, sobre todo en donde termina la nalga y principia
mi pierna, algunos me han despojado de mi tanga, ya que algunas cuentan
con un segurito en el resorte de la tanga la cual facilita quitármela
sin ningún esfuerzo.

En una ocasión un tipo se
sacó la verga y la colocó entre mis piernas y mis nalgas,
deslizándola en un rítmico vaivén , como si me estuviera
follando, al sentir su pene caliente rozando mi sexo apreté mis
piernas, atrapando tan delicioso instrumento de placer, lo cual al parecer
lo terminó de volver loco, ya que casi de inmediato eyaculó,
dejando mi sexo y piernas llenas de semen.

Solo en una ocasión perdí
el control en una situación de estas y fue un día que el
subterráneo tenía problemas, lo cual trajo consigo un retraso
en las corridas, por consiguiente se encontraba totalmente repleto de gente,
yo me ubiqué en el andén para esperar el tren, de inmediato
se arremolinaron varios hombres a mi alrededor, lo cual no me importó
en absoluto en ese momento, pero al llegar el subterráneo, los tipos
me levantaron en vilo, arrastrándome en un mar de manos, las cuales
se peleaban por apoderarse de alguna parte de mi delgado cuerpo, en esta
acción comenzaron a rasgar mi vestido, el cual era delgado de tela
vaporosa, con un amplio vuelo con una serie de botones al frente, los cuales
con el jaloneo terminaron por ceder casi por completo, por esto al quedar
prácticamente desnuda, las manos tuvieron total libertad para tocar
mis nalgas y mis pechos, y un afortunado se apoderó de mi sexo,
al cual tenía firmemente cubierto con toda la palma de la mano.
Yo ante todo esto me encontraba excitada, ya que nunca había sentido
tantas manos sobre mi cuerpo, los dedos me proporcionaban una vorágine
de sensaciones, ya que mas de uno se introdujeron en mis orificios íntimos,
lo único que me preocupaba era que mi tanga había dejado
de existir y mi vestido no sabía en que condición estaba,
en una estación bajó la mayoría de la gente, por lo
que aproveché y acomodé lo mejor que pude mi vestido y abandoné
el subterráneo, ya afuera me coloqué un suéter largo
que llevaba para tapar lo que me dejaron por vestido, así que tuve
que caminar por las calles sin ropa interior y solo tapada con un suéter
largo, pero algo que me agradó era sentir el aire tocar mis parte
intimas y pasar junto a personas que no se percataban de mi desnudez.

Por lo que desde ese momento me
he deshecho totalmente de toda la ropa interior , tanto cuando uso vestidos
como cuando uso pantalones o mallones, por lo que mis encuentros con los
manoseadores son mas agradables y fáciles para ellos.

 

Resumen del relato:
    Una chica disfruta enormemente siendo manoseada en el metro y llega a no llevar ropa interior para mayor excitación y morbo.

Húmeda inspección

Húmeda inspección (9)

Cindy miraba en el espejo de vista
trasero y vio las luces encendiendo azul y rojo. "Fabuloso,"
ella pensó, "justo a tiempo, yo realmente tengo que hacer pis".
Ella se orilló a un lado del camino y esperó que el oficial
viniera a su ventana. "¿Señorita puedo ver yo su licencia
y registro? " Él estaba de pie allí, oscuro como nocturno,
presentando su silueta contra las luces de la ciudad en la distancia. Ella
saca los documentos pertinentes, y los puso en manos del oficial negro
que los tomó y fue a su automóvil y dijo a Cindy que esperara.
"Yo espero que esto no tome mucho tiempo…". Ella pensó,
como la presión en su vejiga aumentaba y empezó a pulsar.
Cindy siguió sentada y esperó… Y como todos nosotros sabemos,
un oficial de policía tarda realmente algún tiempo para rellenar
esos formularios–firmarlos a la entrada triplican y hacen el resto cualquier
cosa que ellos hacen. El oficial negro contento él con su procedimiento
misterioso dentro de su automóvil. Cindy esperó con impaciencia,
nerviosamente, miedosamente. Cindy apretó los músculos de
Kegel hasta que su pelvis pequeña poco parecía condensar…
excepto que la pis todavía estaba doliendo para salir… Ella deseó
que hubiera llevado una falda para que pudiera hacer una caminata y salvarse
de la humillación… pero ella había llevado, por supuesto,
su pantalón vaquero firme favorito el pantalón era firme
en la horca y frotaba su clítoris cuando camina, y lo traía
mojado todo el día… Pero no tan mojado como temió que estaba
a punto de ser. "Oficial," ella llamó fuera de su ventana
al intenso destello del vehículo detrás de ella, "yo,
um, yo realmente necesito ir… ¿puede usted por favor, um, tomar
un poco menos de tiempo?" No hubo contestación. Cindy sentía
un tirón entre sus piernas, cuando sus músculos pelvianos
empezaron a perder su batalla valiente. "Oh Dios, ya estoy haciendo
pis en mis pantalones," ella murmuró al ver la mancha en la
entrepierna. Y de hecho, un borbotón diminuto de orina abandono
su uretra y estaba al instante absorbido por sus bragas de algodón
blancas firmes que su amante ilícito, Arturo, le había comprado
para su cumpleaños. "Arturo estará tan enfadado conmigo".
Y entonces, cuando estas cosas pasan, que el primer chorrillo de orina,
dio lugar a una segunda ola, como Cindy caliente orina vertido fuera de
su horca, en sus bragas, y de allí se extendió fuera para
empapar su área pelviana entera, sus muslos superiores y su ano…
Cindy miraba hacia abajo cuando vio que la mancha húmeda entre sus
piernas sexy maduras, deliciosas se puso más grande y más
grande como cuando hacen pis forzando su salida, en su pantalón
vaquero, y hacia el asiento tapizado de su automóvil. Se sentía
tan caliente cuando brotó y bañó el asiento de sus
pantalones en orina, como el olor de orina empezó a llenar el automóvil…
Cindy no podría pensar en nada más humillante que lo que
estaba pasando entonces. En el extremo ella decidió no luchar más…
y entonces realmente empezó a empujar la orina fuera en su pantalón
vaquero. Cindy siempre era un todo o nada el tipo de muchacha. Ella empujó
y empujó volúmenes de orina inundado fuera y mojando sus
piernas, empapando irrecuperablemente en el tejido y cojín de su
asiento. Podía oír el ruido de hacer pis surgiendo a través
de su pantalón vaquero. Cindy se sobresaltó en la realidad
de que ella estaba empezando a jadear en el sentimiento de permitir irse
y orinando dentro de sus pantalones. Empezó a disfrutar la sensación
calurosa en sus pantalones, el olor temerario de hacer pis en el automóvil.
Empezó a frotar su entrepierna y sintió la sensación
húmeda y calurosa contra ella endureciendo su clítoris…
"¿Señorita, qué está haciendo usted?"
"Oh mierda, nada" "¿Perdóneme señorita?"
"Um, yo quiero decir, nada, yo estaba buscando algo simplemente".
"Por favor de un paso fuera del automóvil". Cindy estaba
absolutamente sin palabras o pensamientos. Todo lo que ella supo eran que
estaba a punto de ponerse de pie delante del negro oficial anónimo,
y presentar a él su ego húmedo, acre, excitado. Deseó
que ella estuviera en alguna parte lejos… Pero por supuesto eso no era,
y procedió estar de pie ante el oficial, la cara se le ruborizo,
y tenía los pantalones empapados. Ella sentía gotas pequeñas
de orina goteando bajo sus piernas, en sus calcetines. "¿Tiene
usted derramada una bebida alcohólica en su regazo, señorita?"
Dijo a Cindy, boca abajo, tímido y favorablemente avergonzado. "No,
oficial," "¿Entonces qué es eso que derramo en
su regazo, señorita?. ¿Ha estado bebiendo esta noche?"
el hombre negro presentó su silueta contra las luces de la ciudad.
"No, oficial, yo no he estado bebiendo nada esta noche". "¿Entonces
que es eso en su regazo?" "Orina," era todo lo que ella
podría proferir. "¿Perdóneme, señorita?"
"Tengo orina, oficial, yo oriné en mis pantalones". "Se
da la vuelta, señorita yo necesito verificar esto". Cindy se
dio la vuelta para mostrar al oficial que ella había mojado de hecho
completamente su pantalón vaquero firme, con su trasero bien formado
tan inclinada pintó el resultado de un accidente mojándose,
y definitivamente no una casualidad de ingerir alguna bebida. "Puedo
irme ya ahora oficial. ¿Es una pena yo oriné en mis pantalones,
pero no es nada ilegal?

