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Trio planeado

Trio planeado (14)

Por fin el fin de semana tan esperado con una blusita blanca
que dejaba ver mis esplendorosos senos, una falda colegial con liguero negro,
media negras, y botines y lo más importante sin panties, pero la decisión estaba
tomada, después de tanto platicarlo, y después de buscar en un chat del
internet, encontramos a un muchacho de 30 años alto, moreno, fornido, atento,
según pláticas y fotos que teníamos de él.

Quedamos de vernos en un bar para empezar a conocernos a
platicar acompañados de unas copas, Mario, Raúl, y yo un poco nerviosos y
callados pero conforme pasaba el tiempo nos sentíamos más cómodos.

La plática era común de cualquier grupo de amigos y aunque
Mario más reservado con respecto a su deseo por mí, tratándome como a una amiga
que esta acompañada de su novio.

Y por fin Raúl me saca a bailar música movida, riéndonos y
disfrutando del momento y unas copas después, durante el baile nuestros cuerpos
se fueron acercando más al grado de sentir su bulto en mi cuerpo, el se
adelantaba aprovechando esos momentos en los que estábamos tan cerca para
presionarme hacia su cuerpo y besarme el cuello y el oído.

Así los tres empezamos a calentarnos, con deseos de estar a
solas. Y debido a esto no pude más solo tenía ganas de estar en un cuarto con
ellos dos de solo imaginármelo sentía la humedad de entre mis piernas, imagínate
si recuerdas no tenía panties.

Y por fin me decidí a invitarlos a retirarnos, a ellos les
brillaron los ojos.

Al subir al coche los dos muy amables conmigo y ya en marcha
hacia donde podríamos vernos sin nada de ropa ellos iban diciendo varías
alusiones a mi cuerpo por cierto, muy excitantes, Mario como piloto aprovechaba
los semáforos en alto para ponerme sus caliente manos en mis piernas o en mis
senos.

Mientras Raúl aprovechaba el acelerar de Mario para acercar
sus manos a rozar mi cuerpo.

Y después de un rato llegamos al motel todos nerviosos pero
emocionados. Al entrar al cuarto llevábamos refresco y brandy era mi idea seguir
con una copitas antes de empezar en detalles, pero Raúl no se contuvo y en el
sofá empezó a tocarme y acercándose a mí, que acariciándome comenzaba por
besarme con pasión y recorriendo con sus manos todo mi cuerpo, al tiempo que
Mario admiraba callado y masturbándose, y cuando me di cuenta ya estaba comiendo
de mis jugos vaginales fue extremadamente excitante lo hacia como comiendo un
exquisito helado, y de pronto tenía frente mi rostro la cara de Mario pero sus
manos en mis senos que erectos gozaban de sus caricias.

Y después de un rato me acerque su pene erecto y brillante a
mi boca, chupaba y chupaba, y solo alcanzaba a ver sus ojos como si no creyera
en todo aquello, después le pedí A mi maridito intercambiar lugares con Raúl y
ahora Mario veía como me devoraba la pija de otro y el se comía con más
intensidad mi clítoris.

Me levantaron y me llevaron hacia la cama y ahí hincados los
tres me fueron besando y tocando uno atrás y otro delante, Raúl aprovecho ese
momento para ponerme el condón, Raúl me tiro a la cama y empezó a penetrarme, y
mientras con las piernas abiertas recibía las envestidas de Raúl, yo acariciaba
la verga de mi marido, entre quejidos y envestidas rápidas y continuas detuve a
Raúl para mostrarle como puede una mujer lograr un orgasmo y así comencé a
presionar y humedecer su pija al momento que yo casi gritaba del placer que
sentía porque al mismo tiempo Mario se masturbaba de veme embravecer del gozo.

Y ahora era el turno de mi excitado esposo, quien también se
puso acostado en la cama detrás de mí y empezó a cogerme de una forma como nunca
y Raúl estaba besándome de mi boca a mis senos y sus manos a mi clítoris después
de gozarlos me pusieron en cuatro y mi esposo me empezó a coger riquísimo
gozando de mi trasero mientras Raúl me ponía su pene en mis manos dando caricias
que lo único que le provocaban era ganas de derramar su semen en mi cara.

Después se intercambiaron y al tiempo de ser cogida en cuatro
me devoraba el pito de mi esposo. Después de unos instantes por fin lo tan
soñado, mi querido esposo se colocaba debajo de mí preparando posición para
tener 2 pitos en mi cuerpo, hasta que empezó a cogerme por la vagina y después
echándome su tan caliente saliva, Raúl empezó poco a poco y con cuidado a
penetrarme por mi culito.

Era una sensación increíble jamás imaginada, y tan rico era
que después de unos minutos Raúl no pudo más y empezó a correrse y al darse
cuenta de esto Mario no espero más y decidió hacer lo mismo, dos pitos se
corrieron en mi cuerpo al mismo tiempo.

Cansados solo nos recostamos, dormimos unos minutos y decidí
pararme a dar un baño y después ellos hicieron lo mismo mientras llenaba el
yacusí, preparándose para lo siguiente Raúl no puedo más y me llevo al yacusí
ahí me puso sobre de él, le pregunte que si quería sentir una vagina apretando
su pito y sobre todo humedad y comencé a cogerlo hasta que logre correrme,
mientras mi marido veía como era lo que en algunas noches gozaba pero no
imaginaba como se veía.

No pudo más y me pidió lo mismo al tiempo que Raúl nos
admiraba, y después de hacerle lo mismo a mi marido les pedí se hincaran para
chapárselas al mismo tiempo y así logre que se corrieran en mi boca y eso fue
delicioso.

Fuimos a dormirnos y casi al amanecer me puse a chupárselas y
fue tan delicioso que se les puso como una torre, y aproveche para ponerle el
condón a Raúl, estaban exhaustos de gozar esa noche y lo único que hice fue
montarlos, empecé a moverme de tal forma que logre orgasmos primero en uno y
luego en otro hasta que lograron venirse en mi vagina primero uno y luego el
otro, para después dormir varias horas y despertarnos a la mañana siguiente.

No podía creer que tuve a mi placer dos toros que hicieron
sentirme mejor que nunca. Fue tan rico que eso me quedo en la memoria para
disfrutarlo como recuerdo que tendría presente cada vez que mi marido y yo
cogemos cada noche.

 

Resumen del relato:
    Jamás crei que me convencería, pero lo hicimos y los disfrutamos al máximo,todo fue idea de mi esposo…

Mi prima Marta

Mi prima Marta (1)

Esta historia que os voy a contar, me ha
ocurrido hace un mes.

Me llamo Miguel, tengo 26 años, y soy de Madrid. Justo antes del puente
de la Constitución, mi prima Marta, vino a Madrid a recoger unos certificados.
Nosotros íbamos a ir a pasar el fin de semana a la casa que tenemos en
el campo donde ella vive y así aprovechaba y la llevábamos nosotros.

Ella tiene 22 años, no es una belleza, está muy delgada, y no
tiene mucho pecho. La verdad: no es un bombón.
Como digo, tenía que recoger unos certificados, y yo tenía que
ir al banco, así que convenimos en que mis padres iban el viernes con
mi mujer y yo iba el sábado con ella.

Como yo salía tarde de trabajar, le dije que dormiría en casa
de mis padres y así aprovechábamos mejor el tiempo.

Llegué a casa sobre las 9 y me fui derecho a dar una ducha. En ese momento
sonó el teléfono móvil, y mi prima lo cogió. Era
mi jefe que necesitaba un número de teléfono de un cliente. Yo
estaba en el baño desnudo y me puse la toalla que había cogido
que por cierto, era muy pequeña. Salí del baño con la toalla
puesta y busqué en la agenda el numerito. En ese momento se me cayó
la toalla quedándome desnudo ante mi prima mientras le daba el número
a mi jefe. Yo no dije nada, cogí la toalla y me la puse como pude, pero
mi prima puso una cara de alucine.

No sé que pasó en ese momento por mi cabeza, y quizás para
romper el hielo dije:
-¿No has visto nunca a un hombre desnudo?
Ella contestó tajante:
-No.

Y como yo no sabía que decir le espeté:
-Bueno, y que te parece?
-Pues casi no me ha dado tiempo a ver casi nada.

Y no sé por qué lo hice. Me quité la toalla quedándome
en pelotas delante de una tía de 22 años que además es
mi prima.

La cara que puso era un poema, así que yo le dije:
-Ahora que opinión tienes?
-No está mal, pero ¿no es un poco pequeña?
Yo nunca he presumido de tener una polla grande. En estado de reposo medirá
unos 10 cms. y erecta unos 15. Tengo el pubis afeitado dejando sólo un
poco de vello encima del pene, pues nos gusta así tanto a mí como
a mi mujer. Ella lo lleva afeitado y es genial.

Yo le dije:
-Para qué voy a tenerla más grande, si con lo que tengo me vale.

-Ya pero yo creía que estaba más tiesa y no colgando.

