Becas, ayudas y subvenciones. Mec, autónomos, idiomas...

Andrómeda

Publicado por Admin el Monday, November 30th, 2009 a las 12:00 am

Andromeda se fue temprano a dormir.
Estaba muy cansado por la batalla que aquella tarde habían librado
contra los caballeros de ónix.

En el balcón de su habitación
se sentía una brisa nocturna que decidió disfrutar con la
armadura aún puesta. Tocaron a su puerta y dejó pasar al
que toco sin preguntar siquiera quien era.

En lo que llegaron a encontrarlo
al balcón, pensaba en cuanto deseaba que cisne sintiera lo mismo
que él sentía por él y se lamentaba al mismo tiempo
al estar seguro de que eso nunca iba a pasar ni siquiera por error.

Tan absorto estaba en su meditación
que no recordaba que había dejado entrar a alguien que después
de entrar había puesto cerrojo a la puerta.

Se asustó un poco al sentir
que algo le tocaba el hombro, y al voltear, cual seria su sorpresa que
se trataba de cisne.

Se volvió hacia él
y le preguntó que estaba haciendo ahí …

- tu mismo me dejaste pasar shun,
¿estas molesto por algo?, si quieres me iré…

- ¡no!, no te vallas, lo que
pasa es que no me acordaba que habían tocado a la puerta….es la
primera vez que entras a mi habitación…¿te sucedió
algo?.

- Pase a hablar contigo, necesito
que me aclares una cosa: ¿por qué cuando me rescataste de
morir congelado en la batalla de la 12 casas llorabas como desesperado?.
¿Es que acaso me aprecias mucho o te dio gusto poderme haber rescatado?.

Andromeda se sonrojó y bajo
la mirada.

- Es algo muy difícil de
explicarte, con mucho gusto te diría la razón pero no se
como vallas a tomar mi versión de los hechos.

- Creo que será mejor para
ti decirme, ¿no crees?, siento que hay algo con respecto a mi que
ocultas y que te duele mucho no decirlo. Siempre he notado vaga tu mirada
cuando estoy cerca de ti…mírame a los ojos

- le levanto el rostro delicadamente
con ambas manos y shun se estremeció- dime por favor que te molesta
de mi o que es lo que pasa , no me gusta que te sientas mal por mi..

- No tu no eres el problema ioga,
tal vez el problema sea yo..es algo que no puedo decírtelo por temor
a que no quieras volverme a ver en tu vida..- de sus ojos empezaron a brotar
lágrimas y palideció-.

- Que es lo que te pasa, dime, si
no lo haces pensare que has perdido la confianza en mi y nunca me lo perdonaría,
jamás he deseado lastimarte shun, me agradas mucho..

- ¡jamás! -gritó
desesperado- ¡déjame!…

Se soltó de ioga y tomo fuertemente
con ambas manos la baranda del balcón, y haciendo acto de valor,
decidió terminar con su angustia y mirándole a los ojos le
confesó lo que lo dejaba vivir en paz:

- ioga..siento decirte esto pero
..yo ..yo yo te amo…¡perdóname!!!- volvio a soltar el lloriqueo
y se quiso tapar la cara.

Cisne le tomo las manos para evitarlo
y se le quedo mirando tranquilamente; contempló la faz llorosa y
retorcida del pequeño shun y tras un largo silencio le contestó:

-creí que yo era el único
que se sentía así, y perdóname por lo que voy a hacer
pero ya no puedo, ni debo ni quiero resistirme más..

Andromeda confundido por lo que
acababa de escuchar de labios de su amado cisne se dejó abrazar
por él; cisne bajo su boca al cuello de shun para besarlo y tal
vez para hacerle una pequeña succión y una que otra mordida,
shun no podía creer lo que estaba pasando y aún así
se dejo llevar por las deliciosas caricias que le estaban propinando.

Ioga susurraba el nombre de shun
y le buscó la boca para ofrecerle su lengua al pobre chiquillo;
tras explorar la boca de shun cisne sintió como su pene se hiba
poniendo cada vez más duro y palpitante. Tomo a shun de las nalgas
y lo subió al baranda para seguirlo besando y lo acomodó
de manera que quedara cerca de la pared para poderlo tocar mejor y evitar
que se callera.

- ¡por favor ioga!, no sigas,
me incitas a cometer una locura….amm!!!!

despues decir eso sintío
como ioga lo bajaba de ahí y le empezaba a acariciar las nalgas
con el propósito de bajarle las mallas para dejarlas libres..se
asustó y lo aventó con todo lo que le daban sus escasas fuerzas.

- ¡suéltame!¡tu
te estás burlando de mi!!..

- pero esque..

- ¡oh, por la diosa atena,
ioga!!!! ¡no!!! Mmh!

Ammm!!!, deja de lamerme el trasero..ah!!!!,
¡¡¡deja mi culo en paz!!!!

- …esque me vuelves loco..me gustas…mmmh!!
ven agachate..

- ¡dejame ioga! !No sabes
lo que haces….. nooo!!! Nnnnnooo!!!!!!!!

Cisne le introdujo fuertemente su
pene a shun por el agujerito que acababa de lamrle, le preguntó
que si le gustaba lo que estaba sintiendo y shun asintíó
que si con la cabeza, el pobrecillo no podíia hablar por el dolor
el gusto y la desesperación que sentía por la feroz penetración
que le perforaba su culito. Ioga haciéndose un poco hacia atrás
ababó dentro de shun, quien le gritó con muecas placenteras
que su eyaculación era sumamente fuerte.

Después de sacarle el pene
lo tomo por la nuca y le hacercó la boca a shun hacia lo que lo
habia satisfecho en ese rato y abrió grande la boca para que le
cupiera toda…chupaba como desesperado y lamía también muy
gustoso.

Cuando ioga se iba a volver a venir
lo retubo y lo hizo tragar semen, mismo que shun lo sintió tibio
y dulce; después de que terminaron andromeda se sintió culpable
y por haber dejado que pasara eso.

Ioga le dijo que no temiera de nada
puesto que seguirían haciendo eso y más y aparte que guardarían
el secreto para que eso nunca terminara; ambos se abrazaron y se quedaron
dormidos cerca del balcón.

Ya entrada la mañana ioga
se despertó y tomó a shun entre sus brazos pera recostarlo
en la cama, lo cubrio con la manta y se despidió con un beso; salió
de ahí sin hacer ruido para que nadie lo viera.

Cuando se acostó en su cama
volvió a recordar los ardientes momentos que paso al lado de su
amado shun.

Se quedó dormido sin saber
que shiru, el caballero del dragón, los había estado viendo
desde la cima del árbol que daba hacia eL balcón de shun….

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

Gitana

Publicado por Admin el Friday, October 30th, 2009 a las 12:00 am

GITANA

Era domingo, estaba disfrutando en mis vacaciones de mi
deporte preferido, la televisión; cuando llamaron a la puerta, por la mirilla vi
a una chica joven, una mendiga. Abrí con la intención de enviarla a tomar por
culo, pero lo que vi me hizo cambiar de opinión, los pies más bonitos que había
visto en mi vida, eso si, con tanta roña que casi no se podían distinguir de sus
sandalias :

 

Dame dinero soy pobre y no tengo para comer…

Dinero no, si quieres te puedo dar algo de comida

Payo, ¿ qué dices?, que no es para droga.

Como digas, ¿ Quieres comida?, sino, largo.

Esta bien, ¿Qué puede darme?

Entra y mira, es por aquí.

 

Entró delante de mí a la despensa, que estaba cerca de la
puerta, se inclino sobre una repisa dejando al aire las plantas de sus pies, era
un espectáculo impresionante.

 

¿ Me puedo llevar las latas de atún y la leche?

Adelante.

¿Y no me podrías dar algo de dinero para tabaco, por
favor?

El dinero se gana trabajando no pidiendo.

¿ Crees que soy guapa ?

 

No me lo podía creer, se me estaba ofreciendo, tenía un
cuerpo de infarto, y en su cara había una picardía que me hacía alucinar, sabía
que no podía aceptar, pero las cabezas me echaban humo.

No te pienso dar dinero, por nada, pero si quieres,
hacemos una cosa, que tal si te compro tus sandalias, así podrás comprar
otras nuevas.

¿ Y como quieres que vaya hasta mi barrio?, ¿descalza ?

Bien, si no quieres, te doy otra alternativa, me hace
falta una mujer que limpie la casa, si quieres puedes encargarte tú.

¿Cuánto me daría?

¿ Que tal 450 euros al mes?, cinco días a la semana.

Tengo que hablar con mi máma, ¿ puedo decírtelo otro día?

Ok, pero estoy esperando que me envíen una sirvienta de
la agencia, y la necesito, el trabajo es para quien antes venga, de acuerdo.

Vale, hablaré con mi máma. ¿Cuánto por las sandalias?

30 euros, y ya te llevas mucho.

Vale, pero me das el dinero ahora, y te las traigo otro
día.

De eso nada.

¿ Para que quieres tú mis zapatillas?, yo no puedo ir
descalza.

¿ Que decides?

Bueno, hay las tienes, que te aprovechen, y ahora dame
los euros.

Simplemente el ver como se quitaba las sandalias ya valía
el dinero, había sido la mejor inversión que he hecho, y además estaban esas
sandalias que guardarían el olor de sus pies de por vida. Le di el dinero,
no estoy seguro si se dio cuenta de mi erección, pero se fue con cara de
“que raro es ese tío”. Como se puede imaginar, fue salir por la puerta y
tirarme al suelo a oler esas sandalias, fue la primera vez que agradecí a
nuestro señor todo poderoso que me hubiera concedido el sentido del olfato.

Al final de la mañana, me prepare para adorar esas
sandalias, las puse sobre un taburete, en mi dormitorio, las miré, olí, y me
lance a besarlas y lamerlas, hasta extraer todo su sabor. Después decidí
pasar la tarde limpiándolas con mi lengua hasta que estuvieran como nuevas,
terminando en sus suelas. Al final de la tarde cuando mi lengua no daba a
más me miré en el espejo, mi lengua estaba negra, y roja. Creí que nunca más
llegaría a tenerla así, me equivoque.

A eso de las ocho y media, estaba tendido en el salón
cuando volvió a sonar el portero, miré por la mirilla y allí estaba la
gitana con una mujer que parecía su madre. Tarde unos instantes en abrir la
puerta.

Hola, buenas noches.

Hola, ¿usted le ha ofrecido trabajo a mi hija?

Así es, señora, ¿ Quiere pasar?

La madre de la chica, era algo más alta que ella, y
bastante más gorda, sus pechos podrían alimentar a un ejercito, y su
trasero, una mesa camilla de tres cuerpos. La chica permanecía callada,
mostrando respeto y atenta a la conversación.

Miré, estoy de acuerdo con que contrate a mi hija,
acaba de terminar sus estudios y el trabajo puede venir bien a la
familia, no obstante quería conocerle.

Es natural, señora. No se preocupe, aunque la casa es
bastante grande vivo solo, por lo que no hay mucho trabajo. En cuanto a
mí, puede estar segura de que respetaré a su hija al máximo.

Le creo, pero como le pase algo, cualquier cosa,
créame que se arrepentirá.

Esas últimas palabras hicieron que realmente me asustara,
la chica, por su parte sonreía. Pasados unos minutos se fueron, quedamos en
que Tamara, así se llamaba la chica, empezaría a trabajar al día siguiente a
las nueve.

Me levante temprano para desayunar después de haber
pasado toda la noche elucubrando formas de besar los pies de Tamara. A las
nueve en punto sonó el timbre. Abrí la puerta y allí estaba, recién duchada
y vestida como el día anterior, llevaba unos zapatos viejos con tacón.

Hola, buenos días.

Buenos días, ¿ te apetece desayunar ?

Ya he desayunado, ¿ Qué hago?

Después de enseñarle la casa e indicarle donde estaban
los utensilios de limpieza, le estuve explicando que no quería visitas, que
me gustaba la puntualidad…..

Bueno, ya puedes empezar a trabajar.

Veras, me da apuro pero mi máma me ha dicho que
antes de empezar debes de hacer una cosa.

¿El qué?

Es que ayer como me tuve que ir descalza, acabe con
los pies muy sucios y hechos polvo, cuando se los enseñe a mi máma me
dijo que como había sido por su culpa usted debía arreglarlo.

¿ Como?

Mi máma lo ha puesto como condición, esta mañana me
ha hecho ducharme con bolsas en los pies para que usted pueda ver lo
que hizo.

Tamara se quito los zapatos y después las medias, sus
pies estaban literalmente negros, me enseño la planta de su pie izquierdo,
que además de negra tenía una ampolla. La invite a ir al cuarto de baño, y
una vez allí, se sentó junto a la bañera, se quitó el otro zapato y la
media. Acerque la ducha a sus pies, comprobé que el agua estuviera tibia y
empecé a lavarlos, mientras corría la suciedad acumulada por la bañera, mi
excitación iba en aumento. Ella permanecía tranquila. Una vez que termine de
lavarlos tomé una toalla, y con cuidado los seque.

Bueno, ya he terminado, ¿Contenta?

Si, por lo que veo tú también lo estás.

¿Cómo?

Pues que tienes la polla empinada.

Bueno, yo…no sé

Pues yo sé lo que es, he visto como miras mis pies,
a decir verdad es lo único que has mirado, por lo tanto…

No digas tontería, niña.

Como quieras, te iba a decir que si quieres
acariciarlos puedes hacerlo, pero ya que no te gusta… Supongo que no
te importara si acerco este pie a tu cara.

Cuando vi la planta de sus pies a unos centímetros de mi
cara, me resistí firmemente, durante dos segundos. Después me lance y los
bese como un loco, pero la alegría no duro mucho. Empezó a reírse como una
loca.

¿No dijiste que no te gustaba?, pues ahora te
jodes, pringao.

Salí de la habitación, calentado, burlado y humillado por
una niña que me iba a volver loco, y que sabía que me tenía a sus pies. Tras
unos minutos, Tamara pensó que quizás la situación podría beneficiarla.

Bueno, tranquilo, te pondré un castigo y te dejaré
que beses mis pies, y no se te ocurra hacerte el valiente otra vez.

De acuerdo, ¿qué castigo?.

¿Castigo?, Vaya, has escuchado mal, he dicho
castigos, vamos a ver que piense, en primer lugar, quiero más dinero,
600 euros al mes ,quiero que me dejes hacer en la casa lo que quiera,
y ahora quiero que te arrodilles y me pidas perdón y quiero que me
llames señorita, y si quiero harás todo lo que yo quiera.

De acuerdo, señorita.

La verdad es que después de hacer un montón de planes iba
a conseguir mi propósito mucho antes de lo que había llegado a pensar. Me
arrodille y le bese las botas.

 

Lo siento mucho, señorita.

Esta bien, pero ahora no me apetece trabajar, así
que me voy a sentar a ver la tele, si quieres puede besarme los pies,
pero no quiero que los chupes.

Si, señorita, lo haré encantado.

Se sentó en mi sillón de relax, se reclino, y empezó a
ver la tele, le quite las botas con cuidado, las medias se las quitó ellas,
y después “al ataque”, bese cada centímetro de cada pie, disfrutando de la
vista, el olor y el sabor de esos pies morenos que me enloquecían, se me
pasó el tiempo y comité mi primer error, saque mi asquerosa lengua y lamí su
planta. La reacción fue inmediata:

Pero que haces, ¡ Asqueroso!, ¿ Que te dije?, ¿Eres
un perro o que?, te gusta lamer, ¿verdad?, pues ahora te vas a
enterar.

Como una loca se puso los zapatos, mientras que yo estaba
acobardado, como un perro arrepentido:

Chúpame la suela de mis zapatos, ¡cerdo!, ¿no
quieres chupar?, pues chupa ya coño, hasta que estén limpias!

Si señorita.

Nada de sí señorita, cabrón, hazlo ya y quiero
sentir en la planta de mi pie como arrastras la lengua por la suela,
YA!

Lamí la suela lo más fuerte que podía, pero mi ya
maltrecha lengua no daba para más, no podía, además la suela tenía más
mierda que las sandalias. Pareció calmarse mientras yo lamía. Pero en un
instante me miró con rabia, se levantó, y empezó a darme una lluvia de
patadas por todo el cuerpo, centrándose en la cabeza, le pedía perdón pero
ella continuaba, cuando empezaba a marearme me cogió por los pelos, me miró
fijamente a los ojos :

Mierda, hijo de puta, te he dicho que quiero sentir
tu lengua arrastrándose por mis suelas, y no noto nada!, te voy a dar
otra oportunidad, como no lo hagas te machacaré a patadas y después
llamaré a mi familia para joderte vivo, ¿lo entiendes?

Si

Pues hazlo, coño!

Apretaba la lengua con todas mis fuerzas tratando de
ignorar el dolor, me empezó a doler mucho la mandíbula, que me la había
dejado tocada después de una patada. La mierda se iba acumulando en mi
lengua mientras esta se hinchaba, hacía tiempo que no me quedaba saliva.
Intente resistirme pero al final me puse a llorar como un crío.

¿Qué te pasa?, ¿No te gusta?, pues ¡jódete!,
guarro.

Lo siento mi ama, yo creía que te gustaría.

¿ Ama, pero que dices?, pringao!. Creías que me
gustaría, verdad?, bueno, por esta vez te perdono, pero más te vale
que no lo vuelvas a hacer, ¿entendido?

Si

Bien, saca la lengua, quiero verla.

Cuando saque la lengua, en primer lugar se río, aunque
después su cara mostró un poco de pena, acerco lentamente su cara a la mía,
se aclaró la garganta, soltó un gargajo lentamente sobre mi lengua, dijo que
lo tragara, y lo hice. Totalmente repugnante.

Y ahora vas a ir comprarme tabaco, y alquílame
películas, y dulces de chocolate, por cierto, me ha gustado como me
has llamado antes, ama, desde ahora me llamarás así.

Si, mi ama, ¿Qué películas quiere?

Pues no sé, tu procura que me gusten.

Si, mi ama.

Llevaba menos de un día, y ya era yo quien trabajaba para
ella, iba demasiado rápido, me estaba asustado, pero por otro lado no podía
hacer nada, así que fui un chico obediente e hice lo que me pidió. Cuando
llegué, le di lo que había comprado, le puse la película, le encendí el
cigarro, y me dirigí hacía el cuarto de baño para lavarme la boca.

¿Dónde vas ?

A lavarme la boca

De eso nada, tu té quedas tendido en el suelo ahí
mismo, por si necesito algo. Y vas a meter tu nariz en mi bota hasta
que yo lo diga.

Si, mi ama.

¿ Es que vas a hacer todo lo que te diga?

Bueno, me dijiste que lo hiciera.

¿ Y tú lo haces?, como quieras, aunque me parece
que nuestras vidas van a cambiar un poco.

Tamara colocó un pie sobre mi cabeza aplastándola contra
su zapato, de vez en cuando reía, pateando mi cabeza. Cuando terminó la
película se fue a comer a la cocina. Volvió a la salita, cogió el teléfono,
y empezó a hablar con una amiga, esta vez puso los dos pies sobre mi cabeza.
Parece ser que la chica con la que estaba hablando, Jessica, la estaba
intentando convencer para que salieran, aunque Tamara le respondía diciendo
que tenía mucho trabajo…Al final quedaron para verse a final de semana.
Poco después quitó sus pies de mi cabeza, y se quedo dormida.

Eran las siete de la tarde aproximadamente, cuando
escuche que se despertaba.

 

¡Todavía sigues ahí!, Jajá.., tráeme coca cola, y
algunos dulces.

Enseguida.

Y cuando vuelvas quiero que estés en pelota.

¿Cómo?

Como lo oyes, ¿Algún problema, guapo?

No, lo haré como quieras, Ama.

Pues venga, corriendo…

Volví desnudo con un vaso de coca cola, y una increíble
erección, a decir verdad, no se me había bajado en toda la tarde. Después de
unos momento de atención a mis partes, se bebió la coca cola y me indico que
me arrodillara, después empezó a jugar con mi polla entre sus pies, que me
dolía a rabiar, empecé a jadear, en ese momento se levanto, se baja la
falda, las bragas; era lo más bonito que había visto jamás, el ángulo que
formaban sus piernas, el culo, su coño….

Bueno, ¿Qué miras?, si te gusta lamer, quiero que
lo hagas ahora, chiquitín, vamos perrito, empieza.

Si, mi ama.

Empecé besando y lamiendo alrededor de sus labios,
acariciando su clítoris, pero pareció que no le gustaba mucho, porque se
sentó abrazando mi cabeza con sus muslos hundiendo mi cabeza entre sus
piernas, Tamara es bastante escandalosa, no paraba de gritar y gemir
mientras yo hacía lo posible por respirar. Estaba apunto de llegar, me cogió
de los pelos, dándome sacudidas como una loca, restregando mi lubricada cara
con su coño. El final fue esplendoroso, cayo rendida al sillón mientras su
barriga bailaba. Caí rendido al suelo, y aprovechando mi posición bese sus
pies. A los diez minutos se puso en pie, y se vistió.

 

No ha estado nada mal, mañana nos vemos.

Y contenta, se fue por la puerta. Flotando.

Mejores dividendos en bolsa española e internacional. Ibex, Dow Jones...

Mejores dividendos

La ardiente susana

Publicado por Admin el Sunday, October 11th, 2009 a las 12:00 am

La época de exámenes escolares estaba muy cercana, mis notas
no eran buenas y tenia que esforzarme para estudiar e intentar pasar las
materias o afrontar la ira de mi padre.