Por favor permítame ir a
casa. Vea me estoy mojando más aún". Y de hecho, sin
su llamado, la última orina de Cindy se vertió bajo sus piernas,
en sus calcetines y zapatos. Ella notó que el oficial estaba tremendamente
excitado y se le notaba tremendo bulto bajo el uniforme ella tímidamente
le dijo que si lo que veía le calentaba a lo que el oficial dijo
que desde luego sí y acto seguido ella lo jala junto el auto y entre
los arbustos le bajó el cierre e introdujo su mano que al extraer
su pene se quedo maravillada con ese monstruo tan inmenso. Debía
medir por lo menos unas 9 pulgadas grueso y con muchas venas y tras admirarlo
brevemente se lo empezó a introducir lentamente hasta que sintió
que le era imposible tragar una pulgada más y luego de lamerlo afanosamente
en la punta el oficial le dijo que sentía muchas cosquillas y que
no siguiera o le empaparía toda la cara. Ella hizo caso omiso y
tras breves segundos empezó a sentir el chorro tibio del liquido
amarillento que llegó al fondo de su garganta tras cerrar sus labios
alrededor del miembro se di a la tarea de sacarle hasta la ultima gota
de orina. El oficial sintió desfallecer cuando al no quedarle más
de lo que le fascinaba a la chica ella chupó con frenesí
para gozar todo sin dejar escapar ni una sola gota. Tras esto el oficial
negro le devolvió su licencia y registro. "La próxima
vez, use el baño y no sus pantalones, señorita. Una señorita
joven de su edad no debe estar teniendo accidentes".

Y Cindy volvió atrás
a su automóvil, cabeza abajo, los pantalones vaqueros firmes empapados
hasta sus pies, excitada todavía ansiosa de volver a experimentar
los sentimientos libidinosos que ella había sentido durante su descarga
en el automóvil y luego con el oficial. Ella puso en marcha su automóvil,
y se dirigió hacia casa. Excitada como estaba y empapada hasta los
huesos. Cindy nunca se había sentido realmente así antes.
Pero ella estaba segura que el sentimiento era bueno. Cindy llegó
a su entrada de autos y se contoneó a su apartamento donde su novio,
estaba sentado, mirándolo devastadoramente guapo y inteligente,
tecleando su powerbook. Él estaba trabajando en su Gran Historia
de Porno americana que había estado ocupándolo durante meses.
¡Hola cariño! ¿Qué pasó? "Estas
toda mojada…" "Yo es una pena oriné en mis pantalones…
al principio era por accidente, pero entonces yo no sé lo que pasó
y yo empecé a seguir a propósito y yo lo siento mucho ¿estás
tú enfadado?" "Por supuesto que no,". Él caminó
hacia Cindy y la sostuvo en sus brazos. Ellos se quedaron de pie durante
algún tiempo, con la cabeza de Cindy enterrada en el hombro de Arturo.
"Yo soy tu novio dijo a Cindy. "Sí, novio" le contestó
el amante. "Quiero. quiero que tú me frotes abajo allí
dónde yo oriné….", "Hmmmm… eso es una nueva
idea," sonrió abiertamente. "Por supuesto yo quiero, esa
cosita dulce. Permite sólo mientras te acomodo aquí en la
cama, y te consigo una almohada suave para tu cabeza. ¿Entonces
Cindy tuvo un accidente? "Sí, yo hice pis en mis pantalones".
"Bien, simplemente permite ver cuánto te orinaste…".
Y dicho eso, corrió sus manos abajo de la cara de Cindy, bajo sus
pechos suaves, bajo su estómago, a su entrepierna que era muy, muy
húmeda. Él introdujo su mano bajo el vuelo de su pantalón
vaquero firme, siguió entre sus piernas, y alrededor de ella al
ano muy húmedo, muy bien lubricado, muy delicioso… a que punto
que él apretó, y Cindy reveló un gemido. ¡Empezó
a frotar a Cindy entre sus piernas–la fuente de todos su placeres–cuando
él la besó en la boca, y sus lenguas se entrelazaron, la
miró empezar a gozar… "Yo pienso que gozo en mi pantalón
vaquero húmedo Ayúdame a terminar" No la obligó,
por supuesto, y frotó su gato duro y lento a través de su
pantalón vaquero, mientras él la besó y apretó
sus pechos y pellizcó sus pezones. Y entonces él abrió
su pantalón vaquero y empujó su mano en sus empapadas bragas
blancas, y frotó su clítoris en serio, sintiendo su clítoris
duro húmedo caliente latir contra sus dedos. "¡Oh, Arturo
tú eres de los más calientes la mayoría se asombraría
eres el hombre más grande que yo he tenido alguna vez. ! Yo estoy
terminando con Alfredo. ¡Tú eres ahora el único para
mí! Y… YO… ¡TERMINO! ¡OH! ¡OOH! ¡OH
DIOS! ¡OOOOOOOOOOOH! Oooh. mmmmmm… oooooooooooh…. "El estaba
asombrando," de ver a Cindy muy contenta. "Ahora yo te quiero
en mí". "Y yo quiero estar en ti, Cindy". Él
sacó su grande 11" él jaló, y tiró abajo
los pantalones vaqueros empapados de Cindy y bragas. Y con sus pantalones
todavía en sus tobillos, la colocó abajo se puso encima de
Cindy y entró en ella firme, el gatito estaba caliente, húmedo,
resbaladizo, delicioso. Y allí ellos hicieron el amor y sudaron,
gimiendo, suspirando… y muy, muy húmedos.

Espero les guste la historia para
hacerme llegar sus comentarios este es mi mail:

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Una chica es detenida en la carretera por un policía que se demoratanto en las comprobaciones que la mujer termina orinándose en los pantalones, tremendamente excitada. Tras invitar al policía a mear en su boca y hacerle una mamada, marcha en busca de su novio…

Los hijos de la condesa

Los hijos de la condesa (9)

Mi nombre es Julia, soy natural
de un pueblecito, cuyo nombre no diré de la provincia de Guadalajara.
Llevo varios años viviendo en Madrid, trabajando en diversos trabajos,
pero aún recuerdo mi primera experiencia laboral en Madrid, como
chica de la limpieza en un barrio residencial de alto standing.

Era una chica acatetada, de diecinueve
años de edad. Tuve que cumplir mi mayoría de edad y alguno
más para decidirme a abandonar el nido y marcharme con una hermana
mía que ya vivía allí a buscar trabajo en la urbe.

Fui también animada por la
recomendación que había hecho un matrimonio de Madrid que
tenía una casona en el pueblo, recomendación para servir
en la casa de una aristócrata viuda de Madrid. Me habían
hablado de ella, de lo encantadora que era ella y su difunto marido y de
sus hijos, una pareja de diablillos adorables que echaban a todas las chicas
del servicio a la primera de cambio. Bueno, yo estaba segura que conmigo
no podrían ese par de mocosos.

Fui a la entrevista a casa de la
condesa. No debía de ponerme nerviosa pues la recomendación
era bastante firme, a pesar de ello, estaba muy nerviosa. La condesa tenía
una elegancia innata. Me hizo una oferta generosa por entrar de asistenta,
aunque la oferta era mucho más generosa si me quedaba de interna.
Al final acordamos una solución intermedia que consistía
en estar interna casi toda la semana y medios días libres los fines
de semana.

Me comentó que el problema
eran sus hijos, un par de diablillos que no la aceptarían nunca
si no le gustaba y que a pesar de todo, eran consentidos y a menudo había
vuelto del cine y se había encontrado con la chica haciendo las
maletas. Si su difunto marido viviera, entonces estarían más
educados por que lo que les faltaba era una buena mano dura que los supiera
conducir.