Me eché a reír; yo no sabía a qué jugaba ella, así
que le espeté:
-Tú no sabes que "esto" se empalma?
-Nunca he visto una, así que no lo sé. (Ella no tiene hermanos
varones, pero la verdad es que parecía muy cortita)
-Bueno, si quieres ver la mía la pongo a tono y ya está.

Y me suelta:
-Venga, vale.

Yo ya estaba en un punto en que no sabía si vestirme, si me estaba tomando
el pelo, si me vacilaba o qué, pero me estaba poniendo a cien. En eso
que empieza a levantárseme un poco y ella salta diciendo:
-Hala!!!, se está poniendo grande.

-No niña, todavía no.

-Venga sigue.

-A ver que te crees tú. Necesito algo de emoción para que se me
ponga dura. Yo estoy en pelotas delante de una tía pero eso no vale
Yo también estaba jugando.

-Que quieres que haga?
-Quieres tocármela?
Se acercó y me la cogió como si fuese a romperla. Le dije como
tenía que cogerla, y empezó a hacerme una semipaja, pues me la
doblaba y me hacia daño.

le dije:
-¿Ahora que te parece?
-Esto es otra cosa.

Nos ha jodido, la tenía a tope como para no ser otra cosa.

Le dije:
-Tú también te podrías desnudar.

Pareció un resorte, se quitó el pijama que llevaba puesto en nada
de tiempo sin decir nada. No tenía mucho pecho pero los pezones estaban
a tope. Y las braguitas blancas que tenía puesta dejaban entrever una
mata de pelo que sobresalía por los lados.

-Pero te tienes que quedar en bolas.

Titubeó un poco, pero se quitó el sujetador despacio dejando al
descubierto unas tetitas pequeñas pero muy bonitas, y se bajó
las braguitas apareciendo esa mata de pelo que ya había visto.

Mi polla estaba a 100, yo a mil, y mi prima a 2.000. Parecía una posesa
dándola a mi polla. La hice parar, y le dije que ahora me tocaba a mí.

La tumbé en el sofá, empecé a sobarle las tetas, y a besárselas,
y bajé hasta el bosque. le abrí las piernas, separé el
pelo, y empecé a chuparle su conejito. Estaba empapado, sabía
riquísimo y estaba sin usar.

-Tienes mucho pelo. Esto hay que arreglarlo para que lo pases mejor.

No dijo nada. Fui al baño, cogí una maquinilla desechable de mi
padre, espuma, una toalla y empecé a afeitarla. Me encanta hacerlo. Creo
que alguna vez me voy a correr de ver el conejo de una tía así.
Al cabo de un rato se lo había dejado con un poquito de pelo en el pubis,
y el resto lo tenía sonrosado. fuimos al baño, se lavó,
y le dije:
-Ahora te vas a correr enseguida.

empecé a chuparle el conejo y ella empezó a gemir de placer. Me
puse encima y le acerqué mi polla a su boca y no hizo falta decir nada.
Se la metió y empezó a hacerme una mamada de escándalo.
Al cabo de un momento yo ya no aguanté más. Me corrí dentro
de su boca, y ella hizo un par de gestos pero siguió chupando. Ella se
había corrido por lo menos 10 veces. Yo estaba empapado de sus flujos
y entonces paramos.

Tenía la cara desencajada pero estaba contenta.

-¿Qué te ha parecido?
-Que pasada. Tío, te has corrido y casi me atraganto.

-Pero te lo has tragado. Te ha gustado?
-Bueno, sí. Es raro.

-Ahora qué hacemos.

-Qué sigue después de esto?
-Pues echarte un polvo.

La conversación era de lo más raro que me ha pasado nunca. Y las
respuestas no digo, yo estaba alucinado por la situación, y más
cuando ella me suelta:
-pues a qué esperamos?, esto me gusta.

Y dicho y hecho, me agarró la polla con las manos y empezó a chuparmerla
otra vez, hasta que se me puso dura. La agarré, la tumbé en la
toalla que estaba en el suelo, y empecé a metérsela con un poco
de miedo. Entró, ella gimió, no sé si de gusto o de dolor,
y empujé hasta el final. Como se retorcía….qué caras
ponía. Yo casi no llego ni a 2 minutos, y tuve que sacarla. Me corrí
y todo le cayó en las tetas y la cara. No recuerdo cuánto hacía
que no tenía una corrida de esa magnitud y eso que era la segunda.

Después de eso, nos quedamos tumbados boca arriba, y me dice que quiere
más. Yo le digo que tiene que esperar un poco a que me recupere pero
empieza a sobarme y le digo:
-Tu lo has querido.

La puse con el culo en pompa y empecé a sobarle el coño. Se retorcía
de placer. Luego le metí un dedo en el culo y dio un pequeño salto.
La sujeté y empecé a menearlo. Acabé metiéndole
dos dedos en cada agujero y cada vez que los sacaba parecía la boca del
Metro. En ese momento, me agarró la polla y empezó a pajeármela.
Enseguida se me puso dura, me levanté y se la metí por el coño,
y a continuación por el culito. Se quejó, y se la volví
a meter despacio. Ya no se quejaba, así que la metía por un lado
y por el otro. ¡Que agujeros!. Como yo no quería correrme dentro
de ella para evitar malos rollos, me concentré en el culo hasta que descargué
todo lo que tenía. Estábamos extasiados y llenos de sudor. Miré
la hora y llevábamos 3 horas y media follando. Estábamos rendidos.
Nos duchamos tocándonos bien y nos acostamos juntos para dormir.
Al día siguiente, ella estaba muy seria. Le pregunté que qué
pasaba y me dijo que había estado follando con su primo que además
estaba casado. Le dije que no era una cosa normal, pero que habíamos
disfrutado y que por mí era nuestro secreto. Me dijo que ella no quería
que nadie lo supiese, y por la cuenta que me traía a mí tampoco.

La volveré a ver en Semana Santa y ya
veremos, pero desde entonces follo más con mi mujer y no se me quita
de la cabeza.

Un abrazo.

Miguel

 

Resumen del relato:
    Miguel y su prima pasaran un buen rato juntos.

Un tour de mucho sexo

Un tour de mucho sexo (13)

Un tour de mucho sexo

íbamos a salir a pasar unas vacaciones en Brasil y decidimos
Andrea y yo ir con el coche, ya lo habíamos comentado con nuestros amigos y hubo
muchos que se anotaron a nuestra aventura, solo le dijimos el camino que vamos a
hacer lo importante es que cada uno debía a venir acompañado de su esposa, los
que coincidía con nosotros o nosotros con ellos y podían follar con todos los
que habían llegado al hotel.

Había hecho lo imposible para convencer a Andrea a que se
acueste con algún chico porque hoy tenía muchas ganas de follar con una tía y
sabiendo las predilecciones de mi mujer, tenía la certeza que se iba a acaparar
todas las féminas y nosotros no íbamos a ver un coñito húmedo ni por joda.

A las 20:30, llegamos a un Motel de la ruta cerca de Santa Fé
y nos registramos eran varios bungalow la entrada estaba diseñada para
estacionar el coche, se componían de un salón muy grande en el cual había
montones de juguetes eróticos como potros se cuero para montar cuyas monturas
tenían unas franjas llenas de pinchos de goma para que las chicas puedan
refregar la almejita y masturbarse y televisores que pasaban películas porno un
canal eran de orgías, chicos con chicos, chicas con chicas y así sucesivamente,
el dormitorio como en todas las habitaciones el cielo raso estaba compuesto de
espejos y los colchones eran de agua, el baño era muy espacioso con un jacuzzi
para cuatro personas, hacía bastante calor y pusimos el aire acondicionado de
forma tal que estando desnudos no pasáramos frío y lo más importante un bar
sensacional había bebidas de todo tipo y aditamentos para hacer el cocktail’s
mas extravagante.

Andrea fue recto al baño y se metió en la bañera para
relajarse y refrescarse, salió a la media hora yéndose en el dormitorio para
cambiarse mientras yo me bañaba era tanto lo que nos conocíamos que no quiso
vaciar la bañera porque sabía que siempre mi ilusión era meterme en el agua que
había usado mi mujer, era algo que me excitaba de sobremanera, me sonreí y me
sumergí en ella, no pude dejar de sentir su perfume diluido por el agua pero
perceptible todavía.

Ya vestidos de petit gala y bebiendo una bebida refrescante,
sentimos unos golpecitos en la puerta, sabíamos que se debía tratar de alguna
parejita amiga, y así fue era Alfredo con una sobrinita de Paloma, su esposa,
que tenía quince añitos y desde hace dos añitos era la amante de Alfredo y de
Paloma, siendo ésta la mujer preferida de Afrodita, al entrar nos saludó a todos
con un beso en la mejilla.

Al ver la niña a Andrea en la barra se dirigió corriendo
hacia ella besándola apasionadamente en los labios mientras Andrea le acariciaba
la carita, era pasión lo que tenía la niña por mi mujer, y ella le correspondía
con mucha ternura, nunca habían tenido una relación amorosa y mi mujer que era
demasiado puta, le encanta ver a la pendeja caliente de sobremanera con ella, y
la chavalita le refregaba su chochito por las rodillas de mi mujer y pensar que
yo era el único que me daba cuenta de los orgasmos que tenía con Adriana, (ese
es el nombre de la niña), pero los disimulaba con una maestría inigualable.