Así que tratando de evitar las distracciones de mí recamara,
como la televisión, computadora, radio, teléfono, etc. y ante la ausencia
temporal de trabajadora domestica, decidí habilitar el cuarto de servicio de la
casa, ubicado en la azotea, como cubículo de estudio.

 

Todas las tardes subía al “cubículo” a tratar de estudiar y
ya cuando caía la noche suspendía el estudio y fumaba un poco de mariguana al
aire libre, la que acostumbro de vez en cuando desde que iba en la secundaria, a
manera de relajamiento para después bajar a cenar y dormir.

Pero un buen día al estar fumando la yerba recargado en el
pretil de un cubo de luz que ilumina la casa por la parte interior, me fijé en
que la recamara de mi hermana, tres años mayor que yo, tenia la cortina gruesa
abierta y cerrada la cortina de gasa y que desde ahí se dominaba por completo la
vista de la totalidad del dormitorio, en eso estaba cuando de repente, como si
mis deseos se cumplieran, la luz de la alcoba se encendió e hizo su aparición mi
preciosa hermana Susana, me replegué a la pared tratando de ocultarme, pero me
puse a considerar que mientras la luz del aposento estuviera encendida seria
imposible que me pudiera ver, no así si la luz estuviera apagada.

Mi hermana Susana es una mujer guapa, de excelente cuerpo y
como joven que es, su vestimenta es a la moda con pequeñas minifaldas y
pantalones a la cadera completamente embarrados a su sabroso cuerpo, por si
fuera poco es apasionada de la lencería sexy, diminuta y muy provocativa. Como
corresponde a un hermano menor que se precie de serlo, la he deseado sexualmente
desde que era púber y me he masturbado miles de veces fantaseando con ella
mientras admiro, beso y lengüeteo la tanguita que se acaba de quitar aspirando
el aroma intimo de su sexo y culo para terminar frotándome el pene con ellas o
con sus sostenes y hasta con sus pantimedias, inclusive con unos mini-shorts que
usa los fines de semana por la mañana y no se pone pantaletas, hasta eyacular y
limpiarme los residuos con la prenda que haya elegido.

Ese día se cumplió uno de los deseos más recurrente que haya
tenido en mi vida, ver desnuda o en lencería a mi hermana, ya que enseguida de
que entró a la recamara cerró la puerta y procedió a quitarse el minivestido que
vestía y enseguida las pantimedias, quedando solo en las diminutas pantaletas
que dejaban a la vista sus adorables nalgas entre las que se metían sus
calzoncitos y el brassiere de ½ copa que acostumbra usar, se cambio las
zapatillas que llevaba por una sandalias de tacón alto destalonadas y se dirigió
al espejo de cuerpo entero que se encuentra pegado en la parte interna de las
puertas de todas las recamaras, en donde se estuvo observando el cuerpo en todos
ángulos durante mas de 15 minutos, y yo encantado pues sin saberlo ella estaba
modelando para mí en ropa intima, es por demás indicar que tenia el pene a todo
lo que daba de erección.

Ese día fue todo pues cuando terminó de admirar su cuerpo se
puso una bata y bajo a la estancia a platicar con mi madre, momento que
aproveche para eyacular dedicándole, una vez mas, la masturbación a mi querida
hermana.

Este fortuito espectáculo tan excitante se volvió costumbre,
ya que diariamente esperaba a que llegara mi querida hermana para gozar de su
divina desnudez.

Así que desde el segundo día en que la espiaba pude verla
totalmente encueradita, siempre haciendo gala de su vanidad se miraba
incesantemente en el espejo, cada una de sus ricas partes en lo individual
acariciándose los senos, las sensacionales nalgas, los excelentes muslos que
tiene y su panocha, que por cierto me impresionó la gran cantidad de vello
pubico que la cubre, aunque ya me imaginaba que era muy peluda pues cuando se
pone pantalones se le ve un gran bulto en la pelvis, pero principalmente cuando
se pone los mini-shorts sin pantaletas ya que son de lickra ajustable y se le
dibujan los labios vaginales y cuando son los de color blanco se le nota
muchísimo el manchón de su vellosidad, pero nunca pense que fuera tan
impresionante.

Pero eso no es todo, no solo me deleita mostrándose
encueradita solo sobre sus sandalias de tacón alto, sino que dos o tres veces
por semana se masturba, he notado que esto sucede cuando la trae su novio a casa
y de seguro es que se ponen a cachondear en el auto y la deja muy caliente,
incluso a habido días en que llega sin las pantimedias y sin pantaletas, así que
ya me imagino las deliciosas manoseadas que se han de poner.

La primera noche que le vi masturbarse hizo que me viniera en
seco, ya que no esperaba ver a mi hermanita dándose autoplacer y motivado por su
desnudez y los efectos afrodisiacos de la mariguana no aguante y eyacule en los
calzones.

Ese día inició, como ya era costumbre, desnudándose por
completo y admirándose en el espejo, pero esta vez las caricias sobre sus partes
intimas fueron extremas y de pronto separó sus muslos y se acariciaba la raja
supongo que en el clítoris, pero luego se empezó a dedear, claramente veía como
su dedo medio entraba y salía de su sexo, empezó a hacerlo frente al espejo pero
por momentos se tiraba en la cama abriendo sus piernas y levantándolas como si
se la estuvieran cogiendo, me daba la impresión de que también se dedeaba el
culo, aunque es muy poca la distancia entre donde estaba ella y donde estaba yo,
no alcanzaba a precisar si se estaba dando placer por su colita, luego volvía al
espejo y se sentaba en el taburete del tocador adoptando innumerables posturas
propias de una buena follada, hasta que seguramente llegó al orgasmo y solo se
limpio con sus pantaletitas y se acostó a dormir.

Para el día siguiente subí unos prismáticos para salir de
dudas y con ellos puedo verle hasta “los microbios”.

Algo que también me impresiono mucho fue verla haciendo un
candente strip-tease frente al espejo con el desenvolvimiento propio de una
profesional del desnudismo se fue despojando una a una de las prendas de vestir
que lucia, lo que más me excito fue cuando muy lentamente se quitó las diminutas
pantaletitas contorsionando su cuerpo con un erotismo inenarrable, pero más aun
verla masturbándose con un consolador, el que inicio chupando como si estuviera
mamando una verga, tal vez para lubricarlo con su saliva, que luego comprobé, al
buscar en su recámara, que es de hule látex en forma de verga y es enorme, de no
menos de 25 centímetros, y con los prismáticos pude ver que efectivamente mi
hermanita se da gusto por su linda colita metiéndose todo el consolador
alternadamente por su vagina y su culo, por lo que es innegable que acostumbra
el sexo anal, pues a una principiante sería imposible que le cupiera tamaño
instrumento sexual en su ano.

Cuando ella se esta bañando, que por cierto es imposible
verla bañándose pues no hay modo de hacerlo, entro a su recamara en donde ya
tiene lista la ropa que usara, tanto la exterior como la intima, con esta ultima
me froto el pene tratando de impregnar su lencería de mis calientes “vibras” y
aunque se que eso es imposible me gusta fantasear que con ello mi hermana
sentirá los mismos deseos por mí como los que yo siento por ella. Pero me
conformo y me excita saber que las pantaletitas y el brassiere que trae puestos
estuvieron en mi verga minutos antes de que se las pusiera.

Desde entonces, hace un poco mas de seis meses, diariamente
subo a la azotea a fumar yerba y esperar a que llegue la ardiente Susana para
que me deleite con su exquisita desnudez y su extremada cachondez. Ha habido
ocasiones en que las cortinas gruesas están cerradas, así que antes de que
llegue mi hermana voy a su dormitorio y las abro, ella tal vez pensando que es
una ventana interna no se preocupa mucho por recorrer la cortina gruesa, de lo
que le doy las infinitas gracias.

Ahora sigo masturbándome con su ropa intima pero con mas
pasión que nunca al saber lo caliente que es mi querida hermana, incluso verla
vestida me provoca grandes erecciones, ya que al saber puntualmente la ropa
interior que lleva puesta su vestimenta exterior “desaparece” de mi vista y la
“veo” solo en lencería, y minutos después las candentes imágenes de su desnudez
vienen a mi mente y la visualizo totalmente encuerada luciendo su velludisima
panocha y sus ricas partes intimas, sobre todo sus hermosas nalgas.

He pensado en muchas estrategias para algún día poder gozar
de su delicioso cuerpecito, sin embargo no he puesto en marcha ninguna por temor
a perder lo más por lo menos y me conformo con seguir disfrutando de mi
voyerismo con la sensacional desnudez de mi hermana y por supuesto las
apasionantes masturbaciones que me hago con su ropa intima y aspirar los aromas
íntimos de su sexo y su culo.

Mi hermana Susana es la mujer que más he deseado en mi vida y
quien me ha inspirado casi la totalidad de las miles de masturbaciones que me he
hecho y es tan cachonda que no pierdo la esperanza de que algún día llegue a
tener sexo incestuoso con ella aprovechando su ardiente naturaleza y cuando ello
suceda escribiré gustoso un relato de ello en donde detalle el cómo disfrute del
sensual cuerpo de mi hermana la ardiente Susana.

S.O.P.

ELOGIOS Y ALABANZAS PARA DESPUÉS DE TERMINAR

Publicado por Admin el Tuesday, March 31st, 2009 a las 9:39 pm

Sepa todo lo necesario para asegurarse su buena reputación como amante refinado y cortés

 

.De este importantísimo capítulo depende el futuro de muchas parejas. Y la buena reputación de muchos caballeros a los que no les interesa que su pareja tenga futuro. se supone que a las damas les interesa siempre. (Por supuesto, esto no es verdad, pero resulta de buen tono para ambos integrantes fingir que sí).Piccolina o exija con voz audible una Mineta a la Emperatriz  en un primer encuentro.

 

Una cruzada literaria.

Lo cierto es que alabar la performance del compañero/a es tan importante como elogiar el plato que usted acaba de terminar. ¡Sobre todo si quiere que lo inviten a cenar otra vez! Su cocinero/a se ha esforzado en complacer su gusto y merece que usted repare en sus esfuerzos y los aplauda. No siempre basta con limpiarse los labios con la servilleta y eructar ruidosamente. A veces sí basta.

Los hombres, por supuesto, solemos estar persuadidos de que nuestra conducta ha sido extraordinaria y hemos batido todos los records en la especialidad, ya trate de una competencia de remo (no sólo tenemos reflejos sino que hay que ver cómo lo introducimos en el agua) o una carrera con motor fuera de borda (quién tiene tanta habilidad y tanto combustible al mismo tiempo).

Sin embargo, siempre nos queda una tremenda a resolver: ¿ha sabido apreciar ella, en su ENTERA perfección, nuestro extraordinario desempeño? a decirlo con otras palabras, ¿cómo estar seguros que ella sí fue feliz? ¿Y cuántas veces fue feliz? ¿Y habrá sido suficiente?

Hoy las señoras se han vuelto fastidiosamente exigentes en la materia, leen tontas informaciones periodísticas sobre el punto G y quieren acabar tantas veces como la vecina del tercer piso (que en realidad no es más que un travesti cizañero).

No crea que las damas tienen menos conflictos que nosotros. A las permanentes dudas acerca de sus encantos físicos, que, naturalmente, se multiplican después del orgasmo (de él), se suman las dudas sobre el estilo de conducta sexual que prefiere su compañero, en particular si lo conocen poco.

Porque el sexo es como la danza. Mientras que a los varones les alcanza con saber bien un par de firuletes y pueden repetir alegremente su estilo con todas sus partenaires, las damas deben ser capaces de adaptarse a los más diferentes pasos de baile, y estar listas para cambiar con cada compañero.

Claro que también ellas tienen sus preferencias, pero como son reacias o por lo menos lentas para manifestarlas claramente, se nos obliga a los hombres a una compleja búsqueda a ciegas. Es muy raro y va contra las reglas de cortesía que una dama solicite claramente que le hagan la

Hay que saber que los hombres son incómodamente diferentes unos de otros. Y con las mujeres, lamentablemente, pasa lo mismo. Es el problema esencial de las relaciones humanas. Si usted no es capaz de reconocer la importancia de esas diferencias personales no se desaliente, hay otras posibilidades. Las cucarachas son enormemente parecidas unas a otras y todas pueden llegar a ponerse muy sexies si son adecuadamente estimuladas.

Esta situación exige en los primeros encuentros una gran cortesía por ambas partes, con grandes elogios y alabanzas después que el acto sexual ha terminado. Si realmente se aman 21 y la relación sigue adelante, ya llegará el momento de eructar, acusarse mutuamente de no haber pagado las expensas, despedir olores mefíticos, insultar a sus respectivos antecesores o dormirse sin comentarios mientras su compañero/a se va a practicar autoerotismo al baño.

A esas y otras expresiones de mal gusto suelen denominarse el Amor Verdadero. Ahora nos estamos refiriendo sólo a un Enamoramiento Pasajero, que requiere una mayor atención a ciertas reglas de buena conducta social.

Cómo interpretar correctamente el lenguaje gestual

Publicado por Admin el Monday, March 30th, 2009 a las 10:30 pm

 Para que nunca más se equivoque: un listado de los gestos nacionales que reemplazan la

propuesta verbal.

¿Qué cuernos habrá querido decir? Este complejo problema de interpretación tiene dos

etapas: el levante y la concreción del hecho. En las dos suelen presentarse dificultades de

distinto tipo para aquellos que no son expertos en descifrar ciertos códigos eróticos no

verbales. Es decir, para todo el mundo.

En la etapa del levante, se trata de interpretar correctamente el lenguaje gestual necesario

para llegar a la cama.

Pero, si hemos logrado superar esa primera etapa, hay que saber que tampoco es fácil

entenderse en la cama misma, donde es frecuente que las partes (sobre todo las partes

femeninas) no verbalicen claramente sus deseos o fantasías. En este caso suele suceder que

los silenciosos/as se expresen con gestos con la pretensión de que su pareja los entienda

perfectamente sin hablar.

Si ése es su caso, no se queje si su compañero/a de juegos se pone a ejecutar la danza de los

siete velos con las toallas del telo cuando todo lo que usted quería era algo tan simple como

que le hicieran cosquillas en la ingle izquierda con el vértice de un diskette de computadora,

o que le dibujaran un pavo real de la India con lápiz labial y sombra de párpados

en una de las nalgas. Hay deseos complejos que es preferible expresar con la palabra.

Claro que para llegar a esta agradable situación, hay que pasar por el difícil momento del

cortejo previo, en el que resulta cada vez más difícil darse cuenta de lo que le pasa al otro a

través del lenguaje gestual.

En efecto, los gestos claramente codificados de otras épocas, en las que una mirada de Ella

era una invitación al cabezazo de Él y un cabezazo en la pista de baile era señal clara de

que Él invitaba a bailar, esa época de los gestos definidos y claros ha terminado. Hoy el

lenguaje gestual de la discoteca sigue siendo bastante claro para quienes lo practican todos

los fines de semana y están al tanto de sus modificaciones, pero en cambio… ¿cómo saber

cuándo Ella está lista para Algo más?, ¿cómo estar segura de que Él está proponiendo Eso?

Se supone que hemos atravesado la revolución sexual, se supone que nunca hubo una

Restauración de la represión, se supone que todo el mundo practica alegremente el sexo,

unos con otros. Y entonces, ¿por qué a nosotros no nos toca más seguido?

El tema de

 

 

cómo saber

se ha vuelto especialmente confuso en el caso de los caballeros, que,

si escuchamos las quejas más actuales de las damas, son capaces de alentar las fantasías de

Ellas sin estar dispuestos a cumplirlas como nunca antes en la historia de la humanidad.

Algunas señoras comentan indignadas que ya ni siquiera el hecho de que un señor haya

extraído del corpiño el seno de una dama y proceda a frotar el pezón humedecido con saliva

puede ser considerado como una clara invitación a acostarse juntos. Él podría estar

ensayando simplemente ciertas habilidades técnicas que en realidad piensa utilizar con el

señor que vino a hacer el service del lavarropas. Y aun con el lavarropas mismo. (Bueno,

hay lavarropas que… quiero decir… los de tambor horizontal y todo eso, ¿no?)

Cuando el lenguaje gestual del caballero resulta poco claro, es hora, señoras, de entenderse

directamente con su pequeño amigo. Él es mucho más franco, sabrán claramente si quiere o

no quiere y nunca las engañará.

10

De todos modos y para ambos sexos, el sencillo ejercicio que propongo a continuación

puede ayudarlos a practicar el desciframiento de ese código misterioso: los gestos del amor.

Entérese de una vez por todas qué quiso decir cuando…

 

 

 

Han estado bailando. Verano. Jardín. Solos. Se miran. Ella se pasa la lengua por los

labios. Eso significa que…

a) Se olvidó la manteca de cacao.

b) Tiene un afta en la punta de la lengua.

c) Quiere que usted le traiga más champán.

e) Le duele la cabeza.

 

 

 

Él la siguió con el auto siete cuadras diciéndole piropos. Cuando usted se da vuelta, le

guiña un ojo. Eso significa que…

a) Le entró una basurita o tiene un orzuelo.

b) Sufre un tic nervioso.

c) Está tratando de seducir a un parquímetro.

d) Tiene el as de bastos.

 

 

 

Él o ella están en la otra punta del salón pero miran fijamente en dirección a usted

haciendo el gesto de tirar un beso. Eso significa que…

a) Quiere una pajita para su bebida.

b) Tiene el dos de oros.

c) Está buscando un cigarrillo rubio.

d) Practica gimnasia facial para reducir la papada.

De acuerdo a los datos que me proveen mis informantes pampeanos, parece ser que todos

los argentinos estaban convencidos en su infancia de que cuando un varón tomaba la mano

de una mujer y le acariciaba la palma con el dedo mayor en un suave movimiento de

rascado ésa era una definitiva invitación a la cama. Al crecer se enteraron de que no era tan

sencillo. Quiero decir, llegar a tener la palma de ella en posición de ser rascada.

Nadie duda de la comprensión y claridad de ciertos gestos tan antiguos como hacer un

círculo con el índice y el pulgar de una mano y atravesarlo con el índice de la otra, o meter

y sacar un dedo debajo de la mano apoyada sobre la mesa, o bien el gesto nacional de “tu

mamá lava la ropa”. Sin embargo ninguno de esos ademanes se consideran de buen gusto

en una persona adulta y quien desee dar muestras de urbanidad debería evitarlos.

En la edad adulta, lamentablemente, es necesario considerar matices y sutilezas. Pensar que

hubo un momento de nuestras vidas en que todo era tan claro que no teníamos más que

chillar bien fuerte para que nos metieran el pezón en la boca. Pruebe a chillar ahora con esa

intensidad delante de su amada y probablemente todo lo que consiga sea un pase gratis para

una clínica psiquiátrica.

De todos modos y para que no vuelva a darse usted, dama o caballero, ese maldito porrazo

siempre en el mismo lugar, producto de tirarse a la pileta sin agua, aquí le propongo un

breve ejercicio que lo ayudará a practicar la traducción del lenguaje sin palabras. Se trata de

11

adivinar de acuerdo a sus gestos si Ella o Él quieren o no quieren. Póngase hielo en el

chichón de la frente, marque la respuesta correcta y déle nomás para adelante:

 

Ejemplo 1: Cómo interpretar el lenguaje gestual de una dama

 

 

Están en un café. Ella está en otra mesa. Usted la mira fijamente. Ella le sonríe. Eso

significa:

a) Ella quiere filmar una película pornográfica con usted y un par de amiguitas.

b) Ella es su prima Eleonora, la que se hace una cirugía plástica dos veces por año.

c) Ella se acaba de hacer carísimos y dolorosos implantes bucales y está dispuesta a lucir su

sonrisa con o sin excusa.

d) Ella quiere tomar un café con usted y comenzar una relación.

e) Ella es una vendedora de enciclopedias y lo que quiere comenzar es una relación

comercial.

Ejemplo 2:

 

 

 

Ejemplo 2:

 

Cómo interpretar el lenguaje gestual de un caballero

 

Están en un café. É1 está en otra mesa. La mira fijamente. Usted le sonríe. Él se levanta

y va hacia su mesa:

a) Él siente que se le ha despertado un irrefrenable impulso amoroso por usted que sólo

podrá saciar después de 24 orgasmos (de usted).

b) Él es ese señor que le prestó plata hace tanto que usted ya no se acordaba ni de la cara.

c) Él quiere tomar un café con usted, comer un sándwich tostado con usted y tomarse un

par de whiskies con usted o con cualquier otra persona y no tiene con qué pagarlos.

d) Él siente que se le ha despertado un irrefrenable impulso amoroso por la señorita que

está en la mesa detrás de la suya.

e) Él también es un vendedor de enciclopedias.

Este caso parece triste e insoluble, pero no es así. Lo ideal sería que pudieran reunirse el

caballero del ejemplo No. 1 con la dama del ejemplo No. 2 y dejar que los dos vendedores

de enciclopedias se las arreglen entre ellos.

El problema es que generalmente los dos que sí quieren tienen muy mala opinión uno del

otro, sobre todo si son muy jóvenes. El tiempo enseña a resignarse.

 

 

Una cruzada literaria.