Me presento a sus vástagos.
Juanito era un chico de unos diecisiete años, muy educado y comedido.
No sé por donde le venía la fama de diablillo. Un chico bastante
largo para su edad, delgado y con un porte intelectual adorable. ¡Qué
pena que no tuviera cinco años más! La otra hija era Leticia.
Era una chica de diecinueve años, muy elegante, como la madre, rubia
de pelo lacio y manos exquisitas. Una chica de aspecto juvenil y alegre
que me pareció adorable. Quedé encantada y esperando a trabajar
al día siguiente, pues los chicos le dieron la aprobación
a la madre, después de mirarse confabulándose. Era la aprobación
un trámite ineludible.

Comencé a trabajar en la
casa de la condesa. Me trataban los tres de manera exquisita, cariñosa,
casi parecía que no estaba sirviendo. Qué bien me quedaba
mi uniforme, de color azul oscuro. La falda me llegaba un poco más
arriba de la rodilla. Era una falda ni estrecha ni ancha que me sentaba
muy bien pues dejaba ver mis pantorrillas carnosas a través de las
medias azules y dejaba adivinar mis muslos perfectos. El color azul me
hacía más alta de lo que era en realidad. Tengo una altura
normal, bueno, era tan alta como Leticia y Juanito.

Mi cintura era estrecha y este hecho
quedaba recogido por el diseño del uniforme, que unía un
corpiño a la falda, corpiño que se enganchaba por dos tiras
que venían desde atrás y se enganchaban a un delantal que
cubría por encima del pecho. Un pecho generoso, firme y juvenil
que era la admiración del pueblo. Debajo, una camisa blanca.

Soy morena, de ojos oscuros y boca
discreta, ni grande ni pequeña, ni labios gordos ni delgados, mi
cara redonda, mi nariz recta y ligeramente puntiaguda. Tengo el pelo largo,
pero en casa de la condesa me lo recogía en una coleta.

La actitud de los chicos era de
una corrección intachable cuando su madre estaba presente, pero
cuando la condesa salía , para dedicarse a sus campañas de
beneficencia, a tomar café con las amigas, etc… las cosas cambiaban.

Me sorprendió el primer día
que aquello sucedió, ver que Juanito se había colocado una
cazadora de cuero sin manga y de color crema y una lista de plumas alrededor
de la cabeza. Llevaba un hacha de plástico entre la correa y el
cinturón y la cara embadurnada de crema roja y amarilla. Yo había
visto los tarros de pintura pero creía que eran para ir a animar
a la selección.

Me miraba como espiándome.
Parecía un completo estúpido. Leticia lo vio y dijo -¡Ya
está el vaina este jodiendo la marrana!- Me sorprendieron estas
palabras en la hija de la condesa, máxime cuando la suponía
tan modosita. Juanito me espiaba escondiéndose en los lugares más
insospechados. Lo veía en el pasillo, delante mía, intentando
adivinar mi trayectoria para introducirse en el cuarto y esconderse.

Estuvo así hasta que Leticia,
cuando hube acabado mi trabajo y estaba descansando tomando la merienda
bajo la atenta mirada de Juanito, que escondido detrás de la puerta
miraba debajo de la mesa para ver si algo se me veía, lo que no
podía ser, pues cerraba las piernas y se jodía el gran jefe
indio "Capullo Loco". Vino Leticia a enseñarme sus discos
y estuve en su cuarto, sentadas las dos en la cama , hablando distendidamente
sobre el tipo de música que me gustaba. Pensé que era como
una amiga.

Reíamos. Leticia me apartó
los pelos que se había descolgado de mi coleta y me dijo, que era
muy guapa. No lo tomé por mal, pensaba que era un cumplido. Seguimos
hablando. Leticia me miraba de una manera muy rara. No la supe identificar
en su momento pero desde esta experiencia no se me olvidará jamás.

Digo que la actitud mientras estaba
la señora condesa presente era exquisita, pero no era igual cuando
su madre no estaba. Juanito se dedicaba a hacer el indio. Me escondía
la escoba en mis descuidos e incluso, me tiraba flechas de juguete con
un arco de idéntica naturaleza. Valiente capullo estaba hecho este
indio. Leticia me rescataba y me llevaba a la habitación, pero empezaba
a olerme aquellas confianzas muy raras. Yo no suelo beber y Leticia un
día se empeñó en darme vasitos de una botella de Ginebra
que tenía escondida, bebimos varios vasos y comencé a marearme.

Leticia comenzó a acariciarme
las piernas. Mis padres me habían dicho que si un muchacho me tocaba
las piernas, le pegara una hostia, pero no me habían dicho nada
sobre si me tocaba una pierna una mujer. De todas formas, me resultaba
agradable.

-¿Te ha besado alguna vez
un chico?- Leticia me preguntó.- Bueno, a veces…- le dije, haciéndome
la interesante, aunque de hecho, sólo me había besado en
las fiestas con el Domingo, un amigo de mi hermana. -Yo nunca me he besado
con ningún chico… Me encantaría saber como es un beso…
Tú podrías enseñarme.- o me parecía bien la
idea, aunque si era para enseñarle a Leticia, bueno.

Junté mis labios a los suyos.
Leticia ponía cara de corderito degollado. Junté los labios,
digo y me encontré la boca de Leticia mucho más receptiva
de lo que cabía esperarse. Su lengua entró en mi interior.
Aquel beso no tenía nada que ver con el que el Domingo me había
dado, que era más un empachurramiento de labios que otra cosa.

Nuestros labios se separaron despacio
tras permanecer un rato unidas nuestras bocas. No dejé de sentir
unas cosquillitas en la barriga que me llegaban hasta el toto. -Tu novio..
¿Te tocaba mientras te besaba?.- No quise decirle que el Domingo
no era mi novio.- Sí, un poco.- ¿Dónde?.- Aquí
y ahí.- Le dije señalando mi pecho y entre mis piernas.

Leticia comenzó a introducir
su mano elegante de dedos largos por mi falda mientras me besaba de nuevo.
Sentía subir su mano en contacto permanente por mis muslos. Sentía
excitarme. Sentía que las cosquillas se convertían en una
presión, como cuando veía en el campo a los animales aparearse.

Su mano me palpaba por encima de
las bragas. Mis piernas se abrían inconscientes, tentadoras. Sentí
la otra mano de Leticia desbrocharme los tirantes y la tela del delantal
cayó por su propio peso, luego me desabrochó un botón
de la camisa e introdujo su mano, bajándome unos de las tirantes
del sostén en mi pecho que contenía mi acelerado corazón.
Me negaba a aceptar aquello aunque me agradara, pero sentía la amistad
que me había demostrado, su superioridad social. No me atrevía.

De pronto la puerta se abrió
y apareció el gran jefe indio Capullo Loco, -¡Ya estás
otra vez jodiéndome, nene de los cojones!.- Ese era el vocabulario
que empleó la hija de la condesa.- ¡Toma, pues claro! ¡Si
te crees que te la vas a comer tú sola estás equivocada!.-
¡Quién se la está comiendo, capullo loco!.- Evidentemente
hablaban sobre mí. Juanito salió y yo detrás, aunque
Leticia me pedía e insistía en que me quedara. Juanito fue
muy oportuno. Por primera vez fueron los indios y no los yankees los que
salvaron a la dama en apuros. Se me quedó grabado aquello de capullo
loco, y desde ese día, cuando no me oía la condesa, le llamaba
a Juanito Capullo Loco. A veces le daba el tratamiento de Gran Jefe Capullo
Loco, a lo que él sonreía y me decía – ¡Ya verás
cualquier día!.-

No volví a entrar en la habitación
de Leticia a confraternizar. Ella lo notó y me miraba haciéndome
reproches con la mirada. El Gran Jefe me vigilaba cada vez con más
insistencia. Sabía que me miraba el culo. Más de una vez
lo encontré escondido en mi cuarto, a veces lo echaba y otras veces
me hacía la despistada y sospecho que más de una vez me vería
cambiarme de ropa.