Sonaron dos tímidos golpecitos en la puerta, abrió Adriana y
asomó Ricardo y Nelly, su mujer, recién casados y la chica no sabía nada de
nosotros, me aproximé a Ricardo y le pregunté si le había contado a Nelly porqué
nos habíamos reunido, a lo que contestó que no, pero porque no le dijiste y me
contestó que Andrea la iba a preparar, pero si ella no sabe nada, además estás
en plena luna de miel, te casaste hace dos días Ricardo.

Si es que por mas que intento la tipa es como mama y papa, y
mi mujer tiene que ser bien puta sino no la aguanto. Que quieres que te diga, si
no pude follarla todavía, es virgen, cuando la quiero ensartar me pregunta si
estoy seguro que no es pecado lo que estamos haciendo, De la casa de Papá, al
Opus Dei y de allí al matrimonio. Estoy seguro que Andrea me la dejará a punto
de caramelo, lo que no haga tu mujer con una tía no lo hace nadie.

Vale, habla con Andrea.

Antes fui yo y le aclaré todo lo que Ricardo me había
contado.

Yo vine aquí a divertirme no a degenerar monjitas que después
te hacen la contra.

Bueno, pero ahora salva al Ricardo que te lo agradecerá.
Enróllate con ella y demuéstrale lo hija de puta que eres mi amor, pero que no
se dé cuenta. ¿Vale?.

Vale. Me acerqué por detrás y abrazándola a Nelly le
pregunte. ¿Cómo está la recién casada?

Muy bien Andrea, enamorada de mi maridito.

¿Qué quieres tomar Nelly?

Un refresco, pero sin alcohol. Por fa, que se me sube pronto
a la cabeza y no sé lo que hago ni lo que digo.

Ven vamos a sentarnos en el sillón de la terraza.

¿De qué lo prefieres?

De fresa.

Ya te lo traigo, Puse medio vaso de jugo de fresa y el otro
medio de Gin y le eché jugo de plátano para disimular el gin y bastante hielo.

En media hora se lo tomó todo y ya estaba con la lengua un
poco trabada, comenzamos a hablar de la parte sexual , mientras mis manos la
acariciaban las piernas, primero sobre la falda y luego las rodillas desnudas y
con mucho tacto los muslos de la parte interna mientras hablábamos, su
respiración se agitó, le pregunté ¿Quieres otro refresco?.

Si, porque estoy un poco sofocada.

Ya te lo traigo. ¿Igual que el otro?

Si, estaba muy rico.

Ya vengo, Lo hice igual que el otro.

Cuando regresé, tomo de un sorbo la mitad. Ven –Le dije- te
noto muy tensa, vamos al dormitorio que te haré unos masajes en la espalda para
que te relajes ¿Quieres?

Si, creo que me vendrán muy bien.

Nos levantamos y nos fuimos a la habitación, le hice una seña
a Carlos que nadie fuera al dormitorio y asintió con la cabeza.

Sácate la blusa y recuéstate boca a bajo, disminuí la
potencia de la luz con el atenuador, busqué el aceite perfumado y comencé con el
masaje, le hacía sentir mis manos reafirmando su piel, poco a poco fue
excitándose, su respiración se aceleraba, estaba encantada con mis masajes.
Nelly, -le dije- te saco el sostenedor para no manchártelo.

Si, espera que lo saco yo, se puso de pie y se lo sacó,

Sácate también la falda que te la vas a arrugar.

¿Es que abajo solo tengo una tanguita?

No importa, total entre mujeres no tiene importancia ¿No?.
Comencé a acariciarla mis manos ya no masajeaban solo acariciaban todo su cuerpo
su piel era suave, tenue hermosa, jadeaba sin disimulo, me dediqué a acariciar
sus piernas y sus nalgas. Levanta el culito que te saco la tanguita, dudo un
momento, pero permitió que lo hiciera, empecé a acariciar su rajita y gemía como
si nunca la hubieran tocado, subía y bajaba su cuerpo para que tocara su sexo,
yo evitaba hacerlo porque iba a llegar al orgasmo y no sabía cual sería su
proceder. Date vuelta Nelly, Eres hermosa mi pequeña comencé a sobarle fuerte
sus duras tetas, al tocarle su coñito, porque era pequeño, sentí que ya había
empapado las sabanas y entre gritos de placer tuvo su anhelado orgasmo, me
desnude y me aceité las tetas y todo mi cuerpo y allí comencé en refregarnos
nuestros cuerpos Mientras fue inevitable que sus gritos de placer hicieran venir
todos los que estaban en el salón, Ella al estar de espaldas no veía los que
entraban y en silencio se pusieron a observar. Nelly, lo único que sentía era lo
que yo le hacía sentir, yo era su mundo y ella el mío, nos besábamos, y
rozábamos nuestros sexos dándonos mutuamente placer, comenzó a tener un orgasmo
de alaridos y ojos en blanco, me sentí empapada y cuando mire vi que Nelly
orgasmeaba y orinaba a la vez y así como cuatro o cinco veces era tanto la
excitación que me causaba que yo también empecé a tener multiorgasmos mientras
orinaba en su sexo, que gran placer cuando exhausta levanto la vista veo que
Adrianita desnuda mirándonos alucinada resistía los embates de Alfredo
perforándole su coñito mientras Ricardo se apropiaba de su culito y saliendo de
el pequeñas gotas de sangre, Mientras Carlos besando a la niña ella lo
masturbaba, nosotras íbamos de orgasmo en orgasmo el primero en correrse fue
Ricardo dentro del culito de la niña, después de dejar toda su lechecita en
ella, cuando terminó de sacar su soberana polla de la niña esta en un orgasmo
conjutamente con Alfredo. Comenzó sin aguantarlo mas a orinarse y a tener
orgasmos cada vez más profundos. Ricardo ya repuesto de su orgasmo se agacho
frente a Carlos y cogiendole la polla comenzó a hacerle una mamada sensacional a
juzgar por los gritos que daba Carlos. Los cinco quedaron tirados en la cama
exhaustos, excepto yo que lamía suavemente el anito de Adrianita para suavizar
su dolor, solo la escuche decir que la próxima vez quería estar en el lugar de
Nelly, júramelo Andrea.

A la mañana siguiente mandamos a Ricardo y Alfredo a comprar
churros y traer chocolate mientras Carlos, Nelly, Adrianita y yo nos metimos en
el jacuzzi.

Luego de un rato de estar entre todos masturbándonos con los
pies, Nelly se levanto y se puso entre mis piernas y besándome en los labios y
mordiéndome los pezones caliente al máximo, ¿quién hubiera dicho hace un mes que
estaría comiendo las tetas a una mujer pensar lo brutal que fue anoche cuándo
nos comimos el coñito en la cama y tu marido mirándonos, eso fue lo mas
excitante.

Y él encantado que lo hagas mientras tu maridito le chupaba
la polla de una manera sensacional. Es que a Ricardo lo tienes muy caliente,
tendrás que atenderlo mucho mas. Y ahora ve con Carlos que está deseando
llenarte de lechita caliente, yo atenderé a Adriana que el bestia de Alfredo con
semejante estaca le hizo mucho daño en el culito a mi nena, estaba deseosa
Adriana de que Andrea la atendiera La acostó en el borde de la bañera con el
culito en pompa mientras le lamía vehementemente, con la lengu dura de Andrea y
la nena aflojando todo el esfínter anal pudo meter la lengua muy profundamente
esto hizo sentir a la niña que se aproximaba un orgasmo tan violento que se lo
gritó a Andrea, esta la hizo girar quedando su almejita en la boca de Andrea
justo en el momento que la chica orgasmeaba y se orinaba en la boca de Andrea
esto hizo que mientras se bebiera los jugos y el orin de la niña ella a su vez,
al ver como gozaba la chica a Andrea le sobrevino un orgasmo violentísimo y
mientras orgasmeaba y orinaba Nelly y Carlos bebiéndose los jugos y los orines
de su mujer llegaron a un climax estupendo.

Al rato la niña desnuda se sentó en el water y sintiendo
tanto dolor le pedía ayuda a Andrea. Está saltó de la bañera y calentando el
culito de la niña con su lengua le dilató el pequeño agujerito hasta que con el
calor que le prodigaba a la nena ésta pudo defecar en la mano de Andrea y dejó
caer las heces dentro del water.

Andrea sentó a la chica el bidet mientras con agua caliente
le acariciaba y limpiaba el cerradito ano de Adriana, Mientras lo hacia se
cerraron en un ardiente beso de lengua donde primaba todo el cariño que se
dispensaban.

Mientras tomaban el chocolate con churros, cuando hubieron
terminado salieron al porche y el coche de Andrea y Carlos había desaparecido,
sobre la cama encontraron un papel que decía.


¿Cuál será el próximo hotel?, y lo mas intrigante.
¿Será con alguno de ustedes.?….