MI PRIMERA PENETRACION CANINA

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

Antes de contarles mi relato que es totalmente verídico y para que me conozcan, les cuento que soy hombre de 40 años, casado con una mujer y tengo 3 hermosos hijos, poseo un secreto que no lo cuento a nadie de mi familia: soy bisexual pasivo, no “tengo plumas” como se dice en Argentina cuando uno no es afeminado, todo lo contrario, aparento una muy importante masculinidad, soy el “gran macho argentino” y nadie de mi intorno se imagina que soy bisex, pasivo y que hasta tengo un amante hombre que me hace su mujer de tanto en tanto.
Me gusta esto desde los 12 años, cuando debuté sexualmente con mi mejor amigo, con quien no hablamos del tema cuando actualmente nos encontramos, el también se casó y tiene su familia, no se si sigue siendo bisexual. Pero esta es otra historia cierta que alguna vez les contaré.
El tema de gustarme la zoofilia surge cuando en el año 1990 aproximadamente, era aún soltero, alquilo un video pornográfico del tema, había mujeres penetradas por perros, por chanchos, por caballos y por todo tipo de animalitos, también había hombres que penetraban vacas, yeguas y hasta gallinas, era un video europeo, creo que alemán. Las imágenes me exitaron tanto que me hice muchas pajas viendo esas imágenes imaginándome que era yo el penetrado. Me volví obsecivo de la zoofilia y quería saber si un hombre podía ser penetrado por su ano, claro, en esos tiempos no había internet y conseguir material era prohibitivo.
Pasaron unos 3 años, creo que fue en 1993, cuando mis cuñados —un hermano de mi esposa y su mujer— debian viajar unos días fuera de la ciudad y no querían dejar su casa sola porque ya comenzaban los robos y casa sin habitantes las desvalijaban, así que me pidieron si podia quedarme a dormir unas 4 noches, acepto porque también tenían un perrito medianito —Manchas— de unos 50 cm de alzada a quien había que darle de comer.
La primer noche que llego luego de mi trabajo Manchas me hizo fiesta, me ladraba pero estaba muy contento con ver a alguien de su familia, hasta ese momento no me imaginaba hacer algo con él, así que cené lo que había en la heladera, vi un poco de tv y me dormí, cuando despierto por la mañana estaba el perrito a mi lado, lo acaricié y luego de prepararme me fui a mi trabajo.
La segunda noche que voy a la casa, previo paso por la mia y saludar a mi familia, en el camino veo unos perros de la calle que perseguían a una perra alzada, detengo el auto justo cuando uno de ellos la monta, la penetra, le da un montón de sacudidas y quedan pegados o como se dice en mi país, abotonados, ahí volvieron mis “ratones” a caminar y me hacía la idea de que era yo la perrita follada y abotonada. Al llegar a la casa, Manchas me saludó como la noche anterior y comencé a acaricialo más tiernamente, tocándole el lomo, los huevos y su pija, hasta que le empezó a salir una punta roja de su capuchón peludo. Como ví su exitación me desnudé totalmente y lo seguí tocando en sus partes íntimas, el perrito estaba sumamente caliente y se me prendía de donde sea, quería penetrarme a toda costa!!! Como aun no había leido nada al respecto, no sabía en qué posición ponerme para que logre la penetración, probé de diferentes maneras y no hubo caso… no había forma de que llegara al agujero de mi ano, así que solamente le hice una paja fenomenal que al largar la leche bien aguada y transparente con un olor fuerte ensució todo: muebles, piso y demás cosas cercanas, pero quedé con ganas de que me penetrara. Así fue como pasé esa noche y las dos restantes durmiendo abrazado a Manchas… mi primer macho perruno!!! La noche siguiente lo seguí pajeando y estuvo llenándome de leche, tomando más recaudos de no ensuciar muebles y la última me arriesgué a pajearlo, chuparle la pija y tomarle la leche que tiene un gusto agrio, fuerte, salvaje pero rica, muy rica para un zoofílico como yo.
Con todo lo vivido esas 4 noches quedé muy caliente con que me penetrara un perro y desde esa vez lograr mi cometido consiguiendo un perro, no pude convencer a mi mujer y todo quedó en mi imaginación porque como vivo en un departamento con mi familia no tengo lugar para tener un perro grande, entonces me conformaba con buscar en la calle escenas de perros cogiéndose a perras alzadas y alquilar videos pornográficos de zoofilia para pajearme pensando en Manchas y en esos perros de las imágenes montándome.
Mi reapertura sexual como bisexual pasivo y como zoofílico surgió cuando en el año 2001 comencé a incursionar en internet, esto me llevó a páginas de contactos para conocer hombres que me hicieron su hembra en la cama. Y poco a poco volví a buscar pornografía zoofilíca en la web, así fue como ví miles de traillers de películas del tema, entré a páginas de relatos de zoofilia y otra vez quería ser penetrado por un perro y cuanto más grande mejor.
Tanta calentura que tenía de ser penetrado por un perro que mi imaginación corría y comencé a fantasear con que pajeaba a uno hasta calentarlo y cuando me montaba y luego me cogía quería también chuparle la pija al dueño hasta que me llenara de leche la boca y quedar pegado o abotonado al perro.
Desde el 2001 hasta la fecha (agosto 2008) puse avisos en infinidad de páginas de contactos indicando mi búsqueda, entraba constantemente a chats de todo tipo y hasta a líneas de contacto telefónicas, pero nada; nada de nada aparecía, solo tipos pajeros y graciosos que me decían “andá a coger con el perro Pluto”.
Hace ya meses creí que no iba a poder llevar adelante mi fantasia hasta que del sitio menos pensado apareció la persona que me podría ayudar en esto.
La forma como lo conozco es, al fin, por una página de contactos sexuales donde tengo un aviso, recibo un mensaje diciendo “tengo un perro que se coge a mujeres, maridos y todo ser humano que se le cruce, está adiestrado, si te interesa llamame al 15 5…….”. Dudando de que era otro pajero mental no lo llamé enseguida, pasaron como unos 10 días hasta que lo hago, me citó en su casa que queda fuera de la Capital Federal, en el Gran Buenos Aires. Esta persona es un señor de unos 68 años, gordito, bajo, calvo, me hace pasar a su casa y me cuenta lo de su perro, a él solo le gusta ver en acción a “Toby” y la manera en que se monta a la gente, me dice que debe mantenerlo, darle de comer, enviarlo a bañar, al veterinario, para que se mantenga limpio y sano para practicar sexo con personas y que él tiene gastos a solventar y con su sueldo de jubilado no le alcanza entonces cobra la suma de $ 200,00 el servicio de dos folladas con su perro, es decir que unos 66 dólares. Lo pensé, me pareció una buena oferta y acepté, también porque tenía el dinero encima.
No pagué en el momento, sino que me llevó a la terraza donde me encuentro con un juguetón perro de raza dálmata, con manchas negras grandes, de alzada mediana a grande, bien fuerte, lomo cuadrado, bien alimentado y con mucha fuerza, vitalidad y jovialidad con sus 7 años de vida. Le hizo fiestas a José, su dueño y me olio, me miró, movía su cola, y dejó que lo acariciara, estuvimos así unos minutos y fuimos a la planta baja de la casa. Allí José me dice si me gusta el perro y si quiero seguir adelante, le dije que si, que estaba encantado y como macho me gustaba mucho, me hizo pasar al dormitorio donde puso en el piso una colchoneta y me dijo que me desnudara y me pusiera en cuatro sobre la misma y me trajo un poco de aceite de cocina para lubricar mi ano, así lo hice, me desnudé, me puse en 4 y el aceite y me preguntó: “¿estás preparado?, mirá que cuando Toby baje y entre a este dormitorio no hay marcha atrás”, le dije que si, que lo trajera. En esos pocos minutos que duró el viaje desde la terraza a la planta baja pensé que tal vez todo sería un engaño y que entraría la barra brava de Boca Juniors a cogerme todos juntos, pero no!!! (bueno, convengamos que si me cogía la barra brava también me hubiera quedado allí!!!) llegó José con Toby!!!, quien no hizo mas que olerme, darme unos lenguetazos en el culo que se me montó, peló la punta de la pija y me la mandó a guardar de una por el culo!!!!, estaba siendo empomado por el perro, por fin!!!.
Ese perro y su dueño hacían realidad mi sueño de tantos años!!, la sensación de ser penetrado por el animal es indescriptible!!!. Tengan en cuenta de que se trata de un MACHO con fuerza, juventud y ganas de coger, digamos que no serruchó mucho tiempo, sino que a los 5 minutos de empujar hacia adelante y atrás comencé a sentir como esa pija perruna primero finita y dura se hinchaba más y más dentro de mi culo, debo confesar que un poco me dolía, ya no había marcha atrás, no podia salir de allí debajo del animal porque José me advirtió de que si intentaba escapar me mordería, recordemos que es un animal, UN MACHO VERDADERO y se lleva por el instinto de procreación, amén de que estaba gozando un montón el muy calentón e hijo de puta.
Este dolor del principio fue superado por la sensación impresionante y por el morbo, fue hasta que me acostumbré al aumento de tamaño y el placer inmenso que sentí no lo olvido aún, ni siquiera pude tocar mi pija porque el perro es pesado y no podia quedar apoyado en una mano por los embates violentos que estaba teniendo y por el peso del mismo, pero así y todo, sin siquiera tocarmela me di cuenta de que yo estaba eyaculando largando una buena cantidad de leche. Serruchó esos momentos y sentí como mi culo se abría de forma impresionante: ESTABA ENTRANDO LA BOLA, EL TAPON INMENSO DE LA BASE DE SU PIJA!!! Y quedamos abotonados!!!!, poco a poco comencé a sentir como me llenaba de leche!!! El bombeo de sus poderosos huevos estaban llenando de esperma de perro mis entrañas, si pudiéramos quedar embarazados los humanos (y los hombres), creo que me estaba haciendo como 10 cachorros, sentía la leche caliente en mi interior y la forma como mi vientre se agrandaba por esa leche recibida, tengan en cuenta que, según lo que leí, un perro puede descargar no menos de 200 y hasta 300 centímetros cúbicos de esperma. Toby se quedó quieto y sentía sus latidos como del corazón, pero dentro de mi culo!!! repito… es indescriptible la sensación, me acuerdo mientras escribo y se me para la pija!!! quedamos abotonados como 20 minutos aproximadamente, lo tenia arriba mio y era tan delicado para tratarme!! el perrito me daba lenguetazos en la cara, en la cabeza, en las orejas!!! eso me recalentó más aún!!! me sentía perra, la perra de un perro desconocido!!! también se que él gozaba con esto!!!. Es diferente a que te coja un hombre, porque éste una vez que eyacula y acaba quiere irse y dejarte, no da mas muestras de cariño para nada, en cambio el perrito te entrega todo su sentimiento dándote lenguetazos por toda la cara, hasta casi se los contesto poniendo mi lengua, pero no me animé a más.
Mientras lo tenía montado arriba de mi espalda con todo su peso y seguía eyaculándo, José me decía que lo aguante así y con la pija en el culo porque si trataba de sacármelo se enfadaría y me mordería, igual no tenia intención de intentar nada, yo staba fascinado, flasheado, es más… le cerraba el culo, apretaba el esfinter y él más empujaba hacia adentro!!! IMPRESIONANTE!!! IMPRESIONANTE!!!.
Como ya no había embestidas fuertes y podia sostenerme bien, pasé mi mano derecha hacia atrás y toqué la entrada de mi culo que estaba salvajemente atacada por la bola del perro que me tenía abotonado, miré hacia atrás por debajo y ví imágenes que no se me van a borrar nunca, las patas del perro colgando de mi espalda y su cuerpo pegado al mio. Qué salvaje todo!!!.
Después de unos 15 minutos de estar así, Toby se dio vuelta, pasó una pata trasera por arriba y quedamos culo con culo unos 5 minutos más, hasta que se salió sola la pija y cuando se acuesta y veo!!!! no lo podía creer!!! tuve dentro mio una pija de mas de 25 cm y gruesa como una morcilla o más!!! y la bola tenía mas de 10 cm de diametro!!! y eso que ya se estaba achicando, el perrito se la chupaba, pobre, tenía una mezcla de mi sangre (dilato bien, pero esto es superior a cualquier pija humana y me rompió), leche perruna y escrementos!!!
Les digo, amigos, que fue increible esta experiencia!!! y quiero más ahora que lo probé!!!
Eso si… me quedó el culo como una flor!!! y aunque ya pasó como una hora de todo esto, voy al baño y sigo largando leche de perro!!! INCREIBLE!!!!
Luego de asearme le pago a José la suma adeudada más un regalo de $ 20,00 por todo el placer recibido, desenvolsé todo con muchas ganas y agradecimiento.
Ahora seguiré siendo la perrita novia de Toby, no se hasta cuando, igual como no es celoso sigo buscando mas perritos para que sean mis amantes, alguien podrá ayudarme???.
Esta historia es totalmente veridica y cierta, pueden comprobarlo escribiéndome a casadoybi2003@yahoo.com.ar y si sos de Buenos Aires, Argentina, te presento a José y Toby, dos seres increibles. No importa si sos hombre o mujer, solamente la condición es que te guste ser penetrado por algo diferente, así probás la experiencia más increible, inolvidable, caliente y morbosa de tu vida, porque, después de hacer esto…. Que más puede quedar por probar???
Besos a todas y todos.

Mario desde Argentina y perdón por mi redacción si no les gusta, tengan en cuenta que no soy escritor y no conozco los mecanismos de escritura, aunque lo redacté desde mi corazón. Muchas gracias.

Encuentro de Javier

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

Les envió mi último relato. Abajo posee la fecha. Mi nick más conocido y entre parentésis mi nombre.Agradezco publiquen nick y seudónimo. He visto que los mails no los colocan por cuestiones de privacidad y me parece adecuado.
Un saludo
Lucía Schaffer
Encuentro de Javier

Ana
miró el reloj por enésima vez esa tarde. El reloj que parecía estar
inmóvil con las manecillas conjuradas a no desplazarse. Esa tarde
estaba un poco más inquieta de lo habitual. Revisó sus papeles, envió
unos correos electrónicos pendientes, realizó un par de llamadas. Todas
actividades que culminaban con su día laboral .Un largo día con una
decena de actividades de diferente importancia y complejidad.
Otra
vez la mirada en el reloj. Era la hora de salir del trabajo y tras no
tener de otras cosas que ocuparse por ese día se puso su abrigo negro,
sus guantes y enredó la bufanda en su cuello. Deseó que hubiera sido
verano y que no tanta ropa cubriera su cuerpo. Se colgó la cartera
cruzando el pecho de manera más informal .Saludó y salió. Caminó
lentamente hacia la parada del ómnibus mientras se deleitaba con la
luna creciente en el cielo despejado y plagado de estrellas. Había
bastante gente en la calle, gente que procuraba huir a sus hogares, con
esposas, amantes, hijos y perros. Ana prefirió deleitarse con su
caminata respirando el aire gélido y nocturno de la noche de Junio.
El
ómnibus demoró unos minutos en llegar y al subir se ubicó en una
ventana. Encendió su radio y escuchó un poco de Fernando Delgadillo. Se
deleitó con su poesía, deseo estar por su país para oírlo en vivo algún
día. Cerró los ojos y durmió unos minutos .Cuando los entreabrió
-alguien- desde el corredor la miraba atentamente. Respiró
profundamente y esbozó una sonrisa leve. Tarareaba para sus adentros”
de tus labios que hoy presentes como ausentes me han llevado a
recordar…”. Ya no pudo conciliar el sueño breve y subrepticio ni
concentrarse en lo que estaba soñando. Unos minutos más tarde había
llegado a su destino. Descendió mientras el extraño la seguía mirando.
Le puso en su mano un papel.

- Llámame si quedes.

Ana
sonrió. No dijo una palabra. La noche seguía helada aunque ya no se
divisaba la niebla de antes. Caminó un poco. En la esquina de Andes y
18 de Julio estaba él esperándola como habían quedado. Lo miraba desde
lejos mientras se acercaba. Se sonreía y pensaba en su piel, su ropa,
en el deseo. Él no sonreía, pero si la miraba. Con una mirada de niño,
con sus manos en la campera, con sus botas. Esa mirada mostraba un
deseo adolescente, un deseo febril quizás.
Al llegar a su lado él
sonrió .Una breve y tierna sonrisa. Ella, una sonrisa diferente. Algo
más clara, algo más tierna, algo más tímida. Puso esa cara que dicen
que tiene de pícara. Él la besó en los labios apenas. Un diminuto beso.
Un exquisito beso. Caminaron, hablaron mientras iban a un barcito
pequeño que queda por ahí nomás a tomar algo. Entraron. Por suerte
había poca gente en ese miércoles. Poca luz, buena música. Especial
para dejarse llevar y perderse en sus ojos. La charla como la música
por supuesto discurrió por libros, amantes, deseos. Los dedos de él
hacían excursiones a las manos de Ana, jugaban con sus dedos, hacían
cosquillas en sus palmas. Las manos de ella recorrían las de Javier,
descubrían cada marca, cada lunar, cada línea. Él decía que hacía
inventarios.Ella los hacía cabalmente. Él decía desearla. Ella lo
deseaba hasta sus huesos. Él la deseaba hasta sus huesos pero su
timidez le impedía decirlo a gritos. No importaba. Ana sabía sus deseos
y los suyos como para los dos.
A las una de la mañana el bar estaba
lleno de gente. Mucha gente para el gusto de los dos. Volvieron al
ritual de los abrigos, las bufandas y salieron. Volvieron a caminar por
las callecitas montevideanas, por la calle Soriano, por su soledad a
esas horas. Al pasar por frente un hotel él la miro y le dijo vamos.
Ella asintió y luego la habitación los recibió. Se besaron. Como ella
deseaba hace horas, hace días, hace años. Las manos de Javier en su
pelo, en su cuello. Sus dedos exploradores. Sus manos fueron
despojándola del abrigo, de la bufanda. Javier le dijo:

- Es UD muy hermosa.