Un día sentí los susurros
de los chicos detrás de la puerta de la habitación de Juanito.
Abrí la puerta despacio. No quería creer lo que veía.
Leticia estaba desnuda, sólo con las bragas. Tenía un cuerpo
blanco y sensual, con unos pezones grandes del color del helado de fresa
en un pecho adolescente y consistente, sus muslos aparecían preciosamente
formados. Se besaba en la boca con Juanito. Parecía que la corta
lección que le había dado le había servido de mucho.
(ingenuamente me creía lo que me había contado). Me fui antes
de que me descubrieran.

No me descubrieron o no les importó
en absoluto, ya que siguieron en lo suyo. Lo siguiente que pude ver, asomada
por la grieta que se abre entre la puerta entreabierta y su marco, fue
a Juanito mamando del pecho de su hermana. Juanito mamaba mientras acariciaba
su otro seno y le acariciaba por detrás, posiblemente las nalgas.

Leticia lo miraba con paciencia,
entre cariñosa y expectante. Me fui, intenté no volver, pero
sentía la curiosidad, como cuando en el pueblo seguí a mi
hermana al río y la vi fornicando con el Fernando. Me asomé
de nuevo y vi que Leticia le había sacado la picha a Juanito, que
estaba tiesa, más tiesa que la picha de los caballos, aunque más
pequeña. Leticia la agarraba con la mano y le chupaba la cabecita,
mientras Juanito ponía cara de felicidad y agarraba los pechos de
su hermana.

Vino entonces la "gran cascada".
Leticia apartó la cara y la picha de Juanito empezó a soltar
el líquido. Nunca había visto aquello. Yo sabía por
los comentarios de las chicas que aquello existía pero no sabía
cómo era lo de correrse y lo del líquido, que era muy peligroso
porque te podías quedar preñada si lo tocabas.

No pude dormir bien esa noche imaginándome
la escena, que me daba vueltas a la cabeza. Me agradaba ver a los animales,
pero no puedo decir que me gustara ver a mi hermana en el río, aunque
la escena en sí me gustó, pero lo de Juanito y Leticia me
había atraído y me asustaba, por el tema de que eran parientes.
En una ocasión me propuso mi hermana que como no teníamos
novio yo podía ser su novio, pero al besarla, no sentí nada
y me dio cargo de conciencia.

La señora condesa salió
aquella noche con la advertencia de que se iba a una gala y se tardaría.
Los dos hermanos se miraron conchabados. Era evidente que algo tratarían.
¿Volverían a obsequiarme con una mamada?.

Me equivoqué. Leticia me
miró con cara de avaricia, como me miraban los chicos en el pueblo.
Juanito no tardó en aparecer vestido de indio y Leticia se quitó
de en medio. Hice mis labores más vigilada y hostigada que nunca
por el Gran Jefe. Luego me fui a ducharme y cometí el error de no
cerrar la puerta de mi dormitorio mientras me duchaba en la ducha del pequeño
servicio. Salí con la toalla puesta al dormitorio, y allí
me encontré al aguerrido guerrero sioux, que había cerrado
la puerta del dormitorio y la había obstaculizado con un sillón.

- ¡Jau! Tú ser mi prisionera.-
Me saludó, y se acercó hacia mí con la intención
evidente de agarrarme. Me escabullí y comenzamos una persecución.
Tiró de la toalla y quedé desnuda. No se cortó un
pelo y siguió intentándome pillar. Tuve tiempo de apartar
la silla y abrir la puerta y salí al pasillo pidiendo la ayuda de
Leticia que no salió.

- El apache era más rápido
que yo y me cogió del pelo, parando mi escapada, Chillé.
Pero cedí ante el dolor que me causaba. Me llevó a su cuarto,
que estaba más cercana que el mío. Me llevó a rastras,
por la fuerza y me encerró allí.

-¿Qué vas a hacer?
Le dije mirándole a los ojos, reflejando el miedo y nerviosismo
en mi mirada.- Tu ahora ser mujer yunta awa Kan.- La frase me sonaba de
una película. Sí un hombre llamado caballo. Lo recuerdo porque
unos días antes la habían echado por la tele. Estaba desnuda
tumbada sobre la cama, mirándolo cuando vi que se desabrochaba los
pantalones vaqueros y descubrí que no llevaba calzoncillos, como
si fuera un salvaje de verdad. Su miembro estaba ligeramente empalmado.

Se aproximó a mí con
deseos de abalanzarse, pero opuse seria resistencia, se llevó más
de una patada. Al final consiguió ponerse encima mía, pero
no atinaba a meterla, pues aunque me cogía de ambas manos, yo defendía
mi inocencia. No podía controlarme, así que me descabalgó.

Cambió de táctica.
Le vi abrir el cajón de su mesa de estudio y sacó una cuerda
que tenía hecho un lazo y vino hacia mí. Esta vez no le costó
cogerme una mano con el lazo y luego unir mi otra mano. A pesar de ello
me defendía a puñetazos. Cuanto más le daba más
encono ponía. Al final me agarró las dos manos al cuello.
Poca resistencia podía hacer ya. Sólo podía defenderme
con los pies y algún que otro puntapiés se llevó,
pero no sirvió de nada. Se deshizo de la correa del cinturón
y la utilizó para atarme los pies. Me quise poner de pié,
pero bastaba un simple empujón para hacerme caer.

Me estuvo toqueteando los senos
y las nalgas, amasándolas sin decoro y susurrando -Yunta awa kan
yunta awa kan…- Para que no tapaba la boca que yo deseaba morder pero
que no podía. Leticia no aparecía a pesar del gran alboroto
que armábamos. La llamé y Juanito me dijo: -Tú querer
ver bruja…Yo llevarte ver bruja…-

Me ayudó a incorporarme y
fui avanzando pasito a pasto hacia la habitación de Leticia. Me
sorprendió que no le importara a Juan que su hermana supiera lo
que había hecho conmigo. Me fui temiendo que estaban confabulados.

Abrió la puerta Juanito y
allí estaba Leticia. Se había echado gomina y laca en el
pelo y aquello le daba un aspecto estropajoso. Con lápiz de ojos
se había marcado unos ojeras y se había echado unos polvos
que le daban a la cara un aspecto demacrado.

-Por fin gran jefe indio Capullo
Loco trae a rostro pálido a sufrir tortura india. Tú, rostro
pálido ser culpable de mis males. Yo tener que hacer mamada a gran
jefe para que él traer aquí. -

Leticia llevaba puesto sólo
una falda hecha jirones. Andaba sin nada arriba y tenía un collar
llenos de objetos que hacían las veces de amuletos. Leticia se me
acercó y me cogió la cara con una mano, mientras me daba
un beso apasionado que se transformó en un posesivo mordisco con
sus labios. La bruja ordenó al gran jefe que buscara un sitio en
que atarme. Para la gran ceremonia.

Juanito encontró el sitio
para atarme. Era un armario empotrado de esos que tienen arriba para meter
las maletas. Abrieron las puertas de abajo e hicieron un hueco detrás
del armario entre los trajes, luego, Juanito se subió a una silla
y me desabrochó las manos del cuero para atarlas al picaporte del
maletero. Mi cuerpo quedó sin la protección de los brazos,
totalmente estirados.

El nabo de Juanito estaba a la altura
de mis senos, al subirse a la silla. Leticia le empujó suavemente
y sentí el tacto de aquello sobre la piel de mi pecho. Leticia repitió
la operación dos o tres veces hasta que ella misma se acercó
y comenzó a acariciarlos, a amasarlos y oprimirlos y a pellizcar
mis pezones y a estirarlos al ver que respondían a tal trato con
orgullo, poniéndose más tensos. Me besaba entre tanto en
la boca de nuevo, penetrándome con la lengua, a lo que recibió
un intento de mordisco, lo que fue respondido por su parte agarrándome
el labio inferior con sus dientes y estirando de él tierna y lentamente,
pero con firmeza. Luego su lengua volvió a entrar y esta vez no
le opuse ninguna resistencia.