Carlos y Andrea


 

Resumen del relato:
    Adrianita era la amante de los componentes de un matrimonio, a los quince añitos ya competía con la mas profesional de las meretrices.

La bruja

La bruja (5)

Cuando me enteré de que la
chica con la que me había acostado, amiga íntima de mi novia,
era una bruja, no supe cómo reaccionar; me dio miedo, terror, y
ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error, amenacé
con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.

Estábamos en su casa, acabábamos
de hacer el amor, y sus profundos ojos negros me estaban mirando fijamente
cuando yo estaba de los nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena
negra azabache desparramada por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes,
todo hacía que perdiera la cabeza por ella, pero estaba tan asustado
que no me paré a pensar en lo que estaba diciendo.

Entonces, mientras me estaba vistiendo,
Esther se concentró, me miró, apuntó su dedito hacia
mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me encontraba dentro de
una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué
que ella volviera a apuntar su dedo, y me vi rápidamente fuertemente
atado y amordazado. Me explicó que la única forma de controlarme
es cuando estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya
nunca se separaría de mí, por mucho que yo protestase; ya
podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi familia,
de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría
por servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos,
ya que con un movimiento de su dedo podía hacer de mí lo
que quisiese; me había puesto una mordaza en un instante, a lo mismo
que las ataduras, y la jaula, algo más grande no le había
costado ni un segundo.

La jaula desapareció en un
visto y no visto, y mi mordaza desapareció también; fui levantado
por una fuerza desconocida, levitado unos centímetros y acercado
a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y acariciándose el
sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo quería
girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado
en el aire, la fuerza que me mantenía la cabeza desapareció,
pero sin un momento para relajarme, las manos de Esther me la cogieron
y la apretaron contra su sexo ávido de placer.

Mi nariz se enterró en el
bien recortado monte de Venus, mientras mis labios se pegaban como una
ventosa a sus labios vaginales, pero mi lengua se negó a dar el
placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los pabellones auditivos,
aplastó más mi cara en su coño, instándome
a que le proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró
una nueva treta; yo sentí como si una lengua saliese de su propio
coño, se enroscara a mi lengua y la atrajese hacia el interior de
la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño, la extraña
forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que
excitaban a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó
rápidamente al placer. Se corrió abundantemente, en mi boca,
e incluso la forma que tenía atrapada mi lengua introdujo sus flujos
en mi boca, empujándolos hacia mi garganta a medida que emanaban,
obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha, soltó mi cabeza
y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un rincón
de la habitación. Volvió a amordazarme. Se pasó un
buen rato pensando, cavilando, caminando de un lado a otro de la estancia,
meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces con ternura,
otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me
dijo que le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener
siempre cerca, ya que para tenerme siempre el control sobre mi debía
estar siempre a menos de dos metros de mí y encontró la mejor
solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de
la jaula una vez más, me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil,
y concentrándose, lanzó su dedo contra mí. Cuando,
lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía
como si estuviese tumbado en el suelo. Veía el techo, pero me sentía
el cuerpo extraño, siguiendo en la inmovilidad en la que antes estaba.

Esther se acercó a mí,
la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía subirme como si fuera
un folio? Entonces pensé en qué me había convertido,
y para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó
hasta un espejo. No, no podía ser, no podía creérmelo;
Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba al espejo unas braguitas de
algodón blanco, del tipo pantaloncito corto, aparentemente normal,
pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de que estaba
completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero. La bruja entonces se dispuso
a ponerse las braguitas; yo noté como si abarcara sus piernas con
mis brazos, y sentí cómo sus muslos se deslizaban por mis
biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando
las tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta
apoyada en su botón rosado, mis ojos cegados por los glúteos
y mi boca pegada a su sexo. No era una sensación de dolor sino de
bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una cierta sensación
de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como una máscara.
Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara
y sus labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala
sensación.

Pero cuando se sentó todo
cambió; mi cara se vio aplastada con una fuerza inusitada, mi nariz
a punto de explotar apretada contra su ano, y mi boca quedando totalmente
introducida entre los labios de su sexo. De aquella forma no podía
ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor dicho,
en su culo. Traté en vano de buscar una posición más
cómoda, pero, ¿cómo hacerlo siendo una braguita inerte?.
Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba hablando con la mente!.
Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé
cómo, que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía
entre sus nalgas; lo que en realidad estaba haciendo es que se metía
las bragas por el culo, oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos,
pero de esa manera encontraba un resquicio para respirar, aunque la sensación
de agobio y presión persistían.

Conseguí decirle mentalmente
que así ya podía respirar, con lo cual se reclinó
en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono;
fue entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó
a mi novia Marisa, y no sé cómo, cuando empezó a hablar
era mi voz la que salía de su garganta; yo me alarmé, quise
impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de
evitar que Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté
de llorar cuando oía cómo la bruja le decía a Marisa,
con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a verme, que me
había enamorado de una extranjera y que desaparecería para
siempre de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes
braguitas humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.

Esther notó algo que nunca
había sentido; a pesar de que sus poderes la habían acompañado
toda la vida, no había tenido la necesidad de usarlos para su provecho,
pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía conmigo.
Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño
cambio en su placer.

Se reclinó cómodamente
en el sofá, se estiró la braguita, o sea, a mí, de
manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y comenzó
a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose
y mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi
nariz se llenaba de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó
empapada.

Una vez saciada se dedicó
a hacer pruebas conmigo; se quitó las braguitas y las dejó
sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al echarme
agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la
boca, haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado,
mojado y penetrado. Luego me convirtió en vela, que al encenderla
me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara que me quemaba todo el
cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.

Después me convirtió
en sofá, y justo cuando lo iba a probar, llamaron a la puerta; era
Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la acompañó
y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó
sobre mi cara y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia
le contó la conversación que ella creía haber tenido
conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no supiese
nada del tema.

A continuación sucedió
algo que me llenó de rabia, aunque me excitó también;
Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras
de cariño al oído, dándole pequeños besos en
el cuello, y mi novia se dejó llevar, sin duda afectada por el duro
golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y se entregó
a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba
la iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita
de mi novia se mojaba a marchas forzadas, así como el coño
de Esther, ahora desnudo.

Cuando finalmente llegaron a su
placer, Marisa le confesó a su amiga que se había sentido
muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía confusa, que
necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería
hacer a Marisa suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo.
Volvió a convertirme en braguitas y se acostó.

A la mañana siguiente se
despertó pronto, para ir a clase; yo estaba dolorido, cansado, y
aunque había pensado en que todo era un sueño, pronto salí
de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se sentó
en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina
fue a para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me
ahogaba, mi garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba
de su braguita, metiéndome dentro de su coño, con lo cual,
si no es porque la meada no fue muy larga, hubiera muerto.

Se metió en la ducha y fue
entonces cuando se deshizo de mí; cuando estaba en el suelo de la
bañera, me convirtió en una persona normal, aunque atado,
y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho, frotando
mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte
de mi vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien,
podría tener algunos privilegios.

Me puso a prueba; tras la ducha,
y mientras se vestía, me dejó en mi forma natural y me mandó
a prepararle el desayuno; me dio la espalda y se metió en el cuarto,
dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a ella. Lo
mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese
mi esclavitud.

Le preparé el café
y cuando apareció en el salón estaba a medio vestir; llevaba
puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta, mostrando
sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre
mi lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente
a ella. Si así lo hacía, podría seguir disfrutando
de Marisa, ya que estaba segura de hacerla suya. Aguanté.

Una vez dispuesta, me convirtió
esta vez en sujetador, y me colocó en su pecho; yo sentía
sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas. Cuando me abrochó,
mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse
su blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus
pechos se movía y balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no
podían sostener aquellos volúmenes que además estrujaban
mi cabeza entre ellos.

La mañana se pasó
entre clase y clase, y la mayor parte del tiempo estuve dormitando entre
sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre clases, ella se levantaba,
salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.

Por la tarde, después de
comer, momento en el cual me había devuelto mi forma y le serví
la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el resto de la tarde la pasó
estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada, limpiando la casa,
un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por poder respirar.

Pasaron tres días hasta que
volví a ver a Marisa; habían quedado aquella noche de viernes
para salir y bailar un ratito. Esther me llevaba de braguitas, así
que de entrada no pude verla. La bruja debía estar bastante contenta
conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo
y me convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó
al lado de Marisa, me mostró como algo que se había encontrado
en el aseo; fue cuando pude contemplar el rostro de mi amada, aunque nada
podía decirle, y le pidió que se lo guardara, ya que Marisa
llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus bolsillos traseros
y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón;
a pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó
un rato y me aplastó completamente, un sentir de felicidad me llenó
por estar cerca suyo.

Cuando se despidieron Esther le
pidió el librito a mi novia, y cuando llegamos a casa mi bruja me
sonrió con benevolencia, diciéndome que si en todo la obedecía
y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en manos de
Marisa.