Ana
sonrió. Le gustaba tanto como ese hombre le hablaba. Sus palabras, sus
sonidos, sus gustos, su pensamiento. Su boca. Esa boca con la que
soñaba más que seguido. Su boca, que degustaría lentamente como una
taza de frutillas con crema. Lo acariciaba. También Ana lo despojó
lentamente de su abrigo dejando su cuerpo tan deseoso a mano, para sus
manos. Su ropa ajustada, su torso firme, su vientre que tantas otras
mujeres tocaban con gusto, su cuello. Ahí ella quería convertirse en la
Condesa Drácula o en una de sus discípulas y perderse en él. Lo hizo.
Lo besó lentamente dejando que su lengua fuera el punto de contacto con
su piel. La deslizó. Mojó su cuello. Lo lamió mientras escuchaba los
gemidos de su boca. Lo besó. Sin prisas y con todo el deseo del mundo.
Dejó que su lengua se apropiara de la suya. Jugó, tocó, mordió sus
labios suavemente. Lo miró. Lo volvió a desear, aunque nunca había
dejado de hacerlo. Dejó que sus manos bucearan en su remera y tocaran
su piel. La tibieza de esta era abrumadora, su suavidad enloquecedora.
Él hizo lo mismo y palpó la piel suave de la espalda, el sujetador
cubriendo sus senos. Los palpó, los delimitó. A pesar de sus manos no
cabían en ellas. Sintió los pezones duros, la excitación palpable y
exquisita de su cuerpo. Su respiración intranquila y agitada. La siguió
desnudando. Ahora desabrocho su pantalón, lo dejó caer, tocó su cola.
Vio el esbozo de su vulva. Deslizó un dedo por ella, sólo rozándola.
Ana respiró profundamente, gimió, dijo algo que él no quiso descifrar.
Volvió a sus nalgas, las rodeó con sus manos. La apretó contra sí. Ella
sintió su miembro duro, palpitante y tibio. Le quitó el pantalón, lo
acarició. Lo miró, miro sus ojos cerrados, su boca mordida por sus
dientes. El gesto de placer, el placer corpóreo. La mano de Ana tocó la
piel de sus genitales, tibios, qué tibios y duros. Deliciosos pensó sin
haberlos probado aún. Cerraba y abría los ojos intermitentemente. Se
deleitaba con la visión y con lo que imaginaba a la vez en una
secuencia de milésimas de segundo.
Javier terminó de desnudarla
.Quitó su sujetador blanco dejando sus senos al alcance total de su
lengua y manos. Sus faros en la tormenta, los faros que lo haría igual
naufragar en sus costas. El sexo de Ana, tan pequeño y deslumbrante.
Sus dedos lo descubrieron húmedo, suave, casi que aterciopelado. La
acostó en la cama, la besó, la acarició, y dejó que su lengua fuera a
su vulva. Con sus dedos abría suavemente los labios, descubría el telón
de su sexo. Vislumbraba el clítoris hinchado y altivo. Sus labios
menores rosados y cálidos. La masajeó lenta y pausadamente. Caricias y
dedos. Juegos de penetración y salida. Juegos de masajes, masajes. Con
los gemidos de fondo musical, con sus deseos queriéndole gritar lo que
la deseaba. Su boca ahora tomó contacto con la vulva. La lamió, la
recorrió, la inventarió. Aquel detalle que no había visto en ninguna.
Aquella cosa que hacía única a la vulva de Ana. Lamió, saboreó, de
arriba a abajo, de abajo a arriba, con trazos que la dejaron inerme. La
boca de Javier se llenaba de jugos, de secreciones. El placer sabía
exquisito en Ana. Único , dulce, como una narcótico para la mente.
La
miró. La miró extasiado. Su cara rendida de placer, su carita colorada
fruto de la excitación que había pasado. El orgasmo devastador que
había sufrido, su sonrisa. Javier estaba más excitado que antes, más
deseoso de penetrarla y dejarse amar. Ella quería recobrar el aliento y
comérselo a besos, hundir el pene en su boca, jugar con su lengua en su
espalda.
Así sucedió unos minutos más tarde. Ana se dedicó a
descubrir la piel de este hombre exquisito. Lo besó lentamente, tomó su
lengua para sí, recorrió su vientre con sus manos y dedos juguetones.
La espalda tensa como un arco, sus músculos. Lo escuchó gemir como un
pequeño con miedo de la oscuridad. Recorrió su cuerpo lleno de placer,
de placer de muchas otras mujeres que habían recorrido lo mismo que
ella. Su sexo, duro, su miembro, el placer para su boca, sus manos, las
manos que tanto deseaba. Lo recorrió hasta saborear casi todo su
cuerpo. Para lo último dejó su pene. Como la fruta, el postre más
deseado.
Colocó su boca en el glande, lo degustó, dejó que su lengua
lo recorriera haciendo círculos. Luego lo recorrió todo, todo su pene,
duro y exquisito. Lo sintió gemir, quejarse, pedir, y volver a pedir.
SU lengua se alejó del glande, recorrió el tronco, encalló en sus
testículos. Los exploró como si fuera una playa desierta. Uno, otro,
lengua, boca, manos. Volvió al recorrido inicial. Lo chupó y besó. Se
detuvo. Lo miró. Quería prolongar el placer de la vista, el placer de
la lengua, su placer y el de Javier. Se abrazaron y tocaron. Javier
volvió a sus senos, a su vulva, ella a su vientre y a su boca.
Javier
la miró y no le preguntó. Se puso encima de ella y jugó a penetrarla.
No lo hacía, sólo la rozaba. Su cuerpo se abalanzaba sobre ella. Sus
piernas abiertas, sus senos eternos y desafiantes, su sexo que lo
reclamaba. Elevó sus piernas a sus hombros, las acarició, llegó hasta
sus dedos, le hizo cosquillas a sus dedos, le provocó risas. La acercó,
calculó las distancias a su vulva. Se acercó más. Miró su pene. Teorizó
acerca de su dureza, de como estaba de excitado para sí. Llegó a
conclusiones sobre Ana, sobre su placer, sobre el suyo y el mutuo. Tomó
su pene en sus manos y suavemente lo dejó a tiro de su vulva. La miró y
ella cerró los ojos. La penetró. Sintió su vulva tibia, húmeda,
excitante y deseosa de él. Se movía entrando y saliendo. Moviendo sus
caderas, rozando su pene en su clítoris, mirando sus senos balancearse
por sus embestidas aún suaves. Le susurraba algunas palabras. Ana
gemía, abría y cerraba los ojos. Lo veía a Javier con ese placer que
sentía, gemir, buscar, moverse en ella. Lo veía tan exquisito, tan
rico. Quería hablar y llenar la habitación de palabras. Quería gritar y
pedirle que le hiciera mil cosas. Pero calló, disfrutó, gozó. De él y
su sexo. De él y sus palabras, de él y su placer. Dejó que sus manos
rozarán su cola, que presionaran a su interior, empujándolo a
penetrarla más y más. Javier entendía perfectamente los gestos y
posturas. Mordía sus senos alternativamente, los lamía, los
mordisqueaba. Le decía al oído lo que le haría. Ana apretaba sus
músculos perineales y lo retenía dentro de ella, lo capturaba. Javier
se quedaba quieto, como un niño atrapado y resollaba como un animal.
Ella lo soltaba y el volvía al sempiterno movimiento. Los juegos
seguían entre los dos. Los juegos que acababan en el semen tibio en los
senos de Ana, los juegos que daban el descanso para retomarlos más
tarde cuando ella se subiera a él y cabalgara mirándolo a los ojos.

Uruguayita_mimosa ( Lucía Schaffer)

uruguayita_mimosa@hotmail.com

uruguayita@gmail.com

Junio 23, 2007

Montevideo, Uruguay

 

Turismo rural más allá de lo que conoces. Otra cosa.

Encuentro de Javier

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

Les envió mi último relato. Abajo posee la fecha. Mi nick más conocido y entre parentésis mi nombre.Agradezco publiquen nick y seudónimo. He visto que los mails no los colocan por cuestiones de privacidad y me parece adecuado.
Un saludo
Lucía Schaffer
Encuentro de Javier

Ana
miró el reloj por enésima vez esa tarde. El reloj que parecía estar
inmóvil con las manecillas conjuradas a no desplazarse. Esa tarde
estaba un poco más inquieta de lo habitual. Revisó sus papeles, envió
unos correos electrónicos pendientes, realizó un par de llamadas. Todas
actividades que culminaban con su día laboral .Un largo día con una
decena de actividades de diferente importancia y complejidad.
Otra
vez la mirada en el reloj. Era la hora de salir del trabajo y tras no
tener de otras cosas que ocuparse por ese día se puso su abrigo negro,
sus guantes y enredó la bufanda en su cuello. Deseó que hubiera sido
verano y que no tanta ropa cubriera su cuerpo. Se colgó la cartera
cruzando el pecho de manera más informal .Saludó y salió. Caminó
lentamente hacia la parada del ómnibus mientras se deleitaba con la
luna creciente en el cielo despejado y plagado de estrellas. Había
bastante gente en la calle, gente que procuraba huir a sus hogares, con
esposas, amantes, hijos y perros. Ana prefirió deleitarse con su
caminata respirando el aire gélido y nocturno de la noche de Junio.
El
ómnibus demoró unos minutos en llegar y al subir se ubicó en una
ventana. Encendió su radio y escuchó un poco de Fernando Delgadillo. Se
deleitó con su poesía, deseo estar por su país para oírlo en vivo algún
día. Cerró los ojos y durmió unos minutos .Cuando los entreabrió
-alguien- desde el corredor la miraba atentamente. Respiró
profundamente y esbozó una sonrisa leve. Tarareaba para sus adentros”
de tus labios que hoy presentes como ausentes me han llevado a
recordar…”. Ya no pudo conciliar el sueño breve y subrepticio ni
concentrarse en lo que estaba soñando. Unos minutos más tarde había
llegado a su destino. Descendió mientras el extraño la seguía mirando.
Le puso en su mano un papel.

- Llámame si quedes.

Ana
sonrió. No dijo una palabra. La noche seguía helada aunque ya no se
divisaba la niebla de antes. Caminó un poco. En la esquina de Andes y
18 de Julio estaba él esperándola como habían quedado. Lo miraba desde
lejos mientras se acercaba. Se sonreía y pensaba en su piel, su ropa,
en el deseo. Él no sonreía, pero si la miraba. Con una mirada de niño,
con sus manos en la campera, con sus botas. Esa mirada mostraba un
deseo adolescente, un deseo febril quizás.
Al llegar a su lado él
sonrió .Una breve y tierna sonrisa. Ella, una sonrisa diferente. Algo
más clara, algo más tierna, algo más tímida. Puso esa cara que dicen
que tiene de pícara. Él la besó en los labios apenas. Un diminuto beso.
Un exquisito beso. Caminaron, hablaron mientras iban a un barcito
pequeño que queda por ahí nomás a tomar algo. Entraron. Por suerte
había poca gente en ese miércoles. Poca luz, buena música. Especial
para dejarse llevar y perderse en sus ojos. La charla como la música
por supuesto discurrió por libros, amantes, deseos. Los dedos de él
hacían excursiones a las manos de Ana, jugaban con sus dedos, hacían
cosquillas en sus palmas. Las manos de ella recorrían las de Javier,
descubrían cada marca, cada lunar, cada línea. Él decía que hacía
inventarios.Ella los hacía cabalmente. Él decía desearla. Ella lo
deseaba hasta sus huesos. Él la deseaba hasta sus huesos pero su
timidez le impedía decirlo a gritos. No importaba. Ana sabía sus deseos
y los suyos como para los dos.
A las una de la mañana el bar estaba
lleno de gente. Mucha gente para el gusto de los dos. Volvieron al
ritual de los abrigos, las bufandas y salieron. Volvieron a caminar por
las callecitas montevideanas, por la calle Soriano, por su soledad a
esas horas. Al pasar por frente un hotel él la miro y le dijo vamos.
Ella asintió y luego la habitación los recibió. Se besaron. Como ella
deseaba hace horas, hace días, hace años. Las manos de Javier en su
pelo, en su cuello. Sus dedos exploradores. Sus manos fueron
despojándola del abrigo, de la bufanda. Javier le dijo:

- Es UD muy hermosa.

Ana
sonrió. Le gustaba tanto como ese hombre le hablaba. Sus palabras, sus
sonidos, sus gustos, su pensamiento. Su boca. Esa boca con la que
soñaba más que seguido. Su boca, que degustaría lentamente como una
taza de frutillas con crema. Lo acariciaba. También Ana lo despojó
lentamente de su abrigo dejando su cuerpo tan deseoso a mano, para sus
manos. Su ropa ajustada, su torso firme, su vientre que tantas otras
mujeres tocaban con gusto, su cuello. Ahí ella quería convertirse en la
Condesa Drácula o en una de sus discípulas y perderse en él. Lo hizo.
Lo besó lentamente dejando que su lengua fuera el punto de contacto con
su piel. La deslizó. Mojó su cuello. Lo lamió mientras escuchaba los
gemidos de su boca. Lo besó. Sin prisas y con todo el deseo del mundo.
Dejó que su lengua se apropiara de la suya. Jugó, tocó, mordió sus
labios suavemente. Lo miró. Lo volvió a desear, aunque nunca había
dejado de hacerlo. Dejó que sus manos bucearan en su remera y tocaran
su piel. La tibieza de esta era abrumadora, su suavidad enloquecedora.
Él hizo lo mismo y palpó la piel suave de la espalda, el sujetador
cubriendo sus senos. Los palpó, los delimitó. A pesar de sus manos no
cabían en ellas. Sintió los pezones duros, la excitación palpable y
exquisita de su cuerpo. Su respiración intranquila y agitada. La siguió
desnudando. Ahora desabrocho su pantalón, lo dejó caer, tocó su cola.
Vio el esbozo de su vulva. Deslizó un dedo por ella, sólo rozándola.
Ana respiró profundamente, gimió, dijo algo que él no quiso descifrar.
Volvió a sus nalgas, las rodeó con sus manos. La apretó contra sí. Ella
sintió su miembro duro, palpitante y tibio. Le quitó el pantalón, lo
acarició. Lo miró, miro sus ojos cerrados, su boca mordida por sus
dientes. El gesto de placer, el placer corpóreo. La mano de Ana tocó la
piel de sus genitales, tibios, qué tibios y duros. Deliciosos pensó sin
haberlos probado aún. Cerraba y abría los ojos intermitentemente. Se
deleitaba con la visión y con lo que imaginaba a la vez en una
secuencia de milésimas de segundo.
Javier terminó de desnudarla
.Quitó su sujetador blanco dejando sus senos al alcance total de su
lengua y manos. Sus faros en la tormenta, los faros que lo haría igual
naufragar en sus costas. El sexo de Ana, tan pequeño y deslumbrante.
Sus dedos lo descubrieron húmedo, suave, casi que aterciopelado. La
acostó en la cama, la besó, la acarició, y dejó que su lengua fuera a
su vulva. Con sus dedos abría suavemente los labios, descubría el telón
de su sexo. Vislumbraba el clítoris hinchado y altivo. Sus labios
menores rosados y cálidos. La masajeó lenta y pausadamente. Caricias y
dedos. Juegos de penetración y salida. Juegos de masajes, masajes. Con
los gemidos de fondo musical, con sus deseos queriéndole gritar lo que
la deseaba. Su boca ahora tomó contacto con la vulva. La lamió, la
recorrió, la inventarió. Aquel detalle que no había visto en ninguna.
Aquella cosa que hacía única a la vulva de Ana. Lamió, saboreó, de
arriba a abajo, de abajo a arriba, con trazos que la dejaron inerme. La
boca de Javier se llenaba de jugos, de secreciones. El placer sabía
exquisito en Ana. Único , dulce, como una narcótico para la mente.
La
miró. La miró extasiado. Su cara rendida de placer, su carita colorada
fruto de la excitación que había pasado. El orgasmo devastador que
había sufrido, su sonrisa. Javier estaba más excitado que antes, más
deseoso de penetrarla y dejarse amar. Ella quería recobrar el aliento y
comérselo a besos, hundir el pene en su boca, jugar con su lengua en su
espalda.
Así sucedió unos minutos más tarde. Ana se dedicó a
descubrir la piel de este hombre exquisito. Lo besó lentamente, tomó su
lengua para sí, recorrió su vientre con sus manos y dedos juguetones.
La espalda tensa como un arco, sus músculos. Lo escuchó gemir como un
pequeño con miedo de la oscuridad. Recorrió su cuerpo lleno de placer,
de placer de muchas otras mujeres que habían recorrido lo mismo que
ella. Su sexo, duro, su miembro, el placer para su boca, sus manos, las
manos que tanto deseaba. Lo recorrió hasta saborear casi todo su
cuerpo. Para lo último dejó su pene. Como la fruta, el postre más
deseado.
Colocó su boca en el glande, lo degustó, dejó que su lengua
lo recorriera haciendo círculos. Luego lo recorrió todo, todo su pene,
duro y exquisito. Lo sintió gemir, quejarse, pedir, y volver a pedir.
SU lengua se alejó del glande, recorrió el tronco, encalló en sus
testículos. Los exploró como si fuera una playa desierta. Uno, otro,
lengua, boca, manos. Volvió al recorrido inicial. Lo chupó y besó. Se
detuvo. Lo miró. Quería prolongar el placer de la vista, el placer de
la lengua, su placer y el de Javier. Se abrazaron y tocaron. Javier
volvió a sus senos, a su vulva, ella a su vientre y a su boca.
Javier
la miró y no le preguntó. Se puso encima de ella y jugó a penetrarla.
No lo hacía, sólo la rozaba. Su cuerpo se abalanzaba sobre ella. Sus
piernas abiertas, sus senos eternos y desafiantes, su sexo que lo
reclamaba. Elevó sus piernas a sus hombros, las acarició, llegó hasta
sus dedos, le hizo cosquillas a sus dedos, le provocó risas. La acercó,
calculó las distancias a su vulva. Se acercó más. Miró su pene. Teorizó
acerca de su dureza, de como estaba de excitado para sí. Llegó a
conclusiones sobre Ana, sobre su placer, sobre el suyo y el mutuo. Tomó
su pene en sus manos y suavemente lo dejó a tiro de su vulva. La miró y
ella cerró los ojos. La penetró. Sintió su vulva tibia, húmeda,
excitante y deseosa de él. Se movía entrando y saliendo. Moviendo sus
caderas, rozando su pene en su clítoris, mirando sus senos balancearse
por sus embestidas aún suaves. Le susurraba algunas palabras. Ana
gemía, abría y cerraba los ojos. Lo veía a Javier con ese placer que
sentía, gemir, buscar, moverse en ella. Lo veía tan exquisito, tan
rico. Quería hablar y llenar la habitación de palabras. Quería gritar y
pedirle que le hiciera mil cosas. Pero calló, disfrutó, gozó. De él y
su sexo. De él y sus palabras, de él y su placer. Dejó que sus manos
rozarán su cola, que presionaran a su interior, empujándolo a
penetrarla más y más. Javier entendía perfectamente los gestos y
posturas. Mordía sus senos alternativamente, los lamía, los
mordisqueaba. Le decía al oído lo que le haría. Ana apretaba sus
músculos perineales y lo retenía dentro de ella, lo capturaba. Javier
se quedaba quieto, como un niño atrapado y resollaba como un animal.
Ella lo soltaba y el volvía al sempiterno movimiento. Los juegos
seguían entre los dos. Los juegos que acababan en el semen tibio en los
senos de Ana, los juegos que daban el descanso para retomarlos más
tarde cuando ella se subiera a él y cabalgara mirándolo a los ojos.

Uruguayita_mimosa ( Lucía Schaffer)

uruguayita_mimosa@hotmail.com

uruguayita@gmail.com

Junio 23, 2007

Montevideo, Uruguay

 

Turismo rural más allá de lo que conoces. Otra cosa.

Pequeña Vanesa

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

I. Uno.

Marcelo no estaba seguro de haber escuchado bien. Jorge, su amigo, le había dicho que podría pertenecer al grupo de las equis. Era como un sueño hecho realidad… claro que pensaba que podría estar exagerando, pero estaba contentísimo con su trabajo. A sus 17 años no había tenido relaciones sexuales nunca y sus manos eran las únicas amigas sexualmente hablando. Desahogaba sus normales instintos de adolescente con revistas pornográficas y videos. Y ahora en “las equis” podría conseguir y ver todo tipo de revistas, películas y cualquier material pornográfico que se le pueda ocurrir (y también el que no le pueda ocurrir). Y ahí estaba Marcelo, frente al teléfono dándoles al fin, crédito a las palabras de Jorge. “Ey Marcelo, que crees… estás dentro” Parecía que hubiese ingresado a la universidad.

Eran las nueve y cuarenta de la noche cuando el teléfono de Jorge chilló.

- Alo…
- Jorge, soy yo, Marcelo. Llamaba para…
- ¡Marcelo! Cómo estás… no me digas que llamas para agradecerme.
- Ehh… en realidad si… y también…
- Jajaja, en realidad si, eres cómico eh. Vamos, ya dime que pasó.
- A bueno… mañana es domingo. Yo no voy a la academia, pero quería saber si “las equis” se abrirían mañana.
- Si, voy a abrir el negocio. Vente, necesitaré ayuda. Beto y Braulio seguro tardarán así que voy a necesitarte.
- A bueno, entonces estoy ahí… ¿a las ocho?
- Jajaja, esto no es un restaurante. Quién va a venir un día domingo a comprar pornografía.
- Bueno…
- Tú lo harías seguro jeje…
- Bueno este…
- Ya Marcelo, ven a las nueve. Chao.

Media hora después, sonó el timbre en la casa de Josselyn.

“Yo voy mamá” decía Josselyn mientras se acercaba a la puerta. “Marcelo, pensé que vendrían en media hora.”

- En realidad dije que vendría a las nueve.
- Ya bueno, entonces ¡Tardón! Jaja.
- Jaja… y…
- ¿Quién es Josselyn? – gritó su madre – Ah Marcelo… que tal – hizo una mueca entre desaprobación e incomodidad mientras regresaba a su cuarto.
- Qué tal señora Norma… Bueno… creo que no le caigo bien a tu mamá.
- Ah no hables tonterías, ven ya tengo listo el diálogo.

Josselyn condujo a Marcelo hasta su cuarto. Las paredes eran crema y el techo rosa. Tenía una super computadora que era super veloz y además con un super Internet. Peluches de monos en todas partes y cuadernos regados en su cama. Al lado de su cama, estaba un pequeño contenedor de ropa sucia. Al lado del contenedor, en el suelo, un calzón negro. No es que Marcelo se haya sentido excitado instantáneamente, si no que es que le habían dicho que la gente que usaba ropa interior negra era “ardiente”. Josselyn se percató del calzón negro y lo echó dentro del contenedor. Hizo como si no hubiera pasado nada y prendió el monitor de la computadora.

- Siéntate – le dijo señalando un pequeño banquito al lado de la silla de ruedas.
- Uao que rápida conexión. Mi Internet es tan lento que se demora hasta para cargar el google.
- Bueno ya estaba conectada. Pero si, tienes razón, tengo un Internet rápido. Pero… por qué no le dices a tus papás que te coloquen otra conexión, será más fácil para que estudies.
- No vivo con mis padres….
- Ah si… que tonta lo olvidé. Debe ser difícil
- Bueno… me mandan dinero.
- Pero nunca es lo mismo.
- No, normal, me gusta vivir solo.
- No te creo.
- De veras.
- …. Bueno, y si te mandan dinero, pídeles que te manden para que coloques otra conexión.
- Ya lo hice. De hecho me mandaron el dinero. De hecho… pedí la conexión.
- No jo… jaja, digo, no molestes. No me digas que los estúpidos no te quieren colocar la conexión.
- Si, ya es la tercera vez que se los digo… pero no se que les pasa.

Marcelo y Josselyn terminaron de revisar la tarea que les dejaron en el curso de inglés (una conversación) y prendieron la televisión, estaba pasando una película que la habían visto ya seis veces. Decidieron que una séptima vez no les haría daño.

- Podrás creer que esta película la tengo alquilada desde hace un año.
- No entiendo…
- La tengo alquilada. Nunca la compre, no se que pasó, en señor nunca me la reclamó. He ido a alquilar otras y nunca me ha pedido esta.
- Espero que no me toquen clientes como tú.

Josselyn tardó mucho menos de lo que Marcelo pensó que tardaría en asimilar eso.

- No me digas que trabajas alquilando películas. ¡UAO tienes trabajo!
- Shhh silencio.
- Por qué silencio. Es fantástico o no.
- Si. Aunque no se si a ti te guste.
- Por qué no habría de gus… ah no… No me digas que estás en el trabajo de Jorge.
- Pues…
- Marcelo… eso es denigrante.
- No es denigrante. Es normal, es como cualquier trabajo, no le hago daño a nadie… no le voy a vender material a menores de edad…
- Jajaja. Bueno bueno, tampoco soy tu mamá. Puedes hacer lo que quieras… nada más no me pidas que vaya a visitarte algún día.
- Bah… que me crees.
- Jaja… Propagandas. Voy por un poco de canchita ¿quieres?
- Eh… claro. Pero ¿la vas a preparar?
- Si, ya vengo.
- ¿Tu mamá no se enojara?
- No… por que habría de enojarse.
- ¿Te ayudo?
- No. O quieres que se enoje jeje… ya vengo.