Juanito nos observaba y se puso
detrás mía. Podía sentir su polla caliente entre las
nalgas, que me apretaba con las manos, mientras me mordía el cuello.
Leticia comenzó a bajar la mano hasta mi tupida entrepierna y entonces
me dijo.-Tu no estar preparada…Tu no tener coño rasurado…-

Leticia sacó una bacinilla
con agua y una brocha y una cuchilla desechable y empezó a hacer
espuma sobre mi sexo, sentada en una silla enfrente mía. Metía
la brocha por todas partes, haciéndome muchas cosquillas. Juan ahora
me agarraba las tetas.

No hacía más que mirar
expectante y suplicar que tuviera cuidado. Juanito cogió un pañuelo
de tacto agradable, posiblemente del armario de su hermana y me tapó
los ojos. Pedí chillando que me soltara de una vez y entonces me
tapó la boca con un pañuelo de iguales características.
No podía oponer ningún tipo de resistencia. Empecé
a sentir cómo me rasuraba. Me quedé quieta. Sentía
la hoja de la cuchilla en mi piel, recorriéndola metódicamente.

Leticia sugirió a Juanito
que me soltara los pies, pues tenía que afeitarme en el interior,
entre los muslos. Me soltó, pero atándome una de las piernas
al respaldo de la silla, apoyando mi cuerpo en la otra. La cuchilla recorría
los rincones de mi entrepierna inexorablemente y yo sentía casi
como si desnudaran la última parte de mi cuerpo que me quedara por
cubrir.

Me limpiaron de jabón y me
soltaron las piernas, pero haciendo que las mantuviera separadas. Luego
me quitaron el pañuelo de la boca, pero no el de los ojos. Sentí
la mano de los dos hermanos posarse sobre mi sexo, la chica por delante,
a la vez que se acercaba para morderme el lóbulo de la oreja y el
chico, metía las manos entre las nalgas y me acariciaba el sexo
por detrás.

-Mira, la rostro pálido tiene
el pezón excitado,- Dijo Leticia, pellizcándolo. Juan me
agarró el otro pezón acariciándolo suavemente con
el dedo.

Juan fue a por zumo de naranja para
dar de beber a la rostro pálido, o sea, a mí. Recibí
el zumo con deseo pero me lo dio más rápido de lo que podía
beberlo. El zumo se me derramó por las comisuras de los labios y
se esparció por el canal del pecho. Leticia se apresuró a
beber para que no se desperdiciara nada. Juanito comenzó a desparramar
el zumo por mis senos y Leticia me succionaba del pezón como si
fuera la fuente del zumo. A continuación empecé a sentir
al gran jefe mamón imitar a su hermana.

Mi respiración empezó
a entrecortarse por el deseo de explotar. Las cosquillitas que descubrí
con Leticia aquel día evolucionaban agresivamente, pero le faltaba
un roce en el sexo, una respiración más fuerte que otra,
para estallar. Leticia volvió a dejar caer el zumo sobre mi cuerpo,
pero lo puso entre mis senos y el chorrito se dirigió guardando
equidistancia hacia mi sexo desnudo, lo sentí caer por el vientre
hasta el pubis y luego enderezarse para inundar mi clítoris. La
boca de Leticia recogió el zumo de esta fuente. Su lengua golosa
exploraba la comisura de los labios y el clítoris buscando un resquicio
de zumo. Pronto sentí la misma operación, sintiendo caer
el dulce y algo viscoso líquido por mi espalda hasta llegar a las
nalgas. El zumo se desenvolvía entre ellas e iba a parar detrás
de mi sexo, y la lengua de Juan me lamía, jugando entre mis nalgas
y la parte posterior del sexo.

Fue lo justo y necesario para correrme
allí como una loca. Era la primera vez que me corría. En
el pueblo había tenido algunas experiencias, pero no dejaban de
ser meros revolcones. Nunca había sentido una lengua más
abajo del cuello, ni una mano más allá de las bragas y el
sostén.

Me dejaron así un rato, sin
limpiarme bien el zumo de naranja que se secaba sobre mi cuerpo. Luego
me desataron del armario. Era lo que ellos llamaban la "doma del caballo".
Leticia estaba sentada en la silla y yo tuve que ponerme de rodillas, y
luego a cuatro patas. Me acerqué ciegamente, guiado por Juan hasta
las ingles de Leticia, que había dejado su sexo descubierto entre
la falda hecha jirones.

Me sorprendió su fuerte olor
y fui reticente. Leticia me agarró del pelo y dijo

- Vaya, parece que esta puta quiere
que le arranquemos la caballera.- Oír aquello me hizo sentir humillada,
pero no sé por qué fue un estímulo para lamer aquel
sexo que tenía el privilegio de conservar todo su pelo. Para colmo,
Juanillo se puso detrás mía y me achuchaba para que no me
separara del sexo de su hermana.

No había comido un coño
en mi vida, ni lo hé vuelto a hacer. No sabía lo que tenía
que buscar. Lamía inconscientemente, pero parece que era suficiente.
Me concentré sobre el clítoris, que sobresalía entre
los labios del sexo y pronto el sexo de Leticia comenzó a rezumar
humedad. Sus flujos se mezclaban en mi barbilla junto al zumo de naranja.
Leticia comenzó a restregarse contra mí más violentamente,
respirando profundamente hasta soltar un gemido de placer tras otro. Me
vengué de ella restregando a su vez mi boca violentamente contra
ella. De poco sirvió mi venganza más que para darle más
placer.

Capullo Loco pedía ahora
su parte del botín. Se sentó sobre la cama y Leticia me dirigió
hasta allí. Tomé su miembro empalmado en mi boca. Juan notó
enseguida y lo hizo saber que tenía madera de gran mamadora. Efectivamente,
mi marido hoy opina igual. Me metí su miembro en la boca todo lo
que pude y lamí su capullo con la lengua. Leticia se uso a mi lado,
de rodillas Me tomó de los pelos para dirigir mi lamida, obligándome
a sacar y meter en mi boca una parte considerable de la verga de Juan alternativamente.

Cuando parecía que tomé
el puntillo a la cosa, comencé a sentir la mano de Leticia en mis
nalgas, me acariciaba y dirigía su mano hacia el sexo, lentamente
pero sin parar. De repente sentí meterse levemente el dedo en mi
sexo. Nunca me habían profanado de aquella manera. Sólo mi
dedo se había atrevido a franquear esa barrera en mi adolescencia.
Al primer dedo le siguió un segundo dedo. Yo seguía con los
ojos tapados y parecía que ello estimulaba la percepción
del tacto y la sensibilidad de mi piel.

Los dedos comenzaron a introducirse
en mi interior a la velocidad con que me comía el rabo de Juan,
al principio era mi boca la que mandaba en su mano, peor no tardó
Leticia en darle la vuelta a la tortilla y en ser su mano la que mandaba
en mi boca.

La relación se rompió
violentamente, al estallar en mi boca el pene de Juan, con todo su semen
dulzón y espeso. No me dio asco, al revés, lo noté
en mi garganta mezclado con el sabor a zumo de naranja, aunque luego lo
escupí.

Leticia interrumpió su posesión
sobre m sexo para ordenar a Juan que atara mis brazos a una pata de la
cama y ordenarme que me tumbara en el suelo frío, mirando hacia
el cielo. Luego se puso entre mis piernas y comenzó a introducirme
los dedos de nuevo, pero jugando también con su boca sobre mi clítoris,
maltratándolo, pues me lo cogía con los labios y lo arrastraba
en el mismo sentido que mi raja. Juan me miraba de pié, agotado.
Entonces le dijo a Leticia -¡Quiero follarla!.- Espera tu turno.-

Leticia comenzó a introducir
su dedo con toda la fuerza, como si me envistiera con un pene minúsculo
y pronto sentí una gran sensación de doloroso placer. Mis
cinturas se arqueaban sin control El dolor aumentó a la vez que
el placer, hasta que al fin se hizo evidente mis sospechas.- ¡Áaaala!
¡La has hecho sangre! ¡Salvaje!.- Leticia se justificó.-
La he debido desvirgar!.- Efectivamente, me había robado mi inocencia.
El dolor me fue desapareciendo poco a poco, pero sentía aún
una sensación frustrada de placer no consumado.

Leticia y Juan se preocuparon mucho
pero no se molestaron en soltarme. Me limpiaron bien. Por suerte no sangraba
mucho. Me tuvieron sobre la cama un rato, atada, vigilando mi sexo.