La vida transcurrió de esa
manera varias semanas, y hacía ya una que Esther había propuesto
a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía pasar una
prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para follárselo,
y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón.
Me puso en la polla de su amante, y a la vez pude sentir como esa polla
me entraba por el culo y por la boca al unísono, rellenándome
como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por las caderas a Esther,
apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más,
pero enculado y con la boca llena; el espacio era mucho más limitado,
ya que todo mi cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales
del coño de mi dueña.

Cuando se corrió, por supuesto
toda la leche penetró tanto en mi culo como en mi boca, y cuando
la polla se encogió, yo lo hice como una pasa; mi terror acudió
cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo
tiró al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar
de la cadena en el momento en que aparecía Esther y le dijo que
no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo recogería ella todo
por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi dueña
me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero
me dejó atado y lleno de semen y orina, metiéndome debajo
de la cama.

Dos días después mi
novia, aunque ya no podía llamarla así, apareció en
casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí,
y aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus
cosas en el armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió
en consolador, dejándome encima de la mesilla para más tarde.
No tardaron mucho en retozar sobre la cama, ya que Esther agarró
a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón. Cuando
se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la mesilla, erguido, contemplando
como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi novia mientras le mordisqueaba
los pezones; la pasión se desbordaba por los límites de la
cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada
y los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.

Ahora era Marisa la que se encontraba
sentada a horcajadas sobre Esther, restregando su coño sobre las
tetas de su amiga mientras ésta, acariciándole el culito,
le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la extensión
de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther,
notando ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la
tendió boca arriba en el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose
entre ellas, le prodigó una lamida que parecía que iba a
terminar con su vida.

Cuando la bruja me cogió
de la mesilla sentí como si unas enormes manos asieran todo mi cuerpo
a la vez, y aunque ella no presionara lo más mínimo sobre
el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en
pompa y su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo
cielo. Esther se dirigió a mi, diciéndome que me portara
bien, y acto seguido me apoyó sobre el coño de Marisa, presionó
levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del sexo de Marisa.

La sensación de entrar allí
me impresionó fuertemente, era como si me metiera en una de esas
tripas de los monstruos que vemos en la tele, pero aquello era real; hacía
calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la estrechez del cubículo
me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme,
y cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de
mi propia novia, mi cara, mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba
con las paredes vaginales de mi Marisa.

Estuvieron un buen rato así,
y cuando me sacó medio ahogado, se giró Esther, dejando derrotada
a Marisa, y me conjuró para convertirme en arnés, con la
misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó
detrás de mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome
penetrar en su coño, y a mi manera, me hacía a la idea de
que yo mismo le hacía el amor.

A partir de entonces casi nunca
volví a tener la forma humana, pero sí tenía una u
otra forma según el humor de mi dueña; cuando me quería
premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces
se ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía
en taza de wáter, en condón o en zapato. Ellas vivieron juntas
por un tiempo, y cuando se separaron, nunca más volví a ver
a Marisa.

 

Resumen del relato:
    Enrollarse con una bruja puede traer complicaciones cuando además ésta tiene muchos poderes y mucho carácter.

Las 4 rosas (23)

Las 4 rosas (23) (11)

Blanche se pregunto cual seria la
mision del negrito junto a ella si el servicio estaba asegurado por las
negras?

Pero no tardo en descubrir su utilidad.
Cuando Hanna tomaba un bocado que no la apetecia especialmente o la costaba
trabajo tragar, lo escupia al suelo de donde era recogido directamente
por el negrito con la boca, sin tocarlo con las manos.

A Blanche la hizo gracia la idea
y se mostro generosa con su machito. Escupio muchas veces tan solo por
sentir el placer de ver a un negro comerse lo que ella escupia.

Finalizada la comida Hanna sugirio
a Blanche que fueran a recorrer los calabozos de la casa. Habia algo que
queria enseñarla.

Tras bajar una empinada escalera
de caracol que las hundio en las entrañas de la tierra Hanna ordeno
abrir una de las celdas. Era un habitaculo reducido excavado en la roca
sin nada que permitiera ni la mas minima entrada de luz ni comunicacion
con el exterior que no fuera a traves de la pesada y fuerte puerta.

Iluminadas solo por las antorchas
de las negras que las acompañaban, Blanche pudo descubrir a una
negra retenida a la roca por fuertes cadenas.

Colgaba de los brazos, pero hubiera
podido apoyar ambos pies en el suelo sino hubiera sido porque un rudimentario
pero eficaz mecanismo lo impedia.

Una corta cadena unia ambos pies
a traves de una argolla dispuesta como a medio metro del suelo.

De esta manera la negra estaba obligada
a estar apoyada sobre un solo pie. Cierto que podia cambiar de vez en cuando
pero no podia apoyar los dos al mismo tiempo.

Cuando entraron, la joven negra
tenia la cabeza caida sobre el pecho y no hizo ningun movimiento que indicara
que se habia dado cuenta de la presencia de su ama.

Hanna debio sentirse molesta por
la falta de cortesia de la negra y tomando una fusta, descargo sendos golpes
en los indefensos pechos de la negra que chillo durante un rato como una
endemoniada.

Hanna espero a que terminara de
chillar antes de decir.

- Supongo que te encuentras muy
sola?.

- Si ama. Contesto la negra todavia
con el rostro deformado por el dolor.

No te preocupes, te he traido compañia.

Por unos instantes los ojos de la
hembra brillaron al mirar hacia Blanche. Supuso que era la compañia
de la que su ama hablaba pero esto no contribuyo en absoluto a calmar a
la negra. Era evidente que desconfiaba de las intenciones con que su ama
pudiera proporcionarla la compañia de una joven blanca.

- Ama, la juro que no volvera a
ocurrir.

- Puedes estar segura de que no
volvera a ocurrir.

El tono de las palabras de Hanna
aclaro a Blanche que estaba decidida a acabar con la negra.

Te decia que te he traido compañia.
No te gustaria saber a quien he traido para que te acompañe?.

La negra no contesto, perecia intuir
en las palabras de su ama una nueva señal de peligro.

- Dame la jaula, ordeno a una de
las negras que las acompañaban.

Blanche se habia preguntado varias
veces que contendria aquel bulto que la negra habia tomado por orden de
su ama, pero que mantenia continuamente separada como si repeliera el contacto.

A la luz de las antorchas la negra
retiro el paño que lo cubria dejando al descubierto un monton de
ratas.

- No ama, no. Imploro la negrita
agitando las cadenas que la retenian.

- Si zorra, si. Grito a su vez Hanna.
Son ratas, asquerosas y famelicas ratas que te comeran poco a poco tan
pronto como las suelte.

Dos docenas de ratas que hace mucho
que no han comido y que seguramente encontraran exquisitas tus deliciosas
carnes.

Pensar que eras una de mis preferidas.
Pero no, no tenias bastante con la comoda vida y el placer que tu ama te
proporcionaba, tuviste que escoger ente yo y los machos y te inclinaste
hacia ellos. Ahora tu y ellos vais a pagar vuestras culpas.

- No ama, fueron ellos, me violaron.

- Mientes zorra asquerosa. Grito
Hanna volviendo a aporrear los pechos de la negra.

Sin mas, Hanna pidio a Blanche que
saliera de la celda y ordeno a una de las negras que abriera la jaula de
las ratas.

Esta, una vez cumplida la orden
de su ama salio de la celda lo mas rapidamente que pudo y cerro tras si
de un rapido portazo.

Tras la solida hoja de madera Blanche
pudo oir los gritos de desesperacion y terror de la hembra sumida de nuevo
en la oscuridad y posiblemente viendo el verdoso brillo de los ojos de
las ratas dispuestas a atacarla.

Hanna no se dejo impresionar por
los gritos y despues de escuchar un rato con una sonrisa maligna en el
rostro dio por concluida la estancia en tan tetricos y desagradables lugares.

Blanche se pregunto si Morceb estaria
encerrado tambien en alguno de los calabozos ante cuyas puertas pasaron
en el camino de regreso a la escalera que habia de conducirlas de nuevo
a las zonas nobles de la casa.

Se dio cuenta que deseaba la muerte
de Morceb, la de Morceb o la de cualquier negro, sus deseos eran producidos
en parte para demostrar a Hanna que era capaz de destruir a un negro, a
un magnifico macho por un motivo nimio. Pero en realidad lo que deseaba
era disfrutar con el placer de producir dolor. Era algo con lo que habia
soñado muchas veces pero que jamas habia hecho. Siempre que habia
matado a un negro lo habia hecho teniendo motivos suficientes para hacerlo,
por disciplina, por venganza, por seguridad,incluso por dinero, pero nunca
por capricho.

Ahora estaba en situacion de poder
hacerlo y lo iba a hacer, sabia que tambien a Hanna la gustaria la idea,
sabia que ella tambien disfrutaba torturando a los negros y no era cuestion
de desperdiciar la ocasion.

- Que piensas hacer ahora ?. Pregunto
Blanche.

- Pensaba en tomar un baño
y despues que nos fueramos a la cama. Dijo Hanna volviendo a tomar la actitud
conquistadora de un hombre.

- Me parece muy bien pero antes
me gustaria empezar a ajustar las cuentas a Morceb.