“Y después dice que si le simpatizo a su mamá” pensó Marcelo. “Uao… me va a preparar pop corn (canchita)… ¿será que le gusto? Naaa… ella es siempre así.” Josselyn era la única amiga de verdad que tenía (amiga mujer). Compartían todo, se contaban casi todo. Sin embargo a él siempre le había atraído Josselyn. Sus hermosos senos de señorita, eran tan redondos y duros. Su cintura plana plana. Los chicos en la academia estaban tras ella casi todo el tiempo. Sin embargo su mal humor con los “conquistadores” los había apartado un poco. Pero a Marcelo, le dejaba entrar en su vida. Lastimosamente, como amigo. “Que trasero que tiene Joss… maldita sea, si yo fuera atractivo para ella… me imagino como sería desnuda… uao…” Marcelo cambió los canales para distraerse de sus propios pensamientos. Sin embargo se sumió mucho más en ellos. “Sexo” una película para adultos estaba pasando en el canal 45.

Era una mujer hermosa, y su pareja le estaba quitando el sostén. La besaba, y le quitaba su hermoso y delicado calzón negro. “Calzón negro” pensó Marcelo. Casi mecánicamente volteó a ver el contenedor de la ropa sucia de Josselyn. “Su calzón negro” De pronto Josselyn gritó desde la cocina.

- ¿Ya empezó?
- Eh… ¡no! No ha empezado todavía – dijo Marcelo mientras cambiaba los canales apresuradamente en busca de la película que estaban viendo.
- ¡Bueno… voy un momento a la bodega de la esquina… no hay suficiente, espérame!

Parecía que Josselyn se demoraba a propósito para que Marcelo caiga en la tentación.

- ¡Está bien! ¡No te demores Joss!
- ¡Yaaa no me grites! Jaja.

Esperó a que la puerta se cerrara y nuevamente sus ojos se centraron en el contenedor. Un fetiche oculto nació en ese momento. La ropa femenina, los olores. Se acercó al contenedor muy despacio y pudo ver el calzón negro. “Santo cielo… pero… si lo agarro, quizá ella se percate.” Lo observó durante un momento sin atreverse a agarrarlo. Sin embargo su vista lo llevó hacia la cama. Bajo la cama yacía otro calzón. Este era crema. Marcelo se agachó sin importarle que la película ya hubiera empezado. Cogió el calzón crema y lo acercó a su cara “Debo ser un enfermo” pensaba.

De pronto y sin previo aviso, oyó unos pasos apresurarse al cuarto. Pudo ver una sombra y en milésimas de segundo supo que era la mamá de Josselyn…

II. Dos.

El cuarto de Marcelo está totalmente desordenado. En el escritorio, lapiceros, medias, revistas, un teclado malogrado, papeles. En el suelo, una revista pornográfica, la radio enchufada, un vaso. En la cama, dos jeans, una mochila, el calzón de Josselyn y Marcelo dormido.

Suena el despertador. Son las ocho. “Maldita sea que sueño tengo…” Se levantó de la cama y vio el calzón crema de Josselyn. “ah… que buena paja” se había masturbado la noche anterior después de regresar con el calzón a su casa. Cuando la madre de Josselyn entró al cuarto, lo única reacción de Marcelo fue metérselo bajo el polo.

Marcelo se lavó los dientes y se alistó. Al ver que eran las ocho y media de la mañana aún prendió su DVD. “Siempre llego temprano… parezco un desesperado” Pesnó que una masturbación antes de ir al trabajo no le vendría mal, además, sería difícil que noten su excitación si ya se había desfogado en casa.

“Latinas ardientes III” decía la carátula del último DVD porno que se había comprado. “Veamos que tales están” Dio play a la película. La primera escena fue de dos hombres sentados en un sillón de cuero hablando en ingles. De pronto uno de ellos llama a alguien. Hace aparición una mujer morena de enormes pechos y con un trasero enorme tambaleándose mientras caminaba. “Mmm…” Marcelo adelantó el video hasta la próxima pareja. No le agradaban las exageraciones. Culos enormes, tetas enormes, piernas gruesas, labios muy carnosos. No era su tipo… le parecía grotesco. “Sabía que debía haberme comprado el de jovencitas de 18” pensaba.

En la siguiente escena estaba una mujer delgada, blanca, de pechos que le hicieron recordar a Josselyn. “Esto es a lo que me refiero” Un trasero prominente pero no era enorme. Estaba bien formada. No era una exagerada. Su pareja era un rubio con cara de pervertido sexual al que le gustaba sacar la lengua mientras la chica le hacía una mamada. “Oh my god, fuck me yeah… ohhh god… ohhh yeah” eran las palabras que repetía y repetía la mujer que ahora disfrutaba (al menos aparentemente) del sexo anal.

Marcelo terminó de masturbarse al fin. Estaba con calor, le gustaba quitarse el polo mientras se masturbaba, a veces se desnudaba para luego irse a duchar inmediatamente.

Las nueve y media de la mañana. Marcelo tocaba la puerta de “las equis” el negocio de Jorge. Jorge, era un ex compañero de la academia que decidió no ir a la universidad ya que se consideraba “negociante” y que podía hacer dinero sin la necesidad de estudios superiores.

- ¿Si? – dijo Jorge por el intercomunicador.
- Soy yo, Marcelo.
- Bueno… ya voy.

Marcelo esperó como diez minutos antes de que Jorge empezara a abrir el garaje que él había convertido en una tienda de material pornográfico.

- Ey no te quedes ahí parado, ayúdame con esto.
- Bueno…
- Jaja, es una broma. Pero si, ayúdame por favor.

Terminaron de abrir la tienda. Y acomodaron unas cajas de revistas pornográficas. Marcelo nunca había visto tantas revistas juntas. Parecía que Jorge fuera una especia de mayorista. Sin embargo su asombro fue mayor cuando pasó al pasillo de los videos. Aproximadamente había más de trecientos DVDs. Latinas, interracial, jovencitas, amateur, lesbianas, gays, orgías. También estaban las de enfermeras, secretarias, abogadas, bomberas, etc. Sin contar con las películas como blanca nieves, tarzán o un clásico como la cenicienta.

- Cielos… Jorge ¿y todo esto tú lo has comprado?
- Por su puesto. He invertido capital en esta porquería jeje, así que ten cuidado. Te tengo confianza Marcelo, por eso es que de vez en cuando te voy a dejar a cargo del negocio.
- No te preocupes.
- No lo haré.

Marcelo acomodó la nueva mercadería que había llegado. Nuevos videos. Cada video que acomodaba se quedaba viéndole la carátula. Más tarde llegaron Beto y Braulio.

- Hey Marcelo, aquí hay un cliente – dijo Braulio.
- Voy en seguida.

Marcelo se apresuró para atender a uno de los compradores. Sin embargo cuando llegó al mostrador se quedó con la boca abierta.

- Buenas…
- Bu… buenas.
- Quisiera un video lésbico por favor.

Ante él, una bella señorita de 20 años aproximadamente con un top que parecía sostén y un pantalón demasiado pegado para la modestia.

- S… si, en seguida.
- ¿Puedo escoger?
- Claro… aquí es… están los, el catalogo.
- Este es de heterosexuales amor.

Marcelo no recuerda como terminó de atender a aquella señorita, pero cuando lo hizo, estaba muy nervioso. Más allá, Jorge, Beto y Braulio se reían.

- JAJAJA, ¡hey Marcelo! Felicitaciones. Tu primer cliente, una mujer. ¡y qué mujer! Jaja
- El pobre aún no se lo cree.

III. Tres.

Dos semanas después.

- Oye Marce, adivina lo que traje.
- No me llames Marce.

Beto traía una caja llena de DVDs. Caminó por el pasadizo seguido de Marcelo.

- Como sea, jovencitas 18.
- ¿Todo? ¿Toda esa caja es de jovencitas 18?
- Así es.
- Increíble… ¡Uao! y a cuánto están para vender.
- Mmmm depende del cliente.
- Olvídate de eso, el valor de venta verdadero.
- Cuatro.

A Marcelo le gustaba bastante las chicas jóvenes. Muchas veces veía muchachas de 15 años y él creía que tenían 18. Se daba cuenta que su atracción por la “carne joven” se hacía más fuerte y no solo lo había notado él.

- Jorge, me voy a llevar estos videos hoy – le dijo Marcelo.
- Ok llévatelos – respondió Jorge sin mirar si quiera – pero primero ayúdame a cerrar el negocio ¿OK?
- OK.

A las diez de la noche Marcelo bajó la puerta enrollable y cerró todas las cajas. Guardo el DVD y el televisor en su sitio.

- Ok Marcelo hasta maña… qué demonios…
- Qué pasó – dijo Beto
- Que creo haber visto a Marcelo llevarse como media caja de DVDs.
- Ah si…
- ¿Ah si? Como que “ah si” para qué quiere tantos DVDs… ¿no los estará pirateando por su cuenta verdad?
- Jaja, no nada de eso, Marcelo te tiene respeto. No es de esos tipos, lo conoces. Son para él. Mañana los trae, como siempre.
- Pero son como veinte…
- Si a mi también me sorprendió, pero cuando le dijiste que si, pues…
- Si pero no pensé que fueran tantos. Debe ser alguna clase de super masturbador.
- Jajajaj
- Jajajaja
- Espera Marcelo ¿tiene 17 años verdad?
- Va a cumplir 18 en una semana.
- Ya… ¿y ya lo hizo?
- Qué cosa…
- ¿Ya tuvo sexo?
- No aún no.
- ¡¿No?! Y tú cómo sabes.
- Porque él me lo dijo pues.
- Mmmm… y dices que se acerca su cumpleaños ¿verdad?
- Si…
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Jaja creo que si.

Eran como las once de la noche cuando Marcelo fue interrumpido en plena masturbación por el teléfono. Se levantó de la cama y fue a contestar. Levantó el auricular y aparentó no estar agitado.

- ¿Diga?
- ¿Marcelo?
- Si… ¿Josselyn?
- Si soy yo Marcelo, cómo estás.
- A pues… bien… bien. Estoy bien.
- Ah… que bien. Yo… no estoy tan bien sabes…
- Que… que pasó – dijo mientras notaba que su miembro aún estaba en pie.
- Pues… una pelea con mi madre. Se fue a la casa de mi tía, parece que va a dormir allá.
- Ah… pero… qué pasó.
- No quiero hablar de eso…
- Ah…
- Marcelo…
- Que…
- ¿Puedes venir a mi casa?… se que es tarde, pero de veras quisiera que vengas a mi casa ahora.

Marcelo veía el calzón crema de Josselyn que aún conservaba en su habitación. Se imaginó por un momento las posibilidades a pesar de que sabía que estaba mal pensar en ello cuando su mejor amiga estaba pasando por un momento crítico. “Ella y yo… solos en su casa. Ella triste… necesitada de amor…” instintivamente agarró su pene y lo sobó. “Diablos Marcelo ¡qué estás pensando!” se dijo.

- Claro, en quince minutos salgo para allá. Estaba por irme a dormir… Me cambio y voy para allá ¿OK?
- Te espero entonces – y colgó.

Vio su televisor con la película pornográfica aún reproduciéndose y por un instante se le pasó por la cabeza terminar con su masturbación “jovencitas…” Pero decidió ir por Josselyn.

IV. Cuatro.

Marcelo caminó hasta la casa de Josselyn, estaba haciendo mucho frío en la calle y parecía que la gente había decidido guardarse en sus casas. La casa de Joss estaba apagada. Ni una sola luz encendida. “Quizá deba tocar el timbre” se preguntó.

Se acercó a la puerta, tocó el timbre y esperó. Tocó por segunda vez y esperó sin respuesta. “Quizá ya se durmió… vine por gusto…” De pronto, la vio. Estaba sentada en una de las bancas del parque frente a su casa. Ella lo estaba viendo desde ahí.
Marcelo un poco confundido se acercó a Josselyn.

- Qué haces aquí sentada… hace frío – dijo mientras se quitaba la casaca para dársela.
- Nada, solo pensaba – respondió al tiempo que se colocaba la casaca de Marcelo.
- ¿Estuviste mirándome todo el tiempo?
- ¿Te refieres a que si te estuve mirando cuando llegaste y tocaste el timbre?
- Si…
- Si.
- Ah…

Se quedaron sentados observando la casa de Josselyn por un buen rato sin decir palabra alguna. Marcelo rompió el silencio.

- Bueno… y ¿me quieres contar qué pasó?
- No… no quiero hablar de eso. Solo quería tu compañía.
- Ah…
- No te molesta ¿o si?
- No, para nada.
- Ah bueno…

Nuevamente quedaron en silencio. Marcelo trataba de pensar en algo alentador para decirle pero no se le ocurría nada. “Quizá deba hablarle de…” Josselyn interrumpió sus pensamientos:

- ¿Sabes? De niña, como cualquier niña creo, pensaba estar junto a mi padre y madre para siempre… y ahora… parece que me quedaré sola al fin.

Marcelo guardó silencio por un momento y luego dijo.

- Bueno… no lo vayas a tomar a mal pero… yo estuve solo gran parte de mi vida y… no es tan malo. No es algo de otro mundo… ¿entiendes?
- Para ti es fácil… tu no quieres a tus padres de la manera en que yo quiero a los míos…
- Pues… si… si… quizá sea verdad.
- … Marcelo… ¿has tenido alguna mujer en tu vida?
- Pues enamorada… si una vez…
- No, enamorada no. Mujer.
- … te refieres a…
- Aja.
- No… no, no nunca ¿y tú?
- Soy heterosexual.

Antes de que Marcelo entienda la broma ella dijo:

- Deberíamos salir uno de estos días. Tu sabes… salir no necesariamente quiere decir a la calle…
- Podría invitarte a mi casa si quieres…
- Claro – dijo sonriendo – Eso sería estupendo.
- ¿Si? Pues… bien… cuándo…

V. Cinco.

Eran las diez de la mañana cuando Marcelo llegó a “las equis”. Braulio y Beto estaban guardando los CDs en sus cajas. Jorge estaba cerrando el negocio.

- Ey qué pasó se te pegaron las sábanas. No son horas de llegar al trabajo…
- Eh… disculpa Jorge. Ayer estuve… ¿Por qué están cerrando?
- ¡Vamos a tener un día de chicos Marce! – dijo Beto.
- No me digas Marce… y… ¿Qué es eso de día de chicos?
- Por ahora – respondió Jorge – ayúdame a cerrar, te lo explicaré en el camino.
- ¿En el camino?… Pero ¿acaso voy con ustedes?
- Ey… no protestes tanto. Recuerda que estás en falta por llegar tarde ¿eh?

“¿Estoy en falta?” se peguntó Marcelo. Sabía que llegar tarde a “las equis” no era ninguna clase de falta.

- Bien, suban al auto muchachos. La ciudad a la que vamos está lejos y no queremos llegar tarde – Dijo Jorge.
- Espera – interrumpió Braulio – ¿Qué acaso no íbamos primero a la casa de tu hermano?
- Cierto, primero a la casa de mi hermano.
- Y eso para qué – Preguntó Marcelo.
- Él será nuestro guía.
- En dónde…
- En la ciudad del pecado… ¡Arranquemos!

Y el carro arrancó. Marcelo no tenía idea que aquel día marcaría el comienzo de una nueva vida.

VI. Seis.

A unos cientos de kilómetros de “las equis” Raúl Vásquez hacía probablemente la llamada más peligrosa de toda su vida.

- Dime…
- Hola Juan… soy yo Raúl, llamaba por el pedido de mi padre.
- A te refieres…
- Si a las revistas.
- ¿A… a las revistas?
- Si… tú sabes… mi celular no está protegido y esto era una urgencia…
- Jajaj Nadie nos está escuchando Raúl.
- Pues… no se.
- Vamos, no quiero que me hagas llevar mercancía por las puras. Te refieres a las niñas
- Pues… si a las jovencitas.
- No no no, niñas. Jovencitas son desde los 16 años.
- A bueno… pero no tan ni…
- Ya…. Tampoco creo que tu padre sea un bastardo… serán desde los once años ¿OK?
- …OK… OK… Ahora Juan… no vuelvas a mencionar a la mercancía…
- Bueno bueno… quiero estar seguro. El transporte no es gratis tu sabes.
- Bueno – respondió Raúl sudando – Cuándo las traes.
- Pues… pasado mañana. Si, pasado mañana.
- OK… adiós.
- Está bien… oye no deberías estar tan…

Pero Raúl no dejó que terminara la oración, simplemente le cortó la llamada. “Maldito sea este hijo de perra” pensaba. “Cómo puede ponerme en tanto riesgo… y si nos escucharon las autoridades… no… maldita sea… que no nos hayan escuchado nadie…”
Raúl tenía una familia que mantener y ahora estaba deseando no tener que comunicarse con su esposa desde una cárcel.

VII. Siete.

Dos días después de la partida de Marcelo a la ciudad “Y” se encontraba sentado en el asiento trasero del auto de Jorge junto a su hermano y a Beto. El hermano de Jorge, Jhon, era un joven adicto al sexo que viajaba a distintas ciudades para hacer “turismo sexual” Marcelo hace dos horas se había enterado que las intenciones de Jorge, Braulio y Beto eran llevarlo para hacer turismo con él dentro de las oscuras y frías calles de la ciudad “Y” una ciudad devastada por la prostitución.

Llegó la noche, eran las diez de la noche para ser exactos. Jorge acababa de remplazar a su hermano Jhon en el volante. Marcelo estaba pensando en Josselyn. Ella lo había llamado tres veces y él no le había contestado por temor a tener que explicarle en donde estaba o hacia dónde se dirigía. No quería mentirle… y si lo intentaba… no quería que la mentira sea increíble.
Sus pensamientos fueron interrumpidos de pronto por Jhon que aparentemente estaba dormido.

- En qué piensas Marcelo…
- Bueno… supongo que en la ciudad “Y”.
- Ajaja… ya veo, estás ansioso por llegar eh.
- Bueno…
- Dime… qué clase de mujeres te gustan en la cama.
- Marcelo no ha tenido relaciones aún – interrumpió Jorge que los estaba escuchando.
- ¿A no?
- Bueno… todavía no he tenido oportunidad de…
- Ajá… y con qué clase de mujer te gustaría acostarte…
- Pues… no se… que sea linda.
- A él le gustan las jovencitas – interrumpió nuevamente Jorge – ya sabes, él tiene 17 años aún.
- Ya veo… tú eres uno de los nuevos hombre con los gustos “nuevos”
- A… a que te refieres.

Jhon le dedicó una mirada cómplice a su hermano Jorge.

- No lo se Jhon… no creo que… – dijo Jorge.
- Estoy noventa por ciento seguro de que así es.
- A que te refieres – dijo Marcelo.
- Pues a que te gustan las tiernitas… tú me entiendes.
- ¿Las chicas jóvenes? A si… claro… las prefiero en realidad.
- Si… hubo una época en donde yo también las prefería…

La conversación fue interrumpida por un policía que había parado el auto. Les preguntó a donde iban y tuvieron que sobornarlo para que no tome el registro del auto. El turismo sexual clandestino estaba penado, y los policías acostumbraban a tomar las placas de los autos para que la policía de ciudad “Y” los siguiera o para que algún periodista de turno pudiera grabarlos en plena comercialización sexual.

Al fin llegaron a un hotel en donde se hospedaron todos. Durmieron hasta la una de la mañana, cuando Marcelo pensó que podía conciliar el sueño por fin, Jhon los despertó.

- Bien señoritas, a levantarse.
- Jajaja, qué crees que esto ¿un cuartel?
- Vamos, no se duerman, ya es hora, a esta hora es mejor. Marcelo, levántate.

“Pero qué tiene este tipo… ¿no sabe que hora es?” pensaba Marcelo mientras de desperezaba.

- Vamos alisten sus ropas más varoniles y sus preservativos de mejor calidad. Claro si no, vamos por unos a cualquier tienda o bar. No vine hasta aquí para dormir, no olviden que nos vamos en dos días nada más.

Todos bajaron hasta la recepción y subieron al auto de Jorge, arrancaron y se fueron al “Moto X” una discoteca entre los callejones de la ciudad “Y” conocida por contener un gran número de prostitutas.”

Al entrar, Marcelo supo que estaba en otra dimensión. Luces psicodélicas, mujeres en las barras bailando en ropa interior…

- ¿Ves a esas mujeres en las barras? – le preguntó Jorge a Marcelo.
- Si…
- No trabajan en la discoteca. Son clientas que quieren diversión ¿entiendes? Jajaja, ¡vamos por un trago!

Drogadictos, parejas acariciándose explícitamente en las mesas de la discoteca, prostitutas, camareras coquetas, gays, jóvenes revoltosos, y claro, más prostitutas.

- Sírvete un trago Marcelo, este se llama “Ilusión azul”. No te preocupes, no perderás tu virilidad, así es el nombre.

No pasó mucho para que sus compañeros consigan pareja, de hecho, ya tres chicas se le había insinuado. Sin embargo Marcelo estaba tan atontado que no supo decirles si. Para su desgracia estaba pensando en Josselyn… para su desgracia no estaba excitado aún cuando estaba rodeado de mujerzuelas.