Juan no se olvidó, a pesar
de todo de sus deseos y comenzó a venir a cuatro patas , por la
cama hacia mí. Lo veía, pues ya me habían quitado
el pañuelo. Leticia le dijo que quizás era mejor dejarlo
para otro día, pero no le hizo caso. De nada sirvió que cerrara
las piernas, pues puso todo su cuerpo entre ellas y de nuevo ató
las manos al cuello. Introdujo su pene despacio en mi estrecha vagina.
Lo sentía avanzar, rompiendo lo que pudiera quedar de mi virgo,
avanzando hasta acoplarse a mí.

Se empezó a mover y yo sentía
sus embestidas en mi vagina, como una playa salpicada por la furia de las
olas del mar, que acaban venciéndote y arrastrándote por
la resaca en sentido inverso, en una sensación de vértigo
que te lleva, que te transporta hasta que te convierte en el propio mar,
hasta que sientes que tú misma eres la marea que te empuja a moverte,
que vuelca tu barca y te inunda el interior del agua salada en forma de
semen mientras tu y el hombre sois una misma cosa, un mismo objeto que
se complementan para proporcionarse un mutuo placer.

La señora condesa debió
de lamentarse mucho cuando vio que me había ido y que no volvería
más, Supongo que buscaría a otra cateta como yo y se olvidaría
pronto de mí y comentaría a sus amigas adineradas lo malo
que estaba el servicio. Bueno. Yo tengo que decir que aquella experiencia
me sirvió para despabilarme y quitarme todo el atolondramiento que
traía del pueblo.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Una muchacha de pueblo viaja a la ciudad para empezar su trabajo como sirvienta en casa de una condesa. Sus hijos, chico y chica, parecen ser el terror de las chachas y ella pronto descubre por qué.

La elegancia de una madre

La elegancia de una madre (9)

Me llamo David y tengo 24 años.
La historia que a continuación voy a contar ocurrió hace
apenas un mes, en una ciudad de mi Galicia natal.

Mi familia esta compuesta por cinco
miembros. Mi padre es médico cardiólogo y tiene 55 años.
Mi madre, siete años menor, trabaja como abogado en un bufette en
nuestra ciudad. Mi hermana de 20 y mi hermano de 23 completan el "nido".

Todo comenzó en el puente
del Pilar, el doce de octubre, que este año coincidió en
jueves. Mis dos hermanos se largaron de acampada, aprovechando los último
días buenos antes de la época de lluvias. Mi padre llevaba
toda la semana en un congreso en Lyon y no regresaría hasta el domingo
a la tarde. Yo estaba indeciso entre irme unos días con unos amigos
a una casa rural o quedarme con mi madre, ya que no me gustaba la idea
de dejarla sola todos esos días, aunque ella me insistió
en que no le importaba lo más mínimo, que quería descansar.
En fin, al final decidí quedarme ya que lo de la casa rural se fue
al traste. No me importó mucho, pues el puente no se presentaba
tan aburrido, con dos fiestas en sendos pisos el miércoles y el
viernes. Así de paso acompañaría a mi madre para que
no estuviese tan sola.

El miércoles había
quedado a once de la noche para la fiesta. Mi madre también se estaba
preparando para salir a cenar con unos amigos. A las diez me dijo que se
iba. Me vino a dar un beso de despedida

-Estás guapísima mamá
-le dije-.

La verdad es que mi madre se conserva
bastante bien para la edad que tiene. Pero lo que le hace más atractiva
es que se cuida mucho. Viste muy elegante, con faldas rectas hasta la rodilla,
y botas o zapatos de tacón a la última moda. Ella es morena,
con el pelo liso peinado al estilo de Ana Rosa Quintana, delgada y más
bien alta.

-Gracias cielo. Pásalo bien
en la fiesta y no bebas mucho.

-Vale. Chao.

Al cabo de unos minutos me di cuenta
de lo silenciosa que estaba la casa. Esto me excitó y decidí
masturbarme con una de la múltiples películas porno que tengo
grabadas del plus, antes de salir de marcha.

Puse la película y comencé
con el meneo. La película era americana. En una de las escena una
chica le acariciaba con el tacón de su zapato el coño de
otro chica. Me puse a cien. Paré la película. Se me había
ocurrido algo muy sucio. Me fui a la habitación de mis padres. Abrí
el armario empotrado y busqué unos de los zapatos de mi madre que
tanto me gustaban. Eran unas sandalias de charol rosa fucsia desnudas en
el talón y con un tacón negro recto bastante alto. Me las
llevé al salón. Me desnudé por completo, puse la película
otra vez. Me puse los zapatos. La sola visión de mis pies con los
zapatos me hizo recuperar la erección que había perdido al
parar la película. Me imaginaba poder follarme a una chica únicamente
vestida con esos zapatos. Me saqué uno y me metí el tacón
en la boca. Lo chupé. Estaba a punto de estallar. El olor a cuero
me excitaba mucho. Abrí las piernas y empecé a acariciarme
la entrada del ano con el tacón. Al cabo de un minuto no pude más
y eyaculé como un bestia, salpicándome todo el torso y uno
de los zapatos con mi semen. Era la primera vez que lo hacía y me
dejó totalmente extasiado.

Me duché y me vestí
para la fiesta.

La mañana siguiente estaba
totalmente cabezón. Bebí bastante y fumé como un carretero.
Me desperté a eso de las doce y media. Mi madre no estaba. Me duché,
desayuné algo, me tomé dos aspirinas y un Almax y me puse
a ver la tele tirado en el sillón, dispuesto a no mover ni un músculo
hasta la hora de la comida.

A las dos llegó mi madre
de hacer footing con una amiga. Me dijo que no había hecho nada
de comer y que me vistiera que nos íbamos a almorzar a un restaurante
que está cerca de casa. Me puse rápidamente unos vaqueros
y una camisa, ya que sabía que mi madre se iba a poner toda elegante
y no quería destacar demasiado con mi chándal de los domingos
cosecha del 92.

En efecto, mi madre estaba radiante.
Vestía un jersey sin mangas y con cuello de cisne de color violeta,
que hacían destacar sus aún aceptables y no muy grandes pechos.
Por abajo llevaba y falda recta de color violeta con pequeñas florecitas
blancas. La fina tela de la falda dejaba entrever que llevaba un tanga
por debajo. Completaba la vestimenta unas medias negras y unas babuchas
negras de tacón alto. Estaba elegantísima y muy sexy.

Cuando llegamos al restaurante el
camarero nos dijo que teníamos que esperar un poco, ya que tenían
que prepararnos la mesa, y nos sugirió que lo hiciésemos
tomando un aperitivo. Mi madre me miró con cara de interrogante
y yo asentí. Nos pusimos en la barra, yo de pie y ella sentada en
una banqueta. Los hombres que pasaban se quedaban mirando pasmados en la
dirección de las piernas que mi madre mantenía cruzadas haciendo
verdaderos equilibrios. Aprovechando que mi madre miraba hacia la calle
yo también clavé mis ojos en sus piernas y zapatos. Me di
cuenta de que me estaba empalmando. Me quedé totalmente pasmado
mirando sus muslos cruzados, sus delgados tobillos y sus zapatos. Mi madre
se dio cuenta y me dio un cachete en la nuca.

¿Qué haces? -me dijo
mi madre-.

Na, na na nada… mamá -le
contesté yo, aún con el susto en el cuerpo-.

Nos pusimos a comer y al cabo de
unos minutos ya me había olvidado de lo sucedido en la barra.

Continuará…

 

Resumen del relato:
    Nuestro protagonista está en casa, solo, viendo una película porno, cuando se le ocurre masturbarse usando unos zapatos de su madre.

Especial para mentes calenturientas (II)

Especial para mentes calenturientas (II) (8)

Tu cuerpo está palpitando
de deseo, noto tu ansiedad, que no es menor que la mía. Debo controlarme
con un resto de cordura antes de que el instinto me obligue a abalanzarme
sobre ti.