- El negro ?. Pregunto Hanna sin
identificar al macho por su nombre.

- Si, el negro.

- Tienes alguna idea de lo que le
quieres hacer?.

- No, pero ya se me ocurrira algo,
ademas cuento con tu inestimable ayuda.

Hanna sonrio durante unos instantes.
Despues dijo. Puedes estar segura de que colaborare gustosa en lo que quieras
pero antes dejame que durante unos minutos te deje sola, debo satisfacer
algunas necesidades, despues de comer me siento muy pesada y debo aliviarme.

- Hace rato que siento la misma
sensacion que tu, te iba a pedir que me indicaras donde podia aislarme
un momento.

Blanche vio que Hanna dudaba unos
instantes antes de preguntar.

- Te gustaria que lo hicieramos
juntas ?.

Blanche no entendio lo que queria
decir Hanna, suponia que a nadie le resulta agradable ser visto en tal
situacion ni oler los "perfumes" de los demas, pero imagino que
cuando Hanna lo sugeria debia ser por alguna razon especial. Era posible
a su distinguida amiga la gustaran semejantes exquisiteces ?.

- Por mi no hay ningun inconveniente.

- Es que veras, supongo que me habras
oido decirle a esa maldita negra que ella y los dos negros con que mantenia
relaciones iban a pagar su falta ?.

- Si, lo he oido.

Ya has visto que ella sera comida
lentamente por las ratas pero ellos moriran comiendo mierda. No comeran
otra cosa hasta que mueran. Blanche rio ante la originalidad del castigo
a que Hanna queria someter a los negros.

- Y como piensas obligarles a comerla?.
Pregunto pensando que no era tarea facil hacer que los negros comieran
los excrementos sin que lo vomitaran despues.

Ven, veras que facil.

Tardaron poco en recorrer un corto
y amplio pasillo antes de entrar en un cuartito que habia sido habilitado
como retrete.

Tumbado en el suelo boca arriba
estaba un negro retenido por las cuerdas que partian de cuatro argollas
empotradas en el suelo.

La cabeza del negro desaparecia
en un estrecho y alto recipiente de madera cuyo fondo ocupaba.

Encima del recipiente habia lo que
parecia un comodo asiento perforado por un amplio agujero.

Blanche comprendio rapidamente el
sencillo mecanismo. Bastaba con sentarse en el asiento, dejar que las materias
de deshecho salieran del cuerpo para que fueran a caer directamente sobre
el rostro del negro obstruyendole la boca y la nariz. El macho debia optar
entre asfixiarse, o comer lo que se le hubiera arrojado encima.

Ademas debia tener buen cuidado
para no devolver porque en tal caso debia volver a reingerir todo.

- Tu primero Blanche. sugirio Hanna,
yo puedo esperar.

Blanche no se hizo rogar. Con cierto
morbo imagino lo que deberia sentir el negro al oir la conversacion, al
notar los preparativos. Sintio un cierto placer sabiendo que en unos instantes
pondria sus zonas mas intimas descaradamente al alcance de su vista. Que
sentiria el negro cuando le cayeran en el rostro semejantes inmundicias?

Momentos antes de sentarse miro
al fondo del recipiente. Era evidente que ya habia sido usado pero no debia
llevar alli mas que un dia o dos.

Mientras se retiraba la braga hizo
una rapida inspeccion ocular sin que se la escapara la avidez con que Hanna
seguia sus movimientos y buscaba recrear su vista en las zonas intimas
que Blanche descubria para realizar la operacion.

Se sentia satisfecha de ver la excitacion
que sus actos producian en su amiga. La gustaba sentir que era capaz de
provocar en una mujer los mismos deseos que en un hombre.

Una vez sentada dejo que su vejiga
se vaciara en un ininterrumpido y fuerte chorro que caia sobre el rostro
del esclavo. Despues comenzo a defecar. Fue un proceso lento y placentero,
no tenia ninguna prisa en acabar las reservas que contenia su intestino.
Hanna se acerco decidida y con suma delicadeza introdujo las manos bajo
las ropas de Blanche comenzando a juguetear con sus pechos.

La sensacion era tan agradable y
excitante como lo hubiera podido ser con un hombre y lo fue mucho mas cuando
Hanna comenzo a besarla apasionadamente en los labios.

La atencion de Blanche se dispersaba
entre las deliciosas caricias que Hanna la proporcionaba y el saber que
bajo ella alguien debia esforzarse en comer sus excrementos para no morir
de asfixia.

Era evidente que su amiga no se
sentia molesta por el fuerte olor que emanaba de la materia que lentamente
abandonaba su intestino.

Los minutos pasaron lentos y deliciosos
antes de que Hanna viniera a ocupar su puesto y liberara su intestino de
los abundantes excrementos que retenia.

La operacion fue salpicada por retumbantes
sonidos que tenian origen en las olorosas masas de gases que abandonaban
el intestino de su amiga mezcladas con las materias fecales. Hanna aprovecha
cada nuevo ruido para pisotear al macho hasta que los ruidos desaparecian
acallados por sus gritos de dolor.

No fue necesario que Blanche volviera
a mirar en el apestoso recipiente, sabia que el rostro del negro habia
quedado cubierto por los excrementos salvo en la zona de la boca por la
que habia tragado cuanto habia caido a su alcance.

- No te quejaras negro. Dijo Hanna
mientras se ponia en pie. Hoy la comida tiene doble alimento y ademas ha
sido mas variada.

Blanche estallo en carcajadas por
la ocurrencia de su amiga antes de decir.

- Debe ser espantoso morir comiendo
mierda.

- Si, afirmo Hanna, debe ser espantoso,
pero antes de que muera sus ojos se pudriran, la mierda criara gusanos,
y los gusanos se los comeran.

Blanche descubrio entonces que el
esclavo no moriria solo de repugnancia, el tormento a que Hanna lo sometia
era mucho mas refinado, seguramente tambien los gusanos se formarian en
el interior del cuerpo del negro y lo irian devorando poco a poco antes
de que muriera.

Las dos jovenes abandonaron el escusado
riendo mientras Hanna encaminaba sus pasos de nuevo hacia la escalera que
conducia a los sotanos y calabozos de la casa. Blanche no pregunto. Sabia
que su amiga la llevaba al lugar donde debia encontrarse encerrado Morceb.

Pasaron por delante de la puerta
donde estaba encerrada la hembra con las ratas. Desgarradores gritos de
terror y posiblemente tambien de dolor atravesaban la dura y fuerte puerta
ante la que Hanna se detuvo en momento a escuchar.

Despues reanudo su flexible caminar
con una sonrisa cruel en los labios.

Las negras que las acompañaban
se encargaban de iluminar el tortuoso subterraneo con antorchas y lamparas.

No tardaron mucho en penetrar en
una amplia estancia en la que Blanche pudo descubrir a Morceb acuclillado
en una angosta y baja jaula de gruesos barrotes de hierro.

- Perdon ama, perdon, imploro el
negro nada mas verla. Sin duda estaba impresionado y asustado al ver los
distintos instrumentos de tortura que ocupaban la estancia y los que estaban
alineados en varias hileras en las paredes.

- No habra perdon para ti a no ser
que me obedezcas sin dudar en todo cuanto queramos mandarte.

- Si ama, hare todo lo me ordene.
Gimoteo el negro asustado como un animalito.

- En primer lugar vas a salir de
la jaula y tumbado boca arriba me vas a limpiar el culo con la lengua.
Acabo de cagar y lo tengo sucio.

- Si ama, hare lo que mande.

Tan pronto como una negra abrio
los candados de la jaula Morceb salio de ella tumbandose como su ama le
habia ordenado.

- Tu primero. Sugirio Blanche a
Hanna pensando que no habia lugar a tener escrupulos de una joven que la
habia cedido el turno en su propio escusado.

Hanna no se hizo rogar y acuclillandose
sobre el rostro de Morceb dejo que este cumpliera prolongadamente con su
labor higienica. Despues Blanche ocupo el puesto de su amiga gozando de
las delicadas y suculentas caricias del negro que retiraba a lametazos
los restos de excrementos que habian quedado adheridos en los escasos cabellos
que rodeaban el ano.

Continuara…

Datos del autor/a:

 

Resumen del relato:
    Las 4 rosas (23)…

En el teatro, y con Roberto

En el teatro, y con Roberto (10)

¿Qué tal estáis? Me llamo Pedro, tengo 17 años recién
cumplidos y soy gay. Hasta hace poco tenía novia, pero yo ya sabía que me
excitaban los hombres.

La primera experiencia que tuve fue muy bonita, excitante y
me proporcionó un gran, gran placer… Y esa será la que pase a relatar, la cual
ocurrió no hace mucho, en abril, pues yo cumplo los años en julio.

Durante varios meses en el instituto habíamos empezado a
preparar una obra de teatro, muy divertida, en la que yo protagonizaba a un
capitán pirata. En el reparto estábamos cuatro chicas y cuatro chicos, y uno de
ellos era Roberto.