Decidió Salir al fin. Era divertido, no lo negaba… pero tenía que admitir que esas mujeres lo intimidaban. Afuera, prendió un cigarro y vio pasar un auto tras otro.

“Josselyn…” Antes de que empezara a pensar nuevamente en ella, tuvo una aparición. “¿Es una aparición…?” pensó… Una aparición que combinaba sus frustraciones, deseos, masturbaciones, intimidades, miedos, decisiones, inquietudes y patologías. De un edificio salían cinco chicas. Cinco… ¿chicas? No, no me refiero a que él veía a travestís, si no a que quizá las edades de aquellas mujercitas no calificaban para ser llamadas “chicas.” Eran… Sabía muy bien que no tenían 18 años. Y algo le decía que no eran chicas de 15 años queriendo aparentar ser de 18 ¿Acaso era posible que fueran menores?

Una por una subió al auto negro. Sin embargo una en especial le pareció sumamente atractiva. Una en especial. No eran recatadas… se vestían como… “Además que hacen unas chicas así a las tres de la madrugada vestidas de esa forma entrando a un auto negro con lunas polarizadas” pensó. Sin embargo el bello ángel que vio por un momento desapareció al ingresar al vehículo. El auto avanzó y no tardó en desaparecer de su vista.

Antes de que Marcelo pudiera reaccionar ante esta aparición, la voz de Jhon lo interrumpió.

- Ya veo… – dijo mientras abrazaba a una mujer muy ebria.
- Qu… qué haces aquí. – respondió Marcelo.
- ¿Aquí? Es la vía pública jaja. Mira, un momento amor – le dijo a la prostituta ebria mientras la dejaba de lado – ya me di cuenta… yo… ya me di cuenta (su aliento olía a puro alcohol) cuáles son tus verdaderos gustos…
- P… pero a qué te refieres.
- No te hagas Marcelo, no tienes porqué avergonzarte. Te vi observando a esas chiquillas…
- A… a quienes.
- Por favor… ah… demonios. Espérame.

Jhon se acercó a la prostituta y le dijo al oído.

- Amor… ya vengo… es el amigo de mi hermano. En realidad vinimos por él, tengo que concederle una cita. Espérame en el hotel.
- Ay… y por qué no le dices que se venga conmigo pues…
- ¿Contigo?… que ¿quieres dejarme? ¿Eh?
- No no amor, yo no te dejo. Mami no te deja a ti ¿OK? Tengo varias amigas dentro amor…
- Jajaja, no olvídalo, te estaba bromeando… aquí mi amigo tiene otros gustos. Espérame en la cama desnuda ¿qué cuarto era? OK, espérame ¿si?

Se acercó nuevamente con Marcelo y le dijo.

- Mira… yo si me voy a divertir hoy ¿OK? No pienso aburrirme como tú. Pero tampoco quiero que termines asaltado o hasta violado. Estas calles son peligrosas. Te llevaré al hotel en donde nos hospedamos para que duermas.
- Yo se conducir, no te preocupes.
- Nada de que sabes conducir, no confío en ti. No lo tomes a mal… es el auto de Jorge, ya sabes.

“No lo tomes a mal… aquí el borracho es él” pensaba Marcelo mientras subía al auto.

VIII. Ocho.

Marcelo se quedó dormido en el trayecto, sin embargo lo despertó Jhon y le decía:

- Oye, tengo hambre, voy a comprarme un sándwich ¿Quieres algo?
- No, gracias.
- Bueno, igual, acompáñame afuera, no quiero caminar solo.

Jhon se paró frente a un puesto de hamburguesas mientras Marcelo lo esperaba más allá. L lugar era realmente terrible. Las paredes eran negras, y había muy poca luz. Estaban parados al lado de un hotel de muchos pisos. De pronto, para su sorpresa, se percató en un auto. Un auto familiar. Un auto negro con lunas polarizadas. Rápidamente buscó con la mirada a alguna chica y encontró a una de ellas. Estaba parada recostada en una pared. Esperaba a alguien al parecer. “¿Clientes?” pensó…

De pronto un hombre se le acercó. Estaba oscuro, no veía muy bien. Sin embargo la figura de aquel hombre se le hacía conocida… un detalle más. El hombre estaba llevándose a la boca la mitad de una hamburguesa.

Rápidamente se dio cuenta de quién era, se fijó en el puesto de hamburguesas y ya no estaba Jhon. “Maldición…” pensó. Al llevar la mirada nuevamente hacia el edificio no encontró ni a la chiquilla, ni a Jhon. De pronto le volcó el corazón.

- ¡Buuu! Jaja, Marcelo… estás distraído. – le dijo Jhon que ahora estaba acompañado de esta niña. Una niña bella a decir verdad.
- Maldición Jhon… me asustaste.
- Jajaj, nada de eso. Me llevaré el auto, cuando termines, por la mañana pide un taxi. Adiós.
- De que hablas.
- Oye. No seas mal agradecido. Ella es Mónica. Mónica, el es Jhon, espero que no tengan mucho de que hablar.

Dicho esto, se metió al auto y arrancó. Marcelo estaba por detenerlo, estaba por ir tras Jhon y decirle que no quería quedarse con Mónica. Pero a quién engañaría… extrañamente, esa chiquilla lo atraía en demasía.

Marcelo se quedó observando como el carro desaparecía en la oscuridad de la ciudad “Y” y finalmente voltio a ver a Mónica.
Ella lo estaba viendo. Luego, al no recibir ninguna palabra de él, dijo.

- Y bien… ¿vamos?
- A… a dónde.
- Ya sabes, arriba, a mi cuarto.

Marcelo no podía creerlo. Era muy repentino para él. Esa chica era menor que él… mucho menor. Se acercó a ella y le preguntó.

- Disculpa… qué edad tienes.
- 16…
Pero Marcelo sabía que no tenía 16. Era una mentira, sabía que le habían dicho que dijera eso cuando le preguntasen por su edad.

- Bien Mónica… dime la verdad… quiero saber con quién voy a…
- OK tengo 15

Una chica de quince años estaba dispuesta a acostarse con él. Es más, Jhon ya había pagado por sus servicios.

- Pues… entonces… vamos.
- Vamos.

Al entrar al hotel, Marcelo empezó a sentirse inseguro. Él había visto a una muchacha mucho más bella que Mónica, de hecho era hermosa. Se acordaba que cuando la vio, le había hecho acordar a Josselyn, pero una Josselyn pequeña.

- Disculpa… tú tienes… ¿más amigas? – dijo sin si quiera saber a qué tipo de conversación se dirigía.
- Sí, tengo más. Por qué.
- Pues… hoy vi a una chica… y pensé… ya que estoy aquí…
- ¿La viste hoy? Y cómo sabes que es mi amiga.
- Pues… el auto de afuera… la… la vi… estaba saliendo de un edificio, al lado de “Moto X”.
- Ahhh… las nuevas. Eso te costaría más. Pero… ¿no te gusto yo?
- No no… si me gustas… eres muy linda… pero la chica que vi…
- Menor o mayor.
- Pues no… no se… (él sabía que era menor)
- Bueno si no sabes cómo te puedo ayudar idiota…
- Menor. Era menor… y… no me digas idiota ¿si?
- Jaja… y cómo era ella.
- Pues… tenía cabello castaño. Castaño oscuro. Muy delgadita. No se… mejor… mejor olvídalo.

Marcelo se encontraba muy confundido como para hacer una petición más pervertida de la que estaba seguro tener. “No puede ser… esto no esta bien… creo que no…” pensaba. Sin embargo tuvo nuevamente aquella aparición…

En la sala de recepción, se encontraban dos chiquillas. Una de ellas era su “pequeña Josselyn” Mónica al darse cuenta de cómo la observaba se acercó a él y le dijo al oío.

- Cuál de ellas.
- La… cómo que… – dijo sin poder evitar tartamudear de los nervios.
- Que cuál de las chicas de aquel sillón. Vamos, no seas tan tímido.
- Pu… pues la de…
- ¿La de zapatos plateados?
- S… si… si… ella, ella.
- Bien ¿tienes diez monedas más? OK, espérame en el cuarto 801. Toma la llave. Ella se dirigirá a ti. Supongo que deberás tenerle paciencia… creo que es novata.

Dicho esto y dejando a Marcelo temblando de los nervios, se dirigió hacia la pequeña. Marcelo, muerto de vergüenza y sudando, se apresuró al elevador para que no lo vieran. Digitó el piso 8. El elevador subía, pero el sentía que descendía… que descendía mucho.

IX. Nueve.

Temblando de nervios, Marcelo abrió la puerta de su habitación. Dentro, estaba con un pánico terrible. Estaba seguro de que lo que hacía era ilegal. Era su primera vez… no bastando con que se sintiera nervioso por aquello, también estaban los factores de prostitución no permitida. “Qué voy a hacer…” pensaba.

Y de pronto tocaron la puerta. El corazón le latía con mucha fuerza. Preguntó.

- ¿Quién?
- Vanesa…

Rápidamente se acercó al orifico de la puerta para ver por este. Era la chiquilla. “Se llama Vanesa… que hermoso nombre” pensaba. Abrió la puerta con torpeza y la encontró parada frente a él.

- Pu… puedes pasar.
- Gracias… – Dijo tímidamente.

Entonces se dio cuenta que la pequeña que estaba frente a él no pasaba los trece años. Mucho más nervioso sacó un cigarro de su bolsillo y empezó a fumar.

- Cu… cuántos años tienes.
- Tengo 11, señor. Perdón… 12. Acabo de cumplir 12.
- Bien… No me llame señor ¿si? Soy Marcelo.
- Yo me llamo Vanesa.
- Bonito nombre Vane…

De pronto Vanesa se quitó los zapatos y se empezó a desabrochar el jean. Marcelo se la quedó viendo boquiabierto y no supo cómo reaccionar.

- No, no Vanesa, qué haces, todavía…
- ¿Todavía?…
- No o sea… – Pero ella seguía desvistiéndose.
- Estoy poniéndome cómoda.
- Cielos… eres hermosa. “Le dijeron que diga que se siente cómoda cuando está desnuda…” pensaba.
- ¿Te ayudo a quitarte la ropa? – pregunto ella.
- N… no… yo… yo puedo.

Marcelo no podía sentirse más excitado, frente a él estaba Vanesa tan solo con un pequeño calzón de flores y su piel era blanca como la sábana de la cama. “Hermosa… hermosa” pensaba mientras se bajaba el pantalón casi instintivamente.

- Solo quiero que… solo quiero que nos acostemos en la cama y nos tapemos con las sábanas y el cubrecama ¿si? – Le dijo a ella.
- Esta bien, lo que quieras.

Ambos, semidesnudos, se acostaron en la cama, y se cubrieron con las sábanas. Él la abrazó y aunque estaba muy excitado, la observó con lástima.

- Qué pasa… por qué me miras así…
- Tu… ¿te gusta esto que haces?
- A que te refieres.
- A… prostituirte… ¿Te gusta? “Qué pregunta más estúpida” pensó.
- No… solo lo he hecho tres veces. Pero… la verdad – dijo mientras se acurrucaba tiernamente entre sus brazos – no me gusta… aunque ahora si… estoy cómoda. No me había tocado nadie como tú.
- Cómo… cómo como yo.
- O sea… eres lindo… y me estás tratando bien. No eres grosero. – Al decir esto puso una cara de tristeza que hizo sentir mal a Marcelo.
- Cómo… ¿te tratan mal?
- Casi siempre… ¿sabes qué?… me haces acordar al enamorado de mi hermana. Ellos siempre estaban abrazados.
- Entiendo…

Se quedaron abrazados por un largo tiempo. Sintiendo sus cuerpos desnudos. Marcelo estaba excitado y Vanesa estaba cansada de su día de trabajo. Sentía que él la protegía con sus brazos… extrañamente ahora se sentía a salvo… pero no podía explicárselo.

- ¿Vamos a estar abrazados hasta que amanezca?
- No lo se… Nunca… ¿te digo la verdad? Nunca he tenido sexo con nadie…
- ¿Con nadie? – preguntó sorprendida.
- Así es… y la verdad… ahora… no es que quiera obligarte ni nada… no se… no me hagas caso… estoy muy excitado.
- Excitado… – Dijo mientras se escabullía entre las sábanas hasta llegar a la altura de la pelvis de Marcelo.
- Eh… no… no Vanesa… qué haces, no hagas eso pequeña, no quieres…

Ella subió nuevamente hasta encontrarse con el rostro de Marcelo y dijo.

- Que no haga qué… ¿Que no te la chupe?
- No es que… no se… no quiero obligarte…
- Quiero hacerlo… eres guapo. – dicho esto se escabulló como una pequeña gatita hasta la pelvis de él. Marcelo creía de pronto que estaba en alguna clase de paraíso endemoniado.
- Vanesa sabes como… OH… CIELOS…

Vanesa empezó a chupar el pene de Marcelo como si tuviera mucho apetito, trató en lo posible de metérselo lo más al fondo que podía. Le parecía un chico simpático, atractivo y buena gente, así que quería y sentía que debía esforzase por complacerlo lo mejor que podía. Marcelo, quitó las sábanas para poder verla, para poder ver la acción.

Y ahí se encontraba Vanesa, solo con un calzón de flores, blanca como sábana, no era pálida, era simplemente blanquísima, bellísima. Estaba entre las piernas de Marcelo acurrucándose y esforzándose por meter el grueso falo de Marcelo lo más al fondo que podía meter en su pequeña boquita. Cerraba los ojos como si se excitara al chupar y chupar el pene de Marcelo. Lo chupaba con ahínco y mucha fuerza. De pronto lo sacó de su boca y le dijo.

- ¿Te gusta así? O con más saliva.
- Dios… que… excitante eres Vanesa… maldición… si… me gustaría con más saliva… sigue…
- Bien – y se lo metió nuevamente a la boca.

“Santo cielo… si… si así pequeña… UAO…” Decía y pensaba Marcelo al sentir y ver como Vanesa ponía mucho de su parte para hacer aquel oral tan maravilloso. Ella se echó completamente boca a bajo para poder estar más cómoda a la hora de mamársela. Movía sus piernecitas juguetonas mientras se lo hacía, las movía como si se estuviera divirtiendo. Se acomodaba el cabello y acariciaba las piernas de Marcelo mientras seguí metiendo y sacando aquella vara de su muy bien humedecida boca. Nuevamente la saco de su boca para reírse del rostro super excitado de Marcelo. Con una bella sonrisa le dijo.

- jaja, me gusta tu rostro cuando te excitas.
- Jaja… – rió nervioso él.
- ¿Te gusta así? – y se lo volvió a meter a la boca.
- Mmmm sii…
- Jajaj… a ya… mmmm….

Marcelo no pudo aguatar más, y al sentir que se vacearía, se sentó en la cama y con cuidado apartó la cabecita de Vanesa para poder eyacular en el suelo.

- Disculpa pequeña un momen… AHHHHH…. CIELOS… AHHHH….

Decía mientras usaba la mano izquierda para masturbarse y de esta forma expulsar todo su esperma. Por fin, se tiró en la cama exhausto y jadeando. Observaba el techo como si estuviese en el cielo. Vanesa al verlo con una sonrisa de satisfacción, sintió que le había hecho un favor a una persona noble. Se echó a su costado y lo abrazó. Marcelo nuevamente tuvo el placer sentir su lindo y cálido cuerpecito junto al suyo. Con una mano acarició sus pequeños senos y la observó. La vio y se acordó de Josselyn, de cuando eran niños. Sabía que lo que le iba a decir a continuación era una estupidez tremenda pero lo dijo.

- Creo que me he enamorado Vanesa, de ti, me he enamorado de ti hoy.
- Qué estás diciendo – dijo sorprendida – ¿Te has enamorado de mi?
- Sí… no se como explicártelo… lo siento… no puedo – se levantó de la cama y se sentó al borde – no se cómo explicártelo… eres tan bella… se que pagué por tus servicios pero… no me gustaría que nadie te toque de nuevo…

Ella se sentó en la cama tras él e intentó verlo al rostro.

- Cómo puede ser… ¿Cómo puedo gustarte tanto…? Soy…
- ¿Prostituta? Tú no eres así. No quiero que seas una prostituta… no quiero que seas una prostituta más.
- Yo… te vi hoy. Afuera de la discoteca… estabas sentado… Me pareciste muy simpático… y cuando te vi en el edificio y Mónica me dijo que querías que yo venga a tu cuarto… no se porqué pero me sentí… feliz. Pero no tiene nada que ver eso… no tiene nada que ver… no podemos…
- Quiero que te escapes conmigo Vanesa… no se qué me pasa… no me pidas que te lo explique pero siento algo muy fuerte por ti… Ni… ni yo lo entiendo.
- ¿No quieres que yo esté con nadie más verdad?
- No… no…
- Entonces… ven todos los días y paga por mí. Así lo evitaremos.
- Pero Vanesa… yo no tengo tanto dinero…
- ¿Pero tú me amas no? ¡Tú dijiste que me amabas!
- Vamos Vanesa no te comportes así ahora.
- ¡Pero tú me lo dijiste! Ves, tú también mientes.
- ¿También?
- (Silencio)
- Te amo, te amo, te amo. Pero qué puedo hacer… Yo… yo buscaré la manera de sacarte de aquí.
- No puedes…
- Yo veré como hago.
- No… ¿sabes qué? Estoy confundida… estoy cansada, no he dormido bien… Ya va a amanecer… mejor vete…
- Vanesa… no seas así conmigo
- ¡Vete!
- No quiero… Vanesa… no te mereces esta vida.
- ¿A si? Y por qué dejaste que te la chupe entonces.
- Te pregunté si tú querías… y me dijiste que sí.
- … no… no me interesa. Ya vete… por favor… ya vete… tengo sueño… -Y empezaron a brotar unas lágrimas de sus ojos.
- No hermosa… no llores… No llores… eres hermosa… Discúlpame.
- Por favor vete…
- ¿En verdad quieres que te deje?
- Esta noche… si…

Marcelo entendió que estaba cansada, que necesitaba tiempo para ella, para dejar a los clientes. Decidió irse entonces, pero antes le prometió que estaría a primera hora para ser su primer cliente. Ella le dijo aún llorando que los clientes llegaban desde las cuatro de la tarde, cuando los policías ya se iban de fiesta. Se visitó y le dio un beso en la mejilla.

- Lo siento… no quise ser tu cliente hoy.
- Y yo no quise ser tu prostituta.
- ¿Amigos?
- Si quieres…

Afuera de aquél hotel, Marcelo reflexionó en la conversación que había tenido con Vanesa. Se dio cuenta que era él quien se había comportado como un niño caprichoso… que no estaba pensando bien. Sin embargo no podía dejar de pensar en algún beso más de ella. Extrañamente, no podía.

Pequeña Vanesa

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

I. Uno.

Marcelo no estaba seguro de haber escuchado bien. Jorge, su amigo, le había dicho que podría pertenecer al grupo de las equis. Era como un sueño hecho realidad… claro que pensaba que podría estar exagerando, pero estaba contentísimo con su trabajo. A sus 17 años no había tenido relaciones sexuales nunca y sus manos eran las únicas amigas sexualmente hablando. Desahogaba sus normales instintos de adolescente con revistas pornográficas y videos. Y ahora en “las equis” podría conseguir y ver todo tipo de revistas, películas y cualquier material pornográfico que se le pueda ocurrir (y también el que no le pueda ocurrir). Y ahí estaba Marcelo, frente al teléfono dándoles al fin, crédito a las palabras de Jorge. “Ey Marcelo, que crees… estás dentro” Parecía que hubiese ingresado a la universidad.

Eran las nueve y cuarenta de la noche cuando el teléfono de Jorge chilló.

- Alo…
- Jorge, soy yo, Marcelo. Llamaba para…
- ¡Marcelo! Cómo estás… no me digas que llamas para agradecerme.
- Ehh… en realidad si… y también…
- Jajaja, en realidad si, eres cómico eh. Vamos, ya dime que pasó.
- A bueno… mañana es domingo. Yo no voy a la academia, pero quería saber si “las equis” se abrirían mañana.
- Si, voy a abrir el negocio. Vente, necesitaré ayuda. Beto y Braulio seguro tardarán así que voy a necesitarte.
- A bueno, entonces estoy ahí… ¿a las ocho?
- Jajaja, esto no es un restaurante. Quién va a venir un día domingo a comprar pornografía.
- Bueno…
- Tú lo harías seguro jeje…
- Bueno este…
- Ya Marcelo, ven a las nueve. Chao.

Media hora después, sonó el timbre en la casa de Josselyn.

“Yo voy mamá” decía Josselyn mientras se acercaba a la puerta. “Marcelo, pensé que vendrían en media hora.”

- En realidad dije que vendría a las nueve.
- Ya bueno, entonces ¡Tardón! Jaja.
- Jaja… y…
- ¿Quién es Josselyn? – gritó su madre – Ah Marcelo… que tal – hizo una mueca entre desaprobación e incomodidad mientras regresaba a su cuarto.
- Qué tal señora Norma… Bueno… creo que no le caigo bien a tu mamá.
- Ah no hables tonterías, ven ya tengo listo el diálogo.