El espectáculo de tus muslos
abiertos, de tus nalgas abiertas por tus manos y el oscuro agujero de tu
ano, contrayéndose y guiñándome su ojo ciego, hacen
que me enardezca, me excite hasta casi olvidar la ternura. Algo en mí
desea tomarte con violencia, sin miramientos. Quiere que te penetre sin
más, hasta satisfacer salvajemente el deseo que dirige mi entrepierna,
que levanta mi pene como el hocico de un depredador, buscando una presa,
amenazando un estallido de violencia seguido del silencio y el olvido.

Pero la suavidad de tus costados,
la piel perlada de sudor de tu espalda y la mirada que me dirigen tus ojos,
entre el pelo desordenado, la boca entreabierta, me dan la clave para que
la cordura vuelva a mí. Me hace sentirte como mujer, no como mero
objeto de mi pasión. Y a la vez me desvela tu imagen de hembra anhelante,
de mujer amante primigenia.

Te levanto de la alfombra. Te pegas
a mis labios como si fuera el último acto que fueras a cometer en
esta vida. Nuestras lenguas se enroscan y restallan, buscando absorber
al otro. Te tomo en mis brazos y te levanto del suelo, adelantando mi pelvis
y pegando mi pene a tu vientre.

Alzas las piernas y rodeas mi cintura.
Siento tu humedad en mi polla que queda justo debajo de tu coñito
y sestea entre tus nalgas, quizás tocando levemente el botón
oscuro de tu ano.

Me muerdes en el hombro y clavas
tus dientes sin piedad. Lo que normalmente sería una salvajada mi
cuerpo lo analiza como una parte del ritual amatorio y, en vez de provocar
un rechazo, es sólo una señal de la pasión que te
embarga y me calienta aún más.

Clavo mis dedos en tus nalgas y
te alzo más arriba. Giro por el salón llevándote como
una pluma. Aplasto tu cuerpo contra la pared y mi pecho se funde con el
tuyo, como si quisiera romper tus huesos cuando, en realidad, lo que quiero
es fundirme contigo, visceralmente, con piel, entrañas, uñas…

Me muerdes otra vez y hasta me tiras
del pelo en tu frenesí. Recorres mi cuello con tus labios y buscas
mi oreja. Siento tu respiración agitada y ronca. Separo tus nalgas
y en mi mente imagino tu ano abriéndose aún más, dejando
escapar gotas de la vaselina que te apliqué y de la saliva que ayudó
en la penetración de mis dedos.

Me vuelve loco la imagen de tu culito.
Y te llevo por el pasillo, golpeándonos con las paredes, y enfilo
el dormitorio. La cama, grande, vacía, con la ropa desordenada,
es la meta donde te voy a depositar.

Te dejo caer en ella y el somier
cruje por el impacto. De inmediato me tumbo sobre ti y busco tus labios,
los muerdo, meto mi lengua en tu boca, repaso tus dientes, la llevo debajo
del tu labio superior mientras mis dedos pellizcan tus pezones y la otra
mano toma posesión de tu clítoris.

Un fuerte gemido escapa de tu boca.
Tu espalda se arquea y formas un puente en el colchón, los talones
y tu cabeza son las únicas partes que contactan con la cama. Mi
peso te empuja hacia abajo y la urgencia de mi polla se hace insoportable.
Levanto tus piernas y llevo las rodillas a tus hombros. Tus pechos se mueven
libres, los pezones dilatados y duros.

Ahora tu coñito es una invitación
prominente. Separas los labios con tus propios dedos y tu mirada se vuelve
lasciva.

- Mira… mira… – me dices con
voz ronca y proyectas tu pelvis hacia delante mientras me muestras tu cueva
rosada.

Meto mi pulgar derecho en tu boca
y lo chupas como si fuera una polla. Lo llenas de saliva y tu lengua culebrea
en torno suyo. Lo saco y lo dirijo a tu culo. Penetro tu ano lentamente
con él. Un nuevo gemido escapa de tus labios mientras cierras los
ojos…

Podría penetrarte desde atrás,
a cuatro patas, pero quiero ver tu cara cuando desvirgue tu ano… quiero
penetrarte desde delante, con la flor de tu coñito abierta sobre
tu ano y mi polla fundidos en uno.

Escupo en la palma de mi mano, pero
mi boca está casi seca por la excitación, mi respiración
es trabajosa, como si hubiera hecho un tremendo esfuerzo. Sin embargo eras
ligera como una pluma cuando te cargaba por el pasillo. No tiene nada que
ver con el cansancio, sino con el deseo casi animal que me inunda.

Llevo a mi polla la poca saliva
que he podido reunir y cubro con ella la cabeza, todo el glande aparece
hinchado, rojo, a punto de estallar.

Te das cuenta de que ha llegado
el momento que deseabas. Hay un destello de miedo en tu mirada, pero también
de determinación y urgencia.

Pasas tus manos por tus corvas y
mantienes las piernas alzadas, medio abiertas. Es la postura primigenia
del parto. Pero en vez de eso voy a penetrarte, vamos a hacer un camino
inverso y por otro agujero, no menos sagrado.

Tomo mi polla y la dirijo a la entrada
de tu ano.

Apoyo justo la punta y mientras
dilato tu ano con mis dedos. Esta manando líquido, viscoso, caliente.

Presiono levemente, el esfínter
comienza a abrirse y tu cuerpo se tensa por el primer chispazo de dolor
y sorpresa. La invasión continúa muy despacio. Sé
que es difícil acogerme, aunque sea lo que estás deseando.
Una capa de sudor en tu frente y sobre tus labios me dice que te esfuerzas
por no gritar. Cierras tus ojos brevemente y levantas aún más
las piernas. Aprietas los dientes y gruñes:

- Entra…., entra…, fóllame
el culo…

Aprieto un poco más y todo
el glande entra. Noto una convulsión en tu recto. El esfínter
se dilata todo lo que da de sí. Es el momento crítico, cuando
en tu mente una voz pide que salga desesperadamente y quiere que la tortura
acabe. Sin embargo otra, creciendo en intensidad, se sobrepone al dolor
y al instinto de conservación y pide que me recibas en plenitud.

Te miro fijamente a los ojos. Espero
tu decisión. Y tu mirada me dice… ¡adelante!.

Entro un poco más, muy despacio,
intentando que tu angosto conducto se adapte a mi volumen. Paro. Me retiro
apenas medio centímetro. Noto la presión de las paredes y,
cuando siento que se relajan, empujo de nuevo. Un grito ahogado escapa
de tu garganta, mitad dolor, mitad triunfo, cuando te anuncio que dos terceras
partes están ya dentro.

Aún no estás preparada
para sentir placer con la penetración anal, lo sé. Pero en
este momento puede en ti la satisfacción de estar siendo perforada,
de iniciar un camino en tu sexo, de sentir que un día podrás
disfrutarlo tanto como por tu coño, aunque ahora esté doliéndote
más que cuando perdiste tu virginidad por delante. Aunque te hayan
dicho que eso es sucio; que sólo debe usarse para una función
"natural" de expulsión de heces; que sólo las putas
desean ser enculadas. Tu instinto femenino está triunfando y con
una mirada directa me pides más, que entre más profundo,
quieres vencer…

Y te penetro. Más adentro,
más profundo…

Acaricio tu clítoris y siento
tu coño más grande que nunca, más jugoso, más
cálido.

Tu cuerpo se empieza a mover, muy
despacio, reacciona ante los dos estímulos contradictorios: el fuego
placentero en tu coño y el fuego lacerante en tu ano.

Ninguno es más fuerte que
el otro, son distintos, pero en tu cabeza se están uniendo y ya
pierdes la conciencia del origen de las sensaciones. El morbo de sentir
tu culo penetrado se engarza sobre el placer que te proporciona tu clítoris
y tu coño hasta que el dolor en tu ano pasa a un segundo plano.
Y un orgasmo pequeñito quiere asomar en tu pecho. Y me pides que
te de fuerte, que te folle, que no me importe si te hago daño.

- Voy a llenarte el culo de leche,
cariño…

Y esta sencilla frase hace rebosar
tu instinto de hembra caliente. La idea de mi leche llenando tu conducto
trasero dispara el resorte. Una vez más la imaginación y
el morbo dominan el cuerpo.