Roberto tenía 16 años, le gusta el rap y en la obra salía
como bailarín de rap. Le gusta hacer tatuajes e ir de excursión en bici por el
campo como más tarde fui descubriendo.

El caso es que un día, en el Teatro Principal, a Roberto,
Ernesto y a mí nos dieron plantón, pues era viernes, día de ensayo, pero llamó
al móvil Julio, el profesor de Educación física, el cual se encargaba de los
ensayos, diciendo que ese día tenía una reunión en el instituto, y que si no nos
importaba mañana por la mañana acudiésemos al Teatro porque esa tarde le era
imposible ir.

Un poco decepcionados, aceptamos, y cuando Ernesto se iba
Roberto propuso que practicásemos por nuestra cuenta, pues entre bambalinas
podíamos estar.

Ernesto no se animó, y se despidió hasta el día siguiente,
pero Roberto y yo sí que nos metimos.

Allí ni siquiera empezamos a actuar, pues me dijo que si me
hacía un tatuaje con tinta china, y le dije que perfecto.

Fue entonces cuando empezó lo que para mí fue más excitante.

Me quité la camiseta, y cuando Rober me cogió el brazo,
empezó diciendo que vaya músculos, que como se notaba que hacía pesas. En
realidad yo tan solo hacía pesas y flexiones día sí día no, ese era todo el
ejercicio que hacía, pero se me notaba en los brazos.

Empezó pues ha hacerme el tatuaje, un dragón que estaba
chulísimo. Terminó pronto, y como era pequeño me propuso hacerme uno en la
espalda.

Mientras lo hacía, y como con ese tardaba más, había veces
que descansaba, que me hacía cosquillas, y me tocaba el culo de broma, dicienco
“ay, que te voy a dar, mamón, estate quieto”.

Al cabo de unos minutos más, estuvo terminado, y le pregunté
si él tenía alguno. Me dijo que sí, y que como no había nadie más me podía
enseñar uno que tenía en el culo.

Fue cuando me di cuenta de que Rober era en realidad bastante
guepo… Sí, era bastante atractivo. Se quitó la camiseta y vi que el también
hacía pesas, no se notaba mucho, pero era ancho de hombros. Era moreno y
completamente lampiño el pecho. Y siempre con esa sonrisa…

Mientras se desabotonaba los vaqueros para mi sonrojo, empezó
a soltarse y a decirme cosas que a mí personalmente me ponen, como por ejemplo
comentar que tenía ya bastantes pelillos en el ombligo, que entonces tendría que
tener un cipote peludo, que tendría el culo peludo también…


Yo me lo afeito, mira –y se bajó los calzoncillos, sin
darme tiempo a ver su parte delantera y dándose la vuelta.

¿Te lo afeitas? Yo no, y mira, me gusta más el mío –dije,
y lanzado yo me bajé la parte de atrás de los pantalones y de los
calzoncillos.

Mmm, ¿te puedo hacer un tatuaje ahí?

Pero, ¿cómo me los vas ha hacer ahí? No, no… –y nos
reímos.

Pero aun en la penumbra, a Rober se le distinguía su
cipote. Estaba medio erecto.

Tío, Rober, súbete los pantalones ya.

¿Por qué? –preguntó sentándose y mirando su manubrio. Lo
descapulló y enseguida comenzó a crecer entre sus manos. Era moreno y era lo
único que no se afeitaba, estaba claro.

Mi polla, encerrada, se disparó. Estaba muy excitado… ¿Se
daría cuenta?

Venga, hagámonos una paja. Qué te parece –me miraba con
una sonrisa pícara e invitadora.

Bueno…

Pues vamos, bájate los pantalones. Si seguro que ya la
tienes tiesa.

Yo me reí, y me los bajé cuado vi que el pene de Rober
medía más o menos lo que el mío, unos 15 cm de largo. Y me creció más cuando
Rober se acercó y terminó de bajarme los pantalones y los calzoncillos.
Entonces se repantigó y empezó a subir y bajar la piel del glande, muy
despacio, y mirándome para que yo lo viera con total claridad…

Yo hice lo mismo, y al cabo de poco empecé a gemir. Solo se
me ocurrió cerrar una vez los ojos y aprovechó Roberto para coger mi chorizo,
resbaladizo por el líquido que yo había extendido, y sin importale si pringó
la mano pero empezó a hacerme una paja.

A la vez podrías hacérmela a mí, no la dejes solita…


Sonreía pícaramente y cogí la primera poya ajena en mi vida
para dar una paja tan buena: ambos con las piernas abiertas, muy cerca y
enfrente el uno del otro, yo recibía su respiración y veía cómo intentaba carme
placer… La verdad es que la paja es un arte, y Rober lo hacía muy bien, pues
era como si supiese cuando parar, cuando seguir, cuando apretar.

Y así, sin más ni más, de repente se abalanzó y empezó a
chupármela.

De la sorpresa se la solté, y cuando sentí lo caliente que
estaba su boca, su lengua tan dinámica, me dejé hacer. Me eché sobre su espalda,
dejándole hueco en la entrepierna para su trabajo, y le masajeaba su culo, que
lo tenía también caliente y empezaba a sudar.

-Mmmm, vuelve a mover la cadera, métemela en la boca, muy
profunda… ¡Eso es ¡ Otra vez, sí, sin miedo que yo trago…

-Tío, me voy a correr…

Entonces paró y me dijo:

-No, antes mama tú –y echándose para atrás me enseñó aquel
mástil con dos bolas negras bajo él… Era unexperto, se lo dije, pero la verdad
es que en aquel instante me apeteció meterme en la boca aquel par de cojones
pelados.

-Eso, llámalos como quieras, cocos, pelotas, juevos –me decía
medio tumbado y disfrutando- Ohhh, lo haces de puta madre, con perdón, je je
je…

Aquella primera vez me estaba encantando. Pero cuando me
propuse hacer el 69, tampoco dudé. No sé si él era virgen, pero hacía lo posible
por perfeccionar las posturas… Me sentía un poco guarro por babear y chupar
aquella parte tan íntima de mi amigo, pero me gustaba, ma gustaba con locura.


Y… ahora, si not e importa… a cuatro patas, ponte a
cuatro patas.


Un vuelco me dio en el corazón, y me replanteé si debía
seguir con eso. ¡Estaba demostrando mi homosexualidad! Y ahora prentedía,
quería… por mi culo… No sabía cuánto dolía, pero mucho, seguro…


Tranquilo, no te haré daño –me sonrió; se le veía
inteligente y dispuesto- Hoy tan solo la punta –y se la tocó, aún bañada en
mi saliva.

Quiero seguir chupando…

No, el chupachups para después. Además, lo que te haga yo
me lo haces tú. Tenemos que hacer los dos lo mismo, ¿vale?

Bueno, pero ahora no la metas toda, por favor te lo
pido…


Y sin asco ninguno me metió su dedo impregnado en saliva en
mi agujerito, tan peludo, cerrado y caliente. Me dijo que le comiese un poco la
punta del cipote, y así lo hice, para darle la espalda de nuevo y dejarme
penetrar…

Todo fue bien, pues ese día solo me penetró con su gordo
glande. Me separó los glúteos y fue rápido. Conmigo fue igual, solo que yo le
metí un poco más.


¡¡Ah!! –gritó y apretó los dientes- Veo que te gusta
jugar con ventaja… –pero rió y me volvió a mirar con esos ojos, viéndolo
yo tan atractivo…


Después acabamos tumbados, yo encima de él, con las poyas aún
erectas, y nos frotamos… Yo froté mi cara sobre sus abdominales, su pecho
duro, y cuello… Y no me atreví a acercarme más a su cara, por si me besaba. No
estaba preparado…

Y al final, como no nos habíamos corrido, aunque parecía que
hubiese sufrido tres orgasmos seguidos, nos cogimos las poyas a la vez y
diciéndonos cosas, íntimas algunas, obscenas otras, incluso románticas,
eyaculamos.

Yo me guardé su semen, que había quedado sobre mi vello
púbico, el cual no limpié subiéndome los calzoncillos sin más.

Salimos de entre bambalinas al escenario y ya bajamos al
patio de butacas para salir a la calle.

Aun una vez más me tocó Rober el culo, y con la mano antes de
salir nos volvimos a refrotar los paquetes, mirándonos y riendo. Fue la primera
vez que me sentí excitado y erecto justo después de una eyaculación, a pesar del
cansancio…

Por la calle aún se notaban los bultos en la entrepierna.
Siempre son tan llamativos…

Más días nos vimos, unas veces para el teatro y sus ensayos,
otras en su casa. Y esas tardes en su casa, se pasaban volando…

Para la próxima vez, tengo preparado otro cuentecillo. Hasta
entonces, os espero a todos vosotros, actores…

Y si queréis, espero que sí, os responderé a vuestros e-mails
en POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Etnre bambalinas ocurren anécdotas, hechos graciosos, se pasa mucho tiempo… Pero si además es un día a solas con un amigo, puede ser mucho mejor… Se lo recomiendo.