Josselyn condujo a Marcelo hasta su cuarto. Las paredes eran crema y el techo rosa. Tenía una super computadora que era super veloz y además con un super Internet. Peluches de monos en todas partes y cuadernos regados en su cama. Al lado de su cama, estaba un pequeño contenedor de ropa sucia. Al lado del contenedor, en el suelo, un calzón negro. No es que Marcelo se haya sentido excitado instantáneamente, si no que es que le habían dicho que la gente que usaba ropa interior negra era “ardiente”. Josselyn se percató del calzón negro y lo echó dentro del contenedor. Hizo como si no hubiera pasado nada y prendió el monitor de la computadora.

- Siéntate – le dijo señalando un pequeño banquito al lado de la silla de ruedas.
- Uao que rápida conexión. Mi Internet es tan lento que se demora hasta para cargar el google.
- Bueno ya estaba conectada. Pero si, tienes razón, tengo un Internet rápido. Pero… por qué no le dices a tus papás que te coloquen otra conexión, será más fácil para que estudies.
- No vivo con mis padres….
- Ah si… que tonta lo olvidé. Debe ser difícil
- Bueno… me mandan dinero.
- Pero nunca es lo mismo.
- No, normal, me gusta vivir solo.
- No te creo.
- De veras.
- …. Bueno, y si te mandan dinero, pídeles que te manden para que coloques otra conexión.
- Ya lo hice. De hecho me mandaron el dinero. De hecho… pedí la conexión.
- No jo… jaja, digo, no molestes. No me digas que los estúpidos no te quieren colocar la conexión.
- Si, ya es la tercera vez que se los digo… pero no se que les pasa.

Marcelo y Josselyn terminaron de revisar la tarea que les dejaron en el curso de inglés (una conversación) y prendieron la televisión, estaba pasando una película que la habían visto ya seis veces. Decidieron que una séptima vez no les haría daño.

- Podrás creer que esta película la tengo alquilada desde hace un año.
- No entiendo…
- La tengo alquilada. Nunca la compre, no se que pasó, en señor nunca me la reclamó. He ido a alquilar otras y nunca me ha pedido esta.
- Espero que no me toquen clientes como tú.

Josselyn tardó mucho menos de lo que Marcelo pensó que tardaría en asimilar eso.

- No me digas que trabajas alquilando películas. ¡UAO tienes trabajo!
- Shhh silencio.
- Por qué silencio. Es fantástico o no.
- Si. Aunque no se si a ti te guste.
- Por qué no habría de gus… ah no… No me digas que estás en el trabajo de Jorge.
- Pues…
- Marcelo… eso es denigrante.
- No es denigrante. Es normal, es como cualquier trabajo, no le hago daño a nadie… no le voy a vender material a menores de edad…
- Jajaja. Bueno bueno, tampoco soy tu mamá. Puedes hacer lo que quieras… nada más no me pidas que vaya a visitarte algún día.
- Bah… que me crees.
- Jaja… Propagandas. Voy por un poco de canchita ¿quieres?
- Eh… claro. Pero ¿la vas a preparar?
- Si, ya vengo.
- ¿Tu mamá no se enojara?
- No… por que habría de enojarse.
- ¿Te ayudo?
- No. O quieres que se enoje jeje… ya vengo.

“Y después dice que si le simpatizo a su mamá” pensó Marcelo. “Uao… me va a preparar pop corn (canchita)… ¿será que le gusto? Naaa… ella es siempre así.” Josselyn era la única amiga de verdad que tenía (amiga mujer). Compartían todo, se contaban casi todo. Sin embargo a él siempre le había atraído Josselyn. Sus hermosos senos de señorita, eran tan redondos y duros. Su cintura plana plana. Los chicos en la academia estaban tras ella casi todo el tiempo. Sin embargo su mal humor con los “conquistadores” los había apartado un poco. Pero a Marcelo, le dejaba entrar en su vida. Lastimosamente, como amigo. “Que trasero que tiene Joss… maldita sea, si yo fuera atractivo para ella… me imagino como sería desnuda… uao…” Marcelo cambió los canales para distraerse de sus propios pensamientos. Sin embargo se sumió mucho más en ellos. “Sexo” una película para adultos estaba pasando en el canal 45.

Era una mujer hermosa, y su pareja le estaba quitando el sostén. La besaba, y le quitaba su hermoso y delicado calzón negro. “Calzón negro” pensó Marcelo. Casi mecánicamente volteó a ver el contenedor de la ropa sucia de Josselyn. “Su calzón negro” De pronto Josselyn gritó desde la cocina.

- ¿Ya empezó?
- Eh… ¡no! No ha empezado todavía – dijo Marcelo mientras cambiaba los canales apresuradamente en busca de la película que estaban viendo.
- ¡Bueno… voy un momento a la bodega de la esquina… no hay suficiente, espérame!

Parecía que Josselyn se demoraba a propósito para que Marcelo caiga en la tentación.

- ¡Está bien! ¡No te demores Joss!
- ¡Yaaa no me grites! Jaja.

Esperó a que la puerta se cerrara y nuevamente sus ojos se centraron en el contenedor. Un fetiche oculto nació en ese momento. La ropa femenina, los olores. Se acercó al contenedor muy despacio y pudo ver el calzón negro. “Santo cielo… pero… si lo agarro, quizá ella se percate.” Lo observó durante un momento sin atreverse a agarrarlo. Sin embargo su vista lo llevó hacia la cama. Bajo la cama yacía otro calzón. Este era crema. Marcelo se agachó sin importarle que la película ya hubiera empezado. Cogió el calzón crema y lo acercó a su cara “Debo ser un enfermo” pensaba.

De pronto y sin previo aviso, oyó unos pasos apresurarse al cuarto. Pudo ver una sombra y en milésimas de segundo supo que era la mamá de Josselyn…

II. Dos.

El cuarto de Marcelo está totalmente desordenado. En el escritorio, lapiceros, medias, revistas, un teclado malogrado, papeles. En el suelo, una revista pornográfica, la radio enchufada, un vaso. En la cama, dos jeans, una mochila, el calzón de Josselyn y Marcelo dormido.

Suena el despertador. Son las ocho. “Maldita sea que sueño tengo…” Se levantó de la cama y vio el calzón crema de Josselyn. “ah… que buena paja” se había masturbado la noche anterior después de regresar con el calzón a su casa. Cuando la madre de Josselyn entró al cuarto, lo única reacción de Marcelo fue metérselo bajo el polo.

Marcelo se lavó los dientes y se alistó. Al ver que eran las ocho y media de la mañana aún prendió su DVD. “Siempre llego temprano… parezco un desesperado” Pesnó que una masturbación antes de ir al trabajo no le vendría mal, además, sería difícil que noten su excitación si ya se había desfogado en casa.

“Latinas ardientes III” decía la carátula del último DVD porno que se había comprado. “Veamos que tales están” Dio play a la película. La primera escena fue de dos hombres sentados en un sillón de cuero hablando en ingles. De pronto uno de ellos llama a alguien. Hace aparición una mujer morena de enormes pechos y con un trasero enorme tambaleándose mientras caminaba. “Mmm…” Marcelo adelantó el video hasta la próxima pareja. No le agradaban las exageraciones. Culos enormes, tetas enormes, piernas gruesas, labios muy carnosos. No era su tipo… le parecía grotesco. “Sabía que debía haberme comprado el de jovencitas de 18” pensaba.

En la siguiente escena estaba una mujer delgada, blanca, de pechos que le hicieron recordar a Josselyn. “Esto es a lo que me refiero” Un trasero prominente pero no era enorme. Estaba bien formada. No era una exagerada. Su pareja era un rubio con cara de pervertido sexual al que le gustaba sacar la lengua mientras la chica le hacía una mamada. “Oh my god, fuck me yeah… ohhh god… ohhh yeah” eran las palabras que repetía y repetía la mujer que ahora disfrutaba (al menos aparentemente) del sexo anal.

Marcelo terminó de masturbarse al fin. Estaba con calor, le gustaba quitarse el polo mientras se masturbaba, a veces se desnudaba para luego irse a duchar inmediatamente.

Las nueve y media de la mañana. Marcelo tocaba la puerta de “las equis” el negocio de Jorge. Jorge, era un ex compañero de la academia que decidió no ir a la universidad ya que se consideraba “negociante” y que podía hacer dinero sin la necesidad de estudios superiores.

- ¿Si? – dijo Jorge por el intercomunicador.
- Soy yo, Marcelo.
- Bueno… ya voy.

Marcelo esperó como diez minutos antes de que Jorge empezara a abrir el garaje que él había convertido en una tienda de material pornográfico.

- Ey no te quedes ahí parado, ayúdame con esto.
- Bueno…
- Jaja, es una broma. Pero si, ayúdame por favor.

Terminaron de abrir la tienda. Y acomodaron unas cajas de revistas pornográficas. Marcelo nunca había visto tantas revistas juntas. Parecía que Jorge fuera una especia de mayorista. Sin embargo su asombro fue mayor cuando pasó al pasillo de los videos. Aproximadamente había más de trecientos DVDs. Latinas, interracial, jovencitas, amateur, lesbianas, gays, orgías. También estaban las de enfermeras, secretarias, abogadas, bomberas, etc. Sin contar con las películas como blanca nieves, tarzán o un clásico como la cenicienta.

- Cielos… Jorge ¿y todo esto tú lo has comprado?
- Por su puesto. He invertido capital en esta porquería jeje, así que ten cuidado. Te tengo confianza Marcelo, por eso es que de vez en cuando te voy a dejar a cargo del negocio.
- No te preocupes.
- No lo haré.

Marcelo acomodó la nueva mercadería que había llegado. Nuevos videos. Cada video que acomodaba se quedaba viéndole la carátula. Más tarde llegaron Beto y Braulio.

- Hey Marcelo, aquí hay un cliente – dijo Braulio.
- Voy en seguida.

Marcelo se apresuró para atender a uno de los compradores. Sin embargo cuando llegó al mostrador se quedó con la boca abierta.

- Buenas…
- Bu… buenas.
- Quisiera un video lésbico por favor.

Ante él, una bella señorita de 20 años aproximadamente con un top que parecía sostén y un pantalón demasiado pegado para la modestia.

- S… si, en seguida.
- ¿Puedo escoger?
- Claro… aquí es… están los, el catalogo.
- Este es de heterosexuales amor.

Marcelo no recuerda como terminó de atender a aquella señorita, pero cuando lo hizo, estaba muy nervioso. Más allá, Jorge, Beto y Braulio se reían.

- JAJAJA, ¡hey Marcelo! Felicitaciones. Tu primer cliente, una mujer. ¡y qué mujer! Jaja
- El pobre aún no se lo cree.

III. Tres.

Dos semanas después.

- Oye Marce, adivina lo que traje.
- No me llames Marce.

Beto traía una caja llena de DVDs. Caminó por el pasadizo seguido de Marcelo.

- Como sea, jovencitas 18.
- ¿Todo? ¿Toda esa caja es de jovencitas 18?
- Así es.
- Increíble… ¡Uao! y a cuánto están para vender.
- Mmmm depende del cliente.
- Olvídate de eso, el valor de venta verdadero.
- Cuatro.

A Marcelo le gustaba bastante las chicas jóvenes. Muchas veces veía muchachas de 15 años y él creía que tenían 18. Se daba cuenta que su atracción por la “carne joven” se hacía más fuerte y no solo lo había notado él.

- Jorge, me voy a llevar estos videos hoy – le dijo Marcelo.
- Ok llévatelos – respondió Jorge sin mirar si quiera – pero primero ayúdame a cerrar el negocio ¿OK?
- OK.

A las diez de la noche Marcelo bajó la puerta enrollable y cerró todas las cajas. Guardo el DVD y el televisor en su sitio.

- Ok Marcelo hasta maña… qué demonios…
- Qué pasó – dijo Beto
- Que creo haber visto a Marcelo llevarse como media caja de DVDs.
- Ah si…
- ¿Ah si? Como que “ah si” para qué quiere tantos DVDs… ¿no los estará pirateando por su cuenta verdad?
- Jaja, no nada de eso, Marcelo te tiene respeto. No es de esos tipos, lo conoces. Son para él. Mañana los trae, como siempre.
- Pero son como veinte…
- Si a mi también me sorprendió, pero cuando le dijiste que si, pues…
- Si pero no pensé que fueran tantos. Debe ser alguna clase de super masturbador.
- Jajajaj
- Jajajaja
- Espera Marcelo ¿tiene 17 años verdad?
- Va a cumplir 18 en una semana.
- Ya… ¿y ya lo hizo?
- Qué cosa…
- ¿Ya tuvo sexo?
- No aún no.
- ¡¿No?! Y tú cómo sabes.
- Porque él me lo dijo pues.
- Mmmm… y dices que se acerca su cumpleaños ¿verdad?
- Si…
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Jaja creo que si.

Eran como las once de la noche cuando Marcelo fue interrumpido en plena masturbación por el teléfono. Se levantó de la cama y fue a contestar. Levantó el auricular y aparentó no estar agitado.

- ¿Diga?
- ¿Marcelo?
- Si… ¿Josselyn?
- Si soy yo Marcelo, cómo estás.
- A pues… bien… bien. Estoy bien.
- Ah… que bien. Yo… no estoy tan bien sabes…
- Que… que pasó – dijo mientras notaba que su miembro aún estaba en pie.
- Pues… una pelea con mi madre. Se fue a la casa de mi tía, parece que va a dormir allá.
- Ah… pero… qué pasó.
- No quiero hablar de eso…
- Ah…
- Marcelo…
- Que…
- ¿Puedes venir a mi casa?… se que es tarde, pero de veras quisiera que vengas a mi casa ahora.

Marcelo veía el calzón crema de Josselyn que aún conservaba en su habitación. Se imaginó por un momento las posibilidades a pesar de que sabía que estaba mal pensar en ello cuando su mejor amiga estaba pasando por un momento crítico. “Ella y yo… solos en su casa. Ella triste… necesitada de amor…” instintivamente agarró su pene y lo sobó. “Diablos Marcelo ¡qué estás pensando!” se dijo.

- Claro, en quince minutos salgo para allá. Estaba por irme a dormir… Me cambio y voy para allá ¿OK?
- Te espero entonces – y colgó.

Vio su televisor con la película pornográfica aún reproduciéndose y por un instante se le pasó por la cabeza terminar con su masturbación “jovencitas…” Pero decidió ir por Josselyn.

IV. Cuatro.

Marcelo caminó hasta la casa de Josselyn, estaba haciendo mucho frío en la calle y parecía que la gente había decidido guardarse en sus casas. La casa de Joss estaba apagada. Ni una sola luz encendida. “Quizá deba tocar el timbre” se preguntó.

Se acercó a la puerta, tocó el timbre y esperó. Tocó por segunda vez y esperó sin respuesta. “Quizá ya se durmió… vine por gusto…” De pronto, la vio. Estaba sentada en una de las bancas del parque frente a su casa. Ella lo estaba viendo desde ahí.
Marcelo un poco confundido se acercó a Josselyn.

- Qué haces aquí sentada… hace frío – dijo mientras se quitaba la casaca para dársela.
- Nada, solo pensaba – respondió al tiempo que se colocaba la casaca de Marcelo.
- ¿Estuviste mirándome todo el tiempo?
- ¿Te refieres a que si te estuve mirando cuando llegaste y tocaste el timbre?
- Si…
- Si.
- Ah…

Se quedaron sentados observando la casa de Josselyn por un buen rato sin decir palabra alguna. Marcelo rompió el silencio.

- Bueno… y ¿me quieres contar qué pasó?
- No… no quiero hablar de eso. Solo quería tu compañía.
- Ah…
- No te molesta ¿o si?
- No, para nada.
- Ah bueno…

Nuevamente quedaron en silencio. Marcelo trataba de pensar en algo alentador para decirle pero no se le ocurría nada. “Quizá deba hablarle de…” Josselyn interrumpió sus pensamientos:

- ¿Sabes? De niña, como cualquier niña creo, pensaba estar junto a mi padre y madre para siempre… y ahora… parece que me quedaré sola al fin.

Marcelo guardó silencio por un momento y luego dijo.

- Bueno… no lo vayas a tomar a mal pero… yo estuve solo gran parte de mi vida y… no es tan malo. No es algo de otro mundo… ¿entiendes?
- Para ti es fácil… tu no quieres a tus padres de la manera en que yo quiero a los míos…
- Pues… si… si… quizá sea verdad.
- … Marcelo… ¿has tenido alguna mujer en tu vida?
- Pues enamorada… si una vez…
- No, enamorada no. Mujer.
- … te refieres a…
- Aja.
- No… no, no nunca ¿y tú?
- Soy heterosexual.

Antes de que Marcelo entienda la broma ella dijo:

- Deberíamos salir uno de estos días. Tu sabes… salir no necesariamente quiere decir a la calle…
- Podría invitarte a mi casa si quieres…
- Claro – dijo sonriendo – Eso sería estupendo.
- ¿Si? Pues… bien… cuándo…

V. Cinco.

Eran las diez de la mañana cuando Marcelo llegó a “las equis”. Braulio y Beto estaban guardando los CDs en sus cajas. Jorge estaba cerrando el negocio.

- Ey qué pasó se te pegaron las sábanas. No son horas de llegar al trabajo…
- Eh… disculpa Jorge. Ayer estuve… ¿Por qué están cerrando?
- ¡Vamos a tener un día de chicos Marce! – dijo Beto.
- No me digas Marce… y… ¿Qué es eso de día de chicos?
- Por ahora – respondió Jorge – ayúdame a cerrar, te lo explicaré en el camino.
- ¿En el camino?… Pero ¿acaso voy con ustedes?
- Ey… no protestes tanto. Recuerda que estás en falta por llegar tarde ¿eh?

“¿Estoy en falta?” se peguntó Marcelo. Sabía que llegar tarde a “las equis” no era ninguna clase de falta.

- Bien, suban al auto muchachos. La ciudad a la que vamos está lejos y no queremos llegar tarde – Dijo Jorge.
- Espera – interrumpió Braulio – ¿Qué acaso no íbamos primero a la casa de tu hermano?
- Cierto, primero a la casa de mi hermano.
- Y eso para qué – Preguntó Marcelo.
- Él será nuestro guía.
- En dónde…
- En la ciudad del pecado… ¡Arranquemos!

Y el carro arrancó. Marcelo no tenía idea que aquel día marcaría el comienzo de una nueva vida.

VI. Seis.

A unos cientos de kilómetros de “las equis” Raúl Vásquez hacía probablemente la llamada más peligrosa de toda su vida.

- Dime…
- Hola Juan… soy yo Raúl, llamaba por el pedido de mi padre.
- A te refieres…
- Si a las revistas.
- ¿A… a las revistas?
- Si… tú sabes… mi celular no está protegido y esto era una urgencia…
- Jajaj Nadie nos está escuchando Raúl.
- Pues… no se.
- Vamos, no quiero que me hagas llevar mercancía por las puras. Te refieres a las niñas
- Pues… si a las jovencitas.
- No no no, niñas. Jovencitas son desde los 16 años.
- A bueno… pero no tan ni…
- Ya…. Tampoco creo que tu padre sea un bastardo… serán desde los once años ¿OK?
- …OK… OK… Ahora Juan… no vuelvas a mencionar a la mercancía…
- Bueno bueno… quiero estar seguro. El transporte no es gratis tu sabes.
- Bueno – respondió Raúl sudando – Cuándo las traes.
- Pues… pasado mañana. Si, pasado mañana.
- OK… adiós.
- Está bien… oye no deberías estar tan…

Pero Raúl no dejó que terminara la oración, simplemente le cortó la llamada. “Maldito sea este hijo de perra” pensaba. “Cómo puede ponerme en tanto riesgo… y si nos escucharon las autoridades… no… maldita sea… que no nos hayan escuchado nadie…”
Raúl tenía una familia que mantener y ahora estaba deseando no tener que comunicarse con su esposa desde una cárcel.

VII. Siete.

Dos días después de la partida de Marcelo a la ciudad “Y” se encontraba sentado en el asiento trasero del auto de Jorge junto a su hermano y a Beto. El hermano de Jorge, Jhon, era un joven adicto al sexo que viajaba a distintas ciudades para hacer “turismo sexual” Marcelo hace dos horas se había enterado que las intenciones de Jorge, Braulio y Beto eran llevarlo para hacer turismo con él dentro de las oscuras y frías calles de la ciudad “Y” una ciudad devastada por la prostitución.

Llegó la noche, eran las diez de la noche para ser exactos. Jorge acababa de remplazar a su hermano Jhon en el volante. Marcelo estaba pensando en Josselyn. Ella lo había llamado tres veces y él no le había contestado por temor a tener que explicarle en donde estaba o hacia dónde se dirigía. No quería mentirle… y si lo intentaba… no quería que la mentira sea increíble.
Sus pensamientos fueron interrumpidos de pronto por Jhon que aparentemente estaba dormido.

- En qué piensas Marcelo…
- Bueno… supongo que en la ciudad “Y”.
- Ajaja… ya veo, estás ansioso por llegar eh.
- Bueno…
- Dime… qué clase de mujeres te gustan en la cama.
- Marcelo no ha tenido relaciones aún – interrumpió Jorge que los estaba escuchando.
- ¿A no?
- Bueno… todavía no he tenido oportunidad de…
- Ajá… y con qué clase de mujer te gustaría acostarte…
- Pues… no se… que sea linda.
- A él le gustan las jovencitas – interrumpió nuevamente Jorge – ya sabes, él tiene 17 años aún.
- Ya veo… tú eres uno de los nuevos hombre con los gustos “nuevos”
- A… a que te refieres.

Jhon le dedicó una mirada cómplice a su hermano Jorge.

- No lo se Jhon… no creo que… – dijo Jorge.
- Estoy noventa por ciento seguro de que así es.
- A que te refieres – dijo Marcelo.
- Pues a que te gustan las tiernitas… tú me entiendes.
- ¿Las chicas jóvenes? A si… claro… las prefiero en realidad.
- Si… hubo una época en donde yo también las prefería…

La conversación fue interrumpida por un policía que había parado el auto. Les preguntó a donde iban y tuvieron que sobornarlo para que no tome el registro del auto. El turismo sexual clandestino estaba penado, y los policías acostumbraban a tomar las placas de los autos para que la policía de ciudad “Y” los siguiera o para que algún periodista de turno pudiera grabarlos en plena comercialización sexual.

Al fin llegaron a un hotel en donde se hospedaron todos. Durmieron hasta la una de la mañana, cuando Marcelo pensó que podía conciliar el sueño por fin, Jhon los despertó.

- Bien señoritas, a levantarse.
- Jajaja, qué crees que esto ¿un cuartel?
- Vamos, no se duerman, ya es hora, a esta hora es mejor. Marcelo, levántate.

“Pero qué tiene este tipo… ¿no sabe que hora es?” pensaba Marcelo mientras de desperezaba.

- Vamos alisten sus ropas más varoniles y sus preservativos de mejor calidad. Claro si no, vamos por unos a cualquier tienda o bar. No vine hasta aquí para dormir, no olviden que nos vamos en dos días nada más.

Todos bajaron hasta la recepción y subieron al auto de Jorge, arrancaron y se fueron al “Moto X” una discoteca entre los callejones de la ciudad “Y” conocida por contener un gran número de prostitutas.”

Al entrar, Marcelo supo que estaba en otra dimensión. Luces psicodélicas, mujeres en las barras bailando en ropa interior…

- ¿Ves a esas mujeres en las barras? – le preguntó Jorge a Marcelo.
- Si…
- No trabajan en la discoteca. Son clientas que quieren diversión ¿entiendes? Jajaja, ¡vamos por un trago!

Drogadictos, parejas acariciándose explícitamente en las mesas de la discoteca, prostitutas, camareras coquetas, gays, jóvenes revoltosos, y claro, más prostitutas.

- Sírvete un trago Marcelo, este se llama “Ilusión azul”. No te preocupes, no perderás tu virilidad, así es el nombre.

No pasó mucho para que sus compañeros consigan pareja, de hecho, ya tres chicas se le había insinuado. Sin embargo Marcelo estaba tan atontado que no supo decirles si. Para su desgracia estaba pensando en Josselyn… para su desgracia no estaba excitado aún cuando estaba rodeado de mujerzuelas.

Decidió Salir al fin. Era divertido, no lo negaba… pero tenía que admitir que esas mujeres lo intimidaban. Afuera, prendió un cigarro y vio pasar un auto tras otro.

“Josselyn…” Antes de que empezara a pensar nuevamente en ella, tuvo una aparición. “¿Es una aparición…?” pensó… Una aparición que combinaba sus frustraciones, deseos, masturbaciones, intimidades, miedos, decisiones, inquietudes y patologías. De un edificio salían cinco chicas. Cinco… ¿chicas? No, no me refiero a que él veía a travestís, si no a que quizá las edades de aquellas mujercitas no calificaban para ser llamadas “chicas.” Eran… Sabía muy bien que no tenían 18 años. Y algo le decía que no eran chicas de 15 años queriendo aparentar ser de 18 ¿Acaso era posible que fueran menores?

Una por una subió al auto negro. Sin embargo una en especial le pareció sumamente atractiva. Una en especial. No eran recatadas… se vestían como… “Además que hacen unas chicas así a las tres de la madrugada vestidas de esa forma entrando a un auto negro con lunas polarizadas” pensó. Sin embargo el bello ángel que vio por un momento desapareció al ingresar al vehículo. El auto avanzó y no tardó en desaparecer de su vista.

Antes de que Marcelo pudiera reaccionar ante esta aparición, la voz de Jhon lo interrumpió.

- Ya veo… – dijo mientras abrazaba a una mujer muy ebria.
- Qu… qué haces aquí. – respondió Marcelo.
- ¿Aquí? Es la vía pública jaja. Mira, un momento amor – le dijo a la prostituta ebria mientras la dejaba de lado – ya me di cuenta… yo… ya me di cuenta (su aliento olía a puro alcohol) cuáles son tus verdaderos gustos…
- P… pero a qué te refieres.
- No te hagas Marcelo, no tienes porqué avergonzarte. Te vi observando a esas chiquillas…
- A… a quienes.
- Por favor… ah… demonios. Espérame.

Jhon se acercó a la prostituta y le dijo al oído.

- Amor… ya vengo… es el amigo de mi hermano. En realidad vinimos por él, tengo que concederle una cita. Espérame en el hotel.
- Ay… y por qué no le dices que se venga conmigo pues…
- ¿Contigo?… que ¿quieres dejarme? ¿Eh?
- No no amor, yo no te dejo. Mami no te deja a ti ¿OK? Tengo varias amigas dentro amor…
- Jajaja, no olvídalo, te estaba bromeando… aquí mi amigo tiene otros gustos. Espérame en la cama desnuda ¿qué cuarto era? OK, espérame ¿si?

Se acercó nuevamente con Marcelo y le dijo.

- Mira… yo si me voy a divertir hoy ¿OK? No pienso aburrirme como tú. Pero tampoco quiero que termines asaltado o hasta violado. Estas calles son peligrosas. Te llevaré al hotel en donde nos hospedamos para que duermas.
- Yo se conducir, no te preocupes.
- Nada de que sabes conducir, no confío en ti. No lo tomes a mal… es el auto de Jorge, ya sabes.

“No lo tomes a mal… aquí el borracho es él” pensaba Marcelo mientras subía al auto.

VIII. Ocho.

Marcelo se quedó dormido en el trayecto, sin embargo lo despertó Jhon y le decía:

- Oye, tengo hambre, voy a comprarme un sándwich ¿Quieres algo?
- No, gracias.
- Bueno, igual, acompáñame afuera, no quiero caminar solo.

Jhon se paró frente a un puesto de hamburguesas mientras Marcelo lo esperaba más allá. L lugar era realmente terrible. Las paredes eran negras, y había muy poca luz. Estaban parados al lado de un hotel de muchos pisos. De pronto, para su sorpresa, se percató en un auto. Un auto familiar. Un auto negro con lunas polarizadas. Rápidamente buscó con la mirada a alguna chica y encontró a una de ellas. Estaba parada recostada en una pared. Esperaba a alguien al parecer. “¿Clientes?” pensó…

De pronto un hombre se le acercó. Estaba oscuro, no veía muy bien. Sin embargo la figura de aquel hombre se le hacía conocida… un detalle más. El hombre estaba llevándose a la boca la mitad de una hamburguesa.

Rápidamente se dio cuenta de quién era, se fijó en el puesto de hamburguesas y ya no estaba Jhon. “Maldición…” pensó. Al llevar la mirada nuevamente hacia el edificio no encontró ni a la chiquilla, ni a Jhon. De pronto le volcó el corazón.

- ¡Buuu! Jaja, Marcelo… estás distraído. – le dijo Jhon que ahora estaba acompañado de esta niña. Una niña bella a decir verdad.
- Maldición Jhon… me asustaste.
- Jajaj, nada de eso. Me llevaré el auto, cuando termines, por la mañana pide un taxi. Adiós.
- De que hablas.
- Oye. No seas mal agradecido. Ella es Mónica. Mónica, el es Jhon, espero que no tengan mucho de que hablar.

Dicho esto, se metió al auto y arrancó. Marcelo estaba por detenerlo, estaba por ir tras Jhon y decirle que no quería quedarse con Mónica. Pero a quién engañaría… extrañamente, esa chiquilla lo atraía en demasía.

Marcelo se quedó observando como el carro desaparecía en la oscuridad de la ciudad “Y” y finalmente voltio a ver a Mónica.
Ella lo estaba viendo. Luego, al no recibir ninguna palabra de él, dijo.

- Y bien… ¿vamos?
- A… a dónde.
- Ya sabes, arriba, a mi cuarto.

Marcelo no podía creerlo. Era muy repentino para él. Esa chica era menor que él… mucho menor. Se acercó a ella y le preguntó.

- Disculpa… qué edad tienes.
- 16…
Pero Marcelo sabía que no tenía 16. Era una mentira, sabía que le habían dicho que dijera eso cuando le preguntasen por su edad.

- Bien Mónica… dime la verdad… quiero saber con quién voy a…
- OK tengo 15

Una chica de quince años estaba dispuesta a acostarse con él. Es más, Jhon ya había pagado por sus servicios.

- Pues… entonces… vamos.
- Vamos.

Al entrar al hotel, Marcelo empezó a sentirse inseguro. Él había visto a una muchacha mucho más bella que Mónica, de hecho era hermosa. Se acordaba que cuando la vio, le había hecho acordar a Josselyn, pero una Josselyn pequeña.

- Disculpa… tú tienes… ¿más amigas? – dijo sin si quiera saber a qué tipo de conversación se dirigía.
- Sí, tengo más. Por qué.
- Pues… hoy vi a una chica… y pensé… ya que estoy aquí…
- ¿La viste hoy? Y cómo sabes que es mi amiga.
- Pues… el auto de afuera… la… la vi… estaba saliendo de un edificio, al lado de “Moto X”.
- Ahhh… las nuevas. Eso te costaría más. Pero… ¿no te gusto yo?
- No no… si me gustas… eres muy linda… pero la chica que vi…
- Menor o mayor.
- Pues no… no se… (él sabía que era menor)
- Bueno si no sabes cómo te puedo ayudar idiota…
- Menor. Era menor… y… no me digas idiota ¿si?
- Jaja… y cómo era ella.
- Pues… tenía cabello castaño. Castaño oscuro. Muy delgadita. No se… mejor… mejor olvídalo.

Marcelo se encontraba muy confundido como para hacer una petición más pervertida de la que estaba seguro tener. “No puede ser… esto no esta bien… creo que no…” pensaba. Sin embargo tuvo nuevamente aquella aparición…

En la sala de recepción, se encontraban dos chiquillas. Una de ellas era su “pequeña Josselyn” Mónica al darse cuenta de cómo la observaba se acercó a él y le dijo al oío.

- Cuál de ellas.
- La… cómo que… – dijo sin poder evitar tartamudear de los nervios.
- Que cuál de las chicas de aquel sillón. Vamos, no seas tan tímido.
- Pu… pues la de…
- ¿La de zapatos plateados?
- S… si… si… ella, ella.
- Bien ¿tienes diez monedas más? OK, espérame en el cuarto 801. Toma la llave. Ella se dirigirá a ti. Supongo que deberás tenerle paciencia… creo que es novata.

Dicho esto y dejando a Marcelo temblando de los nervios, se dirigió hacia la pequeña. Marcelo, muerto de vergüenza y sudando, se apresuró al elevador para que no lo vieran. Digitó el piso 8. El elevador subía, pero el sentía que descendía… que descendía mucho.

IX. Nueve.

Temblando de nervios, Marcelo abrió la puerta de su habitación. Dentro, estaba con un pánico terrible. Estaba seguro de que lo que hacía era ilegal. Era su primera vez… no bastando con que se sintiera nervioso por aquello, también estaban los factores de prostitución no permitida. “Qué voy a hacer…” pensaba.

Y de pronto tocaron la puerta. El corazón le latía con mucha fuerza. Preguntó.

- ¿Quién?
- Vanesa…

Rápidamente se acercó al orifico de la puerta para ver por este. Era la chiquilla. “Se llama Vanesa… que hermoso nombre” pensaba. Abrió la puerta con torpeza y la encontró parada frente a él.

- Pu… puedes pasar.
- Gracias… – Dijo tímidamente.

Entonces se dio cuenta que la pequeña que estaba frente a él no pasaba los trece años. Mucho más nervioso sacó un cigarro de su bolsillo y empezó a fumar.

- Cu… cuántos años tienes.
- Tengo 11, señor. Perdón… 12. Acabo de cumplir 12.
- Bien… No me llame señor ¿si? Soy Marcelo.
- Yo me llamo Vanesa.
- Bonito nombre Vane…

De pronto Vanesa se quitó los zapatos y se empezó a desabrochar el jean. Marcelo se la quedó viendo boquiabierto y no supo cómo reaccionar.

- No, no Vanesa, qué haces, todavía…
- ¿Todavía?…
- No o sea… – Pero ella seguía desvistiéndose.
- Estoy poniéndome cómoda.
- Cielos… eres hermosa. “Le dijeron que diga que se siente cómoda cuando está desnuda…” pensaba.
- ¿Te ayudo a quitarte la ropa? – pregunto ella.
- N… no… yo… yo puedo.

Marcelo no podía sentirse más excitado, frente a él estaba Vanesa tan solo con un pequeño calzón de flores y su piel era blanca como la sábana de la cama. “Hermosa… hermosa” pensaba mientras se bajaba el pantalón casi instintivamente.

- Solo quiero que… solo quiero que nos acostemos en la cama y nos tapemos con las sábanas y el cubrecama ¿si? – Le dijo a ella.
- Esta bien, lo que quieras.

Ambos, semidesnudos, se acostaron en la cama, y se cubrieron con las sábanas. Él la abrazó y aunque estaba muy excitado, la observó con lástima.

- Qué pasa… por qué me miras así…
- Tu… ¿te gusta esto que haces?
- A que te refieres.
- A… prostituirte… ¿Te gusta? “Qué pregunta más estúpida” pensó.
- No… solo lo he hecho tres veces. Pero… la verdad – dijo mientras se acurrucaba tiernamente entre sus brazos – no me gusta… aunque ahora si… estoy cómoda. No me había tocado nadie como tú.
- Cómo… cómo como yo.
- O sea… eres lindo… y me estás tratando bien. No eres grosero. – Al decir esto puso una cara de tristeza que hizo sentir mal a Marcelo.
- Cómo… ¿te tratan mal?
- Casi siempre… ¿sabes qué?… me haces acordar al enamorado de mi hermana. Ellos siempre estaban abrazados.
- Entiendo…

Se quedaron abrazados por un largo tiempo. Sintiendo sus cuerpos desnudos. Marcelo estaba excitado y Vanesa estaba cansada de su día de trabajo. Sentía que él la protegía con sus brazos… extrañamente ahora se sentía a salvo… pero no podía explicárselo.

- ¿Vamos a estar abrazados hasta que amanezca?
- No lo se… Nunca… ¿te digo la verdad? Nunca he tenido sexo con nadie…
- ¿Con nadie? – preguntó sorprendida.
- Así es… y la verdad… ahora… no es que quiera obligarte ni nada… no se… no me hagas caso… estoy muy excitado.
- Excitado… – Dijo mientras se escabullía entre las sábanas hasta llegar a la altura de la pelvis de Marcelo.
- Eh… no… no Vanesa… qué haces, no hagas eso pequeña, no quieres…

Ella subió nuevamente hasta encontrarse con el rostro de Marcelo y dijo.

- Que no haga qué… ¿Que no te la chupe?
- No es que… no se… no quiero obligarte…
- Quiero hacerlo… eres guapo. – dicho esto se escabulló como una pequeña gatita hasta la pelvis de él. Marcelo creía de pronto que estaba en alguna clase de paraíso endemoniado.
- Vanesa sabes como… OH… CIELOS…

Vanesa empezó a chupar el pene de Marcelo como si tuviera mucho apetito, trató en lo posible de metérselo lo más al fondo que podía. Le parecía un chico simpático, atractivo y buena gente, así que quería y sentía que debía esforzase por complacerlo lo mejor que podía. Marcelo, quitó las sábanas para poder verla, para poder ver la acción.

Y ahí se encontraba Vanesa, solo con un calzón de flores, blanca como sábana, no era pálida, era simplemente blanquísima, bellísima. Estaba entre las piernas de Marcelo acurrucándose y esforzándose por meter el grueso falo de Marcelo lo más al fondo que podía meter en su pequeña boquita. Cerraba los ojos como si se excitara al chupar y chupar el pene de Marcelo. Lo chupaba con ahínco y mucha fuerza. De pronto lo sacó de su boca y le dijo.

- ¿Te gusta así? O con más saliva.
- Dios… que… excitante eres Vanesa… maldición… si… me gustaría con más saliva… sigue…
- Bien – y se lo metió nuevamente a la boca.

“Santo cielo… si… si así pequeña… UAO…” Decía y pensaba Marcelo al sentir y ver como Vanesa ponía mucho de su parte para hacer aquel oral tan maravilloso. Ella se echó completamente boca a bajo para poder estar más cómoda a la hora de mamársela. Movía sus piernecitas juguetonas mientras se lo hacía, las movía como si se estuviera divirtiendo. Se acomodaba el cabello y acariciaba las piernas de Marcelo mientras seguí metiendo y sacando aquella vara de su muy bien humedecida boca. Nuevamente la saco de su boca para reírse del rostro super excitado de Marcelo. Con una bella sonrisa le dijo.

- jaja, me gusta tu rostro cuando te excitas.
- Jaja… – rió nervioso él.
- ¿Te gusta así? – y se lo volvió a meter a la boca.
- Mmmm sii…
- Jajaj… a ya… mmmm….

Marcelo no pudo aguatar más, y al sentir que se vacearía, se sentó en la cama y con cuidado apartó la cabecita de Vanesa para poder eyacular en el suelo.

- Disculpa pequeña un momen… AHHHHH…. CIELOS… AHHHH….

Decía mientras usaba la mano izquierda para masturbarse y de esta forma expulsar todo su esperma. Por fin, se tiró en la cama exhausto y jadeando. Observaba el techo como si estuviese en el cielo. Vanesa al verlo con una sonrisa de satisfacción, sintió que le había hecho un favor a una persona noble. Se echó a su costado y lo abrazó. Marcelo nuevamente tuvo el placer sentir su lindo y cálido cuerpecito junto al suyo. Con una mano acarició sus pequeños senos y la observó. La vio y se acordó de Josselyn, de cuando eran niños. Sabía que lo que le iba a decir a continuación era una estupidez tremenda pero lo dijo.

- Creo que me he enamorado Vanesa, de ti, me he enamorado de ti hoy.
- Qué estás diciendo – dijo sorprendida – ¿Te has enamorado de mi?
- Sí… no se como explicártelo… lo siento… no puedo – se levantó de la cama y se sentó al borde – no se cómo explicártelo… eres tan bella… se que pagué por tus servicios pero… no me gustaría que nadie te toque de nuevo…

Ella se sentó en la cama tras él e intentó verlo al rostro.

- Cómo puede ser… ¿Cómo puedo gustarte tanto…? Soy…
- ¿Prostituta? Tú no eres así. No quiero que seas una prostituta… no quiero que seas una prostituta más.
- Yo… te vi hoy. Afuera de la discoteca… estabas sentado… Me pareciste muy simpático… y cuando te vi en el edificio y Mónica me dijo que querías que yo venga a tu cuarto… no se porqué pero me sentí… feliz. Pero no tiene nada que ver eso… no tiene nada que ver… no podemos…
- Quiero que te escapes conmigo Vanesa… no se qué me pasa… no me pidas que te lo explique pero siento algo muy fuerte por ti… Ni… ni yo lo entiendo.
- ¿No quieres que yo esté con nadie más verdad?
- No… no…
- Entonces… ven todos los días y paga por mí. Así lo evitaremos.
- Pero Vanesa… yo no tengo tanto dinero…
- ¿Pero tú me amas no? ¡Tú dijiste que me amabas!
- Vamos Vanesa no te comportes así ahora.
- ¡Pero tú me lo dijiste! Ves, tú también mientes.
- ¿También?
- (Silencio)
- Te amo, te amo, te amo. Pero qué puedo hacer… Yo… yo buscaré la manera de sacarte de aquí.
- No puedes…
- Yo veré como hago.
- No… ¿sabes qué? Estoy confundida… estoy cansada, no he dormido bien… Ya va a amanecer… mejor vete…
- Vanesa… no seas así conmigo
- ¡Vete!
- No quiero… Vanesa… no te mereces esta vida.
- ¿A si? Y por qué dejaste que te la chupe entonces.
- Te pregunté si tú querías… y me dijiste que sí.
- … no… no me interesa. Ya vete… por favor… ya vete… tengo sueño… -Y empezaron a brotar unas lágrimas de sus ojos.
- No hermosa… no llores… No llores… eres hermosa… Discúlpame.
- Por favor vete…
- ¿En verdad quieres que te deje?
- Esta noche… si…

Marcelo entendió que estaba cansada, que necesitaba tiempo para ella, para dejar a los clientes. Decidió irse entonces, pero antes le prometió que estaría a primera hora para ser su primer cliente. Ella le dijo aún llorando que los clientes llegaban desde las cuatro de la tarde, cuando los policías ya se iban de fiesta. Se visitó y le dio un beso en la mejilla.

- Lo siento… no quise ser tu cliente hoy.
- Y yo no quise ser tu prostituta.
- ¿Amigos?
- Si quieres…

Afuera de aquél hotel, Marcelo reflexionó en la conversación que había tenido con Vanesa. Se dio cuenta que era él quien se había comportado como un niño caprichoso… que no estaba pensando bien. Sin embargo no podía dejar de pensar en algún beso más de ella. Extrañamente, no podía.




Mejores dividendos en bolsa española e internacional. Ibex,, Dow Jones...

Mejores dividendos