Y mientras mi polla deja escapar
semen en tu interior, en disparos intermitentes, en la oscuridad de tu
ano, tú te corres, gritando y arañando mis brazos.

P.S.: Más que el placer que
os pueda proporcionar este relato, me gustaría que lo leyerais un
par de veces y que reflexionarais sobre lo que significa una penetración
anal. Sobre todo los hombres. Si podéis poneros en el lugar de la
mujer y comprenderla un poco mejor, seguro que vuestras relaciones futuras
serán más satisfactorias.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    El cuerpo de la mujer está tenso, anhelante, deseando y a la vez temiendo la primera penetración en su culito. Pero el deseo se impone y se consuma.

Más que amigos

Más que amigos (8)

Créditos: Autor: Wel Dj (WhiteCrow)


Idea: Varias personas, entre ellas
Toño, mj2 y BLADE18

Dedicado a : Toda esa gente del
chat, en especial a BLADE18, Pausadramatica, HaRdCoDe, mechas69 mari, DFK
y mj2 (MI NIÑA) Sinopsis, esta historia es un nuevo concepto respecto
las que yo hago, ya que trata de una chica, que ha tenido experiencias
muy malas, que invita a un amigo a casa y… Y… BUENO… ¡¡¡AKI
EMPIEZA LA HISTORIAAAAAA!!!

Hola, qué tal, me llamo María
Concepción, pero todo el mundo me llama Machi (es de mi infancia)
y tengo 18 años, soy de un pequeño pueblo de la provincia
de Burgos.

Hace un tiempo tuve una experiencia
muy negativa con un chico, pues después de engañarme durante
tres meses, me chantajeó cuando me enteré, teniendo que satisfacerle
en sus deseos sexuales, perdiendo mi virginidad obligatoriamente… desde
entonces no he podido besar un chico siquiera pues tengo miedo de todos
los que se me acercan… tengo un miedo espantoso.

Bueno, pues hará un par de
semanas, conocí a un chico muy simpático, no muy guapo, pero
muy… especial, él se llamaba David, lo conocí mientras
estaba en una excursión que hice con el instituto en el que estoy
a una emisora de televisión, (pues él trabaja de cámara
allí).

Ayer viernes lo vi, así de
casualidad, mientras yo compraba en un pequeño comercio de mi localidad,
es estaba ahí, vestido con ropa de entre semana, con un chándal
blanco y azul, llevaba unas gafas de montura fina, me fijé porque
detrás de ellas vi los mejores ojos que había visto nunca,
eran marrones, y grises y amarillos a la vez, incluso me fijé que
tenía una marca en el ojo derecho, esos ojos me miraron de una forma
muy sensual, como desafiándome a algo.

Me acerqué tímidamente,
casi sin quererlo, y le dije:

- Hola, qué tal -(seguro
que ni se acordaba de mí, pues yo no soy una chica muy especial,
soy castaña de un metro sesenta y cinco, pelo oscuro, aunque mis
atributos sexuales no eran "tan pasables" a simple vista, pues
tengo bastante pecho y buen culo)- soy María Concepción,
de la excursión del Colegio San Jaime, ¿te acuerdas de mí?.

- Cómo no me voy a acordar
de ti -(Dijo con una gran sonrisa en la boca)- si casi te cargas media
redacción al tocar lo que no debes. – Me fastidiaba admitirlo, pero
era verdad, pues soy algo torpe… y bastante alocada, ya que a quién
se le ocurre tocar lo que no debe… pues a mí jejeje .

- ¿Quieres venir a dar una
vuelta conmigo mañana? -( me dijo sin perder esa maravillosa sonrisa
de su boca)- si…quieres quedamos en la puerta de aquí a las seis.
- No… puedo, tengo que estudiar para sacarme el carnet de conducir -(buena
excusa, pues no me atrevía a salir con ese chico)- aunque… -(dije
al fin) ahora tengo tiempo para hablar contigo.

- Ok, vamos a tomar algo -(respondió,
mientras se le iluminaba la cara)-

- Va….le -(no estaba segura de
lo que había dicho, pero no me quedaba otra opción).

Fuimos al bar que había en
la calle de enfrente, un bar muy viciado por el uso, y que a estas horas,
se encontraba casi vacío. Empezamos a hablar de muchos temas, por
más que buscaba siempre había algo de que entendía,
fuera lo que fuera, entonces se me ocurrió decirle que mi ordenador
estaba roto, y… que no imprimía mi impresora (mi mejor idea en
la vida). Él se ofreció a ayudarme, me dijo que si se podía
pasarse por mi casa y miraría a fondo el ordenador e impresora.

Llegamos a mi casa, le acompañé
a la sala del ordenador, donde se quedó mientras yo me cambiaba
de ropa y me ponía más cómoda (me puse mi pijama azul,
y una bata verde por encima.

Entré a la sala del ordenador
y lo encontré ahí metido en acción, muy entretenido,
borrando unas cosas, ordenando otras… mientras que la impresora, la arregló
en un pis-pás simplemente cambiándole el cartucho de tinta,
que estaba en mala posición. Yo le di las gracias, y… sin querer,
al oír su melancólica y dulce voz… me había excitado,
y fue cuando él se acercó a mí, al sentir su caliente
aliento, cuando decidí besarle, una fuerza más fuerte que
yo, me obligaba, me sentía forzada ha hacerlo, no tenía otra
opción. – David -(le dije con la voz entrecortada) bé…same.

- Esto… ¿lo dices en serio?…
yo te iba ha decir lo mismo. – Me acerqué a su boca tímidamente,
y me fundí con ella, fue un beso muy largo e intenso, en el que
casi no me dejaba respirar, él besaba muy bien, y mientras estaba
en acción, mi cuerpo fue presa de él…

Me llevó su boca a mi oreja,
y empezó a chuparla, delicada y suavemente, mi cuerpo se empezó
a calentar, me sentía muy excitada pero… casi se me había
olvidado que estaba con el periodo… Ya no podía parar, yo quería
más, solo que me chupase la oreja no me bastaba… lo senté
en una silla, y empecé a rozarme con él, que seguía
chupándome, entonces le dirigí mi mano a uno de mis pechos,
dejándolo atónito, pues él nunca…

Noté que su miembro estaba
muy duro, porque mientras yo me rozaba se me clavaba ahí… seguimos,
noté que su respiración se cortaba mucho, y a mí me
salían unos gemidos…. qué no sería capaz de hacer
si… fingiese, estaba disfrutando en serio.

Él metió mi mano entre
mi ropa interior, acompañada de la suya, aunque yo manchase… a
él no le importaba, o por lo menos eso demostraba. Me tocaba, y
yo disfrutaba… era la primera vez que tenía esa maravillosa sensación,
quería sus dedos, su boca… a él, yo estaba… disfrutando,
me mordía ahora los pechos, sin lastimarme siquiera, no me hacía
daño, era una mezcla de sensaciones… algo indescriptible.

Al cabo de unos instantes, yo noté
que mi cuerpo se encogía, los gemidos me resultaban fuertes, había
tenido el primer orgasmo con un chico en mi vida… era totalmente distinto
a las veces que yo me había masturbado con el grifo del agua de
la ducha…

Cuando todo pasó, él
me dijo que tenía mucha prisa (antes me había dicho lo contrario),
y que se tenía que marchar, se vistió y desapareció
por la puerta dejándome satisfecha y muy cansada, e iba a dormir,
cuando encontré una nota en mi cama, en la que decía:

A ti que eres la estrella inalcanzable
Para que el brillo de tus ojos No se apagué jamás David

Sólo un instante de leerla
entraron mis padres por la puerta, que venían con mi hermano de
casa de mi abuela, extrañamente no me dijeron nada, pues yo no llevaba
el pijama azul, sino la ropa de cuando había entrado a casa, y en
mi mano… tenía la bolsa de la compra.

En cuanto a David, pues no lo volví
a ver en mi vida, fui incluso a la televisión a buscarlo, pero allí
no había ningún David, había desaparecido para siempre,
y desde entonces estoy buscando a esa persona, estoy buscando a David.
FIN

 

Resumen del relato:
    Una joven relata un cálido encuentro con un hombre que parece producto de un sueño.

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