Empezando a deshinibirnos (2)

Empezando a deshinibirnos (2) (11)

EMPEZANDO A DESHINIBIRNOS II

Estaba contenta por como habia sucedido la tarde, no me
arrepentia de nada, y lo mejor: él tampoco. Cuando llegamos a casa, mientras
preparabamos la cena, él me conto lo que estuvo haciendo mientras yo estaba
disfrutando a manos de Dani. No fue nada del otro mundo, aunque si algo nuevo y
excitante. No es raro que un hombre se masturbe viendo una pelicula porno, pero
si que lo haga viendo a su mujer disfrutando con otro hombre.

Tomamos una cena ligera y nos acostamos, pues despues de
aquella tarde de tanto disfrute habia quedado exhausta. Jorge me dio un beso de
buenas noches en la boca y cerre los ojos, para no abrirlos ya hasta el dia
siguiente.

 

Pasaron unos dias hasta probar, esta vez ya nosotros dos
solos, todo lo que compramos en el sexshop. Fue una noche de sabado,
aprovechando que al dia siguiente no trabajaba, pudimos acostarnos tarde.

Cuando llegue a casa, la mesa estaba puesta y la cena
servida. La casa estaba iluminada unicamente por velas de todos los tamaños y
colores. El ambiente era realmente romantico. Jorge estaba sentado ya en la
mesa, pero llevaba muy poca ropa: llevaba solamente los calzoncillos.

Me acerque a él, se levanto y empezo a quitarme toda la ropa
que según el me sobraba: toda excepto las bragas y el sujetador. Me sente a
cenar con algo de vergí¼enza en mi interior, pero el champan me ayudo a no
preocuparme de eso.

Al acabar nos sentamos en el sofa a reirnos de una peli porno
que pusimos. Entre risa y risa los calores nos iban subiendo poco a poco y
decidimos poner en practica todas las posturas que iban saliendo en el video.
Gracias al alcohol que llevabamos no sentiamos vergí¼enza.

Tengo que puntualizar que yo era una persona algo retacada,
muy cortada para hablar sobre sexo y mas aun para practicar según que cosas,
como el sexo anal o cualquier cosa que se alejara de la normalidad. En aquellos
dias aprendi a vivir mi sexualidad abiertamente y a disfrutar con ello, sin
sentirme culpable y/o sucia. Por primera vez en nuestra relacion, aquella noche
conseguio de mi mas que ningun chico antes.

La pelicula parecia entretenida. Empezo mostrando a una chica
joven y desnuda, probandose un vestido de novia en una habitacion mientras un
chico, tambien joven, escondido debajo de la cama la observaba y se excitaba.
Eran hermanos. Inmediatamente aquella chica bajo a algo parecido a un salon,
saludando a alguien que podria ser su tio, o quizas su abuelo, y empezaban a
follar. En la primera postura que hicieron el hombre estaba sentado en una
butaca y la chica se sento encima de él, dandole la espalda.

Aquella postura nunca la habiamos probado porque pensaba que
era muy incomoda, y aunque lo cierto es que se estaba mejor en la cama tumbada,
era muy placentera, puesto que al estar yo encima era yo la que llevaba el
control, la que elegia los movimientos y la rapidez, por lo cual pude alargar mi
orgasmo y hacerlo mas intenso. Ademas, Jorge no paraba de acariciarme la
espalda, los pechos, las piernas,… y de susurrarme que le encantaba como me
movia encima de él, excitandome aun mas. Alcanzamos el orgasmo casi al unisono e
inmediatamente nos fundimos en un abrazo eterno. Se levanto y, despues de ir al
baño, me trajo una copa de vino.

En la television ahora salia la misma chica del principio,
ahora acompañada de un hombre distinto, seguramente de su futuro marido, en la
ducha los dos. í‰l tenia una ereccion importante, la cogio por la cintura
levantandola y colocandola en sus caderas. Ella enrosco sus piernas alrededor de
su cuerpo para sujetarse y él tenia las manos en su culo, para ayudarse en los
movimientos. Se volteo, apoyo a la muchacha en los azulejos del baño y empezo a
follarla, haciendo que ella soltara unos gemidos terribles de placer. El hermano
de ésta seguia escondido mirando a la pareja como hacia el amor, y pense que
quizas no fuera mala idea que un dia dejaramos que alguien pudiera observarnos
mientras lo haciamos, era algo que me ponia cachonda. Nos miramos Jorge y yo y
decidimos que dejariamos esa postura para el final, para poder acostarnos recien
duchados y cansados. La chica se arrodillo y mientras le caia el agua sobre todo
su cuerpo, cogio la enorme polla de aquel chico y se la metio en la boca entera,
provocando que él cerrara los ojos y la agarrara del pelo, con unos movimientos
muy bruscos.

Antes de que el chico pudiera correrse, la levanto
(agarrandola aun de los cabellos), la sento en el borde de la bañera y se la
metio por el culo sin ningun tipo de contemplaciones. Ella cogio un pene algo
grande para meterselo por el coño. La cara de placer que tenia y lo poco que
tardo en alcanzar el climax me dejaron de piedra. Hubiera dado lo que fuera por
haber sido la protagonista de aquellas escenas. Agarre el miembro de mi novio y
empece a masturbarle. Lo que venia ahora me gustaba: se veia una habitacion,
algo tetrica, con muchas estanterias llenas de objetos tipo latigos, cuchillos,
pañuelos, penes de plastico, cuerdas,… Una madera horizontal cuega de aquella
pequeña mazmorra y otra paralelamente esta situada en el suelo. La sirvienta se
vistio de cuero negro y ató las muñecas y los tobillos de su señora a las
argollas de las maderas, de tal manera que dejo a la muchacha sin movilidad
alguna. Rasgo todas sus ropas con un cuchillo, sin remediar que alguna que otra
vez aquel objeto punzante hiriera la sensible piel de la ahora "esclava" y se
escaparan algun hilillo de sangre, que inmediatamente era lamido por la "ama".
Cuando estubo completamente desnuda se acerco a la estanteria, agarro un bote y
extendio su contenido en el cuerpo de la atada. Se trataba de vaselina o algun
tipo de aceite, que hacia que su cuerpo brillara y resbalara al tacto de otro
cuerpo.

Con una tablilla de madera le golpea las nalgas a la chica
rubia sin control, y en pocos segundos aparecen rojas, como a reventar. Ahora,
que parece que ya se ha divertido bastante y ha hecho llorar a la rubia, se
enfunda un cinturon que incorpora una polla de plastico y se dirige a follarla
por todos lados. Le desata las esposas de las muñecas y la obliga a chuparle la
falsa polla, le vuelve a atar a la argolla y la embiste sin compasion. La rubia
no creo que estubiera muy excitada, por lo cual la penetracion no habia sido
facil. Gritaba de dolor. La "ama" disfrutaba viendola asi, le azotaba en el culo
y la insultaba.

Yo ya no podia mas, ni Jorge tampoco. Hacia unos diez minutos
que habia empezado a masturbarle y, aunque los movimientos de mi mano eran muy
lentos, su polla estaba ya durisima. Me levante y despues de apagar el video y
la television le agarre el brazo para llevarmelo al baño. Tenia unas ganas
inmensas de follarlo, de hacerle mio. Como estabamos aun desnudos, no tuve que
perder tiempo quitandonos la ropa. Encendi la ducha y la enganche arriba,
dejando que mojara su cuerpo de una forma muy sensual cuando se metio en la
bañera.

Cuando estubo empapado le enjabone todo su cuerpo con una
dulzura indescriptible. Su polla estaba a cien viendo como ahora me tocaba
enjabonarme a mi, viendo como acariciaba mis pechos, mis muslos, mis culo, mi
entrepierna,… No aguanto mas. Poniendo su mano en mi cabeza me agacho,
pudiendo ver sin esfuerzo mi coño y mi ano. Me separo las nalgas con sus grandes
manos y me penetro alli mismo, con el agua cayendo sobre nuestras cabezas y
nosotros gimiendo de placer. Despues de decirme algunas palabras malsonantes,
estilo puta, golfa,etc., y algunos azotes en el trasero, se corrio. Como yo aun
no habia llegado al orgasmo, se sento en el suelo de la bañera y dejandome en la
misma posicion que yo estaba me hizo sexo oral mientras me metia dos dedos de
una mano en el coño y un dedo de la otra mano en el culo. ¡Que sensacion…! Fue
un orgasmo increible. Nos besamos, terminamos de ducharnos y asearnos y nos
fuimos a la cama dispuestos a descansar; eran ya las cuatro de la madrugada.

Esto de ir quitandonos la vergí¼enza e ir probando cosas
nuevas me empezaba a gustar. ¿Por qué tenia la sensacion de que aquel era el
principio hacia una locura desenfrenada llena de pasion y placer? En un proximo
relato contare cual fue nuestra nueva experiencia antes de volver al sexologo.

Espero vuestros comentarios. Un beso.

 

Resumen del relato:
    Seguimos probando cosas nuevas mientras la vergí¼enza poco a poco desaparecia. Empezaba a disfrutar plenamente del sexo, y a interesare y excitarme viendo nuevas practicas. Esto me ayudaria a que en otra ocasion pudiera ser yo la protagonista.